MIGUEL EN EL SIGLO XXI
En abril comienza la estación primaveral, propicia no solo para el amor sino también para un sentimiento tan noble como es “la amistad “. Por ello, este va a ser el tema central de nuestro trabajo. Sentimiento de amistad visto como una emoción pura y desinteresada compartida con otra persona, que va a encontrar su raíz y fortaleza en el trato continuado, en la afinidad y conexión que existe entre ellas. El primer grupo de amigos de Miguel Hernández sería el de su equipo de fútbol llamado “La Repartiora”, -según Jesucristo Riquelme de 1925-, con amigos como Rosendo, Manolo, Pepe, Paco y otros con los que compartió juegos y aficiones deportivas. Para Miguel Hernández fue el término amistad algo más que lo que la propia palabra recoge. En ella volcó todo su ser y su bondad, demostrando su apertura de corazón y espíritu a aquellos que consideraba sus amigos; Miguel no se detuvo ante nada incluso cuando los necesitó para pedirles ayuda apoyado sobre ese sentimiento, de la misma forma que no escatimaría esfuerzos ni sudor para ofrecer ayuda a ellos si de él necesitaban algo. Lo veremos más adelante con ejemplos reales. En 1926 Miguel Hernández entabla amistad con su vecino de la calle de Arriba Carlos Fenoll. Éste lo introduciría años después en el semanario llamado “El Pueblo de Orihuela”. Carlos Fenoll era miembro del distinguido círculo de la tertulia, que se celebraba en la panadería de “La Tahona”, que ejerció una gran influencia en los comienzos de carrera de nuestro poeta. Podemos decir que entre Fenoll, Sijé (muchacho más joven que él, con las mismas aficiones literarias y con un marcado interés hacia la hermana de Fenoll, llamada Josefina) y Hernández se estableció una cordialidad íntima y una recíproca comprensión. Fenoll, Hernández y otros amigos también compartían muchos ratos de esparcimiento, gustaban de ir algunas tardes al campo, detenerse en las tabernas campesinas, rincones propicios para compartir confidencias y disfrutar de la bebida del dios Baco, según comenta Manuel Molina en “Recuerdos de Miguel Hernández”. A su vez, Hernández demostró a Fenoll su profunda amistad dando a conocer su actividad poética en Madrid y manteniendo una amplia correspondencia con él. Otro de sus amigos sería José Marín Gutiérrez, más conocido como Ramón Sijé, que a pesar de la diferencia cultural y de formación que existía entre ambos, había entre ellos un profundo sentimiento de amistad, alimentado mutuamente por los diferentes aspectos que aportaban el uno en el otro. Mientras que Sijé introduce en su amigo la cultura humanista, el conocimiento y la sensibilidad, Hernández aportó la frescura, espontaneidad y el peculiar conocimiento del mundo desde la naturaleza y las raíces humanas. Esta fusión de ambos daría como resultado un halo espiritual, entrañable y puro, que uniría sus vidas para siempre, a pesar de sus diferencias. Su primer viaje a Madrid provocaría un distanciamiento con este primer grupo de amigos, circunstancia que intentará solventar a su regreso de este viaje, sobre todo con Sijé. Todas las cartas que Miguel le escribía las encabezaba de la misma forma: “Amigo, hermano” o “Hermano, hermano”, reflejo de su profunda amistad. Según Demetrio Fábrega, poeta de finales del s. XIX y principios del XX: “Un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano”. Durante varios años la relación Hernández-Sijé se verá afectada por motivos diversos, entre los que destacaba la influencia de sus nuevas amistades y el abandono de sus creencias católicas que generaron en él nuevos caminos poéticos, lo que supuso un alejamiento notable entre ambos amigos. Sin embargo en el año 1935, la muerte de Ramón Sijé recupera en Miguel sentimientos hondos que sabe plasmar en su “Elegía”: “Yo
