EL
RAYO QUE NO CESA |
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'MIGUEL HERNÁNDEZ
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Cumplido este año el 70 aniversario del comienzo de la guerra civil y a cuatro del centenario de Miguel Hernández, este texto nos ofrece desde una perspectiva cercana y objetiva una imagen del poeta oriolano durante la guerra civil como una persona comprometida con sus ideales, pendiente de su familia, sus amigos y de su novia, Josefina Manresa. M.R. Vera Abadía, que fue colaborador de 'El Eco Hernandiano', ha publicado esta obra gracias a la Fundación Miguel Hernández y está prologado por Aitor L. Larrabide, director de esta revista. La objetividad es el rasgo predominante en “Miguel Hernández en el laberinto de la guerra civil”; dicha característica es difícil de conseguir con un tema tan manido y espinoso como el de la guerra civil, sobre el que se han vertido ríos de tinta tendenciosos; pero Vera Abadía se aparta de ese camino y se muestra comedido en este aspecto. Lo que no impide que exprese la afectividad que siente hacia el escritor oriolano y sus sentimientos de enconamiento hacia otros personajes. También cabe destacar su corrección formal y estilística, y la fluidez de la narración. En el libro tenemos la oportunidad de conocer la figura de nuestro poeta desde el comienzo de la contienda y saber sobre las vicisitudes que le rodean; recorremos el itinerario de la guerra a través de la figura de Miguel y, a esta labor, contribuirá la correspondencia mantenida con Josefina. Apreciamos los distintos matices de su persona, desde el Miguel soldado que luchaba en el frente de guerra por la República hasta el Miguel temeroso por los perjuicios de la guerra sobre su familia. En este texto observamos al poeta como un miliciano que estuvo en varios frentes, en Madrid, Andalucía, Aragón, Extremadura, cuyo mayor interés era situarse en primera línea para luchar. De su continuo vaivén por la geografía española y por lo intrincado de la situación bélica, el título del libro nos sitúa al poeta en un laberinto. Cuando estalla la guerra, Miguel se encuentra en Madrid trabajando bajo la dirección de José Mª de Cossío. Es consciente del riesgo y de que el conflicto puede alargarse, pero en las cartas a su novia (que Vera Abadía parcialmente reproduce ) apreciamos su intención de no preocuparla y se centra en temas superficiales y cercanos. En julio comienza el periplo de Miguel por diversos puntos del país. Llega a Orihuela pensando que allí no pasaría nada, pero la guerra ataca de forma cruel a su entorno e incluso a su círculo más íntimo, ya que el padre de Josefina es tiroteado en Elda el 13 de agosto del 36. Ante la situación insostenible en la familia de su novia, el poeta empieza a gestionar los documentos necesarios para que la familia de ésta obtenga una pensión por el trabajo del padre asesinado. Miguel desea colaborar en el conflicto; por tanto, vuelve a Madrid con el hermano de Josefina y ambos se alistan al 5º Regimiento de voluntarios, que dependía del Partido Comunista. Reivindicando su compromiso, se alista como un soldado más, ya que no quería mostrar su condición de intelectual. Es testigo de excepción de una lucha cruel y, por ello, siente que su obra ha de ser reflejo de lo que está viendo. El poeta oriolano considera que la literatura en esa época de conflictos debe ser social y comprometida; su idea de una literatura cercana a lo real y alejada de cualquier abstracción es tal, que rechaza las vanguardias y llega a criticar el cubismo. Vera Abadía nos muestra a Miguel cada vez más afectado, pero el poeta es incapaz de comunicarlo a su familia. Además, observamos una evolución en las cartas de Josefina; pasan de ser afectivas a contener reproches. Este tono será el habitual en el resto de la correspondencia escrita por su novia, que desaparece cuando nuestro poeta le pide formalmente que se casen. Pero hay que intentar