| ENTREVISTAS -Entrevista
a Jesucristo Riquelme
Jesucristo Riquelme (1956), oriolano de cuna, estudió en el colegio diocesano de Santo Domingo hasta que en 1973 ingresó en la Universidad Literaria de Valencia donde se graduó en Filología Clásica, trasladado a Madrid, obtiene en su Universidad Autónoma de Canto Blanco la licenciatura de Filología Hispánica. Dedica sus primeros trabajos de investigación a la obra del poeta Miguel Hernández y consigue el premio extraordinario fin de carrera. Realizó su tesis doctoral en 1986 con calificación de sobresaliente cum laude, cuyo tema fue “Aproximación semiótica al teatro alegórico y social de Miguel Hernández”. Su currículum se complementa con innumerables ciclos de formación y colaboración con institutos y universidades tanto nacionales como internacionales. Ha colaborado y confeccionado más de una veintena de libros sobre Miguel Hernández. Tienen distintos nombramientos de alto nivel en varias universidades de habla hispana entre los que destaca el de Socio de Honor del Aula de Poesía Española “Antonio Machado” de Buenos Aires (Argentina). 1. Entre los días 6 y 9 de junio pasados se han desarrollado las I Jornadas Hernandianas en Rusia. ¿Qué ha supuesto para usted su participación en ellas? La
participación en actividades de proyección cultural en
países extranjeros siempre me ha permitido la oportunidad de
poder aprovechar la ampliación de horizontes intelectuales y
sociales por medio de una causa común como la literatura, una
constante en mi vida profesional de profesor e investigador. 2. ¿Qué valoraciones haría sobre el desarrollo de estas Jornadas?
Las Jornadas en Rusia son el segundo eslabón de un proceso abierto
por la FCMH con la finalidad de conseguir una proyección internacional
del escritor oriolano; el primero se desarrolló en Filipinas,
con éxito y con posibilidades de profundización en una
segunda etapa ya en Manila ya en la vecina Hong-Kong, con dos de cuyas
Universidades se entró en contacto.
Por supuesto. Hablar de Miguel Hernández y, sobre todo, leer
en público fragmentos o poemas del escritor oriolano es la mejor
manera de (de)mostrar la vigencia de nuestro poeta: primero, porque
impacta de inmediato a quien no lo conocía; y, segundo, porque,
ante ese respaldo social y cultural generalizado, se abren expectativas
de afianzamiento entre los hispanistas. Quizás lo más
determinante de esta fascinación por Miguel Hernández
sea el deseo de que puedan conocerlo más ciudadanos rusos (y
hablantes del idioma ruso) ante ediciones bilingües cuidadas por
expertos de una y otra lenguas. A las traducciones de la antología
en inglés difundida en Manila, suceden la propuesta nonata de
publicación en chino (para Hong-Kong y el inminente Instituto
Cervantes de Pekín) y la propuesta en ruso.
El poder de convocatoria ha sido producto de un trabajo excelente de
gestión cultural y de relaciones humanas y profesionales en Rusia.
La asistencia a todos los actos fue numerosa y sorprende ver reunidas,
en torno a la palabra del poeta, a muchas más personas que se
imaginan en una obra de teatro sobre su vida en el Teatro Circo oriolano,
por ejemplo. Los actos en el Paraninfo de la Universidad Estatal Lingüística,
de Moscú, comenzaron la solemnidad de los himnos nacionales de
España y de la Federación Rusa; hubo minuciosos discursos
de recibimiento y de poesía a cargo de autoridades académicas,
poetas y profesores de nombradía; el público, atentísimo,
superaba las dos centenas, y, al final, de las intervenciones de Juan
José Sánchez, el director de la FCMH, y de la exposición
a modo de breve guía de lectura que tuve el honor de hacer, hubo
preguntas en las que se manifestó la inquietud por conocer no
sólo aspectos de M. Hernández sino también de la
situación actual de la poesía y el teatro en España
hoy. El concierto reunió a otras tantas personas que llenaron
el local escogido para el acto. La celebración del “Círculo
hernandiano” de los hispanistas rusos logró la participación
de más de veinte profesores. El cariño de todo el claustro
de profesores del colegio nº 110 y de gran parte de sus estudiantes,
que con tanto tiempo, esmero y buenos resultados habían preparado
su recepción, pusieron el broche. Pero también dejaron
pequeño el aforo del salón de actos del Instituto Cervantes
los enfervorizados asistentes a la escenificación del recital
poético con actores todos ellos rusos.
