HEMOS LEÍDO...

Cancionero y romancero de ausencias


A un precio módico, y al alcance de cualquier lector, iniciado o no, que quiera vérselas, frente a frente, con esos en ocasiones temidos “clásicos”, el diario El País ha venido editando, en un número de cincuenta, las que bajo su opinión son las obras magnas de la literatura española, desde que esta existe, en edición de bolsillo, y con prólogo introductorio “para todos los públicos”. Obras que, a buen seguro, todos hemos leído, o hemos oído hablar de ellas, y que regresan ahora en esta colección; incluyendo el Poema de Mío Cid, el Burlador de Sevilla, de Tirso o El perro del hortelano, de Lope de Vega, el Lazarillo y el Buscón, Fortunata y Jacinta, El Árbol de la Ciencia o La Colmena, así como Poeta en Nueva York o incluso La arboleda perdida, de Alberti. Número redondo, cincuenta obras, que, lamentablemente, excluye obras de gran trascendencia, pero tampoco es este ni el momento ni el lugar para emitir ninguna apreciación acerca de éste u otro canon literario al uso. Lo que realmente nos atañe es que, con el número 44 de esa colección, se edite el Cancionero y romancero de ausencias de nuestro poeta Miguel Hernández. Así, y con una cebolla en la portada, uno de los símbolos inmortales de la poética de Hernández a partir precisamente de esta obra, inicia el lector sus andanzas por CRA, su obra póstuma, escrita en condiciones extremas, con la angustia y el temor a flor de piel, y con esa ausencia de los suyos que le consumía allá en las cárceles que tuvo que habitar en tan funestos momentos.

La introducción, a cargo de David Monteira Arias, se inicia con una sorprendente incursión en las principales causas que propiciaron el estallido, en 1936, de la guerra civil en España. Dicho comienzo podría hacernos pensar que el autor trata de crear el contexto adecuado en el que insertará el Cancionero y romancero de ausencias, obra imposible de entender si obviamos la guerra y sus consecuencias; mas no era esta, en ningún caso, su intención, pues a pesar de hacer referencia a sucesos como la pérdida de las colonias en el 98, el agotamiento monárquico, la dictadura de Primo de Rivera o la instauración de la II República, comienza directamente con una breve biografía del oriolano, en la que, en apenas doce páginas, realiza una breve revisión a su trayectoria tanto vital como literaria, desde su nacimiento hasta la muerte. Además, no deja de resultarnos significativo que la obra que está siendo objeto del prólogo no reciba mucha más atención que otras del autor; Así, Perito en lunas, El hombre acecha o Quién te ha visto y quién te ve, por ejemplo, reciben la misma atención por parte de Monteira que la que recibe el Cancionero... Todo ello nos hace pensar que quizás la introducción podría haber sido más apropiada, quizás, para una antología poética del oriolano, y no para una obra en concreto, pues si la pretensión fue la de acercar al lector a la figura de Miguel Hernández, y la obra escogida es el Cancionero y romancero de ausencias, que tiene unas circunstancias de producción y edición tan singulares, y en la que las propias circunstancias personales de Miguel son de capital importancia, se debería haber incidido más en ella. Quizás debamos buscar la causa en las intenciones claramente divulgativas, ya no sólo de la edición de esta obra en particular, sino de toda la colección en general.

Con motivo de la edición del Cancionero y romancero de ausencias, en su estudio introductorio Animal del mediodía, que Pablo Jauralde Pou y Pablo Moíño García prepararon a comienzos de este año 2005, ya dedicamos un artículo a tratar de desentrañar las partes más importantes, así como las cualidades más significativas, de CRA. Es por ello que, con motivo de la edición de la obra que se nos presenta en la colección de El País, centraremos nuestra atención en las distintas ediciones críticas que de la obra ha habido, en un intento por tratar de poner orden a la obra más caótica, en cuanto a ediciones críticas se refiere, de todas las de Miguel Hernández.

El Cancionero y romancero de ausencias es una obra inacabada y desordenada, relegada forzosamente a un injusto olvido crítico; y éste es un factor que ni podemos ni debemos pasar por alto a la hora de encarar cualquier estudio crítico de la obra, y que además genera una serie de dificultades, que a continuación pasaremos a desgranar, y que logran que CRA se erija en la obra más confusa, desde el punto de vista crítico, de todas las de Miguel Hernández. En primer lugar, no se sabe con exactitud, aunque se pueda llegar a intuir algo al respecto, cuál era la intención de Miguel con respecto a los materiales que dejó escritos; al no poder ordenarlos él mismo, ha sido ésta una labor exclusiva de los editores, que se han visto en la difícil tesitura que supone dar forma y sentido unitario a unos documentos que, a pesar de que en la mente de su autor sí lo tuviesen, no fue así por escrito, por no poder llevar a cabo Miguel la revisión crítica que toda obra requiere. Además también desconocemos cuál era el punto de elaboración en el que se encontraba la obra en el momento de su muerte; pues, normalmente, un escritor no suele dar una estructura cohesionada a su obra de una sola vez, sino que va escribiendo, desechando y añadiendo poemas, hasta que por fin da con el total de poemas a incluir

