Miembro del Jurado del “Premio Nacional de Poesía”
Ángel Luis Prieto de Paula, nacido en Ledesma (Salamanca), es doctor en Filología Hispánica, así como profesor de literatura española en la Universidad de Alicante, perteneciendo al departamento de Filología Española, Lingüística General y Teoría de la Literatura. Especializado en las corrientes poéticas de la lírica española actual, también es poeta, ensayista y colaborador asiduo del suplemento literario “Babelia”, del diario El País. Autor de libros de investigación como La lira de Arión : de poesía y poetas españoles del siglo XX, publicado por la Universidad de Alicante, La llama y la ceniza : introducción a la poesía de Claudio Rodríguez, publicado por la Universidad de Salamanca o Musa del 68 : claves de una generación poética, publicado por Hiperión, así como distintos estudios sobre Tomás de Iriarte, una edición de la obra poética de Garcilaso de la Vega o del poeta latino Tito Lucrecio Caro. De entre sus poemarios publicados destacaremos Ortigia, en la editorial Taifa, o Compás del vacío, en Aguaclara.
1. ¿Cuál es su valoración de los trabajos presentados al Premio?
Hay un grueso de trabajos, como en todos los certámenes, que no llega a dar la calidad media. Pero sí hay seis u ocho trabajos, los finalistas, que sí son muy dignos. Lo que sucede es que resulta bien difícil optar por uno frente a los demás, pues ya no se mide en función de la calidad sino de las diferencias estilísticas. Es decir, que estamos ante libros muy dignos, sobre todo los tres últimos, pero que respondían a estéticas muy diferentes. Y claro, resulta muy difícil tratar de poner de acuerdo a todo el mundo, pues sobre una calidad parangonable, y más o menos semejante, debíamos decidir según sus estéticas. Por lo tanto, a pesar de que podrían haber obtenido el premio los otros dos trabajos, sólo había un premio y no tres.
2. ¿Qué podría destacar de la obra que ha salido ganadora?
Yo destacaría dos o tres rasgos que me llamaron la atención desde el principio. El primero es que tiene un aliento musical muy bien conducido a lo largo de todo el libro. Es decir, estamos ante un libro con poemas muy buenos y que no tiene poemas malos; y eso es algo que no siempre ocurre, pues había otros títulos que tenían poemas excelentes, pero que en cambio también tenían altibajos, que siempre refrenan un poco el entusiasmo. Entonces, este poemario es un libro musicalmente muy bien conducido. Nosotros no sabíamos que se trataba de un profesor, no sé si de un latinista, pues creo que tiene alguna publicación con poemas latinos, pero lo que sí era evidente es que tiene un conocimiento de la tradición clásica bastante pronunciado. Y, en este sentido, estamos ante un libro que, aunque no convencional, sí inserto en una tradición reconocible, muy bien conducido y llevado, de temática amorosa y con algún apunte social también. Así, no es el típico libro de poeta joven, en la medida en que tiene destellos pero también abundantes fallos, sino de un poeta bastante formado ya.
3. ¿Qué opinión le merece el “Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández”?
Tengo sentimientos contradictorios, porque a mí me parece necesario hacer que afloren las voces nuevas y, en este sentido, un premio de poesía joven es un premio que me parece muy bien porque permite esa emergencia a la superficie, al escaparate de la poesía, de poetas que, en otras circunstancias, tendrían muy difícil llegar a publicar. Y, como he dicho, tengo sentimientos contradictorios con este tipo de certámenes, y no con este en concreto, pues creo que en un certamen poético, y dado que hay tantísimos poetas y tantas voces intercambiables, no hay que apuntarse necesariamente a premiar cualquier cosa por el hecho de que sea joven, sino por el hecho de que sea bueno.
En este sentido, tenemos tanto espléndidos libros de poetas jóvenes como malísimos libros de poetas con mucho oficio, y opino que el libro que aquí ha obtenido el premio es un buen libro de un poeta prometedor.
4. ¿Cual es la opinión que le merece el certamen en su dimensión más global, teniendo en cuenta las tres categorías que lo conforman?
