EL
RAYO QUE NO CESA |
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MIGUEL HERNÁNDEZ.VIDA Y POESÍA.
Surgiendo de una imagen tan grácil como sugerente, Aunque cubras mi cuerpo de cerezas es el título del poemario que resultó ganador del Premio Nacional de Poesía que la Fundación Cultural Miguel Hernández convocó en 2004. Su autora, la madrileña Gracia Iglesias, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, combina esta faceta periodística con un gran amor tanto por el mundo de la poesía, como por todas aquellas actividades que tengan que ver con ella. Así, es miembro, desde 1997, de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Además, con su libro Sospecho que soy humo obtuvo el premio del III certamen de Poesía Joven Gloria Fuertes. Compagina su trabajo en una galería de arte con otras actividades como las de colaborar en la revista cultural ‘Aqueloo’. Y como prueba innegable de hasta qué punto siente la lírica como algo propio, apuntaremos que recientemente ha creado y coordinado diversos talleres de iniciación a la poesía, orientado a niños y adolescente, que han tenido lugar tanto en bibliotecas de la Comunidad de Madrid como en institutos públicos. Decía el poeta irlandés William Butler Yeats que un verso debe transmitir la sensación de haber sido fruto de un chispazo poético, pero tener detrás el bagaje de muchas horas de trabajo. Esto, precisamente, viene a suceder con las poesías de Iglesias; en apariencia sencillas e imaginativas, la simpleza que destilan los versos de Aunque cubras mi cuerpo de cerezas se nos revelará únicamente como figuradas, pues encierran una estructura perfectamente concebida y llevada a cabo. Con una sinceridad que apreciamos desde un primer momento, lo que en realidad parece exigirnos la autora es que ante esa aparente claridad, hay un trasfondo, una multiplicidad de significaciones, listas para ser extraídas de sus poemas; y esto sólo lo conseguiremos con las relecturas que el libro merece. Pues si algo destaca del poemario de Iglesias es la gran frescura, espontaneidad y transparencia que destilan esos versos. A través de las 54 poesías que componen el poemario, temas como el de la tristeza (“una lanza en la sien / que amenaza verterse en mis pestañas”), la soledad (“Me penetra el vacio”), un beso de amor puro (“caricia de avellana / que atesora mi corazón ardilla”), o, sobre todo, y sobre todas las cosas, el amor (“Vengo a entregarte mis frágiles ojos / los de abrigar inviernos / desde la madrugada que nos talló en la piedra”), se nos irán revelando, al son de las parsimoniosas estaciones por las que transita la autora, mostrando unas metáforas limpias y luminosas, tiznadas de amargura en ocasiones, de ilusión en otras, pero siempre perfectamente llevadas por el ritmo y la musicalidad que prepondera en la obra. En clara contraposición con el poemario de Sergio Oiarzabal, nos presenta una visión mucho más limpia y templada del amor, aunque no por ello exenta de sus pertinentes dosis de tristeza. Dividida en dos secciones, ‘El cuerpo’ y ‘Las cerezas’, aporta un aire fresco en cuanto a la estructuración de las mismas, pues ambas partes se encuentran libremente diseminadas a lo largo de toda la obra, y no se encuentran encajonadas en dos compartimentos estancos a modo de férreos capítulos. Hasta en la estructuración de la obra, las poesías de Gracia Iglesias se nos muestran ligeras. Además, la segunda de estas dos secciones destaca por mostrarnos los propios poemas como si de una cereza se tratase, a modo de singulares y originales caligramas. En definitiva, todo un soplo de aire fresco y renovación para el mundo de la poesía son estos poemas que destilan, todos ellos, un extraño y sobrecogedor sentimiento de extraña felicidad, aún en las poesías más sentidas.
