FRANCISCO ESCUDERO GALANTE, PERIODISTA Y ESCRITOR

“La democracia se restauró con algún que otro olvido. La memoria de los exiliados es uno de ellos”

Pasajero 2058, primera novela del escritor oriolano, embarca al lector en el drama individual del exilio de su protagonista, uno de los pasajeros del “Stanbrook”, el buque de carga inglés que, como último barco del exilio republicano, partió del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939, rumbo a Orán. Su historia es una historia de memoria, la de todos y cada uno de los 2638 pasajeros del “Stanbrook”, y la de tantos otros que, tras la guerra civil, marcharon al exilio y, con el tiempo, al olvido. Esperanza, solidaridad y respeto son algunos de los grandes valores que el autor rescata en el tiempo, a través de su personaje, de la que para muchos fue la última guerra con cierto anhelo romántico, en un contexto donde dichos valores se vieron diezmados en aras a unos fines fanáticos que buscaban una identidad excluyente que justificara el drama de una lucha por el poder, que es siempre lo que respalda las grandes tragedias humanas. Un reconocimiento a la memoria de “los olvidados”.


¿Por qué una novela sobre el exilio republicano 63 años después de aquellos acontecimientos?

Por una cuestión de necesidad colectiva. Creo que es necesario recuperar la historia real de unos acontecimientos que han permanecido durante muchos años en el más absoluto olvido, y aquellos miles de exiliados merecen que se les reconozca su papel en la lucha por las libertades que ahora gozamos. Recuperar nuestra memoria histórica es fundamental para educar a nuestros hijos en democracia, y es importante mostrarles que el bienestar que disfrutan ahora no ha llovido del cielo ni ha estado aquí siempre. Muchos se dejaron la vida para conseguirlo.

¿Cómo surgió esta historia, de dónde vino la motivación?

Todo partió de una carta personal que el verdadero pasajero 2058 del “Stanbrook”, José Escudero Bernícola, envió a su familia desde Orán, una vez que el carguero había atracado en el puerto argelino. En esa carta explicaba con detalles cómo había sido el viaje desde Alicante, cómo viajaron en aquellas condiciones lamentables, sin aseo personal, sin comida, sin condiciones de ningún tipo, como auténtico ganado. Aquello me rompió el alma, y desde ese momento supe que tenía que escribir la historia.

La novela combina ficción y realidad. ¿Qué peso específico tiene cada una?

El personaje protagonista, Ramón Huertas, es de ficción, pero sintetiza tres historias reales, la del verdadero pasajero 2058, Gobernador Civil de varias provincias españolas durante el primer gobierno republicano, José Escudero Bernícola, la de un joven médico que trabajó como ayudante sanitario en el Hospital número 2 de Madrid durante toda la guerra, Vicente Escudero Esquer, y la de un ilicitano que sufrió los campos nazis, Antonio Cartagena Ruvira. Por ello hay algunos elementos de ficción necesarios para novelar la historia, pero la inmensa mayoría de las anécdotas y nombres que se citan son ciertos, sobre todo en lo referente a Orihuela.

Precisamente hay referencias muy concretas a Orihuela. ¿Hay algo de autobiográfico en ellas?

Bueno, yo tengo 40 años, no he vivido la guerra ni la postguerra, tan solo los últimos años del franquismo y la transición, pero reconozco que algunas añoranzas que transmite el protagonista al hablar de su pueblo sí son personales.

¿Qué mensaje pretende hacer llegar al lector de Pasajero 2058?

Principalmente un mensaje de recuerdo y reconocimiento a todos aquellos exiliados que tuvieron que dejar su hogar, sus pueblos, su patria, por una cuestión de ideología, por tener la manía de pensar con criterio propio. Ese mensaje debe ser conocido y divulgado por todos nosotros, sobre todo entre los más jóvenes, eso ayudará, sin duda, a valorar más lo que tenemos ahora. Es una deuda histórica que tenemos con aquella gente que salió de España con la pena en el alma.

¿Considera que esa deuda de la que habla está todavía sin pagar?

De alguna manera, sí. En este país, la democracia se restauró a partir del año 1975 con muchos esfuerzos y sacrificios, pero también con algún que otro olvido. Este es uno de ellos, y creo que 27 años después de la muerte de Franco ya va siendo hora que pongamos las cosas en su sitio y reconozcamos la trayectoria de miles de españoles que han permanecido en la oscuridad y el olvido.

Utiliza la poesía de Miguel Hernández como encabezamiento de los capítulos de su libro. ¿Responde a una intencionalidad concreta?

También es un tributo a Miguel. Cada poesía está relacionada con el tema que encabeza, y supone a mi juicio un preámbulo de lujo para cada uno de los capítulos. Para Miguel no hubo barco, y sufrió en sus carnes la represión que le llevó a la muerte. Los que hemos estudiado la enseñanza básica durante el franquismo y aquello que se llamaba la Formación del Espíritu Nacional (FEN), recordamos cuando se nos decía que la de Franco fue una “dictablanda”, y que hubo paz, reconciliación y perdón. Ante tal transgresión de la historia, resulta un buen ejercicio recordar a Miguel y su agonía en la cárcel de Alicante hasta 3 años después del final de la guerra. Ese ejemplo, real y a la vez simbólico, nos dice claramente que no hubo paz sino odio, no hubo reconciliación sino venganza, y no hubo perdón sino represión.

Pasajero 2058 es su primera incursión en el mundo de la narrativa. ¿Hay nuevos proyectos en marcha?

Sí, una obra de teatro, una comedia, y también preparo mi segunda novela basada en el testimonio de los brigadistas ingleses que lucharon en suelo español y que dejaron aquí sus vidas, sus amores, sus amistades...., en definitiva, parte de lo que son.

Pilar C. Zarco
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