Página Principal

COLABORACIONES:

 

 

LA IDEOLOGÍA POÉTICA DE RAMÓN SIJÉ (2ª PARTE)

RAMÓN SIJE EN TESTIMONIOS (2ª PARTE)
En el septuagésimo aniversario de su muerte (1935-2005)

LA IDEOLOGÍA POÉTICA DE RAMÓN SIJÉ (2ª PARTE)


La controversia del grupo redactor de 'El Gallo Crisis'
A mediados de 1934, se hizo realidad uno de los sueños de Sijé: fundar y dirigir una revista propia de catolicismo positivo, El Gallo Crisis. Como apunta Muñoz Garrigós, esta revista ‘nació ya dentro de la misma línea ideológica que Cruz y Raya’. Los nombres de las personas que formaron el equipo de redacción han motivado el encasillamiento político de Ramón Sijé por una parte de la crítica. Aclara al respecto José Muñoz Garrigós que de aquellos años hay noticias de una reunión o tertulia muy politizada, que tenía lugar en el despacho del notario José María Quílez y a la que acudían Tomás López Galindo, el padre Buenaventura de Puzol, Fulgencio Ros y otras personas afines al partido de Gil Robles, ‘pero aquí no acudía Sijé, que, como bien afirman cuantos le trataron en esos años, nunca tuvo nada que ver ni con la CEDA ni con la Falange Española’.

El testimonio del oriolano Augusto Pescador, filósofo y hombre de reconocida trayectoria en la izquierda, arroja luz al respecto: ‘como había hecho amistad con don Juan Colom, catedrático del Instituto, y había otra persona interesada en filosofía, un fraile capuchino, Buenaventura de Puzol, acordamos reunirnos una vez a la semana en el convento para conversar sobre temas filosóficos; casi desde el principio asistió Bellod, y después Sijé. En declaraciones que hizo Martínez Arenas a Couffon, y en otros libros, se ha desvirtuado totalmente el origen de esta tertulia, que fue conversar de filosofía (...) A mediados de 1934 apareció el primer número de ‘El Gallo Crisis’ (...) integraron el comité de redacción don Juan Colom, el padre Buenaventura de Puzol y Juan Bellod, es decir, las personas que habían constituido la tertulia filosófica de los capuchinos (...) y se consideró que también habían integrado aquella tertulia Alda Tesán, José Mª Quílez y Tomás López, que nunca fueron a la tertulia, al menos hasta abril del 36, pues después yo no fui más ... No colaboré en la revista, pero siguió mi amistad con Ramón Sijé’.

En esta revista neocatólica de Sijé, ‘ciertos textos desconcertantes eran de tal naturaleza como para hacer fruncir las cejas a más de un teólogo rigorista’, comentó el ex alcalde oriolano José Martínez Arenas, mientras que José A. Sáez Fernández señala que ‘Sijé se convierte así en combatiente por el catolicismo en medio de la efervescencia republicana (...) Sufre un proceso progresivo de radicalización de sus posturas ideológicas, fuertemente individualistas y personalizadas’.


Repercusión de unos comentarios de Neruda

Llegó a decir Pablo Neruda que no le gustaba El Gallo Crisis, porque le hallaba ‘demasiado olor a iglesia, ahogado en incienso’, y que el poeta oriolano Miguel Hernández era demasiado sano para soportar ‘ese tufo sotánico-satánico’. Afirma Muñoz Garrigós que ‘este sentimiento católico le granjeó la opinión que más ha impedido el conocimiento exacto de su personalidad: me refiero a las dos conocidas bufonadas que Pablo Neruda escribió en sendas cartas a Miguel Hernández a propósito de El Gallo Crisis’. La opinión del chileno demuestra, según Muñoz Garrigós, la total incapacidad que, tanto por razones geográficas como ideológicas y de formación, tenía para poder comprender unos movimientos que le resultaban tan ajenos y lejanos como los de la renovación católica europea y, consecuentemente, española. ‘A partir de Concha Zardoya y de Dario Puccini, las ocurrencias nerudianas han sido tomadas como ciertas, sin proceder a mayores indagaciones, por los investigadores de la personalidad de Miguel Hernández, tanto los de reconocido prestigio, como Cano Ballesta, Sánchez Vidal o José-Carlos Mainer, como por otros de menor solvencia, excepción hecha de Vicente Ramos; seguramente porque, estigmatizando la personalidad de Ramón Sijé, resulta más fácil comprender el cambio operado en la personalidad hernandiana a raíz de su amistad con Neruda, aun cuando para ello hubiera que dar por cierta una mentira, nacida de una incomprensión total y absoluta’.

Giménez Caballero escribió a Sijé: ‘Gallo Crisis va a ser una revista más minoritaria, gongorista, conceptista, con aire bergaminesco de cara y cruz. Lo siento. Ustedes (..) debían ir por un sendero más claro, rotundo, popular, ardiente, inteligible a las masas. Pero no es así (...) Una cosa más franciscana y menos jesuita se necesita hoy (...) Hay que dejar en literatura la acción indirecta, ese parlamentarismo del circunloquio, la perífrasis y el arabesco’.

Respuestas de Sijé en El Gallo Crisis
Sostiene Muñoz Garrigós que Sijé hizo nulo caso a estas ‘observaciones muy sutilmente lanzadas por el madrileño, quizás con el fin de instalarlo en las filas de la recién fundada Falange’ y además ‘le responde con la apostilla contra Falange que aparece en el primer número de ‘El Gallo Crisis’ que, a mi juicio, es un ‘no’ categórico a seguir el camino que Giménez Caballero le insinúa para hacerlo desembocar en Falange y no una simple recriminación, como afirma Cecilio Alonso y quienes sostienen el carácter fascista de la ideología sijeana. Incluyo aquí también, a quien fuera amigo del propio Sijé, y miembro del consejo de redacción de su revista, Tomás López Galindo’. Éste último llegó a afirmar, en las páginas del periódico oriolano Acción el 30 de diciembre de 1935, que Sijé simpatizó con las ideas falangistas de Giménez Caballero: ‘aceptó sincera, auténtica y honradamente las teorías del Estado totalitario’, sin embargo añadía también que ‘Sijé tiene poco de político y mucho de filósofo y literato’.

Lo cierto es que el aire bergaminesco de la revista molestó a Giménez Caballero, quien le diría a Sijé: ‘¡Que su ‘Gallo Crisis’ no sea tan miserable’!. Apunta Muñoz Garrigós que ‘no se trata de un deterioro progresivo ni de las relaciones ni de la amistad entre ambos, sino de un continuo no ir de acuerdo en nada de lo que se plantea entre ambos’.

Apunta Agustín Sánchez Vidal que Ramón Sijé ‘no acepta los intentos de construcción de un estado no cristiano, aunque se le imponga, a modo de adjetivo oficial y piadoso, el marchamo de católico’. Así, hay que referirse a la crítica que Sijé hizo del libro ‘La nueva catolicidad. Teoría general sobre el fascismo en Europa’, publicado en 1933 por el madrileño. Decía el ensayista de Orihuela que ‘la catolicidad es una forma de reducción política del catolicismo. Porque el Estado católico no se hace: frutalmente nace’. Ante esta afirmación, apunta Sánchez Vidal que ‘lo que rechaza Sijé es la conversión de lo católico, que para él es sustancial, en un adjetivo, y ese es su caballo de batalla con los fascismos (...) Eso significaría convertir el catolicismo en un ismo más. Sijé aquí desconfiaba de Giménez Caballero’.

Crítica de Sijé al catolicismo oficial
Leyendo los diferentes números de El Gallo Crisis, hay bastantes comentarios políticos de Sijé. En las páginas 2-4 del número 1, en el artículo ‘España en la selva de aventuras del cristianismo’, escribía el oriolano que ‘España es como el Imperio invisible que dramatiza en su Estado, en su nación, en su Campo, en su Burgo, en su Gremio la imposible carrera del cristianismo. España se ha convertido en la historia como hombre invisible, es decir, como cristiano individual perfecto, corriendo en su lucha espiritual por la vida, contra sí misma, contradictoriamente, hacia la inhumanización productora del reino de Dios en la tierra, hacia la unidad por la muerte: haciendo de sus crisis, éxtasis, plástica de crisis (...) Negra y barroca, surge la España crítica, romántica, de Baltasar Gracián, tras la España extática de Juan de la Cruz, azul y blanca. España en éxtasis y en crisis, en Poema y en Tratado, jugando a la libertad o tiranía con el pensamiento y con el albedrío, es la mitad de España’. Sánchez Vidal apunta que ‘en uno de los artículos más paradigmáticos de ella’, Sijé define ‘su idea de lo que el Estado debe ser para superar la crisis a que se alude en el título de la revista’.

En el artículo titulado ‘Re-catolicismo y católica reforma’ (página 36 de los números 3-4), dice: ‘el catolicismo oficial provocó la salida revolucionaria, la huída hacia los ismos, de la pobre gente de España: huían, en un afán escolástico de amor sustancial, de la Iglesia: porque la Iglesia jugaba decorativamente con la historia y el estado oficiales. Se justificó, pues, una revolución: una revolución social-ista se justifica cuando una religión imperante olvida su valor social. Abandonemos, cristianos, la conquista del Estado: marchemos a ser conquistados por el pueblo’. Concluía Sijé que ‘se demuestra la eternidad temporal del catolicismo, cuando reformando los modos y los cuadros eclesiásticos continúa manteniéndose su virtud creadora de vida: cuando se acerca la primavera: como estilo de nueva forma’.