comprender a Josefina, una chica de pueblo que no alcanza a entender todo lo que rodea a su novio. Durante la contienda, la salud de Miguel se resiente. Sufre de tal manera que es ingresado en el Hospital Nacional de Infecciosos. Transcurridos cuatro días, se recupera y sale del hospital. Como vemos en este libro, uno de los valores más apreciados por Miguel es el de la amistad y, tras su recuperación, visita a su amigo Vicente Aleixandre. El poeta sevillano aprovechó su influencia en la Alianza de Intelectuales para que se fijaran en Miguel. Gracias a la gestiones de Emilio Prados, le destinaron a la 10ª Brigada, dedicada a tareas culturales. A partir de este momento, ejerce un papel más adecuado a su nivel, que consta de la alfabetización de la tropa, renovar la moral de los soldados con lecturas y la elaboración de un periódico. Vera Abadía nos enseña a un Miguel que, aunque desempeñaba la función propia de un intelectual, estaba siempre cerca de los soldados y éstos lo sentían tan cercano que fue considerado “el poeta del pueblo”. No sólo se nos enseña la obra poética de Miguel, la más conocida, sino también sus escritos en prosa, su teatro y sus artículos periodísticos. Hay que destacar que en su faceta como periodista colabora en diarios locales y nacionales. En este aspecto de su obra, informa al mismo tiempo que apela al sentimiento del lector. Si queremos encontrar las primeras colaboraciones de Miguel, hemos de leer “El Mono azul” de Alberti. Su inquietud literaria no se detiene y, así pues, empieza a elaborar su obra “Viento del pueblo”, que anticipa una poesía social. Pero, a pesar de la guerra, una de las mayores ilusiones del poeta, junto a la literatura, es su boda con Josefina, con la que contrae matrimonio el 9 de marzo de 1937 en el Juzgado de Orihuela. Por otro lado, se analiza también un evento significativo de rechazo al fascismo, que tuvo lugar en Valencia, el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas en Defensa de la Cultura, y se destaca el papel de Miguel. En este acto participó la intelectualidad internacional y se leyó la legendaria “Ponencia colectiva”, en la que mostraban su compromiso con la causa. Miguel se rodeó de figuras tales como: Tristan Tzara, Octavio Paz, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén... Según iba avanzando la guerra, el poeta oriolano comienza a realizar frecuentes viajes a Cox y a Alicante, que alterna con visitas a Madrid. En uno de sus viajes marcha a Moscú invitado por el Ministerio de Instrucción Pública. Sin duda, esto le marca y aparece en su obra. Hay un cambio en su obra: el tema social sigue presente pero la técnica poética ha evolucionado. Miguel, cada vez más pesimista, vuelca esa percepción negativa en su obra “El hombre acecha”. Siente que el final de la guerra y la República es inminente, a lo que añadimos la muerte de su primer hijo. A pesar de la insostenible situación, Miguel vuelve a recuperar el optimismo con el nacimiento de su segundo hijo. Como sabemos, volverá a su tierra para estar con su familia, sin embargo, será apresado y encarcelado. Su obra literaria es una de las razones por las que condenan a muerte al poeta. Como se afirmaba anteriormente, la cultura para Miguel debe huir de lo abstracto y, a manera de colofón, nos sirve esta definición suya:
“Todo teatro, toda poesía, todo arte, ha de ser, hoy
más que nunca, un arma de guerra”. María
Martínez
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Manuel
Ramón Vera Abadía, nació en Orihuela hace 38 años.
Es licenciado en Historia por la Facultad de Letras de la Universidad
de Murcia. Ha sido Premio Extraordinario en Historia Moderna y Contemporánea.
El motivo de esta entrevista tiene como objeto conocer más en
profundidad la vida y la obra de Miguel Hernández mientras estuvo
en el frente, que es el tema central del libro “Miguel Hernández
en el laberinto de la guerra civil”, cuyo autor es nuestro entrevistado.
