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EL RAYO QUE NO CESA
   
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“BIOGRAFÍA LÍRICA DE UNA LIBERTAD CAUTIVA”

 

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Mª CONSUELO FRANCO GÚTIEZ

  • LIBROS PERDIDOS

" AMISTAD CON MIGUEL HERNÁNDEZ"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“BIOGRAFÍA LÍRICA DE UNA LIBERTAD CAUTIVA”
Mª Consuelo Franco Gútiez



En este mes de octubre Mª Consuelo Franco ha presentado en Orihuela “Biografía lírica de una libertad cautiva” y ha contado con la participación de Aitor L. Larrabide, director de esta revista y del III Taller de Empleo de la Fundación Cultural Miguel Hernández.

En este año 2006 ha sido publicado “Biografía lírica de una libertad cautiva” en la editorial ECU,“Albahaca colección”, en Alicante; el prólogo lo ha escrito otro poeta, José Antonio Suárez García, que alaba este poemario y eleva a la rapsoda a la categoría de “verdadera poeta” (p. 8). Aunque también hemos de mencionar que antes de dicho prólogo, Mª Consuelo escribe una dedicatoria en la que adivinamos su propósito y se intuye desde el primer momento la mitificación de Miguel.

La vida de Miguel Hernández se ha estudiado y analizado ampliamente, y ha sido objeto de innumerables publicaciones que ya forman parte del mundo hernandiano; nos podemos acercar a estas obras y conocer al detalle todos los datos de la trayectoria de Miguel, sus vicisitudes, su lucha, su trabajo, pero, en esta ocasión, Mª Consuelo Franco nos ofrece una biografía del poeta oriolano en la que no utiliza la narración, como suele ser habitual, sino que recurre a la poesía.

“Biografía lírica de una libertad cautiva” es un homenaje al poeta y se articula a lo largo de su vida, desde el nacimiento hasta su muerte. El lector puede leerlo a través de diversos bloques temáticos, que analizaremos más adelante, aunque se fragmenta en dos partes principales.

Mª Consuelo posee en su haber otras publicaciones, como, por ejemplo, ‘Dolor de un alma Blanca’, que fue reseñado en “El Eco Hernandiano” número 5, de agosto de 2003.

Utilizando un lenguaje claro, sencillo y alejado de retoricismos, ofrece al lector una síntesis de la biografía de Miguel, pero la particularidad de este poemario radica en su lirismo y en el sentimiento que confiere al texto. Vuelca en su escritura todo lo que le sugiere la vida y obra del poeta oriolano; aunque en ocasiones emplea tópicos recurrentes en torno a Miguel, como, por ejemplo, su vida dura como cabrero, la supuesta brusquedad de su padre, el amor idealizado hacia Josefina, no obstante, sabemos que no se corresponde totalmente con la realidad. No cumple con el papel de un biógrafo que procura ser fiel a la realidad.

Sin embargo, se ha de valorar su realización de esta peculiar biografía, que, aunque breve, resulta sugerente. En resumen, sugiere más que informa. Esta característica, claro está, hemos de atribuirla a su estructura poemática.

El sentimiento y la admiración hacia Miguel son los protagonistas principales de “Biografía lírica”. La rapsoda se involucra y compromete de tal manera en sus poemas que los considera como un medio de divulgar el sufrimiento y las ganas de vivir y luchar de Hernández.


“Un alma de poetisa
trascribe su gran dolor,
con el fervor sollozando
y pulsada con temblor” (p. 13)


El libro se divide en dos partes principales, dentro de las que localizamos una serie de subapartados, que son los años más importantes de la trayectoria hernandiana desde el punto de vista vital y literario.

Para la poetisa alicantina las fechas más significativas en la vida de Miguel son 1910, 1925, 1931, 1939 y 1942, es decir, las que coinciden con su nacimiento, su adolescencia, su viaje a Madrid, cuando conoce a Josefina, la guerra civil y su muerte; pero, junto a estos bloques temáticos, hallamos una sección dedicada a Miguel ya muerto: “Poemas a la Madre Tierra desde la cual, el espíritu de Miguel Hernández nos versa”.

