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EL RAYO QUE NO CESA
   
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“VOCES A LOS CUATRO VIENTOS. MIGUEL HERNÁNDEZ, ENTRE TODOS”

“MIGUEL HERNÁNDEZ: POÉTICA TAURINA”

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«EL RAYO QUE NO CESA: LOS LIBROS PERDIDOS»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“VOCES A LOS CUATRO VIENTOS. MIGUEL HERNÁNDEZ, ENTRE TODOS”

Jesucristo Riquelme
Recital y Representación Teatral. Espectáculo Escolar.
Editorial Lenand, Moscú, 2006



La cosmovisión hernandiana, como sabemos, ha sido difundida más allá de nuestras fronteras y uno de los países que merece la pena destacar en esta labor es Rusia. Desde este país eslavo se ha estudiado y analizado la obra de Miguel Hernández de forma activa. De hecho, un momento álgido de este tributo al poeta oriolano fueron las “I Jornadas Hernandianas en Rusia”. Podemos remontarnos al número 15 de “El Eco Hernandiano” y leer la opinión del traductor Andrés Santana, gracias a la cual llegamos a comprender ese creciente interés por la poesía de Miguel: “Los estudiosos rusos forman uno de los colectivos de hispanistas más activos del mundo”.


En relación con este contexto y debido a las “II Jornadas Hernandianas en Rusia” junto con el “Año Escolar Miguel Hernández 2006”, Jesucristo Riquelme participó con su recital y representación teatral “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos” (Lenand, 2006). Por lo tanto, esta obra se escribió para un proyecto determinado: para el Teatro Escolar de las Secciones Bilingües y, en concreto, para el grupo teatral del Colegio nº 1237 de Moscú. Dichas actividades suponen un hito muy reseñable para la expansión de la obra de nuestro poeta en ese país. Además, con este tipo de eventos somos conscientes de la vigencia de Miguel Hernández, ya sea su obra o su vida, y del interés que suscita más allá de nuestras fronteras.


Con el prólogo escrito por Tatiana Cuesta, Agregada Cultural de la Embajada de España en Moscú, conocemos de manera sucinta la labor desempeñada en estas jornadas hernandianas por el autor, Jesucristo Riquelme; éste, a su vez, realiza un resumen introductorio del significado y del valor que tienen tanto la obra como la vida de Miguel. De esta manera, el lector entenderá cada una de las diferentes partes del texto, en las que la biografía del poeta está reinterpretada desde el punto de vista de Riquelme, que le confiere al texto un matiz surrealista.


Sobre la figura del autor de la obra que estamos analizando, es imprescindible nombrar su larga y fructífera trayectoria en el estudio de Miguel Hernández. Ya desde sus primeros trabajos de investigación pasando por su tesis doctoral, hasta llegar a los más de veinte libros publicados del mismo tema, ha sentido un gran interés y admiración por la figura de este poeta, oriolano como él. Además, es un deber reconocer que el estudio sobre el teatro hernandiano está más reconocido gracias a las valiosas aportaciones de Riquelme.


Es harto sabido que la figura del poeta ha trascendido a la par que su obra, y su trayectoria vital ha sido objeto de numerosos textos. Cabe enumerar algunas de las diversas publicaciones que hablan de este tópico: “Miguel Hernández. Vida y poesía”, de Dario Puccini (1970); “Cómo fue Miguel Hernández”, de Manuel Muñoz Hidalgo (1975); “Vida de Miguel Hernández”, de Mª de Gracia Ifach (1982), etc. Relacionamos estos estudios con “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos”, ya que también recorre la vida del poeta, pero no de un modo tan extenso y detallado como en las obras anteriormente citadas, sino que tiende a la concisión (tengamos en cuenta que el libro tiene 135 páginas), e inserta, según requieren los diálogos y las circunstancias que se desarrollan, unos determinados poemas, como las archiconocidas “Nanas de la cebolla”, “El niño yuntero” o “La canción del esposo soldado”.


Varios son los aciertos de la representación que analizamos, y los iremos enumerando a continuación.
En primer lugar, es un hecho destacable que leer o estar presente en la representación de esta pieza teatral es un medio para repasar o para aprender acerca de la vida de Miguel. A un estudiante de instituto (a quien iba dirigido la obra en el momento de su estreno) le puede parecer un modo útil de conocer los diversos avatares del poeta de forma resumida, ya que repasa todos los momentos más destacados, por ejemplo, su infancia oriolana, su amistad con Ramón Sijé, la severidad y la falta de tolerancia de su padre respecto a su afán de ser poeta, sus viajes a Madrid, sus coqueteos con las mujeres...


