HISTORIA DE UN POEMA: ‘LOS HOMBRES VIEJOS’
La
historia de un poema como ‘Los hombres viejos’, incluido en
el poemario ‘El hombre acecha’, está lleno de vicisitudes
desde su nacimiento hasta su edición. Después de rastrear
y buscar el hilo conductor en diversas fuentes como testimonios escritos,
estudios filológicos, prólogos de diversas ediciones, noticias
de prensa, etc..., se ha conseguido reconstruir, con la ayuda de expertos
filólogos, el camino recorrido por una obra que consideramos ‘maldita’
por la mala suerte que la rodeó desde sus inicios.
‘El
hombre acecha’, es cronológicamente, el segundo
libro de poesía escrito por Miguel Hernández durante la
Guerra Civil. Sus poemas comienzan a gestarse en 1937, de manera que alguno
de estos poemas es contemporáneo de piezas recogidas en ‘Viento
del pueblo’.

La mayoría de las referencias conocidas hasta hoy dan como organismo
encargado de la edición de ‘El hombre acecha’ a la
Secretaría de Propaganda a través de la Sección de
Publicaciones del Comisariado del Cuartel General del Grupo de Ejércitos,
que atestiguan que el trabajo se llevó a término en la imprenta
Tipográfica Moderna de la calle Avellanas 9, de Valencia.
Rafael Pérez Contel, director artístico de Ediciones de
la anteriormente nombrada Subsecretaría de Propaganda, fue responsable
y director artístico en aquellos años de tales ediciones,
empleando para su realización los locales de la citada imprenta.
A finales de 1938, Pérez Contel trabajaba en la edición
de tres libros: un volumen de ‘Canciones de lucha’, que es
una recopilación de cantos de guerra e himnos de unidades militares
del Ejército de la República, el número tres de la
revista ‘Comisario’, y ‘El hombre acecha’, cuyo
original manuscrito le entregó personalmente Miguel Hernández.
Asegura Pérez Contel en diversas publicaciones, que la corrección
de pruebas del poemario fue realizada por él mismo, con el propio
Miguel, y recuerda, como anécdota, que éste no modificó
ni un solo verso, limitándose a subsanar las erratas deslizadas
en la composición. Miguel insistió mucho en prescindir de
ilustraciones, viñetas o dibujos, tanto en el exterior como en
el interior del libro, inclinándose por una edición muy
sencilla. Además, sugirió que en la cubierta “dominase
un color rojo, más tierra que carmín”, idea que Pérez
Contel plasmó mediante un cliché invertido, en rojo, quedando
en blanco las letras del título e imprimiéndose en negro
el nombre del autor. La composición se hizo con linotipia(1),
ya que se preparaba una edición de elevado número de ejemplares.
El tipógrafo que se encargó del trabajo fue Vicente Ortizá.
El libro quedó impreso y preparado para su encuadernación
en febrero de 1939, y se almacenaron los pliegos apilados sin coser, en
el almacén de la imprenta. Ante el deterioro de la situación
política, estos pliegos llamados ‘en capillas’(2),
junto con otros materiales allí depositados y abandonados, fueron
primeramente incautados y posteriormente destruidos, tomando algunas personas
para sí ejemplares de diversas publicaciones, entre ellas pliegos
de la tirada de ‘El hombre acecha’.
Desaparecieron entonces todas las copias, excepto dos: una en posesión
de Antonio Rodríguez-Moñino y otra que formaba parte de
la colección particular de D. José Mª de Cossío
y Martínez Fortún.

D.
José Mª de Cossío
Se
conoce una copia mecanografiada obtenida en 1943 por Leopoldo de Luis.
Esta copia se envió a la Editorial Losada en 1948 con vistas a
la edición de ‘Obras Completas’, que no apareció
hasta 1960. De esta copia se extrajeron una selección de poemas
para la edición de ‘Obra escogida’ (Madrid, Aguilar,
1952), prologada por Arturo del Hoyo. Esta selección es realizada
por Vicente Aleixandre y Arturo del Hoyo, donde no aparecen, entre otros,
el poema ‘Los hombres viejos’.
Todas las ediciones que posteriormente vieron la luz se basaron en esta
obra de una forma u otra, hasta que, en el año 1979, aparece un
artículo en el suplemento ‘Informaciones de las Artes y las
Letras’ de Madrid, del periódico ‘Informaciones’,
donde María de Gracia Ifach revela que el azar ha deparado a Víctor
Infantes (joven profesor de la Complutense), con un ejemplar impecable
de ‘El hombre acecha’, ubicado en la biblioteca de doña
María Brey, viuda del académico y bibliófilo don
Antonio Rodríguez-Moñino.
