LA
IDEOLOGÍA POÉTICA DE RAMÓN SIJÉ (2ª
PARTE)
La controversia del grupo redactor de 'El Gallo Crisis'
A mediados de 1934, se hizo realidad uno de los sueños de Sijé:
fundar y dirigir una revista propia de catolicismo positivo, El
Gallo Crisis. Como apunta Muñoz Garrigós, esta revista
‘nació ya dentro de la misma línea ideológica
que Cruz y Raya’. Los nombres de las personas que formaron
el equipo de redacción han motivado el encasillamiento político
de Ramón Sijé por una parte de la crítica. Aclara
al respecto José Muñoz Garrigós que de aquellos
años hay noticias de una reunión o tertulia muy politizada,
que tenía lugar en el despacho del notario José María
Quílez y a la que acudían Tomás López Galindo,
el padre Buenaventura de Puzol, Fulgencio Ros y otras personas afines
al partido de Gil Robles, ‘pero aquí no acudía
Sijé, que, como bien afirman cuantos le trataron en esos años,
nunca tuvo nada que ver ni con la CEDA ni con la Falange Española’.
El
testimonio del oriolano Augusto Pescador, filósofo y hombre de
reconocida trayectoria en la izquierda, arroja luz al respecto: ‘como
había hecho amistad con don Juan Colom, catedrático del
Instituto, y había otra persona interesada en filosofía,
un fraile capuchino, Buenaventura de Puzol, acordamos reunirnos una
vez a la semana en el convento para conversar sobre temas filosóficos;
casi desde el principio asistió Bellod, y después Sijé.
En declaraciones que hizo Martínez Arenas a Couffon, y en otros
libros, se ha desvirtuado totalmente el origen de esta tertulia, que
fue conversar de filosofía (...) A mediados de 1934 apareció
el primer número de ‘El Gallo Crisis’ (...) integraron
el comité de redacción don Juan Colom, el padre Buenaventura
de Puzol y Juan Bellod, es decir, las personas que habían constituido
la tertulia filosófica de los capuchinos (...) y se consideró
que también habían integrado aquella tertulia Alda Tesán,
José Mª Quílez y Tomás López, que nunca
fueron a la tertulia, al menos hasta abril del 36, pues después
yo no fui más ... No colaboré en la revista, pero siguió
mi amistad con Ramón Sijé’.
En
esta revista neocatólica de Sijé, ‘ciertos textos
desconcertantes eran de tal naturaleza como para hacer fruncir las cejas
a más de un teólogo rigorista’, comentó
el ex alcalde oriolano José Martínez Arenas, mientras
que José A. Sáez Fernández señala que ‘Sijé
se convierte así en combatiente por el catolicismo en medio de
la efervescencia republicana (...) Sufre un proceso progresivo de radicalización
de sus posturas ideológicas, fuertemente individualistas y personalizadas’.
Repercusión de unos comentarios de Neruda
Llegó a decir Pablo Neruda que no le gustaba El Gallo Crisis,
porque le hallaba ‘demasiado olor a iglesia, ahogado en incienso’,
y que el poeta oriolano Miguel Hernández era demasiado sano para
soportar ‘ese tufo sotánico-satánico’.
Afirma Muñoz Garrigós que ‘este sentimiento
católico le granjeó la opinión que más ha
impedido el conocimiento exacto de su personalidad: me refiero a las
dos conocidas bufonadas que Pablo Neruda escribió en sendas cartas
a Miguel Hernández a propósito de El Gallo Crisis’.
La opinión del chileno demuestra, según Muñoz Garrigós,
la total incapacidad que, tanto por razones geográficas como
ideológicas y de formación, tenía para poder comprender
unos movimientos que le resultaban tan ajenos y lejanos como los de
la renovación católica europea y, consecuentemente, española.
‘A partir de Concha Zardoya y de Dario Puccini, las ocurrencias
nerudianas han sido tomadas como ciertas, sin proceder a mayores indagaciones,
por los investigadores de la personalidad de Miguel Hernández,
tanto los de reconocido prestigio, como Cano Ballesta, Sánchez
Vidal o José-Carlos Mainer, como por otros de menor solvencia,
excepción hecha de Vicente Ramos; seguramente porque, estigmatizando
la personalidad de Ramón Sijé, resulta más fácil
comprender el cambio operado en la personalidad hernandiana a raíz
de su amistad con Neruda, aun cuando para ello hubiera que dar por cierta
una mentira, nacida de una incomprensión total y absoluta’.
Giménez
Caballero escribió a Sijé: ‘Gallo Crisis va
a ser una revista más minoritaria, gongorista, conceptista, con
aire bergaminesco de cara y cruz. Lo siento. Ustedes (..) debían
ir por un sendero más claro, rotundo, popular, ardiente, inteligible
a las masas. Pero no es así (...) Una cosa más franciscana
y menos jesuita se necesita hoy (...) Hay que dejar en literatura la
acción indirecta, ese parlamentarismo del circunloquio, la perífrasis
y el arabesco’.

Respuestas
de Sijé en El Gallo Crisis
Sostiene Muñoz Garrigós que Sijé hizo nulo caso
a estas ‘observaciones muy sutilmente lanzadas por el madrileño,
quizás con el fin de instalarlo en las filas de la recién
fundada Falange’ y además ‘le responde con
la apostilla contra Falange que aparece en el primer número de
‘El Gallo Crisis’ que, a mi juicio, es un ‘no’
categórico a seguir el camino que Giménez Caballero le
insinúa para hacerlo desembocar en Falange y no una simple recriminación,
como afirma Cecilio Alonso y quienes sostienen el carácter fascista
de la ideología sijeana. Incluyo aquí también,
a quien fuera amigo del propio Sijé, y miembro del consejo de
redacción de su revista, Tomás López Galindo’.
Éste último llegó a afirmar, en las páginas
del periódico oriolano Acción el 30 de diciembre
de 1935, que Sijé simpatizó con las ideas falangistas
de Giménez Caballero: ‘aceptó sincera, auténtica
y honradamente las teorías del Estado totalitario’,
sin embargo añadía también que ‘Sijé
tiene poco de político y mucho de filósofo y literato’.
Lo
cierto es que el aire bergaminesco de la revista molestó a Giménez
Caballero, quien le diría a Sijé: ‘¡Que
su ‘Gallo Crisis’ no sea tan miserable’!. Apunta
Muñoz Garrigós que ‘no se trata de un deterioro
progresivo ni de las relaciones ni de la amistad entre ambos, sino de
un continuo no ir de acuerdo en nada de lo que se plantea entre ambos’.
Apunta
Agustín Sánchez Vidal que Ramón Sijé ‘no
acepta los intentos de construcción de un estado no cristiano,
aunque se le imponga, a modo de adjetivo oficial y piadoso, el marchamo
de católico’. Así, hay que referirse a la crítica
que Sijé hizo del libro ‘La nueva catolicidad. Teoría
general sobre el fascismo en Europa’, publicado en 1933 por
el madrileño. Decía el ensayista de Orihuela que ‘la
catolicidad es una forma de reducción política del catolicismo.
Porque el Estado católico no se hace: frutalmente nace’.
Ante esta afirmación, apunta Sánchez Vidal que ‘lo
que rechaza Sijé es la conversión de lo católico,
que para él es sustancial, en un adjetivo, y ese es su caballo
de batalla con los fascismos (...) Eso significaría convertir
el catolicismo en un ismo más. Sijé aquí desconfiaba
de Giménez Caballero’.
Crítica
de Sijé al catolicismo oficial
Leyendo los diferentes números de El Gallo Crisis, hay
bastantes comentarios políticos de Sijé. En las páginas
2-4 del número 1, en el artículo ‘España
en la selva de aventuras del cristianismo’, escribía
el oriolano que ‘España es como el Imperio invisible
que dramatiza en su Estado, en su nación, en su Campo, en su
Burgo, en su Gremio la imposible carrera del cristianismo. España
se ha convertido en la historia como hombre invisible, es decir, como
cristiano individual perfecto, corriendo en su lucha espiritual por
la vida, contra sí misma, contradictoriamente, hacia la inhumanización
productora del reino de Dios en la tierra, hacia la unidad por la muerte:
haciendo de sus crisis, éxtasis, plástica de crisis (...)
Negra y barroca, surge la España crítica, romántica,
de Baltasar Gracián, tras la España extática de
Juan de la Cruz, azul y blanca. España en éxtasis y en
crisis, en Poema y en Tratado, jugando a la libertad o tiranía
con el pensamiento y con el albedrío, es la mitad de España’.
Sánchez Vidal apunta que ‘en uno de los artículos
más paradigmáticos de ella’, Sijé define
‘su idea de lo que el Estado debe ser para superar la crisis
a que se alude en el título de la revista’.