Otro de estos aciertos es el hecho de trascender, de ir más allá del círculo de estudiosos hernandianos para acercarse a un público menos erudito. Hay que tener en cuenta, además, que Riquelme se ha rodeado de grupos no profesionales para montar y dirigir esta pieza de teatro.


Ante la original propuesta escénica del estudioso hernandiano, debemos destacar que la escenificación no se limita a seguir un estricto orden cronológico, sino que se representa según una evolución “tono-temática” (p. 25). A modo de “flash-back” un profesor cuenta a sus alumnos la vida del poeta y sirve de punto de salida para el desarrollo del drama.


De “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos” se ha de recalcar, por una parte, su particularidad y, por otra, su cercanía con un tipo de teatro frecuentado por Riquelme en algunas de sus representaciones, es decir, un teatro surrealista al más puro estilo de Fernando Arrabal. Concretamente, su afición por este género le llevó a realizar un montaje de “Pic-Nic”, del autor melillense antes mencionado.


Para realizar un análisis aproximado de este “recital y representación teatral” habría que analizar de forma somera la estructura del mismo y la serie de personajes que desfilan por estas páginas.


Respecto a las diferentes partes, cabe mencionar su división cuatripartita, que separa de forma biográfica. Si la primera parte comprende la infancia de Miguel y parte de su adolescencia, incluso su primer viaje a Madrid; la segunda, más breve, abarca su vuelta al pueblo, su coqueteo con Maruja Mallo (que simplemente recibe el nombre de “Chica 3”) y el momento en el que se enamora de Josefina (“Chica 2”). Un elemento a reseñar es la introducción de constantes imágenes, de piezas musicales y juegos de claroscuros sobre la escena, que detalla en las múltiples acotaciones del texto. Por ejemplo, recita el poema “Te me mueres de casta y sencilla”, cuando le roba un beso a Josefina o introduce un fragmento de música jazz.


Las partes tercera y cuarta se centran en la agitada década de los 30 y de los 40. En un solo acto comprime los trascendentales avatares históricos de aquel momento, como la llegada de la II República


“¡La República ha venido
y nadie sabe cómo ha sido!” (p. 58).


Teniendo en cuenta que esta representación está redactada para una duración aproximada de media hora, comprendemos el afán de resumir los complejos años 30, los cuales están constituidos por hechos muy importantes para el rumbo de España, y consigue el paso de un suceso a otro, no de una forma brusca e inconexa, sino que se ayuda del soporte audiovisual para dicha tarea. En la cuarta parte continúa con el contexto histórico, pero se centra sobre todo en la vida de Miguel y todo lo que le aconteció al final de su vida.


Por otro lado, algunos de los diferentes personajes que vemos desfilar por estas páginas están elaborados como si de una alegoría se tratase; la explicación de esos tipos alegóricos se debe a que algunos de ellos representan un perfil o un grupo determinado de la sociedad de aquel entonces; observamos la presencia de una serie de términos genéricos como curas, amigos, mujeres, niños, aunque a las personas que fueron clave en la vida del poeta oriolano las denomina con su nombre completo, como Ramón Sijé, Luis Almarcha, Pablo Neruda…


Es bien sabido que las obras de teatro se lucen realmente cuando son interpretadas sobre un escenario y adquieren dimensión dramática; sin embargo, merece mucho la pena leer “Voces a los Cuatro Vientos. Miguel Hernández, entre todos”, ya que contribuye a aprender, a grandes rasgos, la biografía y obra del poeta, lo cual potencia su condición didáctica, a la que sumamos su capacidad de entretenimiento; sin embargo, su mayor virtud es su finalidad: acercar la figura de un escritor conocido y valorado a un público joven.

 

 

María Martínez

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“MIGUEL HERNÁNDEZ: POÉTICA TAURINA”

Graciela Susana Puente Iglesias
Buenos Aires, Botella al Mar, 2006

 

El hecho de realizar una tesis doctoral sobre Miguel Hernández es una tarea que se merece destacar, pero cuando esta tesis la elabora alguien fuera de nuestras fronteras es un mérito doble, ya que la labor de buscar información es ardua cuando hay kilómetros de por medio.