Una de las partes de esta publicación en la que se muestra de forma más patente el sentimiento y voluntad poética de Mª Consuelo es la correspondiente a su visita al cementerio alicantino, lugar en el que descansa el poeta oriolano.


“Espérame en esa tierra
de la que todos nacemos
y al expirar de mis días
allí nos encontraremos.
Miguel Hernández poeta,
un gran poeta del pueblo” (p. 89)


En esos versos se trasluce la sensación que experimenta la poeta y lo advertimos en diversos aspectos del poemario, tales como su forma de invocar al espíritu de Miguel para que le inspire, al modo de las musas homéricas.

También el lector puede distinguir su intención de denunciar la injusticia y el dolor que sufrió Hernández después de la guerra; por esta razón, ella quiere convertirse en su “verbo liberado”, desea ser una persona que siga la labor de lucha que ya hubo comenzado nuestro poeta. En las últimas páginas de “Biografía lírica...” Mª Consuelo Franco entabla un diálogo con Miguel y se dirige a él utilizando verbos tales como “Espérame”, “Coméntame”; esta parte la denomina “Misiva a la eternidad de un gran poeta”.

“Mis versos retumbarán
en sepulcros de silencios
en huecos de pensamientos
que deshojaron los tiempos” (p. 101)


A través de las diferentes estrofas, se recorren algunos de los sitios en los que Miguel vivió y Mª Consuelo visitó para preparar su obra. Se emociona cuando viene a Orihuela y visita la Casa Museo del poeta, al igual que cuando marcha a Alicante; en esta ciudad, además del cementerio como decíamos anteriormente, acude a la cárcel en la que falleció Hernández.

En “Biografía lírica de una libertad cautiva” destaca la gran dosis de voluntad que posee la autora al enfrentarse a la escritura de un libro de estas características, y se distingue de forma patente sus deseos de combatir por mantener los ideales de Miguel intactos y difundirlo en las generaciones futuras. Debemos recalcar que este motivo es recurrente en la obra de Franco, rendir un homenaje a su poeta predilecto.

María Martínez


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  • HEMOS HABLADO CON...
     


Mª CONSUELO FRANCO GÚTIEZ

RAPSODA Y POETA

PRESENTACIÓN DE SU LIBRO

“BIOGRAFÍA LÍRICA DE UNA
LIBERTAD CAUTIVA”


“Miguel Hernández
siempre ha sido actual,
porque es un poeta del alma”


María Consuelo Franco Gútiez nació en un pueblecito leonés que dejó una imborrable huella en su espíritu. Quizás este hecho, y el conocer la figura del poeta Miguel Hernández, hayan sido los acontecimientos que más han influido en su dedicación a la poesía. En tiempos como éstos en los que la poesía ha abandonado la claridad de antaño, los versos, sencillos y rotundos de Mª Consuelo nos ofrecen la mirada límpida de una admiradora del Miguel Hernández que quiso ser el cantor de los pobres y de los enamorados. Con ella hemos mantenido una entrevista, motivada por la publicación de su libro “Biografía lírica de una libertad cautiva”, que ha sido presentado el pasado 24 de octubre en la Librería Codex de Orihuela por el director de esta revista, Aitor L. Larrabide.

¿Cómo conoció la Fundación Cultural Miguel Hernández?
La conocí un verano, de hace tres o cuatro años, que vine a visitar la Casa Museo, porque ya tenía editado otro libro biográfico de Miguel Hernández y tenía una ilusión enorme por conocerla. Estaba debajo de la higuera y llegó Aitor (director del Taller de Empleo) y me dijo -“¿eres tú la que has escrito esto?”- (refiriéndose al libro “Dolor de un alma blanca”) –“Por favor, fírmame el libro”-. Y a raíz de ese momento tuve una comunicación muy grande con la Fundación, con Juan José (director de la Fundación) y con Aitor que es un chico estupendo.

