
Casi coincidiendo con su inauguración –el 3 de septiembre del presente año-, llegaba a nuestras manos este catálogo de la exposición que la Fundación Max Aub dedicaba en Segorbe (Castellón) a la conmemoración del centenario del genial autor, cerrando así una larga lista de actividades, entre las que se encuentran distintos volúmenes, como el ya analizado en estas páginas ‘El universo de Max Aub’.
Aub, notario de su tiempo, procurando elaborar documentos que sirviesen para el juicio de la historia, elaboró unos textos que aún hoy, varias décadas después de su muerte, sorprenden por su tremenda actualidad pero sirven también para eternizar y poner, a disposición de todos, distintos sucesos que deben de quedar marcados en el subconsciente de todos. ‘El Correo de Euclides’, la ‘prensa particular de Aub’, lo recogía así: “Somos lo que fuimos y seremos, distintos y eternos en cada momento”.
El catálogo y la exposición pretenden asumir la vida de este genial y completo autor, marcada por dos guerras, una guerra civil y dos exilios, y que hizo de la literatura una forma perfecta de solidaridad que, encima, es de rabiosa actualidad, como lo fue en su momento, cuando se le comparó –y se le compara- con literaturas exílicas como la de Alemania tras el exilio judío frente al nazismo, algo que también se ha intentado conseguir a la hora de organizar la exposición.
El libro cuenta a modo de presentación con tres textos. Dos son institucionales: los del Conseller de Cultura y el Director General del Libro y Bibliotecas y el tercero, es de Juan María Calles, comisario de la exposición. Tras éstos, y estructurado en tres partes denominadas ‘Biografía’, ‘Glosario de voces Aubianas’ y ‘Testimonios’, encontramos los contenidos, corriendo a cargo de estudiosos aubianos y conocidos de Max la redacción de los mismos.
Decía Aub que “no hay que avergonzarse de lo que se es. Cada uno hace lo que puede. Siempre hay que ir hasta el final”, y eso hizo siempre. Su biografía es un ir hacia adelante continuo. Su biografía, se ha estructurado en seis partes, al igual que la exposición. La primera es ‘La infancia en París (1903-1914)’, de Gérard Malgat y en ella se describe su destino, similar al del rapto de Europa y que debe huir hacia el Oeste, su conocimiento de las literaturas francesa y alemana –no olvidemos sus orígenes por parte de padre y madre-. La segunda parte, ‘Los años de formación (1914-1931)’, de Juan Rodríguez, narra su llegada a España en 1914, sus años de formación en Valencia sin olvidar sus orígenes franceses y su relación con el grupo de intelectuales y amigos que le acompañarán de ahora en adelante en sus aventuras. La tercera, es ‘Los años de la Segunda República 1931-1939’, de Manuel Aznar Soler, que narra por un lado su evolución estilística, que le hace pasar de sus coqueteos vanguardistas al compromiso antifascista, siempre ligado a la República y al PSOE, al cual se afilia en 1929. Esta época es también un momento de viajes a París y Moscú y de relaciones con la Generación del 27 y sus coetáneos. Estos años ven también cómo aumenta su peso en la política cultural de la República. También se citan sus proyectos de organización de un Teatro Nacional, que no tuvieron eco y sus colaboraciones cinematográficas con Malraux (1938). Director del ‘Diario La Verdad’, junto con Renau, pasa a París destinado como agregado cultural, como se narra en ‘París (1937)’, de Gérard Malgat, y allí organiza el II Congreso de Intelectuales Antifascistas y el pabellón español de la Exposición Universal, en el cual se expondrá el ‘Guernica’ de Picasso. En ‘Holocausto (1939-1942)’, también de Gérard Malgat, se recogen sus peripecias iniciales en el exilio, su reinstalación en París en 1939-40, su encarcelamiento bajo sospecha de comunismo y su periplo carcelario, que finaliza en el campo de Djelba (Argelia) y que es la antesala de su exilio mexicano. ‘El exilio en México (1942-1972)’, de Manuel Aznar Soler, relata las últimas peripecias vitales de Max. Relata su esperanza –como todo el exilio español- en la provisionalidad de esta situación y su evolución ética, que le lleva a adoptar posiciones en contra de todo totalitarismo y enconarse en agrias disputas con comunistas. Será en esta época cuando se inicie su metáfora ‘Sala de espera’, la revista de Aub en la que publicó “diversos libros que quizá vean la luz algún día...” y que expresa ese desencanto posterior a la Segunda Guerra Mundial y la espera y la confianza en que finalizasen totalitarismos de uno y otro signo, en especial el de Franco. También cita los importantes viajes que hizo a Israel, Francia y a España, donde se le ignoró pero que dieron lugar –el primero- a su genial ‘La gallina ciega’, un análisis de su España y de las sensaciones que le provocó el viaje, algo que amargó a más de uno, como a Cernuda, y recuerda su muerte.
