MIGUEL
EN EL SIGLO XXI |
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| MIGUEL LA FOTOGRAFIA Y EL DIBUJO | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
MIGUEL LA FOTOGRAFÍA Y EL DIBUJO “Soy una abierta ventana que escucha, Miguel Hernández era una persona con una innata sensibilidad, de naturaleza activa, un creador y todo creador es un artista. Desvió sus pasos hacia la literatura y no pudo hacer mejor cosa, su obra es un clásico que perdurará en el tiempo. “No podrá con la pena mi persona Estamos en deuda con Miguel Hernández, supo plasmar como nadie en sus versos, amor y ternura, inconformismo y cólera y sobre todo el deseo de un futuro en paz y libertad. “Mi casa en una ciudad A Miguel Hernández, como creador, no le dio tiempo a desarrollar otras facetas como pintor, escultor, músico, etc. Tampoco en su infancia tuvo unos conocimientos óptimos. Con sus cabras le resultaba más fácil coger un lápiz y ser compositor de su obra literaria. “Reliquias dan lugar, como nata, A Miguel en su época juvenil le gustaba el teatro y con los amigos, representaba sus obras de carácter católico, los domingos en el teatrillo del pueblo.
Este escrito sobre la fotografía y el dibujo nos ofrece información sobre el vínculo influyente que produjo en Miguel Hernández estas artes; Miguel escribe este poema al conocer la noticia de un asesinato pasional, “Elegía de la novia-lunada” “Yo quise modelarte y arcilla A Miguel la fotografía le sirvió para soñar e imaginar los deseos de una realidad que no podía hacer presente, en momentos de soledad y ausencias; así escribió a Josefina algunas cartas desde Madrid, con nostalgia. En una de ellas le describe la pensión donde está hospedado:
A falta de la presencia real de su amada Miguel dialoga con su retrato, tal como lo explica en esta carta, Madrid de 1936:
Poesía y fotografía transmiten imágenes y sentimientos. El fotógrafo pretende plasmar la realidad de la forma más fiel posible. El poeta al escribir intenta transmitir la realidad, transformando la imagen en un concepto abstracto y lírico. Esta simbiosis entre fotografía (imagen) y poesía (palabra) ha generado diversos neologismos como “fotoesía” o “poegrafia” que intentan reflejar esta dualidad icónico–verbal como expresión poética a través de la imagen y la palabra.
El poeta plasma las imágenes según la huella que han dejado en su percepción de la realidad. Miguel le dio ese título a su poemario amoroso: “Imagen de tu huella”. “Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién
ama tanto Muchos de los poemas hernandianos son imágenes metafóricas que nos hacen imaginar las palmeras como “surtidores” o “columnas”, al cohete como un subterfugio de luz, o al pozo como una “torre redonda”, etc.
Su amor por la imagen le hizo convertirse en un gran admirador del cine. Todas las semanas compraba Miguel una revista, llamada Cinerama con fotografías y biografías de artistas famosos. Asimismo, el interés del poeta Miguel Hernández por la fotografía se manifiesta a través de su poesía en toda la obra hernandiana, y sobre todo, en su epistolario. El libro “El rayo que no cesa” lo finaliza con la siguiente cuarteta premonitoria de su fatídico destino:
En su primer poemario de la etapa bélica, “Viento del pueblo”, recuerda a los jóvenes caídos en el frente que ha dejado:
En su segundo poemario bélico “El hombre acecha”, vuelve a citar Miguel Hernández, la fotografía en el poema “Madre España”.
No es Miguel Hernández un poeta que dibuja como Alberti, Lorca, etc. Le aleja de ellos la formación. El empeño y la voluntad la hubiera puesto, de haber tenido tiempo.
Lo importante es la existencia,
de un corpus de dibujos.
Miguel siente una
afición por el dibujo en él poco conocida y estudiada,
su deseo de expresión plástica, se le relaciona con los
momentos vividos en los ambientes artísticos madrileños,
aunque Miguel ya dibujaba cuando era chico.
Francisco de Díe, pintor e ilustrador de algunas obras de Miguel y revistas oriolanas, afirmó: «los dibujos realizados por Miguel Hernández no fueron con la intención de publicarlos. Se trata de pequeños e intranscendentes ensayos hechos, entonces, en mi estudio de Orihuela». Miguel dibujaba, en el tiempo que Francisco de Díe le realizaba los trabajos para alguna de sus ediciones. Los dibujos los utilizaba Miguel para decorar
cartas, tarjetas postales y manuscritos poéticos, sin que se
advierta relación alguna entre el texto y el apunte gráfico.
Se utilizaron unos pocos dibujos como elemento ilustrativo en reiteradas ocasiones en exposiciones y monográficos, etc., los cuales han determinado una iconografía hernandiana, que a muchos le parece errónea, en contraste con la abundancia de visiones plásticas que su poesía refleja.
La exposición “Poliedros” nos muestra los dibujos de Miguel Hernández, ilustraciones con las que gustaba completar sus poemas, esbozos de prosas y el libro infantil. En el fondo hay unos cien dibujos, contenidos en cuarenta y siete documentos; de ellos veintinueve se hallan unidos a correspondencia, setenta a manuscritos y sólo uno merece ocupar exclusivamente el soporte.