Defiende Sánchez Vidal que en este comentario de Sijé hay una nueva alusión a Ramiro Ledesma Ramos, que en febrero de 1931 lanzó el manifiesto ‘La Conquista del Estado’ que se convirtió en el título del semanario de la JONS y añade que el oriolano ‘estaba muy al tanto de este tipo de publicaciones. Basta con leer los acuses de recibo de El Gallo Crisis’.

Por su parte, Muñoz Garrigós opina sobre el artículo anterior que ‘nos ofrece la posición de Sijé en torno a la actitud del cristianismo en un Estado laico. Esta alusión es más religiosa que política, pues aunque la alusión al concepto imperial de España es inequívoca, me parece que habría de entenderla en el marco del dorsianismo de Ramón Sijé, y ello sin perder de vista que, mientras para José Carlos Mainer estaríamos ante un precedente del fascismo falangista, José L. López Aranguren no lo considera así (...) Creo que este texto de Sijé resulta mucho más fácil de entender si, en vez de considerarlo en solitario, se estudia a la luz de algunos párrafos del manifiesto sobre ‘Las responsabilidades del cristiano y el momento presente’, publicado por algunos intelectuales católicos franceses en abril de 1934’. Añade el estudioso que ‘este artículo demuestra, sin lugar alguno a la más mínima duda, que no era partidario de un Estado teocrático, como se ha venido repitiendo de modo incesante (...) sino exactamente lo contrario’. También señala: ‘conviene que no olvidemos, para cuando se hable de su presunto filofascismo, una frase: ‘abandonemos, cristianos, la conquista del Estado’, por las resonancias que puede tener de la revista fundada por Ramiro Ledesma Ramos, ateo integral, con el que no me explico cómo se puede alinear a Sijé, aun antes de la crisis que afectó a Falange Española a mediados de enero de 1935’.

Sijé: ‘El fascismo no tiene la fuerza de la razón’
Dentro de la sección ‘Las verdades como puños’, de El Gallo Crisis, dice Muñoz Garrigós que se registran varias apostillas de matiz político. En el número 1, en ‘Obrero parado de no vivir’, critica la poco humanitaria, y cristiana, Ley de Vagos; y en ‘San Agustín y el fascismo’, censura acremente el fascismo español, ‘por más que Cecilio Alonso piense lo contrario’, argumenta Muñoz Garrigós. Unos afirman que en este último artículo, aparecido en la página 25 del primer número de esta revista, Sijé rechaza a algunos partidos totalitarios, al afirmar: ‘Oficiales de Correos y Telégrafos ocupan, ya, los puestos rectores del naciente fascismo español (...) Fascismo, por consiguiente, partido, partido político y partido por el eje (...) El fascismo tiene la razón de la fuerza, pero no la fuerza de la razón. Agota su propia capacidad creadora antes de llegar a la nación, cosa racional una, cosa real una: puño temeroso y amenazador. ¡Falange! ... bueno; falange, falangina y falangeta: un dedo. Para moldear el concepto de España se necesitan todas las manos del alma’. Sijé hacía referencia a las tres modalidades fascistas peninsulares: la de Ledesma Ramos (que era oficial de Correos y Telégrafos), la de Falange y la de José María Albiñana, que con la frase aludida ‘Tenemos la razón y la fuerza’ terminaba su arenga en el periódico La Legión del 2 de abril de 1931. De este párrafo del número 1 de El Gallo Crisis, que fue suprimido completamente en la edición facsímil de 1973, otros críticos hacen una lectura diferente. Considera Cecilio Alonso que ‘el fascismo inconsciente de Sijé alcanza su cota más explícitamente contradictoria en el número 1 de ‘El Gallo Crisis’. Con violencia verbal acusa al naciente fascismo hispánico de desarrollarse como un partido político incompatible con la unidad de la razón. Los conceptos de unidad y de nación se diluyen confusamente en el lenguaje de Sijé en una imagen amplificadora que no parece corresponderles: la del puño temeroso y amenazador (...) No estamos ante un alegato antifascista, sino ante una recriminación. Sijé teme un fascismo tibio, un partido más, cargado de intereses particulares’.

Para Eutimio Martín el hecho de que se diga que había discrepancias entre la propuesta de Sijé y las que mantenían Giménez Caballero y Ramiro Ledesma es un argumento endeble, ya que ‘por esa misma regla de tres habría que eximir a Ramiro Ledesma o a José Antonio Primo de Rivera de toda etiqueta fascista dada la feroz enemistad personal y política que mediaba entre ellos’.

‘Alemania, locura y tristeza de Europa’
En el número 2, dentro de la sección ‘Verdades como puños’, destaca el trabajo titulado ‘El veraneo del hambre’, donde Sijé aborda un aspecto muy concreto de justicia distributiva: ‘no tiene el cristiano derecho a la felicidad cuando la desgracia acompaña a sus semejantes. O dicho en términos más concretos: No tiene el cristiano derecho a veranear cuando otros cristianos, u otros hombres, atraviesan el veraneo del hambre’. También interesante es la apostilla que lleva por título ‘La muerte por atropello del estado’ (página 25 del número 2): ‘Dolfuss y Hitler, actores de un drama: Austria y Alemania, dos figuraciones dramáticas del concepto de nación. Alemania, locura y tristeza de Europa: nación sin nación: sin alma. Nación sin memoria de unidad: de Dios: sumergida en una penumbra de mitos. Nos encontramos, pues, ante un ideario político que es una aplicación, a la praxis de la vida diaria, del religioso’. Sánchez Vidal dice que, como la clave de la unidad del Estado para Sijé es Dios, que lo dota de alma y espiritualidad, convirtiéndolo en nación, ‘por eso ataca a Hitler’.

Contra el capitalismo y en defensa del campesino
También atacaba Sijé al capitalismo en los números 3-4 (p. 28) en el artículo’Cuatro caballeros de frac o cuatro granujas sin tacha’, en la sección ‘Las verdades como puños’: ‘Vosotros, caballeros de frac, hicisteis un capitalismo imperialista, que por reacción originó el capitalismo sentimental de la envidia del pobre, del obrero y del campesino. Pero, el frac va a pagar los pecados de la blusa y de la camisa: vosotros responderéis de los crímenes que cometieron los pobres de espíritu y los desheredados incitados por vuestra soberbia’. Cecilio Alonso califica el texto anterior como de ‘apariencia socializante y, en su significado profundo, ingenuamente demagógico’.

Es posible que el artículo titulado ‘La primavera de las hipotecas y el otoño de los labradores. La crítica de la tierra en Jovellanos’, publicado por Sijé en el número 5-6 de la revista (pp. 6-14), tuviese su origen en los sucesos provocados en el campesinado andaluz por ciertas decisiones gubernamentales en el ‘bienio cedista’ (noviembre 1933-febrero 1936). Sijé defiende el derecho a la propiedad privada y el que tienen los agricultores a su bienestar, libre de opresiones y de ser considerados como clase inferior. Al mismo tiempo exige al Estado la asunción de sus funciones: ‘el Estado permanece quieto, sin ayudaros, y sin oír el eterno lamento (...) La hipoteca se está adueñando de los campos españoles (...) Se recolectan hipotecas, cuando el Estado debía crear la cosecha (...) El estado no le oye, y las fuerzas productoras del campo descansan en el bolsillo del prestamista’, escribe textualmente Sijé. Sobre este artículo Sánchez Vidal reproduce las citas evangélicas y se ampara en ellas para argumentar su teoría, mientras que Muñoz Garrigós no está de acuerdo con que de las referencias bíblicas se quiera deducir que ‘Sijé pretendía ofrecer apocalípticos consuelos espirituales, a modo de paliativos de la explotación de algunos sectores de la producción’.

Hay en El Gallo Crisis un detalle que el crítico Sánchez Vidal considera muy significativo que en la viñeta que acompaña a ‘PROFECIA-sobre el campesino’ se colocan un racimo y unas espigas atados formando un grupo posiblemente inspirado en el yugo y las flechas. ‘Además, entre los grabados que no llegaron a incluirse en ‘El Gallo Crisis’, pero que estaban ya confeccionados para su publicación, figuran un yugo y unas flechas, no sabemos si como una adhesión o rechazo al falangismo. Debo este dato a la amabilidad del catedrático José Guillén, que me mostró diversos materiales que no llegaron a ver la luz en la revista’.

En cualquier caso, un comentario del propio Ramón Sijé a Manuel de Falla, en carta fechada el 14 de agosto de 1935, resume los objetivos de El Gallo Crisis para el ensayista oriolano: ‘quiero que vea en ‘El Gallo Crisis’ una voluntad de hombría, humildad, cólera y cristianismo (...) Mi revista ha querido conciliar el ideal del buen hombre con el ideal del escritor, ha querido que las artes sean, para el católico artista, medios purificativos de justificación. Por consiguiente, mi revista ha hablado del conceptismo hispánico como actitud metafísica ante la vida, y ha presentado el siglo de oro de las justificaciones como ideal pasado que hay que volver a idealizar en el futuro’. Por su parte, Miguel Hernández la calificaba en junio de 1935 como ‘exacerbada y triste revista’, mostrándose ‘harto y arrepentido de haber hecho cosas al servicio de Dios y de la tontería católica’ en carta a Juan Guerrero Ruiz.