Estos seis periodos coinciden casi siempre, o se solapan, con los periodos en los que se subdivide la exposición, para la cual el volumen que tenemos entre manos sirve también de catálogo: ‘Europa en la sangre (1903-1923)’, ‘La Calle Valverde (1923-1931)’, ‘El laberinto español (1931-1939)’, ‘Holocausto (1939-1942)’, ‘En la sala de espera de la guerra fría (1943-1955)’ y ‘La España prometida y la España real (1956-1972)’.
Los bloques dos y tres, ‘Glosario de voces aubianas’ y ‘Testimonios’, se dedican a desglosar una serie de conceptos que no hacen sino demostrar que la vida de Max Aub está íntimamente ligada a su obra y que sus experiencias siguen siendo testimonio vivo de un convulso periodo histórico. El glosario, permite también centrar cuáles eran las filias y las fobias (p. 19) de Max, y constatar su evolución, desde el humanismo ilustrado de sus inicios hasta una literatura entendida como deber moral y responsable socialmente, cercana a como la entendía Goethe y crítica con las teorías de Ortega y Gasset que se estaban cumpliendo con los totalitarismos de la sociedad de masas. Mann, Malraux o el propio Hemingway tienen aspectos similares. Su evolución en parte fue consciente, pues como él decía: “Creo, una vez más en el progreso, en el arte y en la amistad”, pero no fue suficiente para alejar de él las decepciones sufridas –tantas- que culminaron en una visión de una España lejana y algo utópica. El glosario, se refiere a términos de especial significación para él. Son 30 los testimonios escogidos y que recogen desde un paseo por lo que fue la Valencia de su época, pasando por los campos de concentración, el judaísmo y el socialismo o las Alemanias, pasando por los géneros literarios y sus proyectos teatrales, y finalizando con México, lugar de su exilio y su muerte, y sus viajes a Israel y Europa y realizados por autores tan reputados como Ignacio Soldevila, Sebastián Faber o Manuel Aznar.
En cuanto a los testimonios, son ocho y desvelan distintos aspectos de la personalidad de Aub, detalles poco conocidos, facetas de su personalidad como su generosidad o su relación con sus familiares o sus sensaciones cuando viajó a Madrid, incluyéndose incluso una entrevista. Son testimonios de su nieto, de Román Gubern o de Juan Goytisolo, entre otros, conocedores de tan fascinante personaje.
El libro se cierra con un exhaustivo apartado bibliográfico y la relación de las piezas expuestas en la exposición, y todo ello con una gran profusión de notas situadas en el encabezamiento del volumen, con un diseño atractivo y funcional que hace más que uso ‘abuso’ del elemento gráfico, siempre de calidad e inédito en gran parte.
Rigor, claridad, cantidad y calidad son los cuatro puntos cardinales de este precioso volumen. Esperemos que el empeño demostrado por instituciones y particulares que colaboraron en esta magna obra, de la cual el Aub tipógrafo se hubiera sentido orgulloso, se trasladen también a la edición española en general y a la valenciana en particular, pudiendo hacer gracias a ella alarde del rico patrimonio literario que poseemos.