"FLAMMIS ACRIBUS ADDICTIS".Sergio Oiarzabal
Emergiendo del mismísimo ‘Réquiem’ de Wolfang Amadeus Mozart, “Consagradas las ardientes llamas” o “Adjudicadas las vivas pasiones” es la traducción del latín que pone título a la obra que obtuvo el Premio Nacional de Poesía ‘Fundación Cultural Miguel Hernández’, en el año 2003. Con motivo de la edición de la misma que, por parte del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, ha tenido lugar durante el transcurso del presente año, le hemos dedicado, desde El Eco Hernandiano, una lectura algo más pormenorizada. Su autor, el bilbaíno Sergio Oiarzabal, no es, ni mucho menos, y a pesar de sus recién cumplidos treinta años, un recién llegado al mundo de la poesía. Así, mientras ha estado cursando sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Deusto, ha obtenido, en tres ocasiones (años 1995, 1999 y 2001) el premio de poesía ‘Iparragirre Saria’, organizado por la citada universidad. El poemario,
compuesto por un total de 43 poesías, se estructura en torno
a cinco bloques, a saber: ‘La llegada’, ‘Arcángel
de los más oscuros sueños’, ‘Versos vs. Mundi’,
‘Tentativa de la hoguera’ y ‘El destierro de la palabra’.
Unos versos que, no exentos de cierto riesgo formal, y cimentados en el uso predominante del versolibrismo, se lanzan en pos de cantar a la muerte, o la incipiente necesidad, teñida de rebeldía, de aferrarse lo más posible a una vida que se niega a dejar escapar por entre sus manos, como los granos de un reloj de arena roto. Pero, es precisamente ese uso del verso libre una de las características que más destacan, pues no se ciñe, ni encorseta, en una determinada estructura métrica. El ingente caudal expresivo que poseen sus poemas encuentra así su lógico vehículo de expresión, y además confiere al autor cierto carácter de renovación y frescura, dentro, claro está, de la evidente complejidad mediante la que se maneja en el texto. Un autor nunca debe, por otro lado, ocultar sus influencias, ni soslayar su admiración por aquellos, sus autores. Así, las citas al pie del título de los poemas son abundantes, y muestran el gran bagaje cultural que Oiarzabal ostenta: del surrealista André Bretón al fino Rainer María Rilke, pasando por Juan Larrea, Jorge Luis Borges, Francisco de Quevedo, Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Reinaldo Arenas y, como no podía ser de otro modo, el oriolano Miguel Hernández. La presencia constante de estos autores, el latir de sus versos en muchas de las poesías, son prueba fehaciente de la completa y provechosa asimilación que de sus lecturas ha hecho. Un libro éste que, en definitiva, propone una poesía a veces con tintes surrealistas, a veces simbolistas, en ocasiones plagando las páginas de imágenes y metáforas, y otras tendiendo puentes hacia lo onírico o lo terrible. Desde la oscura y compleja poesía de Flammis acribus addictis , emerge no sólo un merecido ganador del premio, sino también un prometedor poeta cuyos pasos debemos seguir con interés. Basten estas líneas como prueba de todo ello. “Llora
en el aposento desde donde reina con su negra piel en el abismo /
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Cuenta con otro libro de poemas publicado, titulado Sospechoso que soy humo, con el que ganó el Premio Gloria Fuertes de Poesía Joven en 2002. Es miembro de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles desde 1997. Colabora en la revista cultural “Aqueloo” y trabaja en una galería de arte.
1.
Siendo licenciada en Periodismo. ¿Por qué el Premio Nacional
de Poesía y no el de Periodismo? 2.
¿Qué le llevó a presentarse a dicho premio? 3.
Ha ganado el III Premio Gloria Fuertes de Poesía Joven y el Premio
Nacional de Poesía de la Fundación Cultural Miguel Hernández,
y se dice de usted que es una figura notable dentro del panorama poético
nacional. ¿Cómo se lleva el hecho de ser tan joven y valorada? 4.
De sus poemas se destaca la espontaneidad y transparencia. ¿Pretende
con ello llegar a todo tipo de lectores? 5.
