
A una semana vista del inicio del II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, se celebraba, tal y como desde aquí habíamos adelantado, el tercer homenaje al poeta Miguel Hernández en la ciudad de Tolentino. Estos actos, plenos de amor y devoción por la figura del oriolano universal, tuvieron como colofón la edición de un libro en formato artesanal que hoy traemos ante ustedes.
En formato pequeño y encuadernado de manera artesanal, forma parte de una edición numerada que ha llegado a nuestras manos hace sólo unos días.
El libro se inicia con unas palabras de Sergio Scoppolini, Presidente de PolisLab. Explica el por qué del título. En principio, la amistad y las heridas, son claramente dispares, pero como él dice, si uno ama, éste puede derivar hacia las lágrimas, hasta la indiferencia e incluso a la muerte. Desde aquí al odio, no habría sino un paso. Es la amistad, la única que puede producir una bella y sangrante herida. Jugando con las palabras, como él dice sería así (p. 5):
“sin sangre no hay vida
sin vida no hay sentidos
sin sentido no hay sentimiento
sin sentimiento no hay poesía”.
Esta preparación espiritual es necesaria para comprender el desarrollo de esta edición, que recoge tres de las mejores elegías posiblemente nunca escritas, relacionadas todas ellas con personajes íntimamente ligados al poeta, como Ramón Sijé, Federico García Lorca o Pablo de la Torriente.
Franco Casadidio continúa en el siguiente prólogo defendiendo la idea de la relación entre la amistad y las heridas, provocadas muchas veces por la primera y que, a nuestro pesar, casi siempre renuevan la vida (p.7).
Enzo Calcaterra, el autor de la edición, interviene entonces explicando en el prefacio el motivo del título. Él, lo centra en un proverbio citado por el escritor egipcio Tahar Ben Jelloun hace poco: “Con la muerte, se extingue la amistad” (p. 9), con el que no está de acuerdo. La amistad, con ésta, la sublima y llama al disfrute de la vida por parte de quienes sobreviven al difunto. La muerte, es una herida, pero una herida de la cual mana la vida. Estas ‘heridas de amistad’, las sufrió el poeta en tres momentos de su vida, marcando esta de manera indeleble: en su adolescencia, durante la búsqueda de su identidad y en su madurez. Miguel, nos da aquí una gran lección: vida, amor y muerte, son inseparables y su fruto, lo destila su pluma, siendo su sangre, la tinta que utiliza su alma para cantar al hombre, al amigo.
Tras estos textos preparatorios, nos encontramos con una breve nota biográfica (pp. 11-12) sobre Miguel Hernández y sobre el autor de la edición, Enzo Calcaterra (p. 12) y una pequeña bibliografía, quizá algo justa, pero bastante actualizada y en la cual se encuentran presentes los hispanistas más destacados en el país transalpino, y las últimas novedades publicadas en España, y que incluyen a José Luis Ferris y a la Fundación Cultural Miguel Hernández.
Tras este primer bloque, se insertan los tres restantes, dedicados como explicaba antes a glosar las tres heridas referidas, una por cada amigo perdido.
La primera herida, es la causada por el fallecimiento de su joven amigo Ramón Sijé: ‘Ramón compagno dell’anima’ (pp.17-28). Ambos, se habían jurado que a la muerte de uno, el otro debería de haber excavado la fosa del otro, pero no pudo ser. Miguel se entera tarde y a su vuelta Ramón ya ha sido sepultado, abriendo más si cabe una herida que se había abierto tiempo atrás con su marcha a Madrid y sus primeras diferencias por cuestiones literarias. El óbito sucede en la madrugada del día de Navidad de 1935, y Miguel se entera por una carta de Aleixandre. Compondrá entonces un texto que sólo tiene dos textos parangonables: las ‘Coplas por la muerte de su padre D. Rodrigo’ de Jorge Manrique y el ‘Lamento por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías’, de García Lorca. Juan Ramón Jiménez, reseña el texto de Miguel en El Sol de 23 de febrero de 1936, hablando de “poesía pura’”y de “la belleza tremenda de sus versos” (p. 20), versos que lloran la conclusa amistad con el amigo con el cual compartió tanto sueño literario y disfrutó de tantas cosas, entre otras, el amor por la vida.
