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EL RAYO QUE NO CESA
   
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FERNÁNDEZ PALMERAL, Ramón, El hombre acecha (Poesía urgente o de guerra), Alicante, Palmeral (Poético-Artístico), 2004.
 
FERNÁNDEZ PALMERAL, Ramón, Simbología secreta de “El rayo que no cesa” de Miguel Hernández, Alicante, Palmeral (Poético-Artístico), 2004.
 
FERNÁNDEZ PALMERAL, Ramón, Simbología secreta de “Perito en lunas” de Miguel Hernández, Alicante, Palmeral (Poético-Artístico), 2005.

Es inevitable mencionar, antes de comenzar, que nos encontramos en estas tres obras de Ramón Fernández Palmeral con un acercamiento muy especial y novedoso ante la figura de Miguel Hernández. En primer lugar, porque se acerca no desde la perspectiva que pueda adoptar un filólogo o crítico literario, sino desde la de alguien que, amando profundamente la obra hernandiana, intenta rendirle el homenaje que cree que merece. Y en segundo lugar porque, para dar más particularidad a este acercamiento, le aporta su faceta de artista plástico. El resultado son las sugerentes ilustraciones que hace en cada uno de los tres ensayos de las poesías de Miguel Hernández. Todo un “estudio ilustrado” que, en palabras del propio Fernández Palmeral, no intenta sino suscitar interpretaciones inéditas hasta el momento; abrir nuevas vías de investigación y acercamiento a la obra hernandiana. Una nueva forma de encarar su obra poética que destacarán, en los prólogos de dos de los libros, tanto José Carlos Rovira como Francisco Esteve.

Procura, en cada una de sus obras, resaltar una faceta bien definida de Miguel Hernández. Así, nos encontraremos con el Miguel que está todavía formando su vocación poética, consolidando los cimientos de lo que será su posterior creación, en Perito en lunas; el Miguel ya plenamente consciente de que, habiendo asentado esos andamios técnicos, está preparado para dar el salto que le lleve a dar rienda suelta a todo su caudal poético, en El rayo que no cesa; o también con un Miguel que, tras el compromiso social y político que tan fuertemente le calara, se encuentra debilitado ante los terribles efectos que la devastadora guerra le ha infringido, en El hombre acecha. Por eso, por recalcar esas tres facetas por separado, hemos pensado que tratándolas unitariamente, obtendremos una visión mucho más completa y conjunta de la figura de su figura. Esta, y no otra, es la razón por la cual hemos intentado realizar este estudio de un modo homogéneo.

Es, sin duda alguna, su estudio sobre Perito en lunas el más completo y cuajado de los tres. Logra plasmar con claridad, en sus representaciones gráficas, el impacto que las 42 octavas reales producen, así como el sinfín de metáforas que generan; siendo este el ensayo en el que las ilustraciones de Palmeral cobran un significado más claro y conciso. A ello también ayuda el hecho de que Perito en lunas es, posiblemente, la obra más visual de todas las de Miguel Hernández, pero también el proyecto más complejo técnicamente de todos en los que se embarcó, por lo que puede llegar a resultar tremendamente críptico si no prestamos la atención debida o no logramos retener con precisión lo que se nos está intentado transmitir.

Desde el Miguel “asalvajado” del principio, al que acaba sometiéndose al “registro noble” de las octavas, analizará cuidadosamente toda la densa simbología que destilan las 42 composiciones (haciendo especial hincapié en la luna, los colores o la higuera, por citar los más significativos). Incluye seguidamente una selección de comentarios a cargo de los que, bajo su punto de vista, son algunos de los más prestigiosos analistas de la obra hernandiana. Así, y en palabras de Arturo del Hoyo, Odón Betanzos, María de Gracia Ifach o Eutimio Martín, entre otros, observaremos como la importancia que Perito en lunas pueda tener dentro del corpus hernandiano sea, quizás, menor de la que realmente merece. Estamos, pues, ante, un libro de referencia y de enorme vigencia también, a pesar de haber transcurrido más de 70 años desde su publicación (una publicación de las que nos dará Palmeral debida cuenta de todos los avatares y vicisitudes en los que se vio envuelta). Lo que deberemos concluir de todas estas opiniones es lo que para el autor es la esencia misma de la obra: la construcción, por parte de Miguel, de esos andamiajes poéticos que mencionábamos al comienzo del texto, en un constante afán de superación para poder sentirse así poeta.

