
Gabriel Miró fue el segundo de los hijos de una familia modesta alicantina, hijo de Encarnación y de Juan Miró, ingeniero de Obras Públicas. Nació en Alicante el 28 de Julio de 1879, y bautizado con el nombre de Gabriel Francisco Víctor Miró.
Era un niño de carácter retraído. En un primer momento estudió con el maestro D. Marcelino y con su tío Lorenzo Casanova, hasta que ingresó en el colegio de los padres Jesuitas de Orihuela, a los diez años, donde comenzó sus estudios de Bachillerato.
Su estancia en el colegio se tradujo en una profunda melancolía en su ánimo y en un inexplicable reuma de su rodilla izquierda. Uno de los episodios que más influyó de forma decisiva en la prosa de Gabriel fue su estancia en la enfermería del colegio a causa de una enfermedad. Desde allí pudo contemplar el paisaje de la huerta oriolana, y sus costumbres y detalles que posteriormente quedaría recogida en su obra.
Debido al delicado estado de salud de Gabriel sus padres decidieron sacarle del colegio; contando éste con doce años. Se traslada con su familia a Alicante donde continúa sus estudios de Bachillerato.
Posteriormente se trasladó de nuevo a Ciudad Real con su familia donde finalizó sus estudios. En octubre de 1895, comenzó sus estudios de derecho en la Facultad de Valencia. Debido a sus amistades, no se centró lo suficiente en sus estudios por lo que al finalizar el segundo curso, sus padres decidieron sacarle de la Universidad de Valencia, para su posterior ingreso en la de Granada donde se licenció en derecho en 1900.
Tras su salida de la Universidad de Valencia se trasladó a Alicante, concretamente al Barrio de Benalúa, un lugar apartado y silencioso, donde Miró dio principio a su prodigiosa carrera de escritor, dedicado por entero a la lectura de los clásicos castellanos. Miró era objeto de admiración y respeto por parte de sus contertulios.
A los veinticuatro años contrae matrimonio con Clemencia Maigmón. Fruto de ese matrimonio nacieron dos niñas.
Su primera novela fue La mujer de Ojeda, y su segundo libro Hilván de escenas.
Abandonó la profesión de abogado para dedicarse a escribir novelas y preparar artículos periodísticos, Miró deseaba vivir en paz y serenidad de alma, sin anhelos de grandezas, a pesar de los consejos dados por sus padres para que se creara un porvenir desahogado y seguro.
Debido a la precaria situación económica en la que se encontraba decidió presentarse a unas oposiciones a judicatura, con el deseo de complacer a sus padres. Pero no tuvo éxito. Después de un segundo intento también fallido de aprobar la oposición, decide presentarse a un concurso de cuentos llamado ‘El cuento semanal’ con su obra Nómada, con la que obtiene su primer premio literario.
El quince de febrero de 1908 es homenajeado por un selecto grupo de intelectuales destacando entre ellos a Valle Inclán, Baroja y Felipe Trigo, entre otros. El día que se publica la obra de Nómada, fallece el padre de Miró a causa de una enfermedad.
Gabriel desempeñó el cargo de oficial en el Hospital Civil de San Juan de Dios; del que no estaba muy entusiasmado para que con posterioridad pudiese desempeñar el puesto de cronista de la provincia, que tanto había deseado.Posteriormente desempeñó las funciones de auxiliar administrativo de la Junta de Obras del Puerto y secretario particular del Ayuntamiento de Alicante.

A pesar de los varios empleos que tuvo en Alicante no llegaron a satisfacerle plenamente, por lo que decidió marcharse a Barcelona, donde trabajó como cronista de Barcelona en la Casa Provincial de Caridad, y en la preparación de la Enciclopedia Sagrada, también escribió en el Diario de Barcelona, en la Vanguardia y en La Publicidad.
Durante su estancia en Barcelona escribió: Dentro del Cercado, Del Huerto Provinciano, Los amigos, Los amantes y la muerte, Las cerezas del cementerio, El Abuelo del Rey, El libro de Sigüenza, Figuras de la Pasión del Señor y el Humo dormido.
En 1920 se traslada a Madrid, allí trabaja como empleado de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Trabajo. La vida en Madrid no se le presenta como él pensaba en un principio, hasta que es nombrado auxiliar competente artístico y literario para la organización de concursos nacionales, cargo que desempeña con gran acierto hasta su muerte.
Escribe artículos periodísticos en ‘El Sol’ y ‘la Nación de Buenos Aires’. Prepara una monografía referente a los templos de Santo Tomás y San Vicente de Ávila. Por fin parece que mantiene Miró una posición notable y segura. Van apareciendo los nuevos libros de Miró: El Ángel, El Molino, El Caracol del Faro, Nuestro Padre San Daniel y Niño y Grande.

En 1925 publicó el Obispo Leproso, cuya aparición supuso un cierto revuelo literario y social. Y en 1928, publica Años y Leguas. A pesar de estar bien acomodado económicamente y satisfecho con su trabajo, recuerda con nostalgia y anhelo su ciudad natal, por ello siempre que tiene ocasión marcha a su pueblo.
Por la imaginación de Miró van apareciendo escenas tristes y escenas alegres de su vida pasada. Atraviesa carreteras, caminos y barrancos.
Miró, a pesar de ser un hombre sencillo, y bondadoso, no pudo vivir ajeno a las envidias que le rodeaban.
Hasta en los últimos años de su vida tuvo que sufrir las tristezas que le proporcionaba un mundo del que no se podía apartar totalmente. Los arañazos que la sociedad le diera los lavaba con las bondades de su noble corazón.
Gabriel fallece el 27 de Mayo de 1930, en Madrid, a causa de una grave enfermedad, de la que fue intervenido sin ningún éxito.
Verónica G. Ortiz.



