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DESDE MÉXICO PARA "EL ECO HERNANDIANO" MIGUEL HERNÁNDEZ: CONSTANTES Y VARIANTES DE UNA EVOLUCIÓN POÉTICA |
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DESDE MÉXICO PARA “EL ECO HERNANDIANO” México, a 7 de octubre de 2005
Que me disculpe doña Maruja Fabregat, pero no es como usted lo cuenta. Como investigador de la vida de nuestro amado poeta y de sus amigos, puedo decir que Ramón Pérez Álvarez fue quien recogió la bolsa con los nueve poemas de Hernández, y solicitó a su compañero de prisión José María Torregrosa Juan, de profesión abogado y condenado a doce años de prisión mayor por auxilio a la rebelión, que dibujara a Hernández de cuerpo presente. Ramón Pérez tenía el beneficio de poder andar libremente dentro la prisión porque el día 6 de marzo de 1942 fue nombrado integrante de la Agrupación Artística “Coro”, por reunir las condiciones determinadas en el decreto del 23 de noviembre de 1940. Ramón Pérez, después de todo, fue un afortunado dentro de la prisión por su buena conducta. En 1943 fue trasladado a la prisión de Almería para trabajar como escribiente por orden de la Dirección General de Prisiones, y el día 9 de enero de 1946 fue puesto en libertad por indulto del Decreto del 9 de octubre de 1946 desde la Prisión de Sevilla. Cuando sale de prisión Ramón Pérez, entrega a Josefina Manresa todos los papeles que pudo recoger de Hernández, hasta su carné del Partido Comunista, el cual Josefina lo pierde, al igual que los nueve poemas que hasta la fecha no han aparecido. Qué miedo sentiría Josefina, a tal grado de desaparecer los poemas, recuerden los que no olvidan que si a Josefina le hubiesen descubierto los famosos poemas, hubiera ido a la cárcel también, ya que nadie sabe, ni creo que se sepa, qué decían los tan nombrados poemas. Por tal motivo y con todos mis respetos, espero que la señora Maruja Fabregat rectifique lo que no es, pues no se vale que esperara que Ramón Pérez falleciera para sacar esta bula.
Miguel
Hernández: En unas jornadas como las que han tenido lugar en Moscú, dispuestas a engrandecer y extender la figura de Miguel Hernández, una conferencia de este tipo se suponía asignatura obligada. Pues siendo como es el oriolano un autor no demasiado conocido en Rusia, exceptuando los círculos más académicos, parecía lógico repasar tanto su trayectoria vital, como la cronológica, con el fin de acercarlo un poco más, aunque fuera de un modo introductorio, al gran público. ‘Miguel Hernández: constantes y variables de una evolución poética’ pretendía ser, partiendo de una mirada retrospectiva, tanto a la vida como a la obra del oriolano, un fiel reflejo de la evolución estilística que sufrió, y que lo llevó, en apenas diez años, de abrazar la poesía pura, a la impura, la comprometida y belicosa, y a despojarse, en sus últimos y agónicos años de vida, de cualquier andamiaje poético, para ofrecernos unos textos cargados de dolor. Vida y obra, dos facetas que, si generalmente, resulta difícil deslindar, en el caso en particular de alguien que tuvo unas vicisitudes vitales tan señaladas, y que vivió con tanta intensidad su corta vida, hechos que incidieron directamente en su obra, la empresa adquiere dimensiones, si se quiere, casi proteicas. Es por ello que el profesor Riquelme, desde esa necesaria comunión entre ambas facetas, y pasando el texto por el tamiz de un conveniente didactismo, trazó una línea a través de los sucesos más trascendentales de su vida, en estricto orden cronológico, pero a partir de su producción literaria. Divide su trayectoria vital a partir de sus obras más importantes. Así, la primera etapa le lleva, a través de la influencia del paisaje oriolano, el neocatolicismo de Sijé y su acercamiento a la poesía pura neogongorina, a su primer poemario, Perito en lunas. Una etapa en la que Riquelme nos presenta a un Miguel Hernández ‘adolescente, joven e inquieto’, que únicamente llegará a ver lo que asalta sus sentidos de un modo tan ‘inocente’ como ‘inmediato’. Un poeta que comienza ya a ser consciente de que lo suyo es algo más que una vocación, pero que todavía escribe por el mero hecho de deleitarse creando versos; y Luis de Góngora es el modelo que utiliza en sus primeros devaneos poéticos, unos divertimentos que, por otro lado, encierran, por el gran potencial que era inherente a Hernández, un poesía que poco tiene de poeta primerizo. Pero en cuanto entran en liza dos factores tan importantes en la simbología hernandiana como son el amor y la ciudad de Madrid, su evolución comienza a ser más patente y evidente. El rayo que no cesa es la plasmación de una crisis personal que se ha extendido a su poesía, y que una constante diatriba entre la realidad y un deseo amoroso que lo consume y abrasa por dentro. Afirmando Jesucristo Riquelme que estamos ante “la transición a una nueva situación de madurez y choque evolutivo”. Llegados al momento de la poesía más comprometida ideológicamente, plasmada en Viento del pueblo y El hombre acecha, nos encontramos con un Miguel Hernández que emerge de las profundidades de sus sentimientos para darse de bruces con una realidad externa