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ABELARDO L. TERUEL

HOMENAJE:ALBERTO SÁNCHEZ

 

 

 

ABELARDO L. TERUEL


Abelardo Lorenzo Teruel y Rebollo nació en Orihuela el 5 de agosto de 1878. Su padre tenía una armería en la Plaza Nueva. Abelardo, que era el segundo de tres hermanos, estudió en el Colegio de Santo Domingo y cursó luego el Peritaje Mercantil. Unos tíos suyos le ofrecieron el puesto de cortador y encargado de una camisería muy acreditada que poseían en Alicante, e incluso prometieron dejársela en herencia, pero pocos meses después renunció a su trabajo, porque, según dijo a sus padres, él no había nacido para el comercio, sino para las letras.

Perteneció a la generación de periodistas alicantinos de las primeras décadas de nuestro siglo. Desde muy joven, había ya mostrado su vocación de escritor, colaborando en diversos periódicos de su ciudad natal. Pero, a pesar de su fuerte convicción, decidió ingresar en la Delegación de Hacienda de Alicante, donde permaneció toda su vida como funcionario, llegando incluso a ser Administrador de Propiedades.

Abelardo L. Teruel fue un prolífico escritor. Cultivó tanto la novela como el teatro y la poesía, despertando elogios y admiración en sus coetáneos. Alguno de ellos, como es el caso de Ernesto Mendaro, afirmaría de él que “Teruel escribe como cantan los pájaros: espontáneamente”.

Pero, aún así, fue ante todo periodista. Durante más de cincuenta años entregó al periodismo una dedicación fiel y continua. En su ciudad natal dirigió los semanarios Heraldo de Orihuela y La Revista, y en la capital de la provincia, el semanario festivo Alicante Alegre y el Diario Demócrata. También fue director y propietario de El Eco de Levante. Fueron miles los artículos que escribió a través de cincuenta años de actividad periodística en treinta publicaciones distintas.

Además, su presencia espiritual es visible en la generación olecense de 1930, que correspondió con muestras de cariño y respeto al que siempre llamaron maestro. En este sentido, es prueba elocuente el artículo “Tríptico de hombres vivos y muertos. Yo, Miró y don Abelardo”, en el que su autor, Ramón Sijé, equipara a Teruel con “un personaje de la caída España del Conde-Duque, retratado en un cuadro de don Diego de Silva y Velázquez”. Sijé tomó buena nota de los consejos del maestro. Frases como “sé independiente”, “aléjate de la política” o “el arte es bello, la política, mala”, calarían en gran medida en ese gran escritor que también fue José Marín. Pero, sobre todo, nunca olvidó la recomendación que le hizo en torno al futuro de su amigo del alma: “Alentad a Miguel Hernández, ese pastorcillo que lleva dentro un poeta”.

Sus poesías, de tono serio o festivo, aparecieron en algunas de las citadas publicaciones, pero nunca llegó a recogerlas en un libro. Con algunas de ellas consiguió varios premios en diversos Juegos Florales.

En 1908 publica una novela de corta extensión titulada La riá, y ya no vuelve a incidir en el género narrativo. En ella, podemos encontrar fieles estampas acerca de las costumbres de la comarca oriolana. Una “novela de costumbres locales”, según la subtitula el autor. Y, en efecto, su exponente máximo es el localismo, con el empleo de muchos vocablos y giros del habla popular.

Por el contrario, su producción dramática es relativamente abundante. Nuestro escritor sobresalió también en el teatro, de cuyo género nos ha legado comedias, juguetes cómicos, monólogos y zarzuelas. Es obligado hacer especial mención al monólogo “El primer beso”, galardonado con los Juegos Florales que convocó y celebró el Ateneo alicantino en 1904. Otros títulos significativos son “El memorialista” y las obras escritas con la colaboración de Eduardo García Marcili tituladas “The Alicant Biograph”, “Máscaras y mascarones” y “Tinta china”. Sigue una corriente muy usada en su época, que casi siempre alcanzaba el favor del público. Su teatro se acerca también al costumbrismo que imperaba entonces, que combinaba lo alegre y lo sentimental con tipos muy caracterizados. Un teatro, en suma, para divertir casi siempre, para emocionar alguna vez que otra y nunca para suscitar preocupaciones ni complejidades.

