Octubre es un mes que viene cargado de días significativos, algunos de ellos señalados también dentro del calendario hernandiano. Comenzando por el día 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar y Día de la Hispanidad, y acabando el día 30, con el 95 aniversario del nacimiento de nuestro ilustre poeta.
El día 12 de octubre ha quedado instituido como “Día de la Hispanidad”. Se conmemora, de esta forma, la llegada, bajo el mando de Cristóbal Colón, de las naves españolas a costas americanas (arribaron, en primer lugar, a la isla de Guanahany, que él bautizó con el nombre de “La Española”). Cristóbal Colón no imaginó que, siguiendo la ruta marcada desde España, iba a llegar a un continente nuevo, desconocido, que terminaría llamándose América.
Es realmente el 12 de octubre el Día de la Hispanidad y de la raza Hispano-Americana.
Rubén Darío, hijo de la nueva España, resume, en pocas palabras, todo aquello que significa esa gran nación que se conoce como ‘Madre Patria’, y a la que los escritores hispanoamericanos deben agradecimiento y cariño:
mientras haya una viva pasión,
un noble empeño,
una imposible hazaña,
una América oculta que hallar,
vivirá España”.
Otra de las festividades en ese mismo día es la onomástica de la Virgen del Pilar, la Patrona de España. En la Vega Baja, se realizan varias romerías en su honor, en localidades como Benejúzar, Callosa de Segura, Pilar de la Horadada y Orihuela (Escorratel-Montepinar), que conmemora este año su 25 aniversario. Posiblemente, Miguel Hernández participase en alguna de estas romerías de la Vega Baja.
Ruta del viajero hernandiano. Ruta del Pilar
La relación de Miguel Hernández con otros autores hispanoamericanos como Pablo Neruda, Luis Enrique Délano, Raúl González Tuñón y Miguel Ángel Gómez, entre otros, marcará su trayectoria como poeta.
Para no confundir “Hispanidad” con “Españolidad” debemos diferenciar que “Hispanidad” define una comunidad de pueblos –de forma moral no racial- con un mismo estilo de vida, comulgando no por la biología, sino por un espíritu común. Es una realidad histórico-social, compuesta por un conjunto de pueblos, entre los que se encuentra España, que a pesar de vivir en diferentes territorios, comparten sin embargo una forma de ser análoga. Así pues, “Hispanidad” no sería algo ni material, ni inmaterial, ni siquiera psicológico, sino, más bien, un compendio de idea y cultura.
Es por ello que hay un cierto estilo peculiar que invade toda la obra de los autores hispanoamericanos.
Pablo Neruda, amigo entrañable de Miguel, nació en 1904, en Chile. Ambos son poetas de obra, aunque en el caso de Miguel su prematura muerte nos impida saber la cumbre que hubiese alcanzado. Sus biografías son muy distintas, pues Neruda fue hombre triunfador y traducido a casi todos los idiomas, receptor de doctorados por distintas y prestigiosas universidades, condenado por distintos gobiernos y galardonado con el prestigioso premio Nobel en 1971; mientras que la existencia de Miguel se truncó debido a la guerra civil, recibiendo en vida pocos triunfos y muchos sinsabores.
La relación entre ambos fue muy intensa. Neruda, que también era de origen humilde –hijo de un ferroviario-, encontró en él un reflejo de la sencillez. Además, ambos eran autodidactas, y aunque existiera entre ellos diferencia de edad y de experiencias poseían un origen común. Neruda siempre quiso a Miguel como a un hijo, mejor, como a un hermano menor.

La muerte de Miguel causó en Neruda un gran dolor, llegando a pensar que algunos poetas e intelectuales españoles no sólo habían traicionado la noble causa del pueblo español, sino que se habían mantenido impasibles e indiferentes ante el calvario que había sufrido el poeta oriolano.
Cuando el chileno nos habla de Miguel en sus memorias, comienza refiriéndose al momento en que ambos se conocieron: fue en el segundo viaje que hizo Miguel a Madrid, a finales de julio de 1934. Por esta época, Miguel había escrito y editado Perito en lunas, y su auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras. El poeta oriolano se encontraba bajo unos criterios personales de formación cristiana, debido a su cerrada educación en Orihuela, y Neruda, aunque ateo por convicción, no impidió que entre sus distintas posiciones se establecieran una puente de simpatía y amistad.
Miguel tenía seis años menos que Neruda y, por ello, mucha menos experiencia; por el contrario, Neruda había viajado mucho y empezaba ya a vivir con cierta holgura. Mientras Miguel vivió de muy mala manera, incluso llegando a pasar hambre durante su estancia en Madrid.
