Miguel Hernández, La Libertad, Fiesta de Moros y Cristianos.

Este mes de julio viene cargado de acontecimientos, tanto en un ámbito geográfico amplio, como en un ámbito más local, referente a la ciudad de Orihuela. Acontecimientos diferentes y a la vez con algo en común como es la búsqueda de la libertad en un amplio sentido de la palabra.

El día 4 de julio se celebra lo que los americanos llaman la Fiesta de la Independencia (4 de julio de 1776), firmada por el Congreso que formaban los trece estados miembros de América del Norte; con ella se declaraba oficial y formalmente que estas colonias eran estados libres e independientes no sujetos al Gobierno y mandato de Gran Bretaña.

Del mismo modo, el 14 de este mes se celebra en Francia la Toma de la Bastilla (14 julio de 1789), acontecimiento clave que dio comienzo a la Revolución Francesa; ésta era una prisión símbolo del poder autoritario y absoluto del monarca francés. Durante este acto revolucionario la Bastilla fue destruida y demolida.

La Asamblea Nacional elaboró “La Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano”, que proclamaban la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los hombres y la soberanía nacional.

Este lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, es una herencia directa del Siglo de las Luces, llegado hasta nosotros y que aún proclamamos, todos, en algún momento de nuestra vida.

Doscientos años después –4 julio de 1976- la ONU, reunida en Argel y con convencimiento pleno de que, para conseguir un respeto efectivo de los Derechos del Hombre debe haber libertad para todos los pueblos, redactaron la “Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos”, otra referencia más en la libertad de la persona y del conjunto de la misma.

Por ello, queremos enlazar a nuestro querido poeta Miguel con la Libertad; ya que no podemos entender su evolución poética si no apreciamos en él esa búsqueda incesante en su obra.

Otro acontecimiento que nos afecta, aunque sólo a nivel local, es “La fiesta de la Reconquista” (más conocida popularmente como “Fiesta de Moros y Cristianos”). Estas fiestas se celebran en Orihuela durante los días adyacentes al 17 de julio, día grande de la fiesta (conocido como “Día del Pájaro”); también podríamos verla como otra fiesta de la Libertad, donde Orihuela fue liberada de la Conquista Morisca.

Pero, vayamos paso a paso, veamos cuál fue la búsqueda que Miguel realizó en pro de la libertad.

En Miguel Hernández, el camino hacia la libertad se inicia en su adolescencia cuando intenta liberarse de la férrea disciplina impuesta por su padre para poder dedicarse a su vocación. También corta con su vinculación religiosa por su formación en el Colegio de los jesuitas, como manifiesta en el poema “Sonreídme”:

Me libré de los templos: sonreídme,
donde me consumía con tristeza de lámpara
encerrado en el poco aire de los sagrarios
”.

Los poemas de Viento del pueblo, llaman, con tono épico y exaltado de todos en defensa de los ideales de justicia y de libertad y, de forma especial, a la juventud. El poeta alcanza momentos más patéticos en los poemas de contenido social en los que vuelca su desconsolado corazón.

Para Sánchez Vidal, si en Viento del pueblo predomina la faceta optimista, entusiasta, combativa y llena de esperanza en la victoria del conflicto, El hombre acecha es el envés de esa visión con su desalentador balance: el odio, las cárceles, los heridos, han sustituido a la fraternidad, la libertad y la sangre fecunda. La prolongada guerra ha hecho mella en el ánimo del poeta y de todos los que se ven implicados en ella.

Al inicio de la guerra civil, Miguel tiene que cortar con su tierra y su gente para incorporarse al ejercito republicano. Si tuviésemos que resumir en una las distintas motivaciones que le animaron a defender con su pluma y su vida la causa republicana ésta sería, sin lugar a dudas, la Libertad. Así lo razona el propio Miguel en el poema “El herido”, donde hace una declaración de principios a favor de la libertad, condición indispensable para que pueda existir una paz duradera y una justicia social consolidada:

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal generoso y cautivo,
doy a los cirujanos
”.

El poeta se convierte en soldado, pero no renuncia a su condición de escritor que se siente solidario con el pueblo que combate a favor de la libertad. Ahora, su pluma se ha transformado en un arma de propaganda y de lucha.

Una vez finalizada la guerra, ve mermado su mayor tesoro –su libertad-, Miguel es detenido y encarcelado:

¿Qué hice para que me pusieran
a mi vida tanta cárcel?
”.