1. ¿Qué significó para Miguel Hernández su nueva labor de tipo cultural de la tropa? En principio, fue dar un salto cualitativo, porque quizá significó realizar menos trabajos de tipo manual. Hay que recordar que cuando se alista, se va a ocupar en labores de fortificación, lo que hoy conoceríamos como zapador, ingeniero. Estaba excavando zanjas en las cercanías de Madrid, lo que entonces constituía el frente de Madrid, y él hizo una cosa que estaba muy mal vista en aquellos momentos, porque esas labores de fortificación se encargaban por un lado a lo que eran batallones disciplinarios, por un lado gente que había cometido algún tipo de falta o delito menos grave y por otro lado se utilizaban para pulir a gente que era algo tibia, reacia al régimen republicano para tratar de ablandar esos ánimos. Como digo fue algo importante porque quizá significó que él dejara de hacer este tipo de labores más esforzadas, más de tipo manual y que se dedicara por un lado a seguir cultivando en cierta forma sus capacidades y a hacer algo que le gustaba todavía más. 2. ¿Por qué cree que Miguel Hernández no prefirió un destino en el frente, cómodo y fácil como otros intelectuales de la época? Pienso que en principio tuvo una entereza personal, fue como diríamos hoy en día una persona de una sola pieza, y no acudió como tú bien dices en principio a ninguna amistad para que pudiera librarse o recibir un destino cómodo. Él era consciente de que iba a ser un conflicto muy sangriento y que había que arrimar el hombro. A nivel de lo que podía ser un intelectual hasta ese momento, sino a cualquier otro de los apartados de la sociedad, que era gente un tanto tibia que procuraba bien no alistarse o en caso de ir al frente tratar de tirar del enchufe o la amistad que fuera para estar lo más alejado de la primera línea por lo que hay muchos casos en que lo valoraron mucho y esas personas lo que hacían simplemente era un guiño hacia lo que ellos consideraban como la burguesía, la derecha y no podían estar tan bien valorados como Miguel. Podemos ver por ejemplo el caso de Rafael Alberti o alguien también tan cercano a nosotros como Juan Gil-Albert eran vistos por la tropa como una especie de señoritos que sí hacían cosas a favor de la República, pero que no estaban tan implicados ni tan metidos, ni se les podía ver tan de cerca en el frente como a nuestro poeta Miguel. 3. ¿Cómo pudo en condiciones tan adversas desarrollar una tarea tan importante? La verdad es que era algo difícil, el propio Antonio Aparicio que actuó digamos de secretario, de asistente en el frente, daba unas pistas de cómo se podía trabajar. Lo cierto es que de Miguel cuando se habla de su tarea en el frente quizá no deberíamos hablar de corresponsal, aunque se le menciona, se le da esa denominación, sino de una especie de enviado porque lo que elabora en el frente, hay que decir que en aquellos momentos no había una infraestructura como se conocía hoy día lo que es la prensa de guerra para enviar sus crónicas, no habían lógicamente ordenadores portátiles y comunicaciones vía satélite y entonces era todo como muy primitivo, ni siquiera se había llegado a utilizar en muchos campos la máquina de escribir en primera línea, como pocos años después se llegará a ver en muchas películas de propaganda en el bando aliado, que era como una cosa muy artesanal, de su lápiz, de su carpeta y de su cuartilla y elaborar la crónica en el momento, porque no caían bombas o no había tiroteos en la trinchera donde se encontraba. Él estuvo siempre en primerísima línea y muchas de sus composiciones le vienen sugeridas precisamente por las carnicerías, que estaban ocurriendo en esa primera línea, los tiroteos, bombardeos y cualquier salvajada que, como en cualquier guerra que haya, se dan. 4. ¿Qué le movería a anteponer sus ideales a su propia familia, cuando demostró que les amaba tanto? Precisamente yo creo que antepuso sus ideales a su propia familia, pensando que esos ideales eran suficientemente buenos como para eso y que podían contribuir a mejorar la situación de su familia, del país y que eso es lo que le lleva a luchar hasta el final. Él era muy consciente de lo que estaba pasando, de las limitaciones existentes en el bando republicano, y de lo que a nivel personal podía sucederle, porque sobre todo en ese momento se le había muerto un hijo, su mujer estaba embarazada esperando otro. Él está viendo que el panorama es muy negro y que en Europa no corren precisamente unos vientos propicios siquiera para la paz, el entendimiento y para la defensa