
Vittorio Vidali, también conocido como Carlos Contreras, Enea Sormenti, Comandante Carlos o José Díaz, nació en Muggia (Italia), el 27 de septiembre de 1900. Desde muy joven mostró su predilección por el mundo de la política; a los diecisiete años se afilió al Partido Socialista y, dos años más tarde, comenzó su actividad de revolucionario activo en su lucha contra el movimiento fascista. Vidali crece bajo la influencia de la URSS, un país que experimenta una revolución social, económica y política que con los años se tornará más radical hasta llegar a posiciones totalitaristas. El comandante Carlos, como más tarde sería conocido en el bando republicano de la guerra civil española, creció con esta ideología extremista y, con apenas veintitrés años, se vio obligado a exiliarse a los Estados Unidos por el acoso fascista. El retorno a su Italia natal no se produciría hasta 1947, con el fin de la segunda guerra mundial.
Es en los Estados Unidos dónde comienza a forjarse la figura del Vittorio Vidali revolucionario, del personaje legendario que recorrió países tan dispares cómo Alemania, Estados Unidos, Austria, México o Cuba, defendiendo, en ocasiones sin escrúpulos, los postulados del Komitern soviético.
En apenas cuatro años Vidali se convirtió en una figura relevante dentro de la organización del partido comunista. A su llegada a Nueva York se afilió a la Federación Italiana del Partido Comunista Norteamericano bajo el seudónimo de Enea Sormenti, comenzando así la labor de propaganda y agitación política que tanto le caracterizó. Igualmente, se integró en la Liga Antifascista y en el Socorro Rojo Internacional, donde llevó a cabo sus mayores logros como revolucionario en misiones por diversos países

El Socorro Rojo Internacional nació en los años veinte del siglo pasado por impulso de la III Internacional, como contraposición al incipiente fascismo que asomaba por el continente europeo. Su principal función era prestar apoyo político, jurídico y económico a todos los militantes comunistas represaliados; Clara Zetkin, Tina Modotti o la rusa Helena Stassova fueron algunos de sus máximos dirigentes.
Su labor en esta organización le abrió a Vidali las puertas del partido; se convirtió en funcionario bajo el mando de Stassova, la secretaria personal de Lenin y alto cargo del organigrama del partido comunista. Por su rango y puesto en el Komitern, se da por segura la implicación de Stassova en las diferentes operaciones especiales que se llevaban a cabo en aquella época, incluyendo desapariciones y asesinatos de todos aquellos miembros o simpatizantes del partido que no siguieran las directrices oficiales.
En 1927 el Gobierno norteamericano decreta la expulsión de Vidali del país, lo que le obliga a emigrar a México.
Fue en este país donde Julio Antonio Mella, destacado revolucionario cubano y fundador del Partido Comunista Cubano, fue asesinado en 1929 por sus actividades políticas. Oficialmente ,Mella que venía siendo vigilado por el Gobierno del dictador cubano Machado por considerarlo “un peligroso foco de propaganda comunista”, fue tiroteado por asesinos a sueldo de la dictadura cubana, aunque nunca quedó claro la participación de Vidali en el suceso. Diversas fuentes afirman que el italiano estuvo implicado en el asesinato por mandato directo del Komitern, que por entonces mantenía serias diferencias con Mella.

En el momento de su muerte, el cubano estaba acompañado por su compañera sentimental Assunta Adelaida Luigia Modotti, Tina Modotti, fotógrafa y actriz italiana a la que había conocido un año antes y que, al igual que Vidali, fue investigada e interrogada acerca de su posible participación en el tiroteo que acabó con la vida de Mella.
Tina Modotti llegó a México en 1922 y no tardó en relacionarse con los personajes más influyentes del país; hizo íntima amistad con Frida Kahlo, Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros, todos conocidos simpatizantes del Partido Comunista. Modotti ayudó a fundar el primer comité antifascista italiano, pero es expulsada del país en 1930 y se ve obligada a viajar a la Unión Soviética, dónde se reencuentra con Vidali, al que había conocido en México.

En 1936 la pareja Vidali-Modotti inicia su andadura en España para combatir en el frente republicano. El italiano se convirtió entonces en el legendario Comandante Carlos al frente del Quinto Regimiento, del que fue fundador. Esta sección fue un cuerpo militar de voluntarios creado por el Partido Comunista que, además de su función puramente de combate, también tenía como objetivo expandir la cultura y las artes entre la población. Miguel Hernández se integró en el Altavoz del Frente, una unidad anexa al Quinto Regimiento, por expreso deseo de Vidali con el fin de arengar a la milicia, aprovechando el carisma del oriolano entre los combatientes. Son muchas las acciones de combate que contribuyeron a forjar la leyenda del italiano al frente del valiente regimiento, que durante los tres años de guerra resistió, casi siempre con escasos medios, la ofensiva golpista del ejercito fascista. Pero no es menos cierto que Carlos también estuvo implicado en numerosos actos de represión, torturas y asesinatos, lo que vendría a reforzar la idea que sostienen algunos historiadores de que Vidali no sólo desempeñaba las labores propias de un miembro del Socorro Rojo, sino que también perteneció al servicio secreto de la URSS (GPU).

