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COLABORACIONES
DOMINGO ESPINOSA
CHEMA RUBIO V.
MANUEL-ROBERTO LEONÍS
ALFREDO JIMÉNEZ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO ESPINOSA

Nací en el año 1936, tiempos malos para los que tuvieron que bailar aquella macabra sinfonía que suponía enfrentar la sangre, contra la propia sangre, la Guerra Civil.
Miguel murió en el año 1942, por lo tanto no tuve ocasión de conocerlo. Cuando pude saber, la Dictadura implantada procuró que en las escuelas no se hablara del poeta cabrero, que fiel a sus ideas, hace de sus versos un bastión contra las injusticias sociales.
Las primeras noticias que me llegan de Miguel vienen de la mano de un médico que ejercía su profesión en el Hospital Municipal. Este señor me regaló un poemario de nuestro paisano, editado fuera de España. Recuerdo que lo recogí bastante asustado, por entonces yo rondaba los 16 años, la lectura de aquellos versos apaciguó mis pensamientos, nublados por el abandono de una impuesta carrera.
Alguno de aquellos versos los llevo aún a flor de labios.

“Me llamo barro aunque Miguel me llame...”.
“Alto soy de mirar las palmeras...”.
“Umbrío por la pena, casi bruno...”.
“Como el toro estoy marcado...”.
“Un carnívoro cuchillo...”.
“Te mueres de casta y sencilla...”.

Cuando me decido a sacar a luz pública “Versos a Miguel”, un itinerario poético basado en la vida de Miguel, lo hago en agradecimiento a mi paisano, al que adoro y hago de sus versos mi religión.
Motivado por el aire de Miguel, he seguido escribiendo nuevos versos, producto de los vaivenes de la vida. Con ellos, intento componer una obra donde las notas de amor silencien el rugido de la bestia.

Adelanto unos versos de mi próximo libro, esperando un resquicio de cordura a la sincera naturalidad.

 

Domingo Espinosa

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CHEMA RUBIO V.

MEMORIA DE LA SENDA DEL POETA
Hay una tumba que visito y no es la mía


Hay una tumba que visito y no es la mía. Los pies saben de sus huellas.Los pies saben de su futuro. Saben los pies, y mientras se calzan, un aroma penetra y cubre la nariz interior. Los ojos se quedan bajo el árbol de los auxilios, delgadez de granado, con las maduras granadas caídas, en el suelo la podredumbre cercana al desaparecido campo de concentración sangrienta llamado San Isidro.

Hay una tumba visitada a Miles por año. El aire se alimenta a golpes de hierro al paso de la carretera, y a veces las viejas rodillas se rinden desarticuladas bajo la arena, pero las mas jóvenes también se hartan en cada silla de no moverse, y avanzamos por la poesía unos por la sangre de Miguel otros, por las caminatas y la salud blanca, o por la morena forma de mirar .caminamos de principio a fin con los días contados y las horas para los bocadillos y manzanas entre las bocas y sus estómagos.

En la Universidad de Elche descansan los hernandian@s , se duchan y salen algunos a beber la rica agua de las viñas, y dan un sincero homenaje a un silbo sin vulnerar .Hernandian@s hay esperando en la sala donde agujerean las ampollas y eligen el color del hilo que se ha de quedar adentro mientras se absorbe la casa de pus levantada en el camino .Todos los años se espera con fervor laico llegar a la universidad, porque allí se lee, allí se sabe conversar de lo divino también allí se cena caliente y a veces algún poeta vende sus libros sin invitar a los medios- publicidad. Allí no se acaba la lectura de poemas-miguel, pero se alza el telón dramático y aparece El Torero más Valiente. Siempre tú siempre él siempre él santo-miguel .En el X aniversario de la Senda, se cambia al Hacedor Perito en Lunas por la Yerma de un Federico .allí se derraman parpados se opacan retinas, hipnotizadas miradas que adentran la falta de hijos como faltas propias. Allí llorar por la carne nueva y nunca venida se hace costumbre. Manuel y las Nanas de la Cebolla me asaltan, pero no, no es del Hernández de quien quiero escribir, sino de Yerma, de Juan y el canalla. Llorar por el hijo imposible es fácil; solo se trata de dolor .Cuando se hace fuerte a través de los años, se derrumba cualquier mujer. De la U .de Elche nos levantamos, o levantan a voz en grito desde el cuarto anfiteatro, al lado de una escalera mecánica como si de un pulpito pagano se alzaran los hombres (David Readman, y Amado del Pino) y lanzan sus proclamas, y al finalizar tiran los textos al suelo y recogen los papeles algunos senderistas, y al ver que no hay nada escrito en ellos, sonríen con sus bocas irónicas, y salen por la puerta en busca del sol de la mañana .

