EL
RAYO QUE NO CESA |
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'Los Estudiosos rusos forman uno de los colectivos de hispanistas más activos del mundo' Fernández
Palmeral, Ramón, Doce artículos hernandianos y uno más |
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Miguel
Hernández (1910-1942). El profesor español de Traducción en la Universidad Lingüística Estatal de Moscú ha escrito un libro con motivo de la celebración de las I Jornadas Hernandianas en Rusia. Su objetivo era proporcionar información que pudiera servir de base para orientarse y adentrarse algo más en las cuestiones que se iban a abordar en las jornadas. Para ello, Santana Arribas seleccionó datos que suelen quedar en un segundo plano o bien en el ‘tintero’ en este tipo de foros o reuniones. No obstante, a lo largo de sus páginas hace afirmaciones muy interesantes y aporta datos desconocidos hasta el momento sobre el presente y futuro del hernandismo en tierras eslavas.
En esta introducción, Andrés Santana Arribas dice que Miguel Hernández acudió en septiembre de 1937 a la URSS, visitando las repúblicas de Rusia y Ucrania, como miembro de una delegación oficial que el Gobierno de la II República Española envió a la ciudad de Moscú para asistir al V Festival de Teatro Soviético, pero ‘no imaginaba siquiera que aquel sería su primer y último viaje a dicho país’, ya que la Unión Soviética desapareció en 1991 y el propio poeta oriolano no extendería su vida más allá de aquel fatídico y trágico 28 de marzo de 1942, en que falleció dolorosamente en una de las tantas cárceles franquistas. A continuación, añade que el hispanismo ruso es ‘uno de los colectivos de hispanistas más activos del mundo’ y que este colectivo ‘defendió hasta no hace muchos años la lengua de Cervantes y su cultura sin sustancial apoyo por parte de nuestro país’. Pero añade que últimamente la llama poética hernandiana en Rusia la han mantenido encendida ‘lectores de todos los signos políticos y condiciones sociales imaginables, a pesar de cierto abandono -por qué no reconocerlo- por parte de hispanistas, traductores, intelectuales, literatos y, sobre todo, editores literarios. Prueba de ello es que, a día de hoy, resulta imposible adquirir ningún libro de Miguel Hernández en las librerías de este país’. Este hecho ‘debe servir como prueba de que estas jornadas no son en sí un fin, sino un tramo más del largo camino que nos queda aún por recorrer y por escribir a los amantes de la poesía de Hernández en Rusia’. Ya están en curso proyectos como, por ejemplo, la reedición en ruso de la obra hernandiana, así como ‘la edición de nuevas obras aún sin traducir, tanto de poesía como de teatro, en el marco del Circulo Hernandiano Ruso, pionero de una serie de círculos hernandianos que la Fundación Cultural Miguel Hernández, propietaria de esta marca registrada, tiene intención de ir constituyendo por todo el mundo’. Después comenta que resulta emblemático que ‘justo en este año cervantino nos dispongamos a escribir entre todos los admiradores de otro Miguel -Hernández Gilabert- una nueva novela de caballeros: no conoce la historia de España mayor caballero que el poeta oriolano y este es el inicio de sus segundas andanzas (sin fecha de retorno) por los largos caminos de la gran potencia cultural que es indudablemente Rusia’. Añade el traductor andaluz que ‘especialmente culpable de que tengan lugar estas jornadas -es de justicia reconocerlo- resulta sin duda la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela (Alicante, España), auténtico motor de las mismas’. Apunta el traductor que este motor ‘está alimentado por el inagotable y ecológico combustible de Juan José Sánchez Balaguer, Cristina de Lama y el resto de amigos que trabajan en ella’, junto a instituciones como el Ministerio de Cultura, Ministerior de Agricultura, Pesca y Alimentación, la AECI, la Embajada de España, el Instituto Cervantes y la Asociación de Hispanistas de Rusia. Santana explica que los participantes en estas jornadas tenían ‘la enorme responsabilidad y el superior deseo de que el gran poeta oriolano se sienta cómodo entre nosotros en su vuelta a Rusia’. Dentro de su agradecimiento a las personas e instituciones que han ayudado para que el retorno de Miguel a Rusia sea una realidad, también tiene un hueco para el ‘gran estudioso de la obra y la vida hernandianas Aitor Luis Larrabide (...) pozo inagotable de sabiduría filológica y hernandiana (...) los organizadores sabemos mejor que nadie que sin sus aportaciones bibliográficas y documentales, sus orientaciones filológicas y literarias, sin su continua y desinteresada colaboración, estas jornadas no habrían sido posibles o, cuanto menos, habrían brillado con mucha menor intensidad’. Asimismo, agradece la presencia de dos ponentes, a los que califica ‘de lujo’, como Jesucristo Riquelme y César Moreno, ‘que se han desplazado desde España, aceptando unas condiciones muy humildes de estancia para lo que su nivel científico y cultural merecerían’. El libro se estructura básicamente tres capítulos: 1 .- Pasado: viaje a la URSS (septiembre de 1937) Este capítulo consta a su vez de tres apartados: a) ‘El viaje: Moscú, Leningrado, Kíev y Járkov’, en el que se habla de la sedimentación y del calado del mismo. Apunta Santana que existe unanimidad en el hernandismo en calificar como capital y trascendental la influencia que su viaje a la URSS ejerció en el posterior desarrollo de Miguel Hernández como poeta y como persona. ‘Del hallazgo de nuevos documentos sobre dicho viaje dependerá en gran medida que se pueda llegar a esclarecer datos que ayuden a comprender el cambio de personalidad que, a su vuelta de la URSS, advierten en el poeta sus allegados más íntimos’. Para referirse a la ‘sedimentación’ del viaje Santana reproduce textualmente pasajes del libro de José Luis Ferris, publicado en 2002, en el que se habla de la estancia de Miguel en las ciudades de Moscú, Leningrado, Kíev y Járkov: ‘Sólo su necesidad de creer en el hombre le hacía defender la solidaridad del pueblo soviético, admirar sus fábricas y su ostentoso progreso industrial, aunque, en el fondo, ese silencio que sólo guardaba para él, pensara en la hipócrita teatralidad de los delegados rusos empeñados en ofrecer una imagen ejemplar y perfecta de aquella sociedad. No creemos que la ingenuidad del poeta fuera tan elocuente como muestran sus escritos, ni que en todo un mes de permanencia en la Unión Soviética no advirtiera la sombra oscura de Stalin’. Miguel ya no iba ser el mismo tras su viaje. La alegría del reencuentro con Josefina, en avanzado estadio de gestación, no lograría sacarle de aquel proceso reflexivo que se manifestaba en