En
el artículo titulado ‘Re-catolicismo y católica
reforma’ (página 36 de los números 3-4), dice:
‘el catolicismo oficial provocó la salida revolucionaria,
la huída hacia los ismos, de la pobre gente de España:
huían, en un afán escolástico de amor sustancial,
de la Iglesia: porque la Iglesia jugaba decorativamente con la historia
y el estado oficiales. Se justificó, pues, una revolución:
una revolución social-ista se justifica cuando
una religión imperante olvida su valor social. Abandonemos, cristianos,
la conquista del Estado: marchemos a ser conquistados por el pueblo’.
Concluía Sijé que ‘se demuestra la eternidad temporal
del catolicismo, cuando reformando los modos y los cuadros eclesiásticos
continúa manteniéndose su virtud creadora de vida: cuando
se acerca la primavera: como estilo de nueva forma’.
Defiende
Sánchez Vidal que en este comentario de Sijé hay una nueva
alusión a Ramiro Ledesma Ramos, que en febrero de 1931 lanzó
el manifiesto ‘La Conquista del Estado’ que se
convirtió en el título del semanario de la JONS y añade
que el oriolano ‘estaba muy al tanto de este tipo de publicaciones.
Basta con leer los acuses de recibo de El Gallo Crisis’.
Por
su parte, Muñoz Garrigós opina sobre el artículo
anterior que ‘nos ofrece la posición de Sijé
en torno a la actitud del cristianismo en un Estado laico. Esta alusión
es más religiosa que política, pues aunque la alusión
al concepto imperial de España es inequívoca, me parece
que habría de entenderla en el marco del dorsianismo de Ramón
Sijé, y ello sin perder de vista que, mientras para José
Carlos Mainer estaríamos ante un precedente del fascismo falangista,
José L. López Aranguren no lo considera así (...)
Creo que este texto de Sijé resulta mucho más fácil
de entender si, en vez de considerarlo en solitario, se estudia a la
luz de algunos párrafos del manifiesto sobre ‘Las responsabilidades
del cristiano y el momento presente’, publicado por algunos intelectuales
católicos franceses en abril de 1934’. Añade
el estudioso que ‘este artículo demuestra, sin lugar
alguno a la más mínima duda, que no era partidario de
un Estado teocrático, como se ha venido repitiendo de modo incesante
(...) sino exactamente lo contrario’. También señala:
‘conviene que no olvidemos, para cuando se hable de su presunto
filofascismo, una frase: ‘abandonemos, cristianos, la conquista
del Estado’, por las resonancias que puede tener de la revista
fundada por Ramiro Ledesma Ramos, ateo integral, con el que no me explico
cómo se puede alinear a Sijé, aun antes de la crisis que
afectó a Falange Española a mediados de enero de 1935’.
Sijé:
‘El fascismo no tiene la fuerza de la razón’
Dentro de la sección ‘Las verdades como puños’,
de El Gallo Crisis, dice Muñoz Garrigós que se
registran varias apostillas de matiz político. En el número
1, en ‘Obrero parado de no vivir’, critica la poco
humanitaria, y cristiana, Ley de Vagos; y en ‘San Agustín
y el fascismo’, censura acremente el fascismo español,
‘por más que Cecilio Alonso piense lo contrario’,
argumenta Muñoz Garrigós. Unos afirman que en este último
artículo, aparecido en la página 25 del primer número
de esta revista, Sijé rechaza a algunos partidos totalitarios,
al afirmar: ‘Oficiales de Correos y Telégrafos ocupan,
ya, los puestos rectores del naciente fascismo español (...)
Fascismo, por consiguiente, partido, partido político y partido
por el eje (...) El fascismo tiene la razón de la fuerza, pero
no la fuerza de la razón. Agota su propia capacidad creadora
antes de llegar a la nación, cosa racional una, cosa real una:
puño temeroso y amenazador. ¡Falange! ... bueno; falange,
falangina y falangeta: un dedo. Para moldear el concepto de España
se necesitan todas las manos del alma’. Sijé hacía
referencia a las tres modalidades fascistas peninsulares: la de Ledesma
Ramos (que era oficial de Correos y Telégrafos), la de Falange
y la de José María Albiñana, que con la frase aludida
‘Tenemos la razón y la fuerza’ terminaba
su arenga en el periódico La Legión del 2 de
abril de 1931. De este párrafo del número 1 de El
Gallo Crisis, que fue suprimido completamente en la edición
facsímil de 1973, otros críticos hacen una lectura diferente.
Considera Cecilio Alonso que ‘el fascismo inconsciente de
Sijé alcanza su cota más explícitamente contradictoria
en el número 1 de ‘El Gallo Crisis’. Con violencia
verbal acusa al naciente fascismo hispánico de desarrollarse
como un partido político incompatible con la unidad de la razón.
Los conceptos de unidad y de nación se diluyen confusamente en
el lenguaje de Sijé en una imagen amplificadora que no parece
corresponderles: la del puño temeroso y amenazador (...) No estamos
ante un alegato antifascista, sino ante una recriminación. Sijé
teme un fascismo tibio, un partido más, cargado de intereses
particulares’.
Para
Eutimio Martín el hecho de que se diga que había discrepancias
entre la propuesta de Sijé y las que mantenían Giménez
Caballero y Ramiro Ledesma es un argumento endeble, ya que ‘por
esa misma regla de tres habría que eximir a Ramiro Ledesma o
a José Antonio Primo de Rivera de toda etiqueta fascista dada
la feroz enemistad personal y política que mediaba entre ellos’.
‘Alemania,
locura y tristeza de Europa’
En el número 2, dentro de la sección ‘Verdades
como puños’, destaca el trabajo titulado ‘El
veraneo del hambre’, donde Sijé aborda un aspecto
muy concreto de justicia distributiva: ‘no tiene el cristiano
derecho a la felicidad cuando la desgracia acompaña a sus semejantes.
O dicho en términos más concretos: No tiene el cristiano
derecho a veranear cuando otros cristianos, u otros hombres, atraviesan
el veraneo del hambre’. También interesante es la
apostilla que lleva por título ‘La muerte por atropello
del estado’ (página 25 del número 2): ‘Dolfuss
y Hitler, actores de un drama: Austria y Alemania, dos figuraciones
dramáticas del concepto de nación. Alemania, locura y
tristeza de Europa: nación sin nación: sin alma. Nación
sin memoria de unidad: de Dios: sumergida en una penumbra de mitos.
Nos encontramos, pues, ante un ideario político que es una aplicación,
a la praxis de la vida diaria, del religioso’. Sánchez
Vidal dice que, como la clave de la unidad del Estado para Sijé
es Dios, que lo dota de alma y espiritualidad, convirtiéndolo
en nación, ‘por eso ataca a Hitler’.
Contra
el capitalismo y en defensa del campesino
También atacaba Sijé al capitalismo en los números
3-4 (p. 28) en el artículo’Cuatro caballeros de frac
o cuatro granujas sin tacha’, en la sección ‘Las
verdades como puños’: ‘Vosotros, caballeros de frac,
hicisteis un capitalismo imperialista, que por reacción originó
el capitalismo sentimental de la envidia del pobre, del obrero y del
campesino. Pero, el frac va a pagar los pecados de la blusa y de la
camisa: vosotros responderéis de los crímenes que cometieron
los pobres de espíritu y los desheredados incitados por vuestra
soberbia’. Cecilio Alonso califica el texto anterior como
de ‘apariencia socializante y, en su significado profundo,
ingenuamente demagógico’.
Es
posible que el artículo titulado ‘La primavera de las
hipotecas y el otoño de los labradores. La crítica de
la tierra en Jovellanos’, publicado por Sijé en el
número 5-6 de la revista (pp. 6-14), tuviese su origen en los
sucesos provocados en el campesinado andaluz por ciertas decisiones
gubernamentales en el ‘bienio cedista’ (noviembre 1933-febrero
1936). Sijé defiende el derecho a la propiedad privada y el que
tienen los agricultores a su bienestar, libre de opresiones y de ser
considerados como clase inferior. Al mismo tiempo exige al Estado la
asunción de sus funciones: ‘el Estado permanece quieto,
sin ayudaros, y sin oír el eterno lamento (...) La hipoteca se
está adueñando de los campos españoles (...) Se
recolectan hipotecas, cuando el Estado debía crear la cosecha
(...) El estado no le oye, y las fuerzas productoras del campo descansan
en el bolsillo del prestamista’, escribe textualmente Sijé.
Sobre este artículo Sánchez Vidal reproduce las citas
evangélicas y se ampara en ellas para argumentar su teoría,
mientras que Muñoz Garrigós no está de acuerdo
con que de las referencias bíblicas se quiera deducir que ‘Sijé
pretendía ofrecer apocalípticos consuelos espirituales,
a modo de paliativos de la explotación de algunos sectores de
la producción’.
Hay
en El Gallo Crisis un detalle que el crítico Sánchez
Vidal considera muy significativo que en la viñeta que acompaña
a ‘PROFECIA-sobre el campesino’ se colocan un racimo
y unas espigas atados formando un grupo posiblemente inspirado en el
yugo y las flechas. ‘Además, entre los grabados que
no llegaron a incluirse en ‘El Gallo Crisis’, pero que estaban
ya confeccionados para su publicación, figuran un yugo y unas
flechas, no sabemos si como una adhesión o rechazo al falangismo.