La siguiente pieza de este puzzle en que, en ocasiones, se torna CRA, es ese cuadernillo que Miguel entregó a Josefina, tras su primera y única salida de la cárcel (aquella libertad que disfrutó en septiembre de 1939, y que sería la última). El cuadernillo es, en palabras de José Carlos Rovira, “de tipo escolar, rayado y con tapas grisáceas”, y consta de 66 páginas; de ellas, algunas fueron arrancadas, quedando las restantes, unas cincuenta, escritas por Miguel, y cuatro más transcritas por medio de dos escrituras distintas, posiblemente de sus compañeros prisión, que se encargaron de transcribirlas una vez muerto Miguel. Estamos, pues, ante el cuadernillo original en el que escribió sus composiciones; el único que seguramente sí fuera escrito con una clara, aunque inicial y no pulida, idea de llegar a ser una obra en sí misma. El frágil soporte, el estar escrito a lápiz y repasado a tinta, con anotaciones al margen, o el presentar multitud de tachaduras, en parte ilegibles, son algunas de esas dificultades a las que antes nos referíamos, y que hacen que esta obra sea sin duda, más complicada a nivel textual que El rayo que no cesa, El hombre acecha o Viento del pueblo, por ejemplo, que sí recibieron ese “visto bueno” por parte de su autor.

Todas estas vicisitudes que acabamos de nombrar han incidido directamente en las ediciones que de la obra se han realizado. Éstas, espaciadas en el tiempo y con un corpus de poemas que va variando según la edición que manejemos. La primera vez que se publican algunos poemas del Cancionero y romancero de ausencias es en la Obra escogida de la editorial Aguilar, con prólogo de Arturo del Hoyo, en 1952; poemas sueltos, sin rigor crítico alguno y con poco o ningún afán por aportar luz a la situación. Tanto ésta como la edición posterior, de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, en una compilación de 1976 de la obra poética de Miguel, seguirán el cuadernillo original, pero en un orden que se ve alterado en ocasiones, con inclusiones y exclusiones de poemas sin más motivo que el propio criterio de los editores.

Es en 1958 cuando ve la luz la primera edición del Cancionero y romancero de ausencias, publicada por la editorial Lautaro de Buenos Aires, siendo el paraguayo Elvio Romero quien se encargó de su edición. En ella, encontramos la división del corpus original en dos partes, tituladas “CRA I” y “CRA II”: la primera parte contiene 103 poesías, tituladas por su número correspondiente; la segunda, incluye 16 poesías, con un título más claro y una extensión mayor (en este grupo se incluyen “Nanas”, “Ascensión de la escoba” o “Hijo de la luz y de la sombra”). Resulta reseñable el hecho de que Elvio Romero no se preocupara en absoluto por la edición crítica de la obra; pues no cotejó materiales, ni numeró las poesías, ni hizo, en ningún caso, valoraciones críticas sobre su edición en el mismo prólogo. Errores que, de todos modos, pueden resultar comprensibles, por tratarse como se trata de una primera edición, y por su lejanía de los manuscritos.

Será en 1978 cuando vuelva a ver la luz el Cancionero... siguiendo ese cuadernillo original, y publicado por José Carlos Rovira en la editorial Lumen primero, pero también en 1985, y en edición facsimilar, por el Instituto de Estudios Juan Gil-Albert. Rovira incluye 79 poemas, numerados según el orden original, e incluyendo además “La lluvia” e “Hijo de la luz y de la sombra” (además de las “Nanas de la cebolla”, que el poeta enviara a su mujer desde la prisión de Torrijos). Estamos, para Rovira, ante un manuscrito inacabado, pero con un sentido unitario, pues él lo concibió como obra en sí misma, y el hecho de que pidiese a Josefina que conservase los originales que le había entregado no hace sino confirmar dicha afirmación.

Otro apunte importante para acabar de encajar las piezas de este rompecabezas lo encontramos en 1979, en la edición que de las Poesías completas de Miguel llevara a cabo Agustín Sánchez Vidal, uno de los expertos con más renombre dentro del mundo del hernandismo. El profesor Sánchez Vidal incluyó, dentro del corpus original de CRA, lo que llegó a denominar “serie B2”; esto es, una serie de manuscritos, escritos entre 1937 y 1941, en cuartillas numeradas, de la uno a la veinte, y que el propio Miguel ya titulara como Cancionero de ausencias. La duda de si planeaba editar otra obra independiente a la anteriormente mencionada, o si, en cambio, su proyecto consistía en aglutinar todos esos poemas en un mismo conjunto, será algo que nunca lleguemos a conocer, por desgracia, con certeza. Aún así, y por los datos que hemos manejado hasta el momento, resulta mucho más verosímil la segunda, siendo ese Cancionero de ausencias un anexo al primer CRA, que se encontraba todavía en fase de gestación.

Aunque la postura de Sánchez Vidal pueda mantener divergencias con la de Rovira, no se opone a ella, e incluso podríamos llegar a considerarlas complementarias; prueba de ello es el hecho de que trabajaran juntos en la edición de la Obra completa, de Miguel Hernández, publicada en Espasa Calpe en 1992. Y es precisamente esta edición, que engloba ambos planteamientos, la que siguieron, en rasgos generales, ediciones posteriores como la de Jauralde Pou y Moíño Sánchez, o la que aquí nos ocupa de la colección del diario El País. Pues el CRA que aparece en esas obras completas incluye el ya famoso cuadernillo original, titulado por el propio Miguel Cancionero y romancero de ausencias, pero también el Cancionero de ausencias; además, incluye un apartado para los llamados Poemas últimos, que no tienen una adscripción clara hasta el momento, y también para otros poemas del ciclo, que a pesar de que aparezcan tachados resultan legibles.

