Elena
Garro

Hija
de padre español y madre mexicana, Elena Garro nació en
el Estado de Puebla el 11 de diciembre de 1920. Pasó su infancia
en Ciudad de México. Durante la Guerra Cristera, su familia se
trasladó a Iguala, en el estado de Guerrero. Siendo joven, viajó
a Ciudad de México para estudiar literatura, coreografía
y teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM), una etapa que, sin duda alguna, marcó toda su vida, y
es que en la universidad fue en donde conoció a Octavio Paz,
quien fuera su único esposo y padre de su hija Elena. La relación
con Paz fue muy intensa y sonada entre la gente que pertenecía
al ámbito intelectual en México. Fue justamente con el
impulso de Octavio Paz que Elena Garro empezó a escribir, y fue
junto a Paz que escribió su obra cumbre, la más recordada
y adorada por todos sus críticos: “Recuerdos del Porvenir”
(1963).
Ella describió su boda así:
“Por su parte, Paz me exigía: “Debes aprender
a decir no”. Tenía mucha razón y si lo hubiese aprendido
a tiempo no hubiera dicho sí aquella mañana de 1937 en
la que yo debía examinarme de latín y en la que se atravesaron
entre el examen y yo, Paz y sus amigos, tiraron mis libros bajo la escalera
de una oficina sucia y me ordenaron que cuando escuchara la fecha de
mi nacimiento no hiciera objeción”.
Narradora mexicana, fue además guionista, coreógrafa y
periodista. Durante esta época también se dedicó
a viajar por todo el mundo con su esposo, visitando Japón, Estados
Unidos, Francia y Canadá entre otros. En 1937, recién
casada con Octavio Paz, viajó con él a España para
asistir al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado
en Valencia del 4 al 10 de julio de ese año.
En 1938 regresaron a México y desde entonces Elena trabajó
como periodista, y en guiones cinematográficos para las películas
“Sólo de noche vienes” y “Las
señoritas Vivanco”. Reunió sus primeras obras
teatrales en un hogar sólido en (1958), donde alternó
varias realidades. Su novela “Los recuerdos del porvenir”
(1963, Premio Xavier Villaurrutia) se teje en torno a un episodio de
la Guerra Cistera (1926-1929), rompiendo con violencia la continuidad
del realismo mexicano y manejando el tema del poder desde un ángulo
político y fantástico a la vez.
En 1945 colaboró en Nueva York con el Comité Judío-Americano,
mientras que en Europa formó estrechos lazos de amistad con Breton,
Peret, Picabia, Borges, Bioy Casares y César Vallejo. Entre 1951
y 1954 vivió en Japón junto con su familia y a su regreso
a México en 1956 escribió la obra teatral de tres actos
“Felipe Ángeles”, que corrigió en
París en 1961y así publicó. Pero fue en 1957 cuando
se dio a conocer como dramaturga con tres piezas: “Andarse
por las ramas”, “Los pilares de doña Blanca”
y “Un hogar sólido”.

En los cuentos de “La semana de colores” (1964)
indagó sobre la infancia; destaca el relato "La culpa
es de los tlaxcaltecas", en el cual el tiempo presente y el
pasado (la conquista) se amalgaman y crean una atmósfera insólita.
Su novela “Andamos huyendo Lola” (1980) intensifica
el clima de persecución, en el que se aparece, de manera obsesiva
y biográfica, la figura de su hija Elena Paz. Su obra “Felipe
Ángeles” (teatro, 1979) dramatiza con una conciencia
política ejemplar un episodio de la Revolución Mexicana
poco analizado. En “Y Matarazo no llamó “(1991)
escenifica una lucha sindical. En 1996 publicó la novela “Un
corazón en un bote de basura”.
En la década de los 70 se tuvo que ir de México, pues
los gobiernos de Díaz Ordaz y de Luís Echeverría
aseguraban que Garro tuvo mucho que ver en el Movimiento Estudiantil
del 68.
Atrapada en las redes del espionaje doméstico, la escritora Elena
Garro se convirtió en informante del Gobierno represor mexicano
de Gustavo Díaz Ordaz, que acabó a sangre y fuego con
el movimiento estudiantil de 1968. Algunas versiones afirman que la
autora abandonó el país tras la matanza de Tlatelolco
perpetrada por el Gobierno, en la que murieron cientos de estudiantes.
Garro escapó del régimen al que había servido.
Su carrera de aprendiz de espía en algún momento la habría
colocado ante Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente de EE UU
John F. Kennedy.

La historia negra sobre las labores de Garro como informante ya había
sido mencionada en otras ocasiones, pero esta vez las dudas han sido
disipadas después de que el Instituto Federal de Acceso a la
Información (IFAI) decidiera abrir un expediente del tema que
se conserva en el Archivo General de la Nación.
El lado oscuro de Elena Garro se documenta en parte de las 21 hojas
y cinco fichas correspondientes al archivo de Octavio Paz.
El Premio Nobel de Literatura era en 1968, cuando ya estaban divorciados,
embajador de México en India, y renunció a ese cargo como
acto de protesta contra la represión gubernamental sufrida por
los estudiantes que exigían la libertad de presos políticos
y una apertura democrática en el México autoritario gobernado
por el Partido Revolucionario Institucional.
La decisión del IFAI deja entrever las actividades ocultas de
la intelectual. El informe inicial sobre este episodio de espionaje
señala que de los documentos "se desprende que Elena Garro
era informante del Gobierno Federal, a la vez que el Gobierno Federal
contaba con otros informantes que reportaban la actividad de los informantes,
Elena Garro entre ellos”.

