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EL RAYO QUE NO CESA
 
       
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'Miguel Hernández en la prensa rusa

 
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Félix Benito

Llum Quiñonero

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Miguel Hernández, poeta

 

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El cuaderno 'Miguel Hernández en la prensa rusa' reproduce una foto inédita en España del poeta en el V Festival de Teatro Soviético de 1937 y diferentes artículos también desconocidos sobre su vida y obra

Un próximo libro que recogerá todas las reseñas sobre Miguel Hernández aparecidas, a lo largo de los años, en la prensa tanto soviética como rusa ha tenido en el mes de junio un avance a modo de folleto (39 páginas), bajo el título ‘Miguel Hernández en la prensa rusa’, coincidiendo con la celebración de las ‘I Jornadas Hernandianas en Rusia’. El autor y traductor es Andrés Santana Arribas, profesor gaditano de Traducción en la Universidad Lingüística Estatal de Moscú, mientras que Cristina de Lama se ha encargado de la edición y diseño de la cubierta. Este folleto constituye el número 3 de la colección ‘Documentos’, que viene editando la Fundación Cultural Miguel Hernández, de Orihuela.

Como afirma en la introducción el autor, esta publicación tiene como objetivo reproducir artículos aparecidos en la prensa rusa sobre Miguel Hernández. El propio Santana Arribas, encargado de su traducción al español, recuerda que este folleto responde al cumplimiento de la promesa que él mismo hizo durante el II Congreso Internacional Miguel Hernández en octubre del año 2003 y de “la deuda que yo mantenía con la Fundación de Orihuela y, por ende, con el hernandismo mundial, pues es de justicia reconocer abiertamente que la FCMH se ha terminado por convertir en el eje sobre el que se sustentan y giran los estudios que sobre el poeta oriolano se realizan entre los cuatro puntos cardinales del planeta”. Explica el traductor andaluz que en el folleto “damos la palabra a la prensa rusa para ver qué imagen percibió el lector soviético sobre Miguel Hernández a través de los diarios”, aclarando que “no se incluye lectura alguna sobre los contenidos de dichos artículos, labor que se deja al sagaz lector”.

El folleto reproduce cronológicamente seis artículos de prensa de diferentes años:

1) El primero de ellos es el ya conocido del periódico ‘Izviéstiya’ (‘Noticias’), publicado sin firma el 2 de septiembre de 1937 bajo el título ‘Los huéspedes españoles sobre el festival’ (‘Ispánskie gósti a festiválie’), en el que se decía que “ayer visitó el festival de teatro una delegación de personalidades del mundo de las artes de la República de España. Entre ellos se encuentran el director del Teatro Popular de Madrid ‘Tribuna’, Francisco Martínez Allende, la actriz Gloria Álvarez Santullano, el poeta y dramaturgo Miguel Hernández y el pintor Miguel Prieto, organizador del teatro de marionetas (...) Tanto las canciones como los bailes que nos han mostrado hoy producen una inolvidable impresión –dice Miguel Hernández-. Un pueblo que posee semejante arte es, sin duda alguna, un pueblo extraordinariamente fuerte y vigoroso, que disfruta de la vida de una manera activa, alegre y pletórica”. Santana Arribas comenta que “la presencia de esta información en portada dice mucho de la importancia informativa que tenía España, en plena Guerra Civil, para la prensa soviética: a pesar de presenciar aquel V Festival de Teatro Soviético delegaciones de muchos países extranjeros, se destaca en portada la opinión de la delegación española precisamente y no cualquiera otra”. El diario ‘Izviéstiya’, creado en 1917, era uno de los diarios oficiales de la URSS, junto al conocido ‘Právda’ (‘Verdad’). Con la llegada de la ‘perestróika’, pasó a convertirse en diario independiente en régimen de autofinanciación. Desde 1997 está dividido en dos (‘Izviéstiya’ y ‘Nóvuie Izviéstiya’) y “sigue teniendo un peso importante en la sociedad rusa y la Comunidad de Estados Independientes (CEI) con línea fiel a la política del Kremlin, aunque con críticas puntuales bastante duras”, como explica el traductor gaditano.

2) El segundo artículo de prensa que aparece en el folleto no lleva título y pertenece también al diario ‘Izviéstiya’. Apareció un día más tarde que la noticia citada anteriormente y su importancia reside en el hecho de ir acompañado de una fotografía de Miguel Hernández inédita hasta el momento en España. En la foto, que aparece en la página 4 y lleva la firma de P. Troshkin, aparece el poeta oriolano, acompañado de otros miembros de la delegación española. “Se trata -explica el autor del folleto- de la única foto de Miguel Hernández publicada en la prensa soviética, al menos así obra en los archivos rusos consultados por el autor-traductor. A la izquierda, aparece otra foto con los cuatro miembros de la delegación norteamericana de Hollywood que asistieron al Festival.

3) La tercera noticia, titulada ‘Miguel Hernández’, ha sido extraída de la página 4 del diario ‘Literatúrnaia Gasiéta’ (‘Periódico Literario’) de fecha 11 de mayo de 1957, a raíz de las actividades organizadas por los escritores soviéticos y la colonia de expatriados españoles en Moscú para conmemorar el decimoquinto aniversario del fallecimiento de Miguel Hernández. Se trata de un amplio trabajo firmado por Fiodor Kelin, quien, según Santana, “es autor de varios artículos sobre Miguel Hernández, gran conocedor de la literatura española, primer traductor al ruso desde el gallego y autor del primer diccionario español-ruso, además de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Madrid”. Del trabajo de Kelin, que incluye el poema ‘Antes del odio’, extraemos a continuación algunos fragmentos: “15 años se cumplen de la muerte en una cárcel franquista del joven y talentoso poeta de la España republicana Miguel Hernández, cuya obra expresó durante los años de la guerra libertaria el genio poético del pueblo español (...) Uno de los rasgos característicos de la poesía de la guerra libertaria fue el esplendoroso resurgimiento de una de las formas poéticas más queridas del pueblo español: el romance (...) En el reflorecimiento de este género Miguel Hernández desempeñó prácticamente el papel más destacado. Algunos de sus romances, escritos al inicio de la guerra, sobre todo el titulado ‘Viento del pueblo’ (que cuenta con traducción al ruso), alcanzaron una amplia popularidad. En sus versos el poeta ensalza la lucha del pueblo, a sus líderes y a sus heroicos jóvenes, al tiempo que flagela a los generales traidores y a sus amos extranjeros ...”.