En El rayo que no cesa nos muestra un poeta seguro de sus posibilidades, quedando lejos ya la época de la experimentación poética. Esa confianza a la que nos referimos la plasmará en una poesía amorosa en la que los símbolos del rayo, la muerte, la pena, el amor o el toro cobrarán una importancia inusitada. Establece Fernández Palmeral los precedentes de todo este imaginario poético en Ovidio o Garcilaso de la Vega, en lo que bajo su punto de vista es un intento de acercamiento a la poesía de sus amigos de la generación poética del 27. Y, tras un somero repaso a la similar métrica de la obra (sonetos puros, salvo alguna excepción como la sentida “Elegía” a Ramón Sijé) pasa a centrarse en la controvertida cuestión de la dedicatoria de la obra; es decir, quién es la destinataria de la misma, si la pintora gallega Maruja Mallo, la escritora María Cegarra o Josefina Manresa. A pesar de no decantarse con claridad por ninguna de las tres, si que llega a suponer que pueda tratarse de Maruja Mallo la persona a la que están dirigidos la mayoría de los poemas de la obra.

Tras explicar el significado y sentido de las metáforas que pueblan los versos de la obra, concluirá el estudio con un útil apéndice en el que traza, en seis breves apartados, los datos más significativos de la trayectoria vital de Miguel. Esto no hará sino ayudar a que el lector se forme, de un modo más claro si cabe, una imagen más completa de su figura. Así, repasará desde su infancia y juventud hasta su posterior proceso y muerte, pasando por las tertulias en la panadería-tahona (junto a Sijé y los hermanos Fenoll), sus decisivos viajes a Madrid, la no menos importante visita a Rusia o su faceta como miliciano de las letras y altavoz de la causa republicana.

Ya por último, en El hombre acecha nos encontramos con un acercamiento a la figura de Miguel como poeta de poderosa y prodigiosa capacidad de asimilación, pero también de comunicación que, después del compromiso político, se siente totalmente desarmado y descorazonado ante el sufrimiento que la guerra había causado a su gente, a su país; un sufrimiento que sentía y asumía como propio. Un descenso a una poesía de guerra y compromiso, pero también de desazón vital y fracaso. Recupera, con el fin de ubicar la obra en su contexto más próximo, la trayectoria vital más cercana a la época en la que fue compuesta la obra (1937-1938), así como todos los factores que pudieron incidir en su creación y composición.

Si el ensayo sobre Perito en lunas, por la propia naturaleza de sus poesías, albergaba unas ilustraciones que ambicionaban descifrar el contenido de sus metáforas, nos encontramos en este con imágenes más oscuras y rotundas, propiciadas por esos textos con olor a muerte, hambre, desánimo, dolor y guerra que componen El hombre acecha.
A pesar de que fue el primero de los tres ensayos en ser escrito, lo hemos analizado en último lugar, pues dentro de ese tratamiento homogéneo que hemos intentado, con mayor o menor fortuna, llevar a cabo, este texto supondría la culminación del proceso de la evolución poética de Miguel Hernández, que iniciáramos con Perito en lunas.

Tres ensayos que, en definitiva, no intentan ni aportar luz a los estudios hernandianos, ni tampoco embarcarse en un minucioso análisis filológico o en un exhaustivo comentario literario. Ramón Fernández Palmeral simplemente se deja guiar por aquello que las poesías le evocan. Tomando esta premisa como punto de partida, y sumándole su reconocida admiración por la obra de Miguel y su faceta más puramente plástica, logra, además de las ricas interpretaciones de los poemas, unas ilustraciones cargadas de un tremendo valor visual; imágenes impactantes y crudas, sensibles y delicadas, complejas y crípticas, pero siempre con el trazo fino del que subyace el innegable amor que siente por el objeto del que están sacadas.


Óscar Moreno

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LUIS BERASALUZE

“Yo no soy un crítico literario, soy un lector enamorado”

Luís Beresaluze nació en Biar en 1925. Estudió Derecho.

Durante los años 50, tuvo una gran actividad periodística en Madrid, en las revistas: Juventud, El Español, Triunfo, Don José y La Hora. Tras un paréntesis, en el que se dedicó a la dirección de empresas, regresa a la actividad periodística pero ya en Alicante, colaborando en ABC (edición local), La Prensa, El Periódico de Alicante y Las Provincias (Alicante).

Ha publicado varios libros: Entre Azules (2001), En aquel tiempo (2002), Trinidad de la Palabra (2003), Vicente Ramos: Alicante (2004) y Nácar y espuma, el Promontorio blanco (2004).

Sintió gran interés por Miguel Hernández, estudiando su vida y su obra, al igual que por Azorín y Gabriel Miró, considerando a estos tres autores los más grandes escritores que haya dado jamás Alicante.

Es íntimo amigo de Vicente Ramos (estudioso nacido en Guardamar del Segura, Alicante), con el que coincide en numerosos aspectos y del que ha escrito una biografía, citada anteriormente.

