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La Terra, L´Amore, La Guerra

Aunque en Italia parece que no soplan vientos tan favorables para la figura de Miguel Hernández, donde se recuerdan todavía las obras de Darío Puccini y Oreste Macrí, felizmente todavía se registran publicaciones y eventos que continúan reivindicando la grandeza del poeta. Por fortuna, asociaciones de tipo cultural como PolisLab, de Tolentino, capital de la provincia italiana de Macerata, se prodigan en homenajes (se han realizado dos en el pasado año 2002, uno en marzo, y otro el 30 de octubre) y en la edición de volúmenes que completen las carencias que sobre el poeta pudiesen existir. En esta ocasión, nos vamos a referir al libro “La terra, l’amore, la guerra. Poesie 1937-1939”, una edición antológica a cargo de Enzo Calcaterra y publicada este pasado año por la referida asociación cultural PolisLab.

El libro, es como antes refería una antología referida a la producción poética de Miguel Hernández durante los años de la Guerra Civil y podemos estructurarla en 5 bloques: el primero, de carácter introductorio, y titulada “Miguel chi?” (Miguel ¿quién?) se encuentra a su vez subdividido en tres epígrafes ”Soy un pastor un poquito poeta...”, “El esposo soldado” y “Cantando defiendo. El segundo apartado, sería el titulado “Semblanzas”, dedicado a realizar una semblanza de cuatro personajes relacionados con el poeta: Pablo Neruda y su polémica con la corriente poética de Dámaso Alonso y Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Octavio Paz y por último Vittorio Vidali (el Comandante Carlos Contreras). Ésta, se ha realizado en orden cronológico, plasmando los años cruciales de su experiencia humana y artística, apareciendo notas informativas sobre los autores y su relación con el poeta. El tercero, es una útil cronología, en la cual además de a las fechas clave en la vida del poeta, se refieren los acontecimientos socio-políticos de la España del momento. El cuarto, es la bibliografía utilizada por el editor, que consideramos algo parca, aunque también tenemos que situarnos en Italia donde lo publicado realmente no es mucho y el contacto con el mundo editorial hispano parece complicado, y la quinta es la antología propiamente dicha, en la cual el autor ha subdividido esta en tres partes: “Viento del Pueblo” (1937), “El hombre acecha” (1937 - 1939) y “Otros poemas” (1938 – 1939).

En la introducción, el autor comete quizá algún error, pero es fruto del alejamiento, como el de decir que Miguel fue hombre de una sola mujer. No obstante, destaca muchas cualidades de Miguel: para él, “es casi el único raro ejemplo de autenticidad y limpieza”. Para Miguel, “la palabra, la poesía, son simplemente carne, sangre, sentimientos....”

Resulta también interesante encontrar la comparación que hace con D’Annunzio (p. 8) y de la cual sale vencedor a pesar de los paralelismos Miguel Hernández, que para él es además un modelo de coherencia y de sinceridad.

Calcaterra destaca cómo en la guerra se sitúa en mitad del pueblo, pensándolo y sintiéndolo, interpretando orgánicamente los humores y las ansias...

La guerra, como destaca Calcaterra, traumatizará a Miguel, que ve la bestia en la cual se transforma el hombre, la barbarie que se produce y que le priva de cuanto le distingue de las fieras: amor, belleza, libertad, conocimiento, solidaridad, dignidad, respeto de los sentimientos, coraje e ilusión.

Miguel, sigue destacando Calcaterra, no amó nunca la guerra, que encima lo golpeó de manera importante en su vida personal, llevándose de manera trágica a muchos amigos y familiares (su suegro, guardia civil, fue asesinado, o su hijo mayor, también fallecido) y persiguiendo a otros.

A pesar de todo, la guerra confirmará la identidad de Miguel como hombre y artista, evolucionando desde su formación inicial con el clasicismo del Siglo de Oro a una poesía ideologizada, política, religiosa y socialmente. Calcaterra defiende el autobiografismo de su obra, que permite ver “una pasión que atraviesa los poros, se le añade a los ojos, recorre las venas, invade las visceras, los miembros, el cuerpo” (p. 11), pasión que trata de contagiar al pueblo en armas en “Viento del pueblo”y cuya epopeya canta. Su poesía va a ser una poesía de masas, que presupone la recitación en público y que asumirá tonos teatrales. Con “El hombre acecha” aparecerá ya el reflejo del drama cotidiano del dolor y la sangre, a lo que habría que añadir la muerte prematura de su hijo mayor, sentimientos sólo suavizados por el nacimiento de su segundo hijo a comienzos de 1939. Destaca además el editor que se reduce el optimismo y el ímpetu guerrero popular de los inicios de la guerra, haciendo presencia además el hambre como algo premonitorio, como un mensaje.

En cuanto a los poemas utilizados en esta antología, aparecen traducidos con el texto bilingüe y sí que cabe decir que a pesar de que realizar una antología es algo siempre subjetivo, Calcaterra ha elegido poemas que podrían haberse excluido y se ha dejado en el tintero otros que creo de gran importancia: de “Viento del pueblo”, faltan “Elegía segunda”, dedicada a Pablo de la Torriente, “Nuestra juventud no muere”, “Aceituneros”, “Juramento de la alegría”, “Primero de mayo de 1937”, “Euzkadi” y “Fuerza del Manzanares”. Con respecto a “El hombre acecha”, faltan “Llamo al toro de España”, “Rusia”, “La fábrica-ciudad”, “Los hombres viejos”, “El vuelo de los hombres”, “El herido”, “Oficiales de la VI División”, “18 de julio de 1936 – 18 de julio de 1938” y “Madrid”.

Para finalizar, sugerimos la inclusión de alguna fotografía más del poeta, tan sólo aparecen cinco y siempre en un contexto bélico, algo nada querido por él, pero en general sólo resta alabar la edición en el país transalpino de esta nueva edición, realizada por una asociación cultural en permanente homenaje hacia Miguel Hernández y su obra.

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