MIGUEL HERNÁNDEZ EN LA OBRA DE PABLO NERUDA:
UN LARGO Y DOLORIDO RECUERDO
TERCERA ENTREGA
Manuel
Parra Pozuelo
En una conferencia que, con el título Quevedo adentro,
fue pronunciada en el Colegio Libre de Estudios de Buenos Aires, en
1939, y que fue publicada en el número 199 - 200, octubre-noviembre
de 1943, de la revista de esta institución y en Viajes, 1947-
1955, se encuentra una detallada descripción de las infructuosas
gestiones para la liberación de Miguel, sobre las que Neruda
dijo:”Miguel Hernández fue detenido y poco después
condenado a muerte. Yo estaba otra vez en mi puesto en París,
organizando la primera expedición de españoles a Chile.
Me alcanzó a llegar su grito de angustia. En una comida en el
Pen Club de Francia tuve la dicha de encontrarme con la escritora Maria
Anna Conmene. Ella escuchó la historia desgarradora de Miguel
Hernández que llevaba como un nudo en el corazón. Hicimos
un plan y pensamos apelar al viejo cardenal monseñor Braudillart.
El cardenal Braudillart tenía ya más de 80 años
y estaba enteramente ciego. Pero le hicimos leer los poemas de la época
católica del poeta que iba a ser fusilado.
Esa lectura tuvo efectos impresionantes sobre el viejo cardenal que
escribió a Franco unas cuantas conmovedoras líneas.
Se produjo el milagro y Miguel Hernández fue puesto en libertad.
Entonces recibí su última carta. Me la escribió
desde la embajada de mi país para darme las gracias “Me
marcho a Chile – me decía- .Voy a buscar a mi mujer a Orihuela”.Allí
lo detuvieron de nuevo y esta vez no lo soltaron.Ya no pudimos intervenir
por él.
Allí murió hace pocos meses, allí quedó
apagado el último rayo de la poesía española. Pero
no deja de derramar dulzura su radiante poesía, y su muerte no
me deja secar los ojos que lo conocieron 1.
El testimonio de Neruda no recoge con total exactitud los hechos documentados,
ya que, en su primera detención, tras la derrota de los ejércitos
republicanos, Miguel Hernández no fue juzgado y no pudo, por
tanto, ser condenado a muerte, aunque si lo fuera posteriormente, tras
su segunda detención. En cuanto a su última carta desde
la embajada de Chile, es cierto que la visitó en su último
y breve periodo de libertad, y que el contenido de esa misiva pudo ser
análogo al referido por Pablo Neruda 2,
finalmente, es preciso reseñar la coincidencia del testimonio
de Pablo y de Teresa León, en cuanto a las gestiones ante el
cardenal Braudillart.
En un texto leído en la ciudad de Guatemala en 1950 y recogido
en Viajes, 1955, Neruda, además de elogiar, como siempre
lo hacia, a Miguel Hernández y García Lorca, alaba también
a otros poetas rusos, sobre todo a Pushkin y, evocando una reunión
en el castillo de Dobris, recita el poema de Miguel Hernández
que se inicia diciendo:”Beso soy, sombra con sombra”.
A este respecto, puesto que la primera edición de cancionero
Y romancero de ausencias fue la de Aguilar de 1952, el poema leído
por Neruda no podía proceder de esta primera edición del
poemario, aunque si tenemos en cuenta que ,tal como indicó José
Carlos Rovira 3,
cuando Miguel Hernández realizó su último viaje
a Orihuela y vivió sus últimos días de libertad,
en septiembre de 1939, ya llevaba escrito el manuscrito en el que se
incluía el poema así titulado, es posible que, en su última
visita a la embajada de Chile, enviase a Pablo, junto con la carta a
la que este alude, su último mensaje poético.
El texto del poema coincide exactamente con la versión de la
edición de José Carlos Rovira 4,
si bien es cierto que la lectura de Neruda obvió, por razones
explicables, el antetítulo que incluye esta edición, es
decir, las palabras: Antes del odio, que no coincidían con
sus sentimientos.