Según el periódico “Excélsior”,
existe además un comunicado interno de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA) de EE UU en el que se detalla una larga conversación
de Garro con el hombre que más tarde sería señalado
como asesino de John Kennedy. El texto de la agencia estadounidense
tiene fecha del 10 de diciembre de 1965.
Hay quienes sostienen que la escritora acusó a intelectuales
como Luis Villoro, Emmanuel Carballo, Leopoldo Zea, Rosario Castellanos,
José Luis Cuevas, Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Víctor
Flores Olea, Leonora Carrington y al mismo Octavio Paz de ser los organizadores
del movimiento estudiantil.
Algunos estuvieron en esa revuelta. Unos días después
de que el Gobierno acabara con la rebelión estudiantil en la
sangrienta noche de Tlatelolco, ella escribió en un diario local:
"Yo culpo a los intelectuales de cuanto ha ocurrido. Esos intelectuales
de extrema izquierda que lanzaron a los jóvenes estudiantes a
una loca aventura, que ha costado vidas y provocado dolor en muchos
hogares mexicanos. Ahora, como cobardes, esos intelectuales se esconden...
Son los catedráticos e intelectuales izquierdistas los que los
embarcaron en la peligrosa empresa y luego los traicionaron. Que den
la cara ahora. No se atreven. Son unos cobardes...".
A su regreso del exilio de Francia, se instaló en Cuernavaca,
en donde vivían humildemente en un pequeño apartamento
que le prestaba uno de sus hermanos, Elena Garro junto con su hija y
multitud de gatos veía pasar el tiempo y esperaba el final de
su vida que provocaría el cáncer en los pulmones que padecía.
En sus últimos años Elena Garro ya no leía ni escribía,
decía “que metida en su casa, qué estímulo
podría tener”. En una de sus últimas entrevistas
aclamaba que el reconocimiento a su trayectoria literaria llegara cuando
aún viviera, cuando aún respirara. El sábado 23
de agosto de 1998 murió en México a la edad de 77 años.
La obra de Elena Garro es muy prolífica:
Teatro
”Felipe Ángeles”; “Un hogar sólido”;
“Los pilares de doña Blanca”; “El
rey Mago”; “Andarse por las ramas”;
“Ventura Allende”; “El encanto”,”Tendajón
mixto”; “Los perros”; “El
árbol”; “La dama boba”; “El
rastro”; “Benito Fernández”;
“La mudanza”; “Parada San Ángel”;
“La señora en su balcón”.
Novela
”Los recuerdos del porvenir” (1963); “Testimonios
sobre Mariana” (1981); “Reencuentro de personajes”
(1982); “La casa junto al río” (1983); “Y
Matarazo no llamó”; (1991); “Inés”
(1995); “Busca mi escuela y primer amor” (1996);
“Un traje rojo para un duelo” (1996); “Un
corazón en un bote de basura” (1996).
Cuento
”La culpa es de los tlaxcaltecas” (originalmente
La semana de colores) (1964); “Andamos huyendo Lola”
(1980); “El accidente y otros cuentos inéditos”
(1997)
Testimonio
“Memorias de España 1937” (1992)
Reportaje
”Revolucionarios mexicanos”
Obra póstuma
”Mi hermanita Magdalena” (1998)
Relación con Miguel Hernández

Elena
Garro publicó un libro en 1992 titulado “Memorias.
España 1937” a través del cual podemos conocer
con mayor profundidad la relación que mantuvieron la escritora
mexicana y el poeta oriolano. De Miguel Hernández dice Garro
que lo conoció en Valencia:
“El
Congreso se marchó a París y nosotros volvimos a Valencia
donde encontramos a Miguel Hernández, a quien quise mucho. Se
insistía mucho en que lo había educado un cura, de ahí
su perfecto latín y su retórica.
No olvidaré jamás el corte de su cabello castaño,
a cepillo, con un pequeño copete al frente, como peinaban a los
niños, ni su voz de bajo profundo.
Tampoco olvidaré cómo partía los melones con una
navaja resortera que sacaba del bolsillo de su pantalón de pana.
Tampoco olvidaré las fotos de Josefina, su mujer, que me mostró
con orgullo: estaba recién casado.
Lo volví a ver en invierno en París cuando estaba allí
con León Felipe y Bertuca, dedicados a jugar al futbolito en
los cafés del Barrio Latino. Miguel volvía de la URSS
y su rostro se había vuelto solemne, como si la experiencia soviética
lo hubiera marcado.
Miguel volvió a España. Pronto la debacle se apoderó
del país y Miguel quedó cortado en Valencia.
La noticia de su muerte me llegó por boca de Antonio Sánchez
Barbudo y de Lorenzo Varela”.
Salus
Martínez
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