Mi exposición tenía como punto de partida, en efecto, el teatro de M. Hernández ya que ésa fue la causa de su viaje a la entonces URSS como integrante de la comisión republicana para acudir al V Festival de Teatro Soviético. Como era de esperar, salvo en los ámbitos académicos, Miguel Hernández era un poeta e incluso un nombre absolutamente desconocido en la Rusia de hoy; por tanto, me pareció aconsejable proceder didácticamente a una presentación del escritor destacando, cronológicamente, su proceso de formación y creación estética en perfecta simbiosis desde sus orígenes con su preocupación social y por su entorno más inmediato. Miguel Hernández resulta trascendente precisamente porque la re-humanización es la clave de su vigencia; Hernández es el primer gran poeta que recurre a la manifestación de sentimientos (amorosos e íntimos socioamorosamente) cantando a una mujer (en su poesía amatoria) o a unos hombres (en su poesía social y épica) reales. Aunque cambie de mujer como inspiración poética, siempre será una mujer de carne y hueso la destinataria de sus palabras. La pertinencia universal de sus motivos poéticos y las constantes de su expresión lírica o épica (sus metáforas y sus símbolos terruñeros, agrícolas) lo erigen en un modelo del clasicismo del siglo XX. ël, que había recibido y asimilado santísimas influencias literarias, servirá pronto de estímulo y acicate expresivo: el éxito de sus sonetos serán el acicate para que su admirado Federico García Lorca retome la estrofa clásica en sus últimas composiciones (de publicación póstuma) por someterse a las exigencias formales y temáticas de lo que la nueva poesía y los jóvenes de hoy están haciendo, decía el granadino: fueron sus sorprendentes “Sonetos al amor oscuro”. De los libros de M. Hernández El hombre acecha -casualmente de publicación póstuma también- y de su excelente Cancionero y romancero de ausencias brota una veta poética de poesía que enaltece el gran Dámaso Alonso en su cercano Los hijos de la ira: poemarios de dolor y emociones constreñidas por la postguerra y el rencor. De sus sonetos taurinos (el toro como trasunto amoroso) se valió Rafael Morales, quien a su vez continúa la línea concomitante de valoración de lo nimio, cotidiano y pequeño –incluso despreciable o soez- de Odas menores de Pablo Neruda o de Perito en lunas y otros poemas hernandianos, como su famosa oda al cubo de basura. Otro gran poeta social, Leopoldo de Luis, ha reconocido su deuda literaria al oriolano. Resultan admirables las coincidencias de la poesía entre León Felipe y el oriolano en muchísimos aspectos. Todos ellos son poetas ya de la re-humanización: lo humano concreto y real como elemento de su poeticidad. Hoy apenas concebimos la letra –el poema- de una canción moderna sin referencias amorosas que podamos considerar verdaderas y no basadas en una manida tradición literaria. ¡Qué difícil resulta pedir un poema amoroso o lírico (sobre la amistad) o social o épico y que no surja la voz de nuestro oriolano más universal!
Atemporal exactamente, no. Miguel Hernández es el arquetipo de
hombre que unió su vida y su poesía en su destino a lo
largo de su breve existencia (y en el significado que le ha conferido
la posteridad). Hernández es de los escritores más contingentes,
sinceros e involucrados con su realidad, con su tiempo: autenticidad
y belleza creada en palabras no extraída de la realidad (a veces
torpe, cruel, cruenta, reprobable o fea sencillamente). Si Hernández
no hubiera vivido y cantado sus avatares (sentimientos, emociones) íntimos
y colectivos durante el período histórico de la II República
española y de la Guerra “incivil” española
(e, incluso, su muerte no hubiera acaecido como sucedió en una
prisión de un dictador que impuso la victoria), con tantas tragedias
personales, con tanta miseria afectiva, probablemente no hubiera tenido
ese necesaria caja de resonancia social (y política) para hacer
confluir su voz con la de la inmensa mayoría… Lo que ocurre
con M. Hernández es que no hace falta conocer su contexto vital
e histórico, pero, si se conoce, profundizamos más y nos
sobrecoge más su poesía; su poesía vale para todos
los tiempos no es lo mismo que decir que es atemporal porque quizás
esta expresión prive de compromiso a un poeta tan poroso de acontecimientos
solidarios; lo que sucede es que logra hacer que su contexto se abstraiga
y se convierta en un símbolo, que lo que a él le ocurrió
pueda ser sentido como lo que puede ocurrirnos o nos ocurre a nosotros
figuradamente en otras situaciones, en otras épocas, en otros
lugares. Trini
Ruiz
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