ENTREVISTA A JOSÉ SARAMAGO

Una vida y una obra como la de Miguel Hernández tienen una particularidad: la coherencia.

José Saramago nació en Azinhaga (Portugal), el 16 de noviembre de 1922. Emigró a Lisboa, donde cursó estudios secundarios que no pudo continuar por dificultades económicas. Su primer empleo fue el de serrador mecánico, habiendo ejercido otros trabajos como diseñador, funcionario editor, traductor y periodista. Publicó su primer libro ‘Terra do pecado’ en 1947, inédito hasta 1966. Trabajó durante doce años en una editorial y como crítico literario en la revista ‘Seara Nova’. Entre 1972-73 forma parte de la redacción del periódico ‘Diario de Lisboa’, perteneciendo a la primera Dirección de la Asociación Portuguesa de Escritores. Desde 1976 vive exclusivamente de su trabajo literario. Ha escrito cuentos, novelas, teatro y libros de viajes, traducidos a múltiples idiomas. Asimismo, ha participado en cursos a lo largo y ancho del mundo y dictado también múltiples conferencias. Doctor Honoris Causa por las universidades de Turín, Sevilla y Manchester, es Comendador de la Orden Militar de Santiago de la Espada de Portugal y Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Ha recibido gran cantidad de premios en su país, en Italia y en Inglaterra. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1998.

Su ponencia en el Congreso afirma que la figura de Miguel Hernández está viva, ¿considera que la literatura y los escritores están en deuda con la figura de Miguel Hernández?

Bueno, son elucubraciones. La literatura, como los escritores, no está en deuda nunca con los escritores, con Miguel Hernández. Creo que es al revés, la sociedad puede influir y a la inversa. Pueden coincidir grandes escritores, grandes obras que en algunas circunstancias no tienen que ver con la calidad, y esas mismas obras puede ocurrir que vivan en una especie de noche, que a veces dura demasiado, y dura porque es una injusticia inaceptable. Pero es cierto que más pronto o más tarde esa obra reaparece.

Yo quiero decir que ha ocurrido algo igual con Miguel Hernández. Es cierto que en los últimos años todo el mundo habla de Miguel Hernández, todo el mundo conoce a Miguel Hernández, pero no sé hasta qué punto su obra está bien medida por la atención. Yo espero que en este Congreso sea valorado por su amistad, por su voluntad y por su fuerza.

¿Qué destacaría de la obra de Miguel Hernández?

Yo destacaría no poco ni mucho de un libro o un poema determinado. Una obra es un todo. Y una obra como la de Miguel Hernández tiene una particularidad y es la coherencia en su vida y en su obra. A pesar de morir joven todo en él fue en línea recta, pero por ello no significa tener una línea monotemática.

¿Cree que es más importante la obra o la persona en un escritor?

La persona siempre con el tiempo se olvida, la obra queda. No hay nada que quede aquí con el tiempo. Su Fundación, y si acaso la literatura, están viviendo un buen momento y el gusto de una generación cambia. Puede en un momento una generación identificarse mucho con una figura concreta y una obra suya, y la generación siguiente, por el contrario, siendo un autor extraordinario como Miguel Hernández no verse reflejada tanto.

Y a mí me gustaría mucho poder decir aquí ante todos vosotros que Miguel Hernández no se preocupó del reconocimiento de su persona. Yo creo que este homenaje comienza ahora, yo quisiera dar un homenaje en vez de a la obra a la persona, que es el autor de esa obra. En Miguel, el dolor es permanente, desde sobre el cual es evidente que se siente 200 o 300 años todos los días. Y dice tratar sobre la vida de Miguel Hernández. Es lo tópico, qué vamos a hacer cuando estamos muy cerca de una obra magnífica, pero a la vez es una vida que tiene brillo, un dolor y una capacidad para poder aceptar la cárcel, la enfermedad, la firmeza y la valentía. Entonces Miguel Hernández se enfrentó a todo eso, que es mar de correspondencia de una versión y su luz no vendrá nada mal en los tiempos que corren.

¿Cree que las ideas que comentaba de Miguel Hernández están en un buen trabajo por encima de su obra, de cara a su proyección pública, su imagen?

No, yo creo que hoy se pretende separar, digamos, la opinión sobre la obra o la vida y que está unido, es decir, Miguel Hernández como el yo, Miguel Hernández el responsable, Miguel Hernández del pueblo, Miguel Hernández el militante. Se le conoce así, en lugar de tener una persona tenemos tres o cuatro imágenes de Miguel, puede complementar a dicha persona, que debe ser entendida en detalle y no fragmentariamente. Ahora, no hay que decir un falso Miguel. Ya alguien lo ha dicho fuerte en un momento determinado. Pero voy a decir lo que caracteriza a toda la obra de Miguel Hernández, toda esa coherencia interna que es poética, que es humana, que es diversidad e indicativa de la persona, es la obra y punto. Como un punto, un punto que está cerrado.

¿Podría definirnos la poesía de Miguel Hernández?

Definir es poner una etiqueta, y las etiquetas es lo peor que le puede ocurrir a un artista o a un escritor, porque para la gente, en realidad, las cosas son indudables y es que realmente la etiqueta tiene algo que ver con la realidad que va a recordar la etiqueta, y con ello dejes la realidad.

Hay que verlo todo y cada lector encontrará no la etiqueta que quiera poner en Miguel Hernández, sino ésa que es consciente de una mentalidad. Ésa es.

Un adjetivo no para la persona sino para la figura del poeta, para el mito.

Yo creo que Miguel Hernández se puede decir que era un hombre bueno. Y eso para mí es lo importante.

Y para terminar, más que una pregunta es una reflexión: Miguel Hernández, el amor, la vida y la muerte.

Uno puede tener en la vida amor, pero no hay una vida sin muerte. Yo creo que él ha sido alguien que ha buscado, consciente, la muerte para completar. Miguel Hernández ansiaba querer y ser querido, eso es lo que han buscado un buen número de poetas.

La muerte es como un fin, pero cuando uno está delante de una vida que se acabó y que terminó, es entonces entenderla, no en lo que ocurrió en un momento determinado, sino en su totalidad como la forma de entender en general toda la vida. Este es el caso concreto de Miguel Hernández y, sobre todo, su vida muy concentrada, frente a hechos, vivencias, voces para llenar su vida. Miguel lo ha vivido todo esto como si él tuviera prisa para acabar. Mi vida es el amar, el comer y el confiar en el tiempo, ha de tener una vida plena, entonces ha de llenar su vida de vida.

Entrevista y transcripción de Ángeles Martínez Sainz

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