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PONENTES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos Pérez Reyes

 

CURRÍCULUM

Doctor en Historia del Arte por la Universidad Complutense (1979)
Catedrático de Movimientos Artísticos Contemporáneos en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.(1990-2006)
Presidente de la Asociación Española de Críticos de Arte. 2001-2004.
Subdirector de los Cursos de Verano de El Escorial. Universidad Complutense de Madrid. 1998-2003.
Medalla de Honor. Universidad Complutense de Madrid. 1998.
Vicerrector de Ordenación Académica. Universidad Complutense de Madrid. 1995-1997.
Director académico en el Vicerrectorado de Ordenación Académica y Profesorado. Universidad Complutense de Madrid. 1994-1995.
Vicedecano de la Facultad de Ciencias de la Información. Universidad Complutense de Madrid. 1992-1994 y 1987-1990.
Ha escrito diversas publicaciones, entre ellas: “25 años de la Casa de Canarias. Colectiva. Introducción Catálogo Exposición”. Además, ha dirigido varias tesis doctorales.

 

INTERVENCIONES

Entre los días 11 al 15 de septiembre se ha llevado a cabo el Curso de Extensión Universitaria “Estudio artístico de la creación hernandiana”. En éste se han desarrollado varias conferencias impartidas por diversos especialistas. A continuación, presentaremos un resumen de las diferentes intervenciones:


“CONFERENCIA INAUGURAL”

Carlos Pérez Reyes

El profesor C. Pérez situó la figura de Miguel Hernández en el contexto artístico de los años 20 y 30 del siglo pasado.
La agitación de los años 30 dividió la sociedad en dos sectores bien diferenciados: el conservador y el de izquierdas, que, a su vez, contaba con un grupo más radical.

Estos sectores no aparecían bien significados hasta el comienzo de la guerra.

La propaganda ayudó a captar nuevos simpatizantes para cada una de las ideologías. Estrechamente relacionados con la propaganda, el arte y la literatura tomaron parte en la situación convulsa del momento.

Todo esto se observa en mayor medida en puntos concretos, tales como la Escuela Surrealista de Canarias y el movimiento artístico malagueño, donde la figura más representativa fue la de Pablo Picasso.

Miguel Hernández contaba con una escasa base política hasta que comenzó a relacionarse con algunos miembros de la Escuela de Vallecas. Este contacto hizo al poeta decantarse por una ideología de izquierdas. Y a todo ello también contribuyó su viaje a Moscú en 1937, donde conoció el estalinismo.


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Pilar Escanero de Miguel

 

CURRÍCULUM

Profesora titular de Historia del Arte. Doctora en la Universidad Miguel Hernández (UMH).

Forma parte del departamento de Arte, Humanidades y Ciencias sociales y Jurídicas.

Hizo su tesis doctoral sobre la vida y obra del pintor alicantino Xavier Soler. Ha intervenido en la realización de diversos catálogos de exposiciones, como por ejemplo de Eberhard Schlotter.

Ha escrito numerosos artículos de prensa relacionados con el Arte sobre Sorolla, Rafael Canogar, Pérezgil... y crítica de Arte en varios diarios, habiendo sido comisaria de numerosas exposiciones.

Ha realizado trabajos de investigación y ha impartido cursos y seminarios, siendo el último en este año 2006, “Estudio artístico de la creación hernandiana”, en el campus de las Salesas, en Orihuela, de la U.M.H.

 

“INTRODUCCIÓN AL ARTE”

“EL COLOR DEL MEDITERRÁNEO EN LA OBRA DE MIGUEL HERNÁNDEZ”.

Pilar Escanero de Miguel

Pilar Escanero de Miguel realizó dos intervenciones durante el curso.

La primera fue “Introducción a la Historia del Arte” (lunes 11 de septiembre) e hizo un recorrido, por medio de imágenes, por la Prehistoria, Egipto, Edad Media, Renacimiento, Barroco, Neoclasicismo, Romanticismo e Impresionismo.

Para Pilar E. el arte tiene varias definiciones:
En la Prehistoria, las pinturas se realizaban en las cuevas, siendo las imágenes el medio que tenían los hombres para comunicarse. Con estos dibujos intentaban captar ideas y transmitirlas, como, por ejemplo, las Venus expresaban un canto a la maternidad y a la fertilidad. Dibujaban con mucho realismo y no usaban ningún orden, pintaban de manera libre.

Con el paso del tiempo se evoluciona de una manera expresiva a no usar rostros y aparece la figura humana, esto indica que dicha sociedad se vuelve más sedentaria.

En Egipto, la naturaleza influye en el arte. Tenemos el ejemplo de la sala hipóstila del Templo de Amón en Luxor, con columnas lotiformes, con forma de árbol; los capiteles, palmiformes, con forma de palmera.