El antirrománticismo sijeano
Ya en 1935, José Marín Gutiérrez presentó al Premio Nacional de Literatura su ensayo ‘La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. Ensayo sobre el Romanticismo histórico en España’ (1830-Bécquer)’. Cecilio Alonso califica este ensayo como ‘bandera de combate para 1935’, con el que ‘Sijé servía al conservadurismo’, pero después añade que ‘tal vez sin proponérselo’. A la luz de este ensayo y de las opiniones vertidas en El Gallo Crisis, este crítico estima también que ‘el rasgo más definido de los textos de Sijé es su radicalismo polémico (...) Sijé cree en la unidad cristalina del mundo clásico cristiano rota por el romanticismo, como movimiento histórico-naturalista disolvente y negativo. Se impone en él la nostalgia activa del siglo de oro teológico (...) El antirromanticismo de Sijé supone su autoafirmación en los límites idealistas de un reformismo radical dentro del orden católico (clásico) vivido subjetivamente con autenticidad y sentido conflictivo pero sin superar un rudimentario maniqueísmo intelectual: buenos y malos se identifican demasiado fácilmente con clásicos y románticos. Por ello expresamos nuestra duda sobre el carácter renovador del catolicismo de ‘El Gallo Crisis’: si acaso innovador en cuanto suponía una vivencia católica fuertemente intelectualizada que no podía dejar de sorprender en el marco de la caduca sociedad estamental oriolana’. Por su parte, según Sánchez Vidal, para Ramón Sijé ‘el romanticismo es el hombre abandonado a la selva de sus instintos y el conceptismo es una manera cristiana, clásica y racional de abordar la moral, la estética y la intelectualidad’.

La figura de Sijé tras su muerte
Tras la muerte de Sijé, un hecho fue muy evidente. Tanto la derecha como la izquierda lloraron su desaparición. Hay dos ejemplos claros al respecto. El semanario conservador oriolano ‘Acción’ hizo un especial sobre la muerte de Sijé. En sus páginas escribieron hombres de izquierdas como Pescador y Poveda. Por otra parte, pocos meses después de morir, se le dedicó a Ramón Sijé por acuerdo municipal la antigua Plaza de la Pía, cuya placa se descubrió en una fecha tan señalada como el 14 de abril de 1936, cuando se cumplía el quinto aniversario de la II República, en un acto donde Miguel Hernández leyó unas cuartillas en memoria de su amigo. El propio Miguel inició las gestiones para editar la obra de su amigo inmediatamente después de su fallecimiento. Sin embargo, resulta curioso que, tras la guerra civil, en plena posguerra, se revocara esta decisión de dar nombre a dicha plaza, no utilizándose tampoco su figura en plan proselitista por el régimen franquista en Orihuela. Aunque en este punto, Eutimio Martín se pregunta ‘cómo se ha tardado tanto en poner al alcance del lector medio el corpus textual y la crítica suscitada por un autor que goza de una consideración tan insólita’ y añade que, en el seno de la ‘todopoderosa Iglesia Católica de la época franquista’, el entonces obispo de León y ‘capitoste del Régimen’, Luis Almarcha, escribió al abogado oriolano Antonio García-Molina una carta fechada en León el 14 de febrero de 1961 en los siguientes términos: ‘la revisión de la obra de Sijé produce la impresión esperada (...) El chantre de la catedral, Luis López Santos, director del Instituto de C.M. y Director del Centro de Estudios e Investigaciones San Isidoro, me acaba de dar su buena impresión y cree que debe publicarse (...) Conviene reunir todo el material publicado e inédito de Sijé’.

Habría que esperar aún doce años para que la idea de publicar la obra de José Marín Gutiérrez comenzara a llevarse a cabo. La Corporación presidida por el alcalde Pedro Cartagena Bueno instauró un efímero premio literario con el nombre de Ramón Sijé en 1971 y publicó la edición facsímil de El Gallo Crisis en 1973, ‘pero con fines puramente literarios y con el objetivo de recuperar la figura de este intelectual oriolano para las generaciones posteriores’, según testimonio a quien suscribe del propio ex alcalde. Asimismo, el Instituto de Estudios Alicantinos hizo lo propio en 1973 con el ensayo La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. El entonces director de publicaciones de dicho organismo, Gaspar Peral Baeza, en declaraciones al filólogo Aitor L. Larrabide, define como ‘estrictamente literarios los criterios seguidos a la hora de elegir las obras a publicar’ , así como ‘apolítico’ el espíritu de dicho Instituto.

Juicios sobre la ideología sijeana
Agustín Sánchez Vidal, catedrático de Literatura, sitúa a Sijé ‘en los aledaños del fascismo’, fijando la diferencia que separa de forma radical a Sijé de los fascismos. Afirma el aragonés que ‘aquél postula un Estado teocrático, mientras que éstos son esencialmente laicos (...) e incluso anticlericales, con la excepción de Albiñana (...) No se trata, desde luego, de una cuestión de matiz; es una discrepancia fundamental. Pero, hecha esta salvedad, sus fórmulas rígidamente imperiales y arcaicas, se encuentran en los aledaños del fascismo. Los reproches que dirige Sijé a esas doctrinas están hechos en función de esa discrepancia, lo que puede inducir a error y dar la impresión de que era un antifascista cuando, en realidad, sólo se opone a la disgregación en partidos políticos laicos, ya que para él el Estado requiere la unidad y la clave de esa unidad no está en el Estado tomado como un absoluto, sino en Dios, que lo dota de alma y espiritualidad, convirtiéndolo en nación’. Añade Sánchez Vidal que ‘quizá el nombre que mejor convenga a los retazos doctrinales que expone Sijé sea el de nacional-catolicismo, que se ha usado para designar ese clima colaboracionista y tridentino entre ciertas elaboraciones del catolicismo y de los totalitarismos (...) Con quien quizá tenga Sijé mayores puntos de contacto en doctrina y estilística dentro del falangismo sea con Eugenio Montes, para quien ante la intemperie y la aflicción no hay más que un cobijo: la Iglesia’.

Concluye este crítico aragonés que ‘Ramón Sijé mantuvo en su corta vida una intensa actividad intelectual de grandes pretensiones especulativas (...) A juzgar por sus escritos, Sijé era, más bien, un utopista a la manera de los tratados políticos doctrinales de Quevedo, como se comprueba en su tesis de la ilicitud de derribar al tirano (...) este carácter utopista puede observarse en los encendidos elogios que Sijé tributa a Sto. Tomás Moro, apóstol de la preeminencia de la Iglesia frente a los intereses del Estado. De todos modos, quizá el nombre que mejor convenga a los retazos doctrinales que expone Sijé sea el de nacional-catolicismo, que se ha usado para designar ese clima colaboracionista y tridentino entre ciertas elaboraciones del catolicismo y de los totalitarismos’.

En esta misma línea, el citado Cecilio Alonso señala que: ‘Sijé, sorprendente niño-maduro, contribuye a minar el progreso intelectual de España, huyendo hacia Dios, como fruto de su voluntad de impotencia, inherente, según él, a la condición de ser cristiano. Y buscar apoyo en el orden teocrático, ¿qué es si no incapacidad para comprender materialmente el mundo, aceptarlo e intentar transformarlo, al margen de otras trascendencias? (...) El rasgo más definido de los textos de Sijé es su radicalismo polémico (...) Sijé cree en la unidad cristalina del mundo clásico cristiano rota por el romanticismo, como movimiento histórico-naturalista disolvente y negativo. Se impone en él la nostalgia activa del siglo de oro teológico’. A Alonso le ha bastado la lectura de El Gallo Crisis para poner de relieve un ‘fascismo inconsciente’ por parte de Sijé y habla de ‘la raíz tozudamente religiosa y el talante intelectual de un Sijé que constata el presente y se aferra al pasado, frente al sentido práctico-político, futurista y arrollador de los textos falangistas de la época. Donde José Antonio Primo de Rivera ve una unidad de destino, la angustia de Sijé percibe la falta de unidad espiritual, de unidad de vida; donde aquel concibe la patria como una gran empresa colectiva, éste niega con acritud que en el presente exista voluntad de vida en común. Coinciden en el deseo de orden, en la definición jurídica de la persona frente al simple hombre o individuo, en la afirmación de realidades superiores trascendentes (dios o la nación) en las que cobran sentido las cosas públicas’.