quiero ser llorando el hortelano La “Elegía” nos muestra un continuo vaivén entre viejos y nuevos planteamientos, entre cristianismo y panteísmo, entre Sijé y Neruda. En 1930, conoce en Alicante a Juan Sansano, director del periódico “El Día”, donde éste, oriundo de Orihuela, escribe varios artículos en referencia a Miguel Hernández, al igual que éste correspondió con un poema dedicado a su persona titulado “Juan Sansano”. María Cegarra entraría en la vida de Miguel en octubre de 1932, durante el homenaje que se realizó a Gabriel Miró en Orihuela con motivo de la inauguración del monumento dedicado a éste. Aquel primer encuentro marcaría a Miguel durante muchos años, de hecho, cuando Miguel imparte su conferencia sobre Gabriel Miró en Cartagena, muestra un gran detalle al dedicárselo a su estimada amiga cartagenera. Miguel no encuentra barreras para trasladarse incluso durante algunos días de verano a la vecina provincia de Murcia para compartir algunos momentos de confidencias y poemas en La Unión. “A María Cegarra " Madrid, septiembre 1935 (...) El otro día quité de la solapa de mi chaqueta aquel nardo que me regalaste, María: ha llegado conmigo hasta Madrid: no debió mustiarse nunca (...)” Como decía Aristóteles:”La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”. En carta a Carmen Conde y a Antonio Oliver Belmás fechada en octubre de 1935 les reconoce haber hecho todo lo posible por María Cegarra en Madrid y haber repartido todos los ejemplares del poemario que le había enviado. Miguel se siente desolado por no poder hacer más por su entrañable amiga. Con este matrimonio de escritores mantuvo también una fluida correspondencia y amistad.
La impresión que Miguel causó a Aleixandre se ve reflejada en la siguiente descripción: Calzaba entonces alpargatas, no sólo por su limpia pobreza, sino porque era el calzado natural a que su pie se acostumbró de chiquillo y que él recuperaba en cuanto la estación madrileña se lo permitía. Llegaba en mangas de camisa, sin corbata ni cuello, casi mojado aún de su chapuzón en la corriente. Unos ojos azules como dos piedras limpias sobre las que el agua hubiese pasado durante años, brillaban en la faz terrea, arcilla pura, donde la dentadura blanca, blanquísima, contrastaba con violencia como, efectivamente, una irrupción de espuma sobre una tierra ocre. Era puntual, con puntualidad que podríamos llamar del corazón, quien lo necesitase a la hora del sufrimiento o de la tristeza allí le encontraría en el minuto justo. Silencioso entonces daba bondad con compañía y su palabra de verdadera... Porque su calidad humana podía más que todo su parentesco, tan hermoso, con la naturaleza. Era confiado y no aguardaba daño. Creía en los hombres y esperaba en ellos... Aleixandre encontró en su amigo de Orihuela la medicina perfecta para olvidar su enfermedad (le faltaba un riñón), que le hacía pasar largos periodos de tiempo encerrado en su casa. Un momento emotivo que recordaba Aleixandre, fue cuando el poeta acudió a su casa para ayudarle en una mudanza, trajo una carreta de mano donde colocó los libros y artículos personales de Aleixandre y encima de todo ello, y con sumo cuidado, levantándolo con sus brazos, puso a su débil amigo, con un exhausto esfuerzo para Miguel fue salvando obstáculos de la calle, consiguiendo trasladar a su estimado Aleixandre y sus queridos libros a su destino, procurando en todo momento hacerle cómodo el trayecto. Vicente Aleixandre recuerda con cariño el esfuerzo y el sudor que tuvo que hacer su amigo, el cual supo rematar su ayuda con una de sus mejores sonrisas. Nuestro poeta oriolano consideraba a Vicente no sólo como amigo, sino como un maestro entrañable, iniciador poético, donde su estrecha relación fue tan intensa que llegó incluso a afectar a la caligrafía de Miguel, acercándose a la de su amigo y admirado maestro.