¿Ha colaborado mucho con dicha Entidad?
Por supuesto, todo lo que puedo y lo que esté en mi mano ensalzar a Miguel Hernández y a todo lo que es su vida y obra, todo lo que pueda lo haré con muchísimo gusto.

¿Qué significa para usted “poesía”?
La poesía es algo indescriptible, algo que se tiene que sentir, que se lleva en el alma, es un sentimiento con el que se nace. La poesía es vida, la poesía es muerte, la poesía es amor, la poesía es tantas y tantas cosas. La inspiración de un poeta de nacimiento como Miguel Hernández, y como yo.

¿Cómo comenzó su afición a la poesía?
Esto viene ya de muy lejos, desde mi nacimiento. Yo siempre digo que con la sangre que absorbía en el vientre de mi madre ya escribía. Porque yo a los siete años ya recitaba, componía, a los quince estuve en la radio. No es afición, es una cosa de talento natural, como Miguel Hernández, sin habernos enseñado nadie a hacer poemas los hemos hecho.

¿Qué representa para usted la obra de Miguel Hernández?
La obra de Miguel Hernández tiene tanta importancia y tanta trascendencia en la actualidad y en la antigua poesía. Para mí es importantísima, no solamente porque Miguel Hernández es un poeta universal, sino porque lo considero el máximo, lo admiro, lo quiero y me inspira enormemente.

¿Cree que es un autor actual?
Miguel Hernández siempre ha sido actual, porque es un poeta del alma, porque es un poeta del sentimiento, porque es un poeta del pueblo, porque es un poeta social, porque es un poeta valiente, porque tiene cantidades y cantidades de dones y siempre, siempre estará de actualidad.

¿Cuántos libros tiene publicados?
Tengo cuatro libros publicados y cuatro o cinco escritos por publicar. Ahora, precisamente, estoy inmersa en la biografía de Lorca en verso.

¿Hay conexión entre ellos?
No, todos son opuestos. Lo mismo escribo del amor, que escribo de la vida, que de la muerte, de las flores, al mundo. Mi poesía es siempre poesía, pero de diferentes formas.

¿Son todos de poesía?
Por supuesto, son todos de poesía.

¿Qué estilo suele utilizar en sus libros?
Normalmente escribo sonetos. Lo que más me sale son octosílabos, casi siempre escribo así.

¿Qué le motivó escribir una “Biografía lírica” sobre la vida de Miguel Hernández?
Cuando me percaté de la gran trascendencia que este hombre honesto había dejado en el mundo, con sus versos, con su valentía y que, además, era una obra increíble donada al pueblo con su vida, por defender sus ideas. Por eso me dediqué a escribirlo, para que todo el mundo se enterara aún más de su vida y obra, a través de mi verso.

¿Podría explicarnos por qué ha utilizado las palabras “Libertad Cautiva”, términos que son, aparentemente, contradictorios?
Porque considero a Miguel Hernández como a un ruiseñor detrás de unas rejas clamando su libertad. Porque es como un pájaro que lo encierras en una jaula y sigue piando y pidiendo libertad.

¿Cuál es el objetivo que plantea a sus lectores?
Lo primordial es que se entere todo el mundo de la vida, honestidad y valentía de este poeta oriolano a través de mis versos.

¿Le ha llevado mucho tiempo escribir este libro?
Un poquito, porque yo soy muy perfeccionista. No me gusta repetir palabras en cada poema. Al tener setecientos cincuenta versos, como tiene este libro, hay muchísimas palabras y tuve que estar trabajando con diccionarios de sinónimos e ir probando si rimaban en los versos. Mereció la pena, estoy muy contenta con la obra que se me ha quedado.

De los poemas de su obra, ¿cuál o cuáles son más significativos para usted?
Los de la cárcel, los de su muerte, los del terror que pasó entre rejas, los de su lucha por defender lo que pensaba, lo que amaba, su pundonor. Eso es lo más significativo para mí de mis versos en el libro.