ENTREVISTA

1. En todos sus libros vemos reflejada la idea de difundir Alicante y su cultura, ¿desde cuándo tiene esa inquietud?
Desde prácticamente, siempre. Alicante me parece un escenario privilegiado, un anticipo de nuestro último destino, confortable y luminoso y una patria de escritores excepcional. Eso que llama mi inquietud por su cultura se concreta, fundamentalmente, en su literatura.

2. ¿Qué sería capaz de hacer por su ciudad?
Escribir. Simplemente escribir. De sus hombres y sus cosas. Considero que haciéndolo, intentando hacerlo con pretensiones de rigor y belleza, correspondo al continuo y prodigioso regalo de ese azul suyo por el que cada vez me considero más concernido. Añadiendo a la ciudad, la provincia.

3. ¿Cómo surgió su interés por Miguel Hernández?¿qué representa la figura de Miguel Hernández para usted?
Leyéndole. Descubriéndole. Sintiendo en el corazón como un apretón incómodamente satisfactorio, inquietante y casi, inmediatamente, devoto. Sintonicé con su alma compañera desde el primer momento. Descubrir a Miguel es un acontecimiento literario.

4. ¿Qué opinión le merece la obra de Miguel Hernández?
Yo no soy un crítico literario. Soy un lector enamorado. Es uno de los poetas que más directamente me ha llegado al corazón. Me parece, de todos modos, una obra apasionante, asilvestradamente sublime, de un brillo pardo extrañísimo, que convierte la existencia en una rara liturgia en que el barro se hace eucarístico, la vida transparenta muerte y el hombre, del modo mas atrozmente antropológico, pasa a ser un trasunto teológico.

5. ¿Qué opina de la labor que está realizando la Fundación Cultural Miguel Hernández?
Me agradaría estar más informado de sus actividades de las que, desgraciadamente, no se me alcanza gran noticia. Será, sin duda, más culpa mía que de la propia Fundación. A juzgar por el interés con que se movilizan ustedes cada vez que alguien ( y lo digo por propia experiencia) toca la figura del enorme oriolano, considero que será muy positiva, motivo por el que lamento y me culpo, si corresponde, por no haber sabido estar todo lo al corriente que sería deseable y muy grato para mí.

6. ¿Cree qué es necesario seguir difundiendo la figura del poeta?¿seguirá usted investigando al poeta oriolano?
No sé si a amarlo y proclamarlo por escrito se le puede llamar investigar. Pienso que no tengo dotes para la investigación. No soy un estudioso. Soy un lector fervoroso y agradecido. Y quiero pagarle el bien que me hace con el que yo pueda hacer a su figura, glosándola con admiración y cariño. En este sentido, anticipo a ustedes que he entregado a una editorial madrileña un texto sobre Miguel, titulado “MIGUEL HERNANDEZ. SANGRIENTO ENDECASILABO DE BARRO”. Por primera vez y excepcionalmente, en cierto modo, ahí sí que hago de investigador pero, como cuando biografíé a Vicente Ramos, de manera atípica e incompleta, también. Me ocupo de las obsesiones temáticas de Hernández, de sus fijaciones y presencias, tercas y reiteradas. De la sangre, el toro, el sexo, el barro, todos esos rayos que no cesan y aparecen constantemente incorporando los perfumes, esencias, criaturas y sensaciones de su naturaleza como recién estrenada, al conjunto de su obra. Trato de cada una de esas obsesiones o presencias, de cómo todo el Miguel lírico gira en torno a esos ejes, y lo muestro estrofa por estrofa, de una manera relativamente ordenada y congruente. Estoy a la espera de la acogida o rechazo editorial. Como pasa siempre.

7. En su libro La trinidad de la palabra vemos reflejadas conversaciones entre Azorín, Miguel Hernández y Gabriel Miró, ¿Qué mensaje pretende hacer llegar al lector?
Aquel libro es una obra de ficción. Pura creación imaginaria. El mensaje de que tiene a su disposición la obra de tres enormes genios de la literatura española, que así como ellos se entre ocupan de sus alternativas cosas en el cielo, puede él ocuparse de ellas, a través de sus libros, aquí, en la tierra, en la tierra nuestra y de ellos, en este Alicante que fabrica tales escritores. Y de tres en tres.

8. Aparentemente su libro invita a pensar que nos encontramos ante una novela, ¿cabe tal consideración?
No me lo propuse. No me considero con condiciones para novelar. Yo creo saber pensar y sentir. Y comunicarlo. Allí había ficción, desde luego. Pero yo lo calificaría mejor de ensayo narrado, si bien los tres artistas inmensos se producían como protagonistas y dialogaban, en un cierto ambiente y escenario, si es que así pueden llamarse las cosas topológicas del Cielo.

