TESTIMONIO DE MANUEL ABADÍA CABRERA SOBRE MIGUEL HERNÁNDEZ
Manuel
Abadía
“En
los momentos difíciles, D. Luis Almarcha siempre estuvo al lado
de Miguel, discípulo al que tanto quiso”

Su
paso por la Federación de Sindicatos Agrícolas Católicos
le permitió a Manuel Abadía encontrarse con Miguel Hernández
en el Registro de la Propiedad o en el Círculo Católico.
Pero el mayor conocimiento del escritor oriolano lo ha obtenido a través
de las conversaciones con D. Luis Almarcha, ya que “fue el que descubrió
desde el primer momento su talento y valía” y le apoyó
a lo largo de su trayectoria vital incluso cuando estaba en la cárcel,
como demuestra “la carta recogida en el expediente penitenciario
que ha dado a conocer la Fundación que lleva el nombre del poeta”.
¿Dónde
coincidió por primera vez con Miguel Hernández?
En mis años jóvenes acudía al Círculo Católico
sobre todo los fines de semana y jugaba con algunos amigos al billar.
Dada la relación de mi padre con D. Luis Almarcha, que fue uno
de los nueve fundadores de la Federación de Sindicatos Agrícolas
Católicos, frecuentaba yo el Círculo y como durante el año
1930 y primer trimestre de 1931, Miguel venía allí en busca
de D. Luis de cuando en cuando con motivo de la publicación en
el semanario El Pueblo de Orihuela,
de sus primeros trabajos poético-literarios, fue entonces cuando
por primera vez tuve el honor de conocer a Miguel Hernández.
¿En
qué otros lugares se encontró con el ilustre poeta oriolano?
Miguel estaba empleado en la Notaría de D. Luis Maseres Muñoz
y a diario en cumplimiento de su misión acudía al Registro
de la Propiedad.
Recuerdo perfectamente cómo Miguel, al salir de la Notaría
y con las escrituras bajo el brazo izquierdo y pasando por la Plaza de
la Soledad y Calle Mayor, se dirigía a las oficinas de dicho Registro,
situadas en la entreplanta de la calle de José María Sarget
nº6, edificio con fachada a las calles de López Pozas y la
Guardia, caminando como absorto con esa mirada infinita -tan característica
en él– que te hacía pensar que se encontraba trasplantado
a ese otro mundo poético suyo que era la gran vocación de
su vida. Y como desde muy temprana edad, yo formaba parte de la plantilla
de personal de la Federación de Sindicatos Agrícolas y con
cierta frecuencia acudía a la misma oficina donde iba Miguel, por
la conversación que manteníamos algunas veces, llegué
a la conclusión que ni le gustaba ser pastor de cabras ni tampoco
empleado de Notaría, pues la única meta de su vida era ser
poeta como lo fue, y grande.
¿Qué
relación tenía Miguel Hernández con D. Luis Almarcha?
D. Luis Almarcha vivía al comienzo de la calle de Arriba y Miguel
Hernández al final. D. Luis además de Vicario General del
Obispado, fue un gran sociólogo dedicado la mayor parte de su vida
a la Fundación de Instituciones Sociales, en beneficio de los más
débiles.
Miguel, que había estudiado en las Escuelas del Ave María
de los Jesuitas y que estaba considerado como niño de mucho ingenio,
aunque sus profesores querían que los continuara, los abandonó
antes de tiempo pues lo necesitaba su padre para pastorear el ganado de
cabras que tenían, motivo por el que no recibió educación
superior.
Entre D. Luis y Miguel la vecindad se convertiría pronto en una
relación familiar.
D. Luis tuvo conocimiento de las primeras poesías que escribía
Miguel mientras pastoreaba las cabras. Su nutrida biblioteca la pasó
a su disposición, facilitándole libros, sobre todo de San
Juan de la Cruz, Virgilio y Góngora.
Para que Miguel pudiera hacer mejor su trabajo, le regaló D. Luis
su máquina de escribir marca Adler.
En aquellos primeros versos D. Luis descubrió el talento y la valía
de Miguel. Su primer libro Perito en lunas lo editó D.
Luis de su peculio particular y fue impreso en los talleres de La
Verdad de Murcia.
También me consta que, tras terminar la guerra, Miguel en uno de
los encuentros con D. Luis Almarcha, le faltó tiempo para confesarle:
“Nos pudo separar la política, pero no la religión
ni las aficiones artísticas”.
D. Luis Almarcha se preocupó por Miguel Hernández a lo largo
de toda su vida. Guerrero Zamora, en su libro, así lo recoge. D.
Luis Almarcha tenía por costumbre hacer cartas autógrafas
como la que figura en el expediente
carcelario que ha dado a conocer la Fundación Miguel Hernández
hace poco. Esta carta está dirigida al Capellán del Reformatorio
de Alicante, Don Gaspar Blanquer, con fecha 2 de octubre de 1941. Le anunciaba
“Don Vicente Dimas, cura de El Alted, profesor del Instituto, tiene
el encargo de visitar al recluso Miguel Hernández Gilabert de parte
mía, pues tengo interés en no abandonar a este joven”.