Por su parte, Eutimio Martín cree que ‘Ramón Sijé no se contentó con ser un filofascista teórico sino que fue un fascista militante, camarada reconocido de Ernesto Giménez Caballero (...) hay que reconocerle a Ramón Sijé innegables dotes de niño prodigio en su precocidad fascista de signo católico. Junto con Giménez Caballero se merece el título de pionero del nacional-catolicismo o teocratismo, el único fascismo viable en España, como se demostró a su tiempo’. Añade este catedrático de Literatura Española que Ernesto Giménez Caballero ‘dejó, pues, sembrada en Orihuela, en octubre de 1933 -en realidad fue en 1932- la simiente del fascismo y Ramón Sijé no se mostró indiferente a la labor proselitista de su compañero de clase. ¿Hasta dónde llegó concretamente su compromiso con la ideología totalitaria? (...) Del nacional-catolicismo predicado por Giménez Caballero a Sijé no le interesaba más que la dimensión teocrática (...) No tenía por qué desembocar en la satisfacción de las apetencias económico-imperialistas del autor de ‘Genio de España’. La satisfacción de las reivindicaciones del proletariado externo que abastecería la conquista de un imperio colonial le tenía a Sijé sin cuidado. Ramón Sijé padecía de paranoia teocrática. Su obsesión era hacer del cristianismo un istmo político. Para él, ni comunismo, ni socialismo, ni fascismo: Cristianismo’.

Pese a todo lo dicho, Eutimio Martín finaliza afirmando que ‘la mente de Ramón Sijé estuvo más cerca de la Religión que de la Literatura o la Política. Del galimatías barroco de sus escritos se desprende (quizá sea lo único claro) un antiliberalismo a ultranza sobre el que se asienta un teocratismo obsesivo. Ramón Sijé era presa fácil del fascismo desde el momento en que, miembro de una familia burguesa en vías de proletarización, se consideraba un desclasado (...) La muerte prematura de Sijé nos impide concluir en la confirmación o invalidación de la actitud teórica y prácticamente profascista de Ramón Sijé, ya que el revelador de la verdadera personalidad de cada uno fue la guerra civil y no sabremos nunca qué partido hubiera tomado tan complejo personaje a partir del 18 de julio’.

Jesús Poveda escribió que Sijé y Miguel Hernández ‘eran dos polos muy opuestos. [Sijé] era como un soñador de un Renacimiento Cristiano, apologético y con visiones celestiales de una España que tenía que regresar a su pasado histórico (...) Yo era y soy de izquierdas, y él lo fue de derechas, muy católico, apostólico y romano’. Por su parte, José Bergamín declaró en diciembre de 1969 a Marie Chevallier que: ‘el catolicismo de Ramón Sijé, influenciado por Giménez Caballero, sufría inclinaciones filofascistas que llegaron hasta transparentarse en los escritos de Miguel Hernández’.

Como contrapunto a estas opiniones, hay otras muchas. Juan Bellod Salmerón hacía una descripción bastante definitoria de algo tan complejo como la ideología del ensayista oriolano: ‘Ramón Sijé tenía un gran concepto de la libertad, pero no era ‘liberal’ como hombre libre y, por consiguiente, era racional y profundamente religioso, que no beato’. Por su parte, un reconocido izquierdista, el prestigioso filósofo oriolano Augusto Pescador, era rotundo al afirmar que ‘Sijé fue siempre pacifista y no fue nunca partidario de la dictadura’. Vicente Ramos, que también ha tenido acceso al archivo de Sijé, afirma no haber ‘encontrado ningún texto de Ramón Sijé, que pruebe la más leve inclinación a favor de las teorías fascistas (...) Siempre mantuvo una postura democrática’.

En esta misma línea, el catedrático aragonés Jesús Alda Tesán llegó a decir que ‘su talento no estaba al servicio de una siringa más o menos templada; era ante todo un pensamiento trascendental (...) Ramón Sijé prefería a la lírica azul la colérica colorada. No hablaba ni escribía más que cuando tenía que decir algo, para sentar ‘las verdades como puños’ y decírselas al lucero del alba’.

Según el abogado y licenciado en Filosofía y Letras Manuel Martínez Galiano, ‘si estudiamos el pensamiento de Sijé podemos observar que está asentado sobre los cimientos de una sólida base filosófico-teológica esencialmente tomista, matizada por un cierto sentido vitalista de la realidad, que proviene, no precisamente de Nietzsche, sino más bien del raciovitalismo de Ortega y Gasset y de un tinte de existencialismo cristiano’.

Por último, Muñoz Garrigós afirma que ‘seguramente estigmatizando la personalidad de Ramón Sijé resulta más fácil comprender el cambio operado en la personalidad hernandiana a raíz de su amistad con Neruda (...) Pese a su juventud, no fue persona propicia a los cambios espectaculares de ideología antes al contrario, se identificó plenamente con el ideal de vida que se había trazado y, no sólo lo mantuvo, sino que también lo llevó a sus últimas consecuencias (...) Fue desvinculándose de grupos o de personas concretas en el momento en el que ha considerado que los nuevos caminos que emprendían no eran los que él aceptaba como buenos. Así se desvinculó del ‘Diario de Alicante’, recriminó la decisión política de Giménez Caballero e incluso con las revistas locales fue modificando su línea hasta conseguir con ‘Destellos’ lo que exactamente buscaba (...) Fue en vida ferviente católico, simpatizante del Partido Republicano Federal y amigo de personas, políticamente tan dispares, como Ernesto Giménez Caballero y Antonio Oliver’.

Muñoz Garrigós estima que ‘quizás la única alternativa que no tenía decidida en el momento de morir era la opción política, al menos no hay pruebas de que fuese de otra manera y creo que por varias razones’. En primer lugar (...) él necesitaba ‘una formación política que fuese católica progresista, humanista, dispuesta a emprender una serie de reformas sociales, ajena a toda violencia y garante de la libertad individual’. Además, su experiencia en las filas del Partido Republicano Federal ‘debió hacerle especialmente cauto, cuando no desconfiado’. La segunda razón es que ‘murió antes de tenerse que decantar definitivamente. Algunos de sus amigos ya lo habían hecho, circunstancia que para él no suponía cambio alguno en sus relaciones con ellos; pero mi impresión es que él no había tomado decisión alguna cuando murió, pese a que, desde bastante tiempo antes, estaba escuchando cantos de sirena’. Esa es la razón por la cual las interpretaciones que se han dado sobre él, en este aspecto, son tan dispares: ‘solamente respecto de las dos extremas, fascismo y marxismo, dio sobradas pruebas de rechazo. De ahí que no me parezca lícito suponer que, en el momento de la polarización, por razones de violencia extrema, se hubiese decantado hacia un bando u otro, puesto que todo son meras especulaciones, que (...) no pueden pasar de ser lo que son (...) No he podido hallar ni tan siquiera indicios razonables de cuál hubiese sido su postura (...) Lo difícil es saber hacia dónde se hubiese encaminado: lo inapelable es que el 24 de diciembre de 1935 murió un conceptista’.

Conclusiones
Tras leer cuanto han dicho unos y otros al respecto, es para preguntarse si quienes sostienen tesis tan opuestas han leído los mismos textos de Sijé. Llama poderosamente la atención lo poco contrastadas que son algunas críticas y el carácter interesado y tendencioso de las mismas, no contándolo todo. Muchas están marcadas por el momento político en que se vertieron. Otras se contradicen a menudo. En algunos casos, todo esto ruboriza todavía más, si se tiene en cuenta su autoría, ya que a quienes las firman se les supone, o se les debe suponer, dada su trayectoria profesional, un rigor exquisito. Pero lo más grave de muchos trabajos sobre Sijé es que sus autores no han bebido en fuentes directas, como su archivo o sus publicaciones en la prensa de la época, que debe ser el primer mandamiento de todo investigador. Muy al contrario, se han basado en trabajos ya publicados, arrastrando no sólo algunas erratas, sino también las informaciones sesgadas o no demostradas que contenían éstos. Además, también se echan en falta estudios que intenten dar una imagen global del ensayista oriolano. Todo ello ha contribuido a crear, intencionadamente o no, con el paso del tiempo, la aureola de tópicos negativos y en su mayoría malintencionados que han rodeado y rodean a Ramón Sijé, al que no ha habido conveniente en estigmatizar -lo más fácil y recurrente-, sin importar las consecuencias de ello, sobre todo si se trataba de dar más realce al cambio político experimentado por Miguel Hernández, como sostiene Muñoz Garrigós, el crítico más tenaz de Ramón Sijé. Y generalmente también se ha estigmatizado a Orihuela, donde, pese a lo dicho, un pequeño movimiento obrero fue calando, gracias a la labor del semanario local Renacer, en la sociedad oriolana, rompiendo el bloque monolítico secular de las derechas oriolanas hasta llegar a una cierta polarización, que contribuyó a la instauración de la II República.