9. ¿Cómo surgió esta historia?
Primero fue materia de un artículo periodístico, titulado de la misma manera. Me di cuenta de que aquello podía dar para muchísimo más y decidí desarrollarlo de la forma narrativa que lo hice, en un libro. Me interesaba mucho hablar de ellos y que ellos, de manera casi autónoma, cada uno según su personalidad y manera, ( en eso es donde más hube de apretarme las meninges) se produjese según su carácter y a su modo, hablasen de sí mismos y sus cosas, a la vez y turnándose. Los hice tertulianos en unos hipotéticos miércoles en el Empíreo.

10. ¿Qué papel juega la figura de La Trinidad?
Ninguno, en este libro. Si bien es un dogma de mi religión que me apasiona y he tocado profundamente y yo diría que de un modo osadamente original, en el penúltimo de mis libros, titulado CREO EN NOSOTROS. Repito que ninguno. Trinidad porque eran tres los protagonistas del libro, los autores de sus palabras.

11. ¿Qué le motivó a realizarla?
Si se refieren a la presunta novela, mi interés en ocuparme de estos tres monstruos nuestros, de hablar de ellos, de llamar la atención sobre sus méritos, de honrarlos con mi amorosa descripción de sus andanzas y decires en el más allá. Un entretenimiento de homenaje y auto complacencia. Porque me sentía feliz, sirviéndoles.

12. ¿En qué se apoya cuando afirma: son los tres más grandes escritores que haya dado jamás Alicante?
En mi convicción. Pienso que no ha dado Alicante, jamás, escritores como ellos. Si los ha dado, como alicantino, pido perdón por mi ignorancia. Y además de los más grandes, contemporáneos, juntos, viviendo al mismo tiempo.

13. ¿Por qué una biografía de Vicente Ramos?
Empecemos por lo de “atípica e incompleta”. Porque no la había. Y porque la merece como probablemente muy pocos alicantinos vivos. Lo considero un referente cultural muy importante en nuestra sociedad. Se había producido antes una magnifica semblanza ( así la llamó el autor), de Martín Sanz, que fue como una entrevista periodística prolongada, como un reportaje muy bien informado. Aun no se ha hecho, gracias a Dios la verdadera biografía porque Vicente, felizmente, sigue entre nosotros. Yo quise meter, vivencia, pasión, carne, compromiso, en la documentada estructura de Martín Sanz. Que el Vicente de mi libro vibrase y lo hiciesen también las cosas en su torno.

14. ¿Cómo definiría la labor hernandianiana de Vicente Ramos?
La defino en la citada semi biografía. Muy profesionalmente valiente publicando sus cosas en los inmediatísimos años de su muerte, cuando Miguel era un enemigo del régimen y ocuparse de él una autentica temeridad, por la que Vicente recibió advertencias y amenazas, que allí se consignan. Cuidando su legado. Ocupándose de la viuda y el hijo. Consiguiéndole un enterramiento perpetuo arrancándolo, prácticamente, de la fosa común, mediante una suscripción nacional entre escritores. Proponiendo la erección de un monumento. Y asistiendo con amor y paciencia, porque es casi un santo, a la ingratitud de unos, la rapiña de otros y la atribución de la titularidad de todos sus logros y empeños a advenedizos chupadores de rueda oportunistas y desvergonzados. Esa”labor hernandiana” me parece tan relevante humanamente, tan generosamente hermosa, que renuncio a los aspectos técnicos y profesionales de sus conferencias, publicaciones, estudios y especialización literaria, compartida con el Miró de sus más encendidos fervores. Por lo que se refiere a Miguel Hernández, el Ramos que más me interesa es el hombre, el amigo, el “compañero del alma”, generoso, valiente, arriesgado, mal agradecido y desplazado de las oportunidades de la foto y el reconocimiento cuando eran solo suyos y únicamente por él merecidos. Por él y su amigo Manuel Molina, compañero en tales grandiosos episodios. Creo que mi libro proclama en este sentido cosas importantísimas que la gente no conocía. La verdadera circunstancia del Miguel pos mortem. Toda a cargo de Vicente y el también oriolano Molina.

15. ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
En Enero y Febrero de 2.005 presento “NACAR Y ESPUMA. EL PROMONTORIO BLANCO” editado por el Instituto de Cultura Alicantina Juan Gil Albert, aunque ya está a la venta, y “EL VUELO Y LA PARÁBOLA”, de Edicions Locals de Novelda. Sin perjuicio de lo que resulte del envío de mi original “MIGUEL HERNANDEZ. SANGRIENTO ENDECASILABO DE BARRO”, a una editorial madrileña el pasado 15 de Diciembre.

Asun López Salvador-Rabaza
Rebeca Serrano Fernández

                               
                         
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