
Nace en la ciudad de Orihuela el 20 de noviembre de 1897. Su vida fue breve y su vocación de escritor tardía, ya que era médico. Perteneciente a una familia acomodada y bien situada, hijo de Francisco Ballesteros Villanueva, destacado político de la época, y de Encarnación Meseguer.
Cursó el Bachillerato en su ciudad natal, estudiando en la Academia Santo Tomás de Aquino y examinándose por enseñanza libre en el Instituto de Alicante. Después pasaría a la Universidad de Valencia, donde realizó los estudios de Medicina. Posteriormente se establece en Orihuela donde ejerce como médico titular y Cronista Honorario de la ciudad.
Desde el punto de vista de su producción literaria, se podría decir que se dedica a la narrativa. Caracterizado por su forma de sentir el paisaje y la religión, pero sobre todo por el hecho de ser considerado por todos los críticos, junto a Juan Sansano, como los claros precursores de la generación olecense del 30.
Es un autodidacta de la literatura, anunciando así la norma que será general en la generación del 30. Esta vocación le llevará a escribir en Destellos y Voluntad, lo que le permite trabar conocimiento con los otros colaboradores del periódico. Su natural amabilidad le lleva a simpatizar con los jóvenes de la tertulia de la tahona, con los que coincide en su filiación a Miró. De esta amistad y esta admiración por Miró surge el homenaje ofrecido a este autor el 2 de octubre de 1932, con la inauguración de un busto y la publicación El Clamor de la Verdad, revista en la que colaboran todos. En este homenaje Ballesteros publica el artículo “Orihuela y Gabriel Miro”, con el que obtiene el premio de la Asociación de la Prensa de Alicante.
También colaborará en otro periódico de Orihuela, Actualidad hacia 1928, y más tarde en La Verdad de Murcia, y en ABC y Ahora, ambos de Madrid.
En las páginas de Voluntad aparece la primera reseña crítica sobre Miguel Hernández escrita por Ballesteros, "Pastores Poetas". Demuestra con ello la certera y fulgurante intuición de que Miguel Hernández, recién aparecido en la prensa, tenía gran futuro como poeta.
En agradecimiento a Ballesteros, Hernández le dedicó el poema "Ofrenda", fechado el 28 de mayo y publicado el 5 de junio de 1930 en Actualidad, y "Motivo de Leyenda", en el diario Voluntad, el 15 del mismo mes.
En 1928, se traslada al balneario de Aguas de Busot para reponerse de una enfermedad pulmonar que le acompañó hasta la muerte y que debilita su salud. Su ambiente tranquilo y pacífico le infunde la necesidad de escribir, a lo que se suma su afición a la lectura, capacidad observadora y una amplia formación humanística. Allí escribirá su primer libro, Las Huellas (1929), donde refleja el tranquilo vivir del balneario alicantino jubilosamente descrito, envuelto en una ligera trama neorromántica, la muchacha sentimental y tuberculosa que ve frustrado su amor imposible.
En 1930 escribirá el que será su segundo libro, Oriolanas, subtitulado Cuadros y costumbres de mi tierra, novela en la que queda retratada toda Orihuela y sus alrededores, destacando su belleza, aunque también señala sus defectos y vicios. El medio geográfico ambiental alcanza en su novela categoría de protagonista. Se convertirá en su obra cumbre, acogida favorablemente por la crítica. El eco de estas noticias se refleja entre sus paisanos en la prensa local, siendo Actualidad el primer medio que le dedica una crítica, en la pluma de P. Ventura (27 de mayo de 1930). Su realismo lo describe después Ramón Sijé, su amigo y discípulo en Voluntad (15 de mayo de 1930). Las frases que luego Miguel Hernández diría a Sijé (“tienes un agudo sentido crítico”) se reflejan en este artículo: “Oriolanas y Orihuela”
Como ha sido mencionado fue una especie de mentor de la generación del 30, que le tenía como a un hermano mayor, pues, aunque de más edad, era de ideas liberales y condenaba, como ellos, las formulas vigentes por caducas y desfasadas, observando siempre una justa mesura, lo que le hizo acreedor del afecto y el respeto de todos.
Ballesteros era religioso, pero anticlerical, porque su espíritu liberal le lleva a la crítica de aquello que no le gusta, y este espíritu es el mismo que anima a sus amigos escritores y que da lugar a las teorías de Sijé sobre religión que tienden a actualizar la concepción de ciertas cosas durante demasiado tiempo inamovibles. Estas teorías de Sijé eran aceptadas y seguidas por todos sus compañeros, convirtiéndose en ideología del grupo.
Sus otros dos libros, Mis crónicas (1932), que es una selección de sus artículos periodísticos publicados durante los cuatro años anteriores a la edición, y Naranjos y limoneros (1935), son ya muy inferiores. Llevan dos prologuistas distinguidos: Elías Abad y Ernesto Giménez Caballero, con quién había trabado amistad cuando éste vino a Orihuela para intervenir como orador en el homenaje a Miró. El costumbrismo tan típico de Ballesteros no es ya tema de su novela. En esta época era ya Cronista Honorario de Orihuela.
El 29 de octubre de 1934 contrajo matrimonio con Antonia Germán Mancheño, con la que tuvo dos hijos: José María y Mercedes.
Sus motivos de inspiración serán la ciudad y su entorno, el profundo amor por la tierra y el deseo de una vida tranquila.
Vicente Ramos afirma que la obra ballesteriana señala el paso de la prehistoria a la historia propiamente dicha de la conocida como Escuela de Orihuela.
La enfermedad provocó su temprana muerte el 24 de junio de 1939, dejando inéditas algunas obras: Los dos obispos, Levante humanizado, que es una biografía de Gabriel Miró en prosa poética, y A la bordada sombra de un almendro en flor, que es la segunda parte de Mis crónicas. También preparaba su comedia Carmen Clavel y una novela, La Víctima.
Por último destacan sus artículos periodísticos, especialmente el galardonado con el Premio Luca de Tena de la Asociación de Prensa Alicante: “Orihuela y Gabriel Miró”.
Mariló Ávila