Tenemos entendido que no se limita únicamente a la poesía
y narrativa. Mezcla la poesía, la música y la pintura
en colaboración con otros artistas. Coméntenos sobre ello. Mi relación con artistas de todo tipo a los que he conocido en ferias, exposiciones, conciertos y recitales, ha facilitado colaboraciones de las que me siento muy orgullosa. Por ejemplo, me fascina el performance, en el que se mezclan teatro, música, plástica y poesía conceptual. En la galería Catarsis he podido llevar a cabo algunas de estas actuaciones en colaboración con artistas, actores y músicos. Este mismo verano realicé un performance en el Espai Cultural de Caja Madrid en Barcelona, con el artista Nacho Ramírez y en casi todos mis recitales intento que la palabra se alíe con otras formas de expresión. Además he tenido la suerte de poder ver mis poemas junto a los grabados de uno de los pintores españoles a los que más admiro, Luis Feito, en una carpeta titulada “Tiempo de Luz”, que ha editado la galería BAT. 6.
Hablemos de Aunque cubras mi cuerpo de cerezas. ¿Qué es?
¿Cómo surgió? 7.
¿Cómo se siente al ver publicado este libro? 8.
¿Le gusta la poesía de Miguel Hernández?¿Qué
destacaría? 9.
¿Considera suficiente la labor que la Fundación Cultural
Miguel Hernández está realizando para mantener viva la
figura del poeta oriolano? 10.
¿Tiene algún proyecto en mente? Asun
López Este joven poeta bilbaíno, de 30 años de edad, es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto. Ganador (en 1995, 1999, 2001) del premio de poesía “Iparagirre Saria” que organiza su universidad. En 2003 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández, por su obra Flammis Acribus Addictis, inspirado en el Réquiem de Wolfang Amadeus Mozart. Es cofundador
de la Asociación Cultural “El Nido” y colabora en
la sección Momo de la Universidad de Deusto.
1.
En el año 2003 ganó el Premio Nacional de Poesía
de la Fundación Cultural Miguel Hernández con su libro
Flammis Acribus Addictis, publicado recientemente ¿Qué
ha significado recibir este galardón para usted? 2.
Algunos lo vinculan con la obra de Miguel Hernández debido a
su juventud, pesimismo descarnado, sinceridad vital y claridad de la
imagen. ¿Qué opinión le merecen tales afirmaciones? 3.
¿Ha influido el poeta oriolano en su obra? ¿En qué
medida? 4.
¿Cómo valora la obra de Miguel Hernández? 5.
Sabemos que está muy influenciado por personajes que se salen
del patrón, todos suelen tener vidas muy marcadas. ¿Qué
le llamo la atención de ellos? ¿Se identifica con ellos? Jamás dejaré de sentirme un cultivado Autodidacta. 6.
Su poesía es pesimista y oscura. ¿Qué pretende
reflejar con ella? Yo no calificaría de esa forma tan gratuita mi Obra, tal vez sí “Flammis Acribus Addictis”. Pero lo grandioso es que nadie te enseña a escribir, si acaso, cómo no, las Lecturas; por lo cual me satisfago de haber entregado mi Vida a la Poesía: pues ya desde niño supe de una manera irracional, instintiva, que la Poesía cambiaría mi vida. 7.
¿Provoca, intencionadamente, una lectura limitada? ¿No
tiene miedo a que sólo sea leída por una minoría? 8.
Ha recibido diferentes premios. ¿Siente que su obra es reconocida? Lo que sí diré es que el gran día, el de la gran Re-evolución, será aquel en el que en este Mundo no exista una sola persona que no sepa escribir su nombre; toda esta Utopía degenerará en conflictos, pues la cultura es un arma, y robársela a un hombre un asesinato, una odiosa injusticia, si no la primera. 9.
Posee una amplia obra poética y, sin embargo, algunas de sus
obras permanecen inéditas. ¿A qué se debe? 10.