En la ya mencionada edición de Jauralde y Moíño, los autores manejan, con muy pocas variaciones, el cuadernillo facsímil que editara Rovira en 1985 y, además, añaden, a la manera de esa Obra completa de 1992, el Cancionero de ausencias, al que agregan algunas poesías más (llegando a sumar treinta en total, y con una numeración, en números romanos, de los propios editores). Esta edición, con su prolijo estudio introductorio Animal del mediodía, es una de las más completas, ambiciosas y rigurosas de las ediciones que se han llevado a cabo hasta el momento, pero bien es cierto que cuenta con la base que aportan todos los estudios que previamente hicieran tanto Rovira como Sánchez Vidal; estudios que no han tenido más que ir puliendo.

En último lugar, nos dedicaremos a la edición de la colección de El País, la cual, en cuanto al número de poesías incluidas, es la más completa de las aparecidas hasta el momento. Pero su problema radica, fundamentalmente, en dos cuestiones de peso. La primera, el poco rigor crítico seguido a la hora de tratar las poesías, no haciendo mención alguna, en el prólogo, a la laboriosa tarea que supuso dar forma y coherencia, sentido y unidad, si se quiere, a la obra. La segunda estriba en el hecho de que se hayan incluido todas las poesías del ciclo que se conservan, aglutinadas en distintos apéndices; y resulta ciertamente difícil llegar a incluirlas todas, pues las ediciones anteriores a ésta, y a pesar de llegar a converger en algunos puntos, no son exactamente iguales, ni el número de poemas incluidos ni en la ordenación de los mismos. Por tanto, presentar todas las poesías, de modo compacto, sin justificar qué razones se han seguido para hacerlo es, de algún modo, desmerecer el tremendo esfuerzo que supuso, para los anteriores editores, moldear las distintas series de poemas que existían.

Concluyendo, hemos intentado acercar este proceso de reconstrucción de una obra que, por sus difíciles circunstancias y por la muerte, que cercenó cualquier posible proceso de correcciones por parte de Miguel, ha supuesto, para los distintos críticos que han acometido su edición, un trabajo concienzudo y costoso. Quién sabe qué hubiese sido de esta obra de haber sido finalizada por Miguel Hernández; posiblemente se hubiese convertido en la más grande y mejor de todas las que escribiera. Pero resulta un vano esfuerzo realizar preguntas de este calado, pues de otra manera cuán grande hubiese sido la figura de nuestro poeta de no haber truncado la guerra, y sus consecuencias, su siempre noble y apasionada vida.

Óscar Moreno
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EL SEGUNDO "VIAJE A LA URSS" DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Según el profesor de la Universidad Lingüística de Moscú, el español Andrés Santana Arribas, en la antigua Unión Soviética “nunca su publicó íntegramente ninguna obra de Miguel Hernández traducida al ruso. En 1970, la editorial ‘Judozhestviennaia Literatura’ editó una antología poética traducida por Vladímir Reznichenko, siendo posteriormente la poesía hernandiana parte integrante de varias antologías de poesía española, siendo la más completa de 1977, editada también por la mencionada editorial, y la más reciente de 1984, publicada por la editorial ‘Ráduga’. En la actualidad, no existe ninguna obra de Miguel Hernández en el mercado editorial de Rusia ni la C.E.I. (Comunidad de Estados Independientes), integrada por las antiguas repúblicas que formaron la Unión Soviética”.

Si el poeta de Orihuela visitó en persona la antigua Unión Soviética en 1937, podríamos decir que en los años setenta hizo “un segundo viaje” a este país, a raíz de publicarse allí., por primera vez, parte de su obra en las dos antologías mencionadas. La antología de 1977 que hemos leído nos permite conocer cómo se concebía la vida y obra de Miguel Hernández en el vasto territorio de aquella nación, cuyos dirigentes utilizaban el perfil de Miguel, así como de otros escritores, políticos y artistas del mundo, para hacer proselitismo del sistema político vigente en el país, el sistema dictatorial implantado por Vladímir Ulianov ‘Lenin’.

Esta antología forma parte de la colección ‘Biblioteca de Literatura Mundial’, editada en los años setenta por la citada editorial ‘Judozhestviennaia Literatura’ (‘Literatura Artística’), con dirección en Nov.-Basmanaia, 19, Moscú, B-78. Esta antología conforma el tomo 143, titulado ‘Poetas españoles del siglo XX(‘Ispanskie poeti dvadtzatova vieka’). Este tomo se publicó en el año 1977 en Moscú, está escrito íntegramente en lengua rusa y reproduce parte de la obra poética de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti y el propio Miguel Hernández. El redactor de la obra fue T. Blanter; la redactora artística, L. Kalitovskaia; la redactora técnica, L. Platonova; y las correctoras, O. Emelianova y Z. Tijonova. La antología cuenta con un total de 719 páginas, tuvo una tirada de 303.000 ejemplares y está encuadernada en tela. Además lleva el canto superior de sus páginas en color grisáceo y en el lomo van escritos, en letras doradas, los nombres de los cinco poetas
españoles. El precio de esta antología era de 4 rublos y 30 kopeks. Teniendo en cuenta el tipo de encuadernación y lo elevado de su precio para la época en que se publicó, puede decirse que se trata de una edición de lujo.