Hay una senda a la que fue mí chantajeado corazón por un profesor: ¿Te gusta caminar? Durante la travesía andante, se leen poemas de Miguel Hernández, y al final, sobre su tumba leeremos más poemas. ¡Escribe una poesía hombre!
Yo amaba escribir, hacerme famoso entre los amigos de la universidad .Mi obsesión por la poesía fue irresistible, durante años deje de leer novelas, y a la pregunta de ¿que es para ti la poesía? Yo respondía sin rubor .La poesía es la religión que perdí de niño.

Hay una senda para cada persona esperando en cada nervio, y la mía fue encontrar a Paco, y descubrir que adentro de la lápida siempre se respira lo mas autentico de los pasados. Salud a los cuerpos .Ave Caminantes, y que los Idus de Marzo les sean propicios por los siglos del tiempo eterno.
Hay una tumba que he visto y no es la mía, Miguel. Hay una sombra a mi lado y a tu luz vuelvo para no morir solo.

Madrid 30-3-2007

 

Chema Rubio V.

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MANUEL-ROBERTO LEONÍS.

 

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El hombre más rico es aquel
que más y mejores amigos tiene.

 

Me llamo Leonís, ese es mi apellido,
si bien de Orihuela arranque,
poesía es mi vocación y mi destino,
pues mi lengua y mi corazón, allí nacidos
escogen sin dudar, ese camino.

No elegí nacer aquí - nadie lo hizo -,
y aunque incómodo e indignado
me encuentre, algunas veces
si mi tierra se vulnera y desmerece
por aquellos que escamotean patrimonios,
la avasallan y empobrecen,
y, de ella indignamente se enriquecen
con prácticas que parecen muy legales,
aunque son birlescas, de cuanto nos pertenece.

Antaño algunos se comportaron
vilmente con su tierra y sus paisanos,
(la ética y la moral por suelos enfangados),
quedaron a la posteridad tal aviesos ciudadanos.

Otros en cambio, fueron ilustres hombres,
que a la tierra que les vio nacer engrandecieron
y engrandecen con su nobleza, arte y legado,
como hiciera el gran Miguel Hernández.

De nuestra Orihuela me siento orgulloso,
de mi coterraneidad, doy gracias a ellos,
todos son incontables, y que me perdonen
no voy a nominarles, ya están en la historia,
en un poema solo, por suerte... no caven.

De aquí se expanden las celebridades
que irradian su luz como las estrellas,
- la riqueza de sus mentes y bondades -,
que jamás se apaga por muchos años que pasen,
y obligan con su recuerdo iluminándonos...
iluminándome.

Manuel-Roberto Leonís, Febrero 2001.

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ALFREDO JIMÉNEZ.

 

ABARÁN: NOSTALGIA Y ESPERANZA


Tiempo detenido e imágenes de otro tiempo nos legan esta colección de fotografías del Abarán que se fue.

Lejos de nosotros la mirada condescendiente sobre sus protagonistas, pues como los vemos nosotros ahora, nos veran luego a nosotros, ni nostálgica tampoco, otra forma de tristeza.

Estamos porque ellos estuvieron antes y de su esfuerzo y esperanza, está nuestra existencia.

No tenemos nosotros la vida, es la vida la que nos tiene a nosotros, nos recuerda Antonio Gala.


Con esta actitud recibimos estas imágenes del paisaje y el paisanaje de Abarán, con la responsabilidad de mantener el legado de los rincones donde disfrutamos y aumentar el acervo cultural heredado, finalidad última de cualquier forma de conviviencia, y entonces, sí, con nostalgia, recordar el villancico: “la nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos, y no volveremos más “, pero con el esfuerzo, entretanto, de haber mantenido una tradición y aportado al común lo que las fuerzas permitieron.


En este sentido se ha concebido esta colección. Documentos con sabor, a los que sólo les falta hablar y que lo hacen recordando el parpadeo de las luces a lo lejos que van marcando nuestro regreso en la memoria. Volver sí, la mirada, sin melancolía ni ira, ni lagunas tampoco.

Parece que fue ayer, pensamos ante imagenes de conocidos ya ausentes; ahora que me acuerdo, nos sugieren.

Fotografías que son un trozo de corazón y despiertan como pocos objetos, como el de los olores de la pólvora septembrina o el laurel tostado de los aliños, o sonidos como las campanas de ánimas o novenas, o el tambor de Jueves Santo, sentimientos apartados en el arcano de la memoria que nos evocan un tiempo ya pasado, cuando había esperanza donde ahora hay nostalgia y sus efectos sobre nosotros, no mejor que el de ahora, sólo pasado, que muerde al presente, al reposar en la Ermita, al pasear junto al Parque.

¿Recuerdo de horas felices o trágicas? No , simplemente de horas que se fueron, nos recuerda Julio Caro Baroja.

Mentiríamos si dijéramos que ha sido difícil recopilarlas. Todos sabían las que tenían y dónde las tenían "como oro en paño" ; lo difícil ha sido la cesión y el préstamo, pues eran algo más que documentos. Gracias a todos por su generosidad.