Otro momento emocionante, sería el momento en el cual le llevó un saco de naranjas a su domicilio de Madrid, como si se tratasen de un saco de gotas de oro -según relataba el propio Aleixandre-, ya que en tiempo de guerra cualquier alimento era muy preciado. Incluso podemos decir que Miguel privaba a los suyos para ayudar a su amigo enfermo. Cuando Miguel fue encarcelado, en numerosas ocasiones también recibió ayuda económica y paquetes de alimentos de parte de Vicente, que conseguía con la ayuda de otros amigos (Víctor González Gil, Carlos Rodríguez Spiteri), en aquellos tiempos difíciles de privación para todos. Un regalo que le hace Aleixandre a Miguel será causa involuntaria de su segunda y brutal detención y, en consecuencia, de su cadena perpetua (un reloj de oro de bolsillo que le regaló con motivo de su boda con Josefina), le detuvo la Guardia Civil de Rosal de la Frontera. Según Gabriele Morelli los hechos están reconstruidos recientemente de la siguiente manera: ...El único regalo que Hernández recibió de sus amigos poetas con motivo de su boda le fue hecho por Vicente Aleixandre: un reloj. El reloj que por contraste por la pobreza de su vestimenta, hará sospechar que se trata de un ladrón. Los guardiñas lo entregaron a la Benemérita y recogen, a cambio, su recompensa: cinco pesetas. Y ya, en Rosal, el destino vuelve a dar otra nefasta vuelta de tuerca: entre los guardias civiles destacados en la frontera se encuentra un paisano de Miguel que inmediatamente le reconoce y lo señala como un activista rojo y peligroso. Vicente Aleixandre tuvo que intervenir para ayudar a Miguel, haciéndole llegar el justificante de compra del reloj para intentar salvarlo de su condena. Miguel Hernández fue quizá uno de los primeros, cuando no el primero, en disfrutar de la amistad y el consejo de Vicente. El resultado de esta amistad la vemos reflejada en una amplia correspondencia entre ambos. Vicente Aleixandre responde a la amistad de Miguel Hernández cuando éste le necesita, mediando entre sus amigos para poder conseguir una ayuda económica para Miguel en sus últimos momentos (durante su estancia en la cárcel del Reformatorio de Adultos de Alicante). Incluso tras su muerte Vicente intenta conseguir una pensión para su viuda, como vemos en las recientemente publicadas cartas que le escribe a José Antonio Muñoz Rojas. Pablo Neruda sería el nexo de unión entre Miguel y Vicente. Junto a Vicente Aleixandre Miguel conocerá a Pablo Neruda en su segundo viaje a Madrid a finales del 34. El poeta oriolano se hallaba bajo unos criterios personales cristianos junto con una estricta formación adquirida en Orihuela; por el contrario, Pablo era ateo, pero aunque sus posiciones ideológicas y estéticas eran distantes se estableció entre ellos una mutua corriente de simpatía y amistad. La influencia del chileno se convertirá en decisiva en la evolución de Miguel como persona y poeta. Un año después, Hernández regresa a Madrid, y lo primero que hizo fue ir a ver a Neruda a su casa. En el libro “Miguel Hernández”, en edición de María de Gracia Ifach, de 1975, se recoge la siguiente afirmación de Neruda sobre Miguel: “Pocos poetas tan generosos y tan numerosos como el muchachón de Orihuela, cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra”. Neruda dejará un hueco para su joven amigo en el primer número de “Caballo Verde para la Poesía”, quien publicará el poema “Vecino de la muerte”. Cuando Miguel es detenido en 1936 durante la guerra civil, a la primera persona que telefoneará en petición de ayuda será a su estimado amigo Pablo Neruda, aunque cuando comienza la contienda nacional, éste se marcha fuera de España dejando a Miguel aquí. Sólo regresaría a España con motivo del II Congreso de Escritores Antifascistas, que se celebrará en Valencia y en Madrid; Miguel también acudiría a este congreso en Valencia donde se reuniría con su amigo Pablo, luego se trasladarían juntos a Madrid. Esta sería la última vez que los dos amigos se vieran. Según Gunther Castanedo Pfeiffer, en su obra “Un Triángulo literario: José María de Cossío, Miguel Hernández y Pablo Neruda”, al acabar la guerra, Miguel Hernández tenía la intención de salir del país con Josefina y el niño, marchar a Chile y emprender