del régimen republicano. Por otro lado hay levantamientos en distintos frentes y el bando nacional no consigue vencer en todos los sitios. En esos momentos iniciales antepone sentimientos de alegría, es que tengo que quedarme en Orihuela y tengo una novia y me voy a casar en cuanto pueda. Él piensa que hay que irse, que hay que dar el todo por el todo. 5. ¿Por qué su esposa Josefina Manresa no supo nunca valorar su trabajo? Yo pienso que quizá fue la falta de preparación. Ella fue una persona que por su situación personal, cultural, se puso muy pronto a trabajar para ayudar a su familia; su padre fallece, era guardia civil, ahí están los primeros compases de la guerra civil, su madre estaba muy enferma, tenía varios hermanos, algunos más pequeños que ella y entonces tuvo que ponerse a trabajar desde muy joven. Ese abandono temprano de los estudios generó su incomprensión, ella muchas veces le achacaba al que después sería su marido, a Miguel lo más conocido, su faceta poética. Siempre le achacaba que esos versicos, entre comillas, no les daría ningún beneficio. Incluso el propio Miguel en algunos momentos estaba centrado en la faceta teatral, que muchas veces es lo que hacía triunfar a los literatos en España o bien las novelas, porque eran cosas que se publicaban y generaban beneficios. Siempre le decía que por hacer “versicos” no iba a llegar a ningún lado. Al final obviamente sí llegó. 6. ¿Tuvieron los demás géneros literarios, cultivados por Miguel Hernández, como por ejemplo, su teatro y sus demás obras escritas en prosa, el mismo éxito que sus obras en verso? Principalmente a Miguel Hernández se le conoce por su faceta poética, de hecho fue el banderín de enganche cuando, en los años de franquismo, Joan Manuel Serrat sujeta a compás muchos de sus textos en muchas de sus canciones y muchas de las personas que empiezan a peinar canas y tienen hijos un poco mayores, por un lado para darse ínfulas de ser cultos y por otro lado para utilizarlas en los banquetes, para arrimarse y empezar a conquistar a las chicas de sus sueños. Quizá la poesía es lo que más fama le ha reportado y en segundo lugar habría que hablar de su teatro, que era bastante bueno en el que se nota esa evolución clara, con experimentación en distintos ámbitos. Esas dos facetas, como digo, primero poesía y después teatro, son las que más importancia tenían y eran muy conocidos y después de forma marginal ha quedado su prosa, tanto lo que son artículos y después lo que aparece en la prensa de guerra y otros tipos de artículos con los que trató ese esfuerzo de la guerra y propaganda, que quizá son los menos conocidos. Como te decía aparecen en la prensa de guerra, una prensa que está destinada a circular sólo en la línea del frente, en la primera línea y la participación en un diario de tirada muy amplia, como el diario “ El Sol”, en el que tuvo que colaborar con algunos intelectuales e incluso por eso sería más conocido en esas colaboraciones y en el diario de “La Verdad”, en el que precisamente surgió una publicación de ese primer libro, Ediciones Sudeste. 7. ¿Cree que la música de Joan Manuel Serrat ha contribuido a una mayor difusión de la poesía de Miguel tanto en España como fuera de ella? Yo creo que sí, es lo que yo te decía hace un momento, en un momento en que sus obras estaban proscritas, había que buscar por ahí un librero que te las importara y que tuviese un poco de tapadillo. Es lo que van tratando de hacer poco a poco, a sujetarse al compás en sus discos con un cantante con la categoría de Serrat, que fue seleccionado para participar en representación de España en el festival de Eurovisión y hacer que esa figura y esa producción de nuestro poeta se fuera conociendo más y mejor. 8. ¿Influyó en la vida y obra de Miguel Hernández su amistad con algunos poetas de la generación del 27 y en especial con Vicente Aleixandre? Sí, específicamente Vicente Aleixandre fue una de sus amistades más valiosas y cuando estaba en el frente de Madrid, él acudía cada vez que podía, ya que las comunicaciones en la sierra de Madrid y la zona en que Vicente estaba viviendo eran bastante complicadas y cuando se atrevía a visitarle (ya sabemos que Vicente padecía una enfermedad renal que la tuvo toda su vida) y Miguel también con esa personalidad tan arrolladora y a veces distendida, procuraba siempre que podía acercarse a llevarle alimentos, medicinas, incluso colaboró en el traslado de su casa cuando fue bombardeada. El propio Vicente lo cuenta. Hay otro pasaje que se cuenta también muy famoso de las naranjas de Orihuela, y que Miguel en vez de comérselas o repartirlas se las llevaba para que Vicente siempre tuviera ese aporte vitamínico que siempre se necesitaba y sobre todo en el caso de una persona enferma y en esos últimos momentos en que todo se desmoronaba, Miguel intenta huir, quizá también el regalo de boda que le hace Vicente, un reloj de oro y cuando intenta cruzar la frontera, unos gendarmes le dan una soberana paliza y le hacen confesar que ese reloj no es suyo y que es robado y Miguel ya ha sido apresado y a partir de ahí empezará su calvario particular. 