Graciela Susana Puente Iglesias
Buenos Aires, Botella al Mar, 2006

El hecho de realizar una tesis doctoral sobre Miguel Hernández es una tarea que se merece destacar, pero cuando esta tesis la elabora alguien fuera de nuestras fronteras es un mérito doble, ya que la labor de buscar información es ardua cuando hay kilómetros de por medio.
Esta introducción se debe a que la autora, Graciela Susana Puentes Iglesias, es de Argentina y, desde allí, recopiló información de editoriales españolas con representación en su país, investigó en bibliotecas, mantuvo correspondencia con Josefina Manresa, la viuda de Miguel, etc., en definitiva, se dedicó a compilar material suficiente para poder desarrollar su investigación sobre el poeta oriolano, lo cual dio su fruto al cabo de diez años.
En el exhaustivo análisis de Puente Iglesias, se va desentrañando minuciosamente la obra del poeta. Pero, en concreto, se centra en el tema del toro y su reflejo en la obra de Miguel; registra los elementos taurinos en la poesía, en el teatro y en la prosa de Miguel, y enumera los diferentes significados que toma, es decir, su polisemia.
Cabe destacar que lo que empezó siendo su tesis, “Estética y lingüística de la poesía en la simbología taurina de Miguel Hernández” (cuya nota fue de sobresaliente), se publicó en una colección de ensayo dentro de la editorial Botella al Mar con el título “Miguel Hernández: Poética taurina”, en 2006.
La autora estructura su obra en dos partes, que divide a su vez en ocho partes, que resulta interesante conocerlas:
* Lecturas de las obras de Miguel Hernández
* Acumulación y meditación sobre la bibliografía específica.
* Análisis de documentos.
* Vertebración de temas, motivos y símbolos.
* Comprobación de influencias.
* Interpretación de los poemas.
* Rastreo de la simbología taurina.
* Análisis de un grupo de creaciones hernandianas.
El toro, considerado el símbolo por excelencia de España, es un elemento al que Miguel le confiere un valor especial. La estudiosa argentina, tras analizar este símbolo en la obra del poeta, concluye que los significados más evidentes y descollantes son “amor, destino trágico, virilidad, muerte, sexo, soledad, celos” (p. 31).
Gracias a “Miguel Hernández: Poética taurina” llegamos a conocer las diversas piezas poéticas que contienen ese símbolo y las analiza desde tres niveles: del significado, del significante y de la connotación. Estos poemas son interpretados, evidentemente, desde el punto de vista de la autora, y ella misma reconoce que el hecho de interpretar un texto siempre conlleva unos riesgos, debido a que un comentario personal no tiene una validez intemporal, sino que es transitorio. Pero, cuando nos acercamos a su paráfrasis, somos conscientes de que la adecuación y la corrección son rasgos predominantes en ella.
Por una parte, lo que se expone en esta obra toma como origen la clasificación realizada por Pablo Corbalán en un artículo llamado “Los toros de Miguel Hernández” (aparecido en “Informaciones de las Artes y las Letras”). Resulta muy interesante que la conozcamos, ya que es una especie de rastreo por las influencias que recibió el poeta que nos ocupa. Se enumeran algunos de los principales autores que le dejaron huella, de forma general y, de forma concreta, respecto al símbolo taurino. En la etapa de los primeros toros, se observa la reminiscencia de Virgilio y de Góngora; los segundos toros, Garcilaso y Alberti; por último, el periodo de los terceros toros es un paso adelante en esta evolución de Miguel, porque ya no enumera a sus autores predilectos, sino que muestra su propia obra como “El rayo que no cesa”, “El hombre acecha” y “Viento del pueblo”.
Debemos reconocer que la autora realiza un estudio que puede llegar a ser un manual para quien quiera acercarse a lo que significa el toro en la obra de Miguel, pero no sólo se limita a este tema, sino que nos explica, además, el porqué de la tauromaquia en España. Toda la obra se articula en dos secciones principales, y, al comienzo de cada una de ellas, hace una introducción HISTÓRICO-LITERARIA; en la primera parte (aspecto I) nos ubica en el contexto literario español de principios del siglo XX, y en la segunda (aspecto II), nos ilustra sobre “el origen de la fiesta taurina en la historia”. Junto a esto, Puente Iglesias analiza, según decíamos más arriba, la poesía, la prosa y el teatro, siendo estos dos últimos los géneros menos conocidos de Miguel. Por ello, es destacable enumerar “El torero más valiente”, una muestra de su teatro poético, y en prosa citamos “La tregua de Calisto”, “Venta de higos” y “Cosas del Segura”, entre otros textos.
El lector que se acerque a esta obra se empapará del símbolo taurino en Miguel y todo lo que ello significa; a través de la interpretación de las piezas destacadas anteriormente, llegamos a ver que el poeta oriolano se identifica con el toro y, a lo que ha experimentado a lo largo de su vida, le encuentra un paralelismo con lo que el animal sufre en la plaza. Pero también se debe indicar que no es un estudio apto para neófitos, ya que, siendo una tesis, el nivel académico es obvio y el léxico utilizado resulta bastante elevado. Un lector poco avezado en este campo del saber puede encontrar alguna pequeña dificultad en su lectura.
En definitiva, resulta recomendable para quien quiera ahondar y aumentar su conocimiento respecto a la obra del poeta oriolano, porque es un trabajo concienzudo, detallado y maduro en un campo tan frecuentado como es el estudio hernandiano.
Una vez que se ha llegado a este punto, merece la pena conocer una muestra de los quince poemas que ha compuesto Graciela Susana Puente en homenaje a Miguel. A continuación reproducimos una de estas piezas poéticas que la estudiosa argentina nos ha cedido gentilmente:
HUELLA MÍTICA
También el toro en su posible teofanía
esgrime lazos vinculares con la tierra;
y en su sonido impetratorio de la lluvia,
nos desaloja la violencia de la espera.
También fue un numen de báquicas contiendas
y retozó entre siringas placenteras.
Su cornucopia se engarzaba en abundancia
con ese símbolo pródigo en sentencias.
Ahora acomete sobre el ruedo reiterado
y se desploma el aplauso en su faz viuda,
y se corona con sangre su potencia.
Ahora nos deja apreciar la tauromaquia,
porque es luciente vencedor de antiguas lides
y necesita ser un socio de la arena.