 

Antonio Peñalver

BIBLIOGRAFÍA

a) Libros, revistas y artículos
- MUÑOZ Garrigós, José, Vida y Obra de Ramón Sijé, Orihuela, Universidad de Murcia y Caja Rural Central de Orihuela, 1987.
- SÁEZ FERNÁNDEZ, José A, Textos sobre Ramón Sijé, Almería, edición del autor,1985.
- GUILLÉN GARCIA, José y MUÑOZ GARRIGÓS, José, Antología de Escritores Oriolanos, Orihuela, Ayuntamiento de Orihuela, 1974.
- SIJÉ, Ramón, La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas, Alicante, Instituto de Estudios Alicantinos, 1973.
- CASTANEDO PFEIFFER, Gunther, Un triángulo literario: José María de Cossío, Miguel Hernández y Pablo Neruda, Santander, Asociación Voces del Cotero, 2005.
.- PUCCINI, Dario. Miguel Hernández. Vida y poesía, Buenos Aires, Editorial Losada, 1966.
- COUFFON, Claude, Orihuela y Miguel Hernández, Buenos Aires, Editorial Losada, 1963.
- El Gallo Crisis. Libertad y Tiranía, edición facsímil, Orihuela, Ayuntamiento de Orihuela, 1973.
- SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Miguel Hernández en la encrucijada, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1976.
- MARTÍN, Eutimio, ‘Ramón Sijé-Miguel Hernández: una relación mitificada’, Actas del I Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, Alicante-Orihuela-Elche, Comisión de Homenaje a Miguel Hernández, 1992, tomo I, pp. 43-55.
.- ZARDOYA, Concha, Miguel Hernández (1910-1942). Vida y Obra-Bibliografía-Antología, Nueva York, Hispanic Institute in the Unites States, 1955.
- ALONSO, Cecilio, ‘Fascismo, catolicismo y romanticismo en la obra de Ramón Sijé’, Barcelona, Camp de L’Arpa (Barcelona), nº 11 (mayo 1974), pp. 29-33.
- GALIANO PÉREZ, Antonio Luis, Ramón Sijé: Luces y sombras, Orihuela, Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, 1987.

b) Periódicos
- El Pueblo de Orihuela (1924-1931, Orihuela), Actualidad (1928-1931, Orihuela), Renacer (1929-1931, Orihuela), Voluntad (1930, Orihuela), Destellos (1930-1931, Orihuela), El Clamor de la Verdad (1932, Orihuela) y Acción (1935-¿?, Orihuela).

 

Antonio Peñalver

RAMÓN SIJE EN TESTIMONIOS
En el septuagésimo aniversario de su muerte (1935-2005)
(2ª parte)

‘Su vida ha sido precipitada, tormentosa y luminosa como el rayo y, como la del rayo, ha buscado precipitadamente la tierra’
Miguel Hernández

El homenaje a Gabriel Miró
Otro hecho de trascendencia innegable en la vida de Sijé fue el descubrimiento del busto de Gabriel Miró en el transcurso de un homenaje, realizado a impulsos de un grupo de jóvenes oriolanos. José Marín fue parte del comité ejecutivo y ‘quien lo organizó todo’ -como recordaba Augusto Pescador-. Este acto se celebró en la glorieta oriolana el 2 de octubre de 1932. Tras invitar a personajes importantes del panorama literario nacional, que declinaron el ofrecimiento por diferentes motivos, asistió finalmente a este acto Ernesto Giménez Caballero, quien tenía relaciones amistosas con Sijé y era entonces director de la revista madrileña La Gaceta Literaria. Caballero ya se sentía atraído entonces por posturas políticas de corte fascista italiano, pero, según Garrigós, ‘no influyó en el ideario político de Sijé’. El día de este homenaje se distribuyó una pequeña revista, dedicada toda ella a Gabriel Miró, con el sugerente título de El Clamor de la Verdad, en la que Sijé publicó dos artículos. El titulado ‘Gabriel, arcángel’ era la justificación no sólo del homenaje, ‘sino también de por qué ese grupo de jóvenes escritores se sentía tan vinculado a Miró y, especialmente, Ramón Sijé’.

El acto acabó con incidentes por las continuas provocaciones en su discurso de Giménez Caballero y la respuesta de algunos de los asistentes, como Antonio Oliver Belmás, que le replicó en mitad del acto. La policía intervino y se llevó a comisaría a un grupo en el que estaban Carmen Conde, Miguel Hernández, María Cegarra y el mencionado Oliver, entre otros. Cuenta Muñoz Garrigós que ‘conocido ya el desarrollo de los acontecimientos, el ambiente político en que tuvo lugar la inauguración del busto y las extrapolaciones que se hicieron de lo sucedido, no nos puede extrañar que se hayan sacado conclusiones erróneas acerca de la ideología política de Sijé en estos años’.

La mejor visión de conjunto que para el Sijé de esos momentos se ha escrito es el artículo que le dedicó el escritor oriolano José María Ballesteros en Diario de Alicante. No analiza las coordenadas del pensamiento del ensayista, pero sí resalta la autenticidad de su pluma y vislumbra lo que llegará a ser después.

Aunque aparecido ya en 1933, Sijé escribió también a mediados de 1932 el prólogo a Perito en lunas, del que defiende Muñoz Garrigós que ‘en cuanto a exégesis se refiere, es una de las menos afortunadas creaciones de cuantas salieron de su pluma, al menos en algunas de sus partes’. Por su parte, Sánchez Vidal considera que ‘Sijé había escrito el prólogo y había influido en toda la concepción teórica del libro, lo que nos explica algunas de sus características’.

El año 1933 es, dentro de la biografía de Ramón Sijé, un año particularmente difícil de historiar, puesto que, aun siendo muy corta su producción literaria, ésta aparece lo suficientemente dispersa como para deducir que es el momento en el que su nombre traspasa ampliamente los límites provincianos. Sus actividades anteriores le habían permitido trabar conocimiento con una serie de personas y grupos que le solicitarán expresamente su colaboración.

Relación con el grupo literario de Murcia
Con fecha 28 de enero de 1933, Sijé ofreció una ponencia titulada ‘Conferencia ridícula’ en la Universidad Popular de Cartagena. Su objetivo era hacer una explicación comentada del cuaderno de poesía Perito en lunas de Miguel Hernández, quien a continuación explicó su poema ‘ELEGÍA-media del toro’.

Sijé ya no publicó en el Diario de Alicante en 1933, ‘quizás por la radicalización política que emprendió este periódico de cara a las elecciones’, comenta Muñoz Garrigós. El único artículo que publica en la prensa de la capital de la provincia apareció en El Día, dirigido por el periodista y poeta oriolano Juan Sansano, pero ‘este periódico se enmarcaba políticamente en un derechismo granítico’, como lo califica el mismo crítico. Como quiera que el grupo rector de La Verdad tenía más vocación literaria que política, era de talante más abierto y liberal y tenía una excelente amistad con Raimundo de los Reyes y José Ballester, Sijé se orientó finalmente hacia el periódico murciano. La relación del oriolano con el grupo literario de Murcia continuó en 1933. En la página dedicada a Artes y Letras del 1 de enero de ese año, Ramón Sijé publicó tres trabajos, uno de ellos es una crítica al libro Espadas como labios, de Vicente Aleixandre. Era una incursión más como crítico literario. Como dice José Guillén, ‘con ser importante en su vida literaria su faceta de colaborador en prensa, hemos de admitir la supremacía de su dimensión de ensayista’.

Su aproximación a Bergamín
Afirma José Antonio Sáez Fernández que en 1933 ‘la influencia de Giménez Caballero es sustituida por la de José Bergamín’, poeta, narrador, ensayista y autor teatral madrileño. En el número 4, de marzo de 1933, de la revista Isla, de Cádiz, dirigida por Pedro Pérez-Clotet, publicó Ramón Sijé un trabajo bajo el título ‘El héroe como concepto’, dedicado precisamente al escritor José Bergamín. ‘¿Se trata del primer ensayo, propiamente dicho, de Sijé?’ -se pregunta Garrigós-. Su manera de plantear, razonar y resolver los problemas que aborda sigue siendo desde el principio la misma; sí ha cambiado la extensión y también el soporte, por cuanto ya no escribe en diarios sino en revistas literarias y de pensamiento’. Si se acepta que en virtud de estas variantes entra uno en el campo del ensayo y abandona el del periodismo, ‘hay que aceptar que este puede ser el primer ensayo de Sijé’. La primera carta de Bergamín a Sijé fue de 1 de septiembre de 1993, aunque en ella se hace referencia a un anterior intercambio epistolar entre ellos. Quizás Juan Guerrero Ruiz fue la clave en el inicio de sus relaciones.

En abril de 1933, leyó una conferencia titulada ‘El sentido de la danza. Desarrollo de un problema barroco en ‘Perito en lunas’ en el Ateneo de Alicante. El mismo acto es repetido en la Universidad Popular de Cartagena por invitación de Antonio Oliver Belmás. Mientras, en el apartado académico, ese año obtuvo un sobresaliente y tres matrículas de honor en la Universidad.

Discrepancias con Giménez Caballero
En 1933 prosiguieron sus relaciones con Giménez Caballero, a raíz de que éste decidiera estudiar Derecho como alumno libre en la Universidad de Murcia. Hay unas cartas de Giménez a Sijé, en las que se puede calibrar el talante político del oriolano: el 10 de octubre de 1933, Caballero comunicó a Sijé que Gil Robles había decidido presentarlo como candidato de la CEDA por la demarcación de Murcia en las elecciones del 19 de noviembre, solicitando del oriolano ayuda para su campaña electoral. Una segunda carta de Caballero del 17 de octubre demuestra con bastante claridad que en la primera respuesta de Sijé debió haber una serie de objeciones muy serias, a las que el madrileño se vio obligado a contestar con mucha precisión. Afirma Muñoz Garrigós que ‘a Sijé no sólo no le parecía bien el Bloque Derechista, sino que tampoco aplaudió la presentación de su amigo (...) Sijé no movió un solo dedo por el triunfo de su condiscípulo y amigo’.