9. ¿Cree que este libro, “Miguel Hernández en el laberinto de la guerra civil”, le ha servido al público para conocer más y mejor la vida y la obra de Miguel Hernández? Pues espero que sí le haya servido, pues como te decía hace un momento, se trata de arrojar un poquito de luz, sobre esa faceta que todavía estaba bastante oculta. Quién no conoce la poesía, quién no ha recitado o se ha emocionado cuando se le ha ido recitando la elegía a Ramón Sijé, el poema del niño yuntero o quién no ha asistido a una representación de sus autos sacramentales o ha visto algún otro acto de sus funciones teatrales. Son muy pocos los que han leído algunos de sus artículos, que publicó tanto en la prensa normal como en la de guerra, artículos que tienen bastante calidad. Sobre todo a mí me gustó desde el principio los artículos que se gestan en torno a la toma del Santuario de Nuestra Señora de Santa María de la Cabeza, y ahí es donde él dice lo que para él es un periodista en primera línea que toma nota fehaciente de todo y que se dedica a implicarse y se refleja lo que es verdad. 10. ¿Qué es lo que le ha motivado a llevar a cabo actividades tan diversas? Muchas
veces han surgido en el lugar y momento adecuados. 11. El trabajo que está haciendo en la actualidad, ¿tiene relación con Miguel Hernández? Ahora mismo en parte sí, porque estoy preparando un artículo y una publicación que está interesada en recoger un número y que saldrá en los meses de otoño y al mismo tiempo he vuelto a rejuvenecerme en un momento y he vuelto a estudiar, a preparar oposiciones. Tal vez trato de compaginarlo todo un poco.
David Rodríguez Ferrández
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| 'HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ' (CLUB THADER, 1971) | |||||||||
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En marzo de 1971, en el ya desaparecido Cine Riacho de Orihuela, celebró una semana de homenaje a Miguel Hernández. La organización corrió a cargo de la Asociación Cultural Tháder. Contó con el siguiente programa de actos y conferencias: Lunes
22: «Orihuela en Miguel Hernández», por José
Guillén. Todos estos actos contaron con una fuerte presencia policial. El presupuesto con que contaba el acto era muy escaso, incluso para poder pagar el alquiler del local; por otra parte, tampoco se podía recaudar dinero porque el acontecimiento era de carácter gratuito. Este acto no se vio exento de algún incidente, pero sin mayor trascendencia. Manuel Bas, presidente de la Asociación Cultural Tháder, fue interrogado a causa de la colocación de un cartel con la palabra socorro, escrita en rojo, con el que pretendía solicitar ayuda económica para el evento. Finalmente, estos acontecimientos no tuvieron mayores consecuencias. Esta revista, de ideal comunista, nació con este único número extraordinario para ofrecer un homenaje al poeta oriolano. La revista reflejó parte de lo que se realizó durante la semana del 17 al 27 de marzo. La revista estaba dirigida por Pepe Cases y Manuel Bas. Entre sus colaboradores, todos militantes comunistas, encontramos a E. Cerdán Tato, Francisco Salinas y a Enrique López, entre otros.También se encuentra José Guillén, de quien poseemos una conferencia que no llegó a publicarse en el boletín extraordinario. Esta conferencia puede ser resumida en los siguientes puntos: la ciudad de Orihuela, la religiosidad en Miguel Hernández, la relación entre el poeta y su esposa y amigos. En cuanto a la ciudad y sus percepciones sensoriales, el poeta toma muchos aspectos de Gabriel Miró, maestro de las descripciones sensoriales. Siempre se ha dicho que Miguel Hernández llegó a ser ateo, pero esto no fue así. Para Guillén García, el poeta comenzó con unas obras que, según Neruda, estaban ahogadas por su religiosidad, recordemos obras como «Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras»; o poemas como «A María Santísima» o «Eclipse celestial». Son composiciones poéticas donde se vislumbra la