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COLABORACIONES:

 

DESDE MÉXICO PARA "EL ECO HERNANDIANO"

MIGUEL HERNÁNDEZ: CONSTANTES Y VARIANTES DE UNA EVOLUCIÓN POÉTICA

LA IDEOLOGÍA POÉTICA DE RAMÓN SIJÉ (1ª PARTE)

RAMÓN SIJE EN TESTIMONIOS (1ª PARTE)

 

 

DESDE MÉXICO PARA “EL ECO HERNANDIANO”

México, a 7 de octubre de 2005


Disiento de lo publicado en “El Eco Hernandiano Digital”, sobre la polémica que ha inventado doña Maruja Fabregat, hermana de D. Luis Fabregat, “amigo” de Miguel Hernández. El señor Fabregat tuvo una amistad pasajera con el poeta. En principio eran conocidos de Orihuela antes de la guerra civil, pero nada más. Posteriormente fueron pocas las veces que Hernández pudo hablar con él en la prisión de Alicante, ya que Hernández se encontraba en otro patio como condenado a muerte y por disciplina no dejaban que los condenados a muerte fueran a visitar a los amigos a otras áreas. Por otro lado, recordemos que Hernández estuvo muy poco tiempo en el patio, un mes aproximadamente, y fue ingresado en la Enfermería de la prisión, de donde no salió hasta su muerte, muy poca gente pudo visitar a Hernández estando en la Enfermería, ya que se temía que su enfermedad fuera contagiosa. Sin querer ofender, creo que su hermano nunca estuvo en la Enfermería visitando a Hernández por los motivos que expongo. Le recuerdo, doña Maruja Fabregat, que la única mujer de Orihuela que pudo hablar con Miguel Hernández en la prisión sin ser familia fue doña Asunción Sevilla Pascual, militante del Partido Comunista y esposa de D. Antonio Ramón Cuenca, amigo de pastoreo de Miguel, el día de las Mercedes, Patrona de los presos. Ella llevó a sus hijos a ver a su padre y pudo conversar con Hernández. Como usted creo que sabe, ese día podían entrar los hijos de los reclusos y sus esposas.

Que me disculpe doña Maruja Fabregat, pero no es como usted lo cuenta. Como investigador de la vida de nuestro amado poeta y de sus amigos, puedo decir que Ramón Pérez Álvarez fue quien recogió la bolsa con los nueve poemas de Hernández, y solicitó a su compañero de prisión José María Torregrosa Juan, de profesión abogado y condenado a doce años de prisión mayor por auxilio a la rebelión, que dibujara a Hernández de cuerpo presente. Ramón Pérez tenía el beneficio de poder andar libremente dentro la prisión porque el día 6 de marzo de 1942 fue nombrado integrante de la Agrupación Artística “Coro”, por reunir las condiciones determinadas en el decreto del 23 de noviembre de 1940. Ramón Pérez, después de todo, fue un afortunado dentro de la prisión por su buena conducta. En 1943 fue trasladado a la prisión de Almería para trabajar como escribiente por orden de la Dirección General de Prisiones, y el día 9 de enero de 1946 fue puesto en libertad por indulto del Decreto del 9 de octubre de 1946 desde la Prisión de Sevilla.

Cuando sale de prisión Ramón Pérez, entrega a Josefina Manresa todos los papeles que pudo recoger de Hernández, hasta su carné del Partido Comunista, el cual Josefina lo pierde, al igual que los nueve poemas que hasta la fecha no han aparecido. Qué miedo sentiría Josefina, a tal grado de desaparecer los poemas, recuerden los que no olvidan que si a Josefina le hubiesen descubierto los famosos poemas, hubiera ido a la cárcel también, ya que nadie sabe, ni creo que se sepa, qué decían los tan nombrados poemas. Por tal motivo y con todos mis respetos, espero que la señora Maruja Fabregat rectifique lo que no es, pues no se vale que esperara que Ramón Pérez falleciera para sacar esta bula.




Santos Escarabajal García

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Miguel Hernández:
Constantes y variables de una evolución poética

En unas jornadas como las que han tenido lugar en Moscú, dispuestas a engrandecer y extender la figura de Miguel Hernández, una conferencia de este tipo se suponía asignatura obligada. Pues siendo como es el oriolano un autor no demasiado conocido en Rusia, exceptuando los círculos más académicos, parecía lógico repasar tanto su trayectoria vital, como la cronológica, con el fin de acercarlo un poco más, aunque fuera de un modo introductorio, al gran público. ‘Miguel Hernández: constantes y variables de una evolución poética’ pretendía ser, partiendo de una mirada retrospectiva, tanto a la vida como a la obra del oriolano, un fiel reflejo de la evolución estilística que sufrió, y que lo llevó, en apenas diez años, de abrazar la poesía pura, a la impura, la comprometida y belicosa, y a despojarse, en sus últimos y agónicos años de vida, de cualquier andamiaje poético, para ofrecernos unos textos cargados de dolor. Vida y obra, dos facetas que, si generalmente, resulta difícil deslindar, en el caso en particular de alguien que tuvo unas vicisitudes vitales tan señaladas, y que vivió con tanta intensidad su corta vida, hechos que incidieron directamente en su obra, la empresa adquiere dimensiones, si se quiere, casi proteicas. Es por ello que el profesor Riquelme, desde esa necesaria comunión entre ambas facetas, y pasando el texto por el tamiz de un conveniente didactismo, trazó una línea a través de los sucesos más trascendentales de su vida, en estricto orden cronológico, pero a partir de su producción literaria.

Divide su trayectoria vital a partir de sus obras más importantes. Así, la primera etapa le lleva, a través de la influencia del paisaje oriolano, el neocatolicismo de Sijé y su acercamiento a la poesía pura neogongorina, a su primer poemario, Perito en lunas. Una etapa en la que Riquelme nos presenta a un Miguel Hernández ‘adolescente, joven e inquieto’, que únicamente llegará a ver lo que asalta sus sentidos de un modo tan ‘inocente’ como ‘inmediato’. Un poeta que comienza ya a ser consciente de que lo suyo es algo más que una vocación, pero que todavía escribe por el mero hecho de deleitarse creando versos; y Luis de Góngora es el modelo que utiliza en sus primeros devaneos poéticos, unos divertimentos que, por otro lado, encierran, por el gran potencial que era inherente a Hernández, un poesía que poco tiene de poeta primerizo.

Pero en cuanto entran en liza dos factores tan importantes en la simbología hernandiana como son el amor y la ciudad de Madrid, su evolución comienza a ser más patente y evidente. El rayo que no cesa es la plasmación de una crisis personal que se ha extendido a su poesía, y que una constante diatriba entre la realidad y un deseo amoroso que lo consume y abrasa por dentro. Afirmando Jesucristo Riquelme que estamos ante “la transición a una nueva situación de madurez y choque evolutivo”.

Llegados al momento de la poesía más comprometida ideológicamente, plasmada en Viento del pueblo y El hombre acecha, nos encontramos con un Miguel Hernández que emerge de las profundidades de sus sentimientos para darse de bruces con una realidad externa que no es ciertamente la más deseable. La guerra causa en el oriolano unos efectos devastadores ya no solo en lo físico sino también, y sobre todo, en lo anímico; efectos que irá ya arrastrando hasta el fin de sus días. Una poesía plagada de desánimo y dolor, de amplia gravedad y versos que rezuman derrota en cada palabra, en cada línea. Para pasar a centrarse en la penosa etapa de la biografía hernandiana en la que se vio forzado a transitar por gran número de cárceles franquistas, escribiendo sus versos a hurtadillas en un gastado cuadernillo, el tan celebrado como triste Cancionero y romancero de ausencias, su último legado antes de llegar el injusto final.

Una vez que Riquelme había desgranado esa trayectoria vital y artística de Miguel Hernández, su conferencia pasó a centrarse en unos aspectos que, pese a ser, quizás, de un interés no tan marcado como los desarrollados en la primera parte, reforzaban más aún si cabe la visión que se estaba intentando formar en las mentes de los asistentes a la conferencia. Así, el primer punto no podía ser otro que uno de aquellos que Miguel Hernández tanto se encargó de difundir durante sus primeros meses en Madrid, quizás para darse a conocer, quizás por hacer extrañamente, orgullo de su propia sed. Este punto no es otro que el famoso autodidactismo del poeta oriolano, que, junto al de pastor de cabras echado a los leones de las letras, eran dos de esos mitos que siempre le acompañarían. Además, “el escritor contribuye – según Riquelme – al intento de superación colectiva de un pueblo analfabeto, entonces”. Pasando a afirmar que “el espíritu hernandiano hoy (...) consiste en la lucha por la vida, auxiliado por la cultura, con la esperanza de un mundo mejor para todos”.

Otra de esas grandes virtudes que, afirma Riquelme, posee la obra hernandiana, y que nos ofrece aquí para aumentar, más si cabe, el espectro trazado a lo largo de esta aglutinante y totalizadora conferencia, es el de esa perfecta simbiosis que, en los versos de Hernández, subyace en lo referente a la bella poesía, a la lírica, al arte por el arte, con el compromiso político y social. Consiguiendo, no sabemos si consciente o inconscientemente, que “el que lee se sienta protagonista de lo que lee y se emociona porque se identifica con el sujeto lírico”. La biografía trágica de Hernández, su perpetua y simbólica afiliación a la causa republicana, o lo accesible y humano de sus poemas son el preámbulo al final de la conferencia. Una conferencia que, si bien por un lado tenía las claras premisas de informar y acercar la figura de Hernández al pueblo ruso, proclamaba, por encima de cualquier otro objetivo una vez llegaba a su final, el ferviente deseo de que esa gran mayoría rusa leyese con emoción los versos de Miguel Hernández.

“Lean a Miguel Hernández, y que su espíritu de libertad nos alcance”.

Así sea.