Añade Fiodor Kelin que “... la guerra tampoco logró interrumpir los esfuerzos de Miguel Hernández por crear un nuevo teatro español. Prueba de ello son las piezas propagandísticas que escribió para su representación en el frente: ‘La cola’, ‘El refugiado’, ‘El hombrecito’ y otras, que son certeras pinceladas de lo que era la vida en la retaguardia (...) la capitulación de Madrid puso fin a la frenética actividad creativa de Miguel Hernández. El poeta fue arrestado y condenado a fusilamiento por un tribunal militar. Haciendo unos heroicos esfuerzos, Pablo Neruda consiguió la cancelación de dicha condena y la temporal puesta en libertad. Sin embargo, al cabo de unos días, fue nuevamente arrestado. En esta ocasión se le canjeó la pena de muerte por cadena perpetua. El poeta no hubo de sufrir largo tiempo en la cárcel. Las excepcionalmente terribles condiciones que vivió en prisión terminaron por dinamitar su, de por sí, débil salud. Murió de tuberculosis aguda (...) Las temeridades de la cárcel española y su dolorosa enfermedad no consiguieron hacer desaparecer en el moribundo poeta su clara fe en la vida. Y de vida estaban precisamente henchidos los versos que escribió durante los tres años en que su existencia se fue apagando (...) Sus versos, abriéndose camino a través de las gruesas paredes de la cárcel, encontraron vivo reflejo en el alma del pueblo, despertando en ésta fortaleza y fe en la victoria”. Algunas de estas afirmaciones de Kelin son discutibles, pero no es este el momento de entrar en ello.

También hay que hacerse eco de la noticia que incluye este artículo sobre la velada que se organizó en la Casa Central de los Literatos para conmemorar el XV aniversario de la muerte de Hernández. Se dice en ella que “Sergei Mijalkov saludó cálidamente a los asistentes extranjeros que se encontraban en la sala: María Teresa León, Rafael Alberti, Pablo Neruda. O. Savich pronunció unas palabras sobre el poeta. Pablo Neruda leyó durante la velada un fragmento de su nuevo poema. Compartieron con los asistentes sus recuerdos Rafael Alberti, César Arconada y A. Fevralski. María Teresa León declamó en español ‘Viento del Pueblo’ de Miguel Hernández. La velada concluyó con un concierto de música española”. El diario ‘Literatúrnaia Gasiéta’ fue fundado en 1929, pertenecía a la Unión de Escritores de la URSS y “expresaba la opinión oficial e ideológica del régimen. Contrariamente a lo que su nombre indica, los artículos políticos siempre han tenido gran importancia en los contenidos de este diario, que ha ido perdiendo influencia en los últimos años”, según explica Santana Arribas.

4) De la misma publicación ‘Literatúrnaia Gasiéta’ (‘Periódico Literario’) es el cuarto trabajo sobre Miguel, que, sin firma y con el título ‘Que no se apague la voz de Hernández’, vio la luz el 1 de noviembre de 1960 en la URSS con motivo de los actos oficiales organizados por los escritores soviéticos para conmemorar el L aniversario del nacimiento del poeta de Orihuela. El diario lo publicó en su página 6. Según el traductor andaluz, “aunque se trata de una reseña sin autor y en tono de editorial, se nota el estilo del catedrático e hispanista Fiodor Kelin”. Tras relatar la biografía del “... poeta antifascista español Miguel Hernández, hijo de un humilde pastor, conocedor de la escasez y la miseria desde su propia infancia ...”, el artículo añade que “... tras matar al poeta, los fascistas españoles se vieron incapaces de ahogar su apasionada voz, que llama al pueblo hacia la libertad. Hace unos días se ha celebrado en la Casa Central de los Literatos una ceremonia oficial consistente en una velada organizada por la dirección de la Unión de Escritores de la URSS con ocasión del L aniversario del nacimiento de Miguel Hernández. Dicha velada la abrió con unas palabras de introducción Petrus Brovka. O. Savich expuso una ponencia sobre la vida y la obra de Miguel Hernández. También intervinieron con sus recuerdos sobre Hernández el escritor español César Arconada y el catedrático F. Kelin”.

5) El 30 de marzo del año 1962, la revista ‘Literatura y Zhizñ’ (‘Literatura y vida’) sacó un amplio artículo titulado ‘Poeta y soldado’ (‘Paét y Vaín’) y escrito por Vladímir Yasnyi, que fue, como explica Andrés Santana, “autor de varios artículos sobre la obra hernandiana en aquellos años”. Este semanario soviético fue fundado en 1958 y posteriormente adoptó su actual nombre, ‘Literatúrnaia Rassíya’ (‘Rusia literaria’). Informa el artículo sobre Miguel que “es contemporáneo nuestro. Ahora tendría algo más de cincuenta años. Era comunista. Fue gloria y esperanza de la poesía española. Su carrera artística tan sólo duró diez años. Tan sólo unos pocos libros de poesía, tres dramas, algunas breves piezas teatrales: en eso consiste todo su legado. Y sin embargo el nombre de este poeta se encuentra entre los más destacados de España. Al mismo tiempo, tampoco resulta demasiado común el propio destino de Miguel Hernández ... De ser hijo de un humilde campesino, pastor, con tan sólo dos años cursados en la escuela y sincero creyente católico durante su infancia, pasa a convertirse en uno de los primeros poetas de la España progresista (...) Desde el mismo inicio de su singladura poética, su corazón siempre estuvo abierto a todas las desgracias del mundo y a una total preocupación por las personas. Íntimamente apegado a las masas populares, escribe dirigiéndose al pueblo (...) ‘Mi corazón es el más grande de los humanos. Y por ello está más lleno de amargura que ningún otro’, dirá de sí mismo el poeta. Esa es la razón de que las obras de Miguel Hernández y sus imágenes poéticas fueran a un tiempo inspiración y fiel reflejo de la ruda y dura realidad y la razón de que permaneciera junto a los representantes progresistas de la literatura española y latinoamericana, con Rafael Alberti, Pablo Neruda, Raúl González Tuñón y José Bergamín. En los versos escritos hasta 1936, es decir, hasta el comienzo de la guerra libertaria del pueblo español (...) suena ya el tema principal de la poesía de Miguel: el tema de la vida eufórica, el tema del nacimiento, en contraposición a las tinieblas y la muerte”.

Prosigue el artículo sosteniendo que “el auge de la obra de Miguel Hernández está vinculado a la guerra libertaria del pueblo español. El poeta lírico se convierte en poeta soldado (...) Además de sus fervorosos y combatientes versos, repletos de un tono de lucha y abnegación, Miguel Hernández escribe también unos pequeños, pero cargados de fuego y dinamismo, apuntes sobre sus compañeros de armas. En verso cantó al escritor cubano Pablo de la Torriente, que murió luchando por la libertad de España, en prosa escribe sobre Candón, un valiente comandante cubano de su batallón, o sobre un capitán de veintidós años que se enfrentó él sólo a cuatro tanques fascistas. En una de estas descripciones, Miguel Hernández habla del valeroso chófer Manuel Morales, que, bajo los bombardeos de la artillería enemiga, improvisa coplas. Así fue también el mismo Miguel, que, sin miedo, escribió sus poemas entre los tiroteos cruzados de los combates. En los años de la guerra, se sintió atraído por la idea de crear un teatro popular (...) Hernández crea cuatro pequeñas piezas teatrales propagandísticas para ser representadas en los teatros del frente y en representaciones callejeras. Están escritas con un asombroso conocimiento de lo que en aquellos momentos preocupaba a las masas. Se representaron directamente en primera línea del frente y en las calles del sitiado Madrid, alcanzando gran popularidad entre los soldados del ejército republicano. También en esa época escribe su drama heroico ‘Pastor de la muerte’, dedicado a la valiente lucha del pueblo contra el fascismo ...”.

