
¿Qué
le acercó a ubicar su residencia en tierras levantinas?
Por razones
laborables vine a Alicante desde Almería en el verano del año
1990, y ya me afinqué en estas tierras levantinas, porque además
mis hijos se hicieron mayores y también tomaron asiento al terminar
sus carreras. Alicante ha sido para mí un nuevo despertar a la
literatura, al mundo hernandiano y azoriniano, donde he hecho nuevos
amigos y donde me encuentro muy a gusto.
Aunque
nací en Piedrabuena (Ciudad Real) y soy manchego de nacimiento,
soy andaluz por sangre, alicantino por adopción y español
por convencimiento. He residido en nueve o diez ciudades españolas,
tengo una visión global de España en la unidad y no autonómica
como un puzzle, por ello no tengo una patria chica, aunque tendré
que buscarme una.
¿Cómo
descubrió a Miguel Hernández?
Descubrí
a Miguel Hernández estudiando el BUP Nocturno en el curso 1980
a 1981 en Castellón de la Plana. ¿Cómo tan tarde?.
El primer Bachiller Elemental que hice en Málaga no lo acabé,
me quedé en cuarto curso con tres o cuatro asignaturas suspensas,
y mi padre me puso a trabajar a los 14 años como auxiliar administrativo
en un almacén de pasas y luego con una Agente de Aduanas. Por
eso hice dos bachilleres: el antiguo (a medias) y el moderno, más
un Acceso a la Universidad. El libro de texto en que descubrí
a Miguel, fue uno de la Editorial Anaya, en la edición de Fernando
Lázaro Carreter y Vicente Tusón que había sido
aprobado por el Ministerio de Cultura en 1976, creo que fue la primera
vez que apareció nuestro poeta en libros de texto. En este libro
se decía de Miguel: «poeta militante en la España
republicana». Venía la foto del dibujo de Buero Vallejo,
y el análisis profundo y exhaustivo del soneto 23, «Como
el toro...», de El rayo que no cesa, que la profesora
de Lengua nos obligó a aprendernos de memoria, soneto que aún
recito hoy en día. Luego me aprendí otros sonetos más,
por simple placer.
Usted
es un hernandiano de calle. ¿Qué opinión recoge
de ella? ¿Cree que la figura y obra de Miguel Hernández
es un tema de interés público y actual?
Más
que un hernandiano de calle creo que soy hernandiano convencido de que
la imagen del poeta oriolano es la de un hombre del pueblo comprometido
con sus ideales, fueren los que fueren, y gusten a quienes gusten, y
nos da el mensaje que cada individuo, persona intelectual, o ente político,
debe defender sus ideas con claridad y hasta las últimas consecuencias.
No como se ve hoy en día esos cambios de chaqueta vergonzantes
y vergonzosos en la política como un medio de vida y de poder.
Yo pertenezco
al Grupo Poético Literario del Instituto Miguel Hernández,
de Alicante, cuya directora es Rosario Salinas, la sobrina del poeta
de Callosa Francisco Salinas, que tiene muy buena acogida porque estamos
siempre dando y participando en recitales, tanto en Alicante como en
Elche. Nuestro fortín está en Ámbito Cultural de
El Corte Inglés. Y ello nos lleva a palpar constantemente el
empuje que tiene la nueva poesía alicantina, y lo que se le quiere
a Miguel, y se le admira y los seguidores que tiene. La Sede de la Universidad
de Alicante que dirige Manuel Alcaraz organiza cada año el aniversario
de la muerte de nuestro poeta, coincidiendo con la Senda, por marzo,
y cada vez son más los jóvenes participantes. Y esto va
a más.
En este
grupo literario tenemos a un poeta de Orihuela: Manuel-Roberto Leonís.
Otros hernandianos como José Antonio Charques, Maruchi Marcos,
Virginia Pina, Rafaela Lax, María Dolores García, María
Dolores Carretero, Luis Taza, Consuelo Franco, y más nombres
que ahora no recuerdos, que se esfuerzan por mantener viva la memoria
del poeta con sus trabajos y actividades.
Es
usted un hernandiano comprometido. ¿Podría sintetizarnos
su labor como tal?
Más
que comprometido soy un admirador de la obra hernandiana, y creía
que hacía falta ilustrar su obra, como los grandes poetas y escritores
del Renacimiento: Dante, Cervantes o…. Entiendo que una obra ilustrada
aporta otros caminos de investigación y el punto de vista de
una obra, por ello empecé a trabajar con El hombre acecha,
luego con Simbología secreta de El rayo que no cesa y Simbología
secreta de Perito en lunas. Luego con estas tres obras hice una
trilogía encuadernada en un solo volumen de lujo. Esta labor
de investigación me llevó a tener la necesidad de documentarme
en su muy extensa bibliografía, y acabé escribiendo artículos
sueltos, que me publicó Orihuela Digital, también
en El Eco Hernandiano y en El “iaio”, que terminó
en otro libro Doce artículos hernandianos y uno más.
Cuatro libros que he publicado en mi modesta editorial PALMERAL. Con
las ilustraciones de los tres libros creé una galería
de dibujos que se pueden ver en http://ramonfernandez.album.ijijiji.com/
Es un portal de gran calidad de imágenes y ampliación
de detalles. Solamente hay que tener un poco de paciencia para descargar
el programa.
Porque
estos trabajos tan libres como los míos, no se pueden hacer a
capricho o intereses de las editoriales, ellos quieren invertir sobre
seguro y no sobre experimentos, que es en realidad lo que hago. El tiempo
dirá si yo estaba o no en el buen camino. Porque, como sabes,
el tiempo es el más veraz de los testigos. Por ahora no siento
valorada mi obra porque nadie habla de ella, ni se hacen referencias
ni citas, a pesar de que yo siempre estoy nombrando a los hernandianos
en mis numerosos artículos. Uno sospecha que está fuera
del círculo hernandiano oficial. No sé si me explico.
Creo que hay un círculo de prestigiosos hernandiano: filólogos,
doctores y profesores, y otro aparte para los seguidores aficionados,
aunque esta palabra me horroriza.
Ahora soy
el coordinador de la revista PERITO (Literario-Artístico), el
título sugiere hernandismo, cuya directora es la poeta Rosario
Salinas Marcos, un proyecto cultural arriesgado sin ningún tipo
de ayudas institucionales ni de Fundaciones o Centros, por nuestra cuenta
y riesgo, por amor al arte, una revista muy hernandiana que toma el
pulso a los trabajos de investigación tanto sobre Miguel como
poetas de la Vega Baja o alicantinos. Orihuela Digital nos ha ayudado
a difundir en sus páginas la versión virtual de la revista,
ya que esta revista se edita en papel y por versión digital en
http://www.revista-perito.com/. (Desde esta página también
se puede acceder a la versión digitalizada de mis artículos
y libros hernandianos). Hemos entrado con buen pie, porque hasta ahora
todos quieren publicar aquí, pienso que será porque tiene
calidad. Hay que aprovechar las nuevas tecnologías, que para
eso están.
Las actividades
hernandianas son siempre altruistas te gustan o no te gustan y no hay
más, has de poner tu tiempo y tu dinero en circulación
sin esperar nada a cambio.
¿En
qué situación cree que se encuentran actualmente los trabajos
hernandianos?
Creo que
muy bien, como lo demuestra las Actas de II Congreso Internacional,
o la reciente visita de un grupo de trabajo a Rusia, recordando el viaje
que Miguel hizo representado a la República en el V Festival
de Teatro Ruso, o las traducciones en lenguas orientales o el documental
de Jesucristo Riquelme. Creo que el Instituto Cervantes también
se está interesando en la figura de Miguel. Porque la familia
hernandiana es más grande de lo que parece, yo he tenido la suerte
de cartearme y conocer a muchos de ellos, es como un círculo
de amigos incondicionales y atentos. Y además la extraordinaria
labor que hace la Fundación de Orihuela y el Centro Estudios
Hernandianos de Elche. La Universidad de Elche lleva su nombre pero
desconozco la actividad hernandiana que desarrolla.
En cambio,
la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, de la Universidad de Alicante,
aquí en la tierra del poeta, con su poder mediático y
difusor en Internet no contiene en su portal la obra de Miguel. En este
IV Centenario lo ha hecho con Azorín y Cervantes, esperemos que
también lo haga con nuestro poeta.
Usted
ha seguido la huella de los lugares y monumentos que llevan el nombre
de nuestro poeta Miguel Hernández en Alicante. Bajo su criterio,
¿dónde más evocaría su nombre?
En Alicante
capital, el nombre de Miguel Hernández se lleva con pesar más
que una suerte, sobre todo, creo, por cuestiones políticas. El
Ayuntamiento de Alicante es del PP, y no mueve un ápice por Miguel.
Lo mismo le pasa al Instituto Juan Gil-Albert, espero que la cosa cambie,
y si miento que nos digan cuántas obras o trabajos sobre su figura
se han publicado en esto últimos años (el último
creo que es de 1998, el libro sobre el «amor cortés»,
de Antonio Gracia). No tiene Miguel en Alicante una avenida como en
Elche (PSOE), que eleva su nombre y su figura universal. El actual monumento
dedicado a Miguel en los Juzgados de Benalúa (donde estuvo la
Enfermería) fue iniciativa privada del Asociación de Estudios
Miguel Hernández de Alicante, que actualmente no sé qué
actividades realiza, no me llegan sus noticias. La actividad hernandiana
de la Diputación de Alicante y del Ayuntamiento son, actualmente,
cero, cambiará cuando cambie la política. Lamentablemente,
todavía existe discriminación por tener unas ideas. Aunque
hace tiempo que me considero apolítico e independiente.
Como
hernandiano, ¿qué opina de las actividades de la Fundación?
¿Tiene alguna propuesta?
Las actividades
de la Fundación que dirige Juan José Sánchez Balaguer
son muy elogiables, tanto del Centro de Estudios como de la Sala de
Exposiciones. Sobre todo es muy positivo el Taller de Empleo y los premios
anuales tanto de poesía como el de Periodismo.
Particularmente
creo que la Fundación es localista, sus actividades casi no salen
de Orihuela y su entorno, mucha gente, fuera de Orihuela, no saben que
existe la Fundación. La Sala de Exposiciones debería tener
proyección nacional. La publicidad en televisión tanto
regional como nacional es necesaria porque la gente ve por la pantalla
pequeña. Una revista como El Eco Hernandiano en papel
de 8 páginas es insuficiente. Hay que fomentar la investigación
hernandiana y las letras alicantinas con becas. Estimular a los estudiantes
de bachillerato con premios, publicaciones, dibujos o recitales.
Ya sé
que todo depende de los presupuestos de la Generalitat Valenciana, pero
es lo que yo pienso sinceramente.
Creo
que Cartas a Alicante es su próxima publicación. ¿Para
cuando? ¿Podría adelantarnos algo sobre este libro?
Cartas
a Alicante o Cartas alicantinas es un libro de prosa poética
de creación propia en la que tomo a la ciudad de Alicante como
destinataria de mis cartas, es mi amor platónico, irá
ilustrado y va para largo. Creo que si deseamos esperar un buen resultado
del trabajar bien hecho, hay que echar muchas horas, lleva tiempo. La
labor de investigación es un complemento de la labor de creación
muy a tener en cuenta. Es mi parecer que la investigación de
los demás escritores eleva a quien lo hace, y es siempre una
plataforma para presentar la obra propia, porque hay tanta competencia
y tan buenos escritores que uno siempre queda en el anonimato.
Aprovechando
el IV Centenario de la publicación de la I Parte de El Quijote,
este año jubilar de 2005 he ilustrado dos libros: Encuentros
en el IV Centenario y Buscando a Azorín por La Mancha, los
cuales ya se pueden leer por Internet, un medio muy divulgativo, pero
no sustituirá al libro, el libro es cuerpo físico, tangible,
palpable y duradero. Un portal puede venir a la quiebra y todo se va
al garete.
Actualmente,
¿está trabajando en algún libro?
Actualmente
publico mucho para Internet (Orihuela Digital, Monóver punto
com, Mundo Cultural Hispano y otras web). Creo en Internet, pero después,
como ya te he comentado, hay que pasarlo a formato de libro. Llevo varios
proyectos de libros a la vez, porque normalmente no se trabaja en un
único proyecto; estos trabajos míos son lentos sobre todo
por las ilustraciones que, por lo general, un dibujo no sale a la primera,
sino que hay que romper mucho papel. La decadencia de la flauta
y el reinado de los fantasmas es un libro de Ramón Sijé,
que me tiene muy paralizado, es decir, que lo tomo y lo dejo, porque
es uno de los libros más difíciles con los que me he encontrado,
pero son siempre retos que a uno le estimulan, porque después
que acabe con Ramón Sijé, creo que pocos ensayistas más
lo va a tomar.
También
me gustaría empezar con Viento del pueblo, y tenerlo
acabado para el I Centenario del nacimiento de Miguel Hernández,
siembre que alguna editorial o Fundación me anime a ello.
También
tengo entre manos una novela corta de intriga, bastante avanzada, que
de momento he titulado El Lápiz de Miguel, que trata
sobre la aparición de un diario inédito de Miguel Hernández,
vendido en una subasta de libros antiguos en Madrid, y que tras las
investigaciones oportunas por la policía judicial de Alicante
para averiguar la autenticidad del diario y la muerte de una persona
acabará solucionando el enigma, que evidentemente no puedo revelar.
Otras
de sus aficiones son las ilustraciones. ¿Cuáles son los
motivos que le inspiran a dibujar? ¿Tiene algo que ver en ellas
la poesía de Miguel Hernández?
Yo soy
pintor desde hace muchos años, ha sido siempre mi segunda actividad,
mi gran afición junto a la literatura, por ello a mí el
dibujo se me ha dado siempre muy bien desde que estudié Artes
y Oficios en el Colegio San José Obrero, de Málaga. Tener
inspiración para ilustrar a un autor como Miguel, además
de un privilegio, es una forma de expresión muy alentadora. Ilustrar
es una forma de ampliar y abrir nuevas ventanas a la obra de un autor.
No todos se prestan a ello.
Dibujar
para mí es una forma de evasión, un medio de expresarme,
todos los días dibujo algo y siempre estoy metido en proyectos.
Lo último ha sido poder acabar por fin mi página web de
artes plásticas cuya dirección es http://www.revista-perito.com/galeria.htm
Los poemas
de Miguel Hernández me sugieren mundos cercanos a mi forma plástica
de ver el mundo, del compromiso de entender la vida, de mi mundo imaginario
y posible, porque todos tenemos nuestras fantasías, nuestra cosmovisión
propia, nuestras ilusiones y ambiciones secretas, y no sé exactamente
la razón de que cuando leo un poema hernandiano a la vez se forma
en mi cabeza una imagen, me evoca una visión que luego materializo
en papel, y luego me siento muy satisfecho por haber podido materializar
una idea, un sueño o una fantasía.
Tengo encargos
para ilustrar varios libros de amigos. Preparo exposiciones. Tengo entre
mis mejores obras el cuadro al óleo titulado El lápiz
de Miguel, que ilustra algunos libros míos y páginas
web. Ahora para el 70 aniversario de la publicación de El
rayo que no cesa (1936), estoy pintando al óleo algunos
de mis dibujos, adelantando trabajo por si se hace alguna exposición
y tengo la oportunidad de que cuenten con mi trabajo. Yo no creo en
el golpe de suerte ni en los premios, tú tienes que tener trabajo
hecho, cuantos más mejor y ya llegará la oportunidad de
que te llamen, como decía mi paisano Picasso, que la inspiración
me coja trabajando. Inspiración y transpiración es algo
que los pintores tenemos muy en cuenta.
Cecilia
Espinosa
Subir
-
POVEDA, JESÚS, Vida, pasión y muerte de un poeta: Miguel
Hernández. Memoria-testimonio, México, Ediciones Oasis,
1975.
Escrito
durante el largo exilio que padeció en México, esta peculiar
biografía de Miguel Hernández comienza, sin embargo, con
las impresiones y sensaciones que asaltaron a Jesús Poveda durante
su viaje de regreso a España. Pues desde que se exiliara. 36
años atrás, ni él ni su esposa, la que también
fuera novia de Ramón Sijé, Josefina Fenoll, no habían
tenido la oportunidad de regresar a la ciudad en la que vivieron gran
parte de su vida. Es por ello que no debe extrañarnos que las
primeras páginas de la novela estén inundadas por una
evidente e incontenible emoción, al volver a recorrer unas calles
repletas de recuerdos y sentimientos muy diversos y antagónicos.
Pero aún así, a pesar de que hayan transcurrido más
de treinta años desde que todo lo que nos va a narrar sucediera,
afirma que el tiempo no tiene por qué empañar la veracidad
de unos hechos que, en su corazón, siguen manteniendo la claridad
de antaño.
“Uno
tras otro día, he llevado en mi existencia de hombre alejado
de su patria, todos los recuerdos que aquí evoco (...) como si
hubieran sido vividos por otro ser que no fui yo (...) He aquí
por qué saco a la luz del día estos recuerdos, y ojalá
sirvan para algo en el curso de la historia de mis amigos de Orihuela”.
El libro
está dividido en ocho partes, en cada una de las cuales, y paralelamente
a la biografía de Miguel Hernández, también podemos
encontrarnos con los más recónditos recuerdos de Poveda
acerca de aquel tiempo pasado que, con motivo del viaje, se ha propuesto
rememorar, y que van desde todo lo referente a la figura de Carlos Fenoll,
su cuñado y compañero inseparable durante los años
de la guerra civil, hasta su exilio en Francia y México.
En la primera
de ellas, se detiene en su regreso a Orihuela, 36 años después
de que se viera obligado a marcharse. La emoción inunda unas
páginas que describen el emotivo regreso a la ciudad que fuera
testigo de muchos años de su vida, paso previo a poner en orden
sus recuerdos y comenzar por el año 1928, cuando trabó
amistad con Ramón Sijé. Asistiremos a la formación
del grupo literario de la Tahona, las vicisitudes en la creación
de la revista Voluntad o las de El Gallo Crisis. Pero
comienza ya a aparecer la figura de Miguel Hernández, quizás
en un discreto segundo plano hasta ahora, pero que comienza a erigirse
en el auténtico hilo conductor del texto. Y es precisamente en
Voluntad donde, por mediación del panadero Carlos Fenoll,
conoce Poveda de la existencia de Miguel Hernández. El poeta-cabrero
deja sorprendidos a todos ellos con su poema “El Nazareno”.
Será una tarde en la que Miguel Hernández volvía
de pasear a las ovejas.
“Llegaba
el poeta de la huerta de Orihuela y hacía su entrada con el rebaño
de cabras por las puertas de la ciudad (...) Carlos, Sijé y yo
nos adelantamos a su encuentro, como si nos hubiéramos hallado
con un personaje de leyenda, y estrechamos su rústica mano de
pastor, y él se rió y se alborozó: ya tenía
tres amigos verdaderos”.
Es en esta
primera parte, la que tiene lugar en Orihuela, en la que se aportan
la mayor cantidad de datos fiables de toda la obra. La razón
es muy simple: las fuentes que utiliza Poveda provenían de su
propia relación con Hernández, así puede evocar
todo tipo de situaciones y conversaciones que mantuviera con él.
Refiriéndose a la relación entre Miguel y Sijé,
que de este modo pudo Poveda seguir muy de cerca, hace muy interesantes
apuntes:
“De
la influencia que ejerció en el poeta de Orihuela su compañero
y amigo Ramón Sijé se ha hablado mucho y no siempre con
la verdad. Sijé, ciertamente, trató no una, sino muchas
veces, de atraerse al poeta hacia su mundo de ascética perfección
cristiana (...) El asceta que había en Sijé, no lo había
en Miguel Hernández. Eran dos polos muy opuestos”.
Lo define
en contraposición a Ramón Sijé:
“Miguel
Hernández, en cambio, era como un pedazo de la tierra de España,
como un surco de su huerta: naturaleza viva todo él, todo su
mundo, toda su gente”.
Para pasar
a retratarlo sin tener en cuenta la siempre alargada sombra que la figura
de José Marín supuso en la vida de Miguel Hernández:
“De
la imagen del poeta se han hecho muchos retratos hablados (...) Él
era la estampa clásica de nuestro hombre de aquella huerta oriolana
(...) Era muy aseado y vestía con sencillez de pueblo (...) Su
risa pecaba de ingenuidad infantil (...) Pero no se crea por esto que
era extrovertido, pues más bien era todo lo contrario. Heredó
de su padre una seriedad muy peculiar, que lo hacía parecer ante
las gentes como retraído o misántropo”.
Los tres
siguientes capítulos, aunque intermitentes, siguen teniendo la
ciudad de Orihuela como telón de fondo. En el segundo de ellos
se centra en su cuñado, Carlos Fenoll y en la revista Silbo.
Los pliegos amarillos de esta revista, que sólo verían
la luz en dos ocasiones, y que fueron ideados como una publicación
en la que debían aparecer trabajos inéditos de algunos
autores oriolanos, incluía también distintas monografías
literarias a modo de pequeños volúmenes o anexos.
“Llegamos
así al año de 1936 (...) Nuestro destino estaba escrito
y nuestro mundo lo sería de elegía, solo para cantar durante
casi tres años las muertes y los llantos, el luto de la España
ancestral”.
España
está ya en guerra, y mientras Poveda y Fenoll parten hacia Barcelona,
Miguel lo hace rumbo al frente de Madrid. Tras evocar sus muchas penalidades
en el frente, siempre junto a su inseparable cuñado, cuenta el
episodio de aquel encuentro que tuvieron con Miguel Hernández
en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, en Madrid:
“Empezábamos
a gozar las delicias de una cama limpia cuando se presentó Miguel
Hernández ante nosotros. Iba muy abrigado (...) Nos habló
de su vida en el frente y de que quería acostarse temprano para
levantarse de madrugada. Su vida de guerrero se la había tomado
muy en serio y a nosotros nos dejó aquella noche con ganas de
que nos hubiera contado muchas cosas”.
Ya no volverán
a ver al poeta hasta principios de marzo del año 1937, cuando
Poveda asistió como testigo a la boda de Miguel Hernández
con Josefina Manresa. Lamentablemente para él, tuvo que regresar
pronto al frente, pero no olvida a aquel hombre al que dejó en
Orihuela enfermo, pues afirma que “aquella lucha le absorbía
todo su ser”.
Llegados
a este punto, los caminos de ambos se separan definitivamente. El texto
cobra unos carices más autobiográficos que propiamente
biográficos, pues narra la experiencia de Poveda en el frente
del Ebro, su prendimiento y posterior estancia en el campo de concentración
de Saint Cyprien, en los pirineos orientales, y su posterior liberación
por parte del ‘Comité Británico para la Ayuda a
los Refugiados Españoles’ (junto a otros artistas e intelectuales
de la talla de Juan Gil-Albert o Ramón Gaya), iniciándose
su vida de refugiado político.
Esperando a que su esposa, Josefina Fenoll, pueda reunirse con él
en Francia, se traslada a Perpignan primero y a Tolouse después,
donde el 14 de julio de 1939 se producirá por fin el feliz reencuentro.
Esperando noticias de Miguel Hernández pasarán los meses
siguientes, sumidos en la angustia por la situación de su amigo
y desazón por la de su propio país. En 1940, sin embargo,
llega su definitivo a exilio a América.
La séptima
y penúltima parte en la que divide la obra la dedica a reivindicar
la figura de Carlos Fenoll durante sus años de posguerra, aportando
las cartas que el propio Fenoll enviara a Poveda durante todos aquellos
años (además de una entrevista en la que Fenoll se refiere
directamente a Miguel Hernández).
Una vez
ya hemos visto retratada tanto su relación con el oriolano, así
como su visita a su ciudad natal más de treinta años después,
Poveda dedica la última parte de su obra a realizar un análisis
de la obra hernandiana. Afirma que ‘escarbar en tan frondoso
huerto como lo es la obra poética de Miguel Hernández
no es tarea fácil, pero sí halagadora’. Así,
sus temas principales, vocabulario más recurrente, colaboraciones
en prensa o circunstancias en las que sus textos fueron escritos, centrarán
el contedido del capítulo. Pero, además, Poveda incluye
unos curiosos ‘Acertijos de Perito en lunas’, en
los que adjunta las explicaciones que de los títulos de la obra
hiciera Francisco Martínez Marín.
El libro
concluye con una ‘Sinopsis cronológica de la obra hernandiana’,
que divide en un primer, segundo y tercer periodo, más un periodo
que no duda en calificar de ‘trágico’ (refiriéndose,
indudablemente, a los últimos años que el oriolano vivió
encarcelado). Ofrece además una biografía primaria descriptiva,
otra compuesta por poemas sueltos, mezclada con ensayos y artículos
sobre el poeta, así como algunas traducciones.
Y para
finalizar, nada mejor que las palabras del propio Jesús Poveda
refiriéndose a su relación con el oriolano. Tres textos
en los que podemos comprobar que, al menos en la primera etapa de sus
vidas, su relación sí fue cercana. Así, no duda
en hacernos partícipes, por ejemplo, de las confesiones que Hernández
le hiciera acerca de su pasión por escribir, a pesar de las dificultades
que encontraba en su camino:
“(...)
El poeta me confesó que se pasaba muchas horas que le robaba
al sueño escribiendo sobre este viejo arcón, pues no tenía
para ello ni una rústica mesa de pino (...) En este mismo mueble
guardaba todos sus cuadernos y toda su producción inédita,
y allí vi y comprobé por mis ojos, que ya llevaba escritos
más de mil versos en todas las métricas, y muchos y variados
intentos de piezas cortas de teatro, que era lo que le gustaba hacer”.
O evocar
aquella sincera amistad que se profesaron durante apenas unos meses
pero que él sigue guardando con evidente cariño y hasta
orgullo:
“Empezaba
a caminar el año 1930 (...) Desde aquel día nos hicimos
íntimos amigos de Miguel. Hasta entonces (...) no comentaba con
nadie de Orihuela lo que iba naciéndole de su pluma”.
En definitiva,
una de las personas que mejor conoció a Miguel Hernández
en aquella su primera etapa en Orihuela; una de las opiniones más
autorizadas que podamos encontrar para reconstruir aquel cenáculo
literario que se formó en la Tahona y que tan buenos frutos dio.
Pero también una visión desengañada de la guerra,
y emocionante regreso a casa, 36 años después. Aunque,
las palabras de Poveda acerca de Miguel Hernández debamos buscarlas
mucho antes...
“Él
era maestro de sí mismo y este libro nos vino a demostrar a todos
que el poeta tenía su propia personalidad. Para hacer esta poesía
se requiere tener un dominio absoluto del lenguaje y mucho oficio de
poeta”.
Óscar
Moreno
Subir