Óscar M. Ferrández

LA IDEOLOGÍA POÉTICA DE RAMÓN SIJÉ (1ª PARTE)


Quizás sea la ideología política uno de los aspectos que más interés, al tiempo que polémica, ha despertado en la mayoría de críticos y estudiosos cuando han abordado la vida y obra del punzante ensayista oriolano (1913-1935). Unos han encasillado a Sijé como fascista o cercano a ese entorno, a tenor del contenido de algunos de sus artículos, argumentando los críticos que sus fórmulas imperiales y arcaicas se encontraban en los aledaños del totalitarismo y que su búsqueda de apoyo en el orden teocrático no era progresista. Otros difieren claramente, y basándose no sólo en el contenido de su obra sino también en el testimonio de aquellos que convivieron con él, se atreven a quitarle ese estigma, esgrimen la defensa que hizo de la II República tras su instauración, su militancia en el Partido Republicano Federal, la línea ideológica alejada del fascismo de las publicaciones por las que discurrió su trayectoria periodística y literaria y su catolicismo alejado de posturas radicales y vinculado a las corrientes más renovadoras de la Iglesia. Por tanto, para estudiar su ideología política, lo más adecuado e imparcial, como dijo el catedrático de Literatura José Muñoz Garrigós, es ‘dejar que los textos de Sijé hablen por sí mismos y, abandonando cualquier tipo de interpretación subjetiva, por muy lícita que ésta sea, investigar el marco en el que habría que situar no nuestra interpretación, sino los propios textos’.

Su educación religiosa y el ambiente oriolano
Presentación Gutiérrez Fenoll, madre de Sijé, se caracterizó por un ‘catolicismo sin fisuras y un carácter muy enérgico y dominante’, lo que, según el catedrático de Literatura José Muñoz Garrigós, ‘pudo influir en el carácter y pensamiento de José Marín’. Además, todavía con 9 años, en octubre de 1923, Ramón Sijé ingresó en el Colegio de Santo Domingo entonces regentado por la Compañía de Jesús. Allí permaneció durante 7 años, abandonándolo tras terminar sus estudios. Parece que entonces ‘Sijé se alineó –según este crítico- en otros grupos católicos y así formó parte de la Juventud Antoniana, dirigida por el padre Salvador Juárez, integrándose en su junta directiva y participando activamente en actos y veladas por ellos organizados’, tal y como refleja la prensa de la época. Por otra parte, la esencia de la Orihuela de la época, asentada en pilares como el conservadurismo político, la aristocracia agrícola, la tradición religiosa y el barroquismo -entendido éste como canon de vida y pensamiento- debió influir en su manera de ser. Muñoz Garrigós recuerda de Sijé su ‘inexcepcional presencia física en Orihuela, a lo largo de sus veintidós años de vida, donde nació, se formó, vivió y murió (...) En este ambiente cargado de nostalgia y de emotividad se cuajó la personalidad humana, literaria y política de Ramón Sijé’.

Sus primeras lecturas: José María Gabriel y Galán
Según el testimonio del oriolano Francisco de Díe, ilustrador de la revista El Gallo Crisis y amigo personal, ‘el espíritu de los Marín era débil, encogido, para este mundo disparatado. Tanto Ramón como Gabriel Sijé eran unos introvertidos profundos’. Este carácter y su formación académica debieron contribuir a su vocación por la lectura. El médico y escritor oriolano José María Ballesteros (1897-1939) fue uno de sus primeros mentores, si nos atenemos a las palabras del escritor oriolano José María Pina Brotóns, cuando afirmó que ‘Sijé es intelectual y estilista como su maestro José María Ballesteros’. El primer trabajo literario de Sijé publicado en prensa apareció en 1926 en la revista madrileña Héroes. Sólo tenía 12 años. Este artículo, titulado ‘España, la de las gestas heroicas’, lo presentó a un concurso literario para menores de 17 años que tenía el objetivo de exaltar la gesta de los aviadores españoles. Pepito Marín debía tener ya afición por escribir al decidir presentarse al certamen.

Su debut periodístico en Actualidad
Tendrían que pasar dos años para que comenzara de un modo definitivo e ininterrumpido la actividad literaria de José Marín Gutiérrez. Mientras tanto siguió adquiriendo la formación necesaria con el incesante estudio y el estímulo de sus continuas lecturas. La oportunidad de empezar a publicar le vino dada por Actualidad, un semanario oriolano que ‘reflejó durante sus tres años de vida la línea de pensamiento del sector más progresista de las derechas oriolanas’, afirma Muñoz Garrigós. En cambio, Sijé colaboró muy poco en el coetáneo El Pueblo de Orihuela, editado por los sindicatos católicos y vinculado a los ámbitos más conservadores. Pepito Marín publicó en Actualidad a partir del número correspondiente al 13 de septiembre de 1928. Todavía no tenía los quince años. Este artículo versaba sobre José María Gabriel y Galán, un joven poeta español triste, melancólico, muy sensible, atento al mundo que le rodeaba y de convicciones profundamente religiosas recibidas de su madre. Curiosamente estas características presentaban muchas semejanzas con la de Sijé. De hecho, apunta Muñoz Garrigós que en este artículo ‘hay citas que evidencian una lectura directa de su obra’.

Jesús Poveda, poeta, ensayista y tertuliano de la Tahona, ya que nos permite saber como era Sijé a los quince años: ‘en 1928, trabé amistad con José Marín Gutiérrez, un joven estudiante de Bachillerato, alumno del colegio de los Jesuitas. Nos unió en seguida nuestra afición por la lectura de buenos libros y la Literatura en general. Sabía muchas cosas del mundo de las letras que yo ignoraba y tenía el don de exponer sus teorías con precisión, con naturalidad, recurriendo a su memoria asombrosa. Lo que yo escribía de mi cosecha pasaba luego por su mano para recibir su valiosa opinión (...) Por ese tiempo no le conocí otros amigos’.

En 1929, seguir la estela en prensa de Sijé es difícil, porque no aparece ningún artículo suyo firmado por su propio nombre y apellido, pero pudo hacerlo con algún seudónimo. La hipótesis de que uno de ellos era ‘Chás’ hay que analizarla con cuidado, según Muñoz Garrigós. Esta firma apareció por primera vez en Actualidad el 20 de junio de 1929 y su autor era claramente favorable a la prensa católica, ‘pero no de una forma incondicional, sino duramente crítica, muy acorde con la que fue siempre la postura de Sijé’, comenta este crítico, añadiendo que ésto ‘invita a pensar en Sijé como autor del artículo’. Las restantes colaboraciones amparadas bajo este seudónimo, en este mismo periódico y en el mismo año, se dividen, casi por igual, en temas políticos y literarios.

Voluntad y sus primeros artículos políticos
A partir de 1930 la actividad de Ramón Sijé fue abundante y variada en lo literario, pero no empezó hasta el 15 de marzo, fecha en la que apareció el primer número de Voluntad, revista quincenal oriolana de corte literario, pero también de información local, fundada por Poveda y el propio Sijé, que fue también su director real. Apunta Muñoz Garrigós que, bajo el seudónimo de ‘Babbitt’, aparecían firmados los artículos de Sijé de orientación más claramente política: ‘a lo largo de toda la vida de Ramón Sijé, su ideología política no fue más que una especie de plasmación práctica de un ideario que abarcaba campos mucho más extensos, y el caso del conceptismo puede ser un buen ejemplo. Con mucha más razón cabe afirmar esto para el año 1930, etapa inicial de su formación, en la que algunos de sus elementos fundamentales no están, a lo sumo, más que en un periodo de mero esbozo: su posición política está absolutamente huérfana de trascendentalidad, y no pasa de ser una postura personal ante hechos muy inmediatos, como ya vimos en el caso de ‘Chás’, lo que no quiere decir que esa postura no fuera sintomática de su manera de pensar, sino que no existía tal ideario político definido’.

Opinión muy distinta sobre el periódico Voluntad es la que tiene Eutimio Martín, profesor de la Universidad francesa de Aix-en-Provence: ‘la amistad o relación Sijé-Miguel Hernández nace con la primera andadura netamente totalitaria de Sijé: el periódico ‘Voluntad’ (...) La cabecera muestra ya en el propio título una agresividad sospechosa: los caracteres góticos de ‘Voluntad’ adoptan en la L y en la T la forma de sendas espadas. Para esta empresa, de indudable signo bélico (...) Ramón Sijé se considerará siempre un jefe nato y obrará en consecuencia. ‘Voluntad’ será el primer banco de prueba de su vocación de mando’. Sin embargo, en el editorial del número 1, la publicación no se define ni de derechas ni de izquierdas: ‘no pertenecemos a bando alguno’. Ante ésto, añade Eutimio Martín que ‘nunca la extrema derecha consideró (la siempre derecha, tampoco) que hacer política ultraderechista sea hacer política: los fascistas ‘hacen patria’. Su único programa: la violencia contrarrevolucionaria’.

Según Muñoz Garrigós, entre todos los artículos de Sijé en Voluntad, hay unos que nos ofrecen un reflejo de la propia identidad del autor, como ‘De re política’ y ‘Estudiantina revolucionaria’. En el primero de ellos, publicado el 30 de abril de 1930, sostenía Sijé que ‘tras el prisma de nuestra juventud vemos, quizás con más claridad que algunos, el aspecto de la actualidad política española. Y en esa pantalla hemos contemplado otras porque (...) hemos tirado al suelo el prisma de nuestra consideración nacional ... Quiera Dios que cuando muramos sea nuestro epitafio una España, y por ende una Orihuela, nueva, feliz, sana. Y así habremos hecho algo, moriremos contentos’. Opina Muñoz Garrigós que ‘la solución ofrecida por Sijé no es otra que la vuelta a los ideales clásicos, a los que hicieron posible nuestro Siglo de Oro’.

El titulado ‘Estudiantina revolucionaria’ responde a las algaradas universitarias de los primeros días de mayo de 1930: ‘Nos parece que a los bonachones que suscribieron en las soberanas cortes gaditanas la famosa [Constitución] del 12, al enumerar los derechos de los españoles (...) les faltó una cosa. ¿La adivináis? Pues el derecho a la estaca (...) ¿Qué quieren los estudiantes? ¿Una España o un caos? (...) Es el ciudadano una pieza de la inmensa y complicada máquina del estado. Una pieza que contribuye al buen funcionamiento de la máquina (...) el ciudadano debe respetar la Constitución y por ende debe guardar el orden (...) el que ataca, el que viola ese orden debe ser castigado (...) Hace pocos días un grupo de estudiantes con el grito subversivo en la boca, la piedra en la mano, el cuerpo envuelto en el paño rojo ..., dieron un espectáculo grandioso, apoteósico. La Meca de la intelectualidad española (...) convertida en barricada ¡Dios mío!’, decía Sijé. Sobre este artículo Eutimio Martín se muestra muy crítico con el oriolano porque ante la agitación universitaria de finales del curso 1929-30, ‘Ramón Sijé (que, no lo olvidemos, no es universitario todavía) propugna la dialéctica de la estaca’.

Por otra parte, Eutimio Martín afirma que ‘no disimula Sijé su pretensión de erigirse en unificador de las derechas oriolanas’ a raíz de que en el editorial de esta revista del 30 de mayo de 1930 se dijera textualmente que ‘las derechas oriolanas no se han formado, están por formarse (...) No basta ser derechista, ser buen católico (...) Católicos, gracias a Dios, hay en Orihuela. Derechas, no’. En este mismo artículo, Voluntad propone que, cuando José María Albiñana venga a Orihuela, las derechas oriolanas tengan la valentía de ‘salir a la calle, proclamarse derechistas y luego acompañar al derechista más derechista español’, concluyendo que ‘o eres de las derechas o de la acera de enfrente’. Albiñana era un médico valenciano que fundó en abril de 1930 el Partido Nacionalista Español, en cuyo manifiesto sus huestes se definían como el voluntariado ciudadano con intervención directa, fulminante y expeditiva en todo acto atentatorio o despectivo de la patria.

El crítico palentino añade que ‘en esta actitud ‘viril’ de nuestro profesor de fascismo no podía faltar el toque machista. Con el seudónimo de ‘Lola de Orihuela’, este mocoso virginal de 16 años acapara la rúbrica feminista’. Se refiere Eutimio Martín al artículo aparecido en el número 2 de Voluntad de 30 de marzo de 1930 -y no en el número 6 como dice él-, donde hay citas sorprendentes de Sijé para la edad que tenía: ‘lectora ¿tienes bien entendido lo que es ser mujer? Me creo que no; por lo tanto esta mi primera charla va dedicada a eso, a haceros entender lo que es ser mujer. La mujer fue esclava con el pagano, compañera con el cristiano y superhombre en la época moderna (...) Yo que creo entender la sensibilidad femenina contesto por vosotras diciendo que el tipo de mujer es el de compañera. La mujer no debe ser esclava (...) La mujer no debe ser superhombre (...) al hombre le gusta la mujer en su intimidad, no perorando en un escaño del congreso, ni practicando una delicada cura (...)El día que las mujeres comprendan lo que es ser mujer habrán desaparecido del mundo las ideas tan absurdas como la independencia, su voto, etc (...) Ha de ser [la mujer] (...) débil como la Margarita cantada por Rubén Darío; debe ser fuerte como la católica Isabel’.

Desde que desaparece Voluntad el 30 de agosto de 1930 hasta la aparición de Destellos el 15 de noviembre, Sijé colaboró en Actualidad y también en El Pueblo de Orihuela. En este último periódico publicó a finales de 1930 el artículo ‘Consideraciones literarias’, en uno de cuyos fragmentos decía: ‘recluído en una especie de inacción espiritual -polo opuesto de lo noble y divertido de la república de las letras- se piensa con más holgura, se discute con menos pasión, se juzga con serenidad y se lucha con mucha más lealtad’.

Su abrazo a la II República en Destellos
Destellos fue una revista todavía más puramente literaria que Voluntad, aunque no exenta de inquietudes. De hecho, en uno de sus números se decía: ‘resurgir de juventud, juventud que piensa, juventud que lee, juventud que trabaja. Despierta ahora, Orihuela dormida. Eso es una esperanza. Optimismo puro. Y es también una lección: la escuela y la despensa’, como propugnaba Joaquín Costa. En esta revista, destacan dos artículos de talante claramente político: ‘Meditaciones políticas’ y ‘República Española’, escritos bajo el seudónimo de Babbitt. En el primer trabajo, Sijé denunciaba el continuo ‘tejer y destejer de casi todos los hombres públicos en España. Como hombres que se creen infalibles en sus actos e insustituibles en el difícil oficio de gobernar, cuando ocupan los sillones de los ministerios, de dedican a deshacer de una plumada lo que otros antes hicieron (...) se suprimen automáticamente muchas cosas útiles por el sólo hecho de haber sido creadas por el enemigo político Se comprenderá fácilmente que (...) no salgamos de un estado de estancamiento sumamente perjudicial para el natural avance progresivo de la Patria’.

En el segundo artículo, con fecha 15 de abril de 1931, Ramón Sijé celebraba la instauración en España de la II República: ’14 de abril de 1931. Jamás podrán borrarse de las páginas de la Historia, los refulgentes destellos que esta fecha memorable despide (...) triunfo rotundo de la libertad y del civismo (...) La proclamación de la República Española viene a resucitar abiertamente el temperamento heroico y altamente generoso del noble pueblo español. La proclamación de la República Española, en la forma en que se ha desarrollado e implantado, es la lección más hermosa que esta nación ha dado al mundo’. Sijé había crecido en una España gobernada por la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y, como venía colaborando en la prensa desde 1928, conocía, entre otras consecuencias del régimen político imperante, la existencia, en el plano literario y periodístico, de la censura previa. Al hilo de la instauración de la II República, el cronista de Orihuela Antonio Luis Galiano, apunta un dato importante, al afirmar que José Marín ‘en abril de 1931 redacta el manifiesto del Partido Republicano Federal’.

Este trabajo sobre el nuevo régimen político, también reproducido en el semanario oriolano Renacer, es, según Muñoz Garrigós, una muestra muy clara del carácter intelectual con que Ramón Sijé veía el fenómeno político: ‘nos revela hasta qué punto su pensamiento político estaba absolutamente falto de realismo, por muy elogiables que fuesen sus intenciones y saneados sus propósitos’.

Dice Cecilio Alonso, profesor de la Universidad de Valencia, al referirse a Sijé que ‘fue la suya una voz joven que en la República manifiesta vehementemente sus deseos de contribuir a la vertebración de España, haciendo de este afán un acto transparente. Su propuesta -inmadura e impetuosa- cobraba cuerpo en un tipo de vertebración teocrática que difícilmente podía hallar eco en el marco del historicismo cultural dominante’.

‘El reino de Dios en la tierra’
Agustín Sánchez Vidal, profesor de Literatura de la Universidad de Zaragoza, cree que, en sustancia, el ensayista oriolano analiza la historia de España, constatando que ésta alcanzó su cenit cuando fue imperial y católica, es decir, con una forma política, el Imperio, que consistía en realizar el Reino de Dios en la tierra. Este crítico fundamenta la doctrina de Sijé en los siguientes puntos: ‘identificación de España con el Imperio, de las esencias del Imperio con Castilla, de la salvación (o recuperación) de España con el catolicismo; si España alcanzó su grandeza cuando fue imperial y católica, bastará restituirle estas características para que se restaure la nación en todo su esplendor’. En consecuencia, ese Siglo de Oro, en bloque, se constituirá en canon absoluto para Sijé: ‘políticamente el Imperio se postula como el gran paradigma de organización del Estado, entendido en el sentido de una sumisión del poder temporal al catolicismo; estéticamente, el conceptismo pasará a ser la forma cimera de pensar y de escribir, definiéndolo como barroco eterno y antirromántico’. Según Sijé, ‘el gran ejemplo de la historia hispánica: reconciliación del ESTADO con CRISTO por lo que pudiéramos llamar ESTATIFICACIÓN DE CRISTO. España es -en su época clásica- como la SANTÍSIMA VOLUNTAD DE CRISTO HECHA NACIÓN, CRISTIANISMO’ (las mayúsculas proceden del original). Se trata de unos apuntes de Sijé para una presentación pública de Miguel Hernández, que fueron sacados a la luz por Eutimio Martín en su ponencia titulada ‘Ramón Sijé-Miguel Hernández: una relación mitificada’ presentada en el I Congreso Internacional Miguel Hernández de 1992.

Articulista en diarios republicanos
En la segunda mitad de 1931, tras desaparecer Destellos, hay un cambio en Sijé: deja de publicar a nivel local y traslada su radio de acción a diarios provinciales y nacionales de ideología republicana. Sijé fue en 1931 corresponsal del Diario de Alicante, dirigido por Emilio Costa y órgano del Partido Republicano Federal de la capital de la provincia. Incluso se vio su firma en un diario de difusión nacional, como El Sol, de Madrid, periódico republicano independiente, que publicó su artículo ‘Tristeza y ruina estética de la conversación española’ el 25 de noviembre de 1931. Decía Sijé: ‘Y como nos duele España miramos con tristeza el hundimiento de la conversación española, nuestro propio hundimiento psicológico y estético (...) Conversar debe ser intercambiar, traspasar un pensamiento o deseo nuestro que se hace carne del amigo o del hermano; no debe ser acometer. Y la acometividad -violencia en la conversación- rige nuestros hablares (...) Sean los españoles -mirando un poco más a lo suyo y a lo eterno- finos, amenos, elegantes conservadores’.