Debo este dato a la amabilidad del catedrático José Guillén,
que me mostró diversos materiales que no llegaron a ver la luz
en la revista’.
En
cualquier caso, un comentario del propio Ramón Sijé a
Manuel de Falla, en carta fechada el 14 de agosto de 1935, resume los
objetivos de El Gallo Crisis para el ensayista oriolano:
‘quiero que vea en ‘El Gallo Crisis’ una voluntad
de hombría, humildad, cólera y cristianismo (...) Mi revista
ha querido conciliar el ideal del buen hombre con el ideal del escritor,
ha querido que las artes sean, para el católico artista, medios
purificativos de justificación. Por consiguiente, mi revista
ha hablado del conceptismo hispánico como actitud metafísica
ante la vida, y ha presentado el siglo de oro de las justificaciones
como ideal pasado que hay que volver a idealizar en el futuro’.
Por su parte, Miguel Hernández la calificaba en junio de 1935
como ‘exacerbada y triste revista’, mostrándose
‘harto y arrepentido de haber hecho cosas al servicio de Dios
y de la tontería católica’ en carta a Juan Guerrero
Ruiz.
El
antirrománticismo sijeano
Ya en 1935, José Marín Gutiérrez presentó
al Premio Nacional de Literatura su ensayo ‘La decadencia
de la flauta y el reinado de los fantasmas. Ensayo sobre el Romanticismo
histórico en España’ (1830-Bécquer)’.
Cecilio Alonso califica este ensayo como ‘bandera de combate
para 1935’, con el que ‘Sijé servía
al conservadurismo’, pero después añade que
‘tal vez sin proponérselo’. A la luz de
este ensayo y de las opiniones vertidas en El Gallo Crisis,
este crítico estima también que ‘el rasgo más
definido de los textos de Sijé es su radicalismo polémico
(...) Sijé cree en la unidad cristalina del mundo clásico
cristiano rota por el romanticismo, como movimiento histórico-naturalista
disolvente y negativo. Se impone en él la nostalgia activa del
siglo de oro teológico (...) El antirromanticismo de Sijé
supone su autoafirmación en los límites idealistas de
un reformismo radical dentro del orden católico (clásico)
vivido subjetivamente con autenticidad y sentido conflictivo pero sin
superar un rudimentario maniqueísmo intelectual: buenos y malos
se identifican demasiado fácilmente con clásicos y románticos.
Por ello expresamos nuestra duda sobre el carácter renovador
del catolicismo de ‘El Gallo Crisis’: si acaso innovador
en cuanto suponía una vivencia católica fuertemente intelectualizada
que no podía dejar de sorprender en el marco de la caduca sociedad
estamental oriolana’. Por su parte, según Sánchez
Vidal, para Ramón Sijé ‘el romanticismo es el
hombre abandonado a la selva de sus instintos y el conceptismo es una
manera cristiana, clásica y racional de abordar la moral, la
estética y la intelectualidad’.
La
figura de Sijé tras su muerte
Tras la muerte de Sijé, un hecho fue muy evidente. Tanto la derecha
como la izquierda lloraron su desaparición. Hay dos ejemplos
claros al respecto. El semanario conservador oriolano ‘Acción’
hizo un especial sobre la muerte de Sijé. En sus páginas
escribieron hombres de izquierdas como Pescador y Poveda. Por otra parte,
pocos meses después de morir, se le dedicó a Ramón
Sijé por acuerdo municipal la antigua Plaza de la Pía,
cuya placa se descubrió en una fecha tan señalada como
el 14 de abril de 1936, cuando se cumplía el quinto aniversario
de la II República, en un acto donde Miguel Hernández
leyó unas cuartillas en memoria de su amigo. El propio Miguel
inició las gestiones para editar la obra de su amigo inmediatamente
después de su fallecimiento. Sin embargo, resulta curioso que,
tras la guerra civil, en plena posguerra, se revocara esta decisión
de dar nombre a dicha plaza, no utilizándose tampoco su figura
en plan proselitista por el régimen franquista en Orihuela. Aunque
en este punto, Eutimio Martín se pregunta ‘cómo
se ha tardado tanto en poner al alcance del lector medio el corpus textual
y la crítica suscitada por un autor que goza de una consideración
tan insólita’ y añade que, en el seno de la
‘todopoderosa Iglesia Católica de la época franquista’,
el entonces obispo de León y ‘capitoste del Régimen’,
Luis Almarcha, escribió al abogado oriolano Antonio García-Molina
una carta fechada en León el 14 de febrero de 1961 en los siguientes
términos: ‘la revisión de la obra de Sijé
produce la impresión esperada (...) El chantre de la catedral,
Luis López Santos, director del Instituto de C.M. y Director
del Centro de Estudios e Investigaciones San Isidoro, me acaba de dar
su buena impresión y cree que debe publicarse (...) Conviene
reunir todo el material publicado e inédito de Sijé’.
Habría
que esperar aún doce años para que la idea de publicar
la obra de José Marín Gutiérrez comenzara a llevarse
a cabo. La Corporación presidida por el alcalde Pedro Cartagena
Bueno instauró un efímero premio literario con el nombre
de Ramón Sijé en 1971 y publicó la edición
facsímil de El Gallo Crisis en 1973, ‘pero
con fines puramente literarios y con el objetivo de recuperar la figura
de este intelectual oriolano para las generaciones posteriores’,
según testimonio a quien suscribe del propio ex alcalde. Asimismo,
el Instituto de Estudios Alicantinos hizo lo propio en 1973 con el ensayo
La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. El
entonces director de publicaciones de dicho organismo, Gaspar Peral
Baeza, en declaraciones al filólogo Aitor L. Larrabide, define
como ‘estrictamente literarios los criterios seguidos a la
hora de elegir las obras a publicar’ , así como ‘apolítico’
el espíritu de dicho Instituto.
Juicios
sobre la ideología sijeana
Agustín Sánchez Vidal, catedrático de Literatura,
sitúa a Sijé ‘en los aledaños del fascismo’,
fijando la diferencia que separa de forma radical a Sijé de los
fascismos. Afirma el aragonés que ‘aquél postula
un Estado teocrático, mientras que éstos son esencialmente
laicos (...) e incluso anticlericales, con la excepción de Albiñana
(...) No se trata, desde luego, de una cuestión de matiz; es
una discrepancia fundamental. Pero, hecha esta salvedad, sus fórmulas
rígidamente imperiales y arcaicas, se encuentran en los aledaños
del fascismo. Los reproches que dirige Sijé a esas doctrinas
están hechos en función de esa discrepancia, lo que puede
inducir a error y dar la impresión de que era un antifascista
cuando, en realidad, sólo se opone a la disgregación en
partidos políticos laicos, ya que para él el Estado requiere
la unidad y la clave de esa unidad no está en el Estado tomado
como un absoluto, sino en Dios, que lo dota de alma y espiritualidad,
convirtiéndolo en nación’. Añade Sánchez
Vidal que ‘quizá el nombre que mejor convenga a los
retazos doctrinales que expone Sijé sea el de nacional-catolicismo,
que se ha usado para designar ese clima colaboracionista y tridentino
entre ciertas elaboraciones del catolicismo y de los totalitarismos
(...) Con quien quizá tenga Sijé mayores puntos de contacto
en doctrina y estilística dentro del falangismo sea con Eugenio
Montes, para quien ante la intemperie y la aflicción no hay más
que un cobijo: la Iglesia’.
Concluye
este crítico aragonés que ‘Ramón Sijé
mantuvo en su corta vida una intensa actividad intelectual de grandes
pretensiones especulativas (...) A juzgar por sus escritos, Sijé
era, más bien, un utopista a la manera de los tratados políticos
doctrinales de Quevedo, como se comprueba en su tesis de la ilicitud
de derribar al tirano (...) este carácter utopista puede observarse
en los encendidos elogios que Sijé tributa a Sto. Tomás
Moro, apóstol de la preeminencia de la Iglesia frente a los intereses
del Estado. De todos modos, quizá el nombre que mejor convenga
a los retazos doctrinales que expone Sijé sea el de nacional-catolicismo,
que se ha usado para designar ese clima colaboracionista y tridentino
entre ciertas elaboraciones del catolicismo y de los totalitarismos’.
En
esta misma línea, el citado Cecilio Alonso señala que:
‘Sijé, sorprendente niño-maduro, contribuye a minar
el progreso intelectual de España, huyendo hacia Dios, como fruto
de su voluntad de impotencia, inherente, según él, a la
condición de ser cristiano. Y buscar apoyo en el orden teocrático,
¿qué es si no incapacidad para comprender materialmente
el mundo, aceptarlo e intentar transformarlo, al margen de otras trascendencias?
