La relación de amistad entre Augusto Pescador y Miguel Hernández
Nacieron
el mismo año -Miguel lo hizo sólo unos pocos días
antes- y en la misma calle, siendo compañeros en el Colegio de
Santo Domingo, y se iniciaron durante los años de juventud en
las inquietudes literarias y políticas. Esta amistad en Orihuela,
íntima y entrañable, tuvo continuidad también en
Madrid, donde coincidieron ambos. Su relación se rompió
bruscamente por la guerra civil, viéndose por última vez
en mayo de 1936 en la capital de España. Augusto era, como llegó
a afirmar el chileno Fernando Santivan, Premio Nacional de Literatura
en 1952, ‘un pescador de amigos’.
El
oriolano está considerado como una de las personalidades más
influyentes en el campo de la Filosofía en Hispanoamérica,
donde se afincó tras su exilio en 1939. Este ‘intelectual
socialista’, como lo definía su amigo Ramón
Pérez Álvarez, fue profesor en universidades de Bolivia
y Chile, así como mentor de varias generaciones de profesores
o difusores del saber filosófico, tanto de origen español
como hispanoamericano, teniendo además un gran número
de publicaciones. ‘Su influencia en el campo del pensamiento
en general está fuera de duda. Auténtico buscador de verdades
filosóficas, su pensamiento se extiende a todos los aspectos
del hombre actual, con un tratamiento que, si bien está inducido
por Hartmann, se rejuvenece constantemente con la puesta al día
de los problemas que en el hombre suscita el mundo de hoy’,
tal y como afirman los profesores Guillén y Muñoz Garrigós.

Su
relación con Miguel Hernández es uno de los apartados
que más interés despierta en su biografía, ya que
se conocían desde niños, al coincidir, como se ha mencionado,
en el Colegio de Santo Domingo como estudiantes. De esta relación
sabemos por la cartas de Pescador a Ramón Sijé y a Ramón
Pérez Álvarez, por los testimonios de éste último
y de Francisco Martínez Marín, por una entrevista de prensa
concedida a Hoja del Lunes, de Alicante y por los recuerdos
del propio Pescador, esparcidos en sus libros, artículos, entrevistas
y, sobre todo, en sus memorias inéditas, de las que dio a conocer
al profesor José Muñoz Garrigós el contenido de
algunos capítulos relacionados con Miguel Hernández y
Ramón Sijé. Tristemente, el epistolario entre el poeta
y Pescador, conservado en casa de éste, se perdió durante
los avatares de la guerra, como confirmó en su día el
filósofo.
Una
entrevista en Hoja del Lunes de Alicante
En enero de 1977, durante una visita a su ciudad natal, el filósofo
oriolano -entonces profesor Jefe del Departamento de Lógica y
Epistemología de la Universidad de la ciudad de Concepción
(Chile)-, declaraba a Hoja del Lunes de Alicante, en un artículo
titulado ‘Intimidades y grandezas de Miguel Hernández
contadas por un amigo de la infancia: Augusto Pescador’,
que ‘nos conocimos en la calle donde nacimos, jugando de pequeños.
Él ya vivía en la calle de Arriba. Fuimos monaguillos
con los Jesuitas. En las fotografías de fin de curso siempre
aparecemos juntos. Miguel empezó a escribir poesías en
‘El Pueblo’, que editaban los Sindicatos Católicos
y dirigía don Luis Almarcha. Miguel fue siempre un sentidor,
no un pensador (...) En una ocasión nos reunimos los dos [Ramón
Sijé y Pescador] con Miguel, en el huerto de su casa, bajo la
higuera, donde nos recitó ‘El torero más valiente’.
Y nos leyó una novela, de la cual no se conoce rastro alguno,
que la protagonizaba el ambiente de la calle de Arriba con sus pintorescos
personajes de la vecindad (...) ¿Hasta dónde hubiera llegado
la poesía de Miguel, en lo universal, de haber gozado de libertad
y sin su muerte tan prematura?’. Esta novela, titulada
La tragedia de Calisto, fue publicada en el tomo II de la Obra
Completa en 1992.
Sobre
sus primeras relaciones con el mundo político, decía Pescador:
‘recuerdo a Miguel en el año 1931 en las primeras reuniones
para formar la Juventud Socialista donde fue elegido como primer presidente.
Pero no llegó a actuar en función de tal cargo. Miguel
era muy influenciable. Sentía más que pensaba’.
Se le preguntó a Pescador si Miguel Hernández conoció
a Giménez Caballero en Orihuela y respondió que ‘personalmente
no. Miguel era tímido. A Ernesto Giménez Caballero lo
recibimos Ramón Sijé, José María Ballesteros,
Juan Bellod y yo (...) Es posible que Miguel Hernández estuviera
en todos los actos. Creo que sí. Pero yo no lo recuerdo entre
nosotros. No se hizo ver’.
En
cuanto a la estancia del poeta en Madrid, el filósofo de Orihuela
decía que Miguel Hernández ‘nunca dejó
de ser tímido, influenciable y sentidor. Añoraba Orihuela
todos los días. Y su obsesión por el regreso era constante.
En el año 1932 yo cumplía el servicio militar en Madrid.
Ya era abogado y vivía en la misma pensión con Juan y
Guillermo Bellod, estudiante el primero de Derecho y el segundo de Medicina,
en la calle Altamirano, en el número 25, por el barrio de Argüelles.
Miguel nos visitaba casi todos los días para ‘respirar
el ambiente de Orihuela’. El no perder en Madrid el contacto con
sus paisanos era vital para su ánimo’. Cuando Miguel
fue detenido en el tren, en mayo de 1932, por llevar un billete de caridad
a nombre de un amigo se le encontró también la cédula
personal de Augusto Pescador: ‘Cuando Miguel añoraba
a Orihuela no había forma de convencerle. Y Miguel regresaba
siempre precipitadamente’.
Sobre
detalles concretos de la presencia hernandiana en la capital de España,
Pescador recordaba que ‘el primer recital poético que
presenció en Madrid fue el de Berta Singerman. Yo le acompañé.
La actuación de la poetisa argentina le entusiasmó. Después
asistimos al recital de García Lorca que, con el título
de ‘Un poeta español en Nueva York,’ ofreció
en la Residencia de Señoritas. Miguel Hernández quedó
entusiasmado del recital y profundamente admirado de la personalidad
del poeta granadino. Le entusiasmaba la posibilidad de conocer personalmente
a Federico García Lorca para que éste leyera las poesías
de quien, hasta entonces, sólo era un desconocido muchacho de
Orihuela que, con pantalón de pana y esparteñas, soñaba
con triunfar en Madrid’.