que no es ciertamente la más deseable. La guerra causa en el oriolano unos efectos devastadores ya no solo en lo físico sino también, y sobre todo, en lo anímico; efectos que irá ya arrastrando hasta el fin de sus días. Una poesía plagada de desánimo y dolor, de amplia gravedad y versos que rezuman derrota en cada palabra, en cada línea. Para pasar a centrarse en la penosa etapa de la biografía hernandiana en la que se vio forzado a transitar por gran número de cárceles franquistas, escribiendo sus versos a hurtadillas en un gastado cuadernillo, el tan celebrado como triste Cancionero y romancero de ausencias, su último legado antes de llegar el injusto final. Una vez que Riquelme había desgranado esa trayectoria vital y artística de Miguel Hernández, su conferencia pasó a centrarse en unos aspectos que, pese a ser, quizás, de un interés no tan marcado como los desarrollados en la primera parte, reforzaban más aún si cabe la visión que se estaba intentando formar en las mentes de los asistentes a la conferencia. Así, el primer punto no podía ser otro que uno de aquellos que Miguel Hernández tanto se encargó de difundir durante sus primeros meses en Madrid, quizás para darse a conocer, quizás por hacer extrañamente, orgullo de su propia sed. Este punto no es otro que el famoso autodidactismo del poeta oriolano, que, junto al de pastor de cabras echado a los leones de las letras, eran dos de esos mitos que siempre le acompañarían. Además, “el escritor contribuye – según Riquelme – al intento de superación colectiva de un pueblo analfabeto, entonces”. Pasando a afirmar que “el espíritu hernandiano hoy (...) consiste en la lucha por la vida, auxiliado por la cultura, con la esperanza de un mundo mejor para todos”. Otra de esas grandes virtudes que, afirma Riquelme, posee la obra hernandiana, y que nos ofrece aquí para aumentar, más si cabe, el espectro trazado a lo largo de esta aglutinante y totalizadora conferencia, es el de esa perfecta simbiosis que, en los versos de Hernández, subyace en lo referente a la bella poesía, a la lírica, al arte por el arte, con el compromiso político y social. Consiguiendo, no sabemos si consciente o inconscientemente, que “el que lee se sienta protagonista de lo que lee y se emociona porque se identifica con el sujeto lírico”. La biografía trágica de Hernández, su perpetua y simbólica afiliación a la causa republicana, o lo accesible y humano de sus poemas son el preámbulo al final de la conferencia. Una conferencia que, si bien por un lado tenía las claras premisas de informar y acercar la figura de Hernández al pueblo ruso, proclamaba, por encima de cualquier otro objetivo una vez llegaba a su final, el ferviente deseo de que esa gran mayoría rusa leyese con emoción los versos de Miguel Hernández. “Lean a Miguel Hernández, y que su espíritu de libertad nos alcance”. Así sea. Óscar M. Ferrández LA IDEOLOGÍA POÉTICA DE RAMÓN SIJÉ (1ª PARTE)
Su
educación religiosa y el ambiente oriolano Sus
primeras lecturas: José María Gabriel y Galán Su
debut periodístico en Actualidad Jesús Poveda, poeta, ensayista y tertuliano de la Tahona, ya que nos permite saber como era Sijé a los quince años: ‘en 1928, trabé amistad con José Marín Gutiérrez, un joven estudiante de Bachillerato, alumno del colegio de los Jesuitas. Nos unió en seguida nuestra afición por la lectura de buenos libros y la Literatura en general. Sabía muchas cosas del mundo de las letras que yo ignoraba y tenía el don de exponer sus teorías con precisión, con naturalidad, recurriendo a su memoria asombrosa. Lo que yo escribía de mi cosecha pasaba luego por su mano para recibir su valiosa opinión (...) Por ese tiempo no le conocí otros amigos’.
En 1929, seguir la estela en prensa de Sijé es difícil, porque no aparece ningún artículo suyo firmado por su propio nombre y apellido, pero pudo hacerlo con algún seudónimo. La hipótesis de que uno de ellos era ‘Chás’ hay que analizarla con cuidado, según Muñoz Garrigós. Esta firma apareció por primera vez en Actualidad el 20 de junio de 1929 y su autor era claramente favorable a la prensa católica, ‘pero no de una forma incondicional, sino duramente crítica, muy acorde con la que fue siempre la postura de Sijé’, comenta este crítico, añadiendo que ésto ‘invita a pensar en Sijé como autor del artículo’. Las restantes colaboraciones amparadas bajo este seudónimo, en este mismo periódico y en el mismo año, se dividen, casi por igual, en temas políticos y literarios. Voluntad