(...) El rasgo más definido de los textos de Sijé es su
radicalismo polémico (...) Sijé cree en la unidad cristalina
del mundo clásico cristiano rota por el romanticismo, como movimiento
histórico-naturalista disolvente y negativo. Se impone en él
la nostalgia activa del siglo de oro teológico’. A
Alonso le ha bastado la lectura de El Gallo Crisis para poner
de relieve un ‘fascismo inconsciente’ por parte
de Sijé y habla de ‘la raíz tozudamente religiosa
y el talante intelectual de un Sijé que constata el presente
y se aferra al pasado, frente al sentido práctico-político,
futurista y arrollador de los textos falangistas de la época.
Donde José Antonio Primo de Rivera ve una unidad de destino,
la angustia de Sijé percibe la falta de unidad espiritual, de
unidad de vida; donde aquel concibe la patria como una gran empresa
colectiva, éste niega con acritud que en el presente exista voluntad
de vida en común. Coinciden en el deseo de orden, en la definición
jurídica de la persona frente al simple hombre o individuo, en
la afirmación de realidades superiores trascendentes (dios o
la nación) en las que cobran sentido las cosas públicas’.

Por
su parte, Eutimio Martín cree que ‘Ramón Sijé
no se contentó con ser un filofascista teórico sino que
fue un fascista militante, camarada reconocido de Ernesto Giménez
Caballero (...) hay que reconocerle a Ramón Sijé innegables
dotes de niño prodigio en su precocidad fascista de signo católico.
Junto con Giménez Caballero se merece el título de pionero
del nacional-catolicismo o teocratismo, el único fascismo viable
en España, como se demostró a su tiempo’. Añade
este catedrático de Literatura Española que Ernesto Giménez
Caballero ‘dejó, pues, sembrada en Orihuela, en octubre
de 1933 -en realidad fue en 1932- la simiente del fascismo
y Ramón Sijé no se mostró indiferente a la labor
proselitista de su compañero de clase. ¿Hasta dónde
llegó concretamente su compromiso con la ideología totalitaria?
(...) Del nacional-catolicismo predicado por Giménez Caballero
a Sijé no le interesaba más que la dimensión teocrática
(...) No tenía por qué desembocar en la satisfacción
de las apetencias económico-imperialistas del autor de ‘Genio
de España’. La satisfacción de las reivindicaciones
del proletariado externo que abastecería la conquista de un imperio
colonial le tenía a Sijé sin cuidado. Ramón Sijé
padecía de paranoia teocrática. Su obsesión era
hacer del cristianismo un istmo político. Para él, ni
comunismo, ni socialismo, ni fascismo: Cristianismo’.
Pese
a todo lo dicho, Eutimio Martín finaliza afirmando que ‘la
mente de Ramón Sijé estuvo más cerca de la Religión
que de la Literatura o la Política. Del galimatías barroco
de sus escritos se desprende (quizá sea lo único claro)
un antiliberalismo a ultranza sobre el que se asienta un teocratismo
obsesivo. Ramón Sijé era presa fácil del fascismo
desde el momento en que, miembro de una familia burguesa en vías
de proletarización, se consideraba un desclasado (...) La muerte
prematura de Sijé nos impide concluir en la confirmación
o invalidación de la actitud teórica y prácticamente
profascista de Ramón Sijé, ya que el revelador de la verdadera
personalidad de cada uno fue la guerra civil y no sabremos nunca qué
partido hubiera tomado tan complejo personaje a partir del 18 de julio’.
Jesús
Poveda escribió que Sijé y Miguel Hernández ‘eran
dos polos muy opuestos. [Sijé] era como un soñador de
un Renacimiento Cristiano, apologético y con visiones celestiales
de una España que tenía que regresar a su pasado histórico
(...) Yo era y soy de izquierdas, y él lo fue de derechas, muy
católico, apostólico y romano’. Por su parte,
José Bergamín declaró en diciembre de 1969 a Marie
Chevallier que: ‘el catolicismo de Ramón Sijé,
influenciado por Giménez Caballero, sufría inclinaciones
filofascistas que llegaron hasta transparentarse en los escritos de
Miguel Hernández’.
Como
contrapunto a estas opiniones, hay otras muchas. Juan Bellod Salmerón
hacía una descripción bastante definitoria de algo tan
complejo como la ideología del ensayista oriolano: ‘Ramón
Sijé tenía un gran concepto de la libertad, pero no era
‘liberal’ como hombre libre y, por consiguiente, era racional
y profundamente religioso, que no beato’. Por su parte, un
reconocido izquierdista, el prestigioso filósofo oriolano Augusto
Pescador, era rotundo al afirmar que ‘Sijé fue siempre
pacifista y no fue nunca partidario de la dictadura’. Vicente
Ramos, que también ha tenido acceso al archivo de Sijé,
afirma no haber ‘encontrado ningún texto de Ramón
Sijé, que pruebe la más leve inclinación a favor
de las teorías fascistas (...) Siempre mantuvo una postura democrática’.
En
esta misma línea, el catedrático aragonés Jesús
Alda Tesán llegó a decir que ‘su talento no
estaba al servicio de una siringa más o menos templada; era ante
todo un pensamiento trascendental (...) Ramón Sijé prefería
a la lírica azul la colérica colorada. No hablaba ni escribía
más que cuando tenía que decir algo, para sentar ‘las
verdades como puños’ y decírselas al lucero del
alba’.
Según
el abogado y licenciado en Filosofía y Letras Manuel Martínez
Galiano, ‘si estudiamos el pensamiento de Sijé podemos
observar que está asentado sobre los cimientos de una sólida
base filosófico-teológica esencialmente tomista, matizada
por un cierto sentido vitalista de la realidad, que proviene, no precisamente
de Nietzsche, sino más bien del raciovitalismo de Ortega y Gasset
y de un tinte de existencialismo cristiano’.
Por
último, Muñoz Garrigós afirma que ‘seguramente
estigmatizando la personalidad de Ramón Sijé resulta más
fácil comprender el cambio operado en la personalidad hernandiana
a raíz de su amistad con Neruda (...) Pese a su juventud, no
fue persona propicia a los cambios espectaculares de ideología
antes al contrario, se identificó plenamente con el ideal de
vida que se había trazado y, no sólo lo mantuvo, sino
que también lo llevó a sus últimas consecuencias
(...) Fue desvinculándose de grupos o de personas concretas en
el momento en el que ha considerado que los nuevos caminos que emprendían
no eran los que él aceptaba como buenos. Así se desvinculó
del ‘Diario de Alicante’, recriminó la decisión
política de Giménez Caballero e incluso con las revistas
locales fue modificando su línea hasta conseguir con ‘Destellos’
lo que exactamente buscaba (...) Fue en vida ferviente católico,
simpatizante del Partido Republicano Federal y amigo de personas, políticamente
tan dispares, como Ernesto Giménez Caballero y Antonio Oliver’.
Muñoz
Garrigós estima que ‘quizás la única
alternativa que no tenía decidida en el momento de morir era
la opción política, al menos no hay pruebas de que fuese
de otra manera y creo que por varias razones’. En primer
lugar (...) él necesitaba ‘una formación política
que fuese católica progresista, humanista, dispuesta a emprender
una serie de reformas sociales, ajena a toda violencia y garante de
la libertad individual’. Además, su experiencia en
las filas del Partido Republicano Federal ‘debió hacerle
especialmente cauto, cuando no desconfiado’. La segunda razón
es que ‘murió antes de tenerse que decantar definitivamente.
Algunos de sus amigos ya lo habían hecho, circunstancia que para
él no suponía cambio alguno en sus relaciones con ellos;
pero mi impresión es que él no había tomado decisión
alguna cuando murió, pese a que, desde bastante tiempo antes,
estaba escuchando cantos de sirena’. Esa es la razón
por la cual las interpretaciones que se han dado sobre él, en
este aspecto, son tan dispares: ‘solamente respecto de las
dos extremas, fascismo y marxismo, dio sobradas pruebas de rechazo.
De ahí que no me parezca lícito suponer que, en el momento
de la polarización, por razones de violencia extrema, se hubiese
decantado hacia un bando u otro, puesto que todo son meras especulaciones,
que (...) no pueden pasar de ser lo que son (...) No he podido hallar
ni tan siquiera indicios razonables de cuál hubiese sido su postura
(...) Lo difícil es saber hacia dónde se hubiese encaminado:
lo inapelable es que el 24 de diciembre de 1935 murió un conceptista’.