una nueva vida con su familia contando con el apoyo y la amistad de Pablo Neruda. Por ello, al acabar la guerra Miguel Hernández va a la embajada de Chile a solicitar asilo político. Tras la muerte de Miguel, en el año 42, el chileno recordará en numerosos poemas y libros a su amigo perdido- no sabemos si por la emoción de su recuerdo o por el afloramiento en él de un cierto sentimiento de culpabilidad-. Será en la tertulia que la revista “Cruz y Raya” lleva a cabo en la calle General Mitre, donde Miguel conocerá a José María de Cossío –el cual pertenecía al Consejo de Redacción de la revista-. En marzo de 1935, Cossío le ofrecerá el puesto de secretario particular suyo para colaborar con él en la confección del último tomo de la enciclopedia “Los Toros”; le remuneraría con un salario de doscientas cincuenta pesetas (buen sueldo para la época) y un trabajo no demasiado agotador con el que poder ir subsistiendo. La editorial no le abonaba el dinero por su trabajo, porque Miguel no estaba en nómina, e incluso en julio del 39 la empresa niega tener relación laboral con él diciendo que estaba a las órdenes de uno de sus directores literarios (José María de Cossío, quien, de su propio bolsillo, estuvo pagando a su amigo). Sería a través de una carta, en el verano de 1936, donde podemos ver la petición de Miguel Hernández a Cossío de un adelanto de dinero a costa de su sueldo para poder permanecer un mes más en Orihuela. En dicha carta, le informa acerca del trabajo que viene efectuando. Cossío responde en seguida a la petición, aunque no está claro si fue un adelanto de Espasa o a cuenta del propio Cossío. En todo caso la familia de Orihuela, gracias a su gestión y bondad, cobró hasta el final de aquel año. También le pediría ayuda para su gran amigo Jesús Poveda y para colocar a un cuñado suyo en Madrid. En 1939 ve a su alrededor la desbandada general de intelectuales que buscaban la manera de salir de España y salvar la vida. Aleixandre y Cossío le aconsejaron a Miguel que saliera de España cuanto antes, pues su nombre y sus ideas eran sobradamente conocidas. Cuando le trasladan a la prisión de Huelva escribe a Cossío para que le ayude a salir de allí, diciendo: “...José María, por nuestra amistad, nuestra familia y nuestra poesía, insiste en pedirte este gran favor ”. En diferentes cartas, Miguel le contará a Josefina que Cossío le visita y le lleva alimentos a la cárcel, además de darle ánimos. Cossío y Llosent consiguen para Miguel un abogado, Diego Romero, de procedencia militar. Este abogado se convenció de que Miguel Hernández era hombre honesto y puro. En una declaración que Miguel hace ante el juez decide no ocultar sus ideales antifascistas pero insiste en su buena conducta, pone como testigos a personas del nuevo régimen como Cossío. Éste afirma que durante el tiempo que estuvo de secretario suyo su conducta fue correcta y sin mancha, que era persona de orden y que jamás hablaba de política o de cuestiones sociales –gracias a este informe Miguel será liberado-. A pesar de esto, se había iniciado un proceso en contra de él, el famoso Sumario 21.001, en el que las conclusiones eran que Miguel se había adherido a la rebelión militar voluntariamente, con agravantes de perversidad y con conocimiento de lo que hacía, por lo que para Miguel Hernández se solicita la pena de muerte. Cuando Miguel recibe estas noticias habla con su abogado y con su amigo José María de Cossío, el cual le aconseja que se marche de España, incluso le ofrece en última instancia su Casona de Tudanca, para que se refugiase con su familia. Miguel, será encarcelado nuevamente y Cossío seguirá insistiendo en que la pena que le habían impuesto no era la correcta. Tras mucho esfuerzo se le conmuta a Miguel la condena de la pena de muerte por la de treinta años. Hernández será visitado en la prisión de Ocaña por su estimado amigo, acompañado de Dionisio Ridruejo y otros falangistas, ofreciéndole incluso la libertad si éste se retractaba de su posición ideológica y manifestaba su adhesión al régimen de Franco. Esta propuesta no hizo mucha gracia a Miguel y desembocó en un gran enfado con su amigo Cossío. En el artículo ganador del Premio Internacional de Periodismo Miguel Hernández 2005, “Miguel Hernández y José María de Cossío, la amistad en medio de la tragedia”, de Mario Crespo López, se nos dice que Cossío nunca olvidaría a Hernández, pues en 1949 editó El rayo que no cesa en la colección Austral y en 1967 escribió para La Estafeta Literaria una emocionante semblanza de su amistad. Como diría el poeta Demetrio Fábrega: “Amigo es el que en la prosperidad acude al ser llamado y en la adversidad sin serlo”. Otros amigos de Miguel serían José Martínez Arenas, Juan Guerrero Ruiz, José Ballester, Esteban, María de Gracia Ifach, Efrén Fenoll, Elena Garro, María Zambrano, Delia del Carril, Concha Méndez y Manuel Altolaguirre, María Teresa León, entre otros. Nos gustaría concluir este artículo haciendo referencia al asunto de la sepultura de Miguel. Según el libro de Vicente Ramos y Miguel Molina “Miguel Hernández en Alicante”, la última demostración de amistad para con él fue de sus amigos poetas y de sus admiradores al pagar el nicho de su sepultura, para conseguir un descanso digno para el poeta-pastor y que sus restos no fuesen a parar a la fosa común (Miguel había muerto en 1942 y a los diez años, si no se pagaba la propiedad del nicho, se perdían los derechos sobre él), a través de una carta dirigida a Vicente Ramos. Debido a la situación económica de Vicente Ramos y Manuel Molina, no podían hacer frente a la cantidad que la viuda les solicitaba para pagar la propiedad del nicho –2042 pesetas-. Aún así, su intensa amistad y simpatía hacia Miguel hizo que no dejaran desamparada a la viuda e hicieron lo imposible para recaudar dicha cifra. Escribieron a más de una treintena de amigos que, sin dudarlo, acudieron a colaborar en la noble causa, incluso algunos de ellos movieron al ambiente social para recaudar más dinero entre la gente de su ciudad, como fue el caso de Gabriel Celaya. Como
homenaje a quienes colaboraron en esta última demostración
de amistad hacia nuestro poeta, he aquí sus nombres y otros que
quisieron colaborar de forma anónima: Vicente Aleixandre, Gabriel
Celaya, Vicente Ramos, Manuel Molina, María de Gracia Ifach,
Ramón de Garciasol, Pedro Pérez Clotet, José Luis
Cano, Juan Valls Jordá, Carlos Fenoll, Amparitxu y Gabriel, Felix
Luengo, Mari Carmen Diago y Enrique Múgica, Alfredo Bizcarrondo,
Mari Paz Jiménez, Chumi, Rosario Escudero, Pedro Quintana, Juan
de Guelbenzu, Señor Garaeche, Martín Adán, Pablo
Uranga, J. Ramón Aparicio, Jesús Berasategui, Antonio
Vega de Soane, Alberto Clavería, Joaquín Arjona, junto
con admiradores de identidad desconocida. Gracias a todos ellos.
|
||||
|
RECOMENDACIONES DEL MES PARA EL VIAJERO HERNANDIANO "Exposición: Lisboa, ciudad poética" En esta exposición intervienen tres autores, tres puntos de vista de interpretar Lisboa a través de la fotografía. Luis Martínez Monserrat plasma una ciudad moderna, mostrándonos las obras de los arquitectos de las corrientes más novedosas. Nos hace ver una Lisboa diferente a la que no estamos habituados. Por el contrario, Ricardo Quesada García ha fotografiado los rincones más emblemáticos de una antigua ciudad del siglo XX. Y
por último, Adolfo Rodríguez Nieto refleja una ciudad
cosmopolita, en continuo cambio, que mira al futuro pero en la que podemos
encontrar también un pasado glorioso. “Otras actividades culturales”
Ciclos
del Nacimiento y Pasión de Cristo Imágenes
para el culto: Santos e iconografías marianas Coleccionismo,
piedad privada y obra civil
“Visitas recomendadas”
Uno de los vestigios históricos y artísticos de Orihuela, mejor dicho, los escasos restos que de él quedan y que nos hacen imaginar la importancia y la grandeza que siglos atrás debió tener un auténtico espectáculo para la vista. Unos atribuyen su fundación a los griegos, y otros eruditos a los romanos. Fuesen unos u otros, lo que resulta evidente es su importancia estratégica, debido sobre todo a su privilegiado enclave. Las ruinas de este ancestral castillo nos evocan aquella dominación árabe y cristiana y nuestro esplendoroso pasado, una isla cristiana (Cora de Tadmir) en un mar de dominación mora (Reinos Taifa). Un ejercicio de imaginación puede hacernos ver aquella que fue una fortaleza con murallas robustas que envolvía toda la ciudad por medio de siete muros, ciento doce torreones y doce puertas.