Esta introducción se debe a que la autora, Graciela Susana Puentes Iglesias, es de Argentina y, desde allí, recopiló información de editoriales españolas con representación en su país, investigó en bibliotecas, mantuvo correspondencia con Josefina Manresa, la viuda de Miguel, etc., en definitiva, se dedicó a compilar material suficiente para poder desarrollar su investigación sobre el poeta oriolano, lo cual dio su fruto al cabo de diez años.


En el exhaustivo análisis de Puente Iglesias, se va desentrañando minuciosamente la obra del poeta. Pero, en concreto, se centra en el tema del toro y su reflejo en la obra de Miguel; registra los elementos taurinos en la poesía, en el teatro y en la prosa de Miguel, y enumera los diferentes significados que toma, es decir, su polisemia.


Cabe destacar que lo que empezó siendo su tesis, “Estética y lingüística de la poesía en la simbología taurina de Miguel Hernández” (cuya nota fue de sobresaliente), se publicó en una colección de ensayo dentro de la editorial Botella al Mar con el título “Miguel Hernández: Poética taurina”, en 2006.
La autora estructura su obra en dos partes, que divide a su vez en ocho partes, que resulta interesante conocerlas:


* Lecturas de las obras de Miguel Hernández
* Acumulación y meditación sobre la bibliografía específica.
* Análisis de documentos.
* Vertebración de temas, motivos y símbolos.
* Comprobación de influencias.
* Interpretación de los poemas.
* Rastreo de la simbología taurina.
* Análisis de un grupo de creaciones hernandianas.


El toro, considerado el símbolo por excelencia de España, es un elemento al que Miguel le confiere un valor especial. La estudiosa argentina, tras analizar este símbolo en la obra del poeta, concluye que los significados más evidentes y descollantes son “amor, destino trágico, virilidad, muerte, sexo, soledad, celos” (p. 31).


Gracias a “Miguel Hernández: Poética taurina” llegamos a conocer las diversas piezas poéticas que contienen ese símbolo y las analiza desde tres niveles: del significado, del significante y de la connotación. Estos poemas son interpretados, evidentemente, desde el punto de vista de la autora, y ella misma reconoce que el hecho de interpretar un texto siempre conlleva unos riesgos, debido a que un comentario personal no tiene una validez intemporal, sino que es transitorio. Pero, cuando nos acercamos a su paráfrasis, somos conscientes de que la adecuación y la corrección son rasgos predominantes en ella.


Por una parte, lo que se expone en esta obra toma como origen la clasificación realizada por Pablo Corbalán en un artículo llamado “Los toros de Miguel Hernández” (aparecido en “Informaciones de las Artes y las Letras”). Resulta muy interesante que la conozcamos, ya que es una especie de rastreo por las influencias que recibió el poeta que nos ocupa. Se enumeran algunos de los principales autores que le dejaron huella, de forma general y, de forma concreta, respecto al símbolo taurino. En la etapa de los primeros toros, se observa la reminiscencia de Virgilio y de Góngora; los segundos toros, Garcilaso y Alberti; por último, el periodo de los terceros toros es un paso adelante en esta evolución de Miguel, porque ya no enumera a sus autores predilectos, sino que muestra su propia obra como “El rayo que no cesa”, “El hombre acecha” y “Viento del pueblo”.


Debemos reconocer que la autora realiza un estudio que puede llegar a ser un manual para quien quiera acercarse a lo que significa el toro en la obra de Miguel, pero no sólo se limita a este tema, sino que nos explica, además, el porqué de la tauromaquia en España. Toda la obra se articula en dos secciones principales, y, al comienzo de cada una de ellas, hace una introducción HISTÓRICO-LITERARIA; en la primera parte (aspecto I) nos ubica en el contexto literario español de principios del siglo XX, y en la segunda (aspecto II), nos ilustra sobre “el origen de la fiesta taurina en la historia”. Junto a esto, Puente Iglesias analiza, según decíamos más arriba, la poesía, la prosa y el teatro, siendo estos dos últimos los géneros menos conocidos de Miguel. Por ello, es destacable enumerar “El torero más valiente”, una muestra de su teatro poético, y en prosa citamos “La tregua de Calisto”, “Venta de higos” y “Cosas del Segura”, entre otros textos.