Portada de la antología sovietica

El tomo se estructura en cuatro partes. La introducción (pp. 5-25), bajo el título ‘Cinco poetas españoles’ (‘Piat ispanskij poetaf’), fue redactada por I. Terterian y L. Ospovat, que hacen un repaso por la vida y aportación literaria y social de estos autores dentro del convulso mundo que les tocó vivir. La segunda parte (pp. 27-662) está dedicada, por este orden, a la selección poética (‘Stijatvarieniya’) de la obra de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Miguel Hernández. Los poemas hernandianos se incluyen entre las páginas 585 y 662. En tercer lugar, hay un capítulo denominado ‘Notas’ (‘Primiechaniya’) (pp. 663-689), a cargo de los mencionados Terterian y Ospovat, donde se hace una breve reseña biográfica de los cinco escritores, así como una explicación aclaratoria para el ciudadano de habla rusa de la terminología usada por estos poetas en sus obras. De Miguel Hernández se habla en las páginas 687 a 689. Después hay un apartado (‘K iliustratziyam’) (pp. 689-690), firmado por K. Panas, sobre los artistas contemporáneos españoles, cuyas obras se incluyen en las páginas de esta antología, tales como Ramón Casas, Joaquín Sorolla, José Gutiérrez Solana, Ignacio Zuloaga, Juan Gris, Juan Miró, Manuel Prieto, Alberto Sánchez Pérez, Aurelio Arteta y Pablo Picasso. Se representan personajes y motivos muy variopintos de nuestro país, como toreros y picadores, mujeres ataviadas con trajes típicos, obreros, motivos de la guerra civil y obras abstractas. Por último, hay un detallado índice (pp. 691-718) y una última página que recoge los datos técnicos de la publicación (editorial, redactores, tirada ...).

En la introducción, Terterian y Ospovat afirman que “la poesía española de la primera mitad del siglo XX presenta su propio grupo histórico y artístico. Históricamente los cinco poetas incluidos en este tomo sufrieron la tragedia de la nación española como consecuencia del franquismo, que trajo la destrucción. El entorno artístico siempre tuvo conciencia y se declaró reiteradamente a favor de los poetas, a pesar de cualquier conflicto personal y polémica literaria (...) Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado son considerados como los maestros de García Lorca, Alberti y Miguel Hernández (...) En momentos críticos, ayudaron a los jóvenes poetas”. Después los autores realizan un repaso por la actividad literaria y revolucionaria de cada uno de ellos. Sólo nos haremos eco aquí de las alusiones al poeta de Orihuela. En la página 6, se dice que “ ... Antonio Machado, Rafael Alberti y Miguel Hernández sirvieron a la Segunda República desinteresadamente todos los años de la guerra, vivieron y trabajaron en el frente (...) Alberti y Hernández fueron comisarios, agitadores, escribieron poemas para los periódicos del frente y piezas para el teatro itinerante de la época (...) Capturado por los franquistas, Miguel Hernández murió en 1942 en una celda después de tres años de torturas”.

En la página 16, vuelven las referencias al poeta oriolano. Tras hablar sobre Jiménez y Machado, se dice que “ ... la siguiente generación de poetas incluidos en este tomo, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Miguel Hernández, entró en la literatura después de la Primera Guerra Mundial. La catástrofe de la época llegó a ser evidente, la crisis nacional concienció a toda la intelectualidad sobre la descomposición del sistema capitalista mundial”.

Es ya en la página 23 donde esta antología rusa entra más en detalle sobre los entresijos personales, literarios y políticos del poeta oriolano. Escriben Terterian y Ospovat que “Miguel Hernández , el amigo pequeño de García Lorca y Alberti, llegó a la poesía poco antes de la guerra civil. El muchacho campesino, autodidacta, consiguió sus conocimientos con abnegación. Es posible por eso que al principio, con entusiasmo, imite a Góngora, Quevedo, Calderón, ... al ‘estilo oscuro’ del barroco español del siglo XVII. Las complicaciones técnicas del estilo español le dan rarezas con facilidad. El primitivo Hernández es el jeroglífico poético complicado de la metáfora, de las figuras estilísticas rebuscadas, de arcaísmos y artificios verbales”. Después añaden que “el amor transformó su poesía. Incluso el ambiente de sus sonetos (el huerto, los labradores, los campos, el bosque, ...) encuentra la dificultad y aspereza del mundo real. En la amorosa lírica, se abre la personalidad auténtica del poeta, versos sobre el amor dividido, recíproco, feliz”. En otro párrafo, los autores abordan otra faceta hernandiana, señalando que “el modo tradicional de la poesía española del toro -personificación de la furia de la pasión- se revaloriza con Hernández: un toro llora su propia perdición. El poeta (¿quizá porque fue campesino pastor?) -se preguntan Terterian y Ospovat- se identifica con el toro, con el sacrificio de la corrida”. A continuación, añaden que “Miguel Hernández vive con desmesura. Así, él fue maximalista, exigente, un hombre que amó toda la vida a la misma mujer. Su desmesura buscó un cauce. El se dedicó con pasión, en su temprana juventud, a la religión, después a la poesía, al amor”.