Finalmente, en este largo artículo de 1962 de la prensa soviética se afirma que “en 1937, Miguel Hernández visitó la U.R.S.S.: Moscú, Leningrado y Kíev. Este viaje le causó una imborrable impresión. Precisamente en nuestro país, en la URSS, veía el poeta el futuro de España, el camino que debía seguir el pueblo español. Soñaba con una eterna amistad entre ambos pueblos (...) La cárcel no consiguió cambiarlo (...) Los poemas que el poeta escribió en la cárcel durante los dos o tres últimos años de su vida, justo en la cúspide de su plenitud artística, denotan sencillez, simplicidad y musicalidad. Especial fuerza alcanza en su poema ‘Eterna sombra’, que se convierte en una especie de culminación del itinerario creativo del poeta. En él suena el principal tema de Miguel Hernández: la superación del sufrimiento en nombre de la alegría, en nombre de la vida y la felicidad de las personas (...) Los carniceros franquistas atormentaron a Miguel Hernández, que murió, pero su poesía no pereció con él (...) Todavía se aferra al poder el verdugo del pueblo español, Franco. Las cárceles españolas continúan llenas. En la heroica lucha que sigue librando el pueblo español contra el fascismo el nombre de Miguel Hernández se convierte en estandarte de la poesía democrática española. La heroicidad y la poesía del inmortal Miguel Hernández inspiran a una nueva generación de luchadores por la libertad ...”.

6) El sexto y último trabajo que reproduce este folleto de Santana Arribas lleva por título ‘En recuerdo del poeta’. Iba sin firmar y apareció en la página 7 del periódico ‘Saviétskaya Kultúra’ (‘Cultura Soviética’) del 31 de octubre de 1985. Narra Santana que esta publicación “informa de la inauguración de la Casa Museo de Orihuela y el monumento del Parque Oeste de Madrid”. Este semanario, fundado en 1929 como ‘Saviétskaie Iskústva’ (‘Arte Soviético’), pasó a ostentar su nueva denominación en 1953, desapareciendo en 1991 con la extinción de la Unión Soviética.

Afirma Santana que los artículos publicados en este pequeño cuaderno “no son más que una pequeña muestra” del material que está recopilando y traduciendo “para su edición en un tomo completo que contenga los materiales publicados por la prensa general y especializada rusa, así como los artículos más destacados del hispanismo ruso-soviético, sobre Miguel Hernández y su relación con Rusia”.

Esta futura publicación se enmarca en la serie de iniciativas que Santana propuso en el II Congreso Internacional Miguel Hernández:

.- Reedición de la obra hernandiana en ruso.
.- Promoción en Rusia de la página ‘web’ de la Fundación Cultural Miguel Hernández, en calidad de centro neurálgico de los estudios hernandianos mundiales.
.- Incentivación para la realización en Rusia de tesis doctorales e investigaciones sobre la vida y la obra del poeta de Orihuela.
.- Organización de congresos y seminarios sobre Hernández en Rusia.
.- Promoción de documentales sobre Miguel Hernández en la televisión rusa.
.- Promoción informativa en medios de comunicación y círculos literarios e hispanistas rusos.

Señala el profesor andaluz que estas propuestas intentaban solucionar “la nula presencia del poeta oriolano en las vitrinas de las librerías rusas y recuperar el privilegiado lugar que, en su momento -más por motivos políticos que puramente literarios- alcanzó en la URSS, donde estadios de fútbol se llenaban para oír recitales poéticos en los que no solían faltar poemas de Hernández ni llantos y lamentos colectivos por sus ‘Nanas de la cebolla’. Pues bien, ha pasado año y medio desde nuestro encuentro hernandiano en Madrid y ya se puede decir que aquellas propuestas están cogiendo forma: las ‘I Jornadas Hernandianas en Rusia’ se celebraron la semana del 5 al 10 de junio en Moscú y San Petersburgo y la reedición de la obra hernandiana en ruso va por buen camino”.

Antonio Peñalver

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FÉLIX BENITO
Coordinador de infopoesía


Félix Benito ejerce, desde hace años, como maestro en Orihuela. En su afán por mejorar su formación, realizó la Licenciatura en Filología Hispánica, y posteriormente el Doctorado en Pedagogía. Se le conoce a nivel nacional por sus trabajos sobre educación documental, para instruir a los escolares en el acceso a la información, y por sus proyectos para convertir las bibliotecas escolares en un elemento esencial del aprendizaje. Ha trabajado como asesor de formación permanente en el Centro de profesores (CEFIRE) de Elche, y en la Fundación Miguel Hernández de Orihuela.


¿Cuándo y como empezó su relación con la Fundación Miguel Hernández?
Comencé a colaborar con la Fundación Miguel Hernández, en comisión de servicios, en septiembre de 2002, llevando adelante, entre otros proyectos, Infopoesía, con la pretensión de recoger numerosos recursos y documentos a los docentes en Internet, para fomentar la educación poética en las aulas de Primaria y ESO. Además me encargaba de guiar las visitas culturales de escolares en la sala de exposiciones de la Fundación.

¿Cómo surgió la idea de convocar el certamen “Gotas de Poesía?
La idea original del concurso la desarrollé con la intención de promover el conocimiento de la obra poética de Miguel Hernández, junto el desarrollo de hábitos medioambientales, teniendo el agua como protagonista, en todos los centros de Educación Secundaria de la Vega Baja. En un principio se pedía que los escolares formaran grupos de trabajo y elaborasen murales en los que se hiciera una recreación de los poemas de Miguel Hernández, acompañados de sus propias creaciones artísticas. En esta segunda edición, cambiamos el modo de participación y solicitamos que participaran todos los alumnos de un aula y realizaran un libro de poemas, en tamaño y formato libre, en el que cada escolar realizara una aportación personal, escrita o plástica.


¿Cuáles han sido los criterios de selección para elegir los trabajos premiados?
Los criterios han sido tres: la calidad de la presentación, los dibujos, las ilustraciones y las creaciones plásticas; en segundo lugar, la calidad de los textos, tanto libres como las recreaciones de los poemas de Miguel Hernández, valorando su contenido, así como el uso de técnicas de la poesía visual; y en tercer lugar, la línea temática o sentido general que recorre todo el libro presentado.