También Guerrero Zamora en el folio 183 de su libro dice: “no
fueron causa suficiente para borrar enteramente las hondas huellas del
afecto y, así el poeta, ya mortalmente enfermo consintió
en recibir al eclesiástico que, en unión de Justino Marín
(después Gabriel Sijé), el profesor Antonio Fantucci, Alfonso
Ortuño y el director de la cárcel, llegaron un buen día
a su cabecera para ofrecerle consuelo. Fantucci lloraría su impresión
en un poema: Mane, nobiscum, domine; Almarcha recordaría
siempre como bajo secreto de confesión lo que hablaron, pero, al
recordar el encuentro, añadiría: “Hablamos largo rato...
Lo dejé lleno de esperanzas e ilusiones. Me dio pena la separación
porque el aspecto confirmaba los temores del Médico. Pocos días
después llegó la noticia de su fallecimiento...... El Padre
Vendrell, Capellán de la Prisión nombrado por mí
le visitó en mi nombre después de la despedida. Sé
que el discreto y caritativo Padre quedó contento de sus entrevistas
y que Miguel lo agradeció mucho”.
Antes de terminar quería decir que sí bien D. Luis Almarcha
fue Procurador en Cortes, intervino activamente en la Ley de Enseñanza
Universitaria, en la de auxilio a familias numerosas, en la de Seguros
al servicio doméstico y en la de Cooperación y Reglamento
de la misma, habiendo formado parte de varias ponencias, lo que vino a
demostrar su interés por los colectivos más desfavorecidos.
Y como al final decir que D. Luis Almarcha en los momentos difíciles
siempre estuvo al lado de Miguel, discípulo al que tanto quiso
y que fue el que descubrió desde el primer momento su talento y
valía, afecto siempre recíproco.
¿Qué
anécdotas contaba D. Luis Almarcha sobre Miguel Hernández?
Contaba D. Luis Almarcha a los amigos, lo que ocurrió a Miguel,
uno de los días de salida a pastorear las cabras.
Al regreso con el rebaño a casa se encontró con D. Luis
en la calle y después de saludarle con timidez, le enseñó
unos versos escritos a lápiz. Al Dr. Almarcha le gustaron. Miguel
le dijo que mientras los escribía, le habían puesto una
multa porque había abandonado las cabras. D. Luis le contestó:
“si no la paga tu padre, entre los amigos abriremos una suscripción.
Sigue haciendo versos pero en la noche; para el día llévate
de casa los libros que quieras.
La multa no se la pusieron, pero ni las cabras han encontrado otro pastor
más distraído, ni mis libros otro lector más atento”.
¿Considera
que la película Vientos del Pueblo hace justicia a la
realidad de aquel momento?
La película, realizada por Televisión Española de
Vientos del Pueblo dedicada a Miguel Hernández, defraudó
a los oriolanos.
Algunos de los personajes que aparecen tanto en su aspecto físico
como en su vestimenta -impropia de la época- están desfigurados.
La crítica de esta película, por prestigiosos periódicos
del país, viene a ratificar en cierto modo fallos en la realización
y en la biografía empleada que no se corresponde con la realidad.
¿Cuál
fue su participación en el Cincuenta Aniversario de la muerte de
Miguel Hernández?
La celebración del Congreso Internacional los días 26, 27
y 28 de marzo de 1992, en el 50 aniversario de la muerte de Miguel, constituyó
un verdadero éxito.
Seguí muy de cerca cómo se desarrollaron estas jornadas,
cuyo acto inaugural tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Alicante,
ocupando la presidencia junto a Joan Lerma, el Rector de dicha Universidad,
la nuera del poeta, Lucía Izquierdo, Delegado del Gobierno en la
Comunidad Valenciana, Alcaldes de Orihuela, Elche y Alicante y representaciones
culturales e institucionales.
Asistí como oyente a los actos celebrados en Orihuela.
Intervinieron prestigiosas personalidades, llegando a la conclusión
que la calidad de la obra de Miguel, le coloca entre nuestros primeros
poetas contemporáneos, luego cualquier homenaje que se le tribute,
es muy justo y merecido para honrar la memoria de tan insigne oriolano,
hombre bueno, sencillo que tanto amó a su tierra.
¿Considera
que se le han hecho suficientes homenajes a este poeta universal?
Estimo que si bien con anterioridad, se le han dedicado varios homenajes,
convocados premios literarios, publicación de infinidad de artículos
en periódicos y revistas, edición de libros, etc, obras
y reformas en la casa que vivió el poeta en la calle de Arriba
y otras asambleas, más el importante Congreso Internacional celebrado
en el 50 aniversario de la muerte del poeta en marzo de 1992, estimo no
son suficientes para lo mucho que se merece nuestro insigne poeta, pero
hay que reconocer que de unos años a esta parte con la puesta en
marcha de la Fundación Miguel Hernández y con proyectos
en curso muy interesantes, entre ellos, el Taller de Empleo y otros que
tiene previsto en este momento para los próximos años, bajo
la competente dirección de D. Juan José Sánchez Balaguer
y miembros de su Patronato, abrigo fundadas esperanzas, que la nueva ruta
emprendida, va a constituir un verdadero éxito, recordando y enalteciendo
todavía más la figura de unos de nuestros mejores poetas
contemporáneos.
Nuria
Illescas
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