II Novecento

Continuando con las novedades editoriales aparecidas en el país transalpino sobre la vida y obra de Miguel Hernández, recogemos en estas líneas L’età contemporanea della letteratura spagnola. II Novecento, dirigida por la hispanista Mª Grazia Profeti, con la colaboración de Norbert Von Prellwitz, Gabriele Morelli, Silvia Monti y Elide Pittarello, publicado en Milán el año 2001 por la editorial Nuova Italia, con el número 263 en su colección Biblioteca de Cultura. Si bien nos sorprende que se emprenda tan ingente tarea en un país como Italia, más lo es el encontrar todo un apartado dedicado a la figura y la obra de Miguel Hernández.
Dicho apartado, ha sido dirigido por el estudioso de las vanguardias literarias hispánicas y gran hispanista el profesor Gabriele Morelli.
A Miguel Hernández, lo va a situar en la generación de 1936, donde “comparte cartel” con Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y Dionisio Ridruejo, aunque a él se le incluye más específicamente en el apartado de “Poesía de guerra y del exilio”, donde se le relaciona con León Felipe y Juan Gil-Albert.
El capítulo a él dedicado (pp. 317-326), contiene los acostumbrados tópicos biográficos sobre el poeta: sus orígenes pastoriles, su paso por las milicias republicanas, en las cuales pasa a ser una figura señera de la Resistencia española, y su prisión tras la guerra, haciendo uso de una bibliografía completa, variada y adecuada, para realizar este breve artículo sobre la figura de Miguel Hernández.
Con respecto a su obra poética, explica su evolución como parte de un esfuerzo autodidacta que arranca de las tradiciones calderoniana y neocatólica y que continúa, primero con el “modelo vitalista y surreal” propuesto por sus amigos intelectuales madrileños, sobre todo Neruda y Aleixandre, que va a suponer más que una técnica particular, una lección de vida y conquista de la libertad.
Pasa revista a su producción, no sólo poética, también la teatral, destacando su evolución hacia temas cada vez más sociales. De Viento del pueblo, destaca el dinamismo de las imágenes, profundizando en la línea de un dolor manifiesto, y en El hombre acecha, destaca, aparte de la reducción métrica, la “llegada al punto extremo de su experiencia humana, tendente por vocación al optimismo y al entusiasmo, contrayéndose hacia el drama personal aunque con sentido de ternura y piedad y sentido de esperanza en el mañana”.
Continuando con el análisis de su producción, destaca Cancionero y romancero de ausencias, que para él figura como obra cumbre en su producción literaria. De ella, destaca “su liberación definitiva de las influencias precedentes: clasicismo y neogongorismo”. Para él, superado el momento más álgido de su experiencia militar, el poeta interioriza su voz, reclamando la presencia física de la mujer y del hijo, evocando la guerra, las privaciones y la prisión sufrida. Pero la parte más íntima es de un dolor intenso “intensos grumos de dolor” (p. 322) que salpican su historia privada, y abierto al amor y la ternura, corriente en la cual se insertan las célebres “Nanas de la cebolla”, que formó parte de la sección “Últimos poemas”, publicado póstumamente. Aquí escucharemos cómo “el tono doloroso de la vivencia personal modula el acento de la voz apasionada de Miguel, yendo a fundirse con el frágil esquema métrico del canto, un monólogo interno”. Así, “el sentimiento de tristeza y de nostalgia, unido al pensamiento oprimente del hambre se atempera poco a poco y se disuelve en una imagen de blanca y estupefacta rotundidad, cristal pobre y cerrado, la cebolla”. El proceso de profundización interior se acentúa y se traduce en una cosmología concreta, corpórea, mientras el universo familiar se transforma en signos y cifras de valor simbólico: la vida, el amor, la muerte.
Morelli, coincide también con nosotros al destacar en este momento, el largo poema articulado en tres partes “Figlio della luce e dell’ombra”, máxima expresión de la poesía de tipo amoroso. Aquí, asistimos a la transfiguración de la esposa en noche, momento culminante del sueño y del amor y que tras su encuentro, su abrazo con el día, símbolo del hombre, dan lugar al hijo, al cual dedica y para el cual inventa imágenes maravillosas: amor, tuétano, luna... y que no hacen sino introducirnos en la esfera de la intimidad amorosa para finalizar con un léxico casi científico hablando de los inicios de la vida.
En la última etapa, iniciada en 1940, aparece teñida de un sentimiento de tristeza, que proyecta sobre un fondo que no nada presagia bueno, dominado por la pobreza y la sombra, la noche, con todo su simbolismo. Sin embargo, a pesar de todo, manifiesta su esperanza en la humanidad.
Para finalizar, podemos hacer nuestras las palabras del profesor Morelli, que sintetiza la obra de Miguel Hernández en los sentimientos elementales del hombre, a saber: amor por la naturaleza, como resabio de sus orígenes, amor por la esposa y el hijo, que proyectaría su fe en el futuro y el dolor y la esperanza, esto último algo que aún lo hace más hombre de su tiempo y participante de su turbulenta historia.