El lector que se acerque a esta obra se empapará del símbolo taurino en Miguel y todo lo que ello significa; a través de la interpretación de las piezas destacadas anteriormente, llegamos a ver que el poeta oriolano se identifica con el toro y, a lo que ha experimentado a lo largo de su vida, le encuentra un paralelismo con lo que el animal sufre en la plaza. Pero también se debe indicar que no es un estudio apto para neófitos, ya que, siendo una tesis, el nivel académico es obvio y el léxico utilizado resulta bastante elevado. Un lector poco avezado en este campo del saber puede encontrar alguna pequeña dificultad en su lectura.


En definitiva, resulta recomendable para quien quiera ahondar y aumentar su conocimiento respecto a la obra del poeta oriolano, porque es un trabajo concienzudo, detallado y maduro en un campo tan frecuentado como es el estudio hernandiano.


Una vez que se ha llegado a este punto, merece la pena conocer una muestra de los quince poemas que ha compuesto Graciela Susana Puente en homenaje a Miguel. A continuación reproducimos una de estas piezas poéticas que la estudiosa argentina nos ha cedido gentilmente:

HUELLA MÍTICA

También el toro en su posible teofanía
esgrime lazos vinculares con la tierra;
y en su sonido impetratorio de la lluvia,
nos desaloja la violencia de la espera.

También fue un numen de báquicas contiendas
y retozó entre siringas placenteras.
Su cornucopia se engarzaba en abundancia
con ese símbolo pródigo en sentencias.

Ahora acomete sobre el ruedo reiterado
y se desploma el aplauso en su faz viuda,
y se corona con sangre su potencia.

Ahora nos deja apreciar la tauromaquia,
porque es luciente vencedor de antiguas lides
y necesita ser un socio de la arena.

María Martínez

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GRACIELA SUSANA PUENTE IGLESIAS

 

Graciela Susana Puente, nacida en la provincia de Buenos Aires (Republica Argentina) en 1949, es doctora en Letras en la Universidad del Salvador, y su tesis doctoral fue: “Lingüística y Estética de la poesía, en la simbología taurina de Miguel Hernández”, licenciada en Letras (en la misma Universidad) y profesora de Enseñanza Secundaria, Normal y Especial en Letras. También es Profesora Elemental de Inglés y Superior de Piano, Teoría y Solfeo. Fue candidata de la Universidad de Morón al Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (España) y ha recibido numerosos premios, entre los que podemos destacar: Premio Ensayo ´93 de “Gente de Letras” (Buenos Aires); Premio de Poesía “La porte des poetes” (París); Primer Premio Poesía: Centro de Estudios Martianos (La Habana), etc. En diciembre de 2006 fue Mención de Honor en el IV Encuentro Internacional de Haiku (San Isidro, Pcia. Bs. As.). Ha realizado un curso de “Gramática del Futuro” y “El Castellano de hoy”, entre otros. Y ha desarrollado otros cursos en los que podemos destacar: “Huella de la escritura hacia la voz: Miguel Hernández” (Instituto de Cultura Hispánica; Oficina Cultural de la Embajada de España, Bs. As.) y un “Seminario-Taller de Redacción para profesores” (Facultad de Filosofía y Letras, Universidad del Salvador, Bs. As.). Participó en el I Congreso Internacional Miguel Hernández, en Alicante (1992). Y en abril del mismo año, en el Homenaje a Miguel Hernández, organizado por el Aula Antonio Machado, Ministerio de Cultura de España e Instituto de Cooperación Iberoamericana. Ha realizado varias publicaciones y colaboraciones en las que podemos destacar: “Semblanza de Miguel de Unamuno” en el diario Universidad de Morón (1976), autora del Himno de la Universidad de Morón (1998) y en 2006 publicó “Miguel Hernández: Poética Taurina”. Entre su obra inédita, podemos resaltar “Miguel Hernández: Márgenes de la referencia y el impulso” (poemas). También ha escrito dos piezas teatrales breves y en próxima edición serán publicados sus poemas dedicados al poeta oriolano.

¿Cómo conoció las actividades de la Fundación Cultural Miguel Hernández?
A través de una información de vuestras actividades, aparecida en el periódico “La Nación” de Buenos Aires.

