MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA MÚSICA

Óscar Moreno Ferrández presenta en este trabajo un aspecto de la vida y obra de Miguel Hernández que, aún siendo importante, está poco estudiado: la relación del poeta con la música.

Existen pocos escritos que destaquen la importancia de la música en la obra de Miguel, y más aún, la importancia de su obra en la música. Este último hecho se aprecia, sobre todo, a partir de los años 60 en que confluyen una serie de factores que favorecen la aparición de un género musical singular, así como sus intérpretes: la canción protesta y los cantautores.

Los poemas de Miguel han sido musicados e interpretados tanto en España como en Latinoamérica en momentos de eminente cambio político, tales como las dictaduras o la caída de las mismas, ilustrando así sentimientos de libertad o patriotismo, en estado puro de ebullición.

La edición de la presente obra corre a cargo de la Fundación Cultural Miguel Hernández, en colaboración con el Ministerio de Cultura, siendo ésta la sexta publicación correspondiente a la colección “Biblioteca Hernandiana”.

La cubierta sigue el esquema de las cinco publicaciones anteriores de la colección: nombre y apellidos del autor, título del libro, pie de imprenta, encuadernación en rústica, con tonos claros para que destaque la impresión y solapas en la portada y la contraportada. Mención especial merece la viñeta que ilustra la portada, del pintor Ramón Gaya, aparecida en la revista “Hora de España”, de la que era colaborador habitual.

Los trazos de Gaya resumen la idea principal del libro; música y poesía, la guitarra y el libro, ambos elementos dispuestos sobre una mesa junto a unas flores en agua.

Con un total de 79 páginas entre Prólogo y Notas, cuatro capítulos en los que se aborda la relación poeta-música y un completo apartado de referencias bibliográficas, el libro constituye uno de los trabajos más novedosos publicados sobre Miguel Hernández y su poesía.

El estudio de Óscar comienza con un prólogo de Aitor L. Larrabide, director del Taller de Empleo de la Fundación, del cual Oscar formó parte en su segunda edición y en cuya revista apareció ya un esbozo de la investigación sobre la que versa este libro. El artículo titulado “La voluntad de crear” fue publicado en el número 11 de “El Eco Hernadiano” en otoño de 2006. En él se resumen brevemente los contactos que Miguel Hernández tuvo con el elemento musical a lo largo de su vida: la musicalidad y el ritmo de sus versos más tempranos, sus influencias musicales más cercanas como los trovos murcianos, de la mano de su amigo Carlos Fenoll, e incluso las más lejanas como el flamenco, así como su posterior repercusión en la música moderna, inspirando a cantautores como Serrat en España o a Victor Jara en Latinoamérica.

Aitor L. Larrabide destaca también, en esta primera toma de contacto, la importancia de la presente publicación por su intención de ser ampliada posteriormente a modo de catálogo de referencias musicales, incluido en la página web institucional de la Fundación Cultural Miguel Hernández y al archivo audiovisual que se pretende ubicar en la casa natal del poeta tras su restauración, prevista para 2010 con motivo del próximo Centenario del nacimiento del poeta.

En los siguientes cuatro capítulos nos adentramos ya en la faceta musical de Miguel Hernández. El primer apunte lleva por título el de uno de sus poemas, “Llegó con tres heridas”, musicado por varios artistas, entre ellos Joan Manuel Serrat o Joan Báez. En este capítulo el autor resalta la importancia de la producción poética de Miguel en sus años de marcado carácter político y social. Miguel Hernández era un poeta comprometido y solidario con la causa republicana y la situación que sucedió al proceso de la Guerra Civil española. En septiembre de 1936 se embarcó voluntariamente como miliciano en el 5º Regimiento para luchar por unos ideales y una sociedad de la que España carecía y de la que Miguel se hacía eco en sus poemas.

La denuncia social fue desde entonces, y hasta prácticamente el final de su vida, el tema principal de su obra. Fue nombrado comisario de Cultura en la 1ª Compañía del Batallón de “El Campesino” desde donde organizó actos culturales para los soldados junto a otros intelectuales de la época. Su compromiso social con la República fue absoluto. Miguel Hernández pertenece irremediablemente a esa generación de autores, llamada del 36, que vivieron los estragos de una guerra y una posguerra brutal, en un país que quedó reducido a la miseria más absoluta. La literatura plasmaba estos sucesos y denunciaba la situación en la que España se veía sumergida. La palabra era entonces un arma más con la que luchar y de esta forma era utilizada, con el fin de conseguir una sociedad más justa y libre.

Destacar a Miguel Hernández como figura política y de resistencia en este contexto es de suma importancia para entender su trascendencia en épocas posteriores a su muerte. Su poesía, de gran impacto social, fue y sigue siendo utilizada como arma de denuncia y justicia durante la dictadura que siguió a la guerra.

