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MIGUEL HERNÁNDEZ EN LA GUERRA CIVIL
El pasado 28 de marzo, recién estrenada la primavera, se cumplieron 65 años de la muerte del poeta Miguel Hernández, el oriolano más universal. Con este motivo, la Fundación que lleva su nombre y el Ayuntamiento del pueblo que lo vio nacer, con la colaboración del Foro Social, programó durante estos días pasados diversas actividades en homenaje al autor de tantos memorables versos. Si bien todos los días le homenajeamos con nuestro ‘trabajo gustoso’, bien se merece unas jornadas dedicadas a tenerlo más presente. El mismo 28 de marzo se falló el Premio Internacional de Poesía, que ganó el mexicano Jorge Valdés Díaz-Vélez, un veterano escritor que trabaja como representante de su país en España. Se dieron cita en nuestra ciudad personalidades de la talla de los profesores sevillanos Pablo del Barco y Jacobo Cortines, Ricardo Bellveser, Francisco Castaño (en representación de Ediciones Hiperión, que publicará el libro ganador, ‘Los Alebrijes’) y el conocido escritor alicantino José Luis Ferris, que acaba de terminar su esperada biografía de Carmen Conde, próximo el centenario del nacimiento de la primera mujer académica. Los interesantes debates previos al fallo nos mostraron a verdaderos conocedores de la poesía que se escribe actualmente en España. En la tarde de ese día de recuerdo, acompañados de una intensa y pertinaz lluvia, tan esperada por lo demás, inauguramos a las veinte horas en la Sala de Exposiciones, situada en el Rincón Hernandiano, la muestra ‘Miguel Hernández y la Guerra Civil’, que podrá visitarse hasta primeros de mayo. Ana Lorena Ruipérez y yo mismo somos los comisarios, si bien ha sido la primera quien ha cargado sobre sus espaldas la responsabilidad mayor. En el pasado verano disfrutó de un contrato destinado a elaborar el texto que ha servido de base al catálogo que acompaña a la exposición, que ahora comentaremos brevemente. El pasado año se celebró (si es posible celebrar un hecho
tan luctuoso) la conmemoración del inicio de la guerra civil.
Un año tan cargado de actos en los que incluso quien firma estas
líneas, en nombre de la Fundación, participó en
el Miguel Hernández no sólo publicó sus libros más comprometidos y se convirtió en el cantor del pueblo. También creció como persona: se casó, tuvo dos hijos (el primero murió a los diez meses de vida) y se granjeó la admiración de sus compañeros de armas y letras. También consiguió ver reconocida su trayectoria con su participación en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en julio de 1937, y fue invitado al V Festival de Teatro Soviético. Todo ello puede verse en la exposición y en el correspondiente catálogo. El afán didáctico de esta propuesta merece ser subrayado, con el propósito de que los más jóvenes conozcan el pasado más triste, para que éste no se repita. Además, hemos contado con la ayuda del Ministerio de Cultura en la edición de las 95 páginas del catálogo y en la preparación de la muestra. El catálogo aporta interesantes testimonios de coetáneos
del poeta, tanto de los años previos a la guerra como durante
la misma, con el objetivo de situarlo en sus justas coordenadas vitales
y culturales. Los diversos frentes por los que transitó (y sufrió)
también tienen sus espacio (Madrid, Andalucía, Extremadura
y Aragón), así como su participación activa en
el citado congreso de intelectuales y su viaje a Rusia. Y el homenaje
que el Ateneo de Alicante le tributó el 21 de agosto de 1937
ha merecido un apartado especial. Una bibliografía consultada
y numerosas ilustraciones en color, con abundantes carteles de los dos
bandos, integran el catálogo. El poeta fue, con seguridad, el
escritor más conocido en los frentes, y su voz sigue conservando
ese halo de frescura y de autenticidad que no se advierte en otros compañeros
suyos. Ya lo advirtió el gran Juan Ramón Jiménez:
‘Los poetas no tenían convencimiento de lo que decían.
Eran señoritos, imitadores de guerrilleros, y paseaban sus rifles
y sus pistolas de juguete por Madrid, vestidos con monos azules muy
planchados. El único poeta, joven entonces, que peleó
y escribió en el campo y en la cárcel, fue Miguel Hernández’. |