Dos
años más tarde aparece una edición facsímil,
fiel reproducción de la primera edición de 1939 del libro
de poemas de guerra ‘El hombre acecha’, publicada por Ediciones
de La Casona de Tudanca. El ilustre académico don José Mª
de Cossío había salvado de la destrucción bélica
buena parte de la obra de Miguel Hernández y de otros muchos poetas,
depositada posteriormente en su casona hidalga de Tudanca.
Ésta, es la primera vez que se publica la obra al completo, sin
pertenecer a ninguna antología, incluyendo el poema separado. Por
otro lado, la hispanista francesa Marie Chevallier encontró, entre
los manuscritos prestados por Josefina Manresa, un borrador de veintiocho
de las treintaiséis estrofas que componen el poema ‘Los hombre
viejos’, pero lo consideró como otra versión del poema
‘El hambre’.
El hallazgo del juego ‘en capillas’ permitía dos cosas:
completarlo con las primeras estrofas que faltaban, y situarlo en el conjunto
de ‘El hombre acecha’ entre los poemas ‘El soldado y
la nieve’ y ‘El vuelo de los hombres’.
El libro se compone de 19 poemas (incluyendo ‘Los hombre viejos’).
El más corto de ellos tiene 14 versos, y el más largo 144
versos. En total suman 993 versos. Entre los de arte mayor predomina el
verso alejandrino. Seis poemas están escritos con estrofas de pie
quebrado(3) y dos utilizan la inserción de un verso menor entre
las estrofas. Diez de los diecinueve poemas tienen una rima aconsonantada.
Hay cinco en verso blanco(4) y cuatro asonantados. ‘El
hombre acecha’ se inicia con una dedicatoria a Pablo Neruda.
El resto de los poemas que componen el libro son: ‘Canción
primera’, ‘Llamo al toro de España’, ‘Rusia’,
‘La fábrica-ciudad’, ‘El soldado y la nieve’,
‘El vuelo de los hombres’, ‘El hambre’, ‘El
herido’, ‘Carta’, ‘Las cárceles’,
‘Pueblo’, ‘El tren de los heridos’, ‘Llamo
a los poetas’, ‘Oficiales de la VI división’,
’18 de julio 1936-18 de julio 1938’, ‘Madrid’,
‘Madre España’, ‘Canción última’.
El poema excluido
‘Los
hombres viejos’ tiene la particularidad de ser el más extenso
de todos los poemas del volumen, con sus 144 versos. Leopoldo de Luis
y Jorge Urrutia clasifican, en 1978, los poemas del libro siguiendo el
esquema: a) combativos, b) sociales, c) políticos, d) de aflicción.
‘Los hombres viejos’ participa de los cuatro matices pero
añadiendo a ese colorido el sarcasmo.
Destaca en el poema la violencia verbal del tipo escatológico.
Semejante burla utilizando ese lenguaje, había sido empleado por
Miguel en el poema ‘Los cobardes’, de ‘Viento del pueblo’,
donde se ve una clara relación con éste. No toma la poesía
como un juego estético, sino como un arma, poniéndola al
servicio de lo que estima justo y contra lo que combate.
El comienzo del poema se inicia con una censura a los hombres de ideas
arcaicas e inmovilistas, sigue con el ataque a la clase opresora y al
capitalismo, y deriva su crítica hacia intelectuales fatuos y luego
hacia los emboscados. Según el poema, estos emboscados son de dos
maneras: los acogidos en las embajadas extranjeras, simpatizantes del
franquismo, y los militantes republicanos que buscan misiones que les
apartan del frente.
Según Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, el poema no añade
nada a la obra hernandiana, más bien la desmerece. El poeta cede
a la facilidad, quizá llevado por el éxito popular que probablemente
obtuvo en sus declamaciones públicas. Miguel le confesó
a Pérez Contel que quería recoger en el libro poemas muy
celebrados en sus recitales. Fue, según los estudiosos hernandianos,
un error incluir este poema por su escasa calidad poética, descompensación
en su extensión y por su tono. Por otra parte, “las circunstancias
pasan y el arte queda. No se juzga el arte por sus intenciones sino por
sus resultados, aunque se debe considerar el contexto histórico”.