Las cárceles representan la negación de la libertad. Por ello, nuestro poeta requiere la unión de todo el pueblo para luchar contra ellas:

Porque un pueblo ha gritado, ¡libertad!, vuela el cielo.
Y las cárceles vuelan
”.

En el año 1939, Manuel Altolaguirre recibe la falsa noticia de la muerte de Miguel: con este motivo publica un libro a modo de antología bajo el nombre de Sino sangriento, donde pretendía homenajear al poeta oriolano. Dentro de este libro, uno de los poemas lleva el mismo título, “Sino sangriento”, donde encontramos diferentes alusiones a la muerte.

“Me persigue la sangre, ácida fiera,
desde que fui fundado,
y aún antes de que fuera
preferido, empujado”(...)

Según Vicki Barm, “Una dulce y triunfante libertad se apodera de aquellos que saben que van a morir pronto”. A pesar de tanta cárcel y tanta cadena, Miguel, revelándose con todas sus fuerzas, proclama su libertad por encima de todas las ataduras en el poema “Antes del odio”.

“Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicios en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.
No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.

Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor”.

La última producción poética de Miguel Hernández se realiza durante su periodo carcelario (1939-1942), lo que le influye de forma definitiva en su creación literaria. A las escasas y limitadas posibilidades materiales para desarrollar su trabajo, hay que unir el natural desánimo producido por la falta de libertad y, sobre todo, el progresivo deterioro de su salud que, finalmente, provocaría su muerte. A pesar de todo, continúa su labor poética que plasma en diversos poemarios que no verán la luz hasta después de su muerte. En su libro Cancionero y romancero de ausencias, los estudios hernandianos coinciden en que es un compendio de tres heridas o ausencias que sufre Miguel en las cárceles: la ausencia de su hijo muerto, la ausencia de sus familiares y amigos, y la ausencia de la libertad.

También en esos últimos poemas vemos reflejados estos sentimientos, su lenguaje aunque algo más rico que el utilizado en el Cancionero y romancero de ausencias, no deja de ser sobrio y conciso. Donde no falta un canto de amor que ha acompañado toda la vida del poeta:

“Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda”.

Y este amor va unido irremediablemente con la libertad simbolizada en el vuelo de las aves:

“Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Amar. Pero, ¿quién ama? Volar. Pero ¿quién vuela?”.

Tras la muerte de Josefina Manresa, en 1987, fueron trasladados los restos de Miguel Hernández a un nuevo panteón en el cementerio municipal alicantino donde reposa junto a su esposa y su hijo. Sobre una lápida blanca se lee el siguiente verso hernandiano que sintetiza toda su vida:

“Libre soy, siénteme libre sólo por amor”.

Ahora vamos a ver cómo algunos autores ven esta faceta de la libertad en nuestro poeta.

Según José A. Serrano Segura: “Es la de Miguel Hernández una de las figuras más atractivas de la Generación del 36. Su breve trayectoria vital; su verdad de hombre, de la que fue dejando muestras en todas sus actuaciones; su poesía, apasionada en ocasiones hasta la desesperación, serena en otras hasta el desaliento; humana y verdadera siempre, han hecho del poeta un símbolo para las jóvenes generaciones de las últimas décadas. Porque de alguna manera, Miguel Hernández encarna la figura del poeta de la libertad.

Miguel es una figura en el sentido de que lucha desesperadamente a favor del amor, de la justicia y de la libertad; es decir, en defensa del hombre”.

Odón Betanzos Palacios nos dice: “Los poemas de cárceles duelen en todas direcciones; en el alma, en el gesto, en el cuerpo, en la mirada. Un hombre hecho para medirse con la libertad reducido a las miserias de cuatro paredes, un corazón hecho para amar, con rejas y cerrojos. El “Último rincón” es para el poeta, “rincón para el sol más grande, / sepultura de esta vida/ donde tus ojos no caben”. En ese pozo negro de soledad e injusticias se muere el poeta sin libertad, sangrando de amor”.

Para Leopoldo de Luis, la poesía de Miguel puede verse bajo el enunciado de los derechos humanos: el trabajo, la libertad, la justicia, la solidaridad, la paz.

El pasado 2 de junio de 2005, tuvo lugar en la sede de la Fundación Cultural Miguel Hernández la proyección del documental y coloquio titulado “Mujeres en pie de guerra” que formaba parte, de las III Jornadas que organiza el Ateneo Vientos del Pueblo, donde pudimos ver y oír la voz de las mujeres que, como nuestro poeta, lucharon por la libertad: Sara Berenguer, María Salvo, Rosa Laviña, Rosa Díaz, Neus Catalá, Teresa Buígues y Carmé Merçona Puig Antich. Algunas de ellas trabajaban para la revista Mujeres Libres.