En una larga entrevista realizada por Rita Guibert en Isla Negra, entre
el 15 y el 31 de enero de 1970, Pablo Neruda, tras citar elogiosamente
a Federico García Lorca, dijo: ”Hernández era
como un hijo. Vivía prácticamente en mi casa donde comía
casi todos los días” y, tras relacionar su muerte
con la de Federico, hace ver la falsedad de las tesis que la atribuyeron
a los iniciales momentos de confusión de la sublevación
militar, puesto que, según afirma, si hubiese sido así,
al menos, se hubiera accedido a trasladarlo a un hospital cuando enfermó
gravemente en la cárcel, tal como, según dice Neruda,
había propuesto la Embajada de Chile, por lo que concluye afirmando
que “la muerte de Miguel Hernández es también
un asesinato”.En este sentido, al parecer, sobre las penosas
circunstancias que rodearon a su enfermedad tuvieron gran importancia
las negativas de Miguel a aceptar las insinuaciones de Don Luis Almarcha
5.
Referencias a Miguel en prosas varias
Confieso que he vivido 6
titula con su nombre su capítulo cuarto y, tras caracterizarlo
como “un gran poeta dentro de la España encadenada",
rememora su aparición en “ un verano seco de Madrid”,
en el que le mostraba “ el fuego constante de su poesía”,
evocándolo de esta hermosa manera :“ Había recién
llegado de ser pastor de cabras y venía todo perfumado por el
azahar, por la tierra y por el estiércol. Se derramaba la poesía
como de las ubres de demasiado llenas cae a gotas la leche. Me contaba
que en las largas siestas de pastores ponía el oído sobre
el vientre de las cabras paridas y me decía como podía
escucharse el rumor de la leche que llegaba a las tetas....”
, y, en relación a sus dotes líricas, afirma que la vida
no le había dado ocasión de contemplar un fenómeno
igual de vocación 7
y de eléctrica sabiduría verbal.
En este mismo capítulo, en otro de sus apartados, el titulado
Mi libro sobre España, al tiempo que nos describe las
circunstancias de la impresión de su poemario España
en el corazón. nos cuenta que Miguel, que de pastor de cabras
se había transformado en verbo militante, tras la derrota del
ejercito republicano, cuando buscó refugio en la embajada de
Chile no fue admitido por su embajador Carlos Morla Lynch, aunque en
esta embajada si se habían refugiado una gran cantidad de intelectuales
partidarios de Franco 8,
en los días que Madrid estuvo bajo el control de los hombres
y las mujeres leales a la República, y finalmente nos describe
poética y líricamente su trágico final. “Pocos
días después lo detuvieron, lo encarcelaron. Murió
de tuberculosis tres años más tarde.El ruiseñor
no soportó el cautiverio”.
Tras citar la colaboración de Miguel Hernández en el número
de Caballo Verde dedicado a Julio Herrera y Reissig 9,
el capitulo concluye describiendo la vista de Pablo a la Casa de las
Flores, en compañía de Miguel, vestido con el uniforme
de miliciano, y contemplando juntos los efectos de los bombardeos sobre
la casa que había sido su hogar.
En un artículo publicado en la revista ¿Qué
Hubo? , fechada en Santiago de Chile el 20 de abril de 1940 con
el titulo Amistades y enemistades literarias 10,
se incluye a Miguel Hernández, junto a Rafael Alberti, Vicente
Aleixandre, Arturo Serrano Plaja y Vicente Salas Viu, en la nómina
de poetas amigos, de los puros, los fraternales, los honrados, los nuestros,
y, frente a ellos cita explícitamente a Eugenio Montes y a Pemán,
al lado del forajido Millán Astray, aunque también rechaza
como compañeros de su lucha a “los envidiosos, los
resentidos, los envenenados, los malignos, los megalómanos”.En
este texto, Neruda, al preguntarse por la situación de Miguel,
acertadamente supone :“ estará si no fusilado y enterado,
en la cárcel o vagando por los montes”, e igualmente
nos dice que había conocido la poesía de Miguel con anterioridad
a su persona, gracias a la lectura de sus autos sacramentales, refiriéndose,
sin duda, a Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras
y, tras alabar sus cualidades de poeta político y de nuevo
poeta del catolicismo español 11,
finaliza afirmando, al igual que lo hará en sus poemas, que “
ni los asesinos podrán borrar tu voz que era la voz de tu pueblo”
.