Muy bien, pues se trata de una iniciativa muy afortunada que debe continuarse y también afianzarse. Se ha dicho muchas veces que los premios deben tener un prestigio dependiendo de cual sea su dotación, dependiendo del jurado que lo conforme o de las instituciones que lo apoyen. Pero yo, en este sentido, opino que el prestigio de los premios, de los certámenes, lo confieren los ganadores. Si hay dos o tres años en los que los ganadores son voces, ya no digo reconocidas, pero voces que en el futuro puedan llegar a serlo, el premio irá hacia delante. Y por esta razón es muy importante tanto la tarea de las instituciones como la de la propia elección de un jurado solvente, con el fin de que el fallo, lo que convencionalmente se entiende por fallo, no sea un “fallo”, un error.
5. Sabemos que imparte clases de Literatura Española del siglo XX en la Universidad de Alicante. ¿De qué manera encara la figura de Miguel Hernández desde su labor docente?
La convención me exige que hable muy bien de Miguel Hernández, pero aquí no lo hago por convención, sino por convicción, y en las clases también. Miguel Hernández es un poeta del que he dicho alguna vez que llega tarde y que muere pronto, pero sobre todo que llega tarde, en el sentido de que cuando comienza a publicar en el año 33 sus compañeros, un poco mayores que él pero compañeros, y que comparten el mismo “humus” espiritual y cultural que Miguel Hernández, ya han pasado por las etapas por las que él empieza a pasar. De tal manera, se podría decir que Miguel Hernández es un poeta que está “a la penúltima” cuando empieza a publicar. Estaba relegado, sin apenas contactos culturales, y sin embrago su extraordinario talento poético, que yo creo que es algo que nadie puede poner en duda, le hizo quemar etapas a una velocidad casi de vértigo; y en apenas diez años de producción pasa por la poesía pura o la gongorina, tiende hacia el surrealismo, aboga en un momento de su trayectoria por la poesía social y concluye con los poemas de la cárcel que, en mi opinión, son una de las cumbres de la poesía europea del siglo XX.
Lo que sucede a la hora de encarar su figura es que Miguel Hernández tiene un claro problema de ubicación. Pues aunque Dámaso Alonso dijera de él que era “el genial epígono de la generación del 27”, lo cierto es que nace diez, doce o más años después que el resto de poetas de dicha generación, y si lo vinculamos con los que coetáneamente son poetas de su generación, por ejemplo Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales o Dionisio Ridruejo, pues tiene el problema de que concluyó su trayectoria, por causas bien conocidas por otro lado, mucho antes de que los otros hubiesen publicado las que serían sus obras mayores (porque los poetas de la generación cronológica de Miguel Hernández publican sus obras más importantes en el año 49). Lo que ocurre entonces es que si el concepto de tramos generacionales, de tramos cronológicos, se utiliza por afanes pedagógicos y no literarios, Miguel Hernández quedó un poco a horcajadas entre los que le preceden, pero con los que va también en simultaneidad estética (los poetas de las vanguardias o el 27) y los que tiene su misma edad pero que van a publicar sus obras en la posguerra, cuando él ya no puede hacerlo. En ese sentido diríamos, desde el punto de vista de la convención académica o pedagógica, que está desubicado. Pero eso tampoco supone un problema definitivo, pues los grandes poetas, y es el caso por ejemplo de Juan Ramón Jiménez, y desde luego es también el caso de Miguel Hernández, los grandes poetas como digo no están recogidos en “capazos generacionales”.
6 ¿Cuál es la opinión que le merecen las actividades que desde la Fundación Cultural Miguel Hernández se vienen promoviendo?
Para ser sincero, tengo que admitir que no las conozco demasiado, pero del conocimiento que tengo de ellas a mí me parecen muy bien. Aunque eso sí, todo lo que hagan me parecerá siempre poco, aunque se haga tanto como se hace, que es bastante, e incluso si se hiciera mucho más. Pero me parece muy bien, en definitiva, y yo desde luego animo a todo el mundo que esté involucrado en esta tarea a que no decaiga en su entusiasmo.
Mariló Avila
Óscar Moreno