El
filósofo oriolano también habló en Hoja del
Lunes, de Alicante, de los romances hernandianos en la capital:
‘tuvo Miguel dos aventuras amorosas en Madrid con señoritas
muy conocidas en el ambiente literario. No digo sus nombres porque aún
viven. Las dos admiraban en Miguel su talante varonil, su atractivo
de campesino con instintos vírgenes, el joven recio y fuerte
que contrastaba con el refinamiento intelectual del ambiente poético
madrileño. Estas señoritas estaban comprometidas con los
nuevos amigos que Miguel encontró en Madrid. Y fue tal su desilusión
que en busca del amor puro regresó a Orihuela con su emotivo
‘Silbo de afirmación en la aldea’, que es, de todas
las dedicatorias a su pueblo, el más sincero y espontáneo’.
En
otro orden de cosas, el catedrático de Filosofía añadía
otros datos posteriores relacionados con Miguel, pero estando ya en
Orihuela: ‘creo que fue en el año 1933 o 1934 cuando
visitamos en Alicante, acompañados de Ramón Sijé
y Mariano Cremades, al secretario del Ayuntamiento que se llamaba Guerrero,
muy aficionado a la poesía. Nos encontramos con Pedro Salinas,
gran poeta (...) Miguel, siempre tímido en las reuniones y Ramón
Sijé, impresionante como observador. Asistimos todos, en la capital
alicantina, a la conferencia de Ramón Gómez de la Serna’.
Pescador
afirmaba que vio a Hernández por última vez ‘en
mayo de 1936 en Madrid. Yo estaba preparando la oposición a cátedra
de Filosofía y Letras. Miguel ya era amigo de Pablo Neruda, poeta
muy de izquierdas y estrechamente ligado al Frente Popular. En Chile
me dijo Pablo Neruda que Miguel había sido Comisario del Partido
Comunista. Sin embargo, Pescador añadía que ‘Miguel,
que me hizo depositario de todos sus secretos, jamás me habló
de su inclinación al comunismo. Es posible que lo fuera. Lo que
sí afirmo es que Miguel Hernández no tenía sentido
político. Durante la guerra yo estuve en los países bálticos
y Miguel en Rusia. No tuvimos ocasión de vernos. Los comunistas
lo tienen por suyo. Pablo Neruda lo ha recordado siempre con afecto
y lo mismo en París como en Chile me confirmó la devoción
por su recuerdo (...) Al morir Miguel, publiqué en América
un artículo titulado ‘A la muerte de un gran poeta’.
En el año 1947, empezó a ser conocido. Creo que antes
ya lo era en Chile por influencia de Pablo Neruda. A partir de 1950,
su poesía se desbordó a lo ancho y largo de toda América
y sus libros y biografías se multiplicaban en las editoriales’.
Para Pescador,’lo mejor de la obra hernandiana es ‘Viento
del Pueblo. Es en ésta donde se desborda la auténtica
fibra poética de Miguel’. Este artículo de
Hoja del Lunes fue reproducido en febrero de ese mismo año en
la revista oriolana Oleza.
Un
testimonio a Francisco Martínez Marín
Cuando acabó sus estudios, Augusto Pescador regresó a
Orihuela, desde donde, junto a otros amigos, iba a ayudar económicamente
a Miguel. De aquel entonces hay que hacerse eco de una reunión
suya con Ramón Sijé y Juan Bellod en el Hotel Palace,
de Orihuela, consiguiendo facilitarle a Miguel Hernández un dinero,
con el que el poeta de Orihuela marchó a Madrid el 30 de noviembre
de 1931. No se sabe si para aquel primer viaje hubo otras ayudas posteriores.
En cualquier caso, a tenor de lo que indica Francisco Martínez
Marín en su libro Yo, Miguel (1972), Augusto Pescador
durante su estancia en Orihuela en febrero de 1972 ‘confirmó
que en el Hotel Palas, en Navidades del año 1931, recogieron
una colecta entre los amigos -Carlos, Bellod, Sijé- y le remitieron
el ‘aguinaldo de unos duros’ -Pescador recuerda dio 25 pesetas,
y que tal vez pasasen de las ciento y un corto pico-. Con ellas, Miguel,
ya en la Academia Morante, pudo pasar el filo del año 31 al 32’.
Alusiones
en el epistolario Hernández-Sijé
En el epistolario de Miguel Hernández a Ramón Sijé,
publicado por primera vez por el oriolano Francisco Martínez
Marín en su citado libro Yo, Miguel, en 1972, hay también
numerosas alusiones a Augusto Pescador y su relación de amistad
y compañerismo con el poeta de Orihuela. En carta fechada en
Madrid el 11 de enero de 1932, decía el poeta de Orihuela que
‘tengo unos versos para Augusto, para Poveda y Fenoll; para
ti versos y ¡tantas cosas más!’. Con fecha del
día 22 del mismo mes y año, escribía Miguel: ‘me
ha dicho Pescador que publicaste en ‘El Sol’ algo’.
Los
primeros meses de 1932 son de prueba para el poeta: sin trabajo efectivo,
sin grandes avances en su tarea poética y cada vez más
decepcionado de todos los intentos por situarse. Por lo que dice Miguel
a Pescador, parece que el dueño de la Academia Morante se ha
cansado de su falta de pago y le dice claramente que se marche. El tono
de Miguel es desesperado y está dispuesto a dejarlo todo. Debe,
pues, buscar otro refugio y, como siempre que está apurado, acude
a Augusto Pescador, como se desprende de la carta del 6 de febrero de
1932. Su amigo conoce una posada económica, la ‘Posada
del Peine’, que le recomienda. Pero, una vez conocido su
mal aspecto, le hizo pensar si habría ratas y se resistió.
No obstante, sin otro refugio, pasó allí dos noches hasta
que decidió volver a la calle de Navacerrada número 4,
con la promesa de abonar lo que debía. Pero no fue así,
porque fue de mal en peor, lo que contó a Sijé en varias
cartas. En la misma misiva, Miguel dice también a Sijé
que ‘esta semana iré con Pescador a oír a García
Lorca’.
La
relación de amistad incluía también ayuda económica
y préstamo de libros por parte del futuro filósofo. Así,
en carta del 17 de marzo de 1932 a Ramón Sijé, decía
Miguel que ‘... también aguardo dinero. He tenido que
pedir a nuestros amigos Bellod y Pescador para el tranvía de
algunos días (...) A mí me han dejado Pescador y Bellod
un puñado de libros, de los que llevo leídos: ‘Una
noche en el Luxemburgo’, de Gourmont; varios de Andreief; ‘Un
corazón virginal’, también de Remy, y el segundo
tomo de ‘El Espectador’, de Ortega y Gasset’.
En
otra misiva a Sijé desde Madrid del 22 de marzo del mencionado
año, Miguel Hernández reflejaba sus penurias económicas
y la ayuda de nuevo de su amigo Augusto: ‘acabo de llegar
a casa perdido, con los pies destrozados. Desde las dos de la tarde
andando con estos zapatos, los únicos, y rotos y llenos de agujeros
(...) a la estación de Atocha a recoger dos cajas de naranjas
que me han mandado mi madre y mi hermana para la señora Albornoz;
con ellas al hombro me he encaminado hasta este sitio (si hubiese tenido
al menos quince céntimos hubiese evitado la distancia desde la
estación a la casa; la hubiese salvado en un tranvía (...),
pero no tenía ni esa miseria (...) Luego me he encaminado a la
de Pescador para pedirle dinero. Ya me ha dejado bastante’.
Finalmente,
el 17 de mayo de 1932, en carta escrita en Alcázar de San Juan,
Miguel narra a Sijé los detalles de su conocida detención
en el tren, en su viaje de regreso a Orihuela, contando que llegó
‘Vera a la Academia y yo (...) le digo: ¡Mañana
me marcho a Orihuela! Y (...) me dice que tiene un billete de caridad;
me lo da y yo lo tomo (...) El billete iba a nombre de Alfredo Serna.
Voy a casa de Pescador el sábado; le pido su cédula; y
llega la noche y salgo de Madrid’.
Todas
estas cartas de Miguel, conservadas en su día en el archivo de
José Torres López -cuñado de Ramón Sijé-,
ayudan enormemente no sólo a situar fechas, sino también
a reconstruir las vivencias y penurias del poeta de Orihuela en la capital
de España, quedando claro que fueron muchas las ayudas que recibió
de oriolanos amigos suyos, no sólo allí mismo -por parte
de Alfredo Serna, José Rodríguez de Vera, Juan Bellod
y el propio Pescador-, sino también en la distancia -Carlos Fenoll
y Ramón Sijé-. Estas ayudas le permitieron mantenerse
durante seis meses allí.
El
homenaje a Miró en Orihuela en 1932
Pescador y Miguel Hernández también convivieron de cerca
con motivo de la celebración el 2 de octubre de 1932 del homenaje
a Gabriel Miró, realizado a impulsos de un grupo de jóvenes
oriolanos. Según narra el profesor Muñoz Garrigós,
en 1931 inició las tareas el comité ejecutivo del homenaje,
integrado por José María Olmedo, José María
Pina, José María Ballesteros, Augusto Pescador, Miguel
Hernández y Ramón Sijé, convocando un concurso
público entre escultores levantinos para realizar la escultura
del novelista. Según se puede leer en algunos fragmentos de sus
memorias inéditas, facilitadas en su día amablemente al
profesor Muñoz Garrigós, Pescador recordaba: ‘formé
parte de la comisión que otorgó el premio y organizó
los actos de su inauguración’.
También
se reunió una vez Miguel con Pescador, Sijé y otros de
sus amigos en el convento de los capuchinos, según afirma Francisco
Martínez Marín. A tenor de las fechas que se apuntan,
quizás se hablara, entre otras cosas, de El Gallo Crisis:
‘ha terminado el año 1933 y empieza 1934 a consumir hojas
de su calendario. Miguel lee los clásicos, oye hablar de las
reuniones nuevas de Sijé en el Convento de San Francisco [lapsus
de Martínez Marín], con Fray Buenaventura de Puzol, Juan
Bellod, Augusto Pescador, Alda Tesán y el notario Quílez,
y asistirá una vez, pero el tema, filosófico, político
o religioso no le interesa más que en la forma’.
Actos
del V Aniversario de la II República
El 14 de abril de 1936 el filósofo y el poeta intervinieron en
los actos del quinto aniversario de la II República, que se celebraron
en Orihuela, entre ellos la inauguración de los nuevos nombres
de diferentes calles y plazas. Pescador también relata estos
hechos en sus memorias: ‘el Ayuntamiento acordó poner
el nombre de Ramón Sijé a la Plaza de la Pía y
también cambiar el nombre de otras calles (...) Vino Miguel de
Madrid, donde por fin tenía en Espasa-Calpe un trabajo que le
permitía vivir, a decir las palabras en homenaje a Sijé
(...) Pero en aquel entonces, y en Orihuela sobre todo, Ramón
Sijé era figura más importante que Miguel. Los actos de
inauguración del nuevo nombre de las calles, se realizaron (...)
al cumplirse el quinto aniversario de la proclamación de la República.
Después de inaugurarse la Plaza Ramón Sijé, la
manifestación pasó por la calle Mayor (...) Pepito Senen
nos sacó unas fotografías mientras hablábamos y
la de Miguel, mientras leía su discurso en la escalera, ha sido
publicada en alguna de sus biografías’.
Durante
1936, Pescador estuvo varias veces en Madrid: ‘recuerdo que
en el mes de mayo di un largo paseo con Miguel Hernández, quien
me contó su vida, sus aventuras y me habló de sus relaciones
en el mundo intelectual. Me dijo que estaba satisfecho, pues podía
vivir de su sueldo, era recibido en los medios intelectuales y reconocido
como un buen poeta. Por otra parte, aquel hombre ingenuo y tímido
empezaba a vivir y a amar, lo que le hacía tener muchas esperanzas
y un gran optimismo (...) Lo que me contó es que una pintora,
Maruja Mallo, lo había invitado a una excursión durante
las vacaciones, que era una mujer bastante libre; se bañaban
desnudos en los ríos y naturalmente se hacían el amor
y dormían juntos, para él fue una experiencia extraordinaria
(...) No conocí personalmente a Maruja Mayo (...) Una mujer me
dijo que esta pintora había sido también de Alberti. Me
dijeron que era una mujer de no gran belleza, pero de
una gran simpatía y conversación amena y culta. Estos
datos no me los dio Miguel, que se encontraba aún maravillado
y asombrado de lo que era el amor y la relación sexual (...)
Con él fui aquel día a casa de María Zambrano,
donde había una reunión de intelectuales (...) También
recuerdo que María nos leyó las líneas de las manos
a Miguel y a mí, augurándome larga vida y mucho dinero’.
Al
llegar a este punto, Augusto Pescador explica que ‘aquí
termina la parte de mi diario en que hago referencia a Miguel o a Sijé’.
Cartas
a Ramón Pérez Álvarez
La correspondencia mantenida en la década de los ochenta entre
el filósofo y su amigo Ramón Pérez Álvarez
aporta otros datos interesantes, al afirmar que fue él quien
propuso a Miguel para la presidencia de las Juventudes Socialistas.
Otros, sin embargo, son contradictorios con testimonios anteriores,
especialmente en lo referente a la edad a la que se conocieron.
En
carta fechada el 26 de enero de 1984 en la ciudad de Concepción
(Chile), en cuya Universidad trabajaba, Pescador le decía a Ramón
Pérez Álvarez: ‘me parece bien tu idea de escribir
una biografía de Miguel y creo que puedo ayudarte hasta el año
36, pues después tuve poco contacto con él (...) Estoy
escribiendo mis memorias y la parte de España, Suecia y Francia
la tengo terminada. Voy a transcribirte lo que tengo de Miguel (...)
En la correspondencia de Miguel con Pepito Marín hay bastante
de mi trato con Miguel el año 32 en Madrid (...) Cuando tenía
11 o 12 años proviene mi amistad con Miguel Hernández,
que también era monaguillo y pertenecía a los externos.
Aunque era 20 días mayor que yo, Miguel estaba en cursos posteriores
(...) Sé que estuvo en la Escuela del Ave María, pero
después siguió estudios de bachillerato. En una fotografía
que se publicó en la revista del Colegio el año 1923 y
que bajo tiene la inscripción ‘Emperadores, príncipes
y distinguidos del año 1923’, aparecemos sentados juntos
Miguel y yo (...) Esta fotografía aparece en varias biografías
del poeta, pero la primera noticia de sus existencia me la dio Elvira
Hernández, hermana de Miguel, en 1970 y fui yo quien comuniqué
su existencia a Vicente Ramos’.
Añade
Pescador a Pérez Álvarez que ‘otro recuerdo
del aquel año 31 es el de la formación de la J.S. (Juventud
Socialista). Estuve entre los organizadores y a la reunión fue
Miguel Hernández, quien fue elegido presidente a propuesta mía.
Éste no se ocupó de nada, pues poco después se
marchó a Madrid para abrirse campo con su poesía y tener
su primera decepción (...) Miguel Hernández debía
visitarme bastante. Pero gran parte de lo que cuenta en su correspondencia
está borrado de mi mente. Fueron sus aventuras, no las mías.
Si la casualidad no hubiera hecho que, buscando en la biblioteca de
la Universidad de Búffalo (Estados Unidos) algunas publicaciones
de ‘Retablo Español’ encontrara el librito de Couffon
‘Orihuela et Miguel Hernández’, no hubiera recordado
nada de su detención en Alcázar de San Juan, llevando
como documento de identidad mi cédula personal. Lo que sí
recuerdo es su entusiasmo cuando lo llevé a un recital de Berta
Singerman’.

Datos
biográficos
Este prestigioso filósofo era hijo del médico Augusto
Pescador Plazas -natural de Cartagena y formado en Zaragoza-, quien
en su día se trasladó a Orihuela a desempeñar su
trabajo. Adquirió cierto renombre al prescribir con éxito
la homeopatía como última salida en un caso desesperado.
El
19 de noviembre de 1910 nació Augusto, que llevaría los
apellidos Pescador y Sarget. Este ilustre oriolano falleció en
Chile a comienzos de los años noventa. Su ambiente familiar fue
el de un hogar pudiente, terrateniente, distinguido y con señorío.
Estudió la enseñanza media en el Colegio de Santo Domingo
y después sacó el título de bachiller en Murcia.
El título de abogado lo sacó en la Universidad Central
de Madrid a finales de 1931.
Después
se interesó por la filosofía. Según las memorias
de Pescador, ‘el mismo día del homenaje a Miró,
y antes de que se llevara a cabo el acto de la Glorieta, se inauguró,
oficialmente, el Instituto de Orihuela y entre los catedráticos
ya nombrados estaba el de Filosofía, don Juan Colom, quien me
orientó bastante para mis lecturas. A él le debí
mis primeros conocimientos sobre el pensamiento de Hartmann, lo que
ocasionó que aquel año empezara a aprender alemán
(...) Desde que regresé a Orihuela, mi principal preocupación
fue estudiar filosofía y alemán. Como había hecho
amistad con don Juan Colom, catedrático del Instituto y había
otra persona interesada en Filosofía, un fraile capuchino, Buenaventura
de Puzol, acordamos reunirnos una vez a la semana en el convento para
conversar sobre temas filosóficos, casi desde el principio asistió
Bellod y después Sijé (...) En declaraciones que hizo
Martínez Arenas a Couffon, y en otros libros, se ha desvirtuado
totalmente el origen de esa tertulia, que fue conversar de filosofía
las tres únicas personas interesadas por sus problemas’.
Esta reunión se prolongó ‘hasta abril de 1936, pues
después yo no fui más’. Cuando a mediados de 1934
apareció el primer número de El Gallo Crisis, Pescador
afirma que ‘no colaboré en la revista, pero siguió
mi amistad con Ramón Sijé (Pepito Marín)’.
Finalmente,
Pescador acabó por doctorarse en Filosofía por la Universidad
de Zaragoza. Esta formación filosófica la completó
en Alemania con unos cursos especiales que siguió en Berlín,
al lado de Nicolai Hartmann (1882-1950), filósofo idealista alemán
que ejerció la enseñanza en Magdeburgo, Colonia, Gottingen
y Berlín, en cuya universidad formó a Pescador. El alemán
tuvo una influencia decisiva en el pensamiento del oriolano.
Cuenta
el propio Pescador que cumplió el servicio militar en Madrid
como soldado de cuota, en el regimiento de Infantería Nº
6, el Saboya, haciendo guardias en Palacio, Casa de Campo y Cárcel
Modelo. Miguel Hernández, en una carta a Ramón Sijé,
publicada en el libro Yo, Miguel, de Francisco Martínez
Marín, al referirse a Pescador en su faceta de soldado, decía:
‘si vieses a César Augusto de militar, te asustabas’.
Augusto
Pescador llegó a tener un peso importante en las filas socialistas
oriolanas. Cuenta que hizo varios viajes a Madrid, ‘pues fui
nombrado representante de Orihuela al Congreso del partido [socialista]
en septiembre u octubre de ese año [1932]’. Añadía
Pescador en la mencionada entrevista de Hoja del Lunes que
‘el acto de homenaje a Gabriel Miró dio mucho que hablar
por el tema de la conferencia de Giménez Caballero (...) La conferencia
tuvo un matiz fascista. No nos gustó a muchos. La pronunció
Ernesto Giménez Caballero en el Círculo de Bellas Artes.
Disgustó tanto el tema que Rodolfo Llopis, en Madrid, representando
yo a Orihuela en el Congreso Nacional del Partido Socialista, se interesó
por todos los detalles de lo que fue calificado, en los ambientes socialistas,
como el ‘escándalo’ de Orihuela’.
En
sus memorias, añade Pescador que ‘cuando el 24 de diciembre
del año 35, a los 22 años de edad, falleció Ramón
Sijé, fui de los que lo veló en aquella nochebuena. A
los pocos días vinieron a buscarme para que escribiera un artículo
para el homenaje que se le rendiría en el único periódico
[Acción] que entonces se publicaba en Orihuela y que era órgano
de Acción Popular, el partido de Gil Robles. Manifesté
que era imposible colaborar en un periódico de esa tendencia.
Me insistieron para que escribiera, asegurándome que el número
estaría dedicado íntegramente a Sijé y que no tocaría
otro tema. Consulté con la directiva de la Agrupación
[Socialista] que consideró que era conveniente que publicara
el artículo’.
Ramón
Pérez Álvarez, oriolano de reconocida trayectoria en la
izquierda, escribió a Muñoz Garrigós en carta fechada
en 1984 que ‘Pescador siempre fue socialista. Con Bellod,
pero éste bailó (...) Su formación se había
hecho fuera de los moldes estrechos de lo regional (...) Yo traté
mucho e íntimamente a Augusto, recibiendo de él lecciones
de economía, que es lo que en mí ha privado siempre, y
de literatura, en lo que estaba muy al día’.
Su
carrera docente la inició en Orihuela, en 1935, pues fue nombrado
profesor de Filosofía en el Instituto de Orihuela, actividad
que fue interrumpida por la guerra civil española. A partir de
ese momento, su actividad fue completamente extrafilosófica,
ya que hubo de asumir representaciones militares, diplomáticas
y otras al servicio del Gobierno republicano en diversos países
europeos, sobre todo en los bálticos. Además, según
datos aportados por los historiadores oriolanos Gemma Ruiz y Mariano
Cecilia, sabemos que en Orihuela, ya durante la guerra civil, Augusto
Pescador Sarget formó parte del Comité de Enlace Antifascista,
junto a Antonio Sequeros, Ramón Pérez Álvarez y
el pintor Antonio Soriano, entre otros. El cometido de este comité
era controlar la situación en los inicios de la guerra civil.
En 1939, antes de terminar la contienda, abandonó España.
Antes de acabar el conflicto bélico, desde Barcelona, ya en poder
de las tropas franquistas, salió para América con un pasaporte
perfectamente cumplimentado. Antes había advertido a sus padres
que, en el caso de que registraran su casa, quemaran sus papeles. Finalizada
la contienda y sin ninguna clase de registro, los escritos de Pescador
se perdieron, y con ellos todos los escritos y cartas que tenía
de Miguel Hernández: ‘Yo era, y sigo siéndolo,
socialista -declaraba en Hoja del Lunes en 1977-. Perdimos
la guerra. Salí por territorio nacional en febrero de 1939 con
dirección a Bolivia. Recorrí 36 países del mundo
dando cursos y conferencias’.
Llegó a Bolivia el 12 de julio de 1939 y el primero de agosto
ya fue nombrado profesor de Filosofía del Colegio ‘Nacional
Ayacucho’ hasta 1942. Ese año fue nombrado profesor
del Colegio Nacional ‘Germán Busch’ y en
1946, al reabrirse el Instituto Normal Superior ‘Simón
Bolívar’, recibió el nombramiento de catedrático
de Filosofía, cargo que desempeñó hasta su salida
de Bolivia. Simultáneamente, trabajó en establecimientos
educativos de reconocido prestigio, como los institutos Americano y
Español y la Escuela de Visitadoras Sociales.
El ejercicio de la docencia universitaria de Augusto Pescador merece
un apartado especial. De 1940 a 1954, con gran éxito, dictó
los cursos de Introducción a la Filosofía, Lógica
y Ética en el Instituto de Ciencias Sociales, preparatorios para
la formación integral de los futuros profesionales. Fue en la
Universidad Mayor de San Andrés, de la ciudad de La
Paz, institución pública de enseñanza fundada en
1830, donde se creó la escuela de Filosofía y Letras,
hasta que en 1944 pasó a llamarse Facultad durante la gestión
del rector Héctor Ormaechea Zalles. El 14 de mayo de 1947 se
reunieron catedráticos como Numa Romero, Roberto Prudencio, José
Antonio Arze, Carlos Gregorio Taborga y el propio Augusto Pescador y
los alumnos Huascar Cajías, Armando Soriano Badani, Gustavo Medinaceli,
Nicéforo Rojas y Rubén Carrasco de la Vega, quienes eligieron
al filósofo oriolano como director. Desarrolló una prolífica
tarea de orientación e inquietud y fue mentor de varias generaciones
de profesores o difusores del saber filosófico, de origen español.
El oriolano permaneció en Bolivia hasta 1954, cuando la Revolución
Universitaria motivó el alejamiento de Pescador de las aulas
universitarias, emigrando a Chile.
Este país, siempre atento a la caza de valores intelectuales,
mediante la Universidad Austral, lo contrató, nombrándolo
finalmente Director del Departamento de Extensión Cultural de
1956 a 1962. Debido al continuo aumento de su prestigio y fama, la Universidad
Técnica de Santiago de Chile lo ungió con las cátedras
de Introducción a la Filosofía en el Instituto Pedagógico
y con Filosofía de las Ciencias en la Facultad de Ingeniería.
Lógica y Filosofía Contemporánea son cátedras
que ganó mediante concurso de méritos. Al crearse el Instituto
Central de Filosofía en la Universidad de la ciudad de Concepción,
empezó con otra disciplina filosófica, esta vez Ética
y luego la de Metafísica. Valorando sus grandes cualidades de
investigador, filósofo y su gran capacidad para dirigir seminarios,
esta Universidad le confió la Dirección del Instituto
Central de Filosofía, cargo que mantuvo hasta cumplir los setenta
años. Fue profesor Emérito de la Universidad de Concepción,
en cuya prestigiosa revista Atenea escribió numerosos
trabajos, junto a otros pensadores e intelectuales españoles
como María Zambrano, Francisco Álvarez González
y Eleazar Huerta. Además, el oriolano fue Miembro Hononario de
las Sociedades Filosóficas de Chile, Perú, Bolivia, Argentina
y Venezuela.
Augusto
Pescador aprovechó sus escasos viajes a España, ya en
los años setenta, no sólo para visitar su Orihuela natal,
sino también para trabajar, asistir a los actos de un homenaje
nacional a Miguel Hernández y de paso visitar en Madrid a sus
viejos camaradas del socialismo histórico. Durante la visita
de 1977 recorrió la antigua pradera de San Isidro, convertida
ya en barriada, para conocer los murales que, sobre las blancas fachadas,
pintaron famosos artistas, como Antoni Tápies y Margarita González,
con motivos hernandianos.
En
esa época estaba ultimando su trabajo sobre la silogística
de Galeno y precisaba consultar en archivos de Alemania, Inglaterra
y España, entre ellos el de Orihuela, donde se conservan más
de 10.000 volúmenes anteriores a 1550 y donde encontró
datos muy interesantes, sobre todo en un volumen editado en Orihuela
en el año 1779 titulado Proposiciones de la Filosofía
Universal, escrito en latín por Juan Antonio Costa. Sostenía
que escribía sobre Galeno, porque era el padre de la Medicina
y no existía en el mundo ningún estudio o investigación,
a pesar de que había escrito 122 trabajos sobre filosofía,
pero toda su obra había desaparecido. En 1982 la Universidad
de Concepción editó sus libros Las cuatro figuras
de Galeno y La filosofía hoy. En 1983 fue operado de un
cáncer de pulmón, según explicó por carta
(26-I-1984) a Ramón Pérez Álvarez, pero fue detectado
a tiempo.
Una
vida dedicada a la docencia universitaria tenía que dar sus frutos
a través de artículos brillantes y ensayos bien logrados.
Los profesores José Guillén García y José
Muñoz Garrigós califican su obra como ‘impresionante’.
Augusto Pescador, desde su llegada a Bolivia hasta sus últimos
años de vida, publicó regularmente meditados trabajos
sobre su materia, existiendo casi un centenar de ellos. Destacan ‘El
existencialismo y la Lógica’, ‘Sobre lo que no sirve’,
‘Mamerto Oyola Cuéllar’, ‘Descartes y el hombre
moderno’, ‘Concepto de la Filosofía y planteamiento
de los problemas filosóficos de Nicolai Hartmann’, ‘La
tendencia a lo concreto’, ‘Irracionalismo’, ‘El
concepto de eidos en la filosofía de Aristóteles’,
‘El hombre y los filósofos’, ‘La idea del hombre
en la filosofía actual’, ‘Los propósitos de
la filosofía de Martín Heidegger’, ‘Dificultades
en la axiología de Hartmann’, ‘La muerte de un gran
filósofo: Nicolai Hartmann’, ‘Idea del hombre’,
‘¿Qué es el arte?’, ‘El arte y lo artificial’,
‘Clasificación de las artes’, ‘Inutilidad del
arte’, ‘Las artes plásticas’, ‘Temas
existenciales’, ‘El problema de la modalidad y los fundamentos
ónticos de la lógica’, ‘La importancia de
lo inútil en el mundo de la técnica’, ‘Galileo
y los orígenes del pensamiento epistemológico’,
‘Descripción temporal del hombre’, ‘¿Es
totalitaria la axiología de Hartmann?’, ‘La filosofía
en Bolivia en el siglo XX’, ‘La filosofía y la estética
de Leonardo’, ‘El modo de ser del valor’, ‘Lógica
y lenguaje’ y ‘Fundamentos de la fuerza y vigencia del derecho’,
entre otros. Éstos y otros artículos se encuentran
recogidos en publicaciones de Bolivia, Chile, Argentina, México,
Uruguay y otros países europeos.

Dentro
del planteamiento general de la filosofía contemporánea,
Pescador se ocupó especialmente de los problemas del ser. A este
respecto, lo más enjundioso de su pensamiento. Desde luego, su
aporte filosófico digno de mención es el trabajo titulado
‘Ontología’. Su línea de pensamiento
sigue de cerca de su maestro Hartmann, a propósito de lo inasequible
del ser, muy en la línea pitagórica. Su posición
frente al problema es el realismo natural, la convicción de que
el mundo exterior existe.
Es
muy importante su estudio sobre los modos del ser en su trabajo ‘El
ser real y El ser ideal’. También destaca su aportación
al estudio de la filosofía de los valores, muy próximo
en sus conclusiones a las de su maestro Hartmann.
En
la mención de la producción filosófica de Pescador
no se toman en cuenta las distintas conferencias que pronunció,
que no están volcadas al papel, permaneciendo ignoradas o inéditas.
Dio casi un millar de conferencias y cursos de Filosofía en Bolivia,
Argentina, Uruguay, México, Cuba, Costa Rica, Venezuela, Ecuador,
El Salvador, Perú, Estados Unidos y Ecuador y Chile, entre otros
países.
El
tema del exilio filosófico en España en el siglo XX ha
sido abordado por varios autores. Uno de ellos, el P. Vicente Muñoz,
ha trabajado sobre la obra americana de Augusto Pescador Sarget.
Ortega
y Gasset fue una especie de fundador del pensador iberoamericano y sus
colaboraciones en periódicos y revistas, así como su copiosa
obra, sus conferencias y la creación de la Revista de Occidente,
son el testimonio concreto del impulso real que significó su
figura para los países de habla hispana. En la misma España
o en el destierro, nombres como Manuel García Morente, Xavier
Zubiri, José Gaos, José Ferrater Mora, Fernando Vela,
Julián Marías, María Zambrano, Laín Entralgo,
José Luis López Aranguren, Ramón Xirau, Nicol,
García Bacca, Recaséns Siches y el propio Augusto Pescador
-entre otros- son el resultado del florecimiento de una escuela filosófica
que le debe su existencia al autor mencionado. Entre ellos se generó
un lazo intelectual que tenía por centro una premisa indiscutible:
la reflexión filosófica era posible en una lengua que
no fuera francesa o alemana.
En
1969 se conmemoró el vigésimoquinto aniversario de la
Facultad de Filosofía y Letras de la UMSA y, como homenaje a
su fundador e ilustre Decano, se publicó en La Paz (Bolivia)
el libro Figura y pensamiento de Augusto Pescador Sarget, escrito
por Max Solares Durán. En ese libro se dice que Pescador era
‘indudablemente la mentalidad más influyente en el
campo de la filosofía en Bolivia’. Junto a su nombre,
se citaban los de Guillermo Francovich, Roberto Prudencio, Rubén
Carrasco de la Vega, Huáscar Cajías, Mario Miranda Pacheco,
Federico Blanco Catacora, Luis Carranza Siles, Manfredo Kempff Mercado,
Nicolás Fernández Naranjo y Numa Romero del Carpio.
‘En el caso de Pescador, se da un caso especial, porque siendo
de nacionalidad española, el mayor desarrollo, madurez, difusión
e influencia la tuvo en Bolivia, pues despertó, junto a otros,
la inquietud por la filosofía y, asimismo, formó discípulos
que, aunque no siguen las rutas trazadas por el maestro, no dejan de
reconocer la impronta que recibieron’.
Max
Solares señala que todo ‘lo anotado hasta aquí
nos coloca ante un verdadero filósofo. No de esos de nombre (...)
Sin embargo, su figura y pensamiento hasta ahora permanece velado, encubierto
y no conocido’, y añade que tampoco se desentendió
del mundo, ‘al extremo de olvidarse de sus problemas. Afabilidad,
simpatía desbordante y humanidad son algunas de las prendas que
ornan su personalidad’. Con motivo del terremoto, maremoto
y desborde del lago Rinihue, en Chile, le dedicaron al oriolano Augusto
Pescador crónicas periodísticas que ponen de manifiesto
el humanismo y filantropía, el don de gentes y su renuncia a
la vida cómoda, trabajo y tesón en la rehabilitación
de las casas derrumbadas y palabras de aliento a los que perdieron la
vida y hacienda en el siniestro. Fernando Santivan, Premio Nacional
de Literatura en Chile en 1952, dijo emotivamente de Pescador en las
columnas de la revista Zig-Zag que ‘tan pronto se
ocupa de los difíciles problemas de la filosofía como
de las pláticas amables que tiene con los obreros portuarios
y pescadores, en verdad, es un pescador de amigos. Y, de la misma manera,
ya se lo ve con la gravedad en una disertación filosófica
como ocupándose del arte culinario y en el oficio de barbero,
ocupaciones en las cuales no encuentra competidor. He aquí la
figura del maestro, sencillez y modestia; pedantería, presunción
y egolatría son ‘cualidades’ que no pertenecen ni
entran en el perfil del maestro y filósofo’.
Y
si nos circunscribimos a su ámbito de origen, Augusto Pescador
es uno de los miembros de esa increíble pléyade de escritores,
periodistas, artistas y filósofos, hijos de Orihuela, que dieron
nombre a su ciudad natal a fines del siglo XIX y durante gran parte
del siglo XX, como Adolfo Clavarana, Juan Sansano, José María
Ballesteros, Abelardo L. Teruel, Miguel Hernández, Ramón
Sijé, Carlos Fenoll, Francisco Pina, Juan Bellod, Francisco de
Díe, Adolfo Pérez León, Justo García Soriano,
Adolfo Lizón y Alejandro Gaos, entre otros.
Tristemente,
la historia se repite también en el caso de Pescador, que está
relegado a ese injusto olvido que muchos grandes hijos de Orihuela inexplicablemente
padecen.
Antonio
Peñalver
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"MIGUEL
HERNÁNDEZ FUE UN EJEMPLO DE PSICOLOGÍA POSITIVA"
El
oriolano Federico Javaloy relacionó al poeta de Orihuela con
este nueva tendencia de la Psicología en la Conferencia Inaugural
del III Congreso Nacional celebrado en la UMH de Elche.

El
catedrático de Psicología Social de la Universidad de
Barcelona considera la figura del poeta Miguel Hernández como
ejemplo de ‘resiliencia’, es decir, de ser humano capaz
de hacer frente a las adversidades de la vida, de superarlas y de ser
transformado positivamente por ellas. El psicólogo oriolano hizo
este planteamiento en el transcurso de la conferencia que abrió
el III Congreso Nacional de Estudiantes de Psicología, celebrado
en la Universidad Miguel Hernández de Elche el pasado 9 de noviembre.
Tras su participación en el mismo, visitó la Fundación
Miguel Hernández de Orihuela, conoció de cerca su
funcionamiento y actividades, y nos habló del contenido de su
conferencia, que llevó por título ‘Psicología
Positiva y Psicología de la Felicidad. En recuerdo de Miguel
Hernández’.
Javaloy
afirma que este congreso abordó ‘la nueva forma de
entender la investigación y práctica psicológica
y que ha recibido la máxima atención durante los últimos
años, la denominada Psicología Positiva. Además
de hablar de ella y sus últimos avances, aproveché para
relacionar todo lo dicho con Miguel Hernández’.
El
psicólogo explica que creyó oportuno hablar del poeta
por tres razones: ‘en primer lugar, por el tema en sí.
Esta psicología positiva está tratando de mostrar la cara
positiva de la vida, el optimismo, la esperanza, la fuerza de la persona
que lucha por un ideal. Y todo esto conecta con Miguel Hernández,
que es un poeta positivo y de esperanza. Surge así una perspectiva
nueva del poeta de Orihuela, con aspectos que creo nadie ha planteado
todavía. En segundo lugar, porque estaba en una universidad que
lleva el nombre más bonito que un centro docente pueda tener;
y en tercer lugar, me referí a Miguel Hernández, porque
nació en Orihuela, que es su pueblo y el mío’.
Según
el catedrático de la Universidad de Barcelona, el propulsor del
movimiento de Psicología Positiva, Martin Seligman, ha basado
su necesidad en dos afirmaciones ampliamente compartidas: por una parte,
la psicología sólo se ha venido centrando en la enfermedad
mental; por otra, ha dejado en un segundo plano las emociones positivas,
es decir, aquellos estados que hacen que la vida merezca ser vivida.
Por ello, la Psicología Positiva ofrece un cambio de perspectiva,
al pasar del estudio de algunos de los peores aspectos de la vida al
estudio de aquellos factores que hacen que valga la pena vivir. Pretende
ser un cambio de enfoque que trata de descubrir la otra cara de la moneda
de la vida: el bienestar y la felicidad, el optimismo y la esperanza.
‘Este tema será puntero en pocos años y ya están
trabajando en él prestigiosos psicólogos europeos y americanos’.
Esta
psicología no ha surgido bruscamente como reacción social
contra la tendencia dominante. Los primeros cambios pudieron apreciarse
ya en los años sesenta con la aparición de la Psicología
Humanista. El estudio de la felicidad, núcleo de la Psicología
Positiva, se ha desarrollado notablemente en las dos últimas
décadas. Destaca Javaloy que ‘el aspecto más
original y sugestivo de la Psicología Positiva no ha sido limitarse
a resaltar la cara positiva de la moneda de la vida, sino el descubrir
el aspecto positivo de los acontecimientos negativos. Este hallazgo
se resume en un nuevo concepto llamado resiliencia, que es la capacidad
del ser humano para superar la adversidad y el trauma, para resistir
ante todo tipo de problemas, sobreponiéndose a éstos sin
quedar traumatizado, mientras que otras personas no pueden hacerlo y
son víctima de ellos’.
En
este punto, el psicólogo de Orihuela añade que esta capacidad
humana para plantar cara a la adversidad, y para no hundirse ante la
cárcel y la persecución, la encarnó de manera muy
fuerte el poeta Miguel Hernández: ‘un hombre que experimentó
a fondo el lado más negativo de la vida hasta morir en la cárcel
por el delito de hacer versos. Fue un hombre que tuvo claro por qué
luchaba. Esto dio una fuerza y un sentido a su vida. Fue resiliente.
Frente a las dificultades de la vida, nunca se dio por vencido y salió
fortalecido, creciendo como persona. Por eso ni la persecución,
ni la guerra, ni la cárcel pudieron con él, porque la
causa por la que luchaba, la libertad, dio sentido y fuerza a su vida’.
Javaloy
pone como ejemplo sus versos ‘Para la libertad sangro, lucho,
pervivo’, y manifiesta que ‘sólo un hombre
positivo y lleno de esperanza como él podía escribir frases
como ‘soy como el árbol talado que retoño ... aún
tengo la vida’. Esto explica que sus versos sean recitados hoy
en todo el mundo'. En otros versos donde dice ‘como el
toro he nacido para el luto ... como el toro me resisto ante el castigo’.
Esto es resiliencia, porque el castigo y la dificultad no le hicieron
bajar la cabeza, sino sobreponerse y luchar más’.
Uno
de los factores que contribuyeron, según Javaloy, a esta resiliencia
de Miguel fue la relación afectiva muy fuerte que tuvo con personas
que le apoyaron siempre incondicionalmente: ‘Miguel, al sentirse
apoyado por unos compañeros que le respaldan sin peros, fue capaz
de todo. La clave está en que el amor cura e inyecta energías
para superar cualquier adversidad y llegar hasta el final’. En
este punto, el catedrático oriolano invitó ‘a todos
los estudiantes de Psicología, así como a los profesores
de la Universidad Miguel Hernández, a investigar en la vida de
Miguel Hernández cuáles fueron estos vínculos de
apoyo incondicional que le dieron esta capacidad de lucha, esa resiliencia
que tuvo’.
En
su conferencia, Javaloy habló también de Miguel Hernández
como símbolo de esperanza y libertad en el mundo de hoy:
‘Esto ha quedado recientemente de manifiesto en la XV Cumbre Iberoamericana
celebrada en Salamanca en octubre de este año, en la que el poema
‘Nana de la cebolla’ fue protagonista del espectáculo
musical de la jornada inaugural’. Otro ejemplo sería
el de la ‘Asociación para la Libertad en Euskadi’,
‘cuya página web ha adoptado, como lema y bandera, los
versos hernandianos ‘Para la libertad, sangro, lucho y pervivo’.
Esto es una prueba de que el símbolo de esperanza en nuestro
mundo que es Miguel Hernández está completamente vivo
en este 2005’.
El
psicólogo de la Universidad de Barcelona concluyó señalando
que ‘estamos hablando de un hombre que fue totalmente positivo
y de esperanza, que luchó siempre por la libertad como causa
que dio sentido a su vida. Sin entrar ni salir en sus ideas políticas,
volcó las energías sacadas de la adversidad sus energías
en su lucha por un ideal, por una esperanza y por la felicidad, sintetizando
en su poema ‘Los heridos’ (‘Soy como el árbol
talado que retoño, porque aún tengo la vida’) su
resiliencia. El adjetivo talado es el símbolo de la adversidad
y el verbo retoño, el símbolo de la esperanza’.
El
psicólogo oriolano pretende publicar este trabajo sobre Miguel
Hernández y la psicología positiva en alguna revista científica:
‘pero para ello todavía tengo que ahondar en el tema,
porque lo expuesto en la Universidad Miguel Hernández de Elche
es sólo un avance de algo que tiene mucha más profundidad.
Hasta el momento, con mi conferencia, no he hecho más que un
planteamiento, un esbozo del tema’.
Federico
Javaloy Mazón es catedrático desde 1990. En la Universidad
de Barcelona, de la que es profesor desde 1974, imparte clases de Psicología
Social y Comportamiento Colectivo, así como un curso de doctorado
sobre ‘Psicología social de la felicidad’. Amplió
estudios en la Universidad de California (Berkeley), en 1988. Elaboró
su tesis doctoral sobre psicología del fanatismo, publicando
parcialmente este trabajo en 1983 y ampliándolo al estudio de
comportamientos extremos en diversos ámbitos (sectas y conducta
de masas en deporte y ocio) y al campo de los movimientos sociales.
Ha dedicado también atención en sus investigaciones y
publicaciones al estudio de los movimientos ecologistas, feministas
y antiglobalización, así como al movimiento fundamentalista
islámico. Su otro centro de interés es el estudio de la
felicidad en el marco de la Psicología Positiva. Además
de sus publicaciones en revistas especializadas, ha practicado también
el periodismo científico, particularmente sobre el tema de la
felicidad, en el diario La Vanguardia, de Barcelona, por lo
que ha recibido en dos ocasiones (1994 y 1997) el Premio Comunicación
del Colegio de Psicólogos de Madrid.
Rebeca
Serrano
Antonio Peñalver
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