¿Qué destacaría de los trabajos elegidos?

No sólo los trabajos premiados, sino la gran mayoría de los trabajos presentados, sorprendieron gratamente a los miembros del jurado Tras estos libros, se esconden muchas horas dedicadas a la búsqueda de información, a la lectura y al conocimiento de la obra y vida de Miguel Hernández; muchas horas dedicadas al diseño y la planificación de los trabajos a realizar, y muchas horas dedicadas a la redacción de las poesías y creación de los dibujos e ilustraciones. Y sin duda los docentes merecen todas nuestras felicitaciones, por haber sabido motivar, coordinar y sacar lo mejor de cada alumno y alumna para elaborar su libro.


¿Cree que ha sido satisfactorio el recibimiento en los centros de la Vega Baja este concurso?
Las personas implicadas en el desarrollo del concurso, así como los organismos patrocinadores, Aquagest Levante y la Fundación Antonio Pedrera, expresaron en la entrega de premios su satisfacción por la repercusión que el concurso ha tenido en toda la Vega Baja. Se han recibido trabajos de más de 20 centros educativos, uno de ellos totalmente en inglés. Y algunos docentes me han manifestado personalmente que no habían podido participar debido a que les había faltado tiempo para elaborar sus trabajos, dado que este segundo trimestre del curso escolar, había sido bastante corto.


¿De qué manera cree posible acercar la figura y obra de Miguel Hernández a los escolares?
Son muchas las maneras y medios posibles para acercar la obra y vida de Miguel Hernández a los centros educativos, en cualquier nivel, y en este sentido el interés y la planificación del docente es fundamental. Conozco trabajos extraordinarios llevados adelante en educación infantil, incluso proyectos de aprendizaje desarrollados para alumnos de diversificación curricular en Secundaria. La figura de Miguel Hernández puede acercarse a los escolares, desde muchas perspectivas: histórica, literaria, sociológica, etc. Puede tratarse desde una visión interdisciplinar, lingüístico-artística, como proponemos en el concurso, o puede abordarse como una ruta literaria para el conocimiento de Orihuela desde los lugares que tuvieron relevancia en su vida.


¿Qué le parecen las actividades de la Fundación Miguel Hernández?

En estos últimos años, la Fundación Miguel Hernández esta llevando adelante una labor muy destacable, que tiene incluso un reconocimiento internacional, tanto por la investigación y difusión de la obra de Miguel Hernández, como por la promoción de la creación poética, a través de sus premios y concursos. Yo destacaría sus relaciones de colaboración con el Instituto Cervantes. Aunque como educador, me gustaría que se impulsara su proyección en el mundo educativo no universitario, a través de cursos de formación y premios a los educadores sobre didáctica de la obra y vida de Miguel Hernández.

¿Cuál es su opinión del cómic “El rincón de Miguelito” publicado mensualmente en el “Eco Hernandiano”?
He tenido oportunidad de ver el publicado en el número 10 y me parece muy original, pues ofrece una visión humorística y desenfadada de la infancia, aunque considero que no son apropiados para niños, puesto que al igual que ocurre con los Simpsom, los escolares no deducen el doble sentido de los textos o las ilustraciones, sino que se quedan simplemente con la travesura.


Cecilia Espinosa


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LLUM QUIÑONERO

Después de realizarle a mi entrevistada Llum Quiñonero una serie de preguntas, como buena periodista me contesto sintetizando de modo directo y clarao, por ello, creo conveniente transcribir mi encuentro cibernético tal cual ella me contesto a lo que le demandaba.

Soy licenciada en Historia por la Universidad de Alicante y me dedico al periodismo desde 1983. Viajar y escribir han sido las constantes de mi vida profesional. En la actualidad colaboro con el diario El Mundo y publico mis artículos en diferentes revistas. He dedicado años a la investigación sobre la guerra civil española, especialmente al papel de las mujeres durante la contienda y a las consecuencias de la derrota republicana. En 1996 dirigí la exposición sobre Mujeres y guerra Civil para el Ayuntamiento de Barcelona. En 1999, el programa La Noche Temática de TVE y el canal ARTE produjeron el documental Mujeres del 36, del que soy autora. En la actualidad, está pendiente de ver la luz un título sobre el mismo tema, que será editado por Foca, de ediciones Akal. Luces del mar, una investigación sobre la vida en los faros alicantinos y La Soldado Quiñóá, editado por La Esfera, son dos de mis últimos títulos.

He vivido en Madrid, Barcelona en la actualidad resido en mi ciudad, Alicante, donde sigo escribiendo.

De Miguel Hernández supe cuando todavía estaba en el colegio, gracias a Don Fernando Martínez, mi profesor de griego y Literatura Entonces, hablo de los años de mi adolescencia, entre 1966 y 1970, Miguel Hernández era un nombre que se decía casi clandestinamente. Fue él , Don Fernando, quien nos leyó la Elegía a Ramón Sijé y a mi no se me olvidó jamás aquel momento. En cuanto pude me compré sus libros pero eso fue algunos años después. Don Fernando, por amor al poeta, arriesgaba su trabajo en aquel colegio de monjas en el que impartía sus clases. Yo, que empezaba a conocer el mundo en el que vivía, le agradezco su pasión por la Literatura y por Miguel.

Los poemas de Miguel Hernández acompañaron mi juventud. No sólo por lo que dicen, no sólo porque los asociábamos a la lucha por la Democracia, también y sobre todo por la fuerza emocional que trasmite,, por el desnudo profundo de sus emociones cargadas de imágenes cercanas y de figuras y aromas reconocibles; las palmeras, los limones, las higueras, la muerte, el amor, la cebolla, la amistad, la lucha por una vida digna, la tierra propia, el amor a los suyos.

Escribir para mi es un oficio pero sobre todo es una forma necesaria de expresión. Contar historias, descubrir en el otro, en la otra, a un igual, poner de manifiesto que somos semejantes vestidos con trajes diferentes, eso es para mi escribir y eso es lo que trato de hacer cuando cuento historias, sea para un reportaje social o de viaje, o se trate de una historia de vida o de ficción.

Participé de la lucha por la Democracia en este país y me impliqué en la defensa de los derechos de las mujeres. Aún recuerdo las carreras delante de la Guardia Civil cuando en 1976 participé en el Homenaje a Miguel Hernández y no había forma de llegAar hata Orihuela, cn las carreteras llenas de controles. Miguel seguía siendo entonces un peligro. Pero esos tiempos terminaron.