Sobre el cambio que experimentó posteriormente, agregan que “en enero del año 1936, Hernández escribió en la reseña al libro ‘Residencia en la tierra’ de Pablo Neruda que ‘la poesía no es cuestión de consonante: es cuestión de corazón (...) Estoy harto de tanto arte menor y puro. Me emociona ahora la confusión desordenada y caótica de la Biblia, en la cual veo espectáculos grandes, cataclismos, desventuras, mundos revueltos y oigo alaridos y derrumbamientos de sangre’. La tristeza por la poesía épica, en la vida y en el arte, resuena en estas palabras. En la tragedia nacional, acaecida en España, el poeta realmente se encontró así mismo. En el prólogo de ‘Teatro en la guerra’ (1937), Hernández escribe: ‘ el 18 de julio de 1936, frente al movimiento de los militares traidores, yo, poeta, y conmigo mi poesía, entramos en el trance más doloroso y trabajoso, pero al mismo tiempo más glorioso de nuestra vida. Hasta entonces no fui un poeta revolucionario en toda la extensión de la palabra y del pensamiento. Había escrito versos y dramas de exaltación al trabajo y de condena de la burguesía, pero aquel 18 de julio de 1936 me arrastró a esgrimir mi poesía como arma de combate’. En la poesía republicana de los años de guerra, los poemas de Hernández se distinguen por la impetuosidad de la juventud, con el énfasis de las canciones antiguas épicas y con un cierto descubrimiento de sinceridad”.

La antología prosigue diciendo que “el héroe de los últimos libros de Hernández es él mismo, aquel miliciano que recibió en sus hombros toda la desmesurada carga de la guerra y del fascismo. Al principio, los combates; después, la prisión en las cárceles franquistas, experimentando todas las privaciones y suplicios, sufriendo por la tierra natal, por la esposa, por el hambre y la miseria del hijo (...) ‘Romancero y cancionero de ausencias’ se llama el último libro de Hernández. Es difícil medir la responsabilidad de esta denominación. Así ‘Romancero’ y ‘Cancionero’ es la colección de romances y canciones nacionales, tesoro de la cultura nacional de España”. Hay que aclarar que los autores soviéticos anteponen aquí la palabra ‘romancero’ a ‘cancionero’, mientras que en otras partes de la antología utilizan el verdadero título hernandiano de ‘Cancionero y romancero de ausencias’. Prosiguen señalando Terterian y Ospovat que “en los años de la guerra, los poetas españoles formaron la crónica de los hechos con un estilo que denominaron ‘Romancero de la guerra civil’. Hernández encuentra la verdad en tal título, porque su destino, su separación de la patria chica, del amor y del hijo es al mismo tiempo el general y personal destino español y él lo canta con una fuerza clara. El agónico libro de Hernández es terminante y definitivo, una evidencia suprema de la unidad de la poesía española (...) El verso romance, un poco monótono y ligero, como el movimiento de las olas marinas, es necesario para los poetas y para el solemne réquiem, para el recuerdo de los amigos caídos y para la tristeza amarga en el exilio. Con estos versos llega un gran soplo de sentimiento y pensamiento, un soplo de la historia del pueblo español. Y con la canción llega la suprema sabiduría y tranquilidad. En los años 50 y 60, para la literatura española llegó el momento de la replica, de las nuevas voces (...) En los años penosos de la dictadura franquista, la juventud de España buscó el conocimiento en la obra de estos cinco grandes poetas españoles (...) Uno de los primeros actos de consolidación de las fuerzas de la intelectualidad antifranquista estuvo relacionado con Antonio Machado: en 1959, el día del vigésimo aniversario de la muerte del poeta, en el cementerio de Collioure, se reunieron los emigrantes republicanos y los escritores llegados de España para tomar parte en una fiesta mitin. Los trabajos de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Miguel Hernandez han llegado a ser clásicos mundiales reconocidos (...)”.


Versión en ruso del célebre poema hernandiano "las nanas de la cebolla"

A continuación, en el apartado dedicado a la selección poética de los autores, se incluyen los siguientes poemas hernandianos:

1.- DE LAS ‘POESÍAS DE JUVENTUD’ (traducidos por P. Grushko):

-‘Limón’
-‘Toro’
-‘Olores’
-‘Venus’
-‘Reloj rústico’

2.- DEL LIBRO ‘PERITO EN LUNAS’ (1933) (traducidos por V. Reznichenko):

-‘Sandía’ (XVII)
-‘Plenilunio’ (XXXI)
-‘Noria’ (XXXII)
-‘Huevo’ (XXXIV)

Estos poemas aparecen en la antología rusa sin título, que nosotros añadimos para una mejor identificación de los mismos. Es muy posible que los autores no conocieran un ejemplar de ‘Perito en lunas’, propiedad de un oriolano apellidado Andreu, en el que el propio Miguel había escrito a mano los títulos de los poemas. Este libro fue descubierto por Juan Cano Ballesta cuando investigaba para realizar su tesis doctoral de 1962.