¿Qué opina de las actividades que realiza la Fundación
Cultural Miguel Hernández? 11.
¿Tiene algún proyecto en mente? Asun
López -
MIGUEL HERNÁNDEZ.VIDA Y POESÍA.Dario Puccini.
La premisa desde la que ha partido esta sección de ‘Los libros perdidos’ no era otra sino tratar de rescatar del olvido aquellas biografías de Miguel Hernández escritas años atrás, y que en su día se erigieron en auténticos hitos dentro del hernandismo, bien por lo que tuvieron de precursoras, bien por los nuevos datos que aportaban, bien por la valentía demostrada al reivindicar a un poeta tan ‘enemigo’ de la dictadura como Hernández. Siendo, la mayoría de ellas, desconocidas para gran parte del sector hernandiano más reciente, y en un ejercicio de ‘arqueología literaria’ poco usual, han ido apareciendo una a una todas aquellas biografías que, desde que apareciera en 1955, Miguel Hernández, poeta, fueron emergiendo en tan difíciles circunstancias. Publicada originariamente en Milán, en 1966, por la editorial Mursia, la importancia de Miguel Hernández. Vida y poesía, se fundamenta principalmente en dos ejes. El primero es el hecho de que la biografía se encuadre dentro de la sección marxista de la crítica hernandiana. Así, la importancia que Puccini otorga al cariz ideológico de los textos de Hernández, y que posteriormente veremos, lo acerca a otros autores como Elvio Romero, Manuel Muñoz Hidalgo o Federico Bravo Morata. Por otro lado estamos ante la obra que ha servido no sólo para difundir la figura de Miguel Hernández en Italia a un público mayoritario, sino también la que ha sentado cátedra y desde la que se han emprendido investigaciones más específicas sobre su figura. A diferencia de otras biografías analizadas, en las que sí hemos podido comprobar cómo el autor realizaba una división tajante, y, a nuestro entender, poco conveniente, entre algo tan indisolublemente unido como la vida y la obra del ‘biografiado, Dario Puccini no establece, en este caso, semejante distinción. El estudio que hará de la trayectoria vital de Miguel Hernández engarza adecuadamente ambas facetas, siendo éste un aspecto a resaltar desde un principio. De los cinco capítulos en los que divide la obra, el primero de ellos es el titulado ‘Formación e iniciación literaria (1910-1931)’. Destaca la extrema pobreza en la que vivía sumida la familia Hernández; pobreza exagerada, no sabemos si consciente o inconscientemente por Puccini. Por otro lado, de sus primeras composiciones obtenemos afirmaciones críticas y severas – llega a afirmar, refiriéndose a esta incipiente vocación poética del oriolano, que “es raro descubrir algo que sea genuino y original”-, que no hacen sino agravarse en el momento en que se refiere a su primer poemario, Perito en lunas, sobre el que vertirá toda clase de comentarios, injustos la gran mayoría de ellos. En primer lugar, califica a la obra de ‘autotraición juvenil’, achacando tanto el empecinamiento de Hernández en un autodidactismo feroz, como también su destacada capacidad para construir abstrusos versos, así los califica, mediante una complicada versificación. Añadiendo también: “Se reconoce la elección de una poética compuesta que, si manifiestamente lo templa y lo refina, también lo mantiene apartado de su mundo y de su connatural centro expresivo. Como se verá, tal elección corre pareja a la adhesión de Miguel (...) a la ideología católica. De tal manera que el cuadro que se ofrece en ‘Perito en lunas’ tiene, de algún modo, su marco o su integración en el ya citado auto sacramental”. Pero tampoco serán positivas las conclusiones que saque del primer viaje que hizo Miguel a Madrid, en 1931. Afirma Puccini que el problema estribó en que Hernández no captó la esencia de los ambientes en los que se introdujo, llenos, por otro lado, de esos aires renovadores que, desde Europa ya soplaban con fuerza, y comenzaba a respirarse ya en la capital de España. Es por ello que esta primera etapa de