y sus primeros artículos políticos Opinión muy distinta sobre el periódico Voluntad es la que tiene Eutimio Martín, profesor de la Universidad francesa de Aix-en-Provence: ‘la amistad o relación Sijé-Miguel Hernández nace con la primera andadura netamente totalitaria de Sijé: el periódico ‘Voluntad’ (...) La cabecera muestra ya en el propio título una agresividad sospechosa: los caracteres góticos de ‘Voluntad’ adoptan en la L y en la T la forma de sendas espadas. Para esta empresa, de indudable signo bélico (...) Ramón Sijé se considerará siempre un jefe nato y obrará en consecuencia. ‘Voluntad’ será el primer banco de prueba de su vocación de mando’. Sin embargo, en el editorial del número 1, la publicación no se define ni de derechas ni de izquierdas: ‘no pertenecemos a bando alguno’. Ante ésto, añade Eutimio Martín que ‘nunca la extrema derecha consideró (la siempre derecha, tampoco) que hacer política ultraderechista sea hacer política: los fascistas ‘hacen patria’. Su único programa: la violencia contrarrevolucionaria’. Según Muñoz Garrigós, entre todos los artículos de Sijé en Voluntad, hay unos que nos ofrecen un reflejo de la propia identidad del autor, como ‘De re política’ y ‘Estudiantina revolucionaria’. En el primero de ellos, publicado el 30 de abril de 1930, sostenía Sijé que ‘tras el prisma de nuestra juventud vemos, quizás con más claridad que algunos, el aspecto de la actualidad política española. Y en esa pantalla hemos contemplado otras porque (...) hemos tirado al suelo el prisma de nuestra consideración nacional ... Quiera Dios que cuando muramos sea nuestro epitafio una España, y por ende una Orihuela, nueva, feliz, sana. Y así habremos hecho algo, moriremos contentos’. Opina Muñoz Garrigós que ‘la solución ofrecida por Sijé no es otra que la vuelta a los ideales clásicos, a los que hicieron posible nuestro Siglo de Oro’. El titulado ‘Estudiantina revolucionaria’ responde a las algaradas universitarias de los primeros días de mayo de 1930: ‘Nos parece que a los bonachones que suscribieron en las soberanas cortes gaditanas la famosa [Constitución] del 12, al enumerar los derechos de los españoles (...) les faltó una cosa. ¿La adivináis? Pues el derecho a la estaca (...) ¿Qué quieren los estudiantes? ¿Una España o un caos? (...) Es el ciudadano una pieza de la inmensa y complicada máquina del estado. Una pieza que contribuye al buen funcionamiento de la máquina (...) el ciudadano debe respetar la Constitución y por ende debe guardar el orden (...) el que ataca, el que viola ese orden debe ser castigado (...) Hace pocos días un grupo de estudiantes con el grito subversivo en la boca, la piedra en la mano, el cuerpo envuelto en el paño rojo ..., dieron un espectáculo grandioso, apoteósico. La Meca de la intelectualidad española (...) convertida en barricada ¡Dios mío!’, decía Sijé. Sobre este artículo Eutimio Martín se muestra muy crítico con el oriolano porque ante la agitación universitaria de finales del curso 1929-30, ‘Ramón Sijé (que, no lo olvidemos, no es universitario todavía) propugna la dialéctica de la estaca’. Por otra parte, Eutimio Martín afirma que ‘no disimula Sijé su pretensión de erigirse en unificador de las derechas oriolanas’ a raíz de que en el editorial de esta revista del 30 de mayo de 1930 se dijera textualmente que ‘las derechas oriolanas no se han formado, están por formarse (...) No basta ser derechista, ser buen católico (...) Católicos, gracias a Dios, hay en Orihuela. Derechas, no’. En este mismo artículo, Voluntad propone que, cuando José María Albiñana venga a Orihuela, las derechas oriolanas tengan la valentía de ‘salir a la calle, proclamarse derechistas y luego acompañar al derechista más derechista español’, concluyendo que ‘o eres de las derechas o de la acera de enfrente’. Albiñana era un médico valenciano que fundó en abril de 1930 el Partido Nacionalista Español, en cuyo manifiesto sus huestes se definían como el voluntariado ciudadano con intervención directa, fulminante y expeditiva en todo acto atentatorio o despectivo de la patria. El crítico palentino añade que ‘en esta actitud ‘viril’ de nuestro profesor de fascismo no podía faltar el toque machista. Con el seudónimo de ‘Lola de Orihuela’, este mocoso virginal de 16 años acapara la rúbrica feminista’. Se refiere Eutimio Martín al artículo aparecido en el número 2 de Voluntad de 30 de marzo de 1930 -y no en el número 6 como dice él-, donde hay citas sorprendentes de Sijé para la edad que tenía: ‘lectora ¿tienes bien entendido lo que es ser mujer? Me creo que no; por lo tanto esta mi primera charla va dedicada a eso, a haceros entender lo que es ser mujer. La mujer fue esclava con el pagano, compañera con el cristiano y superhombre en la época moderna (...) Yo que creo entender la sensibilidad femenina contesto por vosotras diciendo que el tipo de mujer es el de compañera. La mujer no debe ser esclava (...) La mujer no debe ser superhombre (...) al hombre le gusta la mujer en su intimidad, no perorando en un escaño del congreso, ni practicando una delicada cura (...)El día que las mujeres comprendan lo que es ser mujer habrán desaparecido del mundo las ideas tan absurdas como la independencia, su voto, etc (...) Ha de ser [la mujer] (...) débil como la Margarita cantada por Rubén Darío; debe ser fuerte como la católica Isabel’. Desde que desaparece Voluntad el 30 de agosto de 1930 hasta la aparición de Destellos el 15 de noviembre, Sijé colaboró en Actualidad y también en El Pueblo de Orihuela. En este último periódico publicó a finales de 1930 el artículo ‘Consideraciones literarias’, en uno de cuyos fragmentos decía: ‘recluído en una especie de inacción espiritual -polo opuesto de lo noble y divertido de la república de las letras- se piensa con más holgura, se discute con menos pasión, se juzga con serenidad y se lucha con mucha más lealtad’. Su
