Javier Fernández
El Periodista Miguel Hernández

A medida que se va conociendo más y mejor la rica personalidad de Miguel Hernández y la obra que nos ha dejado, resulta apasionante y enormemente esclarecedor desmitificar estereotipos, aclarar confusiones, evitar simplificaciones, y poner en el lugar que se merece de la literatura y de la historia, al poeta y a su poesía.

Nada hay más falso que lo que tiene más probabilidad de pasar por verdadero sin serlo. En esta categoría suelen estar, en parte, las llamadas: "verdades a medias", o "medias verdades", que a base de aparecer como la representación total del todo, enmascaran e incluso ocultan la verdad de un modo especialmente eficaz. Con Miguel Hernández ha pasado en muchas ocasiones y en temas diversos, y desde luego el resultado ha sido siempre perverso, haciendo aparecer a Miguel como lo que no era, instrumentalizándole, usurpándole, poniéndole etiquetas que enmascaraban rasgos fundamentales de su personalidad, o privando a la humanidad del sentido más profundo y auténtico de su personalidad y de su obra.

Y esto mismo es lo que podría ocurrir con el título de este artículo. ¿Fue periodista Miguel Hernández? Miguel escribió mucho en los periódicos, y mucho más en las revistas literarias de la época, pero no podemos decir con rigor que Miguel fuera periodista, porque nadie duda a estas alturas de su condición de poeta por encima de cualquier otra consideración. Sin embargo en varias ocasiones fue tenido por periodista, e incluso en los momentos más trágicos de su enfermedad y su muerte, los apoyos internacionales y los reconocimientos más decididos le atribuyeron tal condición, de tal modo que muchos se sorprendieron al descubrir la poesía del periodista.

Su relación con los medios de comunicación de la época fue extraordinaria, actuando en muchas ocasiones como un auténtico redactor habitual e incluso llegando a cumplir una de esas condiciones para llegar a la definición del periodista que se hacían antes de que existiera una licenciatura específica con ese nombre, la de aquella persona que se ganaba la vida principalmente con el periodismo. Obviamente, la mayor parte de los escritores, por no decir todos, que ejercieron a partir del siglo veinte, se ganaron la vida con el periodismo y a muy pocos se les podría calificar hoy como periodistas. El caso de nuestro poeta es algo más complejo y la verdad sobre su condición de periodista se expresa de un modo mucho más potente que en la mayor parte de los escritores de su época.

Hace una década, se defendió en Madrid, en la Universidad Complutense, una tesis doctoral en la Facultad de Ciencias de la Información sobre esta cuestión, y tanto su título como sus conclusiones dejaban completamente demostrada la trayectoria profesional del periodista Miguel Hernández. Se trata de la Tesis de J. Manuel Carcasés dirigida por el profesor Francisco Esteve, persona especialmente vinculada a la figura, a la obra y a la fundación del poeta; tesis cuyo tribunal por cierto tuve el honor de presidir. Su calificación de sobresaliente "cum laude" por unanimidad avala su calidad y por lo tanto no es en absoluto pertinente seguir discutiendo sobre este particular, basta con consultar el citado trabajo. Allí se repasan sus actividades periodísticas en todos los géneros (crónicas taurina, de viajes, de guerra, reportajes, editoriales, periodismo radiofónico), y se expresa el deseo de Miguel de haber estudiado periodismo en la famosa escuela de El Debate.

Ahora bien, el hecho de que se pueda calificar con rigor a Miguel Hernández como periodista, no permite identificarle exclusivamente de este modo sin cometer un grave error, por eso a medida que su figura y su obra se elevan y se clarifican, este calificativo resulta más y más confuso, porque Miguel trabajó, escribió, sintió y vivió por y para la poesía. Y para comprobarlo no tenemos más que seguir con detenimiento y rigor su biografía, incluso su parte biográfica más relacionada con sus actividades calificadas como periodísticas.

La primera vez que Miguel vio aparecer su nombre en letra impresa, fue debajo de un poema. Se trataba de Pastoril, los versos iniciales que Luis Almarcha publicara en su periódico, El pueblo de Orihuela, de carácter marcadamente católico y que recogía las inquietudes y el deseo de mejora y cambio de aquella juventud de Orihuela que se reunía en la Tahona de Fenoll. Cuando se publicaron los versos con su firma debajo, Miguel sintió un especial alborozo que compartió con su amigo Carlos Fenoll cuando le trajo un ejemplar. "Somos grandes, llegaremos lejos", exclamó lleno de entusiasmo, y a partir de ese momento nunca dejó de emocionarse y sentir una profunda alegría al ver su firma impresa, uno de los síntomas de la presencia del virus periodístico.

Desde entonces las publicaciones periódicas se sucedieron y se mantuvieron incluso cuando empezaron a aparecer los libros. Destellos, Voluntad, El gallo en crisis, y Silbo, marcaron su etapa inicial, y ya en Madrid, Cruz y Raya, Revista de occidente, El Sol, o sus más combativos textos en El Mono azul o la catalana Nuestra Bandera, publicaciones estas de marcado carácter político republicano.

Después de todo esto podríamos concluir diciendo que efectivamente Miguel Hernández fue un periodista, pero no. Habría que intentar evitar cualquier interpretación que pueda poner en duda su auténtica identidad, su auténtica condición, la de poeta, un poeta -eso sí- que tuvo la preocupación de universalizar su poesía, de llevar su grito más allá del íntimo, recóndito repliegue del alma de cada lector y hacer de muchos de sus versos auténticos titulares de mensajes periodísticos capaces de inquietar al mundo entero. Por eso, deberíamos decir para ser rigurosos que Miguel Hernández no fue un periodista, que Miguel Hernández fue un poeta que de vez en cuando utilizaba un periodista.


Javier Fernández del Moral
Catedrático de Periodismo Especializado de la UCM

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