Escribe en ‘Cruz y Raya’
Dice el oriolano Manuel Martínez Galiano, licenciado en Derecho y Filosofía y Letras, que ‘conforme se iba completando su formación cultural, iba apareciendo en él su verdadera dimensión literaria como ensayista’, reflejada en sus trabajos ‘El golpe de pecho o de cómo derribar al tirano’ y ‘San Juan de la Cruz. Selección y notas’, publicados ambos en Cruz y Raya, dirigida por José Bergamín. Precisamente la última publicación de ese año de Sijé apareció en esta revista madrileña -la antología comentada de San Juan de la Cruz- por sugerencia del propio director de esta revista. Pasadas las Navidades de 1933, Sijé marchó a Madrid y, en su cartas a la familia, cuenta sus visitas y contactos, especialmente con Bergamín.

Por otra parte, en 1934, José Marín formó parte de la comisión organizadora de la Asociación de Asistencia e Higiene Social de Orihuela, entidad benéfica.

Funda y dirige ‘El Gallo Crisis’
Un año clave en la vida de Sijé fue 1934. A mediados del mismo se hizo realidad uno de sus sueños: fundar y dirigir una revista propia de catolicismo positivo, El Gallo Crisis, que era ‘una derivación de la madrileña Cruz y Raya’, como apunta Muñoz Garrigós. Es en un muchacho de veintiún años como Sijé donde nace la idea de una revista, literaria y de pensamiento, una revista neocatólica, ‘que hizo arrugar el entrecejo de algún que otro teólogo recalcitrante’, comentó Martínez Arenas, mientras que José A. Sáez Fernández señala que ‘Sijé se convierte así en combatiente por el catolicismo en medio de la efervescencia republicana (...) Sufre un proceso progresivo de radicalización de sus posturas ideológicas, fuertemente individualistas y personalizadas’.

Ya no se trata de pequeños escarceos de prensa local, sino una revista claramente dirigida a las minorías intelectuales de Orihuela y a los grupos más o menos afines con los que él ya había entrado en contacto. La revista fue obra personal suya. Integraron el comité de redacción Juan Colom, Buenaventura de Puzol, Juan Bellod, Jesús Alda Tesán, José María Quílez y Tomás López. Cuenta el propio Juan Bellod que fue ‘el alma, creador y realizador de El Gallo Crisis’, así como ‘estrella de la tertulia trisemanal’ que hacía con todos ellos. Para Alda Tesán, Sijé fue el fundador, director ‘et omniperitus’ de la revista. El nacimiento de la revista se debió única y exclusivamente al empeño y a la dedicación de Ramón Sijé, cuya ‘pasión por el conceptismo y las técnicas barrocas, su devoción por Eugenio D’Ors y José Bergamín, le sumergen en la ebriedad creativista cuando ensaya sus textos críticos’, según Cecilio Alonso.

Sus fricciones con Giménez Caballero
El aire bergaminesco de la revista molestó a Giménez Caballero, quien en febrero de 1934 le dijo a Sijé: ‘¡Que su Gallo Crisis no sea tan miserable’!. Apunta Muñoz Garrigós que ‘no se trata de un deterioro progresivo ni de las relaciones ni de la amistad entre ambos, sino de un continuo no ir de acuerdo en nada de lo que se plantea entre ambos’. El 19 de abril de ese año escribía de nuevo Giménez Caballero: ‘Gallo Crisis va a ser una revista más minoritaria, gongorista, conceptista, con aire bergaminesco de cara y cruz. Lo siento. Ustedes (..) debían ir por un sendero más claro, rotundo, popular, ardiente, inteligible a las masas. Pero no es así’. Opina Muñoz Garrigós que Sijé hizo nulo caso a estas observaciones y además ‘le responde con la apostilla contra Falange que aparece en el primer número de El Gallo Crisis que, a mi juicio, es un no categórico a seguir el camino que Giménez Caballero le insinúa para hacerlo desembocar en Falange y no una simple recriminación, como afirma Cecilio Alonso y quienes sostienen el carácter fascista de la ideología sijeana’. Agrega Muñoz Garrigós que ‘El Gallo Crisis nació ya dentro de la misma línea ideológica que Cruz y Raya’.

Influencia en Miguel Hernández
El ya citado Agustín Sánchez Vidal se aventura a sostener que en los años 1932 y 1933, ‘había empezado a influir sobre Miguel de modo decisivo uno de los protagonistas de nuestro trabajo, el también oriolano José Marín que (...) mantuvo en su corta vida una intensa actividad intelectual de grandes pretensiones especulativas, lo que lo convirtió por algún tiempo en una especie de mentor teórico de Miguel Hernández (...) La poesía que escribe Miguel Hernández desde ‘Perito en lunas’ hasta ‘El rayo que no cesa’ está plagada de simbologías religiosas de influjo sijeano que penetra abundantemente en su poesía amorosa, como se ve sin más que examinar los títulos de los dos borradores de ‘El rayo que no cesa’: ‘El silbo vulnerado’ e ‘Imagen de tu huella’, basados ambos en versos de San Juan de la Cruz. Es en esta ‘contaminación’ religiosa, represora y tan ajena al vigoroso panteísmo hernandiano, lo que malogra, en cierto sentido, ‘El rayo que no cesa’, y hace caer a Miguel Hernández en los módulos del petrarquismo’.

‘PROFECIA-sobre el campesino’, incluida en El Gallo Crisis, se basa para el crítico anterior ‘en una de las tesis típicamente sijeanas: frente a la reforma agraria laica, él propone una reforma agraria religiosa: lo que ha de hacer el campesino es ocuparse de la tierra con amor, considerando, que, al laborar el pan y el vino, tiene el privilegio de trabajar a Dios, al ser éstas las especies eucarísticas’. Otra composición clave para Sánchez Vidal es ‘LA MORADA-amarilla’ donde ‘insiste en los mismos conceptos, sólo que el componente político está aún más acusado, ya que Hernández termina el poema invitando a Castilla a emprender la recuperación de sus destinos católico-imperiales’.

Opinión paradigmática es la de Vicente Ramos para quien Sijé ‘hombre de excepcional talento, clarísima y rápida intuición, fabulosa asimilación y asombrosa capacidad intelectual’ fue ‘el verdadero revelador de la gigantesca personalidad poética de Miguel Hernández, y no sólo descubridor, sino su guía, su Virgilio, su hermano espiritual’. Según Antonio Luis Galiano, ‘no dudo en pensar que difícilmente se puede estudiar a Miguel Hernández sin conocer la tremenda influencia humana y teológica de Sijé’.

Opina Eutimio Martín que ‘si Virgilio hubiera sido efectivamente Sijé para Hernández (...) le habría fijado como meta literaria e ideológica asegurar el relevo de Gabriel y Galán. E intelectualmente lo tenía predestinado a la mísera condición de acólito de una permanente ceremonia de la teocracia en la que él, ramón Sijé, oficiaba como Sumo Sacerdote (...) aprovechándose de su ascendiente socio-cultural sobre Miguel Hernández (...) le contagió su ideología ultraconservadora. Cuando Miguel Hernández se apercibió de que por la vía del nacional-catolicismo se negaba a sí mismo, como hombre y como escritor, rompió para siempre con amigo de tan nefasta compañía’.

Inspiradores religiosos de Sijé
El pensamiento católico-reformista de Ramón Sijé no solamente procede de Peter Wust, sino que los nombres de Maritain y con él los de quienes integraban el grupo de neotomistas franceses, y de Romano Guardini, entre otros, han de figurar en la nómina de las vinculaciones europeas de Sijé. ‘Católico de raza y católico después por reflexión, hizo de la Religión una disciplina del pensamiento’. Así le definía su amigo Jesús Alda Tesán, mientras que Manuel Molina escribió: ‘hombre de fe auténtica, había calado hondo en los Evangelios y sentía que la esencia del cristianismo no caducaría jamás. Sabía que esas fuentes de verdad remozarían nuestra experiencia y defendía esta hermosa causa contra los fariseos de dentro y los ignorantes de fuera que pretendían destruirla’.

La ruptura con Bergamín
En octubre de 1934, en el número 19 de Cruz y Raya, publicó el ensayo ‘El golpe de pecho, o de cómo no es lícito derribar al tirano’. Después, aparecieron en la misma otros dos ensayos realmente magníficos: ‘La novela de Belén’ y ‘El Comulgatorio Espiritual’. Al final, la línea de El Gallo Crisis motivó la ruptura entre Ramón Sijé y Bergamín. A la vista del silencio de Cruz y Raya, no sería extraño que muchos de los ‘Picotazos’ del gallo -así se llamaba una sección de la revista- fueran contra Bergamín. El 14 de agosto de 1935, en una carta a Manuel de Falla, decía Sijé: ‘mi amigo y enemigo José Bergamín ha dicho en Madrid que El Gallo Crisis es el tumor que le ha salido a Cruz y Raya’.

