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| DICTINIO DE CASTILLO-ELEJABEYTIA | |||||||||
DICTINIO
DE CASTILLO-ELEJABEYTIA
Cuando terminó la guerra civil en 1939, llegó a Cartagena. Dictinio se afincó en Murcia, donde estudió Filosofía y Letras en la Universidad de esta ciudad; allí será profesor de Filología Gallega. Aunque más tarde marchó a Alemania, tendrá una gran vinculación con Murcia por cuestiones familiares, por sus periodos vacacionales y porque en esta zona pasó su jubilación. En su estancia murciana colaboró en revistas de la época, como, por ejemplo, Sazón, en la que publicó en el número 5-6, de diciembre de 1951- febrero 1952, un poema y, asimismo, colaboró como traductor. También intervino en la revista “Azarbe” (1946-1948), de la que se publicaron 15 números, pero sirvió de expresión para la literatura murciana de posguerra. Constituye uno de los primeros intentos de crear una literatura nueva en esta región. Mantuvo con Miguel Hernández una relación de amistad. Ambos pertenecían a círculos cultos de la zona de Alicante y Murcia basados en su afinidad a la poesía y a la literatura en general. A la muerte de Miguel, Dictinio y otros intelectuales de la época, como Carlos Fenoll, Gabriel Sijé y Antonio García-Molina, le dedicaron un sentido homenaje en la primera quincena de abril de 1942 en Orihuela (hay que tener en cuenta que Miguel falleció en marzo del mismo año). Dictinio le compuso a Miguel un hermoso soneto: “A Miguel Hernández”. En 1953 se marchó a la República Federal de Alemania, donde vivió hasta 1983 y desempeñó durante veinte años el cargo de lector de Español en la Universidad de Würtzburg. A pesar del cambio cultural, consiguió adaptarse a su situación. En su obra apreciamos cierta nostalgia referida a su lugar de nacimiento, Galicia, y a su lugar de adopción, Murcia. Sin embargo, nuestro poeta llega a sentirse cómodo en Alemania, ya que en este país crecen sus hijos y, a esto, sumamos su admiración al arte y a la música germanos. A su vuelta a España se asentó otra vez en Murcia. A su regreso colaboró en la revista murciana “Tránsito” (1979-1982), que supo reunir a los poetas más importantes de Murcia y del resto de España, como J. Guillén, R. Alberti, F. Díez de Revenga y otros. En 1987 murió en su tierra de adopción, Murcia. Respecto a sus poemarios se ha de mencionar el primero, llamado “Nebulosa” (1934), “La avena de Dafne y otros poemas” (1943), Premio “Polo de Medina”; “La canción de los pinos” (1945), que fue Premio Adonaïs; “En la Costa del Sol” (1947), que se publica en “Azarbe”; “Argos” (1948); “Poema del Mar y del Alma” (1948), por el que consiguió por segunda vez el Premio “Polo de Medina”; y, por último, “Lirios de Compostela” (1949), que contiene numerosos poemas en gallego. Dedicó un volumen completo a la poesía en esta lengua: “O espello das brétemas e outros poemas”. Como reconocimiento a su obra en gallego, fue nombrado miembro de la Real Academia Gallega.
En su poesía tiende a la manifestación de sus conflictos más íntimos. Formalmente se caracteriza por su brevedad, por la ausencia de alambicamientos sintácticos, pero cargados de símbolos que aluden a sus inquietudes. Ofrece sus sentimientos a través de contradicciones: mañana-noche, anverso y reverso...Él mismo define su poesía en varios poemas y alude a su carácter antagónico: “Así es mi poesía/ una veces rayo/ y otras sol de mayo”. También ronda en su poesía más pesimista el tema de la muerte, de la vida como algo efímero y “la vida como prisión”, con evidentes reminiscencias platónicas. Es frecuente encontrar evocaciones melancólicas de Murcia y de Galicia. Junto a este tema, recuerda a sus familiares y amigos perdidos. Podemos apreciar el tópico del “ubi sunt?”, es decir, dónde ha ido su gente querida. Respecto a este contenido, hay una parte de “Vuelo hacia dentro” en el que dedica una serie de textos a “Tumbas y elegías” y uno de ellos está dedicado a Miguel Hernández: “Aquel Miguel Hernández”, el segundo poema que trata sobre la muerte del poeta oriolano. Pero, por su carácter inédito, transcribiremos otro soneto, el que compuso para el homenaje a Miguel Hernández aquel abril de 1942 en Orihuela, que se conserva en el Archivo Ramón Sijé, y que publicamos gracias a la generosidad de doña Carmen Saldaña, heredera del ensayista oriolano: A
Miguel Hernández
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JOAQUÍN EZCURRA
Joaquín
Ezcurra nace el 7 de junio de 1925 en La Coruña. Cuando contaba
con 14 años muere su padre y se traslada, junto con su familia,
a Orihuela; un año más tarde marchará a Madrid donde
trabajará como redactor en la revista «Fotos» y meses
después ingresa en la plantilla de la revista «Triunfo».