sabiduría teológica del poeta. En Miguel Hernández no encontramos un proceso de descristianización, sino que se trata, más bien, de un problema político y social. Quizás sus amigos de Madrid influyeran en su evolución teológica. Ha dos polos opuestos en la vida del poeta: por un lado, Pablo Neruda; por otro, su amigo Ramón Sijé. En otro apartado de la Conferencia de José Guillén, el ponente se centra en las figuras de sus amigos y familiares (esposa e hijos); el «Cancionero y romancero de ausencias» está inspirado en el recuerdo de la esposa amada, los versos del poema «Te me mueres de casta y de sencilla». El Club Tháder, tras una serie de malos acontecimientos, emprendió una nueva etapa en un local distinto. Esta etapa tampoco estuvo exenta de polémica. La portada de la revista ya es significativa. En ella resalta una fotografía de Miguel Hernández sonriente durante su estancia en Rusia, más concretamente ante la catedral de San Isaac en San Petersburgo. También es digna de mención la importancia de la inclusión de un poema inédito titulado «Al trabajo»; previo a este poema se encuentra, a modo de editorial, la introducción a dicho poema, cuya temática es propia del mundo del trabajo, pero con unos tintes bucólicos como el locus amœnus que aparece en la cuarta estrofa con reminiscencias gongorinas: «Ni cantando la poesía que destila el arroyuelo,/ y los campos solitarios, y el sereno azul del cielo/ y el sinfónico gorjeo del nocturno ruiseñor;/ y los prados, y el bullicio de las aguas ribereñas,/ y el sonido de la gaita del pastor entre las peñas/ y el momento del crepúsculo en el último estertor». En las páginas siguientes aparece un recorte de prensa bajo este mismo titular, «Recorte de prensa», el cual pertenece al periódico alicantino «Primera Página» y refleja la repercusión que tuvo el acontecimiento organizado por el grupo juvenil Club Tháder. «Miguel con el toro» es un artículo realizado por José Guillén, quien incluye un soneto del propio Miguel Hernández que pertenece al libro «El rayo que no cesa». El yo poético queda plenamente identificado con el sino del toro: «Como el toro he nacido para el luto y el dolor». Este sino queda vertebrado en cuatro ejes temáticos; estos son:
Francisco Salinas, bajo el marbete «El mejor homenaje», rememora su relación con el poeta oriolano, desde que lo conoció en la casa de Ramón Sijé, hasta sus últimos días en el Reformatorio de Alicante. Salinas homenajea al Miguel Hernández pastor en las últimas páginas del boletín especial con un romance que canta la muerte del poeta. De todos es conocido el talante autodidacto de Miguel; Enrique López hace una reflexión sobre la capacidad de aprendizaje del poeta, formado en la Universidad de la Vida. El autor de este artículo nos hace reflexionar en todas aquellas personas anónimas (artistas-poeta) que se pierden porque no hay quien los inicie. Finalmente, la revista se cierra con un poema de Miguel Ruiz que posee una estructura circular: «Quiero decir algo./ Quiero decir.../ 28 de marzo./ Recuerdo», en el cual se recuerda la fecha en que murió, prematuramente, Miguel Hernández. Como homenaje supuso para el mundo hernandiano una nueva aportación crítica de la obra, a la par que una revisión y difusión de la obra del poeta oriolano. Como los anteriores y posteriores homenajes que se realizaron, no estuvieron exentos de polémica. El Club Tháder era, para algunos, simplemente un lugar de asueto; para otros, una permanente mesa redonda en la que convergían todos sin discriminación alguna. En otros casos fue un lugar donde encontrar amigos, compañerismo, entusiasmo y afición al teatro. El acto de homenaje a Miguel Hernández fue el canto del cisne de la revista cultural Tháder. Finalmente, se vio sofocada por las presión de la Dictadura y desapareció. Existe una edición facsímil de la revista, publicada por la revista oriolana «La Lucerna» en marzo de 1992, con motivo del cincuentenario de la muerte de la muerte del poeta orcelitano. El homenaje tributado con la Semana-Homenaje a Miguel Hernández en marzo de 1971 tuvo una gran trascendencia local, pues hoy en día todavía se recuerdan los actos organizados con cariño. Desde el punto de vista crítico, el homenaje se enmarca dentro de la etapa de progresiva recuperación de la figura del poeta, en un contexto de paulatina apertura política y cultural. Los trabajos publicados en la revisa recogen aspectos reivindicativos desde una perspectiva local, que no localista. Antonio
Ignacio García
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