En las vigas de la techumbre de su casa de Isla Negra, también
Pablo Neruda entre los nombres que, según afirma, “
escribió no por grandiosos sino por compañeros”,
incluyó el de Miguel Hernández, con el siguiente texto:”Miguel
Hernández, silbándome a manera de ruiseñor, desde
los árboles de la calle Princesa, antes que los presidios atraparan
a un ruiseñor” 12.
La revista Triunfo en su número 575, fechado el 6 de
octubre de 1973, incluyó un texto titulado Mensaje sobre
Miguel Hernández 13,
que estaba suscrito por Pablo Neruda en Paris, en septiembre de 1960,
y que desde esa fecha obraba en poder de Ricardo Muñoz Suay,
en aquel tiempo en la orbita del Partido Comunista de España,
que lo había solicitado de Pablo para una publicación
de homenaje a Miguel, pero que finalmente fue incluido en el número
que la revista dedicó a Neruda, con motivo de su muerte, ocurrida
el día 23 de septiembre de ese año.
El texto se inicia afirmando que recordar a Miguel Hernández
es un deber de España y un deber de amor, para finalizar considerándolo
como parte de una interminable carta que seguirá escribiendo
hasta que su canto responda luminoso y victorioso.
A modo de epilogo o de provisionales conclusiones
La amistosa, intensa y breve relación entre Pablo Neruda y Miguel
Hernández incidió decisivamente sobre sus trayectorias
estéticas y personales. Quizá pueda afirmarse que, por
razones de edad y de prestigio, Neruda fue para Miguel un ejemplo estético
e ideológico, y, las evocaciones y los elogios que le dedicó,
tras su muerte, influyeron decisivamente en el reconocimiento y la difusión
de su obra.
Por otra parte, la indisoluble unidad entre poesía y política
con la que Neruda caracterizó su vida al aceptar la candidatura
del partido comunista chileno a la presidencia de la republica 14,
se concretó en una de las primeras ocasiones en las que sus nombres
aparecieron unidos, y fue para manifestar su protesta, junto a un nutrido
y selecto grupo de intelectuales, por la detención de Miguel
por la Guardia Civil, el 6 de enero de 1936, en este acontecimiento
la intervención de Pablo Neruda no se limitó a la firma
del escrito, sino que intervino decisivamente en su liberación
que se produjo tras una llamada, “a su amigo el cónsul
de Chile” 15.
Para Neruda, desde el inicio de su amistad, Miguel Hernández
fue un símbolo del pueblo y de la naturaleza de España,
que más tarde se hizo verbo militante y finalmente personifica
la derrota de las fuerzas democráticas, testimoniando, con su
muerte, la represión de los vencedores y la fidelidad de los
vencidos al ideario que había impulsado su resistencia.
Mientras que la actitud de Miguel, que fue precisamente tras su detención,
en enero de 1936, cuando decidió ingresar en el Partido Comunista
16,
posiblemente, junto a otros acontecimientos y actitudes, influiría
sobre la de Pablo que en una entrevista publicada en la Revista Marcha
de Montevideo, fechada el 7 de septiembre de 1971 a respondiendo a la
pregunta ¿Cuándo se hizo comunista? Dijo: “Comencé
a volverme comunista en España, cuando la guerra civil. Fue allí
que transcurrió el periodo más importante de mi vida política”
17. En
el universo nerudiano, la imagen de España, en la que se integran
la poesía de Miguel y su martirio, y la del partido comunista
forman parte del imaginario que refleja en su obra, hasta tal punto
de concretarse y reflejarse en la publicación de los poemas dedicados
a Miguel, con carácter previo a su integración en libros,
en revistas o publicaciones del partido comunista español, adaptando
incluso los títulos de los poemas a las específicas características
partidarias de estas publicaciones.