La influencia de Neruda en Miguel fue decisiva para su evolución como poeta, hasta hacerle cambiar de estilo.
Podemos ver el sincero afecto que el chileno sentía por Hernández en una carta que le envía el 4 de enero de 1935, mostrándole su afecto e incluso prometiéndole un espacio en la revista Caballo Verde para la Poesía:
“No sabe lo que sentí su partida de pronto. Ya buscaba un lugar donde viviera Ud. con Cotapos, nuestro gran camarada. Cómo van esas cosas? A Federico imposible hablarle estos días, con su estreno esta muy ocupado. Querido Miguel, siento decirle que no me gusta El gallo Crisis, le hallo demasiado olor a iglesia ahogado en incienso. Qué pesado se pone el mundo, por un lado los poetas comunistas por el otro los católicos y por suerte en medio Miguel Hernández hablando de ruiseñores y de cabras! Ya haremos revista aquí, querido pastor, y grandes cosas. Hay esto, me quedo en Madrid en definitiva donde le espero queriéndole mucho.”
Pablo Neruda además habló con el Vizconde de Mamblas –Jefe de Relaciones Culturales del Ministerio de Estado- para poder aliviar la situación económica del poeta.
Miguel Hernández conocía muy de cerca de Pablo Neruda, presentando perfectamente los problemas que tenía en el texto titulado “Pablo Neruda, poeta del amor”:
“ Lo he visto sufrir y he compartido con él el pan y su sufrimiento y los de cada uno, y he compartido con él los tiempos decisivos de mi poesía. La suya ha sido una profunda enseñanza y una profunda experiencia para mi”.
Miguel fue, además, uno de los firmantes del homenaje a Pablo Neruda de los poetas españoles en 1935.
La casa de Neruda fue siempre un punto de reunión con amigos argentinos como Ricardo Molinari y Raúl González Tuñón, quienes prometen a Miguel estrenar en Buenas Aires la obra Los hijos de la piedra.
En 1936, Miguel es detenido por la guardia civil; su pobre indumentaria hace que le confundan con un vagabundo. En El Socialista, del día 16 de enero, y bajo el título “Protesta a favor del poeta Miguel Hernández”, los intelectuales expresarán su disconformidad con esta detención. Uno de ellos, como no podía ser de otra manera, fue Pablo Neruda.
Miguel pudo salir de la cárcel gracias a una llamada que realizó a una persona que a su vez llamó a Pablo Neruda –que era cónsul de Chile en España-. Para devolverle el favor, Hernández intenta que los versos de su amigo Pablo Neruda lleguen a una nueva revista que ha nacido en Orihuela, denominada Silbo.
Gracias a las amistades de Miguel en Madrid la revista contará con colaboradores de gran renombre: Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Luis Enrique Délano, Juan Ramón Jiménez, Carmen Conde, y Maruja Mallo al frente de las ilustraciones.
Miguel dedica su libro El hombre acecha a su amigo Pablo:
“Pablo: te oigo, te recuerdo en esa tierra tuya (...) oigo tus pasos hechos a cruzar la noche, que vuelven a sonar sobre las losas de Madrid, junto a Federico, a Vicente, a Delia, a mí mismo. Y recuerdo a nuestro alrededor aquellas madrugadas, cuando amanecíamos dentro del azul de un topacio de carne universal, en el umbral de la taberna confuso de llanto y escarcha, como viudos y heridos de la luna.
Pablo: un rosal sombrío viene y se cierne sobre mí, sobre una cuna familiar que se desfonda poco a poco, hasta entreverse dentro de ellas, además de un niño de sufrimiento, el fondo de la tierra”.
Miguel contó también con el apoyo importantísimo de Carlos Morla Lynch, que intentó convencerlo para que aceptara asilo político en Chile, e incluso le ofreció refugio en su embajada, pero el poeta no aceptó el ofrecimiento.
En la poesía y prosa de Neruda también veremos numerosas alusiones a su amigo Miguel.
Según Saúl Yurkievich, en la obra de nuestro poeta Miguel Hernández vemos la influencia de su amigo Pablo Neruda a través de los sonetos de amor que Pablo escribe a Matilde Urrutia (Cien sonetos de amor), <<los sonetos están trabajados al modo de Miguel Hernández, con la rítmica y la retórica quevedesca pero con osadía metafórica de cuño moderno>>.
Gunther Castanedo Pfeiffer nos dice que “si bien es cierto que siempre se menciona a Neruda como el factor de cambio de Miguel, hay que ser serios y saber que en realidad el oriolano se adelantó en su poesía política a Neruda. Neruda sí influyó en Miguel en sentidos de técnica poética, pero el primero que escribe poesía política es Miguel”.