Desde 1975 hasta hoy hemos pasado por un periodo de cambios y transformaciones sin parangón en la historia reciente. Todos los cambios que fueron frustrados tras la derrota republicana y que se aplazaron durante la dictadura, se han alcanzado en estos 30 años. Se trata de cambios que afectan al marco legal pero que empiezan a ser parte también de la vida social y emocional de este país. Miguel Hernández y toda su generación son también artífices de esta nueva sociedad, por la que arriesgaron sus vidas. Sus poemas son patrimonio de todos, un instrumento de libertad porque están construidos desde la libertad por que ese es el territorio de cualquier artista.

De Miguel nos queda su obra, sus palabras, sus poemas, universales, cargados de vida, de dolor, de amor y de emoción.

Que en Orihuela, su pueblo, se haya creado una fundación sobre Miguel y su obra es un paso fundamental para recuperar la memoria de un poeta grande. Pone de manifiesto la verdad incuestionable de que no hubo cárcel capaz de encerrar la fuerza de sus versos. Difundir su obra es una tarea necesaria, en la que merece la pena implicarse.

Cecilia Espinosa

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  • LOS LIBROS PERDIDOS
 

MIGUEL HERNÁNDEZ, POETA

Ningún poeta estelar contemporáneo ha sufrido el silencio como Miguel Hernández. Publicó sus obras en momentos cruciales para España, y el vendaval las dispersó. Luego fue creando, en la sombra, y sus palabras más profundas, voces de dolor y de ausencia, aún esperan la mano que las conduzca a la luz”.

Este es el inicio a Miguel Hernández, poeta, biografía que escribió el melillense Juan Guerrero Zamora y que pasa por ser una de las más polémicas de las que sobre el poeta oriolano se han publicado nunca. Prolífico y controvertido autor destaca, de entre su ingente producción literaria, que incluye tanto ensayo como poesía, distintos ensayos biográfico-críticos sobre Miguel Hernández. Éstos son, además del que aquí nos ocupa, Noticia sobre Miguel Hernández, de 1951, y del que más adelante analizaremos con profundidad, y Proceso a Miguel Hernández, 1990, en el que desvela el sumario del proceso judicial del mismo, con la publicación íntegra de algunos documentos inéditos hasta ese momento. Según Guerrero Zamora, “la obra del poeta oriolano es una obra frustrada”, y sólo así podríamos comprender cómo a un joven de tan precaria formación y con tan sólo dos docenas de poemas publicados, se le pueda situar en un primer puesto de la poesía española. Buscó siempre dar una imagen de Miguel Hernández como “hombre puro y simple”, dejando a un lado la figura de poeta y militante político. Y estos rasgos son también fácilmente aplicables a Miguel Hernández, poeta, una de las primeras biografías sobre el oriolano y, si se quiere, una de las concebidas en tiempos más difíciles. Pues ese carácter de Guerrero Zamora fue el que hizo luchar, dejando a un la do ideales y en una época en la que era ciertamente difíciles omitirlos, por la publicación de este, su homenaje a Miguel Hernández.

La obra comienza con dos prólogos, escritos en muy distintas fechas, que tratan de aportar algo de luz acerca de cuáles eran las intenciones del autor a la hora de encarar la biografía del poeta, así como de las dificultades que conllevó la edición y publicación de su obra. El “Prólogo Primero”, escrito en 1951, formaba parte de Noticia sobre Miguel Hernández, el ensayo que Guerrero Zamora escribió en 1949 y que luego se convertiría en el corpus principal que utilizó para dar forma a Miguel Hernández, poeta. En este prólogo de marcados tintes líricos, algo que será nota habitual durante el resto de la biografía, además de alabar la “silenciada figura de Miguel Hernández”, también expresa sus más sinceros agradecimientos tanto a Manuel Molina como a Vicente Ramos, que no solo lo acompañaron por Cox, Callosa, Orihuela, e incluso al Reformatorio de Adultos de Alicante, sino que además pusieron a su disposición abundante cantidad de documentos, así como la posibilidad de recabar información en un gran número de entrevistas.

Pero será precisamente en el segundo prólogo, escrito como continuación al primero, en 1954, en el que Guerrero Zamora expone cuáles son las líneas generales en torno a las que basculará su biografía. Una de ellas es la de reconocer, al margen de cualquier ideología, que la categoría de un poeta debe residir en su propia calidad lírica. Y, además, integrarlo en su país, al que pertenece, al margen del bando por el que tomara parte. Referencias todas que, a pesar de estar expuestas de un modo genérico, se refieren sin duda a la figura de Miguel Hernández.

Ser íntegros en cuanto españoles es integrar a la historia de un poeta que le pertenece, recordándole, para ello, el valor de su obra y la honradez que personalmente tuvo, con olvido de sus creencias políticas”.

En segundo lugar, exime de algún modo al oriolano de tomar partido por el bando republicano. Nos lo perfila como un hombre entregado plenamente a la poesía, y a la vida en general, pero que, por decirlo de algún modo, se rodeó de gente no demasiado apropiada, que ejercieron una influencia que en ningún caso fue, para Guerrero Zamora, positiva:

Miguel Hernández orientó su actividad política en el sentido que la orientó debido a la influencia que Neruda, Alberti, y otros, ejercieron sobre él.

Este “Prólogo segundo” aspira a integrar, en la historia de España, a un poeta que ha intentado desvestir, en la medida de lo posible, de sus vestigios políticos, y del que resalta, además de su calidad como poeta, el valor de su obra y su honradez. Para conseguir tal fin, aminoró la carga ideológica de la obra más comprometida de Miguel, como es el caso de Viento del pueblo o El hombre acecha. E incluso llegó a afirmar que el trato que se le dispensó en las cárceles fue excepcional, pero intuimos que en esta afirmación tuvo mucho que ver la censura franquista. Y es precisamente al llegar a este punto cuando la biografía puede comenzar a zozobrar en más de un aspecto. Pues si ya hemos destacado, e incluso alabado, el mérito y la importancia de reivindicar la figura de Miguel Hernández apenas diez años después de su fallecimiento, no debemos olvidar también los obstáculos y las trabas que el régimen franquista puso para que la obra no llegara a ver la luz. Es entonces cuando toma cuerpo la incertidumbre de si las opiniones sobre Miguel son del propio Guerrero Zamora, o si bien fue el precio que tuvo que pagar para que la obra pudiese ser publicada. Aunque éstas y otras dudas, a pesar de aparecer ya en las primeras páginas del libro, no podrán ser resueltas hasta que podemos emitir, tras haber estudiado el mismo, un veredicto algo más fiable.

Guerrero Zamora divide su obra en dos partes claramente diferenciadas y delimitadas: “Vida de Miguel Hernández” y “Obra de Miguel Hernández”. Puede llegar a resultar contraproducente separar, en una biografía, algo que suele estar tan indisolublemente unido como la vida y la obra de un escritor como el oriolano, pues los sucesos de una inciden directamente en la otra, pero en este caso el autor melillense no duda un ápice en establecer, desde el comienzo, esta división tan taxativa.