Durante los años sesenta y setenta, el fenómeno “canción protesta” comenzó a versionar los poemas de Miguel en España y Latinoamérica por ser, en palabras del autor, “…fiel trasunto de las aspiraciones de libertad y justicia social que reclamaban aquellos pueblos…”. Fue el arma que utilizaron unos nuevos combatientes contra los regímenes autoritarios: los cantautores.

Menciona también aquí el autor la idea anteriormente expuesta en el prólogo de elaborar un catálogo musical detallado y susceptible de ampliación que recoja todo el material musicado de Miguel Hernández al que se tenga acceso respetando los derechos de autoría.

El siguiente capítulo, “La voluntad de crear”, es uno de los más destacados dentro del estudio de Óscar Moreno. Los contactos y las amistades que nuestro poeta cultivó durante el transcurso de la Guerra Civil fueron los más fructíferos en cuanto al tema musical que nos ocupa. Óscar Moreno rescata la figura de Lan Adomián, compositor, violinista y director del coro ruso, cuya vida se cruza con la de Miguel Hernández en plena guerra civil española. Lan Adomián participó junto a las Brigadas Internacionales, dispuesto a luchar por un país cuyos ideales compartía. Su estancia en España le llevó a componer un ciclo de canciones que acompañarían la poesía de poetas como Pascual Pla y Beltrán y, por supuesto, Miguel Hernández. A este último dedicó, años después, su “Cantata de ausencias”.

Es destacable el hecho de que apenas existen estudios sobre Lan Adomián y mucho menos de su relación con Miguel Hernández. En este sentido estamos ante un epígrafe casi inédito hasta ahora, hecho que también destaca el autor en este apartado.

Lan Adomián musicó algunos poemas de Miguel, entre los que se encuentran “La guerra, madre: la guerra” o “Las puertas de Madrid”.  Pero el hecho que más llama la atención de estos encuentros del poeta con el compositor fue la creación del no nato Himno de la II República o “Canción de la Sexta División”, composición que vio la luz en 1950, ya en plena dictadura franquista.

Aparecen fragmentos de la correspondencia que Salvador Etcheverría Bañas, ministro de Información en París, mantiene con Lan Adomián este mismo año informándole de su intención de crear un himno para la República que, a pesar de no haber sobrevivido a la guerra, seguía presente en los corazones de muchos españoles. Lan Adomián rescata para ello su “Canción para la Sexta División”. Relata en sus cartas los encuentros con Miguel y el encargo que de su boca recibió de componer dicha pieza como Himno de la República. El 21 de abril de 1957 pudo escucharse el himno en México D.F.

En 1982 la viuda de Lan Adomián, en un intento de mantener vivo el recuerdo de su marido, envió a la revista “La Pluma” una copia de las partituras para voz y piano que poeta y compositor crearon durante la guerra.



Copia de la partitura de Lan Adomián y letra de Miguel Hernández

Llegados a este punto, nos encontramos en el ecuador del texto de Óscar Moreno. “Acordes en el alma” es el título de tercer capítulo en el que el autor habla del proyecto del compositor alcoyano Carlos Palacio: “Colección de canciones de Lucha”, una recopilación de canciones y composiciones que no llegó a ver la luz.

En esta obra podemos encontrar canciones para la defensa de Madrid, marchas de combate, himnos de unidades militares o cantos de la juventud miliciana. En febrero de 1939, acabada de imprimir la obra, irrumpieron las tropas nacionales de Antonio Aranda en la ciudad de Valencia, destruyendo a su paso los ejemplares recién editados así como las planchas de impresión. El editor conservó un único ejemplar que se salvó de la “quema” y es el que ha llegado hasta nuestros días. En él podemos encontrar también algunas de las composiciones de Miguel Hernández.

El libro de Óscar culmina con un último capítulo, “La voz en sus versos”, en el que vuelve a la idea del catálogo musicado de Miguel. Describe aquí el modo en que se pretende llevar la automatización de datos e incluye el modelo de ficha catalográfica diseñada a tal efecto.

Las últimas páginas las componen una serie de fotografías que ilustran la vida musical de Miguel Hernández, cantando junto a José Herrera Petere o en el Frente. Se incluyen también dos retratos de Lan Adomián, la portada de “Integral de la obra para piano” de Carlos Palacio con un retrato del mismo y la portada de “Canciones de Lucha” en edición facsímil.

Los siguientes apuntes lo componen las 93 referencias bibliográficas, esto es, el catálogo musical detallado con las obras musicadas de Miguel editadas de que el autor tiene noticia.

Es de justicia destacar que Miguel Hernández es, hasta ahora, el poeta más musicado por cantautores de todos los tiempos. Actualmente todavía podemos ver este fenómeno en el próximo disco que Serrat lanzará al mercado, “HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA”, con 13 poemas de Miguel Hernández.

Nos encontramos, pues, con un listado muy completo y de gran valor cultural, social y poético por lo que representó en su momento y lo que promete ser en el futuro.

Elisa Berná Gambín

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