El año 1935, último de su vida, debió ser particularmente difícil para Sijé, sobre todo en el plano personal: a los disgustos con Bergamín y a los más dolorosos para él con su amigo Miguel Hernández, hay que añadir el duro trabajo en la revista, la frialdad o rechazo que había mostrado un sector de la intelectualidad madrileña hacia su revista de pensamiento, las prisas en acabar su ensayo sobre el romanticismo y la breve enfermedad que acabó ocasionándole la muerte.

Ensayo sobre el romanticismo
Su ensayo sobre el romanticismo, bajo el título ‘La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. Ensayo sobre el romanticismo histórico en España’ (1830-Bécquer)’, es su único libro. Su edición se retrasó hasta 1973. Es ‘su obra más trabajada de todas’, afirma Martínez Galiano, mientras que los profesores Guillén y Muñoz Garrigós apuntan que ‘este trabajo, el más extenso de cuantos escribiera, supone la culminación de todo el quehacer crítico disperso en las páginas de El Gallo Crisis y de otras publicaciones’. La circunstancia dramática de hacer terminado su redacción poco antes de morir le confiere un gran valor como síntesis del pensamiento del autor en cuanto se refiere a formación intelectual y estimación de determinados autores. Muñoz Garrigós opina que ‘esta obra suya ya supone la culminación de una serie de rasgos, ideológicos y estilísticos, presentes en él desde casi los comienzos de su actividad literaria. A esta situación ha llegado, sola y exclusivamente, a través de un esfuerzo intelectual ininterrumpido, un estudio constante’. Cecilio Alonso califica este ensayo como ‘bandera de combate para 1935. Sijé servía al conservadurismo’, pero después añade que ‘tal vez sin proponérselo’. En diciembre de 1935 presentó el ensayo mencionado al Premio Nacional de Literatura, pero fue rechazado por caer fuera de los moldes exigidos por el tema del concurso.

Su polémica con ‘Nueva Poesía’
‘Comedido y metódico, aparentemente frío y calculador, era de una apasionada viveza cuando la ocasión le impulsaba a exponer o defender sus puntos de vista sobre cualquier tema puesto en debate’, dice Manuel Molina. Esto le ocasionó algunos problemas. Ese mismo año realizó unas declaraciones a la revista Isla, de Cádiz en las que, entre otras cosas, habla de Gustavo Adolfo Bécquer y se muestra al margen de la nueva literatura y de los movimientos poéticos de vanguardia. Los dos últimos meses superan el nivel conflictivo de los anteriores, como consecuencia de la virulenta polémica con los componentes (Juan Ruiz Peña, Luis Pérez Infante y Francisco Infantes) del grupo sevillano de Nueva poesía, surgida a raíz de sus palabras en la revista de Pérez-Clotet. Sijé respondió a estos ataques desde el periódico madrileño El Sol.

Premio Extraordinario de Licenciatura
Enmarcada por la publicación de su revista, está la culminación de sus estudios de Derecho, final que aligera todo lo que puede, y así, entre junio de 1934 y enero de 1935, termina las seis asignaturas que le separaban del final de su carrera con tres matrículas de honor y tres sobresalientes. ‘De su formación académica sólo creemos necesario decir, que cada maestro le creyó siempre un especialista’, afirmó Augusto Pescador. Por su parte, Juan Bellod Salmerón, ex compañero en El Gallo Crisis, apuntaba en 1987 que ‘su portentosa potencia intelectiva y su asombrosa capacidad de asimilación serían para mí inconcebibles si no los hubiera constatado en él. Podía a la vez estar estudiando un texto o escribiendo un artículo o ensayo y elaborando al mismo tiempo otra obra o idea en su increíble mente. Por eso, en el enlucido de yeso sobre el que se adosaba su sencilla mesa de trabajo, aparecían palabras clave, notas o anagramas que escribía allí para desarrollarlos, como así hacía, una vez finalizado el estudio o trabajo que le tuviese ocupado (...) Era un ser increíblemente superior y paralelamente humilde’.

Según Muñoz Garrigós, no hay certeza sobre dos viajes de Sijé a Madrid en diciembre de 1935, como se desprende de los testimonios de Juan Guerrero Ruiz y María Zambrano. El primero de ellos, en el pésame a los padres de Sijé por su fallecimiento, alude a que Pepito Marín había estado en Madrid unos veinte días antes, pero él no lo pudo ver: ‘si estuvo realmente o si a Guerrero le dijeron que iba a ir, y él pensó que de verdad había ido, aunque no lo hiciera, es algo que, de momento, no puedo precisar’. Después, Zambrano dice que Sijé murió en el momento mismo en que se disponía a tomar el tren para ir a Madrid de visita, que Miguel lo esperó en la estación y siguió esperándolo todo el día, y que ella esperó a los dos aquella tarde navideña. Para Muñoz Garrigós, es ‘poco probable que en el mismo mes fuese dos veces a Madrid con su poco saneada economía. De referirse ambos testimonios a un mismo desplazamiento, cosa que me parece más probable, el testimonio de María Zambrano demuestra que no lo hizo’.

Su inesperada muerte
Poco antes de morir, obtuvo el Premio Extraordinario de la Licenciatura. Tan intensa actividad le agota. Hacia el 13 o 14 de diciembre entró en cama aquejado de un ligero malestar de estómago. Su muerte acaeció el 24 de diciembre de 1935 en la casa donde había nacido. A las once de la noche falleció de septicemia al corazón, tras la toxi-infección intestinal que lo retuvo en cama apenas diez días. Junto a sus familiares, le acompañaron en el último momento el reverendo P. Carrió y el escritor José María Ballesteros. En su entierro, se disputaba el pueblo el peso de su cuerpo en el ataúd. Como relataba el periódico oriolano Acción, el triste suceso de dar sepultura a Ramón Sijé ‘constituyó una imponente manifestación de duelo reveladora de las simpatías y de la admiración con que contaba el inolvidable Pepe Marín en su ciudad natal’.

Las circunstancias del fallecimiento han sido narradas por Vicente Ramos, para quien ‘fue un héroe y resistió mientras pudo a pie firme las violentas tempestades que se organizaron y chocaron de continuo entre su corazón y su cerebro. Pocos hombres han vivido una vida interior tan intensa y sangrientamente volcánica como Ramón Sijé’. Por su parte, Manuel Molina manifestó que la lucha por la doctrina católica ‘agotó su frágil fortaleza’ , mientras que José María Quílez, notario y financiador de El Gallo Crisis, dijo que ‘ha muerto a punto de madurar los frutos, precozmente sabrosos, de su ingenio privilegiado, en vísperas, quizás, de la consagración oficial de su nombre y de su obra’. Según Juan Bellod, ‘su poderoso espíritu, su sobrehumana y constante tensión, ‘fundió’ los plomos de su humanidad corpórea y murió a los veintidós años, lleno de plenitud y madurez, cuando la mayoría de los humanos comenzamos a abrir los ojos’.

El dolor de Miguel Hernández
Desde el punto de vista literario, la consecuencia más importante de este hecho fue la elegía que le dedicó Miguel Hernández, gracias a la cual el nombre de Ramón Sijé ha penetrado en todos los rincones del mundo. Es universalmente conocido Sijé por la ‘loca elejía’, en palabras de Juan Ramón Jiménez, que Miguel dedicó a su ‘compañero del alma’ con motivo de la temprana muerte del amigo-hermano. Antonio Luis Galiano considera que Sijé ‘hubiera permanecido en el anonimato si no hubiera sido por la dedicatoria introductora en la elegía del poeta oriolano. Sijé no hubiera apenas traspasado el umbral de lo local y lo provincial, a no ser por dicha rabiosa, resentida y dolida elegía’.

Cuando Sijé muere, su relación con Miguel estaba deteriorada. La historia de las relaciones Neruda-Hernández fue la causa de las discrepancias entre los oriolanos. Sánchez Vidal las sitúa en el marco de lo religioso y de lo estético. Muñoz Garrigós dice que hasta mediados de 1935, Sijé intentó hacer reflexionar a Miguel por carta, ve que no lo consigue y, aunque el poeta le sigue escribiendo, él hace un montón silencioso de cartas incontestadas. A pesar de ello, es Miguel el que confiesa haberse ‘conducido injustamente con él en estos últimos tiempos’.

El propio Miguel escribía en 1936 en La Verdad, de Murcia: ‘¿Es cierta su muerte? Es la primera que me hace llorar aún dormido. Uno de los lados más escogidos de mi corazón se ha quedado como un rincón vacío (...) Orihuela ha perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre’. Señala Martínez Galiano que ‘Miguel Hernández intentó recoger sus escritos para su publicación, pero la guerra española impidió a Miguel realizar este homenaje póstumo a su hermano’. José María Ballesteros, que le acompañó en los últimos instantes de su vida, escribió en La Verdad, de Murcia, el 28 de diciembre de 1935: ‘La hora de la consagración de Sijé como escritor no necesitará como condición precisa la de saltar la valla de su vida corporal. El despejo de su inteligencia, su voluntad y su buena estrella serán acicates que harán pueda saborear (...) las halagadoras caricias del triunfo (...) Ramón Sijé triunfó como escritor. Y también como hombre, pues dejó tras de sí una estela brillante de ejemplaridad. Sirva el recuerdo de su figura como espejo en donde se miren las juventudes venideras’.