3.- DE LAS POESÍAS DE LOS AÑOS 1933-1934:

-‘ODA-al minero burlona’ (traducción de P. Grushko)
-‘CORRIDA-real’ (traducción de P. Grushko)
-‘A mi Josefina’ (traducción de Y. Moritz)
-‘El silbo de la llaga perfecta’ (traducción de P. Grushko)
-‘El silbo de las ligaduras’ (traducción de P. Grushko)

El tercer poema citado es titulado así en la antología, cuando realmente lleva por nombre ‘Tus cartas son un vino’. Además, la dedicatoria completa es ‘A mi gran Josefina adorada’.

Dentro de este periodo, los autores incluyen también las obras:

‘IMAGEN DE TU HUELLA’ (1934):
-‘Mis ojos sin tus ojos ...’ (traducción de P. Grushko)

‘SILBO VULNERADO’ (1934) (traducción de V. Reznichenko):
-‘Gozar y no morirse de contento ...’
-‘Cada vez que te veo entre las flores ...’
-‘Un acontecimiento de osadía ...’
-‘Pájaro vulnerado de repente ...’
-‘Ni a sol ni a sombra ...’
-‘La pena hace silbar ...’

4.- DEL LIBRO ‘EL RAYO QUE NO CESA’ (1934-1935).

-‘Un carnívoro cuchillo ...’ (traducción de A. Geleskul)
-‘¿No cesará este rayo ...?’ (traducción de B. Dubin)
-‘Me llamo barro ...’ (traducción de M. Iarmush)
-‘Yo se que ver y oir ...’ (traducción de B. Dubin)

5.- DE LOS POEMAS DE LOS AÑOS 1935-1936 (traducción de P. Grushko):

-‘A Raúl González Tuñón’
-‘Me sobra el corazón’
-‘Sonreídme’

6.- DEL LIBRO ‘VIENTO DEL PUEBLO’ (1937):

-‘Elegía primera’ (traducción de O. Savich)
-‘Vientos del pueblo me llevan’ (traducción de A. Geleskul)
-‘El niño yuntero’ (traducción de K. Azadovskiy)
-‘Nuestra juventud no muere’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Al soldado internacional’ (traducción de A. Geleskul)
-‘Las manos’ (traducción de M. Iarmush)
-‘El sudor’ (traducción de Y. Moritz)
-‘El incendio’ (traducción de P. Grushko)
-‘Canción del esposo soldado’ (traducción de P. Grushko)
-‘Pasionaria’ (traducción de V. Reznichenko)

7.- DEL LIBRO ‘EL HOMBRE ACECHA’ (1937-1939):

-‘Canción primera’ (traducción de O. Savich)
-‘Llamo al toro de España’ (traducción de P. Grushko)
-‘El herido’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Carta’ (traducción de O. Savich)
-‘Las cárceles’ (traducción de D. Samoilov)
-‘Pueblo’ (traducción de D. Samoilov)
-‘El tren de los heridos’ (traducción de D. Samoilov)
-‘18 de julio 1936-18 de julio 1938’ (traducción de O. Savich)
-‘Canción última’ (traducción de O. Savich)

8.- DEL LIBRO ‘CANCIONERO Y ROMANCERO DE AUSENCIAS’ (1939-1941):

-‘Negros ojos ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Llegó tan hondo el beso ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘El mar también elige ...’ (traducción de V. Reznichenko)
-‘Llegó con tres heridas ...’ (traducción de V. Andreiev)
-‘Escribí en el arenal ...’ (traducción de V. Andreiev)
-‘Querer, querer, querer, ...’ (traducción de V. Andreiev)
-‘Ausencia en todo te veo ...’ (traducción de V. Vasiliev)
-‘La basura diaria ...’ (traducción de P. Grushko)
-‘Sangre remota ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Cada vez que paso ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Cogedme, cogedme ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘¿De qué adoleció la mujer aquella ...?’ (traducción de V. Andreiev)
-‘Tú de blanco, yo de negro ...’ (traducción de V. Andreiev)
-‘La luciérnaga en celo ...’ (traducción de P. Grushko)
-‘No quiso ser ...’ (traducción de V. Reznichenko)
-‘Tierra. La despedida siempre es ...’ (traducción de A. Geleskul)
-‘Tan cercanos y a veces ...’ (traducción de V. Andreiev)
-‘Bocas de ira ...’ (traducción de P. Grushko)
-‘La libertad es algo ...’ (traducción de P. Grushko)
-‘Son míos, ¡ay! son míos ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Fue una alegría de ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘En este campo ...’ (traducción de P. Grushko)
-‘El cementerio está cerca ...’ (V. Reznichenko)
-‘Todo está lleno de ti ...’ (traducción de B. Dubin)
-‘Cada vez más presente ...’ (traducción de V. Reznichenko)
-‘Que me aconseje el mar ...’ (traducción de V. Reznichenko)
-‘El sol, la rosa y el niño ...’ (traducción de P. Grushko)
-‘Cerca del agua te quiero llevar ...’ (traducción de P. Grushko)
-‘Callo después de muerto ...’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Písame que ya no me quejo ...’ (Traducción de V. Reznichenko)
-‘Guerra’ (traducción de D. Samoilov)
-‘Antes del odio’ (traducción de Y. Moritz)

9.- DE LOS ‘ÚLTIMOS POEMAS’:

-‘La lluvia’ (traducción de A. Geleskul)
-‘Casida del sediento’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Nanas de la cebolla’ (‘traducción de I. Tenianova)
-‘Cantar’ (traducción de P. Grushko)
-‘Todo era azul’ (traducción de B. Dubin)
-‘Sonreir con la alegre tristeza del olivo’ (traducción de D. Samoilov)
-‘Vuelo’ (traducción de Y. Moritz)
-‘Sepultura de la imaginación’ (traducción de D. Samoilov)
-‘Vals de los enamorados’ (traducción de G. Kruzhkov)
-‘Eterna sombra’ (traducción de M. Samaiev)

Por el tipo de poemas hernandianos reproducidos en esta antología, “puede decirse que los autores han escogido un número amplio y representativo de las diversas etapas poéticas de Miguel Hernández, incluida la primera, tan poco dada a ser conocida generalmente. Aparecen los poemarios más comprometidos y el último de ellos, ‘Cancionero y romancero de ausencias’, es desde luego el más numeroso de esta antología, muy bien escogida y planteada”, según Aitor Larrabide.

Tras la selección poética de la obra de los cinco autores, se dan, como epílogo, unas notas biográficas de cada uno de ellos, así como un detallado índice del libro, en el que se incluye el nombre de los traductores de los poemas. En cuanto a la biografía de Miguel Hernández (p. 687) se dice textualmente que “nació el 30 de octubre de 1910 en la ciudad de Orihuela (provincia de Alicante) en una familia campesina. En la adolescencia fue pastor, vendedor ambulante de leche y estudió dos años en un colegio de jesuitas. Los versos empezó a escribirlos con quince años, en 1930 y 1931 publicó algunos poemas en revistas locales semanales. En 1933, en Murcia, salió la primera selección poética de Hernández ‘Perito en lunas’. En aquel mismo año, conoció a Josefina Manresa, a la cual de aquí en adelante dedicó toda su lírica amorosa. Cuatro años más tarde ella se convertirá en la esposa de Miguel. Tras llegar a Madrid en 1934, se encuentra con un círculo de poetas de talento, salidos en los años veinte. Lorca, Altolaguirre, Aleixandre, el chileno Pablo Neruda y el argentino González Tuñón se convirtieron en amigos suyos. En la revista ‘Cruz y Raya’ se presenta su pieza ‘Quién te ha visto y quién te ve’, escrita en el espíritu de los viejos autos eclesiásticos”.

Terterian y Ospovan afirman que “en condiciones de agravamiento de las luchas sociales y bajo la influencia de nuevos amigos, Hernández reniega de su anterior religiosidad y se pasa a posiciones revolucionarias. A comienzos de 1936, sale su segunda selección poética: ‘El rayo que no cesa’. Juan Ramón Jiménez dice con entusiasmo sobre los versos de Hernández: ‘He aquí ella, una poesía actual, y he aquí quien pudiera siempre escribir con tal maestría’. Desde los primeros días de la guerra civil, Hernández se dedica enteramente a la causa de la República. Se afilia al Partido Comunista de España, se alista como voluntario en la organización del Quinto Regimiento de los comunistas, toma parte directamente en los combates de Madrid, escribe poemas agitadores y piezas para el teatro del frente. En 1937, visita la Unión Soviética como miembro de una delegación de personalidades de la cultura. En Valencia, publica su libro ‘Viento del pueblo’ con el subtítulo ‘Poesía en la guerra’ y también dos selecciones de obras dramáticas. En octubre de 1938 murió de inanición el hijo de diez meses de Hernández. En enero de 1939 nació su segundo hijo. Cuando la República sufrió la derrota, los fascistas arrestaron al poeta. La tirada de su libro de versos ‘El hombre acecha’, impreso en Valencia, fue confiscada y casi destruida por completo. Los amigos, que se encontraban en Francia, no pudieron lograr la liberación de Hernández (sobre esto habla Pablo Neruda en sus memorias). Sin embargo, al retornar a Orihuela, de nuevo se expuso al arresto y va a parar a la cárcel, de donde ya no le fue posible salir. En julio de 1940, le condenan a muerte, condena que es sustituida, como resultado de la intercesión de muchos representantes de la intelectualidad, por la de treinta años de encarcelamiento. El hambre, las privaciones, la separación de su mujer y de su hijo y la tuberculosis socavan sus fuerzas físicas, pero el poeta no pierde el ánimo. Sin embargo, acaba su obra ‘Cancionero y romancero de ausencias’ en sus vagabundeos por las cárceles. Miguel Hernández falleció el 28 de marzo del año 1942”. Aquí es preciso hacer otra aclaración. Los autores señalan el mes de julio de 1940 como la fecha de su condena a muerte, cuando realmente Miguel Hernández fue condenado en enero de ese año, siéndole conmutada la pena en el mes de junio.

En los últimos apuntes biográficos, la antología soviética incluye un dato erróneo, al decir que “Miguel escribió sus últimos versos: ‘Adiós hermanos, camaradas, amigos, despedidme del sol y de los trigos’ en la pared de la enfermería de la cárcel”. En realidad, estas palabras, según posteriores investigaciones, no fueron escritas por el poeta oriolano, sino por Antonio Aparicio, amigo de Miguel Hernández. Los soviéticos hicieron en la antología esta afirmación, basándose seguramente en los datos incorrectos que publicó Elvio Romero en 1958 en su libro ‘Miguel Hernández, destino y poesía’.

