
AUTORES: Vicente Ramos y Manuel Medina.
EDITORIAL: Colección Ifach (número 15), segundo volumen extraordinario, 1976, Alicante, 200 p.
DEDICATORIA: «A Manuel Miguel Hernández Manresa, sus amigos Vicente y Manolo».
El libro se estructura en nueve capítulos cuya finalidad es principalmente servir de homenaje o recordatorio de tres aniversarios en relación al mundo hernandiano y en relación con la ciudad de Alicante: el XXXIV aniversario de la muerte del poeta oriolano; el XXX de la publicación de un poema suyo en Alicante tras su fallecimiento; y, finalmente, el XXV de la edición de un poema suyo, también en Alicante.
En la justificación de la obra se aclara que esta obra, «Miguel Hernández en Alicante», sale a la luz para aclarar un error involuntario que aparece en la nota 196, p. 334 de la biografía del poeta oriolano, «Miguel Hernández: rayo que no cesa»; por otro lado, la única biografía de cierto rigor existente por aquel entonces.
El error cometido por la autora de esta biografía, María de Gracia Ifach, fue en lo concerniente a los restos mortales de Miguel Hernández y consecuentemente a cómo se adquirió la propiedad del nicho del poeta. En esta nota se lee claramente:
«La sepultura, en calidad temporal, fue adquirida por la viuda a perpetuidad en 1952, mediante suscripción entre poetas y escritores».
En 1952 se cumplía el plazo para adquirir el nicho, si no se adquiría, los restos mortales de Miguel pasarían a una fosa común. Fueron sus amigos de la «Colección Ifach», quienes reunieron cierta cantidad (250 pta.) para ayudar a Josefina. Entre estos amigos se encontraba Gabriel Celaya.
Tras esta aclaración comienza el libro recordando las primeras publicaciones de Miguel en el diario alicantino «El Día», aquí encontramos poemas como «Atardecer», «A don Juan Sansano», «Al acabar la tarde», «La palmera levantina» o «Luz en la noche».
El poema «La bendita tierra» tuvo una gran relevancia por parte de los lectores alicantinos. En abril de 1931, el poeta oriolano es galardonado en el concurso literario organizado en Elche por la Sociedad Popular Coro Clavé por su «Canto a Valencia», los versos que hacen referencia a la ciudad alicantina son los siguientes:
la de la tersa mar esmeraldina,
llena de blancor plumas
de risueñas gaviotas,
de nácares de velas y de espumas
y músicas de crespas alas rotas.
El 21 de agosto de 1937 Miguel recibirá un primer y único homenaje en vida llevado a cabo por el Ateneo de Alicante. El encargado de realizar este acontecimiento fue el escritor y músico José Juan Pérez. El diario «Nuestra Bandera» recoge parte de la exposición de Miguel en el Ateneo.
En la III parte titulada «La noche», hay una continuidad en su descripción de las vivencias de la guerra.
Aparece Miguel Abad Miró, el cual se encargó de ilustrar el libro «Versos en la guerra», concretamente el poema de Miguel titulado «Las manos».
Seguidamente hay un capítulo dedicado a Juan Guerrero Zamora y su biografía sobre el poeta oriolano. Para llevar a cabo este estudio, necesitaba la ayuda de gente que conociera a Miguel Hernández, como leemos en la carta enviada por el mismo autor a Vicente Ramos:
«Estoy preparando una biografía-estudio sobre Miguel Hernández, y acaso tú puedas ayudarme en algo. ¿Conoces gente que pueda darme pistas a seguir? [...] Cuéntame todo lo que sepas...».
Finalmente, Guerrero decide viajar a tierras alicantinas, donde fue recibido por el poeta Vicente Ramos. Una vez instalado allí, fue guiado, con Manuel Medina y Francisco Salinas, por todos aquellos lugares que hablaban del poeta oriolano (Reformatorio de Adultos de Alicante, Callosa de Segura, Cox, Orihuela...), en todos estos lugares intentó hablar con aquellas personas que de alguna manera lo conocieron, como Encarnación, la hermana de Miguel, Efrén, Fenoll, y con la esposa, Josefina Manresa, que puso a su disposición el epistolario del poeta. También se entrevistó con Manuel Miguel, el hijo, que le enseñó los juguetes y cuentos que le regaló su padre.
Tras la visita a estas personas, entrevista a Joaquín Ramón Rocamora, enfermero que cuidó a Miguel y que estuvo en los últimos momentos de vida del poeta.
Este trabajo dio su fruto y el libro vio la luz en 1955, bajo el título de «Miguel Hernández, poeta (1927-1942)».
En capítulos posteriores se abordan otros temas, como homenajes póstumos realizados a Miguel Hernández.
Destaca la bibliografía primaria y secundaria, referida a la primera etapa poética hernandiana en Alicante, más completa realizada hasta 1976.