Por su parte, Eutimio Martín escribió que ‘la muerte brutalmente súbita del joven Sijé (...) provocó un caudal irrestañable –aún hoy día- de delirio laudatorio que más tiene que ver con la mística que con la crítica literaria’. Carmen Conde dijo ‘Gabriel Miró se ha muerto otra vez’.

La figura de Sijé tras su muerte
Hasta 1973 los escritos de Ramón Sijé no fueron conocidos más que por un estrecho círculo de allegados, paisanos suyos, como apunta Eutimio Martín. Ese año el Instituto de Estudios Alicantinos publicó el ensayo, hasta entonces inédito, ‘La decadencia de la flauta ...’ y el Ayuntamiento de Orihuela publicó la edición facsímil de la revista El Gallo Crisis a cargo de José Muñoz Garrigós, quien editó también en 1987 una recopilación sobre la vida y el resto de la obra del autor, dispersa en periódicos y revistas, la mayoría locales y regionales. Un poco antes, en 1985, José A. Sáez Fernández publicaba una colección crítica de textos sobre Ramón Sijé.

Juicios sobre Sijé
La muerte, excesivamente temprana de nuestro autor, le impidió llegar a escalar un puesto de categoría nacional en el concierto de los escritores españoles. ‘Sólo veintidós años se mantuvo en el tiempo esta existencia realmente extraordinaria. Asombra, en verdad, cómo, en tan breve tiempo, José Marín alcanzó tan alto grado de sabiduría y tan elevado nivel artístico’, afirma Vicente Ramos. Según Carmen Conde, ‘fuera de Orihuela, no se habría muerto tan joven Ramón Sijé: le faltaba salud para vencer a la ciudad e independizarse (...) Desde que le oí hablar en Sierra Espuña con Antonio Oliver Belmás comprendí su próxima muerte’. Para Antonio Oliver Belmás, ‘hemos perdido con su tránsito una figura de la gran crítica literaria española’. Pese a vivir tan poco tiempo, el nombre de Ramón Sijé ha pasado a la inmortalidad literaria gracias a su obra. Apunta Ramos que ‘de un cristianismo ardiente, juvenil y entrañado, Ramón Sijé luchó por una catolicidad desnuda, limpia, en tensa vigilia ascética, totalizada en la perfecta encarnación del hombre nuevo del Evangelio, por lo que aconseja a la Iglesia que se lance a la vida civil’. Por su parte, Jesús Alda Tesán, profesor de Lengua y Literatura españolas, escribió que ‘sus hombros se han doblado con un escalofriante crujir de huesos bajo el peso de lo inexorable, truncando lo que de promesa se había convertido en realidad (...) Con esta muerte se frustraba una cimentada esperanza, se desvanecía la promesa de un inmediato escritor de primer orden que por entonces tensaba febrilmente sus fuerzas en los mares más engallados del pensamiento’.

Consideraba también el catedrático aragonés que José Marín ‘era un reformador aconsejado por los más hondos afanes. Excluyendo la Biblia, han sido los escritores más profundos con meollo reformador los que se han señalado más recientemente en su formación de hoy, Unamuno, Azorín, Bergamín, Giménez Caballero; de ayer, Quevedo, Gracián, Larra; de fuera, Nietzsche. Giménez Caballero habría tenido que compartir con él la nietez del 98’. Para Eutimio Martín, ‘Ramón Sijé no perviviría hoy más que en el nomenclátor callejero de la ciudad de Orihuela (...) Perdió su vida en el intento, pero Miguel Hernández hizo que no se perdiera su nombre en el olvido’.

Finalmente, Agustín Sánchez Vidal dice que ‘aunque el influjo de Sijé jamás llegó a ahogar el personalísimo y potente estilo hernandiano, hay que decir que en buena parte de ‘Perito en lunas’, en el auto sacramental, en la poesía publicada en ‘El Gallo Crisis’ e, incluso, de forma ya difusa, en obras más tardías, en ocasiones Hernández actúa como portavoz plástico de algunas nociones doctrinales de Sijé’.

Para Manuel Martínez Galiano la primera impresión que causa la lectura atenta de la obra de Sijé es la de un sentimiento de admiración hacia su persona, su voluntad de trabajo y su inteligencia. ‘Solamente en un ser excepcionalmente dotado podemos concebir que en tan corto espacio de tiempo pudiera asimilar una cantidad tan grande de conocimientos no sólo jurídicos, sino también literarios, filosóficos, teológicos y sociales (...) Cuando observamos su perfecto conocimiento de la literatura, de nuestros autores clásicos -especialmente Quevedo y Gracián-, de nuestros pensadores –Balmes, Unamuno, Ortega y Gasset, d’Ors-, de la filosofía y teología escolástica -principalmente de Santo Tomás-, y del pensamiento europeo moderno –Kant, Hegel, Nietzsche, Freud, Guardini y otros tantos, no podemos experimentar más que un profundo asombro ante su excepcional capacidad de trabajo y ante su inteligencia’.

El olvido de su pueblo
Pocos meses después de morir, se le dedicó a Ramón Sijé la antigua Plaza de la Pía, cuya placa se descubrió el 14 de abril de 1936, en un acto donde Miguel Hernández leyó unas cuartillas en memoria de su amigo. Pero esa plaza terminó perdiendo después el nombre del ensayista: ‘hemos perdido con Ramón Sijé a un genial escritor, si aún temprano de sazón, ya tardío de humanidad’. Añadió Miguel Hernández en ese homenaje: ‘Orihuela se ha dado cuenta a su muerte, ya que siempre es a la muerte cuando nos damos cuenta del valor de ciertas vidas, de la grandeza del hijo que habíamos criado sin advertirlo (...) Pueblo donde ha nacido y agonizado esta gran criatura: todos los homenajes que le hagamos se los merece. Procuremos que éstos resulten lo más duraderos y de verdad y lo menos teatrales y de relumbrón (...) Ramón Sijé verá desde la tierra que ocupe lo que hagamos por él, y juzgará desde su sombra’.

Miguel demostró ser muy confiado en el agradecimiento de sus conciudadanos para con Ramón Sijé. Actualmente sólo dos calles, por cierto nada significativas en el entramado urbano de Orihuela, están relacionadas con su figura -una lleva su nombre y otra el de su revista El Gallo Crisis- en medio de un olvido generalizado en la misma ciudad, porque ya no hay ni un busto, ni una plaza, ni un premio literario dedicado a su persona, ni un acto o jornadas anuales que lleven su nombre, ni un centro docente o cultural dedicado a este ensayista ... Sin duda, muy pobre tributo de la ciudad de Orihuela hacia uno de los hijos que más nombre le ha dado.


Antonio Peñalver


BIBLIOGRAFÍA

a) Libros, revistas y artículos
- MUÑOZ Garrigós, José, Vida y Obra de Ramón Sijé, Orihuela, Universidad de Murcia y Caja Rural Central de Orihuela, 1987.
- SÁEZ FERNÁNDEZ, José A, Textos sobre Ramón Sijé, Almería, edición del autor,1985.
- GUILLÉN GARCIA, José y MUÑOZ GARRIGÓS, José, Antología de Escritores Oriolanos, Orihuela, Ayuntamiento de Orihuela, 1974.
- SIJÉ, Ramón, La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas, Alicante, Instituto de Estudios Alicantinos, 1973.
- CASTANEDO PFEIFFER, Gunther, Un triángulo literario: José María de Cossío, Miguel Hernández y Pablo Neruda, Santander, Asociación Voces del Cotero, 2005.
- PUCCINI, Dario. Miguel Hernández. Vida y poesía, Buenos Aires, Editorial Losada, 1966.
- COUFFON, Claude, Orihuela y Miguel Hernández, Buenos Aires, Editorial Losada, 1963.
- El Gallo Crisis. Libertad y Tiranía, edición facsímil, Orihuela, Ayuntamiento de Orihuela, 1973.
- SÁNCHEZ VIDAL, Agustín, Miguel Hernández en la encrucijada, Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1976.
- MARTÍN, Eutimio, ‘Ramón Sijé-Miguel Hernández: una relación mitificada’, Actas del I Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, Alicante-Orihuela-Elche, Comisión de Homenaje a Miguel Hernández, 1992, tomo I, pp. 43-55.
- ZARDOYA, Concha, Miguel Hernández (1910-1942). Vida y Obra-Bibliografía-Antología, Nueva York, Hispanic Institute in the Unites States, 1955.
- ALONSO, Cecilio, ‘Fascismo, catolicismo y romanticismo en la obra de Ramón Sijé’, Barcelona, Camp de L’Arpa (Barcelona), nº 11 (mayo 1974), pp. 29-33.
- GALIANO PÉREZ, Antonio Luis, Ramón Sijé: Luces y sombras, Orihuela, Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, 1987.

b) Periódicos
- El Pueblo de Orihuela (1924-1931, Orihuela), Actualidad (1928-1931, Orihuela), Renacer (1929-1931, Orihuela), Voluntad (1930, Orihuela), Destellos (1930-1931, Orihuela), El Clamor de la Verdad (1932, Orihuela) y Acción (1935-¿?, Orihuela).



 

Subir
Colaboraciones