A este respecto recordamos a Ciorán cuando recogía la negativa de los indios norteameriacanos a dejarse fotografiar :

" No nos dejemos, nos estan robando el alma ".


Aquí está parte del alma de Abarán, multitud racional unida en la concorde comunión de las cosas que ama, según Tomás de Aquino, escogida en los ámbitos en los que se desenvolvieron para trabajar y buscarse, en la fábrica y el teatro, en el paseo y el fútbol, de sus protagonistas, los que dirigieron la historia y los que la siguieron impulsándola, los intemporales publicitados y los anónimos olvidados, esta vez con voz gracias a las placas de cristal y bromuro de plata, de los primeros daguerrotipos, que recogen su mirada limpia, ajena al concepto de imagen pública acuñado hoy.

Doy fe, diría el notario, confieso que he vivido, el poeta, hice cuanto pude en el peregrinar y gané el descanso, el religioso.


Entiende José Saramago que vivimos un espacio pero habitamos una memoria.

El afán por perpetuarla más allá de la existencia temporal ha sido permanente en la historia y el deseo de fijar el presente una constante en el arte, y allí están los descubrimientos rupestres de la Sierra de la Pila para confirmarlo.

Pasa el tiempo y su apariencia, nos dice la Escritura; detener el momento y su atmosfera y hacerlo intemporal ha sido, meta permanente del gran arte; y en ello pintura, fotografia y cine han competido en el siglo por fijarlo hacerlo perdurable.

Antonio López lo recordaba en Cieza el pasado abril en el taller de pintura de la Fundación Los Álamos :

“El pintor figurativo no debe competir con la fotografia, la pintura nace del sentimiento del pintor, está para dialogar con los demás, para dar tu punto de vista, y el pintor está obligado a darlo, el fotógrafo no debe darlo, debe dar un testimonio, está para reflejar lo que dura muy poco, lo que se pierde rápido.

Si hablamos de la guerra de España, el fotógrafo no debe ponerse él; Goya se pone él, Picasso se pone él, ésa es la diferencia y, en ese sentido, la máquina que le acompaña es el instrumento ideal".

Y el mismo Pedro Cano, en la presentación de su exposición “Villa Adriana el pasado junio lo confirmaba :

“A mí me interesa que el cuadro indique el paso del tiempo, que tenga historia; parto de la realidad, pero quiero que las imágenes sugieran sensaciones y recuerdos; el tiempo detenido y las vivencias que pueda haber en los objetos que reflejo, el poso de vida que hay atrapado en las cosas antes que el tiempo triture”.



Miguel Hernandez ya antes lo había vislumbrado cuando confesó que el tiempo pondría su foto amarilla.

Y no es casualidad que terminara la intención en la cámara de Víctor Erice, para recoger lo efímero de la maduración de un membrillero, tras evocar en el Sur la presencia de la España que pasó y no ha sido, pues pocas actividades como el cine han permitido registrar el devenir y conservarlo al tiempo, de lo deseado y perdido, de lo esperado y porvenir, del propio transcurrir del río que nos lleva, y en este aspecto, esperanza y nostalgia son imágenes de un mismo sueño, que consuelan con el mismo bálsamo.

Se canta lo que se pierde, nos sigue diciendo Machado. Aquí queda recogido para reconocimiento de todos, en este espejo de plata puesto en el camino.
La carta de amor, el beso en la mano, muchas manchas de carmín entre las sombras del jardín las completaron, pues muchas fueron tarjetas postales, según el uso de la época, traspasando su momento y la condición desfalleciente de sus protagonistas, nuestros abuelos, y desmintiendo a quienes afirmaran que fueron una pasión inutil: "lo que pudo el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento", nos dice Rosa Leon, " sólo el amor con su ciencia, nos hace más inocentes". Aquí están desde la covacha, donde han aparecido muchas entre papel de leja, junto a los números del Buen Amigo, el almanaque de explosivos Rio Tinto, las llandas junto a la pared y algún sifón de Angelete, entre sacos de Nitrato de Chile.

“¿Dónde estarán los juguetes de ayer, la novia fiel que siempre dije amar, donde estarán mi casa de jugar, mi calle de correr?”, se pregunta Pablo Milanés. Aquí están, en lo que muestran y en lo que silencian, pues tanto como dicen ocultan en su negativo, confirmando a Camus cuando describiera la ciudad como la historia de los amores callados.
¿Cúal podría ser la mejor? El ayer ya fue y el mañana no ha llegado, nos sigue diciendo Quevedo.

"Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo....De cuanto fue nos nutrimos, transformándonos crecemos", nos recuerda Gabriel Celaya por boca de Paco Ibañez. "No reniego de mi origen, pero digo que seremos, mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo. A la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo, y mostrar que pues vivimos anunciamos algo nuevo".


La mejor hoy que aún es todavía, podemos decir, con el fotógrafo Alfonso, que va a ser la que vamos a hacer mañana.


Alfredo Jiménez

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