ALFONSO ENRIQUE MOYA TORRES

ATRAPADO EN EL INFIERNO
A mis compañeros del Taller
de Empleo Miguel Hernández
sin los cuales jamás me hubiera
atrevido a escribir este texto. En
especial, a ti, Pilar.

En este preciso momento, no pienso, no siento, no respiro,
sin embargo, tú piensas, tú sientes, tú respiras, tú vives.
Atrapado entre el fragor del fuego perpetuo y la tristeza que la oscuridad me sume, vivo que no vivo, bajo el cruel cetro de Plutón. Todavía habita en mí, el recuerdo de mi tributo a Caronte,
cuando me embriagaba la ilusión por escapar de una vida injusta y corta.

Pensé por un instante en la eternidad y en sus falsas promesas,
recibí la fama póstuma, pero no un Homero que relatara mis gestas,
sino buitres, que corroen mi osario en busca del tuétano de la fortuna.

Incómodo, oteo las afiladas y sanguinarias fauces caninas de Cancerbero que, edificaron ante mí, ciclópeas cárceles. Vacilo, en cambio, al pensar, la forma de apacentar, tanta rabia, al aparentar, mi calma, al almacenar, y no dudo, al intentar, mi envidia, al adivinar, que mi cuerpo no puedo hallar.

ME DIRIJO A TI

¿Por qué no contestas?, me dirijo a ti, sí a ti, que nunca contestas a mis llamadas, que te burlas desde lo alto, de mis ruegos y de mi llanto. Nunca imaginastes que tu muerte fuera motivo de tanta polémica, de tanta infamia. Bien querrías volver y juzgarnos por nuestras ofensas, por nuestra ignorancia, por nuestros errores. Pero tu excelsa prisión te lo impide, mas podrías donarnos la luz de tu ingenio, que bien refleja, tu alma y sus flaquezas.

Innumerables golondrinas visitan estos días tu morada, y se dirigen a ti, mas no contestas; aquellos a los que tanto combatiste te cortaron las alas, te enterraron en vida. Mas no te burles de mis ruegos, que yo soy vivo y no muerto. Disfrutas de la sin par ambrosía, de los placeres del cuerno de la fortuna, del sabor de lo eterno, pero no olvides, que yo soy vivo y no muerto.

ÍCARO EN CUERPO DE PLOMO

Laberíntico miembro, el que anida en tu pecho. Imberbe faz la que asoma, tras la gélida oscuridad de tu honda morada. Osamenta quebrada y desgastada, oquedad hiperbólica, materia inmaterial, poeta sin vida.

Bien querrías navegar a través del azulado mar celeste, conducir la cuadriga de Helios, para aparecer cada mañana, para descansar cada atardecer; ¡pero para, atiende y reflexiona, que tu cuerpo es muerte y tu vida inerte¡. ¿Por qué no eres fuente y fluyes alegremente, sin gente que te conteste y afrente?.

HERMES ACECHA

Mensajero de los dioses, no me busques, no me encuentres, no me transportes al reino de Hades o me convertiré en piedra antes de que tu gélida mano se pose en mí. Llamaré a la Furia para que te encuentre y obligue, para que duerma tus pérfidos instintos, para que mitigue y aflija tu alma inmortal. Me lanzaré al reino de Poseidón, al ver tu siniestro velamen, haré compañía a Egeo y lloraré por su mala fortuna. Fustigaré a la Hidra y arrancaré de un certero golpe, sus escalofriantes testas.

Amamántame con el alegre vino de Baco, que en sus alegres bacanales olvide mi extinta existencia, pues ya en su inicio comenzó su final. Alfa y Omega soy, pues en esencia mi paso es efímero y sin complacencia en mi experiencia, muero en herencia.

Alfonso Enrique Moya Torres
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