La segunda herida, es la causa la muerte de Federico García Lorca: ‘Federico, amico distante’ (pp. 29-46). La amistad entre ambos poetas fue como muy bien destaca Calcaterra, tormentosa y salpicada por el constante rechazo de Lorca y las desilusiones de Miguel. De hecho, su correspondencia da abundantes muestras de ello e incluso hay testimonios de coetáneos que demuestran tales aseveraciones. La noticia del trágico y confuso asesinato del poeta granadino el 19 de agosto de 1936, le llena de dolor. Olvida el “silencioso calvario” de esta amistad inaccesible, pero latente de manera soterrada todavía en su pecho y le dedica su ‘Elegía primera’. Su amistad, se inicia, como bien apunta Calcaterra en el año 1933, con ocasión de una representación de La Barraca, el teatro itinerante de Lorca. A esto le seguiría un escaso intercambio de correspondencia: entre el 30 de enero de 1933 y el 30 de mayo de ese mismo año. Dos escuetas cartas le dirigió Lorca a Miguel. Una, con motivo de la publicación de ‘Perito en lunas’, y en la cual le exhorta a escribir, a leer y a estudiar, puesto que posee sangre de poeta y otra en la que le reprende, por decirlo de alguna manera, su estilo impetuoso, pidiéndole calma a la hora de escribir. Lo cierto, es que, desde ese momento, dejará de contestar las cartas de Miguel, cuya rusticidad era como una insistente ‘alergia’ (p. 31) y al cual procuraba evitar durante los encuentros en casas de amigos comunes (p.32). El texto que dedica Miguel a Lorca destaca por considerar la muerte como una herida, con unos versos que tratan de rebelarse viriles contra la muerte, la resignación y la nada. Miguel, trata la muerte con vitalismo, pero también recordando en cierta forma las atmósferas surrealistas de Lorca.
La tercera y última herida, será la causa la muerte de su amigo el cubano Pablo de la Torriente: ‘Pablo, il cubano guerriero’ (pp.47-53). Su amistad fue breve. Iniciada por pertenecer ambos a la Alianza de Intelectuales Antifascistas, se consumó de manera intensa en la guerra. En ella, Miguel se alistó sin los privilegios de un intelectual –en su ficha ponía que era mecanógrafo-. Mientras, Pablo, periodista y escritor cubano llevaba adelante sus emisiones radiofónicas para desmoralizar a las tropas del General Franco en ‘Altavoz del Frente’. Pronto coincidieron otra vez y de la unión de sus ‘genios’, surgirían una biblioteca, un periódico, varios murales y además intentaron instruir a la tropa con ayuda de maestros, representaciones teatrales y lecturas poéticas, así como con la proyección de películas de cine, sobre todo soviéticas. Miguel se encargará de la organización de las actividades culturales. Pablo, causó una honda impresión en Miguel, apareciendo en su obra de teatro “Pastor de la muerte” como ‘El Cubano’. Por ello, no es extraño que cuando Pablo en 1936 muera en combate le dedique su ‘Elegía segunda’, plena de dolor y de recuerdos, y que además lee ante su fosa. La elegía, transmite energía y valor, cambiando la muerte del combatiente que se enfrenta al peligro todos los días por valor y calor para seguir hacia la victoria.
A modo de sangrante barómetro, hemos podido descubrir, o mejor dicho compartir, tres momentos muy destacados de la vida del poeta. Son tres momentos que le marcaron, le trazaron un camino, quizá envenenado y que tiene concomitancias con hechos ya descritos. ¿Qué homenaje podía ser mejor que acercarnos al corazón del poeta?. Éste, con sus distintas heridas, es muy querido por el pueblo de Tolentino, lugar marcado también por la guerra y por la pérdida de sus jóvenes, jóvenes como Miguel. Jóvenes como los que el día 26 pidieron por boca de sus autoridades hermanarse con Orihuela y la Fundación Cultural Miguel Hernández. Esperemos que los políticos, o a quien corresponda, den vía libre a los sentimientos populares, a esta globalización cultural plena de sentimientos y que no puede sino producir buenos frutos, frutos que empiezan a germinar en forma de acuerdos y hermanamientos con distintas instituciones de este país y que no deben acabar aquí. La universalidad del poeta es ya un hecho y el reciente II Congreso Internacional, lo ha confirmado.