Contrario al marxismo
De 1931 son también los artículos ‘Utopía y realidad españolas’ y ‘Concepto y sentido de España en judíos y catalanes’, amparados ambos por el título genérico de ‘Periodismo político’, que aparecieron en el Diario de Alicante. En ‘Utopía ...’, afirma Sijé: ‘que no vuelvan los gobernantes republicanos españoles a falsificar la historia de España, con marxismo y soluciones comunistas rusas. Yo me atrevo a decir, paradójicamente, que España es anarquista y gubernamental, individualista y gremial, egoísta y comunera (...) Creer en una futura ciudad marxista española es una utopía, una bella utopía si se quiere (...) Nuestra revolución popular y nacional terminará cuando nuestra gran ciudad española sea la exaltación del Sindicato y la exaltación de la Universidad’. Aquí hacía Sijé una nota a pie de página, en la que decía textualmente: ‘Algo se parece esto a lo que sostienen Giménez Caballero (Gecé) y Ledesma Ramos, sin embargo ‘algo’ también me separa de ellos’. Muñoz Garrigós considera este trabajo de Sijé como ‘primer hito de un camino que no dejará nunca’, llamando la atención también sobre ‘la nota final del artículo, en la que, para que nadie se llame a engaño, destaca con meridiana claridad (...) que existen discrepancias entre su propuesta y las que sostenían Giménez Caballero y Ramiro Ledesma’.

Su adscripción al Partido Republicano Federal
Muñoz Garrigós ve ‘una evolución positiva entre la falta de realismo de los primeros escritos políticos de Sijé y estos dos artículos’, debido a que ‘se adscribió al Partido Republicano, que en la provincia de Alicante contaba con intelectuales de la talla de Azorín. De ahí que entrara a formar parte de los colaboradores del Diario de Alicante’. Además, al terminar 1931, se evidencia en Sijé ‘una muy clara inclinación a la apertura, tanto en lo literario como en lo religioso, e incluso en lo político’. Su ingreso en la Universidad de Murcia en junio de ese año le proporcionó la oportunidad de entrar en contacto con un grupo de escritores e intelectuales, cuya amistad tuvo muy fructíferas consecuencias posteriores. En agosto, en un campamento que en Sierra Espuña organizó la FUE (Federación Universitaria Escolar) -uno de los principales frentes de oposición a la Dictadura de Primo de Rivera-, entró en contacto con Carmen Conde, Antonio Oliver y algunos componentes del grupo de ‘La Barraca’ de Federico García Lorca , así como con los poetas Félix Ros y Carlos Martínez-Barbeito.


Su política de diálogo y compenetración territorial

En el artículo ‘Concepto y sentido de España en judías y catalanes’, José Marín escribía: ‘organicemos grandes cruzadas misionales; misiones de España en Cataluña; misiones de Cataluña en España. Prediquemos amor por todas partes; no odio. Hagamos una política de compenetración; ni engaño ni resistencia. Hagamos nuestro el concepto judío de España. Que también lo hagan suyo los catalanes del bello catalán de Ausias March y Verdaguer. Es hora de patriotismo’. En el año 1932, escribió Sijé otros dos artículos de interés político en el Diario de Alicante: ‘Anti Castilla, Anti España’ y ‘España y el judío’. Ambos se refieren a un mismo problema: los estatutos de autonomía emanados de la nueva forma del Estado español: ‘nuestro parlamento, nuestra nacional conciencia política, resolverá el problema estatutista -más concretamente el problema catalán-, como crea debe resolverlo: sin mengua de la unidad espiritual de España; mortificando si es preciso su falsa y forzada unidad política. Sin embargo, se hace necesario el defender (...) la castellanidad de España, el sentimiento castellano como sentimiento nacional y de unidad (...) Sea la serenidad ley’. Sijé defiende ‘el sentimiento castellano como sentimiento nacional y de unidad (...) Pero de ahí no se puede deducir ni antiautonomismo, con la consiguiente defensa numantina de la unidad de España, por encima de cualquier otra razón’, según Muñoz Garrigós, mientras Sánchez Vidal dice que Sijé ‘sigue en sus trece: la época paradigmática de España fue el Siglo de Oro’.

Por aquellos años, el oriolano Sijé ya acumulaba bastantes conocimientos no sólo jurídicos, sino también literarios, filosóficos, teológicos y sociales. Según Manuel Martínez Galiano, tenía un perfecto conocimiento de la literatura, de los autores clásicos -especialmente Quevedo y Gracián-, de nuestros pensadores -Balmes, Unamuno, Ortega y Eugenio d’Ors-, de la filosofía y teología escolástica -principalmente de Santo Tomás- y del pensamiento europeo moderno -Kant, Hegel, Nietzsche, Freud y Guardini. En cuanto a influencia periodística, el artículo titulado ‘Acotaciones a Musset. Para amantes y poetas’ nos revela, según Muñoz Garrigós, una de sus fuentes de Sijé: el crítico Ricardo Baeza, redactor del diario madrileño El Sol, hombre de clara formación filobritánica y primer presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas.

La relación Gecé-Sijé
Al llegar a 1932, es preciso profundizar en la relación Sijé-Ernesto Giménez Caballero ‘Gecé’. Son doce las cartas que se conservan en el archivo de José Torres López y abarcan desde enero de 1932 a septiembre de 1935. ‘Como Sijé murió tres meses más tarde, podemos afirmar, ya de entrada, que las relaciones no se interrumpieron nunca’, señala Eutimio Martín. A preguntas de Muñoz Garrigós, Giménez Caballero no pudo datar con exactitud la fecha del comienzo de su relación con Ramón Sijé, ya que no tenía más que ‘el vago recuerdo de que fue el oriolano el que le escribió, inicialmente, una carta a propósito de algo que se había publicado en La Gaceta Literaria’.

Para Eutimio Martín, ‘Giménez Caballero y Sijé se conocieron haciendo Derecho, ambos por libre, en la Universidad de Murcia (...) Fue el origen de una amistad de cuyo alcance e implicaciones políticas podemos juzgar a través de la correspondencia dirigida por el ‘Robinson Literario’ a su compañero de Orihuela’. Sin embargo, según Muñoz Garrigós, Miguel Hernández ya sabía en enero de 1932 de la relación entre ambos y del 7 y del 12 de junio de ese mismo año se conocen dos cartas de Giménez Caballero a Sijé, añadiendo que ‘en 1933 prosiguieron sus relaciones a raíz de que éste decidiera estudiar Derecho como alumno libre en la Universidad de Murcia’. Hay discrepancia en cuanto al momento en que ambos se conocieron. En cualquier caso, las mencionadas cartas del 7 y del 12 de junio de 1932 demuestran para Muñoz Garrigós que ‘el planteamiento inicial de esta relación discurrió por caminos de tipo literario’, mientras afirma el crítico palentino que ‘Sijé, desde Orihuela, ponía al corriente a su condiscípulo enviándole a Madrid textos y apuntes’.

El madrileño visitó Orihuela el 2 de octubre con motivo del acto de homenaje a Gabriel Miró. Según el abogado y catedrático de Filosofía en la universidad chilena de Concepción, el oriolano Augusto Pescador, ‘formé parte de la comisión que organizó los actos (...) Sé que Sijé escribió por lo menos a dos escritores antes que al director de ‘La Gaceta Literaria’ y, en primer lugar, a Azorín, pero declinaron venir (...) Giménez Caballero hizo un discurso bastante político (...) Aquel acto y los exabruptos fascistas de Giménez Caballero repercutieron más en Madrid, donde fueron bastante comentados, que en Orihuela’.

Muñoz Garrigós, refiriéndose a este homenaje a Miró, añade que debido al ‘ambiente político en que tuvo lugar la inauguración del busto y las extrapolaciones que se hicieron de lo sucedido, no nos puede extrañar que se hayan sacado conclusiones erróneas acerca de la ideología política de Sijé en estos años’. Sin embargo, Carmen Conde, al recordar lo sucedido en el homenaje, decía que Ernesto Giménez Caballero ‘ya influía un tanto ideológicamente a través del acendrado catolicismo de Sijé’.

Las afirmaciones de ‘Gecé’ y sus secuelas
Concha Zardoya ya situó el filofascismo de Sijé en 1932, a raíz de una afirmación que le hizo por carta -fechada el 19 de marzo de 1954- el propio Giménez Caballero. Según comentó la profesora chilena a raíz del homenaje a Miró en Orihuela, ‘Giménez Caballero acababa de llegar por entonces de su viaje a Italia y ya empezaba a difundir por España las ideas fascistas o filofascistas. Parece ser que Ramón Sijé, por vía del catolicismo, se inclinaba a coquetear con aquellas ideas. Y aún hay informantes que han osado afirmar que también M.H., contagiado por su amigo, no sólo las toleraba, sino que las suscribía’. Según Concha Zardoya, el escritor madrileño le dijo en la citada carta que Sijé y Miguel Hernández ‘fueron de los primeros falangistas’ y que ambos, a su llegada a Orihuela para el homenaje, le ‘saludaron con la mano abierta’. Apunta Eutimio Martín que ‘Giménez Caballero siempre ha incluido a Ramón Sijé y a Miguel Hernández entre los fascistas oriolanos’, pero añade que ‘Gecé desbarra’ cuando afirma: ‘Miguel Hernández conmigo y Ramón Sijé y alguien más iniciamos un saludo de mano abierta ante el busto inaugural de Gabriel Miró’. Martín llega a esta conclusión, porque ‘si a Sijé o a Miguel se les hubiera ocurrido hacer el saludo romano ante el busto de Miró, Carmen Conde y su marido, Antonio Oliver, allí presentes, ambos republicanos de izquierda, no les hubieran dirigido nunca más la palabra’.

Basándose también en el anterior testimonio, muchos críticos han fundamentado sus críticas, entre ellos Agustín Sánchez Vidal, quien ha llegado a afirmar que ‘el primero en detectar un cierto filofascismo en la obra de Sijé fue Ernesto Giménez Caballero, toda una institución en la materia (...) Sus relaciones, según éste, eran de discipulaje filofascista’. A este respecto, Muñoz Garrigós recuerda que en 1932 Sijé colaboraba con mucha asiduidad en el Diario de Alicante, ‘totalmente ajeno, al menos hasta donde yo he podido averiguar, a la ideología fascista (...) Que Giménez Caballero lo reconociera así en 1954, en una carta a Concha Zardoya, a mí no me sirve para nada, a menos que se me demuestre que los testimonios posteriores a 1932, tanto suyos como de otras personas, son falsos’.

De 1933 hay unas cartas de Giménez Caballero a Sijé, en las que se puede calibrar el talante político del oriolano: el 10 de octubre de 1933, Caballero comunicó a Sijé que Gil Robles había decidido presentarlo por la demarcación de Murcia en las elecciones del 19 de noviembre como candidato del bloque de las derechas (CEDA), patrocinado por Gil Robles y Goicoechea. A través de Sijé (carta del 10-X-1933), solicita ayuda de sus amigos de Orihuela para su campaña electoral. ‘Ignoramos en qué términos contestó Sijé, pero podemos deducir por la reacción del candidato que la proposición no fue acogida con hostilidad (...) Existía una indudable confluencia ideológica. Porque ambos compartían un visceral antiliberalismo’, señala Eutimio Martín.

En una segunda misiva del 17 de octubre, le escribía ‘Gecé’ al oriolano: ‘qué carta sana, reconfortante, pura, limpia, la suya. Así lo quiero, Sijé, encendido, ilusionado, exigente, intransitable. No tema, no tema nada por su amigo Ernesto. Le conoce poco si cree que eso de la diputación podrá ser su impurificación o bastardeamiento (...) espero seguir en ese trozo de tierra viva de España lo que inicié en Orihuela una tarde de octubre del año pasado’. De lo dicho por Giménez Caballero, se desprende para Muñoz Garrigós que, en la primera respuesta de Sijé, ‘debió haber una serie de objeciones muy serias, a las que el madrileño se vio obligado a contestar con mucha precisión, porque a Sijé no sólo no le parecía bien el Bloque Derechista, sino que tampoco aplaudió la presentación de su amigo (...) Sijé no movió un solo dedo por el triunfo de su condiscípulo y amigo’. En cualquier caso, resulta curioso lo que, con fecha 18 de diciembre de 1932, escribió en La Verdad Ramón Sijé: ‘Ernesto Giménez Caballero es un chulito; un mocito antieuropeo (...) un verbenero intelectual’.

También de la Semana Santa de 1972 es la dedicatoria de Giménez Caballero que aparece en un ejemplar dedicado a un correligionario: ‘Para (...) en recuerdo de cuando en Orihuela nació el movimiento con nuestra semilla azul, con la semilla de Miguel Hernández, Ramón Sijé y otros camaradas y yo’. Dice Eutimio Martín que ‘esta dedicatoria de carácter privado y a un testigo de la época no puede ser desechada, sin más. Máxime cuando viene seguida, en la portadilla del mismo libro, de otra de rúbrica de la primera’. Esta rúbrica decía: ‘Para (...) ya la Orihuela donde Miguel Hernández y Ramón Sijé se ungieron de azul’. Después de todo lo dicho, resulta curiosa la opinión de Eutimio Martín para quien ‘las declaraciones públicas de Giménez Caballero merecen ser puestas en tela de juicio dada su manía de endosar la camisa azul a todo personaje que le sale al encuentro (cuanto más de actualidad, mejor)’.


Su paso por La Verdad
En 1933, ya no publicó en el Diario de Alicante José Marín, ‘quizás por la radicalización política que emprendió este periódico de cara a las elecciones’ -comenta Muñoz Garrigós- y en la prensa de la capital de la provincia sólo aparece la firma de Sijé en El Día, dirigido por el periodista y poeta oriolano Juan Sansano, pero ‘este periódico se enmarcaba políticamente en un derechismo granítico’, como lo califica el mismo crítico, y el oriolano sólo publicó en este diario un único artículo. Quizás por este motivo Sijé se decantó entonces por La Verdad, de Murcia, ‘de más vocación literaria que política’, aunque este diario ‘no disimulaba una tendencia antisemita y profascista que no debía incomodar mayormente a Ramón Sijé’, según afirma Eutimio Martín, en base al contenido de varios artículos publicados en sus páginas: califica como ‘entusiasta’ la reseña de la traducción en español de Los Protocolos de los sabios de Sión (publicado el 3-VII-1932) y como ‘apología del fascismo’ el artículo ‘Diez años de fascismo’ (aparecido el 14-XII-1932).

La influencia del neocatolicismo de Bergamín
En aquellos momentos, hay que hacer referencia a sus relaciones con otro escritor, José Bergamín, que era un calco de Sijé, al ser un hombre con una concepción teológica de la vida, con una visión teocrática del mundo. Sáez Fernández considera que ‘el pensamiento neocatólico, conceptista y barroco de Bergamín va a calar hondo en la personalidad de Sijé y a prefigurar al futuro escritor’, mientras que Cecilio Alonso sostiene que su ‘pasión por el conceptismo y las técnicas barrocas, su devoción por Eugenio D’Ors y José Bergamín, le sumergen en la ebriedad creativista cuando ensaya sus textos críticos’.

En marzo de 1933, el oriolano ya había escrito en Isla, de Cádiz, el trabajo ‘El héroe como concepto’, dedicado al madrileño. La primera carta conocida de Bergamín a Sijé fue del 1 de septiembre de 1993, aunque en ella se hace referencia a un anterior intercambio epistolar entre ellos. Quizás Juan Guerrero Ruiz fue la clave en el inicio de su relación de amistad. Lo cierto es que Sijé ya finalizó 1933 escribiendo una antología de San Juan de la Cruz en Cruz y Raya, revista católica y moderada, dirigida por el propio Bergamín, que le pidió expresamente al oriolano este trabajo. Finalizada la Navidad de ese año, el oriolano marchó incluso a Madrid, visitando a Bergamín.

Apunta Vicente Ramos que ‘de un cristianismo ardiente, juvenil y entrañado, Ramón Sijé luchó por una catolicidad desnuda, limpia, en tensa vigilia ascética, totalizada en la perfecta encarnación del hombre nuevo del Evangelio, por lo que aconseja a la Iglesia que se lance a la vida civil’. Ese sentido religioso de Ramón Sijé estaba vinculado a las corrientes más renovadoras de la Iglesia: la corriente del humanismo cristiano y la corriente del movimiento guardinista. El pensamiento católico-reformista de Ramón Sijé no solamente procedía de Peter Wust, sino que los nombres de Maritain y con él los de quienes integraban el grupo de neotomistas franceses, y de Romano Guardini, entre otros, figuraban en la nómina de las vinculaciones europeas de Sijé. ‘Católico de raza y católico después por reflexión, hizo de la Religión una disciplina del pensamiento’. Así le definía su amigo Jesús Alda Tesán, para quien ‘era un reformador aconsejado por los más hondos afanes. Excluyendo la Biblia, han sido los escritores más profundos con meollo reformador los que se han señalado más recientemente en su formación de hoy, Unamuno, Azorín, Bergamín, Giménez Caballero; de ayer, Quevedo, Gracián, Larra; de fuera, Nietzsche. Giménez Caballero habría tenido que compartir con él la nietez del 98’. En torno al catolicismo de Sijé, Manuel Molina escribió: ‘hombre de fe auténtica, había calado hondo en los Evangelios y sentía que la esencia del cristianismo no caducaría jamás. Sabía que esas fuentes de verdad remozarían nuestra experiencia y defendía esta hermosa causa contra los fariseos de dentro y los ignorantes de fuera que pretendían destruirla’.

El Primero de Mayo de 1934
En palabras de Eutimio Martín, ‘Ramón Sijé no se limitó a la especulación política de signo totalitario. Excepcionalmente podía lanzarse a la arena política reforzando las filas del fascio español. Ello ocurrió, efectivamente, en fecha tan señalada como un 1º de mayo’. El crítico palentino hace este comentario a raíz de un testimonio oral aportado por Ramón Pérez Álvarez, que fue testigo de un suceso que refería así: ‘El 1º de mayo de 1934, Ramón Sijé, acompañado del falangista Juan Bellod, secretario de ‘El Gallo Crisis’, se metieron en una manifestación obrera y comenzaron a repartir octavillas fascistas. Un camarero socialista se metió con Bellod echándole en cara su reciente militancia socialista. La situación se volvía amenazadora para los dos propagandistas. Yo, personalmente, me llevé de allí a Sijé para evitarle posibles riesgos’.

Contaba el propio Pérez Álvarez que Bellod le dijo al respecto: ‘me acuerdo perfectamente. Recuerdo que el manifiesto fue escrito por Sijé en mi despacho de la plaza de Santiago donde yo vivía. Allí estaba la dirección de ‘El Gallo Crisis’. Recuerdo aún una frase de Gonzalo de Berceo que Sijé coló en el texto’. Y concluyó Pérez Álvarez diciendo que ‘me recitó Bellod la frase de Berceo que siento ahora no poder repetirle porque la he olvidado (...) Sijé era falangista militante. Me lo confirmó el propio Bellod, a quien llegué a interrogar a este respecto’.

(Continúa en el siguiente número de ‘El Eco Hernandiano’)

Antonio Peñalver

RAMÓN SIJE EN TESTIMONIOS
En el septuagésimo aniversario de su muerte (1935-2005)
(1ª parte)

‘Su vida ha sido precipitada, tormentosa y luminosa como el rayo y, como la del rayo, ha buscado precipitadamente la tierra’
Miguel Hernández

No de todas las personas que conocieron a Sijé se han conservado testimonios. Sin embargo, bastantes de ellas han dejado recuerdos, impresiones o juicios a partir de su relación y diálogos con el oriolano, lo que contribuye a paliar, en cierta medida, los efectos negativos de su ausencia. A través de ellos, reproducidos en las obras de críticos como José Muñoz Garrigós, Vicente Ramos, Agustín Sánchez Vidal o José Antonio Sáez, entre otros, vamos a adentrarnos en la biografía de José Marín Gutiérrez.

La figura de Sijé: opiniones contrapuestas
La cita de Miguel Hernández que inicia este trabajo es muy significativa de la ‘exaltada y fugacísima existencia’ que llevó este ensayista y periodista oriolano, en palabras del guardamarenco Vicente Ramos, doctor en Filosofía y Letras. Más conocido por la elegía que ha perpetuado su nombre y que le dedicó a su muerte Miguel Hernández, la corta vida de ‘Ramón Sijé’ -nombre literario usado por José Marín Gutiérrez- ha impedido que pocos conozcan en realidad quién fue, qué hizo, cómo vivió y qué representó en su tiempo su figura. Desde que a los doce años publicó su primer trabajo hasta la terminación de su ensayo sobre el Romanticismo, cuando sólo contaba con veintidós años, sus aportaciones a la cultura aparecieron en las más prestigiosas revistas, en los periódicos más importantes y en su personalísimo El Gallo Crisis, manteniendo contactos con las más altas personalidades de la intelectualidad española, como demuestra su epistolario literario.

Ensalzado por unos y denostado por otros, lo cierto es que su figura no ha pasado desapercibida, al menos, para los críticos y estudiosos, que han contribuido con sus investigaciones a recuperar el nombre y la obra de Ramón Sijé, actitud que debe hacernos perseverar en la línea de recuperación de este escritor.

Fue ‘un iluminado, un orador, un filósofo crítico, ensayista vibrante, un joven genial’, escribió el oriolano Manuel Molina, escritor, poeta y tertuliano de la tahona de la calle de Arriba. Por su parte, Antonio Sequeros, profesor de Literatura, glosaba así a Sijé: ‘henchido de genio, saturado de erudición, de unamuniano estilo, ardiendo en llamaradas de misticismo y con escolástica dialéctica, discurriendo por rutas de Quevedo y con mucho Gracián’. Antonio Oliver Belmás, doctor en Filosofía y Letras y fundador de la Universidad Popular de Cartagena, llegó a manifestar que ‘Ramón Sijé era un gran espíritu, uno de los puros espíritus de la región a la que enaltece, pese a su fugaz trayectoria sobre la tierra'.Su amigo Juan Bellod Salmerón, abogado, dijo que ‘como hombre superior que era, tenía un gran concepto de la libertad, pero no era ‘liberal’ como hombre libre y, por consiguiente, era racional y profundamente religioso, que no beato’.

Por el contrario, otros se muestran muy críticos con su figura, sobre todo en relación a su ideología. Para Cecilio Alonso, profesor de Literatura en la Universidad de Valencia, ‘Sijé, sorprendente niño-maduro, contribuye a minar el progreso intelectual de España, huyendo hacia Dios, como fruto de su voluntad de impotencia, inherente, según él, a la condición de ser cristiano. Y buscar apoyo en el orden teocrático: ¿qué es si no incapacidad para comprender materialmente el mundo, aceptarlo e intentar transformarlo, al margen de otras trascendencias?’. Y el catedrático Agustín Sánchez Vidal va mucho más allá, al opinar que ‘Miguel crecerá impregnándose del ambiente conservador y católico de Orihuela y recibirá, a través de Sijé, incluso ingredientes parafascistas’.

En cualquier caso, valga la opinión de Jesús Alda Tesán, catedrático aragonés de Literatura y amigo personal de Ramón Sijé en la redacción de El Gallo Crisis, que afirmaba: ‘no falta quien ha hecho definiciones quizá no siempre bien intencionadas; pero todo se queda en la agudeza pasajera de una frase vana’.

La familia Marín
Ramón Sijé fue el primogénito del matrimonio formado por José Marín Garrigós, vendedor de tejidos, y Presentación Gutiérrez Fenoll, procedente de una bien acomodada familia de la huerta oriolana. Sijé nació en Orihuela a las seis de la tarde del día 16 de noviembre de 1913. Fue bautizado diez días después por el obispo Ramón Plaza y Blanco, Obispo de la Diócesis oriolana, en la catedral de El Salvador. Se le impusieron cinco nombres: José, Ramón, Rufino, Justino y Antonio. Años después, vinieron al mundo sus hermanos Justino (1915-1946) -andando el tiempo adoptaría el seudónimo de ‘Gabriel Sijé’- y María Dolores (1920-1966). La familia vivía en el número 27 de la oriolana calle Mayor, en una hermosa casa de dos pisos. En los bajos, se encontraba el negocio familiar. Según el testimonio del oriolano Francisco de Díe, ilustrador de la revista El Gallo Crisis y amigo de José Marín, ‘la familia era extraña. El espíritu de los Marín era muy puro y, por tanto, débil, encogido, para este mundo disparatado. Tanto Ramón como Gabriel Sijé eran unos introvertidos profundos. Para ellos, y dadas las circunstancias económicas de la familia, sólo existía el mundo de los espíritus. Así que no es de extrañar que la fatalidad, de cualquier modo, acabara con todos’.

El ambiente familiar de los Marín-Gutiérrez tuvo sus peculiaridades en el aspecto económico y en la manera de ser de los padres. La práctica totalidad de los ingresos procedía del negocio familiar, viviendo con holgura gracias a los bienes de la madre. Cuando los hijos mostraron un escaso interés por el negocio familiar, se produjo una ostensible decadencia del mismo. Pero la originalidad más destacable fue la manera de ser de la madre, que había recibido una señorial educación, de la que cabría destacar un catolicismo sin fisuras y un carácter muy enérgico y dominante, que pudo influir en el carácter y pensamiento de José Marín. El padre no tenía don de gentes. La mayoría de testimonios de los amigos que frecuentaban la casa, como Mariano Cremades, Ramón Pérez Álvarez o Miguel Hernández, apuntan a un ambiente familiar en el que la alegría no era el elemento dominante. Manuel Molina señala que José Marín ‘era pequeño y débil de cuerpo, de donde destacaba una cabeza grande y pelada a lo colegial; su cabello era de un castaño claro, y oscuro en las cejas, que enmarcaban unos ojos profundos y brillantes, y su piel morena y lunar. Era una criatura sencilla y fina por naturaleza’. Según el abogado y escritor oriolano José Martínez Arenas, Sijé gozó de poca salud, ‘por lo que fue más amigo de los libros que de la calle’. Por su parte, para Muñoz Garrigós, profesor de Gramática Histórica de la Universidad de Murcia, ‘el retraimiento no debió tener su origen sólo en su poca salud’.

Primeros estudios
Poco antes de cumplir los diez años, en octubre de 1923, ingresó en el Colegio de Santo Domingo para hacer preparatorio inferior, coincidiendo allí, entre otros muchos condiscípulos, con el que, andando el tiempo, habría de ser su ‘amigo del alma’, el poeta Miguel Hernández, ‘aunque la fraternal y célebre amistad entre ambos no arranca de aquí, sino de acontecimientos posteriores’, aclara Muñoz Garrigós. A juzgar por la documentación que aduce el periodista y escritor oriolano Francisco Martínez Marín, debió ser desde el principio un alumno bastante destacado. En el curso 1924-25, prepara el ingreso para el Bachillerato, cuyos ejercicios aprueba en el Instituto Alfonso X el Sabio, de Murcia. Al curso siguiente, obtiene en todas las asignaturas sobresaliente y premio.

Su primer artículo en prensa
En 1926, lo más destacable en su biografía fue la aparición, con fecha de 31 de marzo, en el número 41 de la revista madrileña Héroes, de un artículo firmado por Pepito Marín Gutiérrez con el título ‘España, la de las gestas heroicas’, fechado en Orihuela el día 8 del mismo mes y año. Este artículo fue presentado a un concurso literario para menores de 17 años. Él sólo tenía 12. Aunque se ha dicho que ganó el concurso, aclara Muñoz Garrigós que ‘no he encontrado datos seguros de que fuese éste el artículo premiado’. Pepito Marín iniciaba así su ferviente vocación literaria. En palabras del escritor oriolano José María Pina Brotóns, ‘Sijé es intelectual y estilista como su maestro José María Ballesteros’, médico y escritor oriolano (1897-1939).

En el curso 1926-27, se incorpora al plan de Bachillerato de 1925. Se examina en junio de 1927 y contiene unos resultados claramente inferiores a los del curso anterior: dos sobresalientes, un aprobado y un suspenso (en Francés, 1º). Este suspenso lo convierte en aprobado en la convocatoria de septiembre. ‘No hay constancia de que durante este periodo mantuviese actividad literaria de ningún tipo; si escribió algo, no lo publicó nunca o lo hizo en fechas posteriores’, apunta Muñoz Garrigós. Durante el curso 1927-28, completó sus estudios de Bachillerato elemental, examinándose en el Instituto de Alicante, obteniendo en todas ellas la calificación de sobresaliente en la convocatoria de junio. Al mismo tiempo que estudia, ayudaba en el negocio familiar.

Inicio de su actividad periodística
Fue en 1928 cuando comenzó de un modo definitivo e ininterrumpido la actividad literaria de José Marín Gutiérrez. Ya sabemos que la afición le venía de antes y, aunque muy joven todavía, iba adquiriendo la formación necesaria con el incesante estudio y el estímulo de sus continuas lecturas. Empieza a colaborar activamente en cuantas publicaciones periódicas se editaban en Orihuela y posteriormente en otras como La Verdad, de Murcia; La Gaceta, de Alicante; El Diario de Alicante, de la capital de la provincia; República, de Cartagena; El Sol, de Madrid y Cruz y Raya, de Madrid.

La oportunidad de empezar a publicar le vino dada por la aparición, el 23 de febrero de 1928, de Actualidad, semanario que reflejó durante sus tres años de vida la línea de pensamiento del sector más progresista de las derechas oriolanas. Según el testimonio de Jesús Poveda -poeta, ensayista y tertuliano de la Tahona-, ‘estábamos en 1928. Trabé amistad por ese entonces con José Marín Gutiérrez. Nos unió en seguida nuestra afición por la lectura de buenos libros y la Literatura en general. Sabía muchas cosas del mundo de las letras que yo ignoraba y tenía el don de exponer sus teorías con precisión, con naturalidad, recurriendo a su memoria asombrosa ... Por ese tiempo no le conocí otros amigos’.