Desde sus primeras composiciones poéticas, que recogen ecos del último romanticismo, su poesía está salpicada de temas circunstanciales, o intrascendentes, que recogen la influencia del costumbrismo. Muy alabada fue su poesía de naturaleza folclórica, la composición “A ver las hoguericas. Amos p’allá”, publicada el 22 de junio de 1931, en la que se manifiesta la dolorida y reciente imagen de conventos e iglesias en llamas. Comienza así:

Mi apreciable güen amigo / paisano Pepico el Chepa: / M’alegraré c’al resibo / d’estas mis cortiquias lletras, / sus encontréis mayormente / tan güenos tu y la perpetua, / al igual que los chiguitos / y talmente toa la recua / c’haiga salú y Republica / y respeto pa la Iglesia”.

La especialidad que más asiduamente cultivó fue la crónica, en todas sus variedades, aunque también escribió artículos de carácter ideológico y literario. Rehuyó la política, pero, en ocasiones, tuvo que dedicarle su atención como articulista. Su lenguaje, bastante correcto, sólo es retórico en el nivel mínimo con que había de rendir tributo al estilo de la época.

Abelardo Teruel falleció en Alicante el 5 de diciembre de 1944.


Mariló Avila
Goretti Aldeguer


 




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HOMENAJE

ALBERTO SÁNCHEZ

Nace el 8 de abril de 1895 en Toledo, segundo de una familia de seis hermanos. El padre es panadero y la madre sirvienta. Durante su adolescencia trabajará como porquerizo y como ayudante de un carretero que reparte pan por los pueblos de Toledo.

Por quiebra del negocio, la familia se traslada a Madrid, pero él se queda en Toledo trabajando como ayudante en una herrería. Comienza a manifestarse su vocación artística y sueña sus primeras obras, concebidas como monumentos públicos.

En 1907 la fragua le daña la vista y marcha a Madrid. Entra como aprendiz en el taller del escultor-decorador José Estanys. Y comienza a trabajar por las noches como panadero. Ingresa en las Juventudes Socialistas, donde conoce a Francisco Mateos y se afirma su decisión de convertirse en artista. Visita asiduamente los museos de Madrid.

Alberto y Mateos se reúnen habitualmente en el Círculo Socialista del Sur, allí conciben proyectos de arte ceremonial de agitación y propaganda, y una vanguardista Casa del Pueblo.

En 1915 realiza un viaje a Lisboa en compañía de Mateos. En Madrid contemplarán una exposición con obras cubistas de María Blanchard y Diego Rivera, que es la primera manifestación plástica de vanguardia acontecida en Madrid.

Entre 1917 y 1920, cumple servicio militar en Melilla. Allí realiza sus primeras esculturas, todavía naturalistas, y expone algunas de estas obras en una tienda de campaña del Regimiento.

A su regreso a Madrid, vuelve al trabajo de la panadería. La Escuela de Artes y Oficios le niega el acceso. Realiza murales políticos y pasa largas horas dibujando en el Gran Café de Oriente, y en la Puerta de Atocha, donde traba una estrecha amistad con el pintor uruguayo Rafael Barradas. Este encuentro constituye un hito fundamental en la vida de ambos artistas, ya que Alberto lo reconocerá como su iniciador en las artes plásticas. A partir de este momento, Alberto comienza a establecer contacto con los círculos intelectuales y artísticos madrileños. Realiza sus primeras ilustraciones para las revistas Alfar y Ronsel.

Participa en el Salón de Otoño (1924), con cuatro dibujos. Se multiplican sus conexiones con los círculos culturales madrileños (Abril, Garrán, Lacasa, Lorca, Dalí, Maruja Mallo, Cansinos Assens, Ferrant, Maroto...)

También participa en la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos (1925) con nueve esculturas y varios dibujos, en la que recibirá los elogios de crítica y público. Con ello se da a conocer como artista de vanguardia. Intelectuales y artistas postulan para que se le conceda una ayuda que le permita dedicarse plenamente a la escultura. La Diputación toledana le concede una beca que le será renovada durante los tres años siguientes. Tras la diáspora de artistas de vanguardia que se produce después de los Ibéricos se queda relativamente aislado en Madrid.

En 1926 realizará la primera exposición individual en el Ateneo madrileño (Dibujos y apuntes para esculturas). Por estas fechas, conoce al escultor canario Francisco Lasso en el Café de Oriente, manteniendo con él una relación maestro-discípulo. Ambos recorren los alrededores de Madrid, buscando motivos de inspiración en suburbios y campos.

Participa en el Concurso Nacional de Escultura (1927) con un boceto para un monumento a Góngora, y resulta ganador, recibiendo como premio 1000 Ptas.