El próximo 24 de octubre, se presenta su poemario en Orihuela, ¿quiere usted decirnos algo al respecto?
Para mí es un honor enorme estar en la cuna de este gran poeta universal y me encantaría que hubiera mucho público escuchando, atendiendo y difundiendo estos versos míos a este gran poeta.

¿Tiene algún proyecto futuro?
Proyectos tengo muchísimos, mi mente no para. Como mencioné antes estoy inmersa en la biografía de Lorca en verso, estoy terminando un libro de amor y tengo infinidad de proyectos que fluyen por mi cabeza. Ahora mismo lo que más quiero es difundir este libro por el mundo entero, si es posible.


Mª Antonieta M. Lidón
Mayte Sánchez G
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  • LIBROS PERDIDOS
   
   
  - AMISTAD CON MIGUEL HERNÁNDEZ. Manuel Molina
       
 

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En este número de “El Eco Hernandiano” retomamos la sección “Los libros perdidos”, que, como el lector habrá deducido, nos presenta una publicación sobre la vida de Miguel Hernández, la cual, por diversas razones, no ha trascendido lo suficiente y desde aquí se intenta recordar.

No estamos ante una biografía al uso, sino ante un cúmulo de recuerdos, que van desde la pincelada costumbrista en el momento en que describe Orihuela, el entorno y las tradiciones de la época de Miguel, hasta la enumeración de personas que formaron parte de la vida del poeta, y que también conoció Molina a través de él. Además, se caracteriza por una visión distinta que no suele estar presente en otras obras biográficas; éstas nos relatan la vida de cualquier personaje ilustre de una manera objetiva y estricta, y destacan en muchas ocasiones por su falta de lirismo y un estilo carente de afectividad; por su parte, “Amistad con Miguel Hernández” nos llama la atención por tratarse de una biografía narrada desde la perspectiva de una persona que conoció al poeta oriolano, que relata los diversos sucesos con un punto de admiración constante hacia Miguel y, como vate que era Manuel Molina, con una dosis lírica en cada una de sus descripciones. En definitiva, nos acerca a la vida de Hernández desde la óptica de un amigo.

La cosmovisión hernandiana ha sido objeto de varios de los artículos y de las obras de Molina, como “MH y sus amigos de Orihuela”, edición de Ángel Caffarena (1969); también el artículo llamado “Dos homenajes a Picasso y uno a Miguel Hernández” dentro de la revista “Idealidad”. Entre sus publicaciones se halla la que comentamos a continuación,“Amistad con Miguel Hernández”.

Esta obra es un conjunto de artículos periodísticos publicados en la prensa alicantina que el autor decidió presentar de forma conjunta. Una vez recopilado, se editaron en Alicante en la editorial Silbo el día 28 de marzo de 1971, que coincide con el aniversario de la muerte de Miguel. Manuel Molina, a lo largo de veinte capítulos, parte de lo general y llega a lo concreto; primero, nos sitúa en un ambiente determinado y en una fecha concreta, para luego dedicar algunos de los capítulos a personas que pueblan ese entorno hernandiano. Esos escenarios son la calle de Arriba, la tahona de Fenoll, la casa de Miguel y su huerto, y sus personajes son Ramón Sijé (capítulo VII), Aleixandre, Alberti (cap. X), Josefina Manresa (cap. XVI), etc.

Una de sus mayores características es su visión personal e íntima, como, por ejemplo, la descripción que realiza de Miguel:

“Era alto y vigoroso, sonrosado de sol, alegre por fuera y por dentro serio” (p.28).

Su mayor fuente (y no sabemos si única) es su conocimiento personal, ya que carece de bibliografía para la mayoría de las secciones. A través de una prosa fluida y amena, nos acerca subjetivamente a la vida de Miguel y su entorno. Esta percepción particular se intuye en algunos de los artículos del libro que nos ocupa, como, por ejemplo, el caso de la tahona de Carlos Fenoll, sita en la calle de Arriba, a la cual le dedica tres capítulos: “La calle de Arriba” (cap. 19), “Carlos Fenoll” (cap. V) y “El pastor y el panadero” (cap. VIII).