la biografía de Miguel Hernández está enfocada desde una perspectiva claramente negativa por parte del autor. Más adelante, y a medida que vayamos avanzando en la lectura de la obra, nos daremos cuenta de que la razón estriba en el claro enfoque ideológico que baña todo Miguel Hernández. Vida y poesía, acercando a Puccini a las facciones marxistas dentro de la crítica hernandiana, como más adelante comentaremos. Dedica el siguiente apartado, en su totalidad, a ese segundo viaje, y su consiguiente estancia, en Madrid, que abarcó los años 1934, 1935 y 1936. Comienza, como no podía ser de otro modo, con la obra que marcó el punto de inflexión, el de no retorno, dentro de la trayectoria poética de Hernández; la que se vino gestando en Orihuela, pero sin la que la presencia de Madrid jamás hubiese sido la misma. Nos estamos refiriendo a El rayo que no cesa. Y, a diferencia de lo acontecido tanto con Perito en lunas, como con las primeras poesías de Hernández, Puccini sí dedica, en este caso, una atención mucho más pormenorizada, así como también, por qué no decirlo, se nos muestra mucho menos crítico, con esta segunda obra poética del oriolano. “’El rayo que no cesa’ no es del todo, y en el sentido ‘técnico’ de la palabra, un libro de amor. Sin embargo, el amor de mujer, (...) de su mujer, es su motivo profundo, su oculta (...) fuente de inspiración. Además constituye la extrema meta de una elaboración lírico-sentimental cuyo breve e intenso ‘iter’ -camino- merece un análisis específico”. Aún así, realiza un extenso análisis del libro, centrándose principalmente en los tres distintos títulos que tuvieron las tres versiones de la obra, a saber El silbo vulnerado, Imagen de tu huella y la ya definitiva El rayo que no cesa; pero también en las distintas etapas que va experimentando el sentimiento amoroso de Hernández, apuntalado con necesarios trazos biográficos; o, en último lugar, en depurar las variantes estilísticas que el proceso creativo de la obra tuvo. Concluye con la opinión de que estamos ante un libro algo confuso, en el que se entremezclan realidad e imaginación, así como distintos sentimientos cruzados. Todo ello pasado por el tamiz del petrarquismo, pero destacando sobre todo Puccini la importancia que el factor ideológico comenzará a tener en la obra del oriolano; en esta en particular, pero en las siguientes también tendrá su incidencia. “En ‘El rayo que no cesa’ está el nudo de la experiencia poética de Hernández (...) Este libro constituye exactamente el momento crucial de transición de la experiencia humana y de la maduración ideológica de nuestro poeta”. La conversión social, ese momento en que Hernández abraza el socialismo, es, para Puccini, un hito clave dentro de su evolución personal, pero también poética; atribuyendo tanto a la muerte de Sijé, como su mayor acercamiento a poetas como Aleixandre y Neruda, sobre todo a este último, las causas que motivan el giro que su poética sufrió. Giro que, por otro lado, suponía “dar una salida natural a sus orígenes campesinos, a la vez que un lógico desarrollo a sus convicciones de intelectual”. Además, de su experiencia en la guerra, también destaca sus estancias tanto en Extremadura como en Andalucía, su viaje a la Unión Soviética o las cartas que escribió desde el frente. Pero es la vertiente ideológica, que quedará patente en Viento del pueblo y El hombre acecha, la que sin duda más interesa al italiano, llegándole a servir incluso para justificar la mala calidad de algunas composiciones, amparándose en las circunstancias en que fueron escritas. La guerra será, pues, una experiencia decisiva en esa nueva cosmovisión, así como la vivencia que repercutirá, en mayor medida, en su propia poesía. “La ‘conversión’ al mundo colectivo, a la poética social y de resistencia, tiene lugar y se manifiesta en Hernández (...) como anhelo de liberarse de los viejos mitos de la religión y de la metafísica, del oscuro túnel de la desesperación individual”. Así, sobre esta nueva concepción lírica de Hernández propugna que sus poesías “se dirigen a un ‘vosotros’ numeroso, colectivo, y proceden bajo la enseña de una fórmula optimista”. Incide claramente en un factor primordial para él; éste no es sino el del alto factor comunicativo que su poesía ostenta, así como la facilidad que tiene para llegar a hacerlo; para acabar afirmando que el oriolano posee la característica de ser un punto de partida “para nuestra conciencia histórica”. ‘La cárcel y la muerte (1939-1942)’ es el punto final de esta biografía sobre Miguel Hernández. Se inicia con el momento en que es arrestado por primera vez en Rosal de la Frontera (Huelva), y a partir de aquí traza una línea a través de toda aquella trayectoria que lo llevó desde obtener una fugaz libertad provisional, a caer nueva y definitivamente prendido, pasando por las prisiones de Conde de Toreno y Ocaña o su última y definitiva estancia en el Reformatorio de Adultos de Alicante, donde finalmente moriría en 1942. Aún así, el centro de este capítulo es, sin duda alguna, su obra póstuma, el Cancionero y romancero de ausencias. Define el poemario como “breves jirones de poesía y fulgurantes iluminaciones líricas”. En un principio, Puccini maneja la tesis de que los poemas que construyen el corpus de la obra no eran sino los esbozos preparatorios para una libro más definido, que el tiempo y las propias circunstancias personales de Hernández impidieron que viera la luz. Además, ese carácter inacabado, de trabajo en constante elaboración, que denota el poemario, no hace sino refrendar este pensamiento del crítico italiano. Pero una vez alcanza este punto, llegados a este punto, entra en liza un factor que desbarata esta teoría, otorgando otros visos a la obra: “Pero la existencia de un manuscrito con ese exacto título – se refiere al corpus original que, bajo el título de CRA, albergaba el cuadernillo que Miguel llevaba consigo – autoriza mayormente la suposición casi inversa: (...) que se trata de un libro con una propia y clara razón de ser y una estructura fragmentaria deliberada, aunque aún susceptible de retoques y correcciones”. Así, nos presenta CRA como una especie de ‘diario íntimo’ de Hernández; el lugar donde se recogen, de primera mano, todos aquellos intensos, agitados y sufridos últimos momentos de la vida del oriolano: “En estas breves líricas (...) penetra en las ‘más hondas intimidades del hombre’ – se permite citar, en esta ocasión, las palabras de la también biógrafa del oriolano Concha Zardoya – y vive las vicisitudes de su corazón con una vehemencia, participación, furia contenida y crudo realismo, raros de hallar en un poeta de nuestros tiempos.” La obra concluye con un ‘Apéndice’, en el que se incluyen los distintos problemas textuales y variantes que se dan lugar en la obra poética de Hernández, y que son analizados prolijamente. Además, adjunta una bibliografía anotada y estructurada, en la que encontramos, en primer lugar, las obras de Miguel Hernández reunidas en volumen, así como las que aparecen dispersas o inéditas hasta el momento; en segundo lugar, las traducciones que de sus textos se han hecho al italiano; por último, Puccini incluye toda la serie de escritos y estudios que la obra del oriolano ha generado, ordenados por orden cronológico, pero mezclados junto a artículos y monografías. Incluiremos, a modo de cierre, unas palabras sacadas de la ‘Conclusión’ de Miguel Hernández. Vida y poesía, en las que Dario Puccini refleja la esencia de la poética hernandiana, pero siempre vista a través del tamiz de las ideologías: “Hay poetas –y Hernández es uno de ellos- cuyo destino poético-humano parece total y únicamente tender a darnos ciertas extremas posibilidades de nosotros mismos: puntos de partida para nuestra conciencia histórica, para nuestro conocimiento del mundo contemporáneo”.
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