Alfredo Jiménez

ABARÁN: NOSTALGIA Y ESPERANZA

Tiempo detenido e imágenes de otro tiempo nos legan esta colección de fotografías del Abarán que se fue.

Lejos de nosotros la mirada condescendiente sobre sus protagonistas, pues como los vemos nosotros ahora, nos veran luego a nosotros, ni nostálgica tampoco, otra forma de tristeza.

Estamos porque ellos estuvieron antes y de su esfuerzo y esperanza, está nuestra existencia.

No tenemos nosotros la vida, es la vida la que nos tiene a nosotros, nos recuerda Antonio Gala.

Con esta actitud recibimos estas imágenes del paisaje y el paisanaje de Abarán, con la responsabilidad de mantener el legado de los rincones donde disfrutamos y aumentar el acervo cultural heredado, finalidad última de cualquier forma de conviviencia, y entonces, sí, con nostalgia, recordar el villancico: “la nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos, y no volveremos más “, pero con el esfuerzo, entretanto, de haber mantenido una tradición y aportado al común lo que las fuerzas permitieron.

En este sentido se ha concebido esta colección. Documentos con sabor, a los que sólo les falta hablar y que lo hacen recordando el parpadeo de las luces a lo lejos que van marcando nuestro regreso en la memoria. Volver sí, la mirada, sin melancolía ni ira, ni lagunas tampoco.

Parece que fue ayer, pensamos ante imagenes de conocidos ya ausentes; ahora que me acuerdo, nos sugieren.

Fotografías que son un trozo de corazón y despiertan como pocos objetos, como el de los olores de la pólvora septembrina o el laurel tostado de los aliños, o sonidos como las campanas de ánimas o novenas, o el tambor de Jueves Santo, sentimientos apartados en el arcano de la memoria que nos evocan un tiempo ya pasado, cuando había esperanza donde ahora hay nostalgia y sus efectos sobre nosotros, no mejor que el de ahora, sólo pasado, que muerde al presente, al reposar en la Ermita, al pasear junto al Parque.

¿Recuerdo de horas felices o trágicas? No , simplemente de horas que se fueron, nos recuerda Julio Caro Baroja.

Mentiríamos si dijéramos que ha sido difícil recopilarlas. Todos sabían las que tenían y dónde las tenían "como oro en paño" ; lo difícil ha sido la cesión y el préstamo, pues eran algo más que documentos. Gracias a todos por su generosidad.

A este respecto recordamos a Ciorán cuando recogía la negativa de los indios norteameriacanos a dejarse fotografiar :

" No nos dejemos, nos estan robando el alma ".


Aquí está parte del alma de Abarán, multitud racional unida en la concorde comunión de las cosas que ama, según Tomás de Aquino, escogida en los ámbitos en los que se desenvolvieron para trabajar y buscarse, en la fábrica y el teatro, en el paseo y el fútbol, de sus protagonistas, los que dirigieron la historia y los que la siguieron impulsándola, los intemporales publicitados y los anónimos olvidados, esta vez con voz gracias a las placas de cristal y bromuro de plata, de los primeros daguerrotipos, que recogen su mirada limpia, ajena al concepto de imagen pública acuñado hoy.

Doy fe, diría el notario, confieso que he vivido, el poeta, hice cuanto pude en el peregrinar y gané el descanso, el religioso.

Entiende José Saramago que vivimos un espacio pero habitamos una memoria.

El afán por perpetuarla más allá de la existencia temporal ha sido permanente en la historia y el deseo de fijar el presente una constante en el arte, y allí están los descubrimientos rupestres de la Sierra de la Pila para confirmarlo.

Pasa el tiempo y su apariencia, nos dice la Escritura; detener el momento y su atmosfera y hacerlo intemporal ha sido, meta permanente del gran arte; y en ello pintura, fotografia y cine han competido en el siglo por fijarlo hacerlo perdurable.

Antonio López lo recordaba en Cieza el pasado abril en el taller de pintura de la Fundación Los Álamos :

“El pintor figurativo no debe competir con la fotografia, la pintura nace del sentimiento del pintor, está para dialogar con los demás, para dar tu punto de vista, y el pintor está obligado a darlo, el fotógrafo no debe darlo, debe dar un testimonio, está para reflejar lo que dura muy poco, lo que se pierde rápido.

Si hablamos de la guerra de España, el fotógrafo no debe ponerse él; Goya se pone él, Picasso se pone él, ésa es la diferencia y, en ese sentido, la máquina que le acompaña es el instrumento ideal".


Y el mismo Pedro Cano, en la presentación de su exposición “Villa Adriana el pasado junio lo confirmaba :

“A mí me interesa que el cuadro indique el paso del tiempo, que tenga historia; parto de la realidad, pero quiero que las imágenes sugieran sensaciones y recuerdos; el tiempo detenido y las vivencias que pueda haber en los objetos que reflejo, el poso de vida que hay atrapado en las cosas antes que el tiempo triture”.


Miguel Hernandez
ya antes lo había vislumbrado cuando confesó que el tiempo pondría su foto amarilla.

Y no es casualidad que terminara la intención en la cámara de Víctor Erice, para recoger lo efímero de la maduración de un membrillero, tras evocar en el Sur la presencia de la España que pasó y no ha sido, pues pocas actividades como el cine han permitido registrar el devenir y conservarlo al tiempo, de lo deseado y perdido, de lo esperado y porvenir, del propio transcurrir del río que nos lleva, y en este aspecto, esperanza y nostalgia son imágenes de un mismo sueño, que consuelan con el mismo bálsamo.

Se canta lo que se pierde, nos sigue diciendo Machado. Aquí queda recogido para reconocimiento de todos, en este espejo de plata puesto en el camino.
La carta de amor, el beso en la mano, muchas manchas de carmín entre las sombras del jardín las completaron, pues muchas fueron tarjetas postales, según el uso de la época, traspasando su momento y la condición desfalleciente de sus protagonistas, nuestros abuelos, y desmintiendo a quienes afirmaran que fueron una pasión inutil: "lo que pudo el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento", nos dice Rosa Leon, " sólo el amor con su ciencia, nos hace más inocentes". Aquí están desde la covacha, donde han aparecido muchas entre papel de leja, junto a los números del Buen Amigo, el almanaque de explosivos Rio Tinto, las llandas junto a la pared y algún sifón de Angelete, entre sacos de Nitrato de Chile.

“¿Dónde estarán los juguetes de ayer, la novia fiel que siempre dije amar, donde estarán mi casa de jugar, mi calle de correr?”, se pregunta Pablo Milanés. Aquí están, en lo que muestran y en lo que silencian, pues tanto como dicen ocultan en su negativo, confirmando a Camus cuando describiera la ciudad como la historia de los amores callados.
¿Cúal podría ser la mejor? El ayer ya fue y el mañana no ha llegado, nos sigue diciendo Quevedo.
"Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo....De cuanto fue nos nutrimos, transformándonos crecemos", nos recuerda Gabriel Celaya por boca de Paco Ibañez. "No reniego de mi origen, pero digo que seremos, mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo. A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo, y mostrar que pues vivimos anunciamos algo nuevo".

La mejor hoy que aún es todavía, podemos decir, con el fotógrafo Alfonso, que va a ser la que vamos a hacer mañana.
Alfredo Jiménez
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