Con la derrota del bando republicano, Vidali abandona España y organiza el exilio de los derrotados al extranjero desde Francia.
Posteriormente regresó a México, donde continuaría con su actividad de propaganda del régimen comunista; de nuevo se le relaciona con una serie de asesinatos de los que no se hallan pruebas concluyentes de su participación en los mismos. León Trotsky, político y revolucionario comunista enfrentado abiertamente a Stalin, y que murió en Coyoacán (México) en 1940 asesinado por el activista catalán Ramón Mercader, acusó directamente a Vidali de intentar acabar con su vida en un fallido atentado ocurrido con anterioridad.
Igualmente, llama la atención la misteriosa muerte de su entonces compañera sentimental Tina Modotti, que falleció, según la versión oficial, por muerte natural (ataque cardíaco) cuando contaba con 42 años; la sombra de Vidali siempre planeó en este suceso, pues la italiana comenzaba a tener diferencias no sólo con él, sino también con el partido.
En 1947 Vidali abandona México para instalarse en Trieste (Italia) y desempeñar, hasta su muerte, en 1983, labores políticas. Fue senador de la República Italiana y dejó una extensa obra acerca de sus vivencias y su ideología, que defendió, ahora exclusivamente a través de la palabra, hasta el final de su vida.
RELACIÓN VITTORIO VIDALI- MIGUEL HERNÁNDEZ
Vidali recopiló todos sus recuerdos sobre la guerra de España en libros que se publicaron entre 1975 y 1983. En “Spagna Lunga battaglia” (1975), el revolucionario italiano menciona al poeta en el capítulo “Hernández e i guerriglieri”, pero en todas sus publicaciones posteriores Hernández aparece de forma constante dejando patente que la relación entre ambos fue habitual durante el periodo de guerra civil.
Tal y como recoge el propio Vidali en “Spagna Lunga Battaglia”, es en octubre de 1936 cuando se produce el primer encuentro con Miguel Hernández. Después de algunos días, el oriolano comenzó a tomar parte, cada vez más asiduamente, en las reuniones del Quinto Regimiento, junto con los otros intelectuales de la “Alianza” y de los mas destacados comandantes del ejército republicano.
De las cartas que el poeta envía a su esposa se adivina una estrecha relación entre Miguel y el revolucionario italiano, como demuestra el hecho de que el oriolano se dirigiera al Comandante para pedirle, como favor personal, que buscara para su cuñado una ocupación “más provechosa” y que pudiera servirle para el futuro. Por aquellos tiempos Manolo, el hermano de Josefina Manresa, se encontraba destinado en la zona sur (Jaén) y, según se desprende de las cartas de Miguel, desempeñaba funciones de poca relevancia y que no le ocupaba demasiado tiempo.
Los recuerdos de la experiencia militar de Vidali muestran a un Miguel comprometido activamente con la causa republicana, que no se limitaba exclusivamente a tareas y cometidos de índole intelectual, sino que colaboraba estrechamente con el resto de compañeros en las tareas propias de la milicia.
Pero es, sin lugar a dudas, su faceta de “poeta del pueblo” la que destaca por encima de cualquier otra y la que le encumbra como icono de la cultura popular en que se convirtió posteriormente.
Así se refleja no solamente en las anotaciones de Vidali, sino también en documentos y, sobre todo, testimonios gráficos de Miguel Hernández activista que arengaba a las tropas con sus poemas y lecturas a través del conocido “Altavoz del frente”.
No fueron las ideas políticas las que forjaron la amistad entre el Comandante Carlos y Miguel Hernández: el italiano era un ferviente defensor del comunismo mas radical, llevando a cabo operaciones en las que arriesgaba la vida e, incluso, se le acusó de estar detrás de varios asesinatos de opositores al régimen comunista. Miguel , en cambio, empleaba todo su talento artístico en defender la libertad y la democracia amenazada por el alzamiento militar, pero no compartía los pensamientos políticos del italiano.
Hernández y Vidali no sólo llevaron a cabo tareas propagandísticas, también combatieron en el frente como atestigua el propio Vidali en sus memorias, dónde relata anécdotas y experiencias junto al poeta en el frente de Extremadura o Teruel, entre otros.
La amistad entre ambos, si hacemos caso a los testimonios de Vidali, llegó a ser mucho mas que una relación entre camaradas de lucha; el italiano afirma que, a finales de 1937, viajó con Miguel a Orihuela y llegó a conocer a Josefina Manresa, la mujer del poeta, que por entonces residía en Cox.
La relación entre Vidali y Hernández acaba el 9 de febrero de 1939, cuando el italiano abandona España cruzando la frontera francesa y el poeta se encontraba en Valencia, ciudad que abandonaría poco después para marcharse a Madrid. De lo que sucedió entre los dos tras la separación existen varias versiones; el propio Vidali expresará en multitud de ocasiones su arrepentimiento por no haber podido ayudar algo más al poeta, pero lo cierto es que tras la marcha del italiano a México ya no volvieron a mantener ningún tipo de contacto. Por otro lado, estudiosos hernandianos sostienen una versión diferente: el Partido Comunista abandonó a Miguel y no hizo nada por intentar cambiar la situación del oriolano.
El olvido de Vidali se prolongó en sus años de exilio en México, un país en el que la actividad artística y cultural siempre estuvo muy ligada a la solidaridad con los republicanos españoles que se vieron abocados al exilio. El italiano no se preocupó en ese tiempo de homenajear a Hernández, de reconocer la valía del poeta en su lucha por la democracia y la libertad. Únicamente en los últimos años de su vida Vittorio Vidali recobró esa amistad y revindicó activamente el reconocimiento del poeta, posiblemente en un intento de mejorar su imagen pública.
Vidali pasará a la historia como uno de los personajes más relevantes del comunismo internacional, un valiente combatiente que defendió sus ideales hasta el final de su vida; pero igualmente está considerado como un extremista sin escrúpulos que pudo haber hecho mucho más por cambiar la suerte de su compañero y amigo Miguel Hernández.
Salud Martínez