En 1928 la Diputación toledana le retira la beca. Este mismo año, Benjamín Palencia regresa de París y pone en conocimiento de Alberto las novedades artísticas que ha conocido en la ciudad que sigue constituyendo el centro internacional de la vanguardia.

Alberto y Palencia participan en la exposición celebrada en el Jardín Botánico madrileño por los artistas españoles residentes en París (1929), donde Alberto expone su Bailarina, todavía cubofuturista.

En 1930 se celebra el Concurso Nacional de Escultura donde Alberto presenta el Monumento a los niños. A lo largo de este año, después de nuevos viajes de Palencia a París e Italia, podría estar comenzando lo que será una corta pero estrecha colaboración artística entre ambos. Este intercambio de formas e ideas entre Alberto y Palencia constituirá el núcleo fundamental de lo que conocemos como "Escuela de Vallecas".

Expondrán juntos en el Ateneo madrileño, en junio de 1931, en lo que representa la primera manifestación plástica documentada de la estética de Vallecas (Alberto presenta dibujos y proyectos escultóricos). En octubre, Alberto vuelve a exponer en solitario en la misma sala sus "esculturas populares", obras que ya reflejan bastantes aspectos de la mencionada estética.

Por razones de diversa índole, se producen ciertas desavenencias entre Alberto y Palencia; éste publica en solitario un libro que expresa por escrito el contenido de la poética vallecana. A finales de año Alberto dicta una conferencia en el Ateneo con su ideario artístico (el texto se publicará al año siguiente en la revista CNT). En noviembre y diciembre participa con cuatro esculturas y veinte dibujos en las exposiciones celebradas por los Ibéricos en Copenhague y Berlín.

Publica en ARTE (órgano de la reactivada Sociedad de Artistas Ibéricos) su famoso texto "Palabras de un escultor", manifiesto programático de la poética de Vallecas y contrarréplica contundente al mencionado texto de Palencia. Y participa con una escultura en el Salón de Otoño, dentro del "Grupo de Artistas de Arte Constructivo" organizado por Torres García. El escultor Díaz Yepes trabaja bajo la influencia directa de Alberto. Mientras tanto, los aspectos plásticos y poéticos de la "Escuela de Vallecas" han ido interesando cada vez a más artistas y escritores, incluso de otros lugares del Estado español.

Dentro del teatro ambulante La Barraca, Alberto realiza decorados y figurines para Fuenteovejuna. Y contratado por la compañía de Ignacio Sánchez Mejías, “La Argentinita”, realiza decorados para Las dos Castillas y La romería de los cornudos. Será nombrado profesor de dibujo en El Escorial y participa con dibujos políticos en la Exposición de la Asociación de Artistas y Escritores Revolucionarios.

En 1934 conoce a Neruda y se le encargan unos decorados para Yerma que no llegan a concluirse. Es también durante este año, cuando Miguel Hernández realiza su segundo viaje a Madrid y entabla contacto con Benjamín Palencia y posteriormente, con el resto de artistas de la llamada Escuela de Vallecas, a la que pertenecía Alberto. Ambos compartieron largos paseos y conversaciones sobre la concepción del arte y la literatura quedando patente en un escrito de Alberto. Aunque también el oriolano escribiría sobre la influencia que éste ejerció sobre él, en la prosa titulada “Alberto el vehemente”, escrita en marzo de 1935.

Será por tanto, desde mediados de 1934 hasta el verano de 1935, una gran influencia para Miguel, la Escuela de Vallecas. Según Sánchez Vidal, el oriolano solo necesitaba un eslabón intermedio entre la poesía “pura” y la revolucionaria, y la Escuela de Vallecas haría de ese “puente”. Los postulados de ésta, relativos al paisaje debieron impactarle.

Sánchez Vidal, habla en el poema “Me llamo barro”, del tono terruñero que emplea, y que es tan característico de Alberto. Y de la “Oda entre sangre y vino a Pablo Neruda” y la “Égloga” dedicada a Garcilaso de la Vega, claros ejemplos del eco “vallecano” en Miguel. Se verá también esa influencia en los “Hijos de la piedra”, con las abundantes alusiones al rayo, truenos y otras manifestaciones salvajes de la naturaleza, y la influencia de la escultura “pájaro de mi invención, hecho con las piedras que vuelan en la explosión de un barreno”, de Alberto.

Desde las páginas de la valenciana Nueva Cultura, Renau y Rodríguez Luna entablan una polémica con Alberto sobre la naturaleza del compromiso político del artista y sus implicaciones en el lenguaje visual.