Epicteto de Frigio decía: “Sólo el hombre culto es libre”, la cultura como sinónimo de libertad.

La Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE, en junio de 1999, dedicó a Miguel Hernández su III Festival Poético por la Paz y Libertad. Nos dicen que es indudable que los grandes cambios, las grandes convulsiones, las grandes transformaciones de la historia, las sanas revoluciones, las han hecho siempre los poetas.

En cuanto a la celebración en Orihuela de las fiestas de Moros y Cristianos que se desarrollarán este año entre los días 10 y 17 de julio. Estas fiestas datan de 1400, siglo y medio después de que fuese reconquistada Orihuela, fue el Concejo de la Ciudad quien acordó conmemorarla por primera vez, con la autorización del Obispo de Cartagena don Fernando de Pedrosa. Las fiestas, tal y como las conocemos actualmente, cumplen este año su 31 aniversario.

En el revista Voluntad, en 1930 (año I, nº 9, 15-7-1930), el “Día del Pájaro”, como día grande de las fiestas, mantiene muchas similitudes con la forma de celebrarlo actualmente: “En las primeras horas de la mañana del Día del Pájaro, es colocado el estandarte en el balcón principal del ayuntamiento. Y después de anunciar las campanas de todas las torres y los morteros disparados en la sierra de la histórica señera saluda a la ciudad es conducida procesionalmente primero desde el ayuntamiento a la catedral y después de la catedral a la iglesia de Santas Justa y Rufina, acompañada de ambos cabildos municipal y catedralicio y seguida de la muchedumbre que la aclama precedida de la banda de música que toca sin cesar”.

La leyenda de la Armengola es una de las bases más importantes de esta fiesta. Desde 1991 existe el nombramiento de la Armengola, en la fiesta, que se le otorga a una mujer oriolana que ese año representa la figura principal y emblemática de esta heroína.

Según cuenta la leyenda, esta mujer era la esposa de Pedro Armengol, nodriza de una de los hijos del alcaide moro del castillo, Aben-Mohor. El alcaide le otorga a la Armengola el derecho de refugiarse en el castillo, junto con su familia, para protegerse de la masacre, que iban a llevar a cabo contra los cristianos del Arrabal Roig (Rabaloche). Aprovechando este permiso del alcaide moro, la Armengola baja al barrio cristiano, avisa a los habitantes y urde un plan para engañar a los moros del castillo; viste a dos hombres con ropa de mujer para no suscitar sospechas, y de esta forma se introducen en el castillo matando a cuantos centinelas encontraban a su paso.

Esta fecha del 16 de julio por la noche es víspera de la festividad de las Santas Justa y Rufina, patronas de Sevilla; como cuenta la leyenda, estas dos santas aparecieron en el firmamento a modo de luceros, iluminando ambas torres del castillo en aquella oscura noche. Toda esta leyenda se mantiene a través de la tradición oral y popular.

Parece, pues, que la mención más antigua que nos queda de la leyenda de la Armengola y de su hazaña es la contenida en las Trobes de mosén Jaime Febrer, poeta valenciano que se supone floreció a finales del siglo XIII.

En cuanto a la reconquista de Orihuela, según los datos históricos recogidos en los compendios de la antigua Sala de la Ciudad de Orihuela, desde el año 1353, en el cual sólo se nombra el Libro del Repartimiento, en el que no se menciona la figura de la Armengola. Historiadores como mosén Bellot y el dominico Fray Luis Galiana se apoyaban en el Libro del Repartimiento para demostrar la inexistencia de la figura de la Armengola, ya que no aparecía como persona recompensada con heredades por meritos de guerra durante aquella reconquista -que es lo que recogía dicho libro.

Aunque posiblemente la realidad histórica ha sido suplantada por la leyenda, alimentada por la pasión y el cariño de los oriolanos a su fiesta. Nuestro poeta Miguel Hernández dedicó un poema a la heroica Armengola, titulado “La Reconquista”, publicado por primera vez en la revista Voluntad, en 1930, donde nos relata los acontecimientos de aquella reconquista de forma apasionada.