Otro de los amigos hispanoamericanos de Miguel será Luis Enrique Délano, escritor que exploró diferentes géneros literarios, y periodista también en el diario El Mercurio, del que fue corresponsal en el extranjero.
Sus obras tendían a ir de lo real a lo fantástico, tendencia conocida como imaginismo, que posteriormente cambió pasando a escribir sobre la problemática social. Como lo podemos ver en su obra Puerto de fuego (1956).
Según Julio Gálvez, fue amigo también de García Lorca y de toda la generación del 27. A su regreso a Chile organizó los primeros comités de ayuda a la República española, que fueron la base de la Alianza de Intelectuales, donde se comenzó a publicar una revista, "Aurora de Chile".
La sección española de la Alianza de Intelectuales era muy activa y su tarea no se reducía a relacionar a los escritores y artistas de todo el mundo levantados en armas por la causa republicana, sino que su acción interna era muy intensa también.
"El Mono Azul" llegó a tener una sección famosa, “El romancero de la guerra civil”, para cantar las hazañas de los héroes del ejercito del pueblo. Se publicaron en ella romances de Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Bergamín, Lorenzo Varela, Aleixandre, Rafael Alberti y algunos poemas de Miguel Hernández de los que formaron parte del libro Viento del pueblo.
En una de las visitas que Miguel hizo a Luis Enrique Délano, vestido con un capote militar, y su uniforme de comisario del Quinto Regimiento, le contó que andaba con licencia por un par de días y que en el frente arengaba a los soldados y les leía versos.
Raúl González Tuñón fue otro de los amigos hispanoamericanos de nuestro poeta. Se conocieron a principios de 1935, en el almuerzo ofrecido por un grupo de escritores y artistas hispanos a Vicente Aleixandre, con motivo de la obtención del Premio Nacional de Literatura por su libro La destrucción o el amor.

Se volvieron a ver al día siguiente, en la peña de Federico García Lorca, que se reunía en la Cervecería de Correos. Desde entonces, allí, y a veces en la casa de Neruda, se veían casi a diario. Nos cuenta de Miguel que su afán no tenía reposo: afán de vivir, de escribir, de leer, de indagar.
En muchas ocasiones ambos fueron juntos a una taberna que había descubierto Miguel para degustar el vino de la tierra.
Nos relata Raúl que otro de los recuerdos inolvidables que guarda es que, a finales de noviembre, Federico organizó un banquete en su honor en la tasca de siempre, en la calle de La Luna, donde estaban todos sus amigos de la Cervecería de Correos. Fue cuando Miguel Hernández, al finalizar, pasó por debajo de la mesa un papel a Gerardo Diego, con un poema dedicado a él, totalmente distinto en cuanto a temática y lejos ya del tono elegiaco. La sorpresa fue generalizada. Diego lo leyó subido a una silla posteriormente, aquel proceso culminaría nada menos que con Viento del pueblo.
Raúl González Tuñón también nos cuenta: “Fuera del país, si no descubrí a Miguel Hernández, pues antes ya lo habían hecho Neruda y Aleixandre, intervine estimulándolo, en su tránsito de los sonetos muy brillantes, pero dentro de una retórica tradicional, a ‘Viento del pueblo’, gran libro, en el que se anunciaba como la nueva voz de la poesía española”.
También vemos la amistad entre ambos escritores al firmar un escrito en 1935, junto a otros escritores y artistas de diversas creencias e ideas políticas, donde señalaban la crueldad e injusticia de la condena que había recaído sobre su compañero Raúl, pues se le condenaba a dos años de prisión condicional por la publicación de un poema titulado “Las brigadas de choque”. Protestaban por este nuevo ultraje a la libertad de expresión, que constituía su más sagrado e inalienable derecho.
Según González Tuñón, en las conversaciones que tenían en la Cervecería de Correos ya se discutía la doble función de la poesía: la belleza y la acción social; Miguel Hernández apoyaba abiertamente esta opinión.
A través de una carta escrita por Miguel Hernández, fechada en 1936, vemos la buena relación que tenía con su también amigo y poeta Miguel Ángel Gómez. La mencionada carta fue publicada en la revista argentina El Jabalí, en 1995, y nos muestra datos sumamente reveladores de la posición política de Hernández y sus relaciones literarias con destacados escritores. También podemos ver en esa carta que no se olvida de su amigo Raúl González Tuñón y de su familia.
María José Lidón