abrazo a la II República en Destellos En el segundo artículo, con fecha 15 de abril de 1931, Ramón Sijé celebraba la instauración en España de la II República: ’14 de abril de 1931. Jamás podrán borrarse de las páginas de la Historia, los refulgentes destellos que esta fecha memorable despide (...) triunfo rotundo de la libertad y del civismo (...) La proclamación de la República Española viene a resucitar abiertamente el temperamento heroico y altamente generoso del noble pueblo español. La proclamación de la República Española, en la forma en que se ha desarrollado e implantado, es la lección más hermosa que esta nación ha dado al mundo’. Sijé había crecido en una España gobernada por la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y, como venía colaborando en la prensa desde 1928, conocía, entre otras consecuencias del régimen político imperante, la existencia, en el plano literario y periodístico, de la censura previa. Al hilo de la instauración de la II República, el cronista de Orihuela Antonio Luis Galiano, apunta un dato importante, al afirmar que José Marín ‘en abril de 1931 redacta el manifiesto del Partido Republicano Federal’. Este trabajo sobre el nuevo régimen político, también reproducido en el semanario oriolano Renacer, es, según Muñoz Garrigós, una muestra muy clara del carácter intelectual con que Ramón Sijé veía el fenómeno político: ‘nos revela hasta qué punto su pensamiento político estaba absolutamente falto de realismo, por muy elogiables que fuesen sus intenciones y saneados sus propósitos’. Dice Cecilio Alonso, profesor de la Universidad de Valencia, al referirse a Sijé que ‘fue la suya una voz joven que en la República manifiesta vehementemente sus deseos de contribuir a la vertebración de España, haciendo de este afán un acto transparente. Su propuesta -inmadura e impetuosa- cobraba cuerpo en un tipo de vertebración teocrática que difícilmente podía hallar eco en el marco del historicismo cultural dominante’. ‘El
reino de Dios en la tierra’ Articulista
en diarios republicanos Contrario
al marxismo Su
adscripción al Partido Republicano Federal
Por aquellos años, el oriolano Sijé ya acumulaba bastantes conocimientos no sólo jurídicos, sino también literarios, filosóficos, teológicos y sociales. Según Manuel Martínez Galiano, tenía un perfecto conocimiento de la literatura, de los autores clásicos -especialmente Quevedo y Gracián-, de nuestros pensadores -Balmes, Unamuno, Ortega y Eugenio d’Ors-, de la filosofía y teología escolástica -principalmente de Santo Tomás- y del pensamiento europeo moderno -Kant, Hegel, Nietzsche, Freud y Guardini. En cuanto a influencia periodística, el artículo titulado ‘Acotaciones a Musset. Para amantes y poetas’ nos revela, según Muñoz Garrigós, una de sus fuentes de Sijé: el crítico Ricardo Baeza, redactor del diario madrileño El Sol, hombre de clara formación filobritánica y primer presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. La
relación Gecé-Sijé Para Eutimio Martín, ‘Giménez Caballero y Sijé se conocieron haciendo Derecho, ambos por libre, en la Universidad de Murcia (...) Fue el origen de una amistad de cuyo alcance e implicaciones políticas podemos juzgar a través de la correspondencia dirigida por el ‘Robinson Literario’ a su compañero de Orihuela’. Sin embargo, según Muñoz Garrigós, Miguel Hernández ya sabía en enero de 1932 de la relación entre ambos y del 7 y del 12 de junio de ese mismo año se conocen dos cartas de Giménez Caballero a Sijé, añadiendo que ‘en 1933 prosiguieron sus relaciones a raíz de que éste decidiera estudiar Derecho como alumno libre en la Universidad de Murcia’. Hay discrepancia en cuanto al momento en que ambos se conocieron. En cualquier caso, las mencionadas cartas del 7 y del 12 de junio de 1932 demuestran para Muñoz Garrigós que ‘el planteamiento inicial de esta relación discurrió por caminos de tipo literario’, mientras afirma el crítico palentino que ‘Sijé, desde Orihuela, ponía al corriente a su condiscípulo enviándole a Madrid textos y apuntes’. El madrileño visitó Orihuela el 2 de octubre con motivo del acto de homenaje a Gabriel Miró. Según el abogado y catedrático de Filosofía en la universidad chilena de Concepción, el oriolano Augusto Pescador, ‘formé parte de la comisión que organizó los actos (...) Sé que Sijé escribió por lo menos a dos escritores antes que al director de ‘La Gaceta Literaria’ y, en primer lugar, a Azorín, pero declinaron venir (...) Giménez Caballero hizo un discurso bastante político (...) Aquel acto y los exabruptos fascistas de Giménez Caballero repercutieron más en Madrid, donde fueron bastante comentados, que en Orihuela’. Muñoz Garrigós, refiriéndose a este homenaje a Miró, añade que debido al ‘ambiente político en que tuvo lugar la inauguración del busto y las extrapolaciones que se hicieron de lo sucedido, no nos puede extrañar que se hayan sacado conclusiones erróneas acerca de la ideología política de Sijé en estos años’. Sin embargo, Carmen Conde, al recordar lo sucedido en el homenaje, decía que Ernesto Giménez Caballero ‘ya influía un tanto ideológicamente a través del acendrado catolicismo de Sijé’. Las
