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"Homenaje a Miguel Hernández"


TÍTULO: "Homenaje a Miguel Hernández".
AUTORES: Nicolás Guillén, Enrique Serpa, Félix Montiel, Juan Chabás, Juan Marinello, Ángel I. Augier y José A. Portuondo.
EDITORIAL: La Habana, 1943.
AUTOR DEL DIBUJO DE LA PORTADA: Horacio

Durante la noche del 20 de enero de 1943, tuvo lugar en el Salón de Recepciones del Palacio Municipal de La Habana un homenaje en memoria del poeta oriolano. Este acto estuvo organizado por el Frente Nacional Antifascista y el Comité de Homenaje a Miguel Hernández.

En el evento se encontraron presentes las misiones diplomáticas de Chile, México y Perú, representados en los escritores Manuel Eduardo Habner, José Gorostiza y Pablo Abril de Vivero, respectivamente.

En el acontecimiento, los escritores cubanos Nicolás Guillén, Enrique Serpa y Juan Marinello, leyeron estudios sobre Miguel Hernández; en nombre de los escritores españoles habló Félix Montiel, diputado de la República por aquel entonces y profesor universitario.

Asimismo, Paquita Peyró declamó algunos poemas del poeta-soldado; Alejo Carpentier prologó la edición de un disco tomado por él de la voz de Miguel Hernández.

Esta obra pretendía servir de testimonio de aquel acto y dar a conocer a la posteridad la admiración que el pueblo cubano sentía hacia Miguel Hernández.

El primer acto del homenaje que encontramos es el de Nicolás Guillén bajo el marbete “Milicia y permanencia de Miguel Hernández”. En él, Guillén, lo compara con otros autores coetáneos que por la misma causa –la guerra-, uno fue fusilado y el otro exiliado: estamos hablando de García Lorca y Antonio Machado. Destaca en su ponencia la amistad existente entre el poeta oriolano y el cubano Pablo de la Torriente Brau, una amistad que resultaría efímera.

El ponente Félix Montiel comienza su homenaje con un acto de gratitud hacia el poeta oriolano. Es, al mismo tiempo, una gratitud que se hacía extensible al resto de la humanidad. Su obra es la poesía de un pueblo y su lucha. Pero, no solamente esto ha ocurrido en España; en Alemania, durante la guerra de 1914, ocurrió algo similar con el escritor Ludwing Renn, quien también sintió la injusticia y bestialidad del crimen. Surge en este contexto la figura de Pablo de la Torriente, admirable ejemplo de lucha por la causa de la libertad.

Con la muerte de Miguel Hernández se descubre ante la conciencia del mundo el cuadro sangriento del crimen de terror en que Franco y la Falange han sumido a España. Montiel destaca la muerte de otros intelectuales como Antonio Espinosa, Julio María Hinojosa, Piqueras, Leopoldo Alas o Rodríguez Moñino.

Un inmenso número de españoles, después de terminada la guerra, en la cárcel un ochenta por cierto de las reclusiones habrían contraído tuberculosis en la inmunda prisión. Pero lo que verdaderamente destaca Félix Montiel es que “Miguel siempre estuvo junto a los suyos y cayó junto a los suyos. Miguel Hernández no ha muerto, el es su lucha y su poesía”.

Juan Chabás recuerda la última vez que vio a Miguel Hernández. Fue el 7 de enero de 1957, cuando le mostró la sepultura de un crimen llevado a cabo por el ejército franquista. Una mujer, junto a su hijo, se encontraban muertos al pie de un árbol traspasados ambos por la misma espada asesina.

La parte central y más importante del homenaje es la colaboración de Juan Marinello cuya ponencia se titula “Miguel Hernández, labrador de más aire”. Hay una identificación del pueblo con la figura del poeta oriolano. El poeta testimonia las armas del pueblo con la forma, la comunicación y la ansiedad.

En otro orden de cosas, también es analizada la barbarie nazi-fascista que acabó con las voces líricas de García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández: las tres voces murieron de una sola cosa: la furia cavernaria. Destaca Marinello la figura de Miguel Hernández, por su trascendencia peculiar; su caso es más lamentable que el de Machado o Lorca.

Antonio I. García Gil

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