Jesucristo Riquelme
Recital y Representación Teatral. Espectáculo Escolar.
Editorial Lenand, Moscú, 2006

La cosmovisión hernandiana, como sabemos, ha sido difundida más allá de nuestras fronteras y uno de los países que merece la pena destacar en esta labor es Rusia. Desde este país eslavo se ha estudiado y analizado la obra de Miguel Hernández de forma activa. De hecho, un momento álgido de este tributo al poeta oriolano fueron las “I Jornadas Hernandianas en Rusia”. Podemos remontarnos al número 15 de “El Eco Hernandiano” y leer la opinión del traductor Andrés Santana, gracias a la cual llegamos a comprender ese creciente interés por la poesía de Miguel: “Los estudiosos rusos forman uno de los colectivos de hispanistas más activos del mundo”.
En relación con este contexto y debido a las “II Jornadas Hernandianas en Rusia” junto con el “Año Escolar Miguel Hernández 2006”, Jesucristo Riquelme participó con su recital y representación teatral “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos” (Lenand, 2006). Por lo tanto, esta obra se escribió para un proyecto determinado: para el Teatro Escolar de las Secciones Bilingües y, en concreto, para el grupo teatral del Colegio nº 1237 de Moscú. Dichas actividades suponen un hito muy reseñable para la expansión de la obra de nuestro poeta en ese país. Además, con este tipo de eventos somos conscientes de la vigencia de Miguel Hernández, ya sea su obra o su vida, y del interés que suscita más allá de nuestras fronteras.
Sobre la figura del autor de la obra que estamos analizando, es imprescindible nombrar su larga y fructífera trayectoria en el estudio de Miguel Hernández. Ya desde sus primeros trabajos de investigación pasando por su tesis doctoral, hasta llegar a los más de veinte libros publicados del mismo tema, ha sentido un gran interés y admiración por la figura de este poeta, oriolano como él. Además, es un deber reconocer que el estudio sobre el teatro hernandiano está más reconocido gracias a las valiosas aportaciones de Riquelme.
Es harto sabido que la figura del poeta ha trascendido a la par que su obra, y su trayectoria vital ha sido objeto de numerosos textos. Cabe enumerar algunas de las diversas publicaciones que hablan de este tópico: “Miguel Hernández. Vida y poesía”, de Dario Puccini (1970); “Cómo fue Miguel Hernández”, de Manuel Muñoz Hidalgo (1975); “Vida de Miguel Hernández”, de Mª de Gracia Ifach (1982), etc. Relacionamos estos estudios con “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos”, ya que también recorre la vida del poeta, pero no de un modo tan extenso y detallado como en las obras anteriormente citadas, sino que tiende a la concisión (tengamos en cuenta que el libro tiene 135 páginas), e inserta, según requieren los diálogos y las circunstancias que se desarrollan, unos determinados poemas, como las archiconocidas “Nanas de la cebolla”, “El niño yuntero” o “La canción del esposo soldado”.
Varios son los aciertos de la representación que analizamos, y los iremos enumerando a continuación.
En primer lugar, es un hecho destacable que leer o estar presente en la representación de esta pieza teatral es un medio para repasar o para aprender acerca de la vida de Miguel. A un estudiante de instituto (a quien iba dirigido la obra en el momento de su estreno) le puede parecer un modo útil de conocer los diversos avatares del poeta de forma resumida, ya que repasa todos los momentos más destacados, por ejemplo, su infancia oriolana, su amistad con Ramón Sijé, la severidad y la falta de tolerancia de su padre respecto a su afán de ser poeta, sus viajes a Madrid, sus coqueteos con las mujeres...
Otro de estos aciertos es el hecho de trascender, de ir más allá del círculo de estudiosos hernandianos para acercarse a un público menos erudito. Hay que tener en cuenta, además, que Riquelme se ha rodeado de grupos no profesionales para montar y dirigir esta pieza de teatro.
Ante la original propuesta escénica del estudioso hernandiano, debemos destacar que la escenificación no se limita a seguir un estricto orden cronológico, sino que se representa según una evolución “tono-temática” (p. 25). A modo de “flash-back” un profesor cuenta a sus alumnos la vida del poeta y sirve de punto de salida para el desarrollo del drama.
De “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos” se ha de recalcar, por una parte, su particularidad y, por otra, su cercanía con un tipo de teatro frecuentado por Riquelme en algunas de sus representaciones, es decir, un teatro surrealista al más puro estilo de Fernando Arrabal. Concretamente, su afición por este género le llevó a realizar un montaje de “Pic-Nic”, del autor melillense antes mencionado.
Para realizar un análisis aproximado de este “recital y representación teatral” habría que analizar de forma somera la estructura del mismo y la serie de personajes que desfilan por estas páginas.
Respecto a las diferentes partes, cabe mencionar su división cuatripartita, que separa de forma biográfica. Si la primera parte comprende la infancia de Miguel y parte de su adolescencia, incluso su primer viaje a Madrid; la segunda, más breve, abarca su vuelta al pueblo, su coqueteo con Maruja Mallo (que simplemente recibe el nombre de “Chica 3”) y el momento en el que se enamora de Josefina (“Chica 2”). Un elemento a reseñar es la introducción de constantes imágenes, de piezas musicales y juegos de claroscuros sobre la escena, que detalla en las múltiples acotaciones del texto. Por ejemplo, recita el poema “Te me mueres de casta y sencilla”, cuando le roba un beso a Josefina o introduce un fragmento de música jazz.
Las partes tercera y cuarta se centran en la agitada década de los 30 y de los 40. En un solo acto comprime los trascendentales avatares históricos de aquel momento, como la llegada de la II República
“¡La República ha venido
y nadie sabe cómo ha sido!” (p. 58).
Teniendo en cuenta que esta representación está redactada para una duración aproximada de media hora, comprendemos el afán de resumir los complejos años 30, los cuales están constituidos por hechos muy importantes para el rumbo de España, y consigue el paso de un suceso a otro, no de una forma brusca e inconexa, sino que se ayuda del soporte audiovisual para dicha tarea. En la cuarta parte continúa con el contexto histórico, pero se centra sobre todo en la vida de Miguel y todo lo que le aconteció al final de su vida.
Por otro lado, algunos de los diferentes personajes que vemos desfilar por estas páginas están elaborados como si de una alegoría se tratase; la explicación de esos tipos alegóricos se debe a que algunos de ellos representan un perfil o un grupo determinado de la sociedad de aquel entonces; observamos la presencia de una serie de términos genéricos como curas, amigos, mujeres, niños, aunque a las personas que fueron clave en la vida del poeta oriolano las denomina con su nombre completo, como Ramón Sijé, Luis Almarcha, Pablo Neruda…
Es bien sabido que las obras de teatro se lucen realmente cuando son interpretadas sobre un escenario y adquieren dimensión dramática; sin embargo, merece mucho la pena leer “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos”, ya que contribuye a aprender, a grandes rasgos, la biografía y obra del poeta, lo cual potencia su condición didáctica, a la que sumamos su capacidad de entretenimiento; sin embargo, su mayor virtud es su finalidad: acercar la figura de un escritor conocido y valorado a un público joven.