Conclusiones
Tras leer cuanto han dicho unos y otros al respecto, es para preguntarse
si quienes sostienen tesis tan opuestas han leído los mismos
textos de Sijé. Llama poderosamente la atención lo poco
contrastadas que son algunas críticas y el carácter interesado
y tendencioso de las mismas, no contándolo todo. Muchas están
marcadas por el momento político en que se vertieron. Otras se
contradicen a menudo. En algunos casos, todo esto ruboriza todavía
más, si se tiene en cuenta su autoría, ya que a quienes
las firman se les supone, o se les debe suponer, dada su trayectoria
profesional, un rigor exquisito. Pero lo más grave de muchos
trabajos sobre Sijé es que sus autores no han bebido en fuentes
directas, como su archivo o sus publicaciones en la prensa de la época,
que debe ser el primer mandamiento de todo investigador. Muy al contrario,
se han basado en trabajos ya publicados, arrastrando no sólo
algunas erratas, sino también las informaciones sesgadas o no
demostradas que contenían éstos. Además, también
se echan en falta estudios que intenten dar una imagen global del ensayista
oriolano. Todo ello ha contribuido a crear, intencionadamente o no,
con el paso del tiempo, la aureola de tópicos negativos y en
su mayoría malintencionados que han rodeado y rodean a Ramón
Sijé, al que no ha habido conveniente en estigmatizar -lo más
fácil y recurrente-, sin importar las consecuencias de ello,
sobre todo si se trataba de dar más realce al cambio político
experimentado por Miguel Hernández, como sostiene Muñoz
Garrigós, el crítico más tenaz de Ramón
Sijé. Y generalmente también se ha estigmatizado a Orihuela,
donde, pese a lo dicho, un pequeño movimiento obrero fue calando,
gracias a la labor del semanario local Renacer, en la sociedad oriolana,
rompiendo el bloque monolítico secular de las derechas oriolanas
hasta llegar a una cierta polarización, que contribuyó
a la instauración de la II República.
Antonio
Peñalver
BIBLIOGRAFÍA
a)
Libros, revistas y artículos
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Sijé, Orihuela, Universidad de Murcia y Caja Rural Central
de Orihuela, 1987.
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Sijé, Almería, edición del autor,1985.
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1987.
b)
Periódicos
- El Pueblo de Orihuela (1924-1931, Orihuela), Actualidad
(1928-1931, Orihuela), Renacer (1929-1931, Orihuela), Voluntad
(1930, Orihuela), Destellos (1930-1931, Orihuela), El Clamor
de la Verdad (1932, Orihuela) y Acción (1935-¿?,
Orihuela).
Antonio
Peñalver
RAMÓN
SIJE EN TESTIMONIOS
En el septuagésimo aniversario de su muerte (1935-2005)
(2ª parte)
‘Su
vida ha sido precipitada, tormentosa y luminosa como el rayo y, como
la del rayo, ha buscado precipitadamente la tierra’
Miguel Hernández
El
homenaje a Gabriel Miró
Otro hecho de trascendencia innegable en la vida de Sijé fue
el descubrimiento del busto de Gabriel Miró en el transcurso
de un homenaje, realizado a impulsos de un grupo de jóvenes oriolanos.
José Marín fue parte del comité ejecutivo y ‘quien
lo organizó todo’ -como recordaba Augusto Pescador-. Este
acto se celebró en la glorieta oriolana el 2 de octubre de 1932.
Tras invitar a personajes importantes del panorama literario nacional,
que declinaron el ofrecimiento por diferentes motivos, asistió
finalmente a este acto Ernesto Giménez Caballero, quien tenía
relaciones amistosas con Sijé y era entonces director de la revista
madrileña La Gaceta Literaria. Caballero ya se sentía
atraído entonces por posturas políticas de corte fascista
italiano, pero, según Garrigós, ‘no influyó
en el ideario político de Sijé’. El día
de este homenaje se distribuyó una pequeña revista, dedicada
toda ella a Gabriel Miró, con el sugerente título de El
Clamor de la Verdad, en la que Sijé publicó dos artículos.
El titulado ‘Gabriel, arcángel’ era la justificación
no sólo del homenaje, ‘sino también de por qué
ese grupo de jóvenes escritores se sentía tan vinculado
a Miró y, especialmente, Ramón Sijé’.

El
acto acabó con incidentes por las continuas provocaciones en
su discurso de Giménez Caballero y la respuesta de algunos de
los asistentes, como Antonio Oliver Belmás, que le replicó
en mitad del acto. La policía intervino y se llevó a comisaría
a un grupo en el que estaban Carmen Conde, Miguel Hernández,
María Cegarra y el mencionado Oliver, entre otros. Cuenta Muñoz
Garrigós que ‘conocido ya el desarrollo de los acontecimientos,
el ambiente político en que tuvo lugar la inauguración
del busto y las extrapolaciones que se hicieron de lo sucedido, no nos
puede extrañar que se hayan sacado conclusiones erróneas
acerca de la ideología política de Sijé en estos
años’.
La
mejor visión de conjunto que para el Sijé de esos momentos
se ha escrito es el artículo que le dedicó el escritor
oriolano José María Ballesteros en Diario de Alicante.
No analiza las coordenadas del pensamiento del ensayista, pero sí
resalta la autenticidad de su pluma y vislumbra lo que llegará
a ser después.
Aunque
aparecido ya en 1933, Sijé escribió también a mediados
de 1932 el prólogo a Perito en lunas, del que defiende
Muñoz Garrigós que ‘en cuanto a exégesis
se refiere, es una de las menos afortunadas creaciones de cuantas salieron
de su pluma, al menos en algunas de sus partes’. Por su parte,
Sánchez Vidal considera que ‘Sijé había
escrito el prólogo y había influido en toda la concepción
teórica del libro, lo que nos explica algunas de sus características’.
El
año 1933 es, dentro de la biografía de Ramón Sijé,
un año particularmente difícil de historiar, puesto que,
aun siendo muy corta su producción literaria, ésta aparece
lo suficientemente dispersa como para deducir que es el momento en el
que su nombre traspasa ampliamente los límites provincianos.
Sus actividades anteriores le habían permitido trabar conocimiento
con una serie de personas y grupos que le solicitarán expresamente
su colaboración.
Relación
con el grupo literario de Murcia
Con fecha 28 de enero de 1933, Sijé ofreció una ponencia
titulada ‘Conferencia ridícula’ en la Universidad
Popular de Cartagena. Su objetivo era hacer una explicación comentada
del cuaderno de poesía Perito en lunas de Miguel Hernández,
quien a continuación explicó su poema ‘ELEGÍA-media
del toro’.
Sijé
ya no publicó en el Diario de Alicante en 1933, ‘quizás
por la radicalización política que emprendió este
periódico de cara a las elecciones’, comenta Muñoz
Garrigós. El único artículo que publica en la prensa
de la capital de la provincia apareció en El Día,
dirigido por el periodista y poeta oriolano Juan Sansano, pero ‘este
periódico se enmarcaba políticamente en un derechismo
granítico’, como lo califica el mismo crítico.
Como quiera que el grupo rector de La Verdad tenía más
vocación literaria que política, era de talante más
abierto y liberal y tenía una excelente amistad con Raimundo
de los Reyes y José Ballester, Sijé se orientó
finalmente hacia el periódico murciano. La relación del
oriolano con el grupo literario de Murcia continuó en 1933. En
la página dedicada a Artes y Letras del 1 de enero de
ese año, Ramón Sijé publicó tres trabajos,
uno de ellos es una crítica al libro Espadas como labios,
de Vicente Aleixandre. Era una incursión más como crítico
literario. Como dice José Guillén, ‘con ser
importante en su vida literaria su faceta de colaborador en prensa,
hemos de admitir la supremacía de su dimensión de ensayista’.
Su
aproximación a Bergamín
Afirma José Antonio Sáez Fernández que en 1933
‘la influencia de Giménez Caballero es sustituida
por la de José Bergamín’, poeta, narrador,
ensayista y autor teatral madrileño. En el número 4, de
marzo de 1933, de la revista Isla, de Cádiz, dirigida
por Pedro Pérez-Clotet, publicó Ramón Sijé
un trabajo bajo el título ‘El héroe como concepto’,
dedicado precisamente al escritor José Bergamín. ‘¿Se
trata del primer ensayo, propiamente dicho, de Sijé?’
-se pregunta Garrigós-. Su manera de plantear, razonar y
resolver los problemas que aborda sigue siendo desde el principio la
misma; sí ha cambiado la extensión y también el
soporte, por cuanto ya no escribe en diarios sino en revistas literarias
y de pensamiento’. Si se acepta que en virtud de estas variantes
entra uno en el campo del ensayo y abandona el del periodismo, ‘hay
que aceptar que este puede ser el primer ensayo de Sijé’.
La primera carta de Bergamín a Sijé fue de 1 de septiembre
de 1993, aunque en ella se hace referencia a un anterior intercambio
epistolar entre ellos. Quizás Juan Guerrero Ruiz fue la clave
en el inicio de sus relaciones.
En
abril de 1933, leyó una conferencia titulada ‘El sentido
de la danza. Desarrollo de un problema barroco en ‘Perito en lunas’
en el Ateneo de Alicante. El mismo acto es repetido en la Universidad
Popular de Cartagena por invitación de Antonio Oliver Belmás.
Mientras, en el apartado académico, ese año obtuvo un
sobresaliente y tres matrículas de honor en la Universidad.