Cronología
| |
EDICIONES |
Incluye
poema |
| 1 |
Obra
escogida (Madrid, Aguilar, 1952) prologada por Arturo del
Hoyo |
NO |
| 2 |
Obras
Completas (Buenos Aires, Losada, 1960) |
NO |
| 3 |
El
hombre acecha (Buenos Aires, Losada, 1963) |
NO |
| 4 |
Poesía,
Miguel Hernández (La Habana, Edit. Consejo nacional
de Cultura, 1964) |
NO |
| 5 |
Obras
Completas (Buenos Aires, Losada, 1973) |
NO |
| 6 |
Cancionero
y romancero de ausencias. (Buenos Aires, Losada, 1975)
|
NO |
| 7 |
Obra
poética completa (Madrid, Zero, S.A. 1976)
|
NO |
| 8 |
Antología
Poética, Miguel Hernández (Madrid, Agrup.
Nacional del Comercio del libro, 1976) |
NO |
| 9 |
El
hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias. Miguel Hernández.
(Madrid, CUPSA, 1978) Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia
|
NO |
| 10 |
Poesías completas (Madrid, Aguilar, 1979)
Agustín Sánchez Vidal |
SÍ |
| 11 |
El hombre acecha (Santander, Casona de Tudanca,
1981) Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia (Facsímil)
|
SÍ |
| 12 |
Antología
Poética (Barcelona, Orbis, S.A., 1982)
|
NO |
| 13 |
El hombre y su poesía (Madrid, Cátedra,
1987) Juan Cano Ballesta
|
NO |
| 14 |
Antología Poética (Barcelona, PPU,
S.A., 1992) Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia |
NO |
| 15 |
Obra Poética Completa, Miguel Hernández
(Madrid, Alianza Tres, 1990) |
SÍ |
Los hombres viejos
I
Nacen
puestos de gafas, y una piel de levita,
y una perilla obscena de culo de bellota,
y calvos, y caducos. Y nunca se les quita
la joroba que dentro del alma les explota.
Pedos
con barbacana, ceremoniosos pedos,
de su senil niñez de polvo enlevitado,
pasan a la edad plena con polvo entre los dedos,
sonando a sepultura y oliendo a antepasado.
Parecen
candeleros infelices, escobas
desplumadas, retiesas, con toga, con bonete:
una congregación de gallardas jorobas
con callos y verrugas al borde del retrete.
Con
callos y verrugas, y coles y misales,
la dignidad del asno se rebela en la enjalma,
mirando estos cochinos tan espirituales
con callos y verrugas en la extensión del alma.
Alma
verrugicida, callicida la vuestra.
Habéis nacido tiesos como los monigotes,
y vivís de puntillas, levantando la diestra
para cornamentar la voz y los bigotes.
Saludáis
con el ano, no arrugáis nunca el traje,
disimuláis los cuernos con laureles de lata.
No paráis en la tierra, siempre vais de viaje
por un país de luna maquinal, mentecata.
Nacéis
inventariados, morís previa promesa
de que seréis cubiertos de estatuas y coronas.
Vais como procesados por el sol, que procesa
aquello que señala delito en las personas.
Os
alimenta el aire sangriento de un juzgado,
de un presidio siniestro de abogados y jueces.
Y concedéis los pedos por audiencia de un lado,
mientras del otro lado jodéis, meáis a veces.
Herís,
crucificáis con ojos compasivos,
cadáveres de todas las horas y los días:
autos de poca fe, pasto de los archivos,
habláis desde los púlpitos de muchas tonterías.
Nunca
tenga que ver yo con estos doctores,
estas enciclopedias ahumadas, aplastantes.
Nunca de estos filósofos me ataquen los humores,
porque sus agudezas me resultan laxantes.
Porque
se ponen huecos igual que las gallinas
para eructar sandeces creyéndose profundos:
porque para pensar entran en las letrinas,
en abismos rellenos de folios moribundos.
Sentenciosas
tinajas vacías, pero hinchadas,
se repliegan sus frentes igual que acordeones,
y ascienden y descienden, tortugas preocupadas,
y el corazón les late por no sé qué rincones.
No
se han hecho para estos boñigos los barbechos,
no se han hecho para estos gusanos las manzanas.
Sólo hay chocolateras y sillones deshechos
para estas incoherencias reumáticas y canas.
Retretes
de elegancia, cagan correctamente:
hijos de puta ansiosos de politiquerías,
publicidad y bombo, se corrigen la frente
y preparan el gesto de las fotografías.
Temblad,
hijos de puta, por vuestra puta suerte,
que unos soldados de alma patética deciden:
ellos son los que tratan la verdadera muerte,
ellos la verdadera, la ruda vida piden.
La
vida es otra cosa, sucios señores míos,
más clara, menos turbia de folios, de oficinas.
Nadan radiantemente sus cuerpos en los ríos
y no usan esa cara de múltiples esquinas.
Nunca
fuisteis muchachos, y queréis que persista
un mundo aparatoso de cartón estirado,
por donde el cartón vaya paticojo y turista,
rey entre maniquíes de pulso congelado.
Venís
de la Edad Media donde no habéis nacido,
porque no sois del tiempo presente ni el ausente.
Os mata una verdad en el caduco nido:
la que impone la vida del siempre adolescente.
Yo
soy viejo: tan viejo, que el primer hombre late
dentro de mis vividos y veintisiete años,
porque combato al tiempo y el tiempo me combate.
A vosotros, vencidos, os trata como a extraños.
II
Trapos,
calcomanías, defunciones, objetos,
muladares de todo, tinajas, oquedades,
lápidas, catafalcos, legajos, mamotretos,
inscripciones, sudarios, menudencias, ruindades.
Polvo,
palabrería, carcoma y escritura,
cornisas; orinales que quieren ser severos,
y se llevan la barba de goma a la cintura,
y duermen rodeados de siglos y sombreros.
Vilmente
descosidos, pálidos de avaricia,
lo que más les preocupa de todo es el bolsillo.
Gotosos, desastrosos, malvados, la injusticia
se viste de acta en ellos con papel amarillo.
Los
veréis adheridos a varios ministerios,
a varias oficinas por el ocio amuebladas.
Con el sexo en la boca canosa, van muy serios,
trucosos, maniobreros, persiguiendo embajadas.
Los
veréis sumergidos entre trastos y coños
internacionalmente pagados, conocidos:
pasear por Ginebra los cojones bisoños
con cara de inventores mortalmente aburridos.
Son
los que recomiendan y los recomendados.
La recomendación es un procedimiento.
Por recomendación agonizan sentados
donde la muerte cómoda pone su ayuntamiento.
Cuando
van a acostarse, se quitan la careta,
el disfraz cotidiano, la diaria postura.
Ante su sordidez se nubla la peseta,
se agota en su paciencia la estatua más segura.
A
veces de la mala digestión de estos cuervos
que quieren imponernos su vejez, su idioma,
que quieren que seamos lenguas esclava, siervos,
dependen muchas vidas con signo de paloma.
A
veces son marquesas íntimas de ambiciones,
insaciables de joyas, relumbronas de trato:
fracasadas de título, caballares de acciones,
relinchan por llevar el mundo en el zapato.
Putonas
de importancia, miden bien la sonrisa
con la categoría que quien las trata encierra:
políticas jetudas, desgastan la camisa
jodiendo mientras hablan del drama de la guerra.
Se
cae de viejo el mundo con tal matalotaje.
hijos de la rutina bisoja y contrahecha,
valoran a los hombres por el precio del traje,
cagan, y donde cagan colocan una fecha.
Van
del hotel al banco, del hotel al paseo
con una cornamenta notable de aire insulso.
Es humillar al prójimo su más noble deseo
y el esfuerzo mayor le hacen meando a pulso.
Hemos
de destrozaros en vuestras legaciones,
en vuestros escenarios, en vuestras diplomacias.
Con ametralladoras cálidas y canciones
os ametrallaremos, prehistóricas desgracias.
Porque,
sabed: llevamos mucha verdad metida
dentro del corazón, sangrando por la boca:
y os vencerá la férrea juventud de la vida,
pues para tanta fuerza tanta maldad es poca.
La
juventud, motores, ímpetus a raudales,
contra vosotros, viejos exhombres, plena llueve:
mueve unánimemente sus músculos frutales,
sus máquinas de abril contra vosotros mueve.
Viejos
exhombres viejos: ni viejos tan siquiera.
La vejez es un don que cederá mi frente,
y a vuestro lado es joven como la primavera.
Sois la decrepitud andante y maloliente.
Sois
mis enemiguitos: los del mundo que siento
rodar sobre mi pecho más claro cada día.
Y con un soplo sólo de mi caliente aliento,
con este solo soplo dicté vuestra agonía.
MH
Ángeles
Martínez Sainz
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