Su compromiso, tanto con España como con las ideas que consideraba
emancipatorias, se concreta igualmente en la escritura del prólogo
que encabezó, en 1963, el volumen titulado España canta
a Cuba 18,en
el que se incluían composiciones de un gran número de
los, entonces, jóvenes poetas españoles.
Como no podía ser de otra manera, las expresiones que caracterizan
o definen a Miguel Hernández son análogas o similares
en sus obras en verso y en prosa o en sus conferencias y entrevistas,
aunque obviamente adquieren su más deslumbrante brillo en sus
poemas, a este respecto, el mismo Neruda consciente, de su capacidad
y vocación, incluso se refirió a sus prosas con evidente
displicencia, cuando dijo:“ Toda mi vida he sentido la necesidad
de escribir en verso y no me interesa la prosa”19.
Por ultimo, queremos dejar constancia de que el objetivo de este estudio
no ha sido otro que poner de manifiesto, recopilando e interpretando
las palabras que escribieron o pronunciaron, la amistad y coincidencia
entre dos poetas que han personificado y simbolizado las grandezas y
miserias del atribulado, febril y problemático siglo XX.
Notas
1.Neruda, Pablo, Obras completas, Nerudiana dispersa
II, edición citada, págs. 463 y 464.
2.Ferris, José Luis, Miguel Hernández.
Prisiones, cárcel y muerte de un poeta, Ediciones Temas
de hoy, Madrid, 2002,pág. 432.
3.Hernández, Miguel, Cancionero y romancero
de ausencias, Edición, introducción y notas de José
Carlos Rovira, que en su apartado titulado Sobre esta edición,
pág.23, dice:” un cuaderno en octavo con 79 composiciones,
titulado Cancionero y romancero de ausencias, que el poeta llevó
a Orihuela en septiembre de 1939, al salir en libertad de su primer
encierro”.
4. Hernández, Miguel, Cancionero y romancero
de ausencias, edición citada, págs. 478 a 488.
5.Véase Ferris, José Luis, obra citada,
págs. 478 a 488.
6. Neruda, Pablo, Obras completas, Nerudiana dispersa
I,edición citada, págs. 463 y 464.
7.Neruda, Pablo, Obras completas, Nerudiana dispersa
I,edición citada, pág.913.
8.Sobre la estancia de Rafael Sánchez Mazas y
otros escritores en la embajada de Chile durante la guerra incivil,
véanse las págs. 318-321 de Las armas y las letras,
de Andrés Trapiello, Planeta, Barcelona, 1974.
9.Neruda habla de este número que debía
ser un extraordinario número doble, quinto y sexto, y que quedó
en la imprenta, sin compaginar ni coser, el día 19 de julio de
1936,en Confieso que he vivido en la página 169 y en
Para nacer he nacido, obra también publicada póstumamente,
en Barcelona, por la Editorial Seix Barral, en 1978.
Miguel Hernández dedicó a Julio Herrera y Reissig, un
hermoso poema titulado Epitafio desmesurado a un poeta.
10.Neruda, Pablo, Amistades y enemistades literarias,
incluido en Obras completas, Nerudiana dispersa II, edición
citada, págs. 442 a 446.
11.Ténganse en cuenta las gestiones realizadas
ante el cardenal Braudrillart.
12. Neruda, Pablo, Obras completas, Tomo III,
edición citada, Una casa en la arena, 1956- 1966, pág.
117.
13.Incluido por Maria de Gracia Ifach en Miguel
Hernández, Taurus, Madrid,1975, pág. 23.
14.Neruda, Pablo, Obras completas, Nerudiana dispersa
II, edición citada, pág. 285.
15. Hernández, Miguel, Carta a Josefina Manresa,
julio de 1936.
16.Ferris, José Luis, Opus cit., págs.
287 a 290.
17. Neruda, Pablo, Obras completas, Nerudiana dispersa
II, edición citada, pág. 1191.
18. Neruda, Pablo, Obras completas, Nerudiana dispersa
II, edición citada, págs. 1149 a 1154.
19. Neruda, Pablo, Obras completas, Nerudiana dispersa
II, edición citada, pág.1135.