Colabora en la revista «Juventud Mariana» y un año después en la revista «Semana Santa» de Orihuela y en «La Verdad» de Murcia, para la cual acaba ejerciendo su primera corresponsalía informativa. Posteriormente fue corresponsal en las agencias de prensa EFE, Logos y Mencheta. En 1955 trabaja como Ayudante de Dirección en las películas «El desembarco de Alhucemas», a las órdenes de José López Rubio, «La vida encadenada», con Toni Román, y «Baile en capitanía», con Edgar Neville. Obligado por una enfermedad, regresa a Orihuela y alterna el trabajo de Director de la Oficina de Colocación, con el de Jefe de Programación en la emisora «La Voz de Orihuela», y la corresponsalía del diario «Información», de Alicante. En 1962 fundó y editó la revista «Oleza», cuya temática, además de ser la propiamente literaria, sirvió para difundir la obra hernandiana; incluía información de carácter político y social de Orihuela.
Durante 1964 fundó el Club de Prensa de Orihuela de la Honorífica Orden de San Antón, creado para premiar las actividades de personas y entidades en favor del desarrollo de Orihuela, de la que fue presidente hasta 1996. También durante la década de los 60 asumió la dirección del Centro de Iniciativas Turísticas, de la Feria Agrotextil del Sureste y fue Consejero de Bellas Artes. Fue Jefe de Programación de Radio Orihuela y promotor de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Orihuela y de la hoy Escuela Politécnica Superior de la Universidad Miguel Hernández. También fue impulsor de diversas restauraciones de objetos artísticos, como el cuadro de Velázquez, que actualmente se encuentra en el Museo de Arte Diocesano de Orihuela. Premio Nacional de Reportajes Agrícolas, fue también procurador de los Tribunales, director del Instituto de Investigaciones y Estudios Oriolanos, impresor jefe de la Imprenta Oriolana... Fruto de esta diversidad de cargos y actividades, han sido también los siguientes reconocimiento y condecoraciones: Medalla de Bronce al Mérito Turístico, de la Correspondiente a la de Comendador de la Orden Civil al Mérito Agrícola y la Encomienda con Placa de Alfonso X el Sabio. También, y desde el año 2002, está en poder de la Medalla al Mérito Hernandiano, otorgada por la Fundación Cultural Miguel Hernández. El Pleno del Ayuntamiento de Orihuela aprobó en el año 2005 por unanimidad el expediente de nombramiento de Joaquín Ezcurra Alonso como Hijo Adoptivo de Orihuela por «su trayectoria personal y profesional a favor de la cultura y la educación». Él «Me homenajearon cuatro ministerios con sus distinciones y medallas, pero ser Hijo adoptivo de Orihuela me llega al alma».
El pasado 22 de junio falleció en Orihuela a la edad de 81 años.
Joaquín Ezcurra fue un acérrimo defensor de la figura del poeta oriolano. Aunque durante toda su vida ejerció la labor periodística, también se prodigó, en ocasiones, en el campo literario. Muestra de ello es el artículo publicado en el diario «Información» de Alicante el 8 de septiembre de 1966, titulado «El ciprés de Miguel Hernández». Siendo corresponsal del citado diario en Orihuela, una conocida poetisa argentina que pasaba una temporada en Orihuela para escribir una tesis doctoral sobre la vida de Miguel Hernández, decidió presentar a un concurso literario de Argentina un trabajo de Ezcurra publicado, anteriormente, en la revista «Oleza». Este artículo consiguió el primer premio del concurso literario «Poetas hispanoamericanos», convocado por el Círculo de Escritores del citado país sudamericano. El ciprés, en Miguel Hernández, y en la poesía en general, supone la representación de lo humano y lo divino o espiritual. En el mismo año de la muerte del poeta, en abril, se realizó un homenaje bajo este ciprés. Posteriormente, Joaquín Ezcurra retomará este elemento como tema del artículo con el que obtuvo el premio literario en Argentina. «Había un ciprés sobre la margen derecha del río. Un árbol con majestad, alto, fuerte, poderoso y mimado por las aguas desbordadas», «¿Qué fue del ciprés? Murió también. Llamó al ‘rayo que no cesa’ y el rayo acudió a la cita. La muerte había cumplido. ¿Y el rayo? El rayo encontró su muerte al pie del ciprés vencido. No queda, para el recuerdo, más que unas raíces carbonizadas. Queda el eco, quedan una margen derecha y el cauce del río. ¡Qué poca cosa, Señor, para un monumento tan digno...!» Joaquín Ezcurra empleó su prosa para difundir, principalmente, las bellezas de Orihuela y sus tesoros histórico-artísticos; y le llevó a mantener conflictos con diversas personas y sectores sociales oriolanos. En abril de 1968, Ezcurra se sirvió de la revista «Oleza» para criticar al obispo Barrachina y al clero cuando tomaron la decisión de trasladar la sede del Obispado a Alicante, crítica que ocasionó el secuestro temporal de la publicación, así como una causa penal contra Ezcurra. El periodista oriolano trató durante su vida de aportar nuevos datos de la vida de Miguel Hernández, hecho que le llevó a mantener diferencias con otros investigadores del poeta. Un ejemplo significativo es el artículo publicado el 13 de mayo de 2001 en el diario «La Verdad», en el que Ezcurra, citando diversas fuentes, asegura que el General Franco y Miguel Hernández «se saludaron» en el Alcázar de Sevilla, durante el trascurso de un viaje realizado por el poeta a tierras de Huelva. Este encuentro no ha sido confirmado, suscitando diversas críticas entre los estudiosos hernandianos.
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