¿Ha colaborado alguna vez con dicha Fundación?
No. Pero estoy a vuestra entera disposición al ir conociendo a cada uno de los miembros, por su gentileza y maneras de reconocimiento.

¿Está al corriente de las actividades que, desde la Fundación Cultural Miguel Hernández, se vienen llevando a cabo?
Sólo de las últimas.

¿Cómo surgió su interés por la figura del poeta?
Leyendo sus poemas, por interés propio, dado que en la Universidad no integraba el programa de Literatura española.

¿Qué representa para usted la obra de Miguel Hernández?
Un encuentro con la creación lírica por excelencia; un estímulo para mi personal escritura y una vinculación con mis ancestros hispánicos(mis cuatro abuelos eran ibéricos).

¿Cuánto tiempo le llevó realizar su tesis doctoral sobre Miguel Hernández?
Más de diez años. Comencé cuando en la Argentina era muy difícil no sólo conseguir bibliografía sino lograr que algún doctor en Letras me orientara.
Tuve que trabajar con mucha soledad de recursos y de apoyo.

¿Tiene alguna relevancia la figura de nuestro poeta Miguel Hernández en su país?
Es muy conocido, sobre todo a través de las canciones de Serrat; pero se menciona de él mucho más el fundamento ideológico que su configuración estética.

En toda su carrera educativa, en sus clases de letras, ¿tenía algún programa educativo sobre nuestro poeta oriolano?
Siempre he desarrollado, en mis programas de cátedra, aspectos sobre su obra y los alumnos se enfervorizan con él.

¿Qué se siente al haber sido tan premiada a lo largo de su carrera profesional?
No creo haber sido tan premiada. Sigo trabajando con bastante anonimia y con muchas dificultades para publicar. Escribo muchísimo y casi todo queda en espacios de mi biblioteca.

¿Qué recuerdo tiene sobre su participación en el Congreso Internacional Miguel Hernández de 1992?
Fue una vivencia que signó a mi vida.

En su última obra “Poética Taurina”, ¿qué fue lo que le llevó a trabajar sobre este tema y no, por ejemplo, con la Madre Naturaleza?
El tema taurino en Miguel, me convocó poderosísimamente, por su recurrencia y sus logros. En mi tesis también abordo el hilozoísmo evidente, que emana de la percepción hernandiana de “ser” Naturaleza.

¿En qué momento disfrutaremos de los poemas inéditos de su obra “Miguel Hernández: márgenes de la referencia y el impulso”?
He enviado al Sr. Director de vuestra Fundación, un diskette con los poemas que he dedicado a Miguel Hernández; y están a vuestra disposición.

¿Por qué cree usted que Miguel Hernández se identifica con la figura del toro?
Porque es luto articulado en palabra; por su valentía, por su manera de conjurar la muerte y porque no ha sido sólo un hombre, sino como el toro, es un símbolo de España.

¿Cómo definiría, en pocas palabras, la figura de nuestro poeta?
Una sensibilidad que se labró con la elaboración sobre la palabra poética y una vida ajusticiada por la ejecutoria de la injusticia.

¿Cuáles son sus próximo proyectos, hay alguno relacionado con Miguel Hernández?
Durante este año, 2007, pienso presentar, nuevamente a mi tesis doctoral, junto con una serie de trabajos de mis alumnos de Literatura Española Contemporánea, que relacionarán a la poesía con la música, la pintura, la danza, la escultura, el grabado, la orfebrería y la cibernética.


María Antonieta M. Lidón
Mayte Sánchez G.

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  • LIBROS PERDIDOS
     

 

EL RAYO QUE NO CESA: LOS LIBROS PERDIDOS

 

TÍTULO: "Miguel Hernández en Alicante".
AUTORES: Vicente Ramos y Manuel Medina.
EDITORIAL: Colección Ifach (número 15), segundo volumen extraordinario, 1976, Alicante, 200 p.
DEDICATORIA: «A Manuel Miguel Hernández Manresa, sus amigos Vicente y Manolo».