En 1936 contrae matrimonio con Clara Sancha, hija del pintor Francisco Sancha, que será su compañera el resto de su vida. Publica cuatro "dibujos políticos" acompañados de textos en la revista Octubre.

Realiza una importante muestra individual (diez esculturas) en Madrid, en el local de los Amigos de las Artes Nuevas. La guerra civil le sorprende en El Escorial. Combate en el frente de Peguerinos y su familia marcha a Valencia. Un bombardeo destruye su estudio madrileño de la calle Joaquín Museo López, dañando un número indeterminado de sus esculturas y dibujos. Será evacuado a Valencia, formando parte de la caravana organizada por el 5º Regimiento. Va en calidad de profesor de Dibujo del Instituto Obrero.

Nacerá su hijo Alcaén en 1937. Colabora en labores de propaganda y en las revistas Hora de España y El Mono Azul. Realiza los decorados para Numancia y para El triunfo de las Germanías. Por iniciativa de Luis Lacasa y Josep Renau, marcha a París para participar en el Pabellón de la Exposición Internacional. Allí realiza el monolito de 11 metros situado de la entrada del Pabellón (El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella) y las estanterías donde se exponen piezas de arte popular que él mismo selecciona. Conoce a Picasso y a numerosos intelectuales y artistas franceses. Realiza bocetos para los decorados de una nueva versión de Fuenteovejuna, que no llegará a estrenarse. Regresa a España.

En 1938 abandona de nuevo España como profesor de Dibujo de los niños españoles que van a refugiarse en la URSS.

Expone las obras traídas de España en la fábrica Stalin, de Moscú. Reemprende su actividad de escenógrafo, realizando decorados y figurines para las siguientes obras: El puente del Diablo (Tolstoi, para el Teatro Kamerni de Moscú); una obra de Sender en el Teatro de Miniaturas; La zapatera prodigiosa (Lorca, para el Teatro Gitano de Moscú) y La Gitanilla (adaptación de Arconada sobre la obra de Cervantes). A fines de 1941 la familia es evacuada a la República Soviética de Bashkiria, en la que permanecerán dos años y donde Alberto realizará murales en su propia vivienda y juguetes para los niños refugiados. En 1943 La familia regresa a Moscú. Alberto pinta decorados para Bodas de sangre, del Teatro Gitano (la obra permanecerá 14 años en cartel).

Comenzará a pintar paisajes, bodegones y retratos mediante una figuración llena de ingenuismo sombrío y melancólico. Redobla su actividad como escenógrafo haciendo figurines y decorados para adaptaciones de Arconada de El sombrero de tres picos y La verbena de la Paloma, así como para Manuela Sánchez y La molinera, y dos de Lope de Vega, La dama boba y Los dos habladores, todas ellas para el moscovita Teatro Ossoaviajin. A finales de este periodo realiza también la escenografía de El alcalde de Zalamea (Calderón) y Mariana Pineda (Lorca) para el Teatro Maikovsky de Moscú.

En 1956 reemprende su actividad como escultor, que no abandonará hasta el final de sus días, con muy escasas modificaciones formales e intencionales que pueden rastrearse en sus abundantes nuevas obras: Toro y paisaje, Toros ibéricos, El cazador de raíces, Pájaro bebiendo agua, Torero, El gallo y la gallina, Monumento a la Paz… Utiliza en esta etapa con preferencia la chapa de hierro y las maderas (en ocasiones policromadas), agrupa alguna vez numerosas formas verticales, complica en ocasiones la investigación estructural pero siempre fiel a sus principios.

Durante 1957 viaja a Pekín con Luis Lacasa y trabaja como asesor en la película de Kozintsev Don Quijote. En 1958 realiza los decorados de La casa de Bernarda Alba de Lorca, para el Teatro Stanislavsky. En 1959 expone su obra escenográfica en el local de la Unión de Pintores, Escultores y Escenógrafos de Moscú.

En octubre de 1962 muere y es enterrado en el cementerio de Viedenskoye.

Entre las necrológicas que se le dedicaron destacan la de Neruda en El Nacional, de Caracas, y la de Rejano en El Nacional de México. Lo mejor que se ha publicado sobre su obra es la monografía Alberto(1964), con presentación de Peter Martín, escrita por Luis Lacasa y publicada en Budapest. Jorge Lacasa ha ordenado sus escritos en el volumen Palabras de un escultor (1975).

En 2001 el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, le dedicó una gran exposición antológica, con un muy útil catálogo. En los últimos años, su figura viene agrandándose por su prestigio entre la crítica.


Goretti Aldeguer
Mariló Ávila

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