Discrepancias
con Giménez Caballero
En 1933 prosiguieron sus relaciones con Giménez Caballero, a
raíz de que éste decidiera estudiar Derecho como alumno
libre en la Universidad de Murcia. Hay unas cartas de Giménez
a Sijé, en las que se puede calibrar el talante político
del oriolano: el 10 de octubre de 1933, Caballero comunicó a
Sijé que Gil Robles había decidido presentarlo como candidato
de la CEDA por la demarcación de Murcia en las elecciones del
19 de noviembre, solicitando del oriolano ayuda para su campaña
electoral. Una segunda carta de Caballero del 17 de octubre demuestra
con bastante claridad que en la primera respuesta de Sijé debió
haber una serie de objeciones muy serias, a las que el madrileño
se vio obligado a contestar con mucha precisión. Afirma Muñoz
Garrigós que ‘a Sijé no sólo no le parecía
bien el Bloque Derechista, sino que tampoco aplaudió la presentación
de su amigo (...) Sijé no movió un solo dedo por el triunfo
de su condiscípulo y amigo’.
Escribe
en ‘Cruz y Raya’
Dice el oriolano Manuel Martínez Galiano, licenciado en Derecho
y Filosofía y Letras, que ‘conforme se iba completando
su formación cultural, iba apareciendo en él su verdadera
dimensión literaria como ensayista’, reflejada en
sus trabajos ‘El golpe de pecho o de cómo derribar
al tirano’ y ‘San Juan de la Cruz. Selección
y notas’, publicados ambos en Cruz y Raya, dirigida
por José Bergamín. Precisamente la última publicación
de ese año de Sijé apareció en esta revista madrileña
-la antología comentada de San Juan de la Cruz- por sugerencia
del propio director de esta revista. Pasadas las Navidades de 1933,
Sijé marchó a Madrid y, en su cartas a la familia, cuenta
sus visitas y contactos, especialmente con Bergamín.
Por
otra parte, en 1934, José Marín formó parte de
la comisión organizadora de la Asociación de Asistencia
e Higiene Social de Orihuela, entidad benéfica.
Funda
y dirige ‘El Gallo Crisis’
Un año clave en la vida de Sijé fue 1934. A mediados del
mismo se hizo realidad uno de sus sueños: fundar y dirigir una
revista propia de catolicismo positivo, El Gallo Crisis, que
era ‘una derivación de la madrileña Cruz y Raya’,
como apunta Muñoz Garrigós. Es en un muchacho de veintiún
años como Sijé donde nace la idea de una revista, literaria
y de pensamiento, una revista neocatólica, ‘que hizo
arrugar el entrecejo de algún que otro teólogo recalcitrante’,
comentó Martínez Arenas, mientras que José A. Sáez
Fernández señala que ‘Sijé se convierte
así en combatiente por el catolicismo en medio de la efervescencia
republicana (...) Sufre un proceso progresivo de radicalización
de sus posturas ideológicas, fuertemente individualistas y personalizadas’.
Ya
no se trata de pequeños escarceos de prensa local, sino una revista
claramente dirigida a las minorías intelectuales de Orihuela
y a los grupos más o menos afines con los que él ya había
entrado en contacto. La revista fue obra personal suya. Integraron el
comité de redacción Juan Colom, Buenaventura de Puzol,
Juan Bellod, Jesús Alda Tesán, José María
Quílez y Tomás López. Cuenta el propio Juan Bellod
que fue ‘el alma, creador y realizador de El Gallo Crisis’,
así como ‘estrella de la tertulia trisemanal’
que hacía con todos ellos. Para Alda Tesán, Sijé
fue el fundador, director ‘et omniperitus’ de la
revista. El nacimiento de la revista se debió única y
exclusivamente al empeño y a la dedicación de Ramón
Sijé, cuya ‘pasión por el conceptismo y las
técnicas barrocas, su devoción por Eugenio D’Ors
y José Bergamín, le sumergen en la ebriedad creativista
cuando ensaya sus textos críticos’, según Cecilio
Alonso.
Sus
fricciones con Giménez Caballero
El aire bergaminesco de la revista molestó a Giménez Caballero,
quien en febrero de 1934 le dijo a Sijé: ‘¡Que
su Gallo Crisis no sea tan miserable’!. Apunta Muñoz
Garrigós que ‘no se trata de un deterioro progresivo
ni de las relaciones ni de la amistad entre ambos, sino de un continuo
no ir de acuerdo en nada de lo que se plantea entre ambos’.
El 19 de abril de ese año escribía de nuevo Giménez
Caballero: ‘Gallo Crisis va a ser una revista más minoritaria,
gongorista, conceptista, con aire bergaminesco de cara y cruz. Lo siento.
Ustedes (..) debían ir por un sendero más claro, rotundo,
popular, ardiente, inteligible a las masas. Pero no es así’.
Opina Muñoz Garrigós que Sijé hizo nulo caso a
estas observaciones y además ‘le responde con la apostilla
contra Falange que aparece en el primer número de El Gallo Crisis
que, a mi juicio, es un no categórico a seguir el camino que
Giménez Caballero le insinúa para hacerlo desembocar en
Falange y no una simple recriminación, como afirma Cecilio Alonso
y quienes sostienen el carácter fascista de la ideología
sijeana’. Agrega Muñoz Garrigós que ‘El
Gallo Crisis nació ya dentro de la misma línea ideológica
que Cruz y Raya’.
Influencia
en Miguel Hernández
El ya citado Agustín Sánchez Vidal se aventura a sostener
que en los años 1932 y 1933, ‘había empezado
a influir sobre Miguel de modo decisivo uno de los protagonistas de
nuestro trabajo, el también oriolano José Marín
que (...) mantuvo en su corta vida una intensa actividad intelectual
de grandes pretensiones especulativas, lo que lo convirtió por
algún tiempo en una especie de mentor teórico de Miguel
Hernández (...) La poesía que escribe Miguel Hernández
desde ‘Perito en lunas’ hasta ‘El rayo que no cesa’
está plagada de simbologías religiosas de influjo sijeano
que penetra abundantemente en su poesía amorosa, como se ve sin
más que examinar los títulos de los dos borradores de
‘El rayo que no cesa’: ‘El silbo vulnerado’
e ‘Imagen de tu huella’, basados ambos en versos de San
Juan de la Cruz. Es en esta ‘contaminación’ religiosa,
represora y tan ajena al vigoroso panteísmo hernandiano, lo que
malogra, en cierto sentido, ‘El rayo que no cesa’, y hace
caer a Miguel Hernández en los módulos del petrarquismo’.
‘PROFECIA-sobre
el campesino’, incluida en El Gallo Crisis, se basa
para el crítico anterior ‘en una de las tesis típicamente
sijeanas: frente a la reforma agraria laica, él propone una reforma
agraria religiosa: lo que ha de hacer el campesino es ocuparse de la
tierra con amor, considerando, que, al laborar el pan y el vino, tiene
el privilegio de trabajar a Dios, al ser éstas las especies eucarísticas’.
Otra composición clave para Sánchez Vidal es ‘LA
MORADA-amarilla’ donde ‘insiste en los mismos conceptos,
sólo que el componente político está aún
más acusado, ya que Hernández termina el poema invitando
a Castilla a emprender la recuperación de sus destinos católico-imperiales’.
Opinión
paradigmática es la de Vicente Ramos para quien Sijé ‘hombre
de excepcional talento, clarísima y rápida intuición,
fabulosa asimilación y asombrosa capacidad intelectual’
fue ‘el verdadero revelador de la gigantesca personalidad
poética de Miguel Hernández, y no sólo descubridor,
sino su guía, su Virgilio, su hermano espiritual’.
Según Antonio Luis Galiano, ‘no dudo en pensar que
difícilmente se puede estudiar a Miguel Hernández sin
conocer la tremenda influencia humana y teológica de Sijé’.
Opina
Eutimio Martín que ‘si Virgilio hubiera sido efectivamente
Sijé para Hernández (...) le habría fijado como
meta literaria e ideológica asegurar el relevo de Gabriel y Galán.
E intelectualmente lo tenía predestinado a la mísera condición
de acólito de una permanente ceremonia de la teocracia en la
que él, ramón Sijé, oficiaba como Sumo Sacerdote
(...) aprovechándose de su ascendiente socio-cultural sobre Miguel
Hernández (...) le contagió su ideología ultraconservadora.
Cuando Miguel Hernández se apercibió de que por la vía
del nacional-catolicismo se negaba a sí mismo, como hombre y
como escritor, rompió para siempre con amigo de tan nefasta compañía’.
Inspiradores
religiosos de Sijé
El pensamiento católico-reformista de Ramón Sijé
no solamente procede de Peter Wust, sino que los nombres de Maritain
y con él los de quienes integraban el grupo de neotomistas franceses,
y de Romano Guardini, entre otros, han de figurar en la nómina
de las vinculaciones europeas de Sijé. ‘Católico
de raza y católico después por reflexión, hizo
de la Religión una disciplina del pensamiento’. Así
le definía su amigo Jesús Alda Tesán, mientras
que Manuel Molina escribió: ‘hombre de fe auténtica,
había calado hondo en los Evangelios y sentía que la esencia
del cristianismo no caducaría jamás. Sabía que
esas fuentes de verdad remozarían nuestra experiencia y defendía
esta hermosa causa contra los fariseos de dentro y los ignorantes de
fuera que pretendían destruirla’.
