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EL RAYO QUE NO CESA
     
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Figlio della luce e dell’ombra e altre poesie. Prólogo de Sergio Scoppolini. Edición a cargo de Enzo Calcaterra. Tolentino, Macerata (Italia), Edizioni Polislab, 2002, 66 pp.
Beresaluze Galbis, Luis, ‘Trinidad de la palabra’, San Vicente del Raspeig (Alicante), Editorial Club Universitario, 2003, 167 pp., ECU Narrativa.
 

 

 

 

 

FIGLIO DELLA LUCE E DELL'OMBRA

En fechas muy recientes (31 de octubre de 2002), fue presentada en la ciudad italiana de Tolentino, provincia de Macerata, continuando una serie de homenajes y lectura de poemas de Miguel Hernández, una edición artesanal y limitada a 20 ejemplares numerados y con una cubierta exclusiva, una selección de poemas de Miguel, titulada “Figlio della luce e dell’ombra e altre poesie” (Hijo de la luz y de la sombra y otras poesías).

La edición, bilingüe, está a cargo de Enzo Calcaterra, con un prólogo de Sergio Scoppolini, donde explica que el volumen nace del homenaje en dos jornadas de estudio, realizadas el 23 y 24 de marzo de 2002. Explica, además, la necesidad de publicar una antología que reivindique “su espesor poético” y que cumpla con un acto de justicia al retomar al ignorado poeta. Además, y como nota curiosa, auspicia el hermanamiento entre las localidades de Tolentino y Orihuela, dos localidades que han conocido a fondo la experiencia del antifascismo, faltando sólo un acto de buena voluntad a nivel institucional.

En la introducción, a cargo de Enzo Calcaterra, relata el particular calvario hernandiano, finalizado en la cárcel en el año 42, y que, además de superar una guerra civil, debe superar dos emociones muy intensas: el nacimiento y la muerte de un hijo. Es por ello, que su poesía se va a ver muy afectada y adquiere tintes sombríos, aunque con alguna alternancia con la luz.

En cuanto a la bibliografía, aparecen obras de Dario Puccini, Oreste Macrí, Gabriele Morelli y el propio Enzo Calcaterra, recogiendo un poco todo lo mejor que se ha publicado en el país trasalpino, además de las dos más recientes de José Luis Ferris y que han sido muy tomadas en cuenta para elaborar la presente edición, que cuenta además con una breve nota biográfica sobre Miguel Hernández.

En cuanto a los contenidos poéticos, se estructuran de una manera tripartita, a saber: “Hijo de la luz y de la sombra”; “La luz” y “La sombra”. La primera, contiene además tres poemas, “Hijo de la sombra”, “Hijo de la luz”, e “Hijo de la luz y de la sombra”. El segundo bloque, la luz, consta de los poemas “Menos tu vientre”, “Rueda”, “Con dos años”, y las “Nanas de la cebolla”, mundialmente conocidas. En el tercer y último bloque, denominado la sombra, e integrado por los poemas “Era un hoyo”, “La fuerza que me arrastra”, ¿Quién llenará...?, “Ropas”, “El cementerio”, “Cada vez...”, “Aunque tú no estás”, “A mi hijo” y “El niño de la noche”.

La primera parte, es la máxima expresión de la poesía amorosa de Miguel, donde la esposa se transfigura en noche y donde la noche es el momento culminante del sueño y del amor, y el día, es el símbolo del hombre, de cuyo abrazo nacerá el hijo.

En la segunda, la luz, está dedicada a su hijo, primero en el vientre de la esposa, y luego en su evolución, hasta llegar a la universal “Nanas de la cebolla”, motivada por la carta de la esposa que le relata que su alimento es tan sólo pan y cebolla, y con un tono doloroso por esa vivencia personal y en el cual se unen además la tristeza y la nostalgia.

Finalmente, en la tercera parte, la sombra, con un tono más oscuro y sombrío, está recordando a su primer hijo, prematuramente fallecido, con 10 meses, con un estado de tristeza al que habría que añadir un presagio atemporal, sin color, cielo o naturaleza, y con el marco de su terrible condición de enfermo y encarcelado, y donde las referencias a la muerte y a lo muerto (su hijo) son constantes.

Tan sólo cabe felicitar a la Asociación Cultural Polislab por su permanente homenaje a Miguel Hernández, una muestra más de su universalidad.

 

Manuel Ramón Vera Abadía

 

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TRINIDAD DE LA PALABRA

Alicante ha dado en el siglo que apenas acaba de finalizar una gran cantidad de talentos literarios que hacen creer que para poder escribir era ‘conditio sine qua non’ el haber nacido en este rincón de la costa levantina.

A una parte destacada de esta nómina se dedica el libro que hoy traemos ante ustedes, a la ‘Trinidad’ de la palabra, que integran José Ruiz ‘Azorín’, Gabriel Miró y Miguel Hernández. Beresaluze, se ha tomado la libertad de ‘resucitar’ a estas tres inmortales personalidades en el Cielo, lugar en el que, con carácter semanal, mantienen una tertulia, a la que en alguna ocasión se suma incluso San Juan Evangelista, y que no está exenta de angelicales asistencias como el rubio camarero que les escancia vino a Miguel, anís paloma a D. José y mistela o fondillón a Gabriel. Esta resurrección entronca con la formación del pensamiento del autor, que ha bebido en la tradición cristiana, reconoce que la muerte no es el límite de la vida, y que la obra y su pervivencia, son una proclamación técnica de la inmortalidad del alma (p. 12). Así ocurre con nuestros personajes, a los cuales ha pretendido darles un habla específica, implicando un arduo trabajo de documentación e investigación al ser triple la fuente. En realidad la fuente es cuádruple, como él explica: aunque son tres en uno, en realidad habría que hablar de cuatro en uno, ya que alguien, él, debe de hacer de narrador, de estrambote de todo y debe asumir el tiempo y la palabra de Azorín, la luz de Miró y la particular pasión de Miguel Hernández.

En cuanto a la estructura del libro, ésta se encuentra planteada en función de las tertulias que nuestros tres autores van manteniendo todas las semanas, más concretamente los miércoles, en el Cielo, alrededor de una mesa, e incluso en algún caso, paseando, al más puro estilo peripatético.

El libro lo componen dieciséis capítulos o tertulias que constan de un corto título que introduce el tema abordado esa semana, siendo además susceptible de agruparse por temas. Los dos primeros estarían dedicados a las generalidades, a explicar cómo y dónde se celebran las tertulias, la triste situación de Miguel al enterarse de las polémicas iniciadas por sus herederos y su ya difunta viuda. En el tercer capítulo, se trazaría una personificación en la vida de Miguel Hernández: España. En los capítulos cuarto y quinto, se habla de la producción literaria de Miguel Hernández, y más concretamente, se analizan algunos de sus versos, como ‘Me llamo barro...’, ‘Alba de hachas’, ‘Elegía a Ramón Sijé’ (Capítulo cuarto), o se plantea en boca del maestro Azorín el nulo uso que de la coma hace Miguel Hernández y cita algunos ejemplos prácticos: ‘Mis ojos sin tus ojos no son ojos’, ‘Oda entre arena y piedra a Vicente Aleixandre’, ‘Égloga’, ‘Sonreídme’... Más adelante, en el capítulo sexto, con el pretexto de iniciar un nuevo tipo de tertulia, a lo griego, paseando y disfrutando del paisaje alicantino, se polemiza sobre la muerte (p. 59), siendo objeto de descripción por parte de Miró (p. 61) y Azorín en ‘Años y leguas’ (p. 62). En el capítulo séptimo, se inicia la parte que quizá es la más sustanciosa de toda la obra, dedicada a las explicaciones, los juicios literarios, y el uso de las ‘herramientas’ literarias, como las palabras o las metáforas, e incluso los refranes, abarcando nueve tertulias. Aquí, se nos describe qué es ser escritor, el por qué se escribe y cuál ha sido la iniciación de cada uno, poniéndose en boca de cada uno sus concepciones literarias. En los capítulos octavo y noveno, se continúa lo iniciado con un intercambio de juicios, lo que piensan unos de otros. Aquí escucharemos cómo Azorín dice que la luz está en los ojos de Gabriel Miró, que también presenta un gran amor por la naturaleza, por lo cual no colecciona sino sensaciones, o al propio Miró, establecer al hablar de Miguel Hernández, un paralelismo con Ramón Gómez de la Serna y su literatura volcánica, sugeridora como su ‘Elegía’, embutida en el tiempo y afectada por el espacio, por no hablar de Azorín, que habla de una ‘espiritualidad terrosa’ en Miguel Hernández. En el capítulo décimo, se va a incorporar un San Juan Evangelista, en el cual no ha prescrito el ‘efecto Pentecostés’ a estos ‘encuentros’ o intercambios, dedicándose a desmenuzar obras de los presentes, tratando de encontrar influencias de unos en los otros. Para ello, se van a escoger ‘Una hora de España’, de Azorín, mironiano por la luz que de él se desprende, y la viveza de la expresión del “Libro de Sigüenza”, de Miró, que también tiene mucho de Azorín. El capítulo undécimo, sigue con esta tendencia comparativa, y aquí le toca el turno a un Miguel Hernández que tiene miedo de ‘desnudarse’ (p. 114) y que cede su turno a un San Juan al que los presentes preguntan por la diferencia de ‘peso’ existente entre su Evangelio y el de los otros tres Apóstoles, y que él achaca primordialmente a su perspectiva, la de un amigo desbordado de fe y con más experiencia y no la de un historiador aséptico (p. 116). En la siguiente tertulia, conformando el capítulo duodécimo, los tres van a definir uno de los elementos literarios que más les han caracterizado, la palabra y su inmortalidad. Para Miguel Hernández, la palabra es la escultura de nuestro aire interior. Para Miró, la palabra es lo que nos socializa y comunica, es como nuestra conciencia. La palabra es el último ser del hombre, es infinita (pp. 119-122). En el capítulo siguiente, va a suceder lo mismo, pero van a teorizar sobre las metáforas, a las que Miró define como espuma del texto, un continente nuevo creado para sentir y vibrar y de las que Azorín se muestra convencido de que ha sido sobrio con ellas aunque la selección afortunada de los términos por él, hacen también que sus textos sean metáforas de su verdad; por el contrario, Miguel Hernández habla de pintar con palabras, ser músico en sus versos y, a la vez, envolverlo todo en humanidad. En el siguiente capítulo, el decimotercero, titulado ‘De vario contenido’, nuestros tres amigos van a ir ‘por libre’, hablando de distintos temas que les van a ir surgiendo al hilo de sus comentarios. Así, Miguel Hernández trata la transitoriedad del ser (p. 141) y continúa recordando que la escritura consagra la inmortalidad del pensamiento humano (p. 145), mientras que Miró se dedica a recordar a Alicante (p. 142). Finalizando con éste apartado literario, tenemos la tertulia del capítulo decimoquinto, en la cual se hace mención de los refranes, una manifestación literaria sencilla, común y anónima del pueblo, sugerente, lleno de malicia a veces, y de sagacidad y buen humor casi siempre, y de los cuales relatan un gran número.

Cerrando el libro, el capítulo decimosexto, sirve de recapitulación sobre nuestros tres amigos. En el caso de Azorín, todo tiene un orden, una armonía, un equilibrio, pero también es melancolía. Sus ojos desencantados ven todo, el cielo y la tierra grises de Alicante, con una especie de daltonismo melancólico, que le hacen acercarse a la pintura de fondos oscuros de Zurbarán. Por el contrario, Miró es el paisaje, la naturaleza, el Mediterráneo, realizando con la palabra, con el léxico, un portentoso universo poético plagado de pinceladas, recordando al impresionismo francés. Finalmente, el caso de Miguel Hernández es el más duro. Miguel es naturaleza también, pero asimismo pobreza, campo. Los tonos dolientes van incluso a dar forma a su rostro, con esa carita redonda, chata, regular, que no hacen sino anticipar su pasión y muerte, y que no hace sino recordar también al Greco por su espiritualidad.

Lo cierto es que mucho de lo relatado aquí puede ser cierto... no tenemos constancia de lo contrario. Esperemos que éstas y otras iniciativas de homenaje a la figura y la obra de nuestros maestros de la literatura se sigan produciendo, y, sobre todo, a la figura de Miguel Hernández, máxime cuando se está en puertas del II Congreso Internacional a él dedicado.

 

Manuel Ramón Vera Abadía

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-ENTREVISTA A JESUCRISTO RIQUELME
-FRANCISCO ESCUDERO GALANTE, PERIODISTA Y ESCRITOR


 

 

 

 

 

 

 

 

ENTREVISTA A JESUCRISTO RIQUELME


“Lo que define la escritura hernandiana es la combinación y la simbiosis entre goce estético y alcance social”

 

El oriolano Jesucristo Riquelme Pomares, es doctor en Filología Hispánica con una tesis basada en el estudio de la producción teatral hernandiana. Ha formado parte de la Agencia de Cooperación Internacional de España en Chile y Guinea Ecuatorial. Hoy es Catedrático de Lengua y Literatura de Bachillerato y está inmerso en diversos proyectos educativos y de investigación. Es autor de diversos ensayos y ediciones, entre los que podríamos destacar, por ser los más recientes, ‘Los anglicismos. (Anglismos y anglicismos, huéspedes de la lengua)’, Aguaclara, Alicante, 1998; ‘El niño vulnerado’’, Universidad de Elche-CAM, 1999; y el estudio y edición de ‘LUNA’, Primera revista cultural del exilio en España (1939-1940)’, EDAF, Madrid, Buenos Aires-México, 2000.

Sabemos que finalizó su libro en el año 2000, pero que por imperativos de
la editorial no ha sido publicado hasta finales de 2002, y más concretamente noviembre, mes en el que fue presentado en Madrid en el Ateneo. ¿Qué proyectos editoriales tiene ahora mismo?

En relación con la obra literaria de Miguel Hernández, se encuentra en prensa una nueva antología preparada por encargo para la editorial Castalia (Madrid), titulada ‘Miguel Hernández. Poesía necesaria’. Consiste en una antología con un enfoque que combina la revisión biográfica y una selección tonotemática de sus principales poemas; en concreto, se distinguen diez tonos y momentos diferenciados en su producción lírica. Se trata de un libro con actividades para el comentario y la reflexión, destinado a la población estudiantil de nuestros IES: ESO y Bachillerato.

Por otro lado, ultimo la redacción de otra antología para el público en general, con un estudio preliminar, destinada a una prestigiosa editorial argentina, la editorial Colihue (Buenos Aires); será publicado en la colección Musarisca con el título ‘Miguel Hernández. Desde las venas de la tierra’.

Asimismo, continuando la lectura de poetas –como León Felipe y, sobre todo, el nicaragüense Ernesto Cardenal– cuyo hálito biobibliográfico mantiene algunos puntos de contacto y asociación con el significado de la vida y la obra de Miguel Hernández, ultimo también el proyecto del libro ‘Ernesto Cardenal. AntEología poética de la liberación’, encargado por la editorial madrileña EDAF (Madrid, Buenos Aires, México), la editorial que publicó espléndidamente mi edición de ‘Luna (1939-1940), la primera revista cultural del exilio en España’.


Usted, como buen docente, no ha descuidado la investigación y la innovación en las aulas. Ha asistido a multitud de congresos, cursos y seminarios. ¿Ahora mismo, tiene alguna inquietud sobre estos temas?.
El sentido pleno de la obra artístico-literaria de Miguel Hernández –poesía, teatro, prosa, etc.- se colma en su trascendencia e integración tanto individual como social; lo que define la escritura hernandiana es la combinación y la simbiosis entre goce estético (por sus palabras) y alcance social (por la fuerza de su voz como transformadora de la sociedad). Hacer accesible la obra del poeta oriolano a los gustos de los más jóvenes, de los estudiantes en general, es uno de los cometidos estelares de muchos especialistas hernandianos. Una de las actividades que mejor conecta con el púber, el adolescente o el joven de hoy –chico o chica- es la versión musical de las letras de Miguel Hernández. El trabajo poético-musical de Serrat, de Cafrune, de Jarcha, de Morente, de Amancio Prada, de Paco de Lucía, etc. fue un acicate y dio a conocer la figura universal de Hernández; hoy –además- hay que dirigir los oídos de los nuevos aficionados a la poesía a través de los acordes de Barbería del Sur o de Jorge Gavaldá; todos ellos han compuesto canciones con letras de Miguel Hernández: es una manera de actualizar el valor social y popular de sus contenidos. La poesía sin música continúa siendo una muestra artística de elite; la música difunde las letras de los poemas y los hace sentir en una estética que alcanza a la gran mayoría de ciudadanos jóvenes...

Otra de las facetas que más agrada a los estudiantes en las aulas y en las tablas de los salones de actos y de las escalinatas de entradas a instituciones públicas (calles o plazas) es la antología dramatizada de fragmentos y poemas de Miguel Hernández. Recital con expresión corporal, audiovisuales, luces, sonidos o efectos fónicos especiales, y música supone la participación creativa de los propios estudiantes, quienes emplean el texto escrito como instrumento o materia que se adapta a un montaje más o menos espectacular (sin perder la modestia en sus espectáculos) donde permanece y vence la primacía de la palabra. El proceso de selección de textos (fragmentos en muchas ocasiones, para evitar la pesadez de poemas largos) implica una fuerte involucración activa por parte del alumnado: comprenden los textos, conocen las fases de la vida y la producción hernandiana, deciden un hilo conductor en su antología, interpretan en su declamación el sentido de lo escrito, y crean una nueva forma de transmisión del arte de la palabra, a través del arte de la representación. La puesta en escena en los centros propios y en centros escolares ajenos suele obtener resultados muy alentadores para la autoestima y el reconocimiento social de los participantes. Estas experiencias en estudiantes de condiciones socio-culturales medias y bajas, incluso de extracción social y familiar marginal, suele convertirse en detonante de una superación de la actuación individual en el grupo y del propio reconocimiento de valores personales sin descubrir...

Asimismo, una de las actividades para estudiantes mayores de IES consiste en rastrear las obras completas del escritor de Orihuela y recomponer todo lo que guarde relación con lo narrativo, con el objetivo de conformar una colección de cuentos, historias, narraciones breves que pueda ofrecerse y adaptarse –en todo caso- para la enseñanza primaria. Un librito de lectura con cuentos breves o narraciones breves bien diseñado con delicados dibujos podría ser un material bibliográfico o de trabajo de edificante aceptación infantil.

¿Qué piensa Vd., que está inmerso en la sociedad de la información (proyecto Infoville, Infocole...) sobre iniciativas como la biblioteca virtual que pretende impulsar la Fundación Cultural Miguel Hernández?.
La sociedad moderna del mundo desarrollado que gira en torno a los avances de Internet nos enseña que el ser humano –en ese medio- no sólo debe estar informado y formado en las nuevas tecnologías –para acceder a fondos y base de datos, etc.-, sino que también debe ser consciente de que la nueva formación consiste en una formación constante de recursos y datos en constante evolución. Probablemente el gran modelo para la FCMH haya podido ser la Biblioteca Virtual Cervantes, de la Universidad de Alicante; modelo de incalculable valor cultural. El esfuerzo que realiza la FCMH en el desarrollo de sus iniciativas más caracterizadoras (Infopoesía, taller de formación y aplicación de nuevas tecnologías de comunicación, que incluye el diseño de la web hernandiana de la Fundación, su revista digital, etc.) y el buenhacer de sus responsables van convirtiendo a la FCMH oriolana entre las más adelantadas en cuanto a difusión cultural de nuestro país. La siguiente fase será la tarea de difusión y divulgación de todos sus recursos bien explicados en los medios estudiantiles, culturales y sociales, en general, para que se multipliquen los efectos de su denodado empeño: poner al alcance de casi todos las manifestaciones culturales que nos asocian y hermanan...

Con respecto al esperado II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, y habida cuenta de su papel como reputado especialista, ¿cree que podemos esperar, diez años después, significativos avances en el conocimiento de la vida y obra del poeta?.
El I Congreso Internacional se llevó a cabo en 1992. Los diez años que han transcurrido han supuesto algunas novedades que merecen ser destacadas, en efecto, y también algunas propuestas que deben ser tenidas en cuenta:

1. La ‘Obra Completa’, editada por Espasa Calpe, debe ser revisada y ampliada con los textos, una vez autenticados, que conocemos o son atribuidos al escritor oriolano. Este es un proyecto que debe ser concretado sin demasiada dilación.

2. La biografía del poeta ha obtenido asimismo algunas revisiones: sería preciso insistir y profundizar en la repercusión del arte plástico en la obra literaria de Miguel: desde Ramón Gaya, en Murcia, hasta la madrileña Escuela de Vallecas (Benjamín Palencia, Alberto Sánchez y Maruja Mallo); convendría también revisar y afinar las repercusiones literarias de las relaciones amistosas y sentimentales (amorosas, ...) de Miguel, en especial, en el proceso de elaboración de ‘El rayo que no cesa’; relevante resultaría conocer con detalle las obras que presenció Hernández en la URSS, durante su viaje en 1937, para poder estudiar su influencia en el teatro último hernandiano, ‘Pastor de la muerte’, en concreto; se han conocido datos y documentos sobre su etapa carcelaria y sus ingresos de atención hospitalaria que pueden indagar en la psicología del personaje; probablemente nos mostraría una nueva faceta el conocer musicalmente las propuestas de canciones de sus obras: existen partituras, como las versiones de Lan Adomián, sobre textos de Hernández (algunos de ellos retocados por Margarita Nelken), que iban a constituir el ‘Nuevo Himno de la República’ –sustituyendo al famoso ‘Himno de Riego’-; el Miguel Hernández dibujante volcado, con ingenuidad y candor, y primitivismo expresivo, sumamente evocador, a describir con su lápiz situaciones y, sobre todo, personajes.

Usted ha descubierto y ha investigado sobre algunas de las facetas quizá menos conocidas del poeta, como su afición por el Séptimo Arte. ¿Cree que Miguel aún puede sorprendernos?.
Efectivamente. Miguel Hernández es un poeta necesario; pero, a la vez, está necesitado de nuevos acercamientos a su obra y de nuevas interpretaciones; es la manera de permanecer vivo y vigente en el arte contemporáneo de la palabra.
Desde mitad de los años ’70 del siglo pasado, mi labor investigadora (y luego divulgadora) se ha centrado especialmente en la creación teatral de Hernández. Ya ello era todo un descubrimiento: que Miguel Hernández hubiera escrito teatro no dejaba de ser –incluso en la Universidad- una afirmación aparentemente estrafalaria; sin embargo, Hernández escribió más páginas para el teatro que para la poesía. El cine también le atrajo muchísimo: no sólo le gustaba presenciar películas (según donde estuviera), sobre todo, las grandes producciones internacionales) sino que compraba revistas especializadas en cine. Conocida y célebre es su frase a Antonio Buero Vallejo, el luego afamado dramaturgo, cuando –en un ambiente carcelario- le dice que ellos dos, cuando salgan de prisión, se dedicarán o harán muchas cosas para el cine. (Mas, en esta ocasión, la premonición no surtió efecto). Cierto es que el cine influye en su concepción de relatar y contar sucesos: lo apreciamos en su conato y fragmentario esbozo de probable novela, ‘La tragedia de Calisto’, obra juvenil (de 1932 aprox.), y en sus piezas teatrales. Y no sólo el cine sino también otra forma de expresión artística que ya era fuente argumental para el cine: la zarzuela. Situaciones, ambientes, coralidad de personajes, cantos colectivos, etc. proceden bien directamente de la zarzuela bien a través de la versión cinematográfica.

Finalmente, y siempre relacionado con eso que hemos definido como ‘espíritu hernandiano’, estamos ante la inminente presentación de un proyecto cultural –sociocultural-, muy del gusto y del vivir de lo que representa para nosotros la figura de Miguel Hernández, proyecto en el que comparto responsabilidad de promoción y organización: se trata del Festival Internacional de Cine Solidario (FICSOL). Este Festival nace con la intención de ser, a la vez que concurso cinematográfico, marco de debate y reflexión, y asociación entre lo artístico y la práctica social (de tolerancia e integración) o de cooperación y desarrollo. Una vez más, arte y sociedad de la mano.

Recientemente se presentó el libro de artículos de Ramón Pérez Álvarez, ‘Hacia Miguel Hernández’ , un libro que deja abiertos varios caminos a la investigación, algunos ya emprendidos por el Prof. Eutimio Martín. ¿Cree positivas iniciativas como ésta para fomentar el estudio de la vida y obra de Miguel?, o por el contrario ¿cree que puede levantar ampollas entre los, digamos, puristas o incluso la familia del poeta?.
En las investigaciones biográficas (como parte de las históricas –o intrahistóricas-), el estudioso ha de someterse al método científico: el empirismo que aporta la documentación exacta objetivará sus afirmaciones. Cierto es que, en algunos casos, debemos someternos a la ley de la inferencia: deducciones, implicaciones, presuposiciones...

El oriolano Ramón Pérez Álvarez, ‘el cartero’, coetáneo de Miguel, dedicó parte de los últimos años de su vida a dignificar la imagen de vida sin rendirse, por ello, a hagiografías ni a panegíricos; luchó contra las mitificaciones del poeta (las de la derecha y las de la izquierda); quiso quitar máscaras de hombre perfecto y nos brindó un hombre común a los mortales, con sus defectos y fobias. Los datos y las explicaciones que fue publicando Pérez Álvarez no cesaban ante el escozor social ni familiar de los más próximos al poeta. Él defendió lo que consideró veraz y verídico y no se dejó sojuzgar por nada ni nadie. En realidad, más salpicaduras produjo en ambientes universitarios y de los presuntos especialistas hernandianos (como su agria polémica con Guerrero con motivo del libro de éste sobre el Sumario 21.001) que en el ámbito de la familia o herederos del poeta.

Las aportaciones de Ramón Pérez Álvarez (muchas de ellas en sus pequeñas fichas manuscritas o mecanografiadas, pero inéditas) siguen siendo reveladoras. Su vehemencia para defender sus puntos de vista y sus convicciones le cerró muchas puertas; no obstante, avispados escritores han recurrido a su trabajo pormenorizado y minucioso para ir confeccionando sus propias aproximaciones a la vida y a la obra del oriolano; fue el caso de Agustín Sánchez Vidal, que aprovechó hábilmente tantísima información procedente de Pérez Álvarez para su ‘Miguel Hernández, desamordazado y regresado’, como José Luis Vicente Ferris en la última biografía global de Miguel. En un caso, casi desaparece la autoría de Ramón Pérez; en otro, se desvanece su pasión e intransigencia con lo fatuo e infundado.

Los valedores de la obra, y, sin duda, la familia del poeta lo es también, esperan con gran expectación las prometidas biografías que centren el debate de la vida y la obra de Miguel Hernández: Eutimio Martín, que, desde los primerísimos ’90 del siglo pasado, inició su redacción biográfica con intención y anuncio también desenmascaradores, y el, al menos ruidoso anuncio, hasta ahora, de otra nueva biografía de Muñoz Hidalgo, son esperados ya con impaciencia. Hagamos votos para que los flecos del II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, en 2003, sean el telón que propicie y motive el inicio de la edición de las Obras Completas de Miguel Hernández (ahora que Espasa Calpe ya no distribuye como lo hacía) y nuevas biografías y nuevas antologías del más conocido y del más desconocido y extraño escritor oriolano que dejó la libertad de la calle a los 28 años y lo terminaron de morir a los 31. Un espíritu que no se somete y que mantiene pleno de emoción y sensibilidad, transido de un dolor expresivo que lo hace universal.

Presentación del libro

 

Manuel Ramón Vera Abadía
María Zaragoza Riquelme

 

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FRANCISCO ESCUDERO GALANTE, PERIODISTA Y ESCRITOR:

“La democracia se restauró con algún que otro olvido. La memoria de los exiliados es uno de ellos”

Pasajero 2058, primera novela del escritor oriolano, embarca al lector en el drama individual del exilio de su protagonista, uno de los pasajeros del “Stanbrook”, el buque de carga inglés que, como último barco del exilio republicano, partió del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939, rumbo a Orán. Su historia es una historia de memoria, la de todos y cada uno de los 2638 pasajeros del “Stanbrook”, y la de tantos otros que, tras la guerra civil, marcharon al exilio y, con el tiempo, al olvido. Esperanza, solidaridad y respeto son algunos de los grandes valores que el autor rescata en el tiempo, a través de su personaje, de la que para muchos fue la última guerra con cierto anhelo romántico, en un contexto donde dichos valores se vieron diezmados en aras a unos fines fanáticos que buscaban una identidad excluyente que justificara el drama de una lucha por el poder, que es siempre lo que respalda las grandes tragedias humanas. Un reconocimiento a la memoria de “los olvidados”.

¿Por qué una novela sobre el exilio republicano 63 años después de aquellos acontecimientos?
Por una cuestión de necesidad colectiva. Creo que es necesario recuperar la historia real de unos acontecimientos que han permanecido durante muchos años en el más absoluto olvido, y aquellos miles de exiliados merecen que se les reconozca su papel en la lucha por las libertades que ahora gozamos. Recuperar nuestra memoria histórica es fundamental para educar a nuestros hijos en democracia, y es importante mostrarles que el bienestar que disfrutan ahora no ha llovido del cielo ni ha estado aquí siempre. Muchos se dejaron la vida para conseguirlo.

¿Cómo surgió esta historia, de dónde vino la motivación?
Todo partió de una carta personal que el verdadero pasajero 2058 del “Stanbrook”, José Escudero Bernícola, envió a su familia desde Orán, una vez que el carguero había atracado en el puerto argelino. En esa carta explicaba con detalles cómo había sido el viaje desde Alicante, cómo viajaron en aquellas condiciones lamentables, sin aseo personal, sin comida, sin condiciones de ningún tipo, como auténtico ganado. Aquello me rompió el alma, y desde ese momento supe que tenía que escribir la historia.

La novela combina ficción y realidad. ¿Qué peso específico tiene cada una?
El personaje protagonista, Ramón Huertas, es de ficción, pero sintetiza tres historias reales, la del verdadero pasajero 2058, Gobernador Civil de varias provincias españolas durante el primer gobierno republicano, José Escudero Bernícola, la de un joven médico que trabajó como ayudante sanitario en el Hospital número 2 de Madrid durante toda la guerra, Vicente Escudero Esquer, y la de un ilicitano que sufrió los campos nazis, Antonio Cartagena Ruvira. Por ello hay algunos elementos de ficción necesarios para novelar la historia, pero la inmensa mayoría de las anécdotas y nombres que se citan son ciertos, sobre todo en lo referente a Orihuela.

Precisamente hay referencias muy concretas a Orihuela. ¿Hay algo de autobiográfico en ellas?

Bueno, yo tengo 40 años, no he vivido la guerra ni la postguerra, tan solo los últimos años del franquismo y la transición, pero reconozco que algunas añoranzas que transmite el protagonista al hablar de su pueblo sí son personales.


¿Qué mensaje pretende hacer llegar al lector de Pasajero 2058?

Principalmente un mensaje de recuerdo y reconocimiento a todos aquellos exiliados que tuvieron que dejar su hogar, sus pueblos, su patria, por una cuestión de ideología, por tener la manía de pensar con criterio propio. Ese mensaje debe ser conocido y divulgado por todos nosotros, sobre todo entre los más jóvenes, eso ayudará, sin duda, a valorar más lo que tenemos ahora. Es una deuda histórica que tenemos con aquella gente que salió de España con la pena en el alma.

¿Considera que esa deuda de la que habla está todavía sin pagar?

De alguna manera, sí. En este país, la democracia se restauró a partir del año 1975 con muchos esfuerzos y sacrificios, pero también con algún que otro olvido. Este es uno de ellos, y creo que 27 años después de la muerte de Franco ya va siendo hora que pongamos las cosas en su sitio y reconozcamos la trayectoria de miles de españoles que han permanecido en la oscuridad y el olvido.

Utiliza la poesía de Miguel Hernández como encabezamiento de los capítulos de su libro. ¿Responde a una intencionalidad concreta?
También es un tributo a Miguel. Cada poesía está relacionada con el tema que encabeza, y supone a mi juicio un preámbulo de lujo para cada uno de los capítulos. Para Miguel no hubo barco, y sufrió en sus carnes la represión que le llevó a la muerte. Los que hemos estudiado la enseñanza básica durante el franquismo y aquello que se llamaba la Formación del Espíritu Nacional (FEN), recordamos cuando se nos decía que la de Franco fue una “dictablanda”, y que hubo paz, reconciliación y perdón. Ante tal transgresión de la historia, resulta un buen ejercicio recordar a Miguel y su agonía en la cárcel de Alicante hasta 3 años después del final de la guerra. Ese ejemplo, real y a la vez simbólico, nos dice claramente que no hubo paz sino odio, no hubo reconciliación sino venganza, y no hubo perdón sino represión.

Pasajero 2058 es su primera incursión en el mundo de la narrativa. ¿Hay nuevos proyectos en marcha?
Sí, una obra de teatro, una comedia, y también preparo mi segunda novela basada en el testimonio de los brigadistas ingleses que lucharon en suelo español y que dejaron aquí sus vidas, sus amores, sus amistades...., en definitiva, parte de lo que son.

Pilar C. Zarco


       
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