afirmaciones de ‘Gecé’ y sus secuelas Basándose también en el anterior testimonio, muchos críticos han fundamentado sus críticas, entre ellos Agustín Sánchez Vidal, quien ha llegado a afirmar que ‘el primero en detectar un cierto filofascismo en la obra de Sijé fue Ernesto Giménez Caballero, toda una institución en la materia (...) Sus relaciones, según éste, eran de discipulaje filofascista’. A este respecto, Muñoz Garrigós recuerda que en 1932 Sijé colaboraba con mucha asiduidad en el Diario de Alicante, ‘totalmente ajeno, al menos hasta donde yo he podido averiguar, a la ideología fascista (...) Que Giménez Caballero lo reconociera así en 1954, en una carta a Concha Zardoya, a mí no me sirve para nada, a menos que se me demuestre que los testimonios posteriores a 1932, tanto suyos como de otras personas, son falsos’. De 1933 hay unas cartas de Giménez Caballero a Sijé, en las que se puede calibrar el talante político del oriolano: el 10 de octubre de 1933, Caballero comunicó a Sijé que Gil Robles había decidido presentarlo por la demarcación de Murcia en las elecciones del 19 de noviembre como candidato del bloque de las derechas (CEDA), patrocinado por Gil Robles y Goicoechea. A través de Sijé (carta del 10-X-1933), solicita ayuda de sus amigos de Orihuela para su campaña electoral. ‘Ignoramos en qué términos contestó Sijé, pero podemos deducir por la reacción del candidato que la proposición no fue acogida con hostilidad (...) Existía una indudable confluencia ideológica. Porque ambos compartían un visceral antiliberalismo’, señala Eutimio Martín. En una segunda misiva del 17 de octubre, le escribía ‘Gecé’ al oriolano: ‘qué carta sana, reconfortante, pura, limpia, la suya. Así lo quiero, Sijé, encendido, ilusionado, exigente, intransitable. No tema, no tema nada por su amigo Ernesto. Le conoce poco si cree que eso de la diputación podrá ser su impurificación o bastardeamiento (...) espero seguir en ese trozo de tierra viva de España lo que inicié en Orihuela una tarde de octubre del año pasado’. De lo dicho por Giménez Caballero, se desprende para Muñoz Garrigós que, en la primera respuesta de Sijé, ‘debió haber una serie de objeciones muy serias, a las que el madrileño se vio obligado a contestar con mucha precisión, porque a Sijé no sólo no le parecía bien el Bloque Derechista, sino que tampoco aplaudió la presentación de su amigo (...) Sijé no movió un solo dedo por el triunfo de su condiscípulo y amigo’. En cualquier caso, resulta curioso lo que, con fecha 18 de diciembre de 1932, escribió en La Verdad Ramón Sijé: ‘Ernesto Giménez Caballero es un chulito; un mocito antieuropeo (...) un verbenero intelectual’. También de la Semana Santa de 1972 es la dedicatoria de Giménez Caballero que aparece en un ejemplar dedicado a un correligionario: ‘Para (...) en recuerdo de cuando en Orihuela nació el movimiento con nuestra semilla azul, con la semilla de Miguel Hernández, Ramón Sijé y otros camaradas y yo’. Dice Eutimio Martín que ‘esta dedicatoria de carácter privado y a un testigo de la época no puede ser desechada, sin más. Máxime cuando viene seguida, en la portadilla del mismo libro, de otra de rúbrica de la primera’. Esta rúbrica decía: ‘Para (...) ya la Orihuela donde Miguel Hernández y Ramón Sijé se ungieron de azul’. Después de todo lo dicho, resulta curiosa la opinión de Eutimio Martín para quien ‘las declaraciones públicas de Giménez Caballero merecen ser puestas en tela de juicio dada su manía de endosar la camisa azul a todo personaje que le sale al encuentro (cuanto más de actualidad, mejor)’.
La
influencia del neocatolicismo de Bergamín En marzo de 1933, el oriolano ya había escrito en Isla, de Cádiz, el trabajo ‘El héroe como concepto’, dedicado al madrileño. La primera carta conocida de Bergamín a Sijé fue del 1 de septiembre de 1993, aunque en ella se hace referencia a un anterior intercambio epistolar entre ellos. Quizás Juan Guerrero Ruiz fue la clave en el inicio de su relación de amistad. Lo cierto es que Sijé ya finalizó 1933 escribiendo una antología de San Juan de la Cruz en Cruz y Raya, revista católica y moderada, dirigida por el propio Bergamín, que le pidió expresamente al oriolano este trabajo. Finalizada la Navidad de ese año, el oriolano marchó incluso a Madrid, visitando a Bergamín. Apunta Vicente Ramos que ‘de un cristianismo ardiente, juvenil y entrañado, Ramón Sijé luchó por una catolicidad desnuda, limpia, en tensa vigilia ascética, totalizada en la perfecta encarnación del hombre nuevo del Evangelio, por lo que aconseja a la Iglesia que se lance a la vida civil’. Ese sentido religioso de Ramón Sijé estaba vinculado a las corrientes más renovadoras de la Iglesia: la corriente del humanismo cristiano y la corriente del movimiento guardinista. El pensamiento católico-reformista de Ramón Sijé no solamente procedía de Peter Wust, sino que los nombres de Maritain y con él los de quienes integraban el grupo de neotomistas franceses, y de Romano Guardini, entre otros, figuraban en la nómina de las vinculaciones europeas de Sijé. ‘Católico de raza y católico después por reflexión, hizo de la Religión una disciplina del pensamiento’. Así le definía su amigo Jesús Alda Tesán, para quien ‘era un reformador aconsejado por los más hondos afanes. Excluyendo la Biblia, han sido los escritores más profundos con meollo reformador los que se han señalado más recientemente en su formación de hoy, Unamuno, Azorín, Bergamín, Giménez Caballero; de ayer, Quevedo, Gracián, Larra; de fuera, Nietzsche. Giménez Caballero habría tenido que compartir con él la nietez del 98’. En torno al catolicismo de Sijé, Manuel Molina escribió: ‘hombre de fe auténtica, había calado hondo en los Evangelios y sentía que la esencia del cristianismo no caducaría jamás. Sabía que esas fuentes de verdad remozarían nuestra experiencia y defendía esta hermosa causa contra los fariseos de dentro y los ignorantes de fuera que pretendían destruirla’. El
Primero de Mayo de 1934 Contaba el propio Pérez Álvarez que Bellod le dijo al respecto: ‘me acuerdo perfectamente. Recuerdo que el manifiesto fue escrito por Sijé en mi despacho de la plaza de Santiago donde yo vivía. Allí estaba la dirección de ‘El Gallo Crisis’. Recuerdo aún una frase de Gonzalo de Berceo que Sijé coló en el texto’. Y concluyó Pérez Álvarez diciendo que ‘me recitó Bellod la frase de Berceo que siento ahora no poder repetirle porque la he olvidado (...) Sijé era falangista militante. Me lo confirmó el propio Bellod, a quien llegué a interrogar a este respecto’. (Continúa en el siguiente número de ‘El Eco Hernandiano’) Antonio
Peñalver RAMÓN
SIJE EN TESTIMONIOS ‘Su
vida ha sido precipitada, tormentosa y luminosa como el rayo y, como
la del rayo, ha buscado precipitadamente la tierra’ No de todas las personas que conocieron a Sijé se han conservado testimonios. Sin embargo, bastantes de ellas han dejado recuerdos, impresiones o juicios a partir de su relación y diálogos con el oriolano, lo que contribuye a paliar, en cierta medida, los efectos negativos de su ausencia. A través de ellos, reproducidos en las obras de críticos como José Muñoz Garrigós, Vicente Ramos, Agustín Sánchez Vidal o José Antonio Sáez, entre otros, vamos a adentrarnos en la biografía de José Marín Gutiérrez. La
figura de Sijé: opiniones contrapuestas Ensalzado por unos y denostado por otros, lo cierto es que su figura no ha pasado desapercibida, al menos, para los críticos y estudiosos, que han contribuido con sus investigaciones a recuperar el nombre y la obra de Ramón Sijé, actitud que debe hacernos perseverar en la línea de recuperación de este escritor. Fue ‘un iluminado, un orador, un filósofo crítico, ensayista vibrante, un joven genial’, escribió el oriolano Manuel Molina, escritor, poeta y tertuliano de la tahona de la calle de Arriba. Por su parte, Antonio Sequeros, profesor de Literatura, glosaba así a Sijé: ‘henchido de genio, saturado de erudición, de unamuniano estilo, ardiendo en llamaradas de misticismo y con escolástica dialéctica, discurriendo por rutas de Quevedo y con mucho Gracián’. Antonio Oliver Belmás, doctor en Filosofía y Letras y fundador de la Universidad Popular de Cartagena, llegó a manifestar que ‘Ramón Sijé era un gran espíritu, uno de los puros espíritus de la región a la que enaltece, pese a su fugaz trayectoria sobre la tierra'.Su amigo Juan Bellod Salmerón, abogado, dijo que ‘como hombre superior que era, tenía un gran concepto de la libertad, pero no era ‘liberal’ como hombre libre y, por consiguiente, era racional y profundamente religioso, que no beato’. Por el contrario, otros se muestran muy críticos con su figura, sobre todo en relación a su ideología. Para Cecilio Alonso, profesor de Literatura en la Universidad de Valencia, ‘Sijé, sorprendente niño-maduro, contribuye a minar el progreso intelectual de España, huyendo hacia Dios, como fruto de su voluntad de impotencia, inherente, según él, a la condición de ser cristiano. Y buscar apoyo en el orden teocrático: ¿qué es si no incapacidad para comprender materialmente el mundo, aceptarlo e intentar transformarlo, al margen de otras trascendencias?’. Y el catedrático Agustín Sánchez Vidal va mucho más allá, al opinar que ‘Miguel crecerá impregnándose del ambiente conservador y católico de Orihuela y recibirá, a través de Sijé, incluso ingredientes parafascistas’. En cualquier caso, valga la opinión de Jesús Alda Tesán, catedrático aragonés de Literatura y amigo personal de Ramón Sijé en la redacción de El Gallo Crisis, que afirmaba: ‘no falta quien ha hecho definiciones quizá no siempre bien intencionadas; pero todo se queda en la agudeza pasajera de una frase vana’. La
familia Marín El ambiente familiar de los Marín-Gutiérrez tuvo sus peculiaridades en el aspecto económico y en la manera de ser de los padres. La práctica totalidad de los ingresos procedía del negocio familiar, viviendo con holgura gracias a los bienes de la madre. Cuando los hijos mostraron un escaso interés por el negocio familiar, se produjo una ostensible decadencia del mismo. Pero la originalidad más destacable fue la manera de ser de la madre, que había recibido una señorial educación, de la que cabría destacar un catolicismo sin fisuras y un carácter muy enérgico y dominante, que pudo influir en el carácter y pensamiento de José Marín. El padre no tenía don de gentes. La mayoría de testimonios de los amigos que frecuentaban la casa, como Mariano Cremades, Ramón Pérez Álvarez o Miguel Hernández, apuntan a un ambiente familiar en el que la alegría no era el elemento dominante. Manuel Molina señala que José Marín ‘era pequeño y débil de cuerpo, de donde destacaba una cabeza grande y pelada a lo colegial; su cabello era de un castaño claro, y oscuro en las cejas, que enmarcaban unos ojos profundos y brillantes, y su piel morena y lunar. Era una criatura sencilla y fina por naturaleza’. Según el abogado y escritor oriolano José Martínez Arenas, Sijé gozó de poca salud, ‘por lo que fue más amigo de los libros que de la calle’. Por su parte, para Muñoz Garrigós, profesor de Gramática Histórica de la Universidad de Murcia, ‘el retraimiento no debió tener su origen sólo en su poca salud’. Primeros
estudios Su
primer artículo en prensa En el curso 1926-27, se incorpora al plan de Bachillerato de 1925. Se examina en junio de 1927 y contiene unos resultados claramente inferiores a los del curso anterior: dos sobresalientes, un aprobado y un suspenso (en Francés, 1º). Este suspenso lo convierte en aprobado en la convocatoria de septiembre. ‘No hay constancia de que durante este periodo mantuviese actividad literaria de ningún tipo; si escribió algo, no lo publicó nunca o lo hizo en fechas posteriores’, apunta Muñoz Garrigós. Durante el curso 1927-28, completó sus estudios de Bachillerato elemental, examinándose en el Instituto de Alicante, obteniendo en todas ellas la calificación de sobresaliente en la convocatoria de junio. Al mismo tiempo que estudia, ayudaba en el negocio familiar. Inicio
de su actividad periodística La oportunidad de empezar a publicar le vino dada por la aparición, el 23 de febrero de 1928, de Actualidad, semanario que reflejó durante sus tres años de vida la línea de pensamiento del sector más progresista de las derechas oriolanas. Según el testimonio de Jesús Poveda -poeta, ensayista y tertuliano de la Tahona-, ‘estábamos en 1928. Trabé amistad por ese entonces con José Marín Gutiérrez. Nos unió en seguida nuestra afición por la lectura de buenos libros y la Literatura en general. Sabía muchas cosas del mundo de las letras que yo ignoraba y tenía el don de exponer sus teorías con precisión, con naturalidad, recurriendo a su memoria asombrosa ... Por ese tiempo no le conocí otros amigos’. La cronología de las primeras publicaciones de Jesús Poveda, Carlos Fenoll, Miguel Hernández y Ramón Sijé confirma la hipótesis para Muñoz Garrigós de que fue Actualidad el órgano de expresión que los puso en contacto. Pepito Marín publicó a partir del número correspondiente al 13 de septiembre de 1928. Este artículo versaba sobre el poeta español José María Gabriel y Galán. En cuanto al apartado académico, no existen datos oficiales en el expediente académico de José Marín Gutiérrez referidos al curso 1928-29. Aparición
del seudónimo ‘Ramón Sijé’ Durante 1930, la actividad literaria de Pepito Marín fue abundante y variada, sobre todo desde que apareció el 15 de marzo de 1930 la revista oriolana Voluntad, en cuya creación participó decisivamente. En ella, por primera vez, coinciden Fenoll, Hernández y Sijé. Nuestro ensayista publica desde el principio, actuando casi como director de ella, aunque nominalmente lo fuera Manuel Martínez Fabregat. Desde 1930 destaca la profusión de seudónimos que comienza a utilizar (‘Chas’, ‘José Oriolano’, ‘Lola de Orihuela’, ‘Babbitt’ y ‘Ramón Sijé’), atribuyéndosele otros tantos (‘José Oriolano’, ‘Rataplán’, ‘Sascha’, ‘Marcelo de Nola’ y ‘Don Pepe’). Según Muñoz Garrigós, entre todos los artículos de Sijé en Voluntad, hay unos que nos ofrecen un reflejo de la propia identidad del autor, como ‘Silueta quinteriana’ y ‘Tríptico de hombres vivos y muertos: Yo, Miró y Don Abelardo’. Agrega este estudioso que, en el primero de los artículos mencionados, queda claro que ‘los primeros pasos de su formación como escritor siguieron la línea del costumbrismo: el ya aludido Gabriel y Galán, ahora los Quintero’. En el segundo artículo de ellos, queda claro, por las referencias que contiene, la gran cantidad de lecturas que ya llevaba sobre sus espaldas cuando sólo contaba con 17 años (desde Platón, Sócrates y Lucrecio a Baltasar Gracián, Fray Luis de León, Santo Tomás de Villanueva, Santa Teresa de la Cruz y San Juan de la Cruz, pasando por Eugenio D’Ors y Gabriel Miró, entre otros). El seudónimo ‘Ramón Sijé’ lo utilizó por primera vez para firmar el mencionado artículo, ‘Silueta quinteriana’, aparecido en el primer número de Voluntad. Se trata del anagrama de José Marín y está formado por las letras del nombre de pila y del primer apellido. ‘El hecho de que su segundo nombre fuese Ramón resulta, a este respecto, absolutamente aleatorio y no es más que una mera coincidencia’, apunta Muñoz Garrigós, quien afirma que Sijé empieza a utilizar este seudónimo en 1930. ‘No he encontrado testimonio alguno, ni siquiera entre sus más allegados, de que existiera en él la más mínima voluntad de utilizar su segundo nombre de pila’. En el verano de 1930, como consecuencia de su viaje a la ciudad cordobesa de Fernán Núñez para visitar a unos familiares, escribió una serie de artículos, que llevan por título ‘Lo que yo he visto en un pueblo’, ‘El dolor, la muerte y la alegría’, ‘El Potro y el Museo Romero de Torres’ y ‘Un exvoto curioso’. Los tres primeros aparecerían en los números de Voluntad, correspondientes al 15 y 31 de agosto de 1930, y el último fue publicado en Actualidad el 18 de septiembre. Excepción hecha del segundo, los otros tres mantienen el mismo tono: descripción de lo que está viendo, acompañada de un pequeño comentario personal. En ‘El dolor, la muerte y la alegría’, ‘nos presenta tres escenas de la vida de un pueblo en las que el protagonista implícito es cada una de estas tres realidades’, comenta Muñoz Garrigós. También empieza a publicar Sijé en 1930 sus primeros artículos en otro semanario, El Pueblo de Orihuela, órgano del Sindicato Católico Agrario, que dirigía Luis Almarcha. Hay que recordar que todos los trabajos publicados hasta esa fecha los había hecho, entre los trece y los diecisiete años, un joven estudiante de Bachillerato. Título
de Bachiller en Letras
La
amistad con Miguel Hernández
De esta misma época data la primera semblanza literaria que hacen de Ramón Sijé como escritor. El abogado y escritor oriolano José María Pina Brotons, a cuya pluma se debe esta reseña, alude a aspectos de su personalidad, pintándolo como extrovertido, sencillo y natural, pese a la gran preparación intelectual que ya, a los 17 años, mostraba. En 1930, también fue Pepito Marín miembro de la Comisión Pro-Homenaje a Jacinto Benavente. Durante el primer semestre de 1931, su producción periodística apareció toda ella en las páginas de Destellos, siguiendo la misma línea del último periodo del año anterior. En ella y en El Pueblo de Orihuela publicó artículos como ‘Ventanas normales’, ‘Niebla, política, frío’, ‘Etopeya’ y ‘Ante el homenaje a Benavente’, en los que, según Muñoz Garrigós, ‘es evidente que estamos ante los primeros balbuceos del ensayista ramón Sijé’. Sijé
celebra la instauración de la II República Entrada
en la Universidad Colaborador
de ‘El Sol’, de Madrid Por aquella época también empezó a colaborar en el prestigioso diario republicano El Sol, de Madrid. ‘El cambio que se experimenta en Sijé viene dado por el distinto ámbito en que su voz va a resonar. Agotada la vía de las publicaciones puramente locales, va a trasladar su radio de acción a los diarios provinciales e, incluso, por vez primera después de su inicial artículo casi infantil de 1926, se vio su firma en ‘El Sol’, un diario de difusión nacional’, afirma Muñoz Garrigós, quien apunta que Sijé pudo entrar a escribir en este periódico gracias a Juan Guerrero Ruiz, pues estaba destinado en Alicante en octubre de 1931 y en estrecha relación con el Ateneo y con el grupo editor del diario Su
epistolario: la amistad con Giménez Caballero En junio de ese año, obtuvo dos matrículas de honor, un sobresaliente y un notable en la universidad, mientras que, en lo personal, la primera parte del año no debió ser grata para él, porque su amigo Miguel Hernández se encontraba en Madrid pasando grandes apuros económicos y se sentía obligado moralmente ayudarle, al haber sido Sijé uno de los que lo impulsaron a realizar el viaje. Debido a las continuas cartas de su amigo pidiéndole socorros, ‘Sijé acosó a todos los amigos en busca de dinero para Miguel’, apunta Muñoz Garrigós. Sijé
y la tertulia de la tahona Sin embargo, otros testimonios desvelan la asistencia de José Marín a otras reuniones y tertulias existentes en la ciudad, como la que formaron de inicio los firmantes de la convocatoria del homenaje a Gabriel Miró, que se vio enriquecida con la posterior incorporación de intelectuales como Jesús Alda, Augusto Pescador, Mariano Cremades y Juan Bellod, quien recuerda que Sijé era ‘ameno y magistral amigo en las peñas de ‘El Palas’ -‘Palace Hotel’, de Orihuela-‘. Allí se hablaba sobre todo de literatura. Otro grupo surgió en el convento de los Padres Capuchinos, donde se reunían para hablar de filosofía Augusto Pescador, Juan Colom, Buenaventura de Puzol, Sijé y Juan Bellod, para quien José Marín era la ‘estrella de la tertulia trisemanal’. Otra reunión o tertulia, mucho más politizada, tenía lugar en el despacho del notario José María Quílez, a la que acudían Tomás López, el padre Buenaventura de Puzol, Fulgencio Ros y otras personas afines al partido de Gil Robles. ‘Aquí no acudía Sijé que, como bien afirman cuantos le trataron en esos años, nunca tuvo nada que ver ni con la CEDA ni con la Falange Española’, apunta Muñoz Garrigós. Los escritos salidos de la pluma de Pepito Marín en 1932 son generalmente breves ensayos sobre literatura. En palabras de Muñoz Garrigós, ‘algunos de ellos perfilaron el pensamiento de Sijé en ese momento crucial de su formación’ y se publicaron en el Diario de Alicante, como ‘Poema de amor al libro’, ‘Anti Castilla, Anti España’, ‘Del antihéroe’ y ‘España y el judío’. Amistad
con Carmen Conde y Antonio Oliver (Continúa en el siguiente número de ‘El Eco Hernandiano’) Antonio
Peñalver
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