su actitud, más retraída, y en la obra que a partir de aquellos meses irá generando. En cuanto al calado del viaje, recuerda el profesor de Lingüística que ya en el II Congreso Internacional Miguel Hernández, celebrado en Orihuela y Madrid del 26 al 30 de octubre de 2003, se lanzó a conjeturar sobre los posibles motivos que llevaron al poeta a ese cambio radical de personalidad a su vuelta de la URSS y reproduce en el libro parte de su ponencia, publicada en las Actas del Congreso: ‘...la sociedad soviética de aquellos años treinta en que Hernández visitó la URSS se movía por optimistas y elevados sentimientos de humanismo: el amor al prójimo, la amistad de los pueblos, la construcción de un mundo nuevo, mejor y más justo, etc. Es decir, que los valores y esperanzas de aquella sociedad coincidían plenamente con los de Miguel Hernández (...) Pues bien, muy al contrario de lo que se esmeraron en afirmar los propagandistas soviéticos, en nuestra opinión, lo que tenía que haber sido el encuentro de dos almas gemelas se convirtió en una gran decepción para el poeta español. Seguramente, Miguel Hernández, que viajó a la URSS pensando que era un mundo mejor y un modelo a seguir, se sintió muy desencantado al encontrarse un país pobre, con una población que vivía míseramente (...) Creemos que Hernández se dio cuenta de que, por una parte, estaba muy vigilado por las autoridades, con lo cual debió de sentir cierta desconfianza hacia su persona por parte de los que él consideraba como amigos, mientras que, por otra parte, observó (...) la gran pobreza existente en la URSS (...) De lo que no puede caber ninguna duda es que este viaje le supuso a Hernández un gran impacto y lo llevó de incertidumbre vital’, pese a exaltar al país en la prosa y en los poemas que le inspiraron su estancia allí. b) ‘Huella literaria del viaje’. Precisamente, en este apartado, Santana glosa la obra o, mejor dicho, el fruto literario directo que inspiró en Hernández su viaje por la Unión Soviética (‘La URSS y España, fuerzas hermanas’, ‘España en ausencia’, ‘Rusia’ y ‘La fábrica-ciudad’). Comenta el estudioso español que a algún lector le podrán resultar exageradamente politizados estos escritos del poeta español, sin embargo ‘no debe extrañar tanto que el poeta acentúe su posición política (...) alentando a sus camaradas del ejército republicano de que, desde el exterior, grandes potencias apoyan la causa de la II República. Es decir, muy en la línea vital del escritor, Hernández sacrifica sus propios sentimientos en aras de una causa superior y que el considera la más justa de todas las causas: la lucha por la libertad y la justicia’. c) ‘Huella epistolar del viaje’. Aquí Santana glosa también, tal y como se reproducen en la Obra Completa de Espasa Calpe (1992), las cartas que el poeta de Orihuela escribió a su familia y esposa desde la URSS. 2 .- Presente: I Jornadas Hernandianas en Rusia El traductor español aprovecha este segundo capítulo para relatar todas las diferentes y variadas actividades a realizar dentro de las ‘I Jornadas Hernandianas en Rusia’, elegidas tras un escrupuloso proceso de selección. Se desarrollaron por este orden cronológico las siguientes: Homenaje y recital poético hernandiano en San Petersburgo, I Congreso Hernandiano Ruso, Homenaje de los alumnos del Instituto Cervantes de Moscú, Conferencia sobre las relaciones entre Manuel Altolaguirre y Miguel Hernández, Homenaje en la Escuela Bilingüe 110 de Moscú, Constitución del ‘Circulo Hernandiano Ruso’, Conferencia sobre la producción teatral de Miguel Hernández, presentación de la revista ‘Apuntes para el retrato de una amistad: M.A.&M.H.’, presentación del libro ‘Miguel Hernández en la prensa rusa’, exposición virtual sobre Manuel Altolaguirre (FCMH) y concierto de clausura. ‘Han sido muy variadas las propuestas recibidas, tantas que se podrían organizar otras jornadas en el futuro -explica Santana-. La ilusión e intención de los organizadores de las jornadas es que las actividades que no han podido entrar a formar parte de las mismas en esta ocasión se vayan poniendo en práctica próximamente sin necesidad de que tengan que desarrollarse dentro de un foro como el actual’. Cualquier propuesta al respecto puede ser enviada a las direcciones siguientes: administracion@miguelhernandezvirtual.com En este capítulo, el profesor de Lingüística asevera que San Pertersburgo es la ‘cuna del hispanismo’ y que ‘cuenta con numerosos e importantes admiradores de la obra hernandiana, así como excelentes traductores de la talla de Víctor Andréiev y Vladímir Vasíliev’. Tampoco olvida reseñar el profesor andaluz la donación al hispanismo ruso, durante las jornadas, de dos bustos del poeta oriolano, semejantes al que preside la entrada del Campus de las Salesas de la Universidad Miguel Hernández, de Orihuela, el cual es obra del escultor oriolano Ricardo Cánovas. Uno de ellos ha quedado expuesto en el Patio Internacional de la Facultad de Filología de la Universidad Estatal de San Petersburgo y otro ha sido entregado a la Universidad Estatal Lingüística de Moscú, sede de la ‘Asociación de Hispanistas de Rusia’, cuyo presidente es Sergéi Goncharenko, que es ‘sin duda alguna cabeza del hispanismo ruso en la actualidad’. 3 .- Futuro: Círculo Hernandiano Ruso En este último capítulo, Andrés Santana explica que ‘Círculo Hernandiano’ es una marca oficialmente registrada por la Fundación Cultural Miguel Hernández. Estos círculos se conciben para facilitar un mismo paraguas a todos aquellos que en cada lugar de España o en el extranjero quieran agruparse para mantener viva la figura y la obra del poeta. El primero en ser constituido ha sido el de Moscú. Desde el momento de su constitución, la FCMH le está enviando publicaciones de y sobre el poeta. Dice el lingüista español que entre las tareas inmediatas que se propone realizar este ‘Círculo Hernandiano Ruso’ se encuentran: a) editar
la obra hernandiana en ruso, tanto mediante la reedición de lo
ya traducido y publicado, como a través de la realización