Las esculturas egipcias poseen los brazos pegados al cuerpo y los pies al suelo, eran tipo cubo, para evitar que se rompieran. Las figuras que se referían al pueblo tenían rasgos humanos y el resto, idealizado y perfecto.

Gracias a la Piedra Roseta, escrita en tres idiomas, se han podido transcribir todos los jeroglíficos egipcios.

En Grecia aprenden de los egipcios, siguiendo las mismas líneas y desarrollando ciertos cánones para distinguirse, como el Corintio, el Jónico y el Dórico. El objetivo era la rigidez en las esculturas, vistiendo las figuras y, poco a poco, van adquiriendo movimiento.

La Edad Media es una época oscura, que comprende dos periodos: el Románico, con el miedo a Dios, y el Gótico, con amor a Dios.

En el siglo XVI resurge el arte griego y romano con el Renacimiento, con artistas como: Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel, Tiziano, Tintoretto, Caravaggio...

De la época barroca destacan: Rubens, con su obra “Las Tres Gracias”; Murillo, con sus 33 Inmaculadas; Velázquez, quien fue pintor de Cámara, destacando entre sus obras “La Rendición de Breda”, “Las Meninas”, “Las Hilanderas”. Este pintor fue el primer artista que trabajó en la calle. En esta época se dan instrucciones de cómo hay que pintar.

El periodo del Neoclasicismo es frío, académico y no transmite sentimientos.

Paralelamente surge el Romanticismo, donde destacamos a Delacroix, con su obra “La Libertad guiando al Pueblo”; Goya, con “La Gallina Ciega”, “La familia de Carlos IV”, “Los fusilamientos de Moncloa”...

Por último, se trató la época de los Impresionistas, los cuales, como consecuencia de la aparición de la máquina de fotografía, pintaban el instante fugaz. Y destacan Monet (1873), Renoir (1876)...

Como conclusión, el objeto de la primera charla era poner a los asistentes en contacto con el Arte, viendo cómo cambia éste a lo largo de la Historia y cuáles son los factores que intervienen en esos cambios. De igual modo, pretendía como objetivo que se entendiera la interdisciplinariedad como factor a destacar en cualquier tipo de manifestación, ya sea poesía, música, Arte, etc.

La segunda conferencia trataba sobre “El color del Mediterráneo en la obra de Miguel Hernández” (viernes 15 de septiembre).
Se ilustró con imágenes, desde el Impresionismo hasta las obras de artistas actuales mediterráneos.

Como impresionistas, la profesora Escanero destacó a los siguientes artistas: Monet, Fortuny, Sorolla, Miró, Cantón Checa, Xavier Soler, Eusebio Sempere y Javier Lorenzo.

El artista más destacado por Pilar fue Sorolla, del que subrayó los blancos llenos de luz del Mediterráneo.

Terminó la conferencia como empezó, con la música que Serrat puso a las poesías de Miguel Hernández.


“Menos tu vientre
todo es oscuro
menos tu vientre
claro y profundo”


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Francisco Esteve Ramírez

 

CURRÍCULUM

Presidente de la “Asociación de Amigos de Miguel Hernández”, fundada en 1980 por Vicente Aleixandre, Antonio Buero Vallejo, Josefina Manresa, etc.

Director, desde su fundación en 1990, de la revista hernandiana SILBOS.

Patrono de la Fundación Cultural Miguel Hernández desde su creación en 1995 hasta el año 1999.

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.

Autor de la Antología comentada de Miguel Hernández. Ediciones de la Torre. Madrid, 2002

Miembro del Comité científico del II Congreso Internacional sobre Miguel Hernández, celebrado en Madrid en octubre de 2003.

Director de varias tesis doctorales sobre Miguel Hernández

 

 

“LA OBRA HERNANDIANA A TRAVÉS DE LA PINTURA”

Francisco Esteve Ramírez


La producción literaria de Miguel Hernández ha sido objeto de múltiples análisis. Sin embargo, son escasos los trabajos que estudian la vertiente artística de la obra hernandiana. Agustín Sánchez Vidal fue uno de los primeros estudiosos hernandianos que destacó la importancia de la Escuela de Vallecas en la obra de Miguel Hernández. El contacto con esta vanguardia influirá en el joven poeta oriolano, que introduce los elementos plásticos y estéticos de esta corriente en su producción literaria de esa época como “El silbo vulnerado”, “El rayo que no cesa”, “Los hijos de la piedra”, etc. En todas estas obras aparecen constantes referencias a los elementos telúricos y de la Naturaleza propios de esta corriente vanguardista.

De hecho, las principales vanguardias literarias y artísticas europeas darían como fruto el nacimiento en España de la generación del 27, de la que Miguel Hernández fue el epígono, tal como señalaba Dámaso Alonso. Por ello, el joven Miguel Hernández recoