De
todos es sabido la tremenda vocación por el teatro que profesaba
Miguel Hernández; para él significaba más que una
vocación, una experiencia vital.
Ya en su infancia, en los años en los que asistía a las
Escuelas de Ave María (1921-1923) Miguel recitaba poemas de Juan
Ramón Jiménez.
‹ La Farsa› fue un grupo de teatro en el que el escritor
junto con un grupo de amigos de los cuales formaban parte Antonio Gilabert
(su primó), los hermanos Marín (Pepito y Justino conocidos
como Ramón y Gabriel Sijé), entre otros y bajo la dirección
de “El tarugo”, se reunían en el céntrico
y conocido “Café Levante” de Orihuela su pueblo natal.
Su amigo y también escritor Carlos Fenoll relata las dotes como
actor tan buenas de las que disponía Miguel comparándolas
e igualándolas. con las de poeta
Desde Leningrado, el 14 de septiembre de 1937 en su asistencia al V
festival de teatro Soviético e impactado por lo que allí
vive, escribe a su mujer ‹ cuando vuelva a España no me
dedicaré más que a mi trabajo de teatro y no voy mas al
frente ›.
Con tal entusiasmo llevó esta actividad menos conocida, que parece
ser reconocida en su momento por José Domingo en el que en una
primavera de 1937 en Valencia durante conversación privada junto
con su primo Muñoz Suay le ofreció a Miguel Hernández
la dirección de la conocidísima y ya histórica
compañía teatral “La Barraca”. De lo acontecido
sólo nos costa que Miguel nunca dirigió tan celebre compañía
teatral.
“Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo
que eras” es su ópera prima escrita, en su mayor parte
en el huerto de su casal, en el que Miguel concluye los dos primeros
actos en Orihuela y la retocara y acabara en su primer viaje a Madrid.
Esta pieza teatral se escribió en la primera y más prolífica
etapa del escritor y fue publicada en la revista Cruz y Raya en 1934.
Su director J. Bergamin le anticipará 200 pesetas por los derechos
exclusivos de publicación en los números 16, 17 y 18.
La edición es reducida sólo se imprimieron 250 ejemplares
y su precio fue de 2`5 pesetas , Miguel recibiría 300 pesetas
más junto unos libros los cuales vendió precipitadamente.
El auto sacramental hernandiano consta de tres actos y su protagonista
es el Hombre desde el concepto alegórico la humanidad entera
y el Esposo representa a Dios,: en el acto primero nos relata el estado
de la inocencia , el hombre-niño pierde su pureza por la tentación
de la carne y cambia de estado (el pecado original, Adán y Eva)
y por ello tendrán que ganarse el pan los obreros con el sudor
de su frente. Miguel lo identifica con las labores del campo. En el
segundo acto, debido al cansancio y los roces en el entorno laboral,
surgen las envidias y el Hombre comete su segundo pecado: el asesinato
del pastor (Caín y Abel). Y por ultimo el tercer acto en el cual
llega el estado del arrepentimiento de los cinco sentidos y de la carne:
el hombre es apresado por los siete pecados capitales y acaba con una
escena apoteósica con la subida del espíritu hacia el
cielo.
Es difícil comprender este fenómeno anacrónico
sin la cosmovisión de aquellos años en los que predominaba
una Orihuela mayoritariamente agraria. No olvidemos el mundo católico
y su ambiente formativo, el peso cultural y amistoso que tienen sobre
Miguel figuras tan relevantes e imprescindibles en su formación
como el canónigo Luis Almarcha, posteriormente obispo de León,
y su compañero del alma Ramón Sijé, conocido mundialmente
por la elegía del poeta con dicho nombre. Este auto sacramental
es la respuesta de un joven de veintitrés años con la
voluntad temprana de escribir y hacer teatro, afianzado no sólo
en una concepción moral cristiana, sino en una visión
de la sociedad que responde plenamente a la reacción doctrinal
social católica trasmitida por Ramón Sijé y Luis
Almarcha. Después de situar las influencias de Miguel no es difícil
comprender hasta es lógico que su primera obra de teatro fuera
un auto sacramental, aunque algo diferente a lo que se establecía
en los cánones como tal.
El auto sacramental es una representación de personajes alegóricos
que culminarán normalmente con la exaltación de la eucaristía
y acaban generalmente en el glorioso día del “Corpus Christi”.
Pero podemos señalar en “Quién te ha visto y quién
te ve y sombra de lo que eras” la preocupación ya existente
en Miguel Hernández por todo lo social , llegando a realizar
un drama con un evidente compromiso social. Se ha llegado a hablar y
hay quien defiende la postura de un auto sacramental laico. Porque esta
obra de teatro no es un auto sacramental propiamente escolástico.
Miguel Hernández ha ampliado ingeniosamente el concepto del auto:
la influencia de la emoción racional del campo. Claramente vemos
el reflejo de un poeta altamente arraigado a su tierra y sus vivencias.
Normalmente los autos clásicos como los de Calderón, tienen
una ubicación y sabor urbanos carentes de paisajes vivos e imágenes
campestres, al contrario en el auto sacramental de Miguel el campo juega
un papel poéticamente decisivo, el campo un mundo perfecto (
como imagen, como estilo y como idea) en este aspecto dramático
desde la visión poética el campo es la prueba plástica
de la existencia de Dios, y algunas criticas resaltan ya la idea de
una conciencia ecológica y naturista. “El estado de la
inocencia: un campo de nata de almendros y nieves” así
empieza la obra con una acotación que preludia todo un canto
lleno de imágenes campestres.
En “Quién te ha visto y quién te ve y sombras de
lo que eras” no es difícil reconocer las influencias de
una lectura clásica como el “Cantar de los cantares”
y sobre todo los escritores del Siglo de Oro español como san
Juan “cántico espiritual”, Góngora, Quevedo
y sobre todo, Calderón, posiblemente como recoge la crítica
otras fuentes de inspiración destacables serían “Angélica”,
de Azorín y “El divino impaciente”, de José
María Pemán, y de una manera conceptual y no teatral “Mangas
y capirotes”, de Bergamin, son numerosos los dramas escritos y
representados durante la Segunda Republica en la que su base son asuntos
bíblicos.
Una de las característica de auto sacramental es su hermetismo
poético, tiene abundantes componentes gongorinos y cómo
no, conceptistas. La razón es sencilla, como recoge un jovencísimo
Sánchez Vidal en uno de sus trabajos dedicados a Miguel Hernández:
“si en la religión hay zonas oscuras para la mente humana
(los llamados misterios) ante los que indudablemente solo queda la aversión
por fe, la única forma de aludir a ellas es mediante rodeos verbales
o conceptuales”.
Miguel escribe esta obra poética pura y religiosa desde el aislamiento
de una realidad teatral que irremediablemente choca con las tendencias
y necesidades teatrales de su época, no tan sólo en su
profundidad, sino en lo factible de su representación; su visión
fantasiosa desemboca en un costoso y aparatoso montaje que para cualquier
productor de la época tiraría hacia atrás con una
propuesta tan barroca, de echo es de resaltar el número de personajes
que aparecen en ella. Nos consta que Miguel hizo varios intentos para
ello, de echo consiguió dejar un manuscrito a la conocidísima
actriz teatral Margarita Xirgu, desconocemos sus pensamientos e intenciones
sobre la obra. La realidad en su momento fue por desgracia y desilusión
de Miguel otra; tuvo que contentarse con su lectura en el Cine Novedades
de su ciudad, entre amigos y compañeros. Los lectores fueron
el propio Miguel y su primo Antonio Gilabert. Cuentan los asistentes
que el acto empezó en medio de bromas y que termino con cierta
solemnidad y con las explicaciones del mismo por Ramo Sijé, desbordando
a un publico ocasional. Años después de su muerte se representara
esta obra en el Teatro Circo de su ciudad, estreno mundial del auto
sacramental hernandiano, a cargo del grupo teatral “La Carátula”,
de Alcoy (13 de febrero de 1977)
Ramón Sijé afirmo....... la danza como actitud cósmica,
lo barroco como método de actuación vital. Reseña
publicada por el periódico alicantino “El Luchador”
que el 2 de mayo de 1933 aludió al acto celebrado en el Ateneo
de Alicante donde, como introducción a unos poemas que Miguel
Hernández leyó después, Ramón Sijé
disertó sobre el sentido de la danza. (el auto sacramental, originalmente,
se titulaba “La danzarina bíblica”). Contamos con
un excelente testimonio de la relación del auto sacramental con
las teorías de Ramón Sijé, porque éste publico
en el numero 3 y 4 de “El Gallo Crisis”: El comulgatorio
espiritual. Hacia una definición del auto sacramental ›.En
el recogemos el postulamiento por parte de Ramón Sijé
de la necesidad del simbolismo como mecanismo poético de acercamiento
a ciertas realidades en las que poco puede hacer la razón. A
continuación, cree que esa contemplación comunal que el
pueblo hace de la eucaristía logra el ideal de unidad, precisamente
a base del misterio eucarístico, desvelado por el lenguaje simbólico,
lo que permite convertir al auto en un comulgarismo publico que unifica
al pueblo de Dios (núcleo este de la idea imperial que propone
Sijé)
Cecilia
Espinosa