Entrevista a Ana Lorena Ruipérez Marín

“Miguel Hernández tenía unos ideales muy marcados y los defendía con fervor”

Ana Lorena Ruipérez Marín nació en Alicante en 1977. Es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante. Tiene una estrecha relación con la Fundación Cultural Miguel Hernández, donde ha trabajado en el II Taller de Empleo. Nos presenta la exposición “Miguel Hernández y la guerra civil”, de la que es comisaria, y que ha contado con la ayuda del Ministerio de Cultura.

¿Por qué este tema y no otro?

Ante el setenta aniversario del inicio de la guerra civil, hemos aprovechado la ocasión para mostrar la actuación del oriolano en la contienda bélica española y para que las jóvenes generaciones conozcan la agitadísima vida del poeta, en esos casi tres años de lucha. La exposición, junto con el catálogo, han sido enfocados para un público no experto en la figura del poeta.

¿Qué fotografía le ha impactado más?

Creo que cualquier fotografía de la guerra civil impresiona. En ellas se refleja la muerte, la sangre, el dolor, la destrucción… Concretamente hay una fotografía del patio del Cuartel de la Montaña que es una manta de cadáveres. Esa fotografía es muy impactante.

Otras fotos hemos considerado no incluirlas por su crudeza, al estar protagonizadas por niños. Niños que, inconscientemente, tomaban armas y simulaban fusilamientos. Estas fotos con niños de apenas tres, cuatro años con armas en las manos… son bastante duras y preferimos no mostrarlas.

¿Ha tenido muchas dificultades a la hora de encontrar las fotografías que le interesaban?

En la mayoría de los casos, tanto en carteles de producción republicana como de producción nacional, textos de Miguel, fotografías suyas… no hemos tenido ningún tipo de trabas ya que hemos contado con la gran ayuda, realmente inmejorable, de la Biblioteca Pública de Orihuela. También nos ha ayudado la Biblioteca Nacional, hemos pedido ayuda a muchas entidades y todas nos han facilitado el material. Todo lo que hemos pedido nos lo han ofrecido de forma muy agradable.

Usted dedica parte de la exposición a los coetáneos de Miguel Hernández. ¿Alguno de ellos fue especial para Miguel Hernández? ¿Le ha sorprendido algún nombre?

Antes de la guerra civil, al principio de los años treinta, él empieza sus primeros viajes a Madrid, y es ahí donde empieza a relacionarse con el mundo intelectual del momento. Empieza a hacer grandes amistades, que luego durante la contienda algunas se hacen más fuertes y otras se debilitan. Principalmente hay dos nombres que, desde hacía tiempo, eran muy importantes para Miguel: son Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, dos de sus grandes amigos.

Tanto en la exposición como en el catálogo hemos querido seleccionar un grupo de coetáneos de Miguel antes de la guerra y durante la guerra, para que, con su testimonio, perfilaran la figura del poeta. Personas que convivieron con él, que tenían y no tenían su misma ideología… queríamos que fuesen citas textuales, de gente que convivió con él, que fuesen ello los que describieran su forma de vivir, su forma de ser, en definitiva, la actuación del poeta en diferentes etapas de su vida, el perfil de uno de los poetas más importantes del siglo pasado.

Sí que me ha sorprendido algún nombre. Miguel no solamente luchó con sus crónicas de guerra y con su poesía, sino que él desde un principio luchó a pie de trinchera. Él estuvo en los dos “frentes”: luchando con un fusil y con su pluma tras su nombramiento como comisario de cultura. Me han sorprendido algunos nombres en el aspecto de que no estuvieron luchando directamente en los frentes.

¿Ha encontrado alguna dificultad a la hora de desarrollar su trabajo?

Las principales pautas que nos marcamos fue ser lo más objetivos posible y ser neutrales. Mostrar lo que pasó. En una guerra, como fue la guerra civil, un país queda dividido, y para mí, tanto vencedor como vencido salen afectados. Lo más difícil era mostrar lo que pasó, siendo, como he mencionado antes, objetivos y neutrales. No decantarnos por un bando o por otro y seleccionar el material adecuado para que nadie pudiera sentirse ofendido. Quizá en cuanto a los carteles, hemos mostrado más producción republicana porque era mucho mayor que la nacional, no por otro motivo. Es cierto que Miguel Hernández defendió una ideología que es la que hemos mostrado, al igual que su poesía y sus crónicas de guerra. Es un tema muy difícil, aún setenta años después el gran público se posiciona en un bando o en otro y no hemos pretendido levantar viejas heridas.

Después de esta investigación sobre Miguel Hernández, ¿ha cambiado algo la percepción que tenía sobre él?

No ha cambiado, pero algunas ideas se han matizado. Yo conocía distintos momentos del poeta oriolano, pero no había profundizado tanto como en éste. Me he dado cuenta que Miguel, con quince años, era igual de apasionado que con treinta. Él tenía unos ideales muy marcados y los defendía con fervor. Él luchó mucho para poder ir a Madrid, y que se conociera su obra. Cuando llegó la guerra civil él decide, por unas circunstancias que ocurrieron meses antes, enrolarse en la guerra y decide que él tiene que formar parte de ella y lo lleva hasta la última consecuencia. Pudo haber cambiado el rumbo de su destino, pero... hizo lo que creyó conveniente en ese momento. Era una persona muy apasionada, luchadora y fiel a sus ideas.

Finalmente, ¿qué destacaría sobre la figura de Miguel Hernández?

Insisto en lo mismo, en la pasión que tenía por defender sus ideas y lo luchador que era en cualquier aspecto de su vida. Es cierto que al final de la guerra, debido al sufrimiento, la destrucción, las muertes… eso le fue hondando en su espíritu y le fue apagando, de algún modo, esa llama que tenía. Hay una cita de María Zambrano que cuenta que, tras su regreso del V Festival de Teatro Soviético, en septiembre de 1937, él ya no era el mismo. Todo lo vivido en esos meses de lucha unido a su delicado estado de salud, hicieron que el joven poeta oriolano ya no fuera el mismo, y eso se refleja en su producción literaria.

 

José María Latorre Flores
María Antonieta M. Lidón
Monse Serna
Mayte Sánchez Gómez



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