La mayoría de este centenar de dibujos pertenecen, de acuerdo con las obras completas Miguel Hernández (Espasa-Calpe, 1992-3V) al periodo y ciclo de “Perito en lunas”. Su cronología se inicia en 1933 y concluye en 1941.
Se inició el conocimiento de la faceta artística de Miguel al incluir Juan Guerrero Zamora una producción de la carta de Carmen Conde y su marido; Concha Zardoya publicó las fotografías del manuscrito “Elegía media del toro”, y las cartas a Conchita y Gertrudis de 1940.
Victor Infantes de Miguel añadió al corpus
“gitana”, “preso” y “mi hermano Sijé”;
Manuel García dio a conocer el gallo, la sandía, la culebra
y las granadas, cuatro dibujos originales de Miguel cedidos por la familia
Díe a la Fundación Cultural Miguel Hernández que
el poeta regaló a su paisano.
Estos dibujos se dieron a conocer por primera vez en 1978 y en 2003 se expusieron en el Museo de la Ciudad de Madrid, con motivo del II Congreso Internacional Miguel Hernández; los cuatro dibujos se encuentran enmarcados en un mismo cuadro. Un gallo, que estaría erguido Y recordaría la huerta oriolana; una culebra, la misma que espanta a los gitanos; una sandía, como fruto de la tierra, en toda la poesía juvenil del poeta; y tres granadas, que surgen en el poema dedicado al mes de abril. En su ejecución, Miguel había conseguido los colores verdes raspando cortezas de sandía y por pinceles había utilizado astillas de caña.
Por último en 1992 en la exposición “Miguel Hernández poeta”, se expuso la tarjeta con Josefina y sus hermanas, la carta con el niño persiguiendo al gallo y la tarjeta el perro cartero y el pavo. Todos ellos, con la ilustración del poema “Niño” y la edición facsímil de dos cuentos, constituyen la práctica totalidad de la iconografía hernandiana editada.
Anteriormente, los comentarios de los dibujos fueron mínimos, se limitó el conocimiento de su existencia: sólo indicaba donde se hallaba, sin mostrarlos. Empezaron a tener transcendencia al editar el único manuscrito de Miguel en el que el dibujo adquiere la misma o mayor relevancia que el texto, y los dos cuentos para Manolillo. Se formula el primer análisis estilístico que del poeta conocemos, y se acierta al deshacer las dudas sobre la autenticidad de estos dibujos, de Miguel Hernández.
Se pueden equivocar al considerarlo enraizado en una concepción ingenua y desconectarlo de las corrientes artísticas de la España de la Segunda República con las que Miguel convivió y se relacionó con la pintora Maruja Mallo, la Escuela de Vallecas, las vanguardias, los avatares de la guerra civil, etc., que abarca en este tiempo muchos de los dibujos, que se desarrollan a lo largo de toda la trayectoria poética de Miguel, una amplia información sobre ellos, se recogen en su correspondencia.
Tras la evidencia que Miguel Hernández es uno de los poetas españoles de todos los tiempos, que ha tenido un mayor sentido de la plasticidad y del cromatismo, se analizan la convivencia de Miguel con las corrientes plásticas de su época. Se señala que su relación primero con Ernesto Giménez Caballero y después con José María de Cossío, por fuerza hubo de ponerle en contacto con la vanguardia madrileña. Esa nueva línea que comienza en la generación de 1927, en la que se rompe la segregación entre escritores y artistas plásticos. Se acierta plenamente al decir que poseen un cierto aire vanguardista. “Me llamo barro aunque Miguel me llame”.
En un escrito se puede mostrar una descripción detallada del estado anímico de la persona o enmascararlo. En la fotografía, estos conceptos adquieren el mismo significado.
Miguel y Josefina mantuvieron unas relaciones marcadas por la nostalgia, precedidas en tres fases: sus estancias en Madrid, la guerra civil y su posterior encarcelamiento.
En esta relación epistolar hacen presente la fotografía, como el medio de tener presente al ser querido.
Miguel escribe este poema del libro “Cancionero y romancero de ausencias”, mientras contempla una fotografía de su primer hijo, fallecido a los nueve meses:
El dibujo es una actividad de Miguel, que nos ofrece otras posibilidades de acceder a un conocimiento más amplio del poeta. En los cuentos para su hijo Manolillo, las ilustraciones de los dibujos tienen la misma relevancia que el texto.Ésta es su importancia.
Miguel insistía continuamente para que Josefina le mandara fotos de su segundo hijo Manolillo. “Éstas no son buenas”-decía-“Mándame otras que salgas tú también”. Finalmente recibe la foto solicitada en el penal de Ocaña en 1941, y contesta en su correspondencia:
Pocos meses antes de morir Miguel recibe una foto hecha por su amigo Miguel Abad, y dice así:
Miguel en los últimos días antes de su muerte repetía esta poesía: “Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
Antonia
Costa |
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