EL
RAYO QUE NO CESA |
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| Hemos hablado con... | ||||||||||||||||
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Figlio della luce e dell’ombra e altre poesie. Prólogo de
Sergio Scoppolini. Edición a cargo de Enzo Calcaterra. Tolentino,
Macerata (Italia), Edizioni Polislab, 2002, 66 pp. |
Beresaluze
Galbis, Luis, ‘Trinidad de la palabra’, San Vicente del Raspeig
(Alicante), Editorial Club Universitario,
2003, 167 pp., ECU Narrativa. |
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FIGLIO DELLA LUCE E DELL'OMBRA En
fechas muy recientes (31 de octubre de 2002), fue presentada en la ciudad
italiana de Tolentino, provincia de Macerata, continuando una serie de
homenajes y lectura de poemas de Miguel Hernández, una edición
artesanal y limitada a 20 ejemplares numerados y con una cubierta exclusiva,
una selección de poemas de Miguel, titulada “Figlio della
luce e dell’ombra e altre poesie” (Hijo de la luz y de la
sombra y otras poesías). En la introducción, a cargo de Enzo Calcaterra, relata el particular calvario hernandiano, finalizado en la cárcel en el año 42, y que, además de superar una guerra civil, debe superar dos emociones muy intensas: el nacimiento y la muerte de un hijo. Es por ello, que su poesía se va a ver muy afectada y adquiere tintes sombríos, aunque con alguna alternancia con la luz. En cuanto a la bibliografía, aparecen obras de Dario Puccini, Oreste Macrí, Gabriele Morelli y el propio Enzo Calcaterra, recogiendo un poco todo lo mejor que se ha publicado en el país trasalpino, además de las dos más recientes de José Luis Ferris y que han sido muy tomadas en cuenta para elaborar la presente edición, que cuenta además con una breve nota biográfica sobre Miguel Hernández. En
cuanto a los contenidos poéticos, se estructuran de una manera
tripartita, a saber: “Hijo de la luz y de la sombra”; “La
luz” y “La sombra”. La primera, contiene además
tres poemas, “Hijo de la sombra”, “Hijo de la luz”,
e “Hijo de la luz y de la sombra”. El segundo bloque, la luz,
consta de los poemas “Menos tu vientre”, “Rueda”,
“Con dos años”, y las “Nanas de la cebolla”,
mundialmente conocidas. En el tercer y último bloque, denominado
la sombra, e integrado por los poemas “Era un hoyo”, “La
fuerza que me arrastra”, ¿Quién llenará...?,
“Ropas”, “El cementerio”, “Cada vez...”,
“Aunque tú no estás”, “A mi hijo”
y “El niño de la noche”. En la segunda, la luz, está dedicada a su hijo, primero en el vientre de la esposa, y luego en su evolución, hasta llegar a la universal “Nanas de la cebolla”, motivada por la carta de la esposa que le relata que su alimento es tan sólo pan y cebolla, y con un tono doloroso por esa vivencia personal y en el cual se unen además la tristeza y la nostalgia. Finalmente, en la tercera parte, la sombra, con un tono más oscuro y sombrío, está recordando a su primer hijo, prematuramente fallecido, con 10 meses, con un estado de tristeza al que habría que añadir un presagio atemporal, sin color, cielo o naturaleza, y con el marco de su terrible condición de enfermo y encarcelado, y donde las referencias a la muerte y a lo muerto (su hijo) son constantes. Tan sólo cabe felicitar a la Asociación Cultural Polislab por su permanente homenaje a Miguel Hernández, una muestra más de su universalidad.
Manuel Ramón Vera Abadía
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Alicante
ha dado en el siglo que apenas acaba de finalizar una gran cantidad de
talentos literarios que hacen creer que para poder escribir era ‘conditio
sine qua non’ el haber nacido en este rincón de la costa
levantina. En cuanto a la estructura del libro, ésta se encuentra planteada en función de las tertulias que nuestros tres autores van manteniendo todas las semanas, más concretamente los miércoles, en el Cielo, alrededor de una mesa, e incluso en algún caso, paseando, al más puro estilo peripatético. El
libro lo componen dieciséis capítulos o tertulias que constan
de un corto título que introduce el tema abordado esa semana, siendo
además susceptible de agruparse por temas. Los dos primeros estarían
dedicados a las generalidades, a explicar cómo y dónde se
celebran las tertulias, la triste situación de Miguel al enterarse
de las polémicas iniciadas por sus herederos y su ya difunta viuda.
En el tercer capítulo, se trazaría una personificación
en la vida de Miguel Hernández: España. En los capítulos
cuarto y quinto, se habla de la producción literaria de Miguel
Hernández, y más concretamente, se analizan algunos de sus
versos, como ‘Me llamo barro...’, ‘Alba de hachas’,
‘Elegía a Ramón Sijé’ (Capítulo
cuarto), o se plantea en boca del maestro Azorín el nulo uso que
de la coma hace Miguel Hernández y cita algunos ejemplos prácticos:
‘Mis ojos sin tus ojos no son ojos’, ‘Oda entre arena
y piedra a Vicente Aleixandre’, ‘Égloga’, ‘Sonreídme’...
Más adelante, en el capítulo sexto, con el pretexto de iniciar
un nuevo tipo de tertulia, a lo griego, paseando y disfrutando del paisaje
alicantino, se polemiza sobre la muerte (p. 59), siendo objeto de descripción
por parte de Miró (p. 61) y Azorín en ‘Años
y leguas’ (p. 62). En el capítulo séptimo, se inicia
la parte que quizá es la más sustanciosa de toda la obra,
dedicada a las explicaciones, los juicios literarios, y el uso de las
‘herramientas’ literarias, como las palabras o las metáforas,
e incluso los refranes, abarcando nueve tertulias. Aquí, se nos
describe qué es ser escritor, el por qué se escribe y cuál
ha sido la iniciación de cada uno, poniéndose en boca de
cada uno sus concepciones literarias. En los capítulos octavo y
noveno, se continúa lo iniciado con un intercambio de juicios,
lo que piensan unos de otros. Aquí escucharemos cómo Azorín
dice que la luz está en los ojos de Gabriel Miró, que también
presenta un gran amor por la naturaleza, por lo cual no colecciona sino
sensaciones, o al propio Miró, establecer al hablar de Miguel Hernández,
un paralelismo con Ramón Gómez de la Serna y su literatura
volcánica, sugeridora como su ‘Elegía’, embutida
en el tiempo y afectada por el espacio, por no hablar de Azorín,
que habla de una ‘espiritualidad terrosa’ en Miguel Hernández.
En el capítulo décimo, se va a incorporar un San Juan Evangelista,
en el cual no ha prescrito el ‘efecto Pentecostés’
a estos ‘encuentros’ o intercambios, dedicándose a
desmenuzar obras de los presentes, tratando de encontrar influencias de
unos en los otros. Para ello, se van a escoger ‘Una hora de España’,
de Azorín, mironiano por la luz que de él se desprende,
y la viveza de la expresión del “Libro de Sigüenza”,
de Miró, que también tiene mucho de Azorín. El capítulo
undécimo, sigue con esta tendencia comparativa, y aquí le
toca el turno a un Miguel Hernández que tiene miedo de ‘desnudarse’
(p. 114) y que cede su turno a un San Juan al que los presentes preguntan
por la diferencia de ‘peso’ existente entre su Evangelio y
el de los otros tres Apóstoles, y que él achaca primordialmente
a su perspectiva, la de un amigo desbordado de fe y con más experiencia
y no la de un historiador aséptico (p. 116). En la siguiente tertulia,
conformando el capítulo duodécimo, los tres van a definir
uno de los elementos literarios que más les han caracterizado,
la palabra y su inmortalidad. Para Miguel Hernández, la palabra
es la escultura de nuestro aire interior. Para Miró, la palabra
es lo que nos socializa y comunica, es como nuestra conciencia. La palabra
es el último ser del hombre, es infinita (pp. 119-122). En el capítulo
siguiente, va a suceder lo mismo, pero van a teorizar sobre las metáforas,
a las que Miró define como espuma del texto, un continente nuevo
creado para sentir y vibrar y de las que Azorín se muestra convencido
de que ha sido sobrio con ellas aunque la selección afortunada
de los términos por él, hacen también que sus textos
sean metáforas de su verdad; por el contrario, Miguel Hernández
habla de pintar con palabras, ser músico en sus versos y, a la
vez, envolverlo todo en humanidad. En el siguiente capítulo, el
decimotercero, titulado ‘De vario contenido’, nuestros tres
amigos van a ir ‘por libre’, hablando de distintos temas que
les van a ir surgiendo al hilo de sus comentarios. Así, Miguel
Hernández trata la transitoriedad del ser (p. 141) y continúa
recordando que la escritura consagra la inmortalidad del pensamiento humano
(p. 145), mientras que Miró se dedica a recordar a Alicante (p.
142). Finalizando con éste apartado literario, tenemos la tertulia
del capítulo decimoquinto, en la cual se hace mención de
los refranes, una manifestación literaria sencilla, común
y anónima del pueblo, sugerente, lleno de malicia a veces, y de
sagacidad y buen humor casi siempre, y de los cuales relatan un gran número. Lo cierto es que mucho de lo relatado aquí puede ser cierto... no tenemos constancia de lo contrario. Esperemos que éstas y otras iniciativas de homenaje a la figura y la obra de nuestros maestros de la literatura se sigan produciendo, y, sobre todo, a la figura de Miguel Hernández, máxime cuando se está en puertas del II Congreso Internacional a él dedicado.
Manuel
Ramón Vera Abadía |
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-ENTREVISTA
A JESUCRISTO RIQUELME |
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ENTREVISTA A JESUCRISTO RIQUELME
El oriolano Jesucristo Riquelme Pomares, es doctor en Filología Hispánica con una tesis basada en el estudio de la producción teatral hernandiana. Ha formado parte de la Agencia de Cooperación Internacional de España en Chile y Guinea Ecuatorial. Hoy es Catedrático de Lengua y Literatura de Bachillerato y está inmerso en diversos proyectos educativos y de investigación. Es autor de diversos ensayos y ediciones, entre los que podríamos destacar, por ser los más recientes, ‘Los anglicismos. (Anglismos y anglicismos, huéspedes de la lengua)’, Aguaclara, Alicante, 1998; ‘El niño vulnerado’’, Universidad de Elche-CAM, 1999; y el estudio y edición de ‘LUNA’, Primera revista cultural del exilio en España (1939-1940)’, EDAF, Madrid, Buenos Aires-México, 2000. Sabemos
que finalizó su libro en el año 2000, pero que por imperativos
de Asimismo, continuando la lectura de poetas –como León Felipe y, sobre todo, el nicaragüense Ernesto Cardenal– cuyo hálito biobibliográfico mantiene algunos puntos de contacto y asociación con el significado de la vida y la obra de Miguel Hernández, ultimo también el proyecto del libro ‘Ernesto Cardenal. AntEología poética de la liberación’, encargado por la editorial madrileña EDAF (Madrid, Buenos Aires, México), la editorial que publicó espléndidamente mi edición de ‘Luna (1939-1940), la primera revista cultural del exilio en España’.
Otra de las facetas que más agrada a los estudiantes en las aulas y en las tablas de los salones de actos y de las escalinatas de entradas a instituciones públicas (calles o plazas) es la antología dramatizada de fragmentos y poemas de Miguel Hernández. Recital con expresión corporal, audiovisuales, luces, sonidos o efectos fónicos especiales, y música supone la participación creativa de los propios estudiantes, quienes emplean el texto escrito como instrumento o materia que se adapta a un montaje más o menos espectacular (sin perder la modestia en sus espectáculos) donde permanece y vence la primacía de la palabra. El proceso de selección de textos (fragmentos en muchas ocasiones, para evitar la pesadez de poemas largos) implica una fuerte involucración activa por parte del alumnado: comprenden los textos, conocen las fases de la vida y la producción hernandiana, deciden un hilo conductor en su antología, interpretan en su declamación el sentido de lo escrito, y crean una nueva forma de transmisión del arte de la palabra, a través del arte de la representación. La puesta en escena en los centros propios y en centros escolares ajenos suele obtener resultados muy alentadores para la autoestima y el reconocimiento social de los participantes. Estas experiencias en estudiantes de condiciones socio-culturales medias y bajas, incluso de extracción social y familiar marginal, suele convertirse en detonante de una superación de la actuación individual en el grupo y del propio reconocimiento de valores personales sin descubrir... Asimismo, una de las actividades para estudiantes mayores de IES consiste en rastrear las obras completas del escritor de Orihuela y recomponer todo lo que guarde relación con lo narrativo, con el objetivo de conformar una colección de cuentos, historias, narraciones breves que pueda ofrecerse y adaptarse –en todo caso- para la enseñanza primaria. Un librito de lectura con cuentos breves o narraciones breves bien diseñado con delicados dibujos podría ser un material bibliográfico o de trabajo de edificante aceptación infantil. ¿Qué
piensa Vd., que está inmerso en la sociedad de la información
(proyecto Infoville, Infocole...) sobre iniciativas como la biblioteca
virtual que pretende impulsar la Fundación Cultural Miguel Hernández?. Con
respecto al esperado II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández,
y habida cuenta de su papel como reputado especialista, ¿cree que
podemos esperar, diez años después, significativos avances
en el conocimiento de la vida y obra del poeta?. Usted
ha descubierto y ha investigado sobre algunas de las facetas quizá
menos conocidas del poeta, como su afición por el Séptimo
Arte. ¿Cree que Miguel aún puede sorprendernos?. Finalmente, y siempre relacionado con eso que hemos definido como ‘espíritu hernandiano’, estamos ante la inminente presentación de un proyecto cultural –sociocultural-, muy del gusto y del vivir de lo que representa para nosotros la figura de Miguel Hernández, proyecto en el que comparto responsabilidad de promoción y organización: se trata del Festival Internacional de Cine Solidario (FICSOL). Este Festival nace con la intención de ser, a la vez que concurso cinematográfico, marco de debate y reflexión, y asociación entre lo artístico y la práctica social (de tolerancia e integración) o de cooperación y desarrollo. Una vez más, arte y sociedad de la mano. Recientemente
se presentó el libro de artículos de Ramón Pérez
Álvarez, ‘Hacia Miguel Hernández’
, un libro que deja abiertos varios caminos a la investigación,
algunos ya emprendidos por el Prof. Eutimio Martín. ¿Cree
positivas iniciativas como ésta para fomentar el estudio de la
vida y obra de Miguel?, o por el contrario ¿cree que puede levantar
ampollas entre los, digamos, puristas o incluso la familia del poeta?.
Manuel
Ramón Vera Abadía
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“La
democracia se restauró con algún que otro olvido. La memoria
de los exiliados es uno de ellos” Pasajero 2058, primera novela del escritor oriolano, embarca al lector en el drama individual del exilio de su protagonista, uno de los pasajeros del “Stanbrook”, el buque de carga inglés que, como último barco del exilio republicano, partió del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939, rumbo a Orán. Su historia es una historia de memoria, la de todos y cada uno de los 2638 pasajeros del “Stanbrook”, y la de tantos otros que, tras la guerra civil, marcharon al exilio y, con el tiempo, al olvido. Esperanza, solidaridad y respeto son algunos de los grandes valores que el autor rescata en el tiempo, a través de su personaje, de la que para muchos fue la última guerra con cierto anhelo romántico, en un contexto donde dichos valores se vieron diezmados en aras a unos fines fanáticos que buscaban una identidad excluyente que justificara el drama de una lucha por el poder, que es siempre lo que respalda las grandes tragedias humanas. Un reconocimiento a la memoria de “los olvidados”.
¿Por
qué una novela sobre el exilio republicano 63 años después
de aquellos acontecimientos? ¿Cómo
surgió esta historia, de dónde vino la motivación? La
novela combina ficción y realidad. ¿Qué peso específico
tiene cada una? Precisamente hay referencias muy concretas a Orihuela. ¿Hay algo de autobiográfico en ellas? Bueno, yo tengo 40 años, no he vivido la guerra ni la postguerra, tan solo los últimos años del franquismo y la transición, pero reconozco que algunas añoranzas que transmite el protagonista al hablar de su pueblo sí son personales.
Utiliza
la poesía de Miguel Hernández como encabezamiento de los
capítulos de su libro. ¿Responde a una intencionalidad concreta? Pasajero
2058 es su primera incursión en el mundo de la narrativa.
¿Hay nuevos proyectos en marcha? Pilar C. Zarco
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