En la primera de las dos partes repasa los momentos más significativos de la vida del oriolano. De su primera estancia en Orihuela, la de su juventud, destaca hechos como que su familia no pasara problemas económicos graves, los estudios de Miguel en Santo Domingo o la figura de Ramón Sijé, como guía espiritual del joven poeta (aspecto éste que resalta mucho, pues lo siguientes mentores que tuvo ya no son de su completo agrado). Además, destaca de esta primera parte, y de muchas otras de la biografía, el tono marcadamente novelesco con que están narrados multitud de pasajes. También se centra Guerrero Zamora tanto en el encuentro que mantuvo Miguel Hernández con Federico García Lorca en Murcia, como las distintas versiones, así como el proceso de gestación de El rayo que no cesa o su participación en las Misiones Pedagógicas. Es reseñable el hecho de que estamos ante una biografía ciertamente completa y documentada.

Cuando entran en escena la política y la ideología en la vida de Miguel Hernández, la biografía toma carices mucho más angostos, si se quiere. Tratando, en ocasiones, de justificar lo injustificable: “Es lástima que pasando el tiempo no viera, en los ideales de Franco, esos mismos ideales de amor, de respeto, en suma: de justicia social, que él tenía”. Aunque este comentario esté motivado, quizás, por las circunstancias políticas de la época en la que fue escrita la obra. En otras, adopta posturas difícilmente creíbles, estableciendo relaciones donde no las hay. No le duelen prendas a la hora de afirmar que fueron el “mimetismo” o la “ingenuidad” las razones que motivaron el cambio en la postura ideológica de Hernández, a raíz de haber conocido a poetas como Pablo Neruda o Rafael Alberti. Dejando entrever, de algún modo, la poca personalidad que manifestaba el oriolano, pareciendo una persona fácilmente influenciable. Y cuando estalla la guerra, y a colación de la vacilación que afirma que el oriolano sufrió cuando comenzó la contienda, alega Guerrero Zamora que Miguel “no sabe que esas trincheras que cava sólo servirán para acotar el crimen, la indisciplina, la delación y la sospecha”; reincidiendo en que Hernández era una persona falta de carácter y fácilmente influenciable, que se rodeó de la gente equivocada.

De esta sección destacaremos, en último lugar, la afirmación de que Miguel jamás perdió la fe, a pesar de enrolarse en el bando republicano, y que con su boda religiosa con Josefina Manresa, y a pesar de sus iniciales reticencias, lo que pretendía era reconciliarse con la Iglesia. Aunque esto, quizás es suponer demasiado. Todas estas apreciaciones, demasiado partidistas, en el mejor de los casos, abundan a lo largo de toda la obra. Esta sección del libro concluye, tras mostrar unas cartas que Hernández escribió a Carlos Rodríguez-Spiteri, con una reconstrucción de sus últimos años de vida en las prisiones; descripción narrada con un innecesario toque de patetismo, que se agrava en lo referido a sus postreros días de vida.

La segunda parte, la recogida bajo el breve pero conciso título de “Obra”, se encarga de establecer, teniendo en cuenta los parámetros que ya utilizara para la biografía, las fechas de composición de los poemarios de Miguel Hernández. Un cuadro general, dividido en doce epígrafes, que trata de marcar, con bastante exactitud por otro lado, cuál fue el desarrollo que sufrió la poesía del oriolano. El primero de estos doce epígrafes lo titula POESÍA PASTORIL, y a pesar de no marcar exactamente el inicio de esta etapa (indicado con un escueto “192?”) pone su final en 1931. El tipo de composiciones, bucólicas las llama, son para Guerrero Zamora “de iniciación”. En POESÍA NEOGONGORINA Y DE TRANSICIÓN, con algunas muestras también de prosa, se recogen Perito en lunas, algunas composiciones poéticas publicadas por Miguel en El Clamor de la Verdad o El Gallo Crisis, así como otros de clara ascendencia clásica. 1932 y 1934 son las dos fechas que limitan el inicio y el fin de este periodo.

Los dos siguientes grupos, TEATRO DE ASCENDENCIA CALDERONIANA, incluyendo el auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve, y EL SONETO Y LA ELEGÍA, en el que se recogen tanto la formación de El silbo vulnerado como El rayo que no cesa,culminación de la obra anteriormente citada, no marcan ningún giro a la ordenación de la obra hernandiana más comúnmente aceptada por la crítica. Pero sí que cabe destacar el quinto epígrafe, no tanto por el contenido, sino por el nombre tan significativo que le puso Juan Guerrero Zamora. Pues en la BREVE DESVIACIÓN BAJO LA INFLUENCIA NERUDIANA, se recoge “Vecino de la muerte”, la colaboración de Miguel en el Caballo Verde para la Poesía, o la “Oda entre sangre y arena a Pablo Neruda”, pero se indica una vez más que fue el poeta chileno uno de los causantes de ese “error político” que cometió Hernández, y que lo hizo abrazar la ideología equivocada.

Tanto la POESÍA SOCIAL y BÉLICA, como el TEATRO SOCIAL y BÉLICO, son tratadas con aparente indiferencia y distancia, tratando quizás de restar trascendencia a la época vital y literaria del oriolano que más daño podía causar ante los ojos de la otra España, la que salió vencedora en la guerra civil. Pasa a centrarse en los dos últimos grupos, el titulado POESÍA DE LA AUSENCIA Y LA CÁRCEL, donde recoge la época de Miguel Hernández tras las rejas (1937-1941), y los CUENTOS TRADUCIDOS, esto es, los Dos cuentos para Manolillo (para cuando sepa leer), adscritos al último año de su vida.

Tras encuadrar los distintos periodos que comprende esa evolución de Hernández, pasa ahora a centrarse en sus obras más significativas, tratando de esbozar sus características más reveladoras. Aún así, valga su justificación previa, en la que indica las razones por las que no realiza un estudio más exhaustivo de las obras: el tiempo y el espacio, pues la dificultad que entraña el desgajar con detalle todas y cada una de sus obras le haría extenderse en demasía. Por otro lado, es destacable el hecho de que Guerrero Zamora, gracias a la colaboración de Josefina Manresa, pudo manejar todos los originales autógrafos, lo que le lleva a hacer numerosas consideraciones relacionadas con los manuscritos que pudo cotejar. De ellas, destacaremos su afirmación de que “las repetidas tachaduras y correcciones advertidas en los originales demuestran el esfuerzo de lima y depuración, el sentido autocrítico que el autor hizo y poseía”. Pasando ya a centrase en el análisis de cada una de las obras; un estudio, como él mismo lo calificó, estilístico e intuitivo: “Para no hacer yerto este estudio me guiaré, más que por demostraciones, por intuiciones, pues – ya que aportar demostraciones requeriría un análisis cargantemente distendido – creo que la intuición es el mejor bisturí para el desentrañamiento artístico”.