La cronología de las primeras publicaciones de Jesús Poveda, Carlos Fenoll, Miguel Hernández y Ramón Sijé confirma la hipótesis para Muñoz Garrigós de que fue Actualidad el órgano de expresión que los puso en contacto. Pepito Marín publicó a partir del número correspondiente al 13 de septiembre de 1928. Este artículo versaba sobre el poeta español José María Gabriel y Galán.

En cuanto al apartado académico, no existen datos oficiales en el expediente académico de José Marín Gutiérrez referidos al curso 1928-29.

Aparición del seudónimo ‘Ramón Sijé’
En 1929, el tema de su actividad literaria es espinoso: para empezar, no aparece ningún artículo suyo firmado ni por su propio nombre y apellido, pero esto no quiere decir nada, ya que sabemos de manera fehaciente por el testimonio personal de su cuñado, el periodista José Torres López, que, a lo largo de su carrera periodística, José Marín ‘utilizó otros varios pseudónimos. La hipótesis de que uno de los primeros pseudónimos utilizados por Pepito Marín fuese ‘Chás’ hay que analizarla con todo cuidado, ya que aparecen razones a favor y en contra de ella. Esta firma aparece, por primera vez, en el número de Actualidad del 20 de junio de 1929’, afirma Muñoz Garrigós.

Durante 1930, la actividad literaria de Pepito Marín fue abundante y variada, sobre todo desde que apareció el 15 de marzo de 1930 la revista oriolana Voluntad, en cuya creación participó decisivamente. En ella, por primera vez, coinciden Fenoll, Hernández y Sijé. Nuestro ensayista publica desde el principio, actuando casi como director de ella, aunque nominalmente lo fuera Manuel Martínez Fabregat. Desde 1930 destaca la profusión de seudónimos que comienza a utilizar (‘Chas’, ‘José Oriolano’, ‘Lola de Orihuela’, ‘Babbitt’ y ‘Ramón Sijé’), atribuyéndosele otros tantos (‘José Oriolano’, ‘Rataplán’, ‘Sascha’, ‘Marcelo de Nola’ y ‘Don Pepe’).

Según Muñoz Garrigós, entre todos los artículos de Sijé en Voluntad, hay unos que nos ofrecen un reflejo de la propia identidad del autor, como ‘Silueta quinteriana’ y ‘Tríptico de hombres vivos y muertos: Yo, Miró y Don Abelardo’. Agrega este estudioso que, en el primero de los artículos mencionados, queda claro que ‘los primeros pasos de su formación como escritor siguieron la línea del costumbrismo: el ya aludido Gabriel y Galán, ahora los Quintero’. En el segundo artículo de ellos, queda claro, por las referencias que contiene, la gran cantidad de lecturas que ya llevaba sobre sus espaldas cuando sólo contaba con 17 años (desde Platón, Sócrates y Lucrecio a Baltasar Gracián, Fray Luis de León, Santo Tomás de Villanueva, Santa Teresa de la Cruz y San Juan de la Cruz, pasando por Eugenio D’Ors y Gabriel Miró, entre otros).

El seudónimo ‘Ramón Sijé’ lo utilizó por primera vez para firmar el mencionado artículo, ‘Silueta quinteriana’, aparecido en el primer número de Voluntad. Se trata del anagrama de José Marín y está formado por las letras del nombre de pila y del primer apellido. ‘El hecho de que su segundo nombre fuese Ramón resulta, a este respecto, absolutamente aleatorio y no es más que una mera coincidencia’, apunta Muñoz Garrigós, quien afirma que Sijé empieza a utilizar este seudónimo en 1930. ‘No he encontrado testimonio alguno, ni siquiera entre sus más allegados, de que existiera en él la más mínima voluntad de utilizar su segundo nombre de pila’.

En el verano de 1930, como consecuencia de su viaje a la ciudad cordobesa de Fernán Núñez para visitar a unos familiares, escribió una serie de artículos, que llevan por título ‘Lo que yo he visto en un pueblo’, ‘El dolor, la muerte y la alegría’, ‘El Potro y el Museo Romero de Torres’ y ‘Un exvoto curioso’. Los tres primeros aparecerían en los números de Voluntad, correspondientes al 15 y 31 de agosto de 1930, y el último fue publicado en Actualidad el 18 de septiembre. Excepción hecha del segundo, los otros tres mantienen el mismo tono: descripción de lo que está viendo, acompañada de un pequeño comentario personal. En ‘El dolor, la muerte y la alegría’, ‘nos presenta tres escenas de la vida de un pueblo en las que el protagonista implícito es cada una de estas tres realidades’, comenta Muñoz Garrigós.

También empieza a publicar Sijé en 1930 sus primeros artículos en otro semanario, El Pueblo de Orihuela, órgano del Sindicato Católico Agrario, que dirigía Luis Almarcha. Hay que recordar que todos los trabajos publicados hasta esa fecha los había hecho, entre los trece y los diecisiete años, un joven estudiante de Bachillerato.

Título de Bachiller en Letras
Académicamente hablando, 1930 fue el año de la culminación de sus estudios. El título de Bachiller Universitario en Letras le fue expedido por el Instituto de Alicante con fecha 22 de marzo. Dos días después traslada de nuevo su expediente al Instituto de Murcia y el 15 de abril solicita realizar la prueba de conjunto en la Universidad de Murcia. Entre todos los que habían superado las pruebas con la calificación global de sobresaliente, se dirimieron los dos premios extraordinarios en un ejercicio escrito que tuvo lugar el 19 de junio. El tema fue la literatura latino-cristiana, con el que Pepito Marín quedó en primer lugar, ganando así el Premio Extraordinario de Bachillerato. Consecuentemente, tras terminar sus estudios, dejó de ser alumno del Colegio de Santo Domingo, que estaba entonces regentado por la Compañía de Jesús. Parece que entonces ‘Sijé se alineó -según Muñoz Garrigós- en otros grupos católicos y así formó parte de la Juventud Antoniana, dirigida por el padre Salvador Juárez, integrándose en su junta directiva y participando activamente en actos y veladas por ellos organizados’.

 

 

La amistad con Miguel Hernández
A partir del 15 de noviembre de 1930 de ese mismo año, empezaron a aparecer sus colaboraciones en Destellos, la revista nacida en Orihuela el 15 de noviembre de ese mismo año. Entre otros trabajos, escribió el artículo ‘Benavente y la bohemia’, calificado por Muñoz Garrigós como ‘modesto ensayo’. Esta publicación fue la que propició la tan fructífera convivencia y hermandad entre Carlos Fenoll, Miguel Hernández y Ramón Sijé, quienes, según Muñoz Garrigós, ‘hasta ese momento no eran más que unos buenos amigos unidos por la afición común a la literatura; a partir de ahí comienza la verdadera confraternización’. Desde entonces, el nombre de Sijé ha ido invariablemente unido al de Miguel Hernández. En todas las numerosas biografías dedicadas al gran poeta oriolano, se habla de este asombroso y erudito joven Ramón Sijé. Él fue el orientador, mentor y descubridor del genio poético de aquél.


Breve incursión en poesía

En 1930, realizó entrevistas y artículos de corte literario y también político, pero también hay que hablar de su trabajo titulado ‘De la vida de los hombres que sufren: Circo’, por ser el único de poesía que nos ha llegado de Sijé. Se trata de unos versos sueltos fechados en diciembre de 1930, evocadores del ambiente circense, ‘en los que se puede apreciar la nula capacidad de su autor para la poesía’, señala Muñoz Garrigós.

De esta misma época data la primera semblanza literaria que hacen de Ramón Sijé como escritor. El abogado y escritor oriolano José María Pina Brotons, a cuya pluma se debe esta reseña, alude a aspectos de su personalidad, pintándolo como extrovertido, sencillo y natural, pese a la gran preparación intelectual que ya, a los 17 años, mostraba. En 1930, también fue Pepito Marín miembro de la Comisión Pro-Homenaje a Jacinto Benavente.

Durante el primer semestre de 1931, su producción periodística apareció toda ella en las páginas de Destellos, siguiendo la misma línea del último periodo del año anterior. En ella y en El Pueblo de Orihuela publicó artículos como ‘Ventanas normales’, ‘Niebla, política, frío’, ‘Etopeya’ y ‘Ante el homenaje a Benavente’, en los que, según Muñoz Garrigós, ‘es evidente que estamos ante los primeros balbuceos del ensayista ramón Sijé’.

Sijé celebra la instauración de la II República
Con un artículo firmado con el seudónimo de Babbitt, publicado en ‘Destellos’ con fecha 15 de abril de 1931, Ramón Sijé celebró la instauración en España de la II República: ‘14 de abril de 1931. Jamás podrá borrarse de las páginas de la Historia, los refulgentes destellos que esta fecha memorable despide (...) triunfo rotundo de la libertad y del civismo (...) La proclamación de la República Española viene a resucitar abiertamente el temperamento heroico y altamente generosos del noble pueblo español. La proclamación de la República Española, en la forma en que se ha desarrollado e implantado, es la lección más hermosa que esta nación ha dado al mundo’. Este trabajo, también reproducido en el semanario oriolano Renacer, es, según Muñoz Garrigós, una muestra muy clara del carácter intelectual con que Ramón Sijé veía el fenómeno político: ‘nos revela hasta qué punto su pensamiento político estaba absolutamente falto de realismo, por muy elogiables que fuesen sus intenciones y saneados sus propósitos’. El escritor, abogado y filósofo oriolano Augusto Pescador, hombre de reconocida trayectoria en el bando de la izquierda, afirmó en su momento que ‘Sijé fue siempre pacifista y no fue nunca partidario de la dictadura’. Por su parte, el cronista de la ciudad de Orihuela, Antonio Luis Galiano, añade que ‘en abril de 1931 redacta el manifiesto del Partido Republicano Federal’.