La
ruptura con Bergamín
En octubre de 1934, en el número 19 de Cruz y Raya,
publicó el ensayo ‘El golpe de pecho, o de cómo
no es lícito derribar al tirano’. Después,
aparecieron en la misma otros dos ensayos realmente magníficos:
‘La novela de Belén’ y ‘El Comulgatorio
Espiritual’. Al final, la línea de El Gallo Crisis
motivó la ruptura entre Ramón Sijé y Bergamín.
A la vista del silencio de Cruz y Raya, no sería extraño
que muchos de los ‘Picotazos’ del gallo -así
se llamaba una sección de la revista- fueran contra Bergamín.
El 14 de agosto de 1935, en una carta a Manuel de Falla, decía
Sijé: ‘mi amigo y enemigo José Bergamín
ha dicho en Madrid que El Gallo Crisis es el tumor que le ha salido
a Cruz y Raya’.
El
año 1935, último de su vida, debió ser particularmente
difícil para Sijé, sobre todo en el plano personal: a
los disgustos con Bergamín y a los más dolorosos para
él con su amigo Miguel Hernández, hay que añadir
el duro trabajo en la revista, la frialdad o rechazo que había
mostrado un sector de la intelectualidad madrileña hacia su revista
de pensamiento, las prisas en acabar su ensayo sobre el romanticismo
y la breve enfermedad que acabó ocasionándole la muerte.
Ensayo
sobre el romanticismo
Su ensayo sobre el romanticismo, bajo el título ‘La
decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. Ensayo
sobre el romanticismo histórico en España’ (1830-Bécquer)’,
es su único libro. Su edición se retrasó hasta
1973. Es ‘su obra más trabajada de todas’,
afirma Martínez Galiano, mientras que los profesores Guillén
y Muñoz Garrigós apuntan que ‘este trabajo,
el más extenso de cuantos escribiera, supone la culminación
de todo el quehacer crítico disperso en las páginas de
El Gallo Crisis y de otras publicaciones’. La circunstancia
dramática de hacer terminado su redacción poco antes de
morir le confiere un gran valor como síntesis del pensamiento
del autor en cuanto se refiere a formación intelectual y estimación
de determinados autores. Muñoz Garrigós opina que ‘esta
obra suya ya supone la culminación de una serie de rasgos, ideológicos
y estilísticos, presentes en él desde casi los comienzos
de su actividad literaria. A esta situación ha llegado, sola
y exclusivamente, a través de un esfuerzo intelectual ininterrumpido,
un estudio constante’. Cecilio Alonso califica este ensayo
como ‘bandera de combate para 1935. Sijé servía
al conservadurismo’, pero después añade que
‘tal vez sin proponérselo’. En diciembre
de 1935 presentó el ensayo mencionado al Premio Nacional de Literatura,
pero fue rechazado por caer fuera de los moldes exigidos por el tema
del concurso.
Su
polémica con ‘Nueva Poesía’
‘Comedido y metódico, aparentemente frío y calculador,
era de una apasionada viveza cuando la ocasión le impulsaba a
exponer o defender sus puntos de vista sobre cualquier tema puesto en
debate’, dice Manuel Molina. Esto le ocasionó algunos
problemas. Ese mismo año realizó unas declaraciones a
la revista Isla, de Cádiz en las que, entre otras cosas,
habla de Gustavo Adolfo Bécquer y se muestra al margen de la
nueva literatura y de los movimientos poéticos de vanguardia.
Los dos últimos meses superan el nivel conflictivo de los anteriores,
como consecuencia de la virulenta polémica con los componentes
(Juan Ruiz Peña, Luis Pérez Infante y Francisco Infantes)
del grupo sevillano de Nueva poesía, surgida a raíz
de sus palabras en la revista de Pérez-Clotet. Sijé respondió
a estos ataques desde el periódico madrileño El Sol.
Premio
Extraordinario de Licenciatura
Enmarcada por la publicación de su revista, está la culminación
de sus estudios de Derecho, final que aligera todo lo que puede, y así,
entre junio de 1934 y enero de 1935, termina las seis asignaturas que
le separaban del final de su carrera con tres matrículas de honor
y tres sobresalientes. ‘De su formación académica
sólo creemos necesario decir, que cada maestro le creyó
siempre un especialista’, afirmó Augusto Pescador.
Por su parte, Juan Bellod Salmerón, ex compañero en El
Gallo Crisis, apuntaba en 1987 que ‘su portentosa potencia
intelectiva y su asombrosa capacidad de asimilación serían
para mí inconcebibles si no los hubiera constatado en él.
Podía a la vez estar estudiando un texto o escribiendo un artículo
o ensayo y elaborando al mismo tiempo otra obra o idea en su increíble
mente. Por eso, en el enlucido de yeso sobre el que se adosaba su sencilla
mesa de trabajo, aparecían palabras clave, notas o anagramas
que escribía allí para desarrollarlos, como así
hacía, una vez finalizado el estudio o trabajo que le tuviese
ocupado (...) Era un ser increíblemente superior y paralelamente
humilde’.
Según
Muñoz Garrigós, no hay certeza sobre dos viajes de Sijé
a Madrid en diciembre de 1935, como se desprende de los testimonios
de Juan Guerrero Ruiz y María Zambrano. El primero de ellos,
en el pésame a los padres de Sijé por su fallecimiento,
alude a que Pepito Marín había estado en Madrid unos veinte
días antes, pero él no lo pudo ver: ‘si estuvo
realmente o si a Guerrero le dijeron que iba a ir, y él pensó
que de verdad había ido, aunque no lo hiciera, es algo que, de
momento, no puedo precisar’. Después, Zambrano dice
que Sijé murió en el momento mismo en que se disponía
a tomar el tren para ir a Madrid de visita, que Miguel lo esperó
en la estación y siguió esperándolo todo el día,
y que ella esperó a los dos aquella tarde navideña. Para
Muñoz Garrigós, es ‘poco probable que en el
mismo mes fuese dos veces a Madrid con su poco saneada economía.
De referirse ambos testimonios a un mismo desplazamiento, cosa que me
parece más probable, el testimonio de María Zambrano demuestra
que no lo hizo’.

Su
inesperada muerte
Poco antes de morir, obtuvo el Premio Extraordinario de la Licenciatura.
Tan intensa actividad le agota. Hacia el 13 o 14 de diciembre entró
en cama aquejado de un ligero malestar de estómago. Su muerte
acaeció el 24 de diciembre de 1935 en la casa donde había
nacido. A las once de la noche falleció de septicemia al corazón,
tras la toxi-infección intestinal que lo retuvo en cama apenas
diez días. Junto a sus familiares, le acompañaron en el
último momento el reverendo P. Carrió y el escritor José
María Ballesteros. En su entierro, se disputaba el pueblo el
peso de su cuerpo en el ataúd. Como relataba el periódico
oriolano Acción, el triste suceso de dar sepultura a
Ramón Sijé ‘constituyó una imponente
manifestación de duelo reveladora de las simpatías y de
la admiración con que contaba el inolvidable Pepe Marín
en su ciudad natal’.
Las
circunstancias del fallecimiento han sido narradas por Vicente Ramos,
para quien ‘fue un héroe y resistió mientras
pudo a pie firme las violentas tempestades que se organizaron y chocaron
de continuo entre su corazón y su cerebro. Pocos hombres han
vivido una vida interior tan intensa y sangrientamente volcánica
como Ramón Sijé’. Por su parte, Manuel Molina
manifestó que la lucha por la doctrina católica ‘agotó
su frágil fortaleza’ , mientras que José María
Quílez, notario y financiador de El Gallo Crisis, dijo que
‘ha muerto a punto de madurar los frutos, precozmente sabrosos,
de su ingenio privilegiado, en vísperas, quizás, de la
consagración oficial de su nombre y de su obra’. Según
Juan Bellod, ‘su poderoso espíritu, su sobrehumana
y constante tensión, ‘fundió’ los plomos de
su humanidad corpórea y murió a los veintidós años,
lleno de plenitud y madurez, cuando la mayoría de los humanos
comenzamos a abrir los ojos’.
El
dolor de Miguel Hernández
Desde el punto de vista literario, la consecuencia más importante
de este hecho fue la elegía que le dedicó Miguel Hernández,
gracias a la cual el nombre de Ramón Sijé ha penetrado
en todos los rincones del mundo. Es universalmente conocido Sijé
por la ‘loca elejía’, en palabras de Juan Ramón
Jiménez, que Miguel dedicó a su ‘compañero
del alma’ con motivo de la temprana muerte del amigo-hermano.
Antonio Luis Galiano considera que Sijé ‘hubiera permanecido
en el anonimato si no hubiera sido por la dedicatoria introductora en
la elegía del poeta oriolano. Sijé no hubiera apenas traspasado
el umbral de lo local y lo provincial, a no ser por dicha rabiosa, resentida
y dolida elegía’.
Cuando
Sijé muere, su relación con Miguel estaba deteriorada.