de nuevas traducciones y versiones y de obras inéditas. c) Potenciar estudios sobre el poeta de Orihuela en el ámbito académico, mediante la realización de trabajos de fin de carrera, tesis doctorales, etc.; fomentar la inclusión de obras hernandianas en las asignaturas de literatura extranjera de los distintos planes de estudio del sistema educativo ruso, tanto a nivel escolar como en la enseñanza superior. d) Promulgar y facilitar la publicación de artículos sobre Miguel Hernández en prensa y revistas especializadas: para ello, se propone la creación, en colaboración con la FCMH, de un certamen anual que premie el mejor trabajo sobre el poeta oriolano publicado en lengua rusa, ya sea literario, científico o periodístico. e) Servir de puente de unión entre las distintas instancias oficiales rusas y españolas a objeto de coordinar y llevar a buen puerto todas las propuestas que se reciban para la realización de actividades hernandianas en Rusia y la CEI y que reciban la aprobación del Círculo Hernandiano. Este Círculo, cuyo centro de operaciones será la Asociación de Hispanistas de Rusia (sita en la Universidad Estatal Lingüística de Moscú, ubicada en la calle Ostozhenka, 38), está formado por hispanistas y especialistas rusos de gran talla, como Andréiev, Bagnó, Balzhi, Braguínskaia, Chílikov, Dubin, Geleskul, Ginkó, Goncharenko, Grigóriev, Grushkó, Juzemi, Krushkov, Malinóvskaia, Ospovat, Piskunova, Reznichenko y Vasíliev. Por último, el profesor Santana Arribas incluye en su libro un pequeño apartado dedicado a la FCMH de Orihuela, haciendo un repaso por su historia, objetivos, sede e información de contacto. Se trata, en definitiva, de una publicación cuyo objetivo ha sido desempolvar la estancia hernandiana en la URSS en 1937 con vistas a entender mejor lo que 67 años y 3 meses después de aquel viaje se ha celebrado en Moscú y San Petersburgo, pero ahora sin invitación política, simplemente por el deseo hecho realidad del pueblo español y del pueblo ruso que, compartiendo admiración por la obra de Miguel, se han puesto de acuerdo para arrimar el hombro y organizar las ‘I Jornadas Hernandianas en Rusia’.
Antonio
Peñalver
FERNÁNDEZ PALMERAL, Ramón, Doce artículos hernandianos y uno más, Editorial Palmeral, colección Brotes, Alicante, 2005. El afán de investigación siempre supone, se diga lo que se diga, y al margen de otro tipo de cuestiones que no deben venir al caso, una de las actitudes más loables de todas las que se pueden adoptar de cara a la pervivencia y difusión de la figura de cualquier escritor. A la hora de acometer la difícil tarea de ampliar su espectro, es necesario profundizar debidamente en aspectos quizás poco estudiados, pero sin incurrir en el error que supone la omisión de los más reseñables. En este volumen, Doce artículos hernandianos y uno más, de Ramón Fernández Palmeral, se aúnan ambas facetas; esto es, la de no perder ese afán de investigación, que siempre ayuda a la difusión del poeta oriolano, y la de tratar de aportar algo de luz, si se quiere, sobre aspectos quizás poco estudiados en el ya trillado campo del hernandismo.
Asimismo, y nuevamente editado en la editorial Palmeral (Literario-Artístico), en el que ya aparecieron otras obras suyas, como es el caso de su “trilogía hernandiana”, Simbología secreta de ‘Perito en lunas’, Simbología secreta de ‘El rayo que no cesa’ o ‘El hombre acecha’. Poesía urgente y de guerra, se nos presenta en este volumen una compilación de diversos artículos monográficos, centrados la mayoría de ellos en la figura de Miguel Hernández o, en su defecto, en algunas personas que le fueron muy cercanas. Todos estos escritos se encontraban dispersos en distintas publicaciones oriolanas de muy diversa índole, tales como Orihueladigital.es, el diario Información, la revista Perito (Literario-Artístico), El “ia io”, o el propio El Eco Hernandiano, tanto en su edición digital como en la impresa. Con palabras
del propio autor, estamos ante un intento de “cerrar un ciclo”
dentro de sus investigaciones hernandianas, es por ello que se ha decidido
a recopilar en este volumen algunos de esos escritos dispersos, tratando
de darles también cuerpo, unidad y coherencia. Pero también
pretende desmitificar algunas que se han vertido y popularizado, sobre
la figura de Miguel Hernández, como es el caso, por ejemplo,
de la de un Miguel poeta-pastor autodidacta; mito que quizás
en un principio agradase al oriolano, pero que tiempo después
llegó incluso a eclipsar otras de sus muchas virtudes poéticas,
incomodándole en vida y sobreviviendo aún largos años
después de su muerte. Su intención, si se quiere, no es
otra que darnos una visión mucho más global de la figura
del poeta, partiendo de lo concreto para tratar de llegar a lo general,
profundizando en distintas facetas de la vida y obra de Miguel, unidisciplinarmente,
y ahora recogidas todas en un mismo volumen, para obtener así
esa visión más completa y global. Hallamos artículos que se refieren, directamente, a ahondar en distintos aspectos de la vida y obra de Miguel Hernández, esto es, su infancia y juventud, sus viajes a Madrid y Rusia, El rayo que no cesa y sus distintas relaciones amorosas, la guerra civil y su proceso de prendimiento y muerte y, en especial, uno realmente curioso en el que se analiza la simbología de una octava real de Perito en lunas que, para Fernández Palmeral, llevaba nada más y nada menos que 71 años equivocada. En cuanto a las relaciones del oriolano con alguno de sus coetáneos, se centran dos artículos: las que mantuvo con el escritor cubano Pablo de la Torriente Brau, quizás no muy conocido para el gran público y, por otro lado, la que mantuviera también, breve pero significativa por ser ambos alicantinos, con el escritor alcoyano Juan Gil-Albert. Otro pequeño bloque lo constituyen los que están referidos a personas que indirectamente, tuvieron su importancia en la vida de Miguel y que alcanzan, en dos de estos textos, un papel protagonista: “Ramón Sijé, una aproximación” es una introducción a la vida y obra de José Marín Gutiérrez, el “compañero del alma, compañero” que tan hondamente llorara Hernández en su muerte; y, por otro lado, Manuel Manresa Pamies, padre de Josefina, que es también analizado, en lo referente a su expediente militar, al que el autor llegó a tener acceso. Mientras que ya en ultimo lugar, y como colofón a los anteriores doce textos, se incluye el que escribió con motivo de la visita y posterior charla que realizara en la propia Fundación Cultural Miguel Hernández, en la que explicó en qué consistían sus actividades hernandianas. Como viene siendo habitual en las obras de este autor, destacaremos su faceta plástica, que tampoco falta a su cita en esta ocasión: nos referimos a la inclusión de distintas ilustraciones que pueblan todos y cada uno de los textos que componen la obra. Algunas publicadas con anterioridad, otras inéditas, aunque en todas subyace su particular visión de aquello que las poesías de Miguel Hernández le sugieren. Todo lo dicho viene además acompañado por un deseo, del propio Fernández Palmeral, que no es otro sino que los Doce artículos hernandianos y uno más se erijan en un estímulo a la investigación hernandiana, casi a las puertas ya del primer centenario del nacimiento de Miguel Hernández, que tendrá lugar en el cada vez más cercano 2010.
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El 5 de septiembre de 1942, en Socuéllamos (Ciudad Real), nació Manuel Parra Pozuelo, un enemigo voraz de la dictadura. En Murcia, a finales de los 60, participó activamente en los primeros movimientos estudiantiles antifranquistas. En dicha ciudad se licenció en Filología Románica, ejerció como docente impartiendo clases de Lengua y Literatura, pero fue en Las Palmas de Gran Canarias donde tomó contacto con el PCE y a principios de los 80 fundó la Federación de Enseñanzas de CCOO en Alicante. Desde entonces, como él manifiesta, allí está. Su dedicación a la docencia, campo que echa de menos, en el que como profesor organizaba recitales y concursos de poesía, esta actividad le aportaba el contrapunto que necesitaba dentro de la vida sindicalista; ambos campos le han concedido satisfacciones impagable, su entrega en dichos terrenos han sido recompensada por varios premios. En 1963 obtuvo el primer premio y la flor Natural de los Juegos Florales de Ciudad Real; en 1992 le fue concedido el Premio Vicente Mojica, patrocinado por el Ateneo Científico y Literario de Alicante; en 1993 consiguió el Premio Amantes de Teruel, por su libro Mi voz en otros cantos, que fue publicado ese mismo año; igualmente en 1993 publicó en Alicante, en la Editorial Aguaclara, su poemario Si tanto los amé por qué no profanarlos; en el año 2002 obtuvo el Premio Carmen Arias de Socuéllamos; el segundo premio del concurso de poesía de la Villa de Iniesta, y el primer premio del concurso de poesía Manuel Molina, del Ateneo Científico y Literario de Alicante, por un conjunto de poemas titulados El Vulnerado Silbo Indestructible, dedicado a los poetas Miguel Hernández y Manuel Molina. Como un homenaje a su tierra y a sus hombres y mujeres, ha publicado dos cuadernos, uno de ellos titulado Pentalogia del vino, con ilustraciones de José Lara, Vicente Huedo, Julián Sarrion y Juan José Romero, y otros bajo el rotulo Socuellamos de otros tiempos, y sus trabajos y sus días en imágenes y versos, con fotografías de los hermanos Reales, Pedro Manuel y Antonio. Ha realizado diversos estudios críticos, entre otros, análisis de tres poemas de la obra de Pedro Lezcano y de algunos motivos de su obra poética y comentarios del poema “La palabra o la vida”,de Agustín Millares.
En este centro aprobé, como alumno libre, los exámenes de ingreso, los de los cuatro primeros cursos de Bachillerato y el de la reválida de cuarto Los exámenes del Instituto San Isidro, de Madrid, eran todos orales, y en el caso de las asignaturas llamadas “marías” (Formación del Espíritu Nacional, Gimnasia y Dibujo) no era preciso presentarse, aunque era imprescindible abonar veinticinco pesetas para que se considerasen aprobadas. Todas las pruebas eran orales, incluso las de Matemáticas, con excepción de los exámenes de ingreso de Bachillerato, en los que era preciso superar una prueba de dictado con menos de tres faltas de ortografía. Recuerdo que, en segundo curso de Bachillerato, fui suspendido en Latín y en alguna asignatura más que aprobé en septiembre. Mis éxitos académicos y los elogiosos comentarios de mis maestros sobre mis capacidades intelectuales impulsaron a mis padres a enviarme a continuar mis estudios de Bachillerato, como alumno interno, en el Colegio de los Carmelitas Descalzos, de Almodóvar del Campo. Cuando marché a estudiar a Almodóvar del Campo tenía catorce años y era un adolescente desorientado y absolutamente desprovisto del más mínimo sentido de la realidad. El colegio en el que estudié y residí, en régimen de internado, no era precisamente el entorno más adecuado para favorecer mi adaptación a lo concreto y mi proceso de integración social. En aquella casa y entre aquellos frailes, se vivía en un mundo absolutamente ajeno a lo que había sido mi vida hasta ese momento y las circunstancias tampoco eran coincidentes ni semejantes a las que caracterizaban el acontecer vital fuera de sus muros. En este colegio cursé los estudios de quinto y sexto de Bachillerato, superando los exámenes, también como alumno libre, en el Instituto de Bachillerato de Puertollano, y aprobé la reválida de sexto. Además, en ese tiempo, publiqué, en el periódico colegial impreso a multicopista, mi primer soneto, dedicado al director del colegio, el padre Ludovico. El curso preuniversitario me obligó a trasladarme a Madrid, en esta gran ciudad que, desde mis infantiles y primeros pasos en ella, significaba para mí un mundo brillante y maravilloso, residí en un colegio que era conocido con el nombre de Divino Hambriento, aunque en realidad se llamaba Divino Maestro, en aquel centro la teocracia que gobernaba el mundo educativo en aquellos oscuros años era aún más combativa, contundente y esperpéntica que la de los ingenuos frailes Carmelitas Descalzos de Almodóvar del Campo. El Divino Maestro era un centro laico, nacido como belicosa oposición a la Institución Libre de Enseñanza, en los tiempos de la República, que trataba de continuar la apostólica misión de educar cristianamente a los hijos de los maestros. El colegio, en el que las prácticas religiosas ocupaban aún más tiempo que en el de los Carmelitas Descalzos, estaba dirigido por un hombre extraordinariamente voluminoso y casi ciego que tenía escritos, en una pequeñísima libreta, los nombres de los alumnos culpables de la trasgresión de las normas de convivencia de aquella peculiar comunidad educativa. Después de superar el curso preuniversitario en la especialidad de Ciencias, puesto que, siguiendo los consejos de mi padre, que pensaba que cualquier ingeniería podrá proporcionarme fabuloso ingresos y una envidiable posición social, había decidido estudiar ingeniería agrícola, me matriculé en la universidad en un curso que se denominaba selectivo y era el obligado pórtico para todas las carreras científicas. Tras este inicial y anunciado desastre, comencé a trabajar en la ferretería de mi padre e intenté durante aquel verano, y con relativo éxito, ganar algún dinero impartiendo clases particulares en mi domicilio y, al inicio del siguiente curso me trasladé a Valladolid, a una especie de filial de Divino Maestro, algo menos rígida y más tolerante, para realizar estudios de Preuniversitario de Letras y de Magisterio y entré en contacto con un grupo de jóvenes escritores, Justo Alejo, César Alonso de los Ríos, Ramón Torio, y un sacerdote llamado Jesús Tomé, que publicaban sus prosas en el periódico El Norte de Castilla, que dirigía, en aquel tiempo, Miguel Delibes, y sus versos en unos casi artesanales Pliegos de Cordel, que se exhibían e incluso, en algún caso, se vendían en la librería Relieve. Yo tenía entonces dieciocho años, era el final de la década de los años cincuenta, junto a mis amigos formé parte de lo que entonces se denominaba una célula de una organización clandestina, marxista, neocristiana, y de frontal oposición al Régimen, el Frente de Liberación Popular, el FELIPE. Una rocambolesca conspiración me permitió allegar fondos para este partido, que pudo relanzar sus actividades, lo que para mí supuso un nuevo enfado paterno y mi forzado regreso a Socuéllamos, y para alguno de mis amigos, cuyos renovados medios materiales les permitieron ser más activos, su detención por la policía, alertada por sus inexplicables disponibilidades materiales. Cuando yo supe que alguno de ellos había sido detenido, juzgado y condenado, mi sensación de culpabilidad fue enorme y escribí algunos versos que publiqué en el programa de festejos de mi pueblo, en los que expresaba mi solidaridad y mi desconsuelo. Volví a impartir clases, sobre todo de reválida de cuarto, aunque también de Magisterio, aunque para concluir esta carrera me faltaban algunas asignaturas y sólo logré finalizarla tras una estancia en Albacete, en cuya Escuela de Magisterio estuve matriculado, y mediante exámenes, como alumno libre, en la Escuela de Magisterio de Ciudad Real. Fue en ese tiempo, en 1963, cuando conseguí el Primer Premio de los Juegos Florales de Ciudad Real, por una serie de sonetos que titulé Diez humanos sonetos terrenales. La obtención de este galardón, que me fue entregado en un acto en el que José Hierro actuó como mantenedor, obligó a mi padre a admitir mi traslado a Murcia para cursar en esta ciudad los estudios de Filosofía y Letras. Ya algo más situado en mi propio terreno, aunque con dificultades en algunas asignaturas, sobre todo en Latín y en Francés, finalicé en cuatro cursos la carrera de Filosofía y Letras en la especialidad de Filología Románica. Durante
mis años de estudiante en Murcia publiqué poemas en Monteagudo,
que era una revista universitaria de literatura; conocí a poetas
como Francisco Sánchez Bautista y Andrés Salón,
y participé muy activamente en la fundación de Zauma,
revista de poesía oral en la que intervino un poeta cordobés,
Carlos Clementson, actualmente catedrático de la universidad
de su ciudad natal, y mantuve una personal amistad con Pedro Provencio,
entonces ya prometedor y sensible poeta. Mi relación con algunos
profesores de la Universidad, sobre todo con don Mariano Baquero Goyanes,
y mis aficiones literarias, quizá me hubieran permitido acceder
a alguna plaza de profesor universitario, pero mis conocidas actividades
políticas -en aquel momento había entrado en contacto
con la organización del Partido Comunista-, y mi participación
en los movimientos estudiantiles de oposición al Régimen,
que lograron la desaparición del Sindicato Español Universitario
y de las Asociaciones de Estudiantes que intentaron continuarlo, junto
con mi disipada vida sentimental y personal, dieron lugar a mi práctica
consideración como persona non grata por todas las personas
influyentes de la Universidad, dominada por su rector, el Doctor Batlle,
y el Decano de Filosofía y Letras, don Luciano de la Calzada,
llamado por los estudiantes Lucy Luciano. Estos dos gerifaltes
franquistas llegaron incluso a expedientar a otros compañeros
que participaron, como yo, en la organización de la primera asamblea
libre en la Facultad de Filosofía y Letras.
Entre otros
convencimientos que influyeron de modo decisivo en mi conducta posterior,
me parece que uno de los más trascendentales fue la total convicción
de mi obligación de actuar, en cualquier circunstancia, oponiéndome
al franquismo, y la consideración de la literatura como una dedicación
que debía subordinarse a este objetivo político superior:
la caída del régimen franquista.
¿Considera
a Miguel Hernández un personaje cercano a los alumnos de hoy? A
lo largo de su trayectoria como profesor, ¿De qué manera
se recibió en sus aulas la poesía de Miguel Hernández? ¿Por
qué está homenajeando a su tierra en estos últimos
años? ¿Qué
recomendaría leer a un adolescente?
MIGUEL
HERNÁNDEZ (1910-1942).
En 1955, el Hispanic Institute in the United States editaba, por medio de la Universidad de Columbia, una biografía sobre Miguel Hernández que pasa por ser una de las más totalizadoras y dilatadas que sobre el poeta oriolano se han escrito. Pues en Miguel Hernández (1910-1942). Vida y obra. Bibliografía. Antología, podemos encontrar reflejadas, de un modo pormenorizado, todas y cada una de las facetas que atañen al poeta. Esto es, tanto su vida como su obra, pero también un antología y un a amplia sección bibliográfica e incluso iconográfica. Escrita por la filóloga y poetisa Concha Zardoya, la obra se encontraba inserta dentro de la colección ‘Autores modernos’. Una serie de monografías biográfico-críticas sobre autores modernos de España y América, con bibliografía y páginas antológicas. Otros autores de esta colección eran los españoles Federico García Lorca, Gabriel Miró, Ramón María del Valle-Inclán, Jorge Guillén o Antonio Machado; mientras que por parte de los sudamericanos se incluía a Pablo Neruda, Julio Herrera y Reissig, César Vallejo o Gabriela Mistral. Nacida en Valparaíso, Chile, en 1914, estudió Filosofía y Letras en Madrid, donde se había mudado en 1934. La guerra la sorprende en Valencia, y se une sin dudarlo al bando republicano. Trabaja para ‘Cultura Popular’, una institución dependiente de la República, que organizaba bibliotecas y actos culturales para obreros y soldados de los frenes, hospitales o fábricas, organizando también programas de radio para ellos. Una vez finalizada la dura guerra, acabará sus estudios en Filología, doctorándose, en 1949, en la Universidad de Illinois, donde impartirá clases de literatura. Además de su faceta como poetisa, Zardoya se centró sobre todo en escribir ensayos y estudios críticos sobre dos escritores coetáneos suyos: Leopoldo de Luis y, muy especialmente, el oriolano Miguel Hernández. Concha Zardoya mantuvo una exigua pero estrecha amistad con Miguel Hernández. Dicha amistad no ha quedado refrendada con ningún encuentro, pero sí con el gran número de estudios y homenajes en los que la crítica y poetisa chilena estudió la obra del oriolano. Pues Concha Zardoya siempre sintió un profundo respeto por su figura, y siempre ha luchado tenazmente por reivindicar su memoria. Es Miguel Hernández (1910-1942). Vida y obra. Bibliografía. Antología una biografía que, ante todo, pretende ser panorámica. Encontramos en ella todas y cada una de las facetas que directa e indirectamente tuvieron que ver con el oriolano. Deudora de su formación académica, y quizás lastrada por los problemas inherentes a no haberla escrito “sur le motif”, como sí fue el caso de las de Claude Couffon o Juan Guerrero Zamora, no se puede eludir el hecho de encontrarnos, sin duda, ante una de las más completas biografías que sobre Miguel Hernández se han escrito. El primer capítulo que encontramos es el titulado ‘VIDA Y OBRA’. Sin cuestionar en ningún momento la manera mediante la cual Zardoya encara la biografía del oriolano, sí que nos resulta curioso encontrar como, igual que sucediera en Miguel Hernández, poeta, de Juan Guerrero Zamora, una clara y tajante división entre la vida y la obra del oriolano. Así, dos factores que, generalmente, suelen ir indisolublemente unidos, pues los hechos que suceden en uno inciden directamente en el otro y viceversa, volvemos a encontrarlos, nuevamente, desgajados en dos mitades. Sobre la vida del poeta no entraremos a reproducir la reconstrucción que de ella hace la autora. Y no lo haremos porque no cambia en demasía de las visiones ofrecidas por otros autores, y que a buen seguro el lector ya conoce. Es, en cambio, en la visión que de la obra tiene el biógrafo donde sí se incluyen diversos puntos de vista e interpretaciones, los que el propio objeto de estudio inevitablemente suscita. Así, a diferencia, por ejemplo, de la “encuesta” narrada que nos ofreció el francés Claude Couffon en su Orihuela y Miguel Hernández, la reconstrucción biográfica que encontramos en Miguel Hernández (1910-1942). Vida y obra. Bibliografía. Antología, es, por así decirlo, mucho más clásica. Los datos que maneja Zardoya son, principalmente, de amigos oriolanos. Pero, además, el hecho de que la obra fuese concebida en el extranjero, con la falta de información de primera mano que aquello conllevaba en la época, pues las comunicaciones no eran tan accesibles y viables como las de hoy en día, era un factor negativo que hizo que Zardoya incurriera en algún que otro error de bulto. Es el caso de la muerte del padre de Josefina Manresa; o cuando sigue la versión de Pablo Neruda, que reproduce íntegramente, al relatar el episodio de Miguel con Carlos Morla Lynch. Al referirse a su época en Orihuela, menciona la importancia que tienen el campo y la naturaleza en la adolescencia de Miguel. Sobre su primer viaje a la capital, del que se dicen vaguedades, no llega a datar su permanencia en Madrid. A pesar de que considera la estancia, muy positiva para su posterior formación, afirma desconocer la manera mediante la cual Miguel se puso en contacto con Concha de Albornoz. Pero en lo referente a la época de la guerra y su posterior encarcelamiento, sí aporta Zardoya datos mucho más fiables. A pesar de los años transcurridos desde la publicación de la obra, la metodología de escuela, así como la seriedad en los análisis de los textos hernandianos es un factor que sigue resultando de gran interés en el libro de Concha Zardoya. De cada una de las obras de Miguel Hernández, se detiene en estudiar muy detenidamente las influencias, temática, estructura, forma técnica y metafórica, paralelismos o correlaciones de la mismas. Los análisis resultan, en ocasiones, demasiado extensos. Pero no se le puede negar esa pretensión de mostrar una amplia visión panorámica de la vida y la obra del oriolano. Acerca de Perito en lunas, destaca Zardoya la gran influencia que ejercieron los poetas del 27 y esa nueva tendencia, ya cultivada por ellos, del neogongorismo: “El poeta-pastor se siente atraído, deslumbrado y solicitado a la vez por una de las actitudes más significativas – o más brillantes – de aquel grupo de poetas ya consagrados: la vuelta a Góngora, nacida al calor de su centenario”. Así, tras ese primer viaje a Madrid en el que Miguel se empapa de esta nueva corriente, vuelve a Orihuela y da forma a su primera obra poética. Aún así, Zardoya se encarga de realzar el mérito de Perito en lunas, a diferencia de otros sectores de la crítica, que no solían dejarla en demasiado buen lugar. Pero la escritora sí destaca que “no será un simple juego virtuosista, sino una victoria sobre sí mismo: el triunfo heroico de su inteligencia sobre su instinto y temperamento”. Y aún apunta algo de gran importancia acerca de Perito en lunas y su importancia: “nos parece un asombroso comienzo poético y un prodigio de autosuperación juvenil”. Como hará con el resto de obras analizadas, Zardoya divide su estudio en apartados pormenorizados, en los que se encarga de desgranar la obra siguiendo generalmente las mismas pautas de análisis; en el caso de Perito en lunas, éstos son las ‘influencias y dedicatorias’, la ‘temática’, la ‘estructura y forma’, la ‘técnica metafórica’, el ‘cromatismo’ o el ‘hipérbaton y naturalidad’. “En 1937 se edita ‘Viento del pueblo’ que, más que un libro, era (...) todo lo que temblaba o bullía a borbotones en el alma del pueblo” (...) “España se le convierte en dolor del espíritu y de los huesos y, al cantarla y al llorarla, empuña el corazón”. A pesar de que la obra esté concebida como una unidad total, es decir, sin parcelaciones temáticas que puedan llegar a romper la tensión interna y externa, divide el contenido de la misma en cuatro partes bien diferenciadas. Éstas son: ‘Elegías’, ‘Odas’, ‘Cantos épicos’ y ‘Poemas imprecatorios’. Afirma que los poemas más bellos se insertan dentro de los tres primeros grupos; en cambio, en el cuarto, se incluyen los de temática más política y airada, de ‘arenga política y clamor condenatorio de todo un pueblo’, como apunta Zardoya. “Miguel Hernández se siente arrebatado por el viento que sacude al pueblo de España y, ‘sangrando por trincheras y hospitales’, se descubre a sí mismo de cuerpo entero: sus más hondas entrañas se le iluminan y, por primera vez, el poeta y el hombre conquistan la alegría”. De El hombre acecha destaca, en primer lugar, el hecho de que sea, de algún modo, una lógica evolución de Viento del pueblo. Pero como evolución que es, y a pesar de compartir similitudes con su predecesora, se sustenta en otros pilares distintos. Es el desengaño hecho poesía. Otra parada más en ese proceso evolutivo que la poética del oriolano sufrió. “La desesperación es el tema de este libro, nacido también en la guerra pero que se prolonga más allá de ella, la rebasa y termina en las prisiones del poeta. Los españoles – el hombre – se defienden a dentelladas (...) la tragedia humana no es en el libro algo personal sino que se vuelve inexorable destino de todos los hombres: tragedia del mundo”. “Un tono severo y grave traspasa estos versos enjutos, desnudos de todo verbalismo.” (...) “Aunque hay poemas que entroncan con ‘Viento del pueblo’ (...) prevalecen los que restallan furor, los que increpan o sólo se duelen de tanta muerte” (...) “La poesía ha dejado de ser canto para devenir en vida pura, efusión de la carne y el alma doloridas, grito de la criatura desamparada y en acecho, proyección del hombre, herida suya”. Llega finalmente el turno de la obra póstuma de Miguel Hernández, el Cancionero y romancero de ausencias. En primer lugar, tal y como ha venido haciendo hasta ahora con todas y cada una de las obras que ha analizado pormenorizadamente, inserta el poemario en el contexto histórico vital en el que se encontraba Hernández en el momento de escribirla: “Acaba la guerra civil y el poeta comienza su peregrinaje por las cárceles españolas y sólo acabará con su muerte (...) Lenta y dolorosamente sigue escribiendo su ‘Cancionero y romancero de ausencias’, ya empezado al final de la contienda”. Sin embargo, dos serán los aspecto en los que más incidirá Zardoya de esta obra. El primero, el carácter tan personal, así como las difíciles circunstancias en que fue concebido, que tienen los poemas: “Es un verdadero diario íntimo: las confesiones de un alma en soledad. Son poemas breves, escritos en pocas palabras, sinceras, desnudas, enjutas”. Y, en segundo lugar, esa ausencia que domina todas y cada una de las páginas del Cancionero..., y que según la leamos en este o aquel poema se nos aparece de muy distintas maneras: “El dolor ha secado la imagen y la metáfora. Ni un rastro de leve retórica. Su dolor solo: el dolor del hombre: el sombrío horizonte de los presos, el ir a la muerte cada madrugada”. Zardoya, teniendo en cuenta que el Cancionero y romancero de ausencias todavía se encontraba inmerso en el galimatías que supuso la definitiva fijación de sus textos, divide los poemas que componen la obra en ‘Amorosos’, ‘Elegíacos’, ‘Un romance al hijo vivo’, ‘El hombre ante el amor, la vida, la soledad de la cárcel y la muerte’, ‘El hombre acecha todavía’, ‘Canciones de la guerra’ y ‘Canciones de tema vario’. Afirma que estos poemas, a diferencia de muchos otros de los escritos por Miguel Hernández, no necesitan de una explicación profunda, sino que son claros y sencillos, y ‘algunos entran al corazón, en el entendimiento y en la sensibilidad, como un disparo, y allí dejan su herida’. Cabe apuntar con respecto a estos ‘Últimos poemas’ a los que se refiere Zardoya que, como anteriormente hemos explicado, en el momento de la publicación de Miguel Hernández (1910-1942) todavía no se habían fijado del todo los criterios a la hora de editar todo el corpus del Cancionero y romancero de ausencias. Es por ello que, los poemas que en sucesivas ediciones, la de Rovira o la de Jauralde Pou más reciente, se incluyen dentro del propio CRA, aquí se haga en un anexo al margen de la obra póstuma del oriolano. Es el caso, por poner un ejemplo, de las ‘Nanas de la cebolla’. De ahí también que Zardoya incida en el hecho de que tanto la temática como el estilo de Hernández son muy similares, tanto en el Cancionero... como en estos ‘Poemas últimos’. Aún así, subraya que “los últimos poemas que escribió Miguel Hernández – inéditos a su muerte -, extreman su patética desnudez y consuman la certeza – la única certeza para el poeta preso – de que ‘sólo quien ama vuela’, aunque se sabe, en su cárcel, con las alas cortadas”. En lo que respecta a la obra teatral del oriolano, Zardoya rompe una lanza a favor del mismo, desechando la opinión negativa que gran parte de la crítica había vertido injustamente sobre él. Destaca su hondo sentido dramático, y a pesar de que afirme que llega a carecer en ocasiones de los conocimientos técnicos necesarios, destaca su “experiencia terruñera”, como lo más significativo de la aportación de Miguel Hernández al panorama teatral de su tiempo. Analiza prolijamente, tanto Quién te ha visto y quién te ve, como El torero más valiente y El labrador de más aire. En cuanto a Pastor de la muerte e Hijos de la piedra, simplemente las cita. Zardoya conocía de su existencia, pero lo que sucede es que en aquella época eran todavía inéditas. Pues fue en 1960, en las Obras completas de la editorial Losada cuando la primera de ellas vio la luz, mientras que la segunda salió publicada en 1959, en Buenos Aires. La siguiente parada, la titulada ‘BIBLIOGRAFÍA’, se encarga de recoger en un mismo volumen toda la bibliografía que directa o indirectamente la figura de Miguel Hernández había generado hasta la fecha de publicación de la obra, así como una sección con las poesías dedicadas a su figura y otra, la que cierra esta parte, en la que recoge Zardoya las principales manifestaciones de iconografía hernandiana. La primera sección, ‘Ediciones’, se encarga de reunir todas las ediciones que de sus obras se hicieron. Aún así, y en ese afán pormenorizador que preside todo Miguel Hernández (1910-1942), Concha Zardoya divide esta sección en cinco subapartados: -
Libros: las primeras ediciones de Perito en lunas, El rayo
que no cesa, Viento del pueblo, Teatro en la guerra
y El labrador de más aire. Además, agrega el
Sino sangriento y otros poemas, que editara Manuel Altolaguirre
en La Habana, una 2ª y una 3ª edición de El rayo
que no cesa con algunos poemas sueltos, los Seis poemas inéditos
y nueve más, editado por Manuel Molina y Vicente Ramos y
la Obra escogida, prologada por Arturo del Hoyo y editada por
Aguilar. En tercer lugar, Concha Zardoya incluye una emotiva sección en la que aparecen, una tras otra, las poesías dedicadas a la figura de Miguel Hernández. Así, podemos encontrar, aunque tan sólo sean nombradas “Junto a Miguel Hernández”, de Vicente Aleixandre, “A Miguel Hernández”, de Manuel Molina; “Elegía a Miguel Hernández”, de Leopoldo de Luis; o la “Elegía a un poeta”, de Vicente Ramos. Y, en último lugar, una curiosa ‘Iconografía’ hernandiana, en la que se incluyen tres fotografías y tres retratos más del oriolano. La recepción crítica que tuvo la obra fue, ciertamente, desigual. No era una época demasiado propicia para tratar de acercar al público la olvidada figura de un poeta con demasiadas connotaciones políticas. Es por ello que la recepción fue desigual, algo fría y, en uno de los casos en particular, muy dura. Nos referimos a la que escribió Joaquín Villa Pastur, en un artículo publicado en Archivum, en mayo de 1955, y titulado “En torno a un estudio sobre Miguel Hernández”. En él, compara la biografía de Zardoya con la de Juan Guerrero Zamora; pero mientras afirma que el ceutí se limita a hacer crítica literaria, afirma que Zardoya aspira a realizar “con peor gusto y una absoluta falta de la dignidad intelectual, apologías republicanas”. Certifica también que lo único que interesaba a la chilena era, además de hacer apología del rebelde, falsear los hechos. Críticas sin duda de una dureza inusitada, máxime cuando la obra de Guerrero Zamora, Miguel Hernández, poeta, que también levantó las iras dentro de las filas franquistas, no había salido tan mal parada del envite. Además, para el autor, que continúa con su feroz ataque, en la obra de Zardoya se olvida también el asesinato del padre de Josefina. Para concluir afirmando que “se encuentra el lector con un fárrago casi ininteligible de consideraciones estilísticas de segunda o tercera mano”. Por otro lado, Joaquín González Muela, en artículo publicado en el Bulletin of Hispanic Studies, en 1957, trata de una manera mucho más justa, si cabe, este Miguel Hernández (1910-1942). Afirmando, en primer lugar, que la escritora describe los libros de Miguel Hernández muy brevemente, intentando, de algún modo, borrar esa tópica imagen del poeta-pastor que en torno al oriolano se había ido creando. Aún así, las conclusiones de Zardoya o el método utilizado en el análisis crítico de las poesías le parecen discutibles, pues existen algunas erratas. Pero concluye con que estamos ante una de las mayores aportaciones, hasta la fecha, para llegar a conocer la figura de Miguel Hernández. Aportaremos, en último lugar, la opinión de José Francisco Cirre, quien en la Hispanic Review, pero en 1975, afirmaba que la novedad del libro estribaba en el hecho de ubicar a poeta en su contexto, analizando de este modo sus poemas. Estima adecuada la extensión dedicada a la biografía, pues afirma que dicha parte influye en la obra de una manera decisiva. Aún así, discrepa de Zardoya en cuanto a los recurrentes comentarios a Perito en lunas, pues para Cirre el omitir la figura de Gerardo Diego es incurrir en un error, por ser el santanderino una figura fundamental para llegar a entender ese poemario de la escuela “creacionista-gongorina” que es, para Cirre, la primera obra de Hernández. Si
la sección de ‘Los libros perdidos’ pretende rescatar
del olvido aquellas biografías que, años atrás,
y con las dificultades que conllevaba la época, apostaron por
la figura del poeta Miguel Hernández, la de Concha Zardoya merece
formar parte, sin lugar a dudas, de esta selección. Escrita desde
la distancia, pero con una clara formación filológica,
nos aporta, por primera vez, una completa imagen de las múltiples
facetas que la figura del oriolano tenía. Pero además,
denota, en 1955, la trascendencia que su figura estaba comenzando a
cobrar, dejando entrever que se erigiría, en un futuro no demasiado
lejano, en una de las más importantes dentro del panorama de
la literatura española contemporánea.
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