Con respecto al primer poemario de Hernández, Perito en lunas, su opinión es ciertamente negativa. Lo califica de poemario vacío, con mucho “rebuscamiento cerebral” que es “una momia de buen parecer”. Opiniones que la obra no merece, pero que vienen a demostrar que tampoco estamos ante una biografía servil del poeta, dispuesta a encumbrar incluso sus peores composiciones; pues cuando Guerrero Zamora emite algún juicio negativo lo hace con la misma vehemencia lírica con que emite los positivos. De todos modos, sí destaca de la obra el hecho de que contenga ciertos despuntes vanguardistas: “asociaciones vistas por el color y la geometría, la profusión polícroma y el tecnicismo geométrico y matemático”. Además de subrayar la métrica y los hipérbaton, destaca su fino uso de las imágenes.

Sobre El rayo que no cesa, Guerrero explica su proceso de composición; esa evolución que comienza en Imagen de tu huella, continua en El silbo vulnerado y concluye en la anteriormente citada. Encara sus poemas con minuciosidad descriptiva, llegando a la conclusión de que la depuración crítica y textual habían mejorado los resultados de los último poemas con respeto a los primeros. Además, también rastrea influencias y conexiones con otros poetas, destacando las de Aleixandre, Neruda o Francisco de Quevedo.

La poesía de guerra, Viento del pueblo y El hombre acecha, son descritas con equilibrio, indicando que, a pesar de que el tema de la mayoría de las poesías es la guerra, el andamiaje de los mismos, sus bases, es lírico. Achaca al lo que él denomina “facilismo”, esto es anteponer ideología a literatura, la baja calidad de algunos poemas, y tapando, de algún modo su posible importancia por razones obvias. Pasando ya a centrarse en el Cancionero y romancero de ausencias, del que destacará el hecho de que existan, además de varias versiones de una misma composición poética, un cuaderno en el que se incluyen todas las versiones definitivas de las poesías. Se valdrá para ello de alguna composición, que ejemplifica ese proceso de depuración de las distintas poesías.

En último lugar, dedica un capítulo, el titulado “Mundo poético”, en el que introduce algunos de los elementos capitales de la simbología hernandiana (la casa, la alcoba, la madre y el hijo, la música o el lirismo), para pasar a fijarse en su producción teatral. Y si bien es cierto que, con dificultades, Quién te ha visto y quien te ve, El labrador de más aire o Los hijos de la piedra pasan el corte, no sucede lo mismo con Pastor de la muerte y Teatro en la guerra, que reciben las más duras críticas de Guerrero Zamora, calificándolas de “obras de circunstancias, sin valor estético ni fachada dramática, que el autor tenía en el olvido”. Pero también es cierto que con respecto a estas obras, Guerrero apunta que el poeta no ataca en ellas ninguna institución social, sino su propia degeneración; hecho que le sirve para rebajar la carga ideológica de estos dramas, que lo llevan a equipararlas a aquéllas que son fieles representantes “de las más hondas esencias hispánicas”. De todos modos, concluye otorgándole el título honorífico de “poeta”, pero no el de “dramaturgo”.

La obra llega a su fin con distintas fotografías del oriolano, así como de distintas bibliografías específicas: una primaria en revistas, antologías y libros; otra en la que se recogen artículos sobre su persona; por último, una selección de poemas y prosas encomiásticas. A pesar de que el propio guerrero Zamora reconoce que la bibliografía no llega a ser completa, sí opina que, al menos, es fundamental.

En cuanto a la recepción crítica que tuvo Miguel Hernández, poeta, la primera valoración acerca de la obra nace del propio Juan Guerrero Zamora, en su Noticia sobre MH, publicado en los Cuadernos de Política y Literatura, Madrid, 1951, que más tarde comentaremos para comprobar las dificultades que conllevó la publicación de la misma. Así, Santiago Magariños, en El Correo Literario, del día 15 de febrero de 1952, valora sobre todo las viñetas, poemas y cartas manuscritas que de Miguel se aportan en el libro, que llega a calificar de homenaje “con deliberada brevedad”.

Ramón de Garcíasol, seudónimo de Manuel Alonso Calvo, apunta en Ínsula, en el número de febrero de 1952, que el anticipo de esta obra, el ya mencionado Noticia sobre Miguel Hernández, ya cumplía con el cometido que Guerrero Zamora pretendía; éste es, el de divulgar la figura del poeta oriolano. Así, tras cuestionar de algún modo, la utilidad de Miguel Hernández, poeta, critica que quizás sea algo parco en cuanto a las alusiones a la poesía más comprometida de Hernández, pues para Garciasol el abstraer las circunstancias en las que se gestó ese tipo de poesía es un craso error, por restarle algo de la fuerza que le imprimió el poeta. Pero concluye calificando la obra de “valerosa reseña, de extraordinario valor para la fecha de publicación”.

El 20 de julio de 1955 aparece publicado, en la revista Juventud, de Madrid, un artículo de Jaime Capmany en el que, a pesar de achacar ciertos errores a la obra, debidos a las “circunstancias” (debe referirse a las ideológicas) en las que fue escrita, resalta la necesidad de que una obra de este calado apareciese, reivindicando, aunque implícitamente, la figura de Miguel Hernández. Destaca también el fervor que muestra Guerrero Zamora a la hora de acometer la descripción de la figura del poeta, así como ese deseo que subyace de separar todas las vicisitudes políticas que inundaron España en aquellos años tan convulsos de los momentos que tuvieron un valor cultural destacado.

Enrique Sordo, en “La vida y obra de MH”, aparecido en el número 171 de Revista, en julio de 1955, destaca, de la primera parte en que se divide la biografía, su objetividad y rigor, así como la emoción que las palabras de Guerrero Zamora destilan; la documentación aportada dice que enriquecen considerablemente la obra. De la segunda parte se centra en ese comentario de las obras, influencias y fuentes de Miguel Hernández “con una estricta ordenación cronológica y método”. En resumen, “ningún juicio apasionado enturbia la labor científica del análisis y la crítica” de su autor; monografía que, según Sordo, “cubre un triste hueco, un vacío imperdonable”. Encontramos otra reseña a la obra de Guerrero Zamora en el número 90 de Índice de Artes y Letras, en junio de 1956, firmada bajo las iniciales de E.G.L., que responden posiblemente a Eusebio García-Luengo, dicha reseña, que ensalza casi encomiásticamente la biografía, estima el libro de “magnífico (...) el mejor que he leído”, y sigue calificándolo de “libro trabajado y meditado, donde Guerrero demuestra su gran capacidad crítica”.

