
Después de realizarle a mi entrevistada Llum Quiñonero una serie de preguntas, como buena periodista me contesto sintetizando de modo directo y clarao, por ello, creo conveniente transcribir mi encuentro cibernético tal cual ella me contesto a lo que le demandaba.
Soy licenciada en Historia por la Universidad de Alicante y me dedico al periodismo desde 1983. Viajar y escribir han sido las constantes de mi vida profesional. En la actualidad colaboro con el diario El Mundo y publico mis artículos en diferentes revistas. He dedicado años a la investigación sobre la guerra civil española, especialmente al papel de las mujeres durante la contienda y a las consecuencias de la derrota republicana. En 1996 dirigí la exposición sobre Mujeres y guerra Civil para el Ayuntamiento de Barcelona. En 1999, el programa La Noche Temática de TVE y el canal ARTE produjeron el documental Mujeres del 36, del que soy autora. En la actualidad, está pendiente de ver la luz un título sobre el mismo tema, que será editado por Foca, de ediciones Akal. Luces del mar, una investigación sobre la vida en los faros alicantinos y La Soldado Quiñóá, editado por La Esfera, son dos de mis últimos títulos.
He vivido en Madrid, Barcelona en la actualidad resido en mi ciudad, Alicante, donde sigo escribiendo.
De Miguel Hernández supe cuando todavía estaba en el colegio, gracias a Don Fernando Martínez, mi profesor de griego y Literatura Entonces, hablo de los años de mi adolescencia, entre 1966 y 1970, Miguel Hernández era un nombre que se decía casi clandestinamente. Fue él , Don Fernando, quien nos leyó la Elegía a Ramón Sijé y a mi no se me olvidó jamás aquel momento. En cuanto pude me compré sus libros pero eso fue algunos años después. Don Fernando, por amor al poeta, arriesgaba su trabajo en aquel colegio de monjas en el que impartía sus clases. Yo, que empezaba a conocer el mundo en el que vivía, le agradezco su pasión por la Literatura y por Miguel.
Los poemas de Miguel Hernández acompañaron mi juventud. No sólo por lo que dicen, no sólo porque los asociábamos a la lucha por la Democracia, también y sobre todo por la fuerza emocional que trasmite,, por el desnudo profundo de sus emociones cargadas de imágenes cercanas y de figuras y aromas reconocibles; las palmeras, los limones, las higueras, la muerte, el amor, la cebolla, la amistad, la lucha por una vida digna, la tierra propia, el amor a los suyos.
Escribir para mi es un oficio pero sobre todo es una forma necesaria de expresión. Contar historias, descubrir en el otro, en la otra, a un igual, poner de manifiesto que somos semejantes vestidos con trajes diferentes, eso es para mi escribir y eso es lo que trato de hacer cuando cuento historias, sea para un reportaje social o de viaje, o se trate de una historia de vida o de ficción.
Participé de la lucha por la Democracia en este país y me impliqué en la defensa de los derechos de las mujeres. Aún recuerdo las carreras delante de la Guardia Civil cuando en 1976 participé en el Homenaje a Miguel Hernández y no había forma de llegAar hata Orihuela, cn las carreteras llenas de controles. Miguel seguía siendo entonces un peligro. Pero esos tiempos terminaron.
Desde 1975 hasta hoy hemos pasado por un periodo de cambios y transformaciones sin parangón en la historia reciente. Todos los cambios que fueron frustrados tras la derrota republicana y que se aplazaron durante la dictadura, se han alcanzado en estos 30 años. Se trata de cambios que afectan al marco legal pero que empiezan a ser parte también de la vida social y emocional de este país. Miguel Hernández y toda su generación son también artífices de esta nueva sociedad, por la que arriesgaron sus vidas. Sus poemas son patrimonio de todos, un instrumento de libertad porque están construidos desde la libertad por que ese es el territorio de cualquier artista.
De Miguel nos queda su obra, sus palabras, sus poemas, universales, cargados de vida, de dolor, de amor y de emoción.
Que en Orihuela, su pueblo, se haya creado una fundación sobre Miguel y su obra es un paso fundamental para recuperar la memoria de un poeta grande. Pone de manifiesto la verdad incuestionable de que no hubo cárcel capaz de encerrar la fuerza de sus versos. Difundir su obra es una tarea necesaria, en la que merece la pena implicarse.



