
Personalmente he podido comprobar el espíritu de solidaridad, entusiasmo y buen hacer de todos los senderistas de este camino poético, en homenaje al poeta oriolano.
En esta primera experiencia para mí, he podido comprobar lo vivo y presente que se encuentra el espíritu y la obra de mi paisano Miguel en cada rincón del paisaje alicantino y el alma de sus gentes.
Quedé impresionada de la cantidad de gente joven que acudió a la senda y del gran interés que todo el mundo mostró en todos los eventos que se fueron sucediendo a lo largo del recorrido.
Además de ser nueva senderista llevaba conmigo la labor de trabajar para la Fundación Cultural Miguel Hernández, por ello, me impliqué quizás un poquito más haciendo fotografías de cualquier instante, grabando todos los actos y recitales y entrevistando a varios compañeros senderistas. Por esta razón indagué y pude darme cuenta de que la Senda estaba siendo todo un éxito, que la gente estaba ilusionada, contenta y con ganas de repetir, mi sorpresa fue que daba igual la nacionalidad, la edad o el sexo, indistintamente todos opinaban igual, era una experiencia fantástica a la que los nuevos repetirían y el resto continuaría repitiendo.
Durante el recorrido cruzamos numerosos huertos de naranjos y limoneros, los cuales desprendían un penetrante olor a azahar, lo que me hizo recordar poemas tan representativos como “Naranjo”.
Al llegar a Redován, me impresionó el recibimiento del pueblo y lo emocionado que estaba su alcalde, cuando, orgulloso, entregó copia de la partida de nacimiento a los cargos que nos acompañaban y, de este modo se sintió públicamente implicado con Miguel y su ciudad natal.
En Albatera, fue impresionante el recibimiento y despedida con la banda musical del pueblo dándonos la bienvenida como si de un personaje famoso se tratara.
Otro detalle que me llamó la atención a lo largo del recorrido, sobre todo en la segunda etapa, fue la palmera, la cual preside caminos y huertos, dando majestuosidad al paso.
Impresionante y bonita fue la tercera etapa, montaña, pedregales subidas, bajadas, encontrar al fondo del camino el mar, Alicante y ver esta tierra mía desde otro punto de vista, quién me iba a decir a mí que llegaría a mi capital por caminos de cabras y pedregales; fue algo entrañable.
La llegada al cementerio alicantino, lugar destacado del recorrido, fue algo que llegó a emocionarme, ya que, sinceramente, creía que no lo llegaría a lograr, ya en un lugar privilegiado recordé cómo alguien con una vida tan corta ha dejado huella tan grande entre todos los presentes, y supongo que en todos aquéllos que se quedaron en el camino.....
Quiero agradecer a la Fundación la oportunidad que me ha otorgado para realizar esta experiencia, la cual quedará en mi recuerdo siempre, y por supuesto, espero y deseo poder volver a repetir, gracias.
Mayte Sánchez Gómez