Entrada en la Universidad
A nivel académico, Sijé inició en junio de 1931 sus estudios de Derecho como alumno libre en la Universidad de Murcia. Sostiene Muñoz Garrigós que sus estudios universitarios le proporcionaron la oportunidad de entrar en contacto con un grupo de escritores y de intelectuales, cuya amistad tuvo muy fructíferas consecuencias posteriores. La necesidad de ayudar a su padre en el negocio, juntamente con la conveniencia de no alterar más la ya endeble economía familiar, le obligan a cursar su carrera por enseñanza libre. Recordaba Juan Bellod Salmerón que Sijé era ‘contable y auxiliar en la tienda de tejidos de su padre’. Los estudios los cursa bajo la dirección de su tío Francisco Marín Garrigós, en cuya academia se iniciaron en la abogacía muchos jóvenes oriolanos. El resultado de este primer año de estudios universitarios ya se podía prever a la vista de su Bachillerato: obtuvo dos matrículas de honor y un sobresaliente.

Colaborador de ‘El Sol’, de Madrid
Tras desaparecer Destellos el 15 de mayo de 1931, su carrera periodística y su prestigio como escritor se ven incrementados al iniciar su participación, con una serie de trabajos de contenido cada vez más literario y ensayístico, en periódicos republicanos de ámbito regional y nacional. Así, comenzó a publicar artículos en La Verdad, de Murcia, y el Diario de Alicante, dirigido por Emilio Costa y órgano del Partido Republicano Radical de la capital de la provincia. Según Muñoz Garrigós, Sijé también se adscribió a este partido, que en la provincia de Alicante contaba con intelectuales de la talla de Azorín. De ahí que entrara a formar parte de los colaboradores del Diario de Alicante -en medio de un magnífico bloque de escritores y hombres de letras- como corresponsal en Orihuela desde mediados de 1931. En este periódico, escribió artículos que eran breves ensayos sobre literatura, como ‘Valores de Levante: Carlos Fenoll’, ‘Acotaciones a Musset. Para amantes y poetas’, ‘Notas a un poeta (Antonio Oliver)’ y ‘A la sombra del Guadalquivir en flor. Don Luis de Góngora y la rosa’.

Por aquella época también empezó a colaborar en el prestigioso diario republicano El Sol, de Madrid. ‘El cambio que se experimenta en Sijé viene dado por el distinto ámbito en que su voz va a resonar. Agotada la vía de las publicaciones puramente locales, va a trasladar su radio de acción a los diarios provinciales e, incluso, por vez primera después de su inicial artículo casi infantil de 1926, se vio su firma en ‘El Sol’, un diario de difusión nacional’, afirma Muñoz Garrigós, quien apunta que Sijé pudo entrar a escribir en este periódico gracias a Juan Guerrero Ruiz, pues estaba destinado en Alicante en octubre de 1931 y en estrecha relación con el Ateneo y con el grupo editor del diario

Su epistolario: la amistad con Giménez Caballero
El año 1932 es importante en la formación de Ramón Sijé por muchos aspectos, pero singularmente en el de sus relaciones con otros grupos de intelectuales y escritores. En este sentido es interesante su correspondencia literaria, porque demuestra su contacto con las figuras más representativas de su época: Juan Ramón Jiménez, el P. Félix García, Ernesto Giménez Caballero, Juan Guerrero Ruiz, José Ortega y Gasset, Manuel de Falla, Adriano del Valle y José María Pemán, entre otros. Giménez Caballero no pudo datar con exactitud al profesor Muñoz Garrigós la fecha del comienzo de su relación con Sijé. El que fuera director de la revista madrileña no tenía ‘más que el vago recuerdo de que fue el oriolano el que le escribió, inicialmente, una carta a propósito de algo que se había publicado en La Gaceta Literaria’. En cualquier caso, en enero de 1932, Miguel Hernández ya sabía de la relación entre ambos, mientras que del 7 y del 12 de junio de ese mismo año son dos cartas de Giménez Caballero a Sijé. ‘Es claro que en estos momentos el escritor madrileño ya se sentía atraído por posturas políticas de corte fascista italiano, y que, por lo tanto podría haber influido algo en el ideario político de Ramón Sijé, pero la verdad es que el planteamiento inicial de esta relación no discurrió por estos caminos, sino más bien por los de tipo literario’, apunta Muñoz Garrigós.

En junio de ese año, obtuvo dos matrículas de honor, un sobresaliente y un notable en la universidad, mientras que, en lo personal, la primera parte del año no debió ser grata para él, porque su amigo Miguel Hernández se encontraba en Madrid pasando grandes apuros económicos y se sentía obligado moralmente ayudarle, al haber sido Sijé uno de los que lo impulsaron a realizar el viaje. Debido a las continuas cartas de su amigo pidiéndole socorros, ‘Sijé acosó a todos los amigos en busca de dinero para Miguel’, apunta Muñoz Garrigós.

Sijé y la tertulia de la tahona
En lo íntimo, las relaciones amorosas entre Josefina Fenoll y Ramón Sijé también comenzaron en 1932, concretamente en el primer trimestre de ese año, como se desprende de una carta que Augusto Pescador le envió desde Madrid el 19 de marzo. ‘La tertulia nada tuvo que ver con el noviazgo, hipótesis confirmada por el propio testimonio personal de Josefina Fenoll, quien valora más, en este sentido, las diarias visitas a la casa de Pepito Marín, para dejar el pan, que las pocas veces que lo había visto antes por su casa, visitando a su hermano’. Para Muñoz Garrigós, por tanto, Sijé sólo fue a la tahona a partir de su noviazgo con la panadera Josefina Fenoll, por lo que hubo poco tiempo para tertulias: ‘Por imperativo del servicio militar, Poveda está fuera de Orihuela a partir de 1932 (...) Si hasta ese año no va Ramón Sijé, ni, por supuesto, su hermano Justino; si Miguel está en Madrid y, cuando regresa a Orihuela, Sijé se va al campamento universitario de Sierra Espuña; si en 1933 es Carlos Fenoll quien se marcha al servicio militar; si al regreso de Poveda, en 1934, Miguel se marcha a Madrid y se empieza a vislumbrar el enfriamiento de las relaciones entre Sijé y él, poco espacio queda, realmente, para la tertulia con regularidad’. Por su parte, Jesús Poveda hace una afirmación rotunda al respecto: ‘Sijé nunca fue guía de nuestras tertulias literarias de la calle de Arriba. Jamás tomó parte en ellas’.

Sin embargo, otros testimonios desvelan la asistencia de José Marín a otras reuniones y tertulias existentes en la ciudad, como la que formaron de inicio los firmantes de la convocatoria del homenaje a Gabriel Miró, que se vio enriquecida con la posterior incorporación de intelectuales como Jesús Alda, Augusto Pescador, Mariano Cremades y Juan Bellod, quien recuerda que Sijé era ‘ameno y magistral amigo en las peñas de ‘El Palas’ -‘Palace Hotel’, de Orihuela-‘. Allí se hablaba sobre todo de literatura. Otro grupo surgió en el convento de los Padres Capuchinos, donde se reunían para hablar de filosofía Augusto Pescador, Juan Colom, Buenaventura de Puzol, Sijé y Juan Bellod, para quien José Marín era la ‘estrella de la tertulia trisemanal’. Otra reunión o tertulia, mucho más politizada, tenía lugar en el despacho del notario José María Quílez, a la que acudían Tomás López, el padre Buenaventura de Puzol, Fulgencio Ros y otras personas afines al partido de Gil Robles. ‘Aquí no acudía Sijé que, como bien afirman cuantos le trataron en esos años, nunca tuvo nada que ver ni con la CEDA ni con la Falange Española’, apunta Muñoz Garrigós.

Los escritos salidos de la pluma de Pepito Marín en 1932 son generalmente breves ensayos sobre literatura. En palabras de Muñoz Garrigós, ‘algunos de ellos perfilaron el pensamiento de Sijé en ese momento crucial de su formación’ y se publicaron en el Diario de Alicante, como ‘Poema de amor al libro’, ‘Anti Castilla, Anti España’, ‘Del antihéroe’ y ‘España y el judío’.

Amistad con Carmen Conde y Antonio Oliver
Otro de los hechos ocurridos ese año y que más importancia tuvo en la formación intelectual de Sijé fue su presencia en el campamento universitario de la FUE (Federación Universitaria Escolar), que, en agosto, tuvo lugar en Sierra Espuña. Allí, el ensayista oriolano tomó contacto con jóvenes comprometidos en empresas literarias, como Carmen Conde, Antonio Oliver y algunos componentes del grupo de ‘La Barraca’, de Federico García Lorca, así como los poetas Félix Ros y Carlos Martínez-Barbeito. Carmen Conde cuenta de Sijé que en la colonia universitaria de Sierra Espuña ‘le oír hablar, sólo y con nosotros; pensé en Rimbaud, el adolescente asombroso; en un Rimbaud que se moriría joven, como aquel primero murió para el arte. Tuve miedo de su inteligencia y orgullo a la vez, porque era nuestro amigo querido y de él nos envanecíamos todos. Por eso, más tarde, al no encontrarle totalmente en mi mundo intelectual humano, se me entristeció su amistad’. Gracias a los contactos con Oliver y Conde, Sijé pronunció una conferencia en la Universidad Popular de Cartagena el 30 de septiembre de 1932, reseñando los periódicos del día siguiente que fue uno de los más bellos ejemplos del más puro estilo sijeano, desgranando aspectos poco familiares de Gabriel Miró. Sijé dedicó esta conferencia, titulada Oleza, pasional natividad estética de Gabriel Miró, a la escritora unionense María Cegarra Salcedo ...

(Continúa en el siguiente número de ‘El Eco Hernandiano’)

Antonio Peñalver

 

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