El libro se estructura en nueve capítulos cuya finalidad es principalmente servir de homenaje o recordatorio de tres aniversarios en relación al mundo hernandiano y en relación con la ciudad de Alicante: el XXXIV aniversario de la muerte del poeta oriolano; el XXX de la publicación de un poema suyo en Alicante tras su fallecimiento; y, finalmente, el XXV de la edición de un poema suyo, también en Alicante.
En la justificación de la obra se aclara que esta obra, «Miguel Hernández en Alicante», sale a la luz para aclarar un error involuntario que aparece en la nota 196, p. 334 de la biografía del poeta oriolano, «Miguel Hernández: rayo que no cesa»; por otro lado, la única biografía de cierto rigor existente por aquel entonces.
El error cometido por la autora de esta biografía, María de Gracia Ifach, fue en lo concerniente a los restos mortales de Miguel Hernández y consecuentemente a cómo se adquirió la propiedad del nicho del poeta. En esta nota se lee claramente:

«La sepultura, en calidad temporal, fue adquirida por la viuda a perpetuidad en 1952, mediante suscripción entre poetas y escritores».

En 1952 se cumplía el plazo para adquirir el nicho, si no se adquiría, los restos mortales de Miguel pasarían a una fosa común. Fueron sus amigos de la «Colección Ifach», quienes reunieron cierta cantidad (250 pta.) para ayudar a Josefina. Entre estos amigos se encontraba Gabriel Celaya.
Tras esta aclaración comienza el libro recordando las primeras publicaciones de Miguel en el diario alicantino «El Día», aquí encontramos poemas como «Atardecer», «A don Juan Sansano», «Al acabar la tarde», «La palmera levantina» o «Luz en la noche».

El poema «La bendita tierra» tuvo una gran relevancia por parte de los lectores alicantinos. En abril de 1931, el poeta oriolano es galardonado en el concurso literario organizado en Elche por la Sociedad Popular Coro Clavé por su «Canto a Valencia», los versos que hacen referencia a la ciudad alicantina son los siguientes:

Madre de la ciudad alicantina:
la de la tersa mar esmeraldina,
llena de blancor plumas
de risueñas gaviotas,
de nácares de velas y de espumas
y músicas de crespas alas rotas.

El 21 de agosto de 1937 Miguel recibirá un primer y único homenaje en vida llevado a cabo por el Ateneo de Alicante. El encargado de realizar este acontecimiento fue el escritor y músico José Juan Pérez. El diario «Nuestra Bandera» recoge parte de la exposición de Miguel en el Ateneo.

En la III parte titulada «La noche», hay una continuidad en su descripción de las vivencias de la guerra.
Aparece Miguel Abad Miró, el cual se encargó de ilustrar el libro «Versos en la guerra», concretamente el poema de Miguel titulado «Las manos».

Seguidamente hay un capítulo dedicado a Juan Guerrero Zamora y su biografía sobre el poeta oriolano. Para llevar a cabo este estudio, necesitaba la ayuda de gente que conociera a Miguel Hernández, como leemos en la carta enviada por el mismo autor a Vicente Ramos:

«Estoy preparando una biografía-estudio sobre Miguel Hernández, y acaso tú puedas ayudarme en algo. ¿Conoces gente que pueda darme pistas a seguir? [...] Cuéntame todo lo que sepas...».

Finalmente, Guerrero decide viajar a tierras alicantinas, donde fue recibido por el poeta Vicente Ramos. Una vez instalado allí, fue guiado, con Manuel Medina y Francisco Salinas, por todos aquellos lugares que hablaban del poeta oriolano (Reformatorio de Adultos de Alicante, Callosa de Segura, Cox, Orihuela...), en todos estos lugares intentó hablar con aquellas personas que de alguna manera lo conocieron, como Encarnación, la hermana de Miguel, Efrén, Fenoll, y con la esposa, Josefina Manresa, que puso a su disposición el epistolario del poeta. También se entrevistó con Manuel Miguel, el hijo, que le enseñó los juguetes y cuentos que le regaló su padre.

Tras la visita a estas personas, entrevista a Joaquín Ramón Rocamora, enfermero que cuidó a Miguel y que estuvo en los últimos momentos de vida del poeta.

Este trabajo dio su fruto y el libro vio la luz en 1955, bajo el título de «Miguel Hernández, poeta (1927-1942)».

En capítulos posteriores se abordan otros temas, como homenajes póstumos realizados a Miguel Hernández.

Destaca la bibliografía primaria y secundaria, referida a la primera etapa poética hernandiana en Alicante, más completa realizada hasta 1976.

 

Antonio I. García Gil

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