Los autores de la anterior biografía, Terterian y Ospovat, añaden que a los libros que forman la base de esta antología de 1977 “se ha añadido la más completa colección de versos de Hernández, editada en Cuba: ‘Poesía’, La Habana, 1964”.


Biografia de Miguel Hernández

Por último, reproduciremos, por curiosas, una serie de aclaraciones que, a modo de glosario, incluye L. Ospovat sobre los poemas hernandianos seleccionados. Estas aclaraciones se refieren a términos relacionados con la mitología romana, la religiosidad católica y la historia y el costumbrismo español. El autor las hace para que el lector conocedor de la lengua rusa pueda comprender mejor el contenido del poema hernandiano:

1.- En el ciclo ‘De los poemas jóvenes’:

-Poema ‘Toro’ (p. 588) “... realizando con ellos el mito de Júpiter y Europa”. Ospovat y Terterian aclaran “el antiguo mito, en el cual Europa, hija del rey Agenor, fue raptada por Júpiter, convertido en toro, que se la lleva a la isla de Creta”.

2.- Del libro ‘Perito en lunas’ (1933) y de los poemas de 1933-34:

-‘Gran corrida’ (p. 594). Así llama Ospovat al poema ‘CORRIDA-real’ y explica que el anuncio de la corrida lo compara Miguel Hernández “con la buena nueva, que el arcángel Gabriel traerá a la virgen María”. Después explica dos palabras muy españolas que aparecen en los poemas:
-‘Picadores’. Dice Ospovat que son “los participantes de la corrida, jinetes pertrechados de picas”.
-‘Rabo de toro’. Lo define como “premio entregado al matador de toros por el presidente de la corrida por su excelente ejecución de la faena”.

Dentro de este ciclo Ospovat manifiesta que ‘Imagen de tu huella’, no publicado en vida de Hernández, lleva consigo la primera versión del libro ‘El silbo vulnerado’, la cual no le fue publicada tampoco. Algunos poemas del libro fueron modificados por el autor y en su forma definitiva entraron en el libro ‘El rayo que no cesa’, que vio la luz a comienzos de 1936.

3.- Del libro ‘El rayo que no cesa’ (1934-35):

-Poema ‘Navaja, relámpago de la muerte’ (p. 604). Explica que navaja es un “cuchillo”.

4.- De los poemas de 1935-36: -‘A Raúl González Tuñón’ (p. 608). Se dice que este poema “está dedicado al poeta comunista argentino Raúl González Tuñón (1905-1974), el cual mucho influyó en la evolución de Miguel Hernández a posiciones revolucionarias”.

5.- Del libro ‘Viento del pueblo’ (1937):

-L. Ospovat señala que, al inicio de este libro, dirigido a Vicente Aleixandre, el poeta oriolano escribió: “Nosotros, los poetas, somos viento del pueblo: nosotros nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo”.
-‘Elegía primera’ (p. 612). Explica que está escrita a la muerte de García Lorca.
-‘Pasionaria’ (p. 624). De este poema se aclara que “está dedicado a Dolores Ibarruri, destacada dirigente del Partido Comunista de España, conocida en el país como ‘Pasionaria’ (‘Strastnaia’)”.

6.- Del libro ‘El hombre acecha’ (1937-1939):

-‘18-julio-1936/18-julio-1938’ (p. 638). Los autores explican estas fechas a los lectores, señalando que el poema “está escrito a los dos años del aniversario de la guerra civil en España”.

El lingüista gaditano manifiesta que el poeta de Orihuela “obtuvo un gran reconocimiento literario en Rusia y la extinta U.R.S.S., llegando a llenar estadios deportivos y salas de conciertos de espectadores ávidos de oír y repetir a coro sus versos. Pocos son los países del mundo que igualen a Rusia en cuanto a la valoración de la poesía de Miguel Hernández”. Debido a esta repercusión hernandiana en la antigua Unión Soviética, “es preocupante el hecho de que, desde hace ya veinte años, sea imposible adquirir en el mercado editorial ruso ningún libro de este autor español”, concluye Santana Arribas. Podemos avanzar que está prevista, en breve, la publicación en lengua rusa, por primera vez, de libros completos de poesía de Miguel Hernández por una editorial moscovita, en la que está contemplada la colaboración de la ‘Fundación Cultural Miguel Hernández’ de Orihuela. Este hecho va a contribuir a expandir aún más la huella hernandiana, ya que el ruso, hablado por unos 285 millones de personas, es la quinta lengua del mundo, considerando su difusión. Le preceden el chino-mandarín (por el elevado número de hablantes nativos) y el inglés (dada su amplia difusión, como lengua materna y segunda lengua), que cuentan con cerca de mil millones de hablantes cada una; el indi (lengua de la India, aunque fragmentada en dialectos) y el español. Tras el ruso, el portugués, bengalí, árabe, japonés, malayo-indonesio, alemán y francés. “Esta nueva edición de la obra poética de Hernández tiene por objetivo dar una visión más completa de la figura poética del alicantino, desterrando varios mitos políticos y biográficos del mismo que, en Rusia, lo convirtieron en un arma propagandística del poder soviético, recuperando así la originalidad que lo convirtió en un poeta irrepetible e inmortal”, según Andrés Santana.


Antonio Peñalver

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