Aún así, no todo iban a ser críticas positivas para Miguel Hernández, poeta, pues a pesar de que gran parte del panorama crítico de la época lo acogió con agrado, también es cierto que el libro se vio envuelto, desde el momento de su aparición, en multitud de polémicas. Una de las acogidas más negativas la recibió por parte de una de las más importantes biógrafas y conocedoras del oriolano. Josefina Escolano, más conocida por su seudónimo, María de Gracia Ifach, tachó, en “MH”, aparecido en Índice de Artes y Letras, de junio de 1958, a la obra de Guerrero Zamora, de libro “muy falseado”. A raíz de las acusaciones que Josefina Manresa vertió contra él en Memorias de la viuda de Miguel Hernández, en las que llega a acusarlo de ladrón, por haberse apropiado de cosas pertenecientes al legado del poeta, el propio Guerrero Zamora se vio obligado a contestar a ellas. En “Mi libro sobre Miguel Hernández”, aparecido en ABC en junio de 1980, relata el proceso que le llevó a conocer a la viuda del poeta. Además, apunta que las “amputaciones inevitables”, así las califica, de su libro fueron el precio que tuvo que pagar la publicación del libro, en alusión clara y directa a los problemas con el Régimen que la edición de la obra conllevó, y que ya hemos comentado anteriormente. Concluye, tras esta justificación, lamentando que se le haya llegado incluso a tachar de franquista.

Las vicisitudes con las que se encontró Juan Guerrero Zamora para llegar a publicar Miguel Hernández, poeta no fueron pocas. Además, merecen un comentario especial, y debe éste servir para llegar a soltar ese lastre que parece a veces rodear a la obra, que el propio escritor melillense se ha afanado en numerosas ocasiones por desmentir, de que estamos ante una biografía de Miguel Hernández pasada por el tamiz de la dictadura, esto es, aprobada por el propio General Franco. Lo que será expuesto durante las siguientes líneas debe alejar al lector de dicha conclusión, a pesar de las muchas opiniones que, posiblemente influidas por la censura, vertió el autor a favor del General Franco. Pues si algo pretendía realmente Guerrero Zamora con su obra, por encima de todo, era dar a conocer y propagar a un poeta relegado a un injusto olvido por su militancia política. Pero los tiempos que corrían no eran quizás los más indicados para reivindicaciones de este calado; reivindicaciones nobles sí, pero echas cuando las heridas provocadas por la cruenta guerra todavía no habían cicatrizado del todo.

El 20 de noviembre de 1951 se publica Noticia sobre Miguel Hernández, un curioso opúsculo que un desconocido estudiante de Filosofía y Letras llamado Juan Guerrero Zamora escribe como “revelación de un poeta tan anhelado como desconocido” (no debemos olvidar el manto de abandono con el que la dictadura cubrió a todos aquellos escritores que defendieron la causa republicana). Pero aquel trabajo no era sino el anticipo de una obra en la que el joven melillense llevaba trabajando ya varios años, y que se encontraba en lo que él creía era la definitiva fase de impresión, que preludiaría a su inminente publicación. Pero el anticipo a este libro no tuvo la acogida que él esperaba, y levantó ampollas entre las más altas esferas del culturales del Régimen, por incluir palabras como éstas:

Con los ojos abiertos vivió, cara a cara, como miran los hombres honrados y así, con los ojos abiertos, deslumbrados por la gloria, murió, besó la tierra en su energía de aire, flor, luto, desde donde ahora sigue cantando”.

A pesar de estar revestidas con sutil lenguaje lírico, la frase en sí, como muchas otras del texto, rendían un manifiesto homenaje a un honrado poeta fallecido cuando todavía tenía que alcanzar sus más bellas cotas de calidad poética. Pero un poeta que, al fin y al cabo, había combatido desde el mismo frente por la causa republicana y que había fallecido en las cárceles franquistas como purga a sus males. Y ponía también en evidencia que, sin importar cuál de los dos bandos hubiese ganado, los españoles convergían a una radicalidad que ni la guerra ni otros espantos habían logrado erradicar, siendo el oriolano la prueba fehaciente de ello. Y de este envite salió Guerrero Zamora, en lo personal, completamente indemne, pero no corrió la misma suerte su Miguel Hernández, poeta, cuya publicación se detuvo de manera inexorable y hasta nueva orden.

Tres años después se le propone la edición por fin de su obra, que se encontraba en permanente letargo desde entonces. Eduardo Aunós, desde su recién fundada editorial, es quien se lo propone. Pero el texto no volverá a pasar la censura, pues tres años era un margen de tiempo quizás demasiado exiguo para que ciertas mentalidades hubiesen cambiado, y Guerrero Zamora se ve en la difícil tesitura de tener que pactar ciertas condiciones del contenido de la obra si quiere que ésta vea por fin la luz. Condiciones que aceptó pactar, en palabras del propio autor, “bajo el escrupuloso principio de que no afectarían ni circunstancial ni menos aún sustancialmente la imagen verídica de Miguel Hernández”. Pero sabedor, al mismo tiempo, de que estas concesiones suyas lo enemistarían también con el otro bando, el republicano, que hasta ahora no había atacado su obra con la dureza del franquista, al que para nada había agradado el hecho de que Guerrero Zamora exaltara a un militante del bando vencido. Pero este hecho no frenó en modo alguno sus ansias por ver publicada su obra, pues lo que realmente pretendía, lo que le llevaba a defender contra todo y contra todos su trabajo, no era sino difundir la imagen del poeta Miguel Hernández, como poeta, desvistiéndolo de cualquier ropaje ideológico que pudiese enturbiar su completa visión, la de ser humano:

Mi propósito era (...) deshacer la leyenda hernandiana, descifrar lo cierto de sus relaciones personales y convicciones (...), probar su dimensión y también limitaciones humanas, revelarle en su firmeza y debilidad”.

El 20 de mayo de 1955, cuatro años después de lo previsto, aparecía al fin Miguel Hernández, poeta. Como hemos podido comprobar, largo y duro fue el camino que tuvo que afrontar Guerrero Zamora hasta ver culminados sus anhelos. Pero, quizás, el daño ya estaba hecho, y todos esos sucesivos problemas y retrasos hicieron que la obra fuese ya observada, según la óptica, bien como biografía falseada y franquista de Miguel Hernández, bien como homenaje inmerecido a uno de los adalides de la causa republicana. Cuarenta años después, con la capacidad de discernir que otorga la a veces necesaria distancia, podemos entender plenamente una obra que, si algo tuvo por encima de cualquier otra cosa, fue la valentía de intentar reivindicar, en momentos nada propicios para ello, a un poeta; reivindicación desde el cariño y la admiración, desde la poesía, sin armas de por medio. Pues, como bien dice el autor de esta biografía, “poco es cuanto se haga por popularizar un nombre que debe ser pronunciado con emoción y respeto”. Y Juan Guerrero Zamora dio muestras más que sobradas no sólo de respetarlo y admirarlo, sino de ser, pese a que las condiciones fuesen las que eran, pese a quien pese, uno de los primeros hernandianos de verdad.


Óscar Moreno

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