La historia de las relaciones Neruda-Hernández fue la causa de
las discrepancias entre los oriolanos. Sánchez Vidal las sitúa
en el marco de lo religioso y de lo estético. Muñoz Garrigós
dice que hasta mediados de 1935, Sijé intentó hacer reflexionar
a Miguel por carta, ve que no lo consigue y, aunque el poeta le sigue
escribiendo, él hace un montón silencioso de cartas incontestadas.
A pesar de ello, es Miguel el que confiesa haberse ‘conducido
injustamente con él en estos últimos tiempos’.
El
propio Miguel escribía en 1936 en La Verdad, de Murcia: ‘¿Es
cierta su muerte? Es la primera que me hace llorar aún dormido.
Uno de los lados más escogidos de mi corazón se ha quedado
como un rincón vacío (...) Orihuela ha perdido su más
hondo escritor y su más despejado y varonil hombre’.
Señala Martínez Galiano que ‘Miguel Hernández
intentó recoger sus escritos para su publicación, pero
la guerra española impidió a Miguel realizar este homenaje
póstumo a su hermano’. José María Ballesteros,
que le acompañó en los últimos instantes de su
vida, escribió en La Verdad, de Murcia, el 28 de diciembre de
1935: ‘La hora de la consagración de Sijé como
escritor no necesitará como condición precisa la de saltar
la valla de su vida corporal. El despejo de su inteligencia, su voluntad
y su buena estrella serán acicates que harán pueda saborear
(...) las halagadoras caricias del triunfo (...) Ramón Sijé
triunfó como escritor. Y también como hombre, pues dejó
tras de sí una estela brillante de ejemplaridad. Sirva el recuerdo
de su figura como espejo en donde se miren las juventudes venideras’.
Por
su parte, Eutimio Martín escribió que ‘la muerte
brutalmente súbita del joven Sijé (...) provocó
un caudal irrestañable –aún hoy día- de delirio
laudatorio que más tiene que ver con la mística que con
la crítica literaria’. Carmen Conde dijo ‘Gabriel
Miró se ha muerto otra vez’.
La
figura de Sijé tras su muerte
Hasta 1973 los escritos de Ramón Sijé no fueron conocidos
más que por un estrecho círculo de allegados, paisanos
suyos, como apunta Eutimio Martín. Ese año el Instituto
de Estudios Alicantinos publicó el ensayo, hasta entonces inédito,
‘La decadencia de la flauta ...’ y el Ayuntamiento
de Orihuela publicó la edición facsímil de la revista
El Gallo Crisis a cargo de José Muñoz Garrigós,
quien editó también en 1987 una recopilación sobre
la vida y el resto de la obra del autor, dispersa en periódicos
y revistas, la mayoría locales y regionales. Un poco antes, en
1985, José A. Sáez Fernández publicaba una colección
crítica de textos sobre Ramón Sijé.
Juicios
sobre Sijé
La muerte, excesivamente temprana de nuestro autor, le impidió
llegar a escalar un puesto de categoría nacional en el concierto
de los escritores españoles. ‘Sólo veintidós
años se mantuvo en el tiempo esta existencia realmente extraordinaria.
Asombra, en verdad, cómo, en tan breve tiempo, José Marín
alcanzó tan alto grado de sabiduría y tan elevado nivel
artístico’, afirma Vicente Ramos. Según Carmen
Conde, ‘fuera de Orihuela, no se habría muerto tan
joven Ramón Sijé: le faltaba salud para vencer a la ciudad
e independizarse (...) Desde que le oí hablar en Sierra Espuña
con Antonio Oliver Belmás comprendí su próxima
muerte’. Para Antonio Oliver Belmás, ‘hemos
perdido con su tránsito una figura de la gran crítica
literaria española’. Pese a vivir tan poco tiempo,
el nombre de Ramón Sijé ha pasado a la inmortalidad literaria
gracias a su obra. Apunta Ramos que ‘de un cristianismo ardiente,
juvenil y entrañado, Ramón Sijé luchó por
una catolicidad desnuda, limpia, en tensa vigilia ascética, totalizada
en la perfecta encarnación del hombre nuevo del Evangelio, por
lo que aconseja a la Iglesia que se lance a la vida civil’.
Por su parte, Jesús Alda Tesán, profesor de Lengua y Literatura
españolas, escribió que ‘sus hombros se han
doblado con un escalofriante crujir de huesos bajo el peso de lo inexorable,
truncando lo que de promesa se había convertido en realidad (...)
Con esta muerte se frustraba una cimentada esperanza, se desvanecía
la promesa de un inmediato escritor de primer orden que por entonces
tensaba febrilmente sus fuerzas en los mares más engallados del
pensamiento’.
Consideraba
también el catedrático aragonés que José
Marín ‘era un reformador aconsejado por los más
hondos afanes. Excluyendo la Biblia, han sido los escritores más
profundos con meollo reformador los que se han señalado más
recientemente en su formación de hoy, Unamuno, Azorín,
Bergamín, Giménez Caballero; de ayer, Quevedo, Gracián,
Larra; de fuera, Nietzsche. Giménez Caballero habría tenido
que compartir con él la nietez del 98’. Para Eutimio Martín,
‘Ramón Sijé no perviviría hoy más
que en el nomenclátor callejero de la ciudad de Orihuela (...)
Perdió su vida en el intento, pero Miguel Hernández hizo
que no se perdiera su nombre en el olvido’.
Finalmente,
Agustín Sánchez Vidal dice que ‘aunque el influjo
de Sijé jamás llegó a ahogar el personalísimo
y potente estilo hernandiano, hay que decir que en buena parte de ‘Perito
en lunas’, en el auto sacramental, en la poesía publicada
en ‘El Gallo Crisis’ e, incluso, de forma ya difusa, en
obras más tardías, en ocasiones Hernández actúa
como portavoz plástico de algunas nociones doctrinales de Sijé’.
Para
Manuel Martínez Galiano la primera impresión que causa
la lectura atenta de la obra de Sijé es la de un sentimiento
de admiración hacia su persona, su voluntad de trabajo y su inteligencia.
‘Solamente en un ser excepcionalmente dotado podemos concebir
que en tan corto espacio de tiempo pudiera asimilar una cantidad tan
grande de conocimientos no sólo jurídicos, sino también
literarios, filosóficos, teológicos y sociales (...) Cuando
observamos su perfecto conocimiento de la literatura, de nuestros autores
clásicos -especialmente Quevedo y Gracián-, de nuestros
pensadores –Balmes, Unamuno, Ortega y Gasset, d’Ors-, de
la filosofía y teología escolástica -principalmente
de Santo Tomás-, y del pensamiento europeo moderno –Kant,
Hegel, Nietzsche, Freud, Guardini y otros tantos, no podemos experimentar
más que un profundo asombro ante su excepcional capacidad de
trabajo y ante su inteligencia’.
El
olvido de su pueblo
Pocos meses después de morir, se le dedicó a Ramón
Sijé la antigua Plaza de la Pía, cuya placa se descubrió
el 14 de abril de 1936, en un acto donde Miguel Hernández leyó
unas cuartillas en memoria de su amigo. Pero esa plaza terminó
perdiendo después el nombre del ensayista: ‘hemos perdido
con Ramón Sijé a un genial escritor, si aún temprano
de sazón, ya tardío de humanidad’. Añadió
Miguel Hernández en ese homenaje: ‘Orihuela se ha dado
cuenta a su muerte, ya que siempre es a la muerte cuando nos damos cuenta
del valor de ciertas vidas, de la grandeza del hijo que habíamos
criado sin advertirlo (...) Pueblo donde ha nacido y agonizado esta
gran criatura: todos los homenajes que le hagamos se los merece. Procuremos
que éstos resulten lo más duraderos y de verdad y lo menos
teatrales y de relumbrón (...) Ramón Sijé verá
desde la tierra que ocupe lo que hagamos por él, y juzgará
desde su sombra’.
Miguel
demostró ser muy confiado en el agradecimiento de sus conciudadanos
para con Ramón Sijé. Actualmente sólo dos calles,
por cierto nada significativas en el entramado urbano de Orihuela, están
relacionadas con su figura -una lleva su nombre y otra el de su revista
El Gallo Crisis- en medio de un olvido generalizado en la misma
ciudad, porque ya no hay ni un busto, ni una plaza, ni un premio literario
dedicado a su persona, ni un acto o jornadas anuales que lleven su nombre,
ni un centro docente o cultural dedicado a este ensayista ... Sin duda,
muy pobre tributo de la ciudad de Orihuela hacia uno de los hijos que
más nombre le ha dado.
Antonio Peñalver
BIBLIOGRAFÍA
a)
Libros, revistas y artículos
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Sijé, Orihuela, Universidad de Murcia y Caja Rural Central de
Orihuela, 1987.
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b)
Periódicos
- El Pueblo de Orihuela (1924-1931, Orihuela), Actualidad (1928-1931,
Orihuela), Renacer (1929-1931, Orihuela), Voluntad (1930, Orihuela),
Destellos (1930-1931, Orihuela), El Clamor de la Verdad (1932, Orihuela)
y Acción (1935-¿?, Orihuela).