Aben-Mohor, en el castillo ingente
del cual es él alcaide omnipotente,
advierte que la invicta
y católica prole de Orihuela
a sus tiranas leyes se rebela,
y esta sentencia irrevocable dicta:
¡Oh, mi guerrera y valerosa grey...!
Pues que no quieren acatar mi ley
esos tigres, vergüenza de Mahoma,
¡matadlos! y mostradme sus despojos
antes que de un día nuevo vean mis ojos
la luz dorada que en oriente asoma...
¡Que no quede uno solo con la vida
de esa rebelde raza aborrecida
que mi maldición es y mi desdoro!
Esto dice feroz el agareno,
e impávido y sereno
húndese en su sitial de seda y oro.
¡Ay, pueblo de Orihuela! ¡Cómo ignoras
la horrible trama que las furias moras
han concebido para disolverte!
¡Cómo vives ajeno de trastorno
sin ver que de ti en torno
su vuelo funeral alza la muerte...!
Mas no; que una hija tuya fiel y hermosa,
altiva y valerosa
cual la misma Leona de Castilla,
que del infante del visir malvado
ha tiempo está al cuidado,
advertida del plan, que maravilla,
le causa al par que espanto,
otro ella peregrina en su quebranto
idea, acepta, traza
y lo emprende con tino y diligencia
del alcaide acudiendo a la presencia,
decidida a salvar su noble raza...
¡Señor! Diz que exijiste que perezcan
las oriolanas gentes cuando crezcan
las sombras y florezcan las estrellas;
¡por Mahoma que esta bien que lo exijas!
Mas ¿dejarás morir a mis dos hijas
y a mi esposo con ellas...?
¿Permitirás que quede triste y sola
la infeliz Armengola...?
¡Oh espejo de Alá a quien mi voz dirijo,
no acepte tal tu espíritu sereno!
Recuerda que con sangre de mi seno
medrando está tu hijo...
Si lo olvidas, señor, si ves con calma
que pierdo lo que es alma de mi alma,
no te extrañe si al puro fulgor blanco
con que la aurora los espacios llena,
ves desde una alta almena
mi cuerpo en los abismos de un barranco...
Esto dice a los pies del moro en tanto
que brillante de llanto
entre las manos la mejilla esconde;
y el moro, tras mirarla un breve instante,
pausado y arrogante,
sin ver que se traiciona, le responde:
¡Por Mahoma que más no has de apenarte!
Parte en buen hora hacia tu choza, parte
y conduce hasta aquí tu tribu amada:
más ..., júrame antes, jura
que por tu boca sonrosada y pura
los sentenciados no han de saber nada...
-Yo os prometo ¡oh señor! que por mi boca
nada sabrán.- En su alegría loca
que ahogar procura, exclama con firmeza...
Sale; abandona el sólido castillo,
desciende el Arrabal, y su sencillo
plan, animosa con su gente empieza.
Avisa al hijo del monarca santo
que en la ganada Murcia se halla; en tanto
apresta a su oriolana brava gente
a la lucha como un segundo Marte,
y al castillo con tres valientes parte,
tres disfrazados convenientemente...

La noche ya ganó la excelsa altura
y los cuatro deslízanse en la oscura
sombra con precauciones bien prolijas
hasta la entrada de la fortaleza...
¿Quién va...? –dice una voz con aspereza.
¡La Armengola y sus hijas!
Sin advertir el moro lo postizo
tiende aprestado el puente levadizo
para que la heroína pasar pueda:
y es él el que primero
al ancho filo de un cortante acero
por la montaña atravesado rueda.
De los tres oriolanos precedida
atraviesa los salones la atrevida
e iluminada hembra:
y cual el huracán que se desata
aquí hiere, derriba allí, allá mata
y en todas partes el espanto siembra...

Cuando el alba rompiendo los cendales
de sombras en los diáfanos cristales
del cielo muestra su fulgor divino,
vese como tremola mansamente,
sobre almena insolente,
el lábaro triunfal de Constantino.
Es la señal que aguarda Alfonso el Sabio,
que con trémulo labio
a sus huestes que lleguen les ordena
a la ciudad, donde los ya vencidos
moros lanzan rugidos
de rabia, de odio y pena.
Y llega a la ciudad el regio infante;
y cuando ante sí tiene a la arrogante
mujer, por la que el lábaro tremola
triunfal, le grita a la oriolana gente
<<¡De Teodomiro digno descendiente
eres...! ¡Pero más digna, tú, Armengola

Mª José Lidón
Trini Ruiz
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