En el siglo VIII fue reedificado por el rey moro de Murcia, Abrahem Ezcandari, que lo llamó “Henznarbuala”. Durante el siglo XV en época del Rey Alfonso V “El Magnánimo”, fueron numerosas las inversiones económicas del Consell de la Ciudad, destinadas a la restauración y arreglo de una forma continuada del castillo, todo ello queda reflejado en documentos y Actas de Clavería en el Archivo Histórico de Orihuela. Fue destruido durante la Guerra de Sucesión, en tiempos de Felipe V. Fue saqueado y destruido por las tropas del Cardenal Belluga; y en 1707, sufrió el más duro de los golpes cuando, al amanecer del día 28 de mayo, explotó el polvorín del castillo, ocasionando numerosas víctimas y la ruina casi total del baluarte. Otro atractivo del castillo son las cuevas que lo circundan. Cuevas avaladas por la leyenda de numerosas historias sobre tesoros escondidos, pasajes secretos y almas en pena vagando por él. Por ello, recomendamos la visita a las ruinas del castillo en estas tardes del mes de mayo donde el tiempo se transforma en historia.
Este museo, al que dedicamos este mes un breve espacio, nace gracias a una excavaciones arqueológicas realizadas en el solar de la “Casa del Paso”. La ubicación del mismo la encontramos en el sótano del edificio “Casa del Paso”, en el campus de Las Salesas de la Universidad Miguel Hernández. Su extensión es de 21.000 metros aproximadamente, que se recorren de forma perimetral a través de unas pasarelas de hierro y cristal, que nos permiten ver las diferentes fases constructivas y documentales que hay en él.
El museo cuenta con valiosos hallazgos como 80 metros de las murallas islámicas de la ciudad, con tres torreones; los baños árabes que conservan las salas fría, tibia y caliente, así como la sal del horno; un conjunto de viviendas islámicas de cronología almohade (2ª mitad de siglo XII- 1ª del siglo XIII); y los restos de un edificio gótico civil (siglo XIV-XV) y de la “Casa del Paso” (siglo XVIII). “Centros culturales de interés” 1.
Casa Museo Miguel Hernández 2.
Museo de la Semana Santa 3.
Museo Diocesano de Arte Sacro 4.
Museo de La Muralla 5.
Sala Museo San Juan de Dios 6.
Museo de La Reconquista 7.
Catedral 8.
Palacio Rubalcava 9.
Real Monasterio de la Visitación VÍAS DE ACCESO El
acceso a la ciudad de Orihuela (capital de la comarca del Bajo Segura),
se realiza por la Autovía del Mediterráneo A-7/E-15, a
través de diferentes enlaces: salida 79 (Orihuela/ Redován);
salida 80 (Orihuela); salida 81 (Orihuela/ Benferri). TELÉFONOS DE INTERÉS 1.
Fundación Cultural Miguel Hernández: 96.530.02.45 ALOJAMIENTOS 1.
SH Hotel Palacio Tudemir **** 2.
Hostal Rey Teodomiro** 3.
Hostal Casa Corro** 4.
Hostal El Palmeral* RESTAURANTES La cocina oriolana es eminentemente tradicional, rica en delicias gastronómicas como cocido con pelotas, migas, arroz de los tres puñaos, trigo picao, mondongo, olla gitana, arroz clarico, arroz con verduras, con conejo o cualquier otra variedad, pero por supuesto el plato rey es el arroz con costra. En cuanto a repostería, Orihuela destaca por la Repostería Conventual, también llamada de las monjas. Podemos encontrar dulces tan típicos como las almojábanas, pasteles de gloria, zamarras, chatos, tortadas de yema y otras muchas delicias. 1.
Restaurante Los Gorriones 2.
Bar Casa Pepe 3.
Pizzería Piccola Italiana 4.
Bar La Alcachofa 5.
Restaurante Cabrera Rebeca
Serrano
|
||||