Manuel Molina se autodenominó el “benjamín del grupo familiar”, que se reunía en esa panadería, pero hay que reconocer que el escritor todavía era demasiado joven para asistir a estas charlas, y, además, se duda de la existencia de éstas. Algunos críticos hernandianos cuestionan que tuviera lugar; por lo tanto, se puede pensar que Molina llegó a idealizar aquella situación. Puede ser que concibiera esta tertulia para rendir homenaje a Carlos Fenoll, poeta poco valorado e injustamente olvidado según la opinión de nuestro autor y, además, contribuyó a la formación lírica de Miguel. Se dieron ciertos elementos para que pensara su existencia: Hernández vivía en esa misma calle, Sijé frecuentaba a menudo la panadería, pero, por ejemplo, este último acudía a este lugar ya que era novio de la hermana de Carlos. A pesar de ello, tales casualidades no dieron lugar una tertulia literaria.

A través de la prosa de Manuel Molina el lector es testigo de los inicios literarios de Miguel y nos cuenta la manera en la que influyó el ambiente oriolano en su obra. Tenemos el ejemplo de la calle de Arriba, donde nació el poeta; ciertos tipos de allí le servirán de inspiración para algunos de los personajes de sus relatos en prosa y también para su obra dramática, como el personaje del borracho de “El labrador de más aire”.

En esta dedicatoria a Miguel se capta el sentimiento de agradecimiento del autor a través de varios aspectos, tanto a nivel literario como personal. En el aspecto literario reconoce su deuda, ya que estuvo influenciado por él, y no duda en afirmarlo; Hernández le dio a conocer la poesía de algunos de los grandes, como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Y en el aspecto personal, íntimamente relacionado con el anterior, Molina no olvidó el momento en que conoció a Rafael Alberti, a Emilio Prados y, sobre todo, a Vicente Aleixandre. Miguel ayudó a Manuel cuando éste fue a Madrid en plena guerra civil. Molina afirmó: “Todos, en un retablo sorprendente, dentro de aquella realidad, bombardeada y dura” (p. 38).

Intentando inducir al lector curioso a conocer otras obras sobre el poeta oriolano, recomienda desde una visión modesta y, al mismo tiempo, sincera, estudios como los de Mª de Gracia Ifach, con “Cartas a Josefina”, o la de Concha Zardoya, entre otras.

Según va avanzando esta peculiar biografía, apreciamos una mayor dosis de erudición; si la primera parte está redactada desde la perspectiva de la amistad y del afecto y, por tanto, más subjetiva; la segunda se caracteriza por sus referencias literarias y el monotema sobre Miguel se amplía a otros autores. Una vez en este punto, Molina realiza una comparación con poetas como Antonio Machado y César Vallejo. Eleva a Hernández a la categoría de poeta universal, pero el mismo Miguel no era consciente de la dimensión de su obra y de la magnitud que había alcanzado; Molina nos habla de una situación en la que le pidió un autógrafo a Miguel y éste le contestó:
“Pero tú te has creído que soy una bailarina” (p. 42)

La forma de narrar de Molina está impregnada de un halo romántico e idealizado y, por ello, todo lo que rodea al poeta oriolano más universal. Alude a la existencia de la tertulia literaria de la tahona de Fenoll (mencionada anteriormente), parece acentuar la pobreza de Miguel, habla de las envidias que sentían los poetas menores de la generación del 27, considera que Josefina es “la musa ideal” de Miguel (cuando se sabe que no fue la única), sin embargo, y, a manera de colofón, no debemos olvidar que es una biografía-homenaje a su poeta favorito, al que se refiere como su maestro literario y quien le ayudó en algunos momentos difíciles.

María Martínez

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