¿De
qué forma conoció a Miguel Hernández?
Este inolvidable episodio de mi vida, y que tanto me ha marcado después,
sucedió en un acto en el Ateneo de Alicante, en la tarde del 21
de agosto de 1937, en periodo de guerra civil. Miguel habló, desde
la tribuna, primero de su presencia en el Frente de Madrid y después
leyó dos poemas de Viento del Pueblo. Al término
del acto fue cuando mi amigo Manuel Molina, también oriolano, me
lo presentó y le estreché la mano. Le expresé mi
admiración tras escuchar su relato y sus versos de guerra, que
tanta fuerza transmitían. Miguel, cuando recitaba, era impresionante.
Las palabras del joven poeta consiguieron envolverme en un halo que todavía
perdura y que ha ido creciendo conforme he ido conociendo su obra. A partir
de ese encuentro fue como comenzó mi interés por Miguel
Hernández.
¿Qué
motivos le llevaron a Manuel Molina y a usted a publicar Seis poemas
inéditos y nueve más?
Esta idea surge en la segunda mitad de 1950 con un doble objetivo: difundir
la obra hernandiana, silenciada de manera absoluta, y ayudar en lo que
nos fuera posible a la viuda e hijo del poeta. Este libro de Miguel, en
el que colaboran Miguel Abad con la portada y Ricardo Fuente con el dibujo
de las viñetas, es el primero editado en España tras la
guerra civil y el fallecimiento del gran escritor. Esta obra presentada
en forma de carpeta fue adquirida entre sus amigos y admiradores.
Además, cuando sacamos la revista Verbo ya empezamos a
publicar poemas de Miguel, y a la vez que divulgamos la obra de Hernández
en la revista creamos las tertulias en el bar donde leíamos versos,
cosas no sólo de Miguel sino también de Miró, entre
otros.
Pero he de decir que todo esto lo hacíamos con entera naturalidad
sin censura ni nada, hablábamos de Miguel en los cafés y
en la calle. No teníamos conciencia de que Miguel estaba prohibido,
publicábamos de manera natural. Hasta que la revista Relevo,
Hoja volante del S.E.U. nos critica duramente por nuestro testimonio,
el oral, acerca de Miguel Hernández.
¿Quiénes
fueron los promotores de la suscripción para la compra del nicho
del poeta?
Fue una iniciativa de Manuel Molina y mía. A finales del año
51 Josefina Manresa nos recordó que en marzo de 1952, se cumplía
el plazo para comprar el nicho; de no adquirirlo, los restos mortales
de Miguel irían sin remedio a la fosa común. Como no contábamos
con las 2.042 pesetas que se requerían para la compra decidimos
hacer una suscripción entre los amigos y en poco más de
un mes ya habíamos recaudado la cantidad necesaria. Y no volvimos
hablar del tema hasta que en 1975, se publica la biografía Miguel
Hernández, rayo que no cesa de mi apreciada amiga
María de Gracia Ifach, seudónimo de Josefina Escolano, donde
en sus páginas afirma que la suscripción nacional para recaudar
capital para el nicho de Miguel es una iniciativa del escritor Gabriel
Celaya. Así que decidimos reunir todo el material que teníamos,
incluidas las cartas y giros de quienes habían enviado el dinero,
y publicar un libro. Este libro Miguel Hernández en Alicante,
nos llevó a un terrible enfrentamiento con Josefina Manresa, ya
que ésta se enfadó mucho ya que no quería que la
gente supiese que el nicho había sido comprado mediante suscripción,
ya ves tú ¿qué vergüenza hay en eso? Nosotros
no teníamos el dinero, se lo pedimos a nuestros amigos y en poco
tiempo se solucionó.
Pero la rabia de Josefina le llevó a criticarnos a través
de sus contactos en Madrid en el semanario Posible y nosotros
le respondimos.
¿Cree
que Miguel hubiera sido igual de conocido a nivel mundial si su trayectoria
vital hubiera sido diferente?
Muchísima gente conoce más a Miguel por su vida, políticamente
desorbitada, que por su obra. Es natural que haya sido así porque
la politización llega a todos los extremos. Después de una
guerra civil parece lógico la politización. También
ocurrió lo mismo con García Lorca. Aunque considero que
la obra de Miguel es suficientemente buena para que perdure por los siglos
de los siglos. Su obra es él. Y él es su obra.
¿Qué
entiende por hernandismo?
Para mi el hernandismo es el amor por el conocimiento de la obra hernandiana.
Una vez que se conoce la obra hay que amarla forzosamente. No se quiere
si no se conoce. Ese querer puro sin mezclas de ideologías concomitantes
eso es el hernandismo. Lo que en los años cuarenta hacíamos
en los bares, tertulias, cafés de hablar y recitar en público
a Miguel, publicar poemas o encararnos con las autoridades en un momento
dado, ese es el hernandismo puro, pero lo otro es lo apócrifo,
lo falso. Yo me considero una persona hernandiana ya que he desarrollado
a lo largo de mi vida el amor profundo a la obra de Miguel Hernández.
¿Qué
le parece la labor que está realizando la Fundación Cultural
Miguel Hernández para la investigación y difusión
de la vida y obra del poeta oriolano?
Deseo que la Fundación tenga todos los éxitos habidos y
por haber, porque debe ser así, en Orihuela donde se da el hernandismo
ese amor y ese conocimiento de la obra de Miguel sea un fuego inextinguible,
una luz para siempre. Aunque Josefina no lo viera. Divulgar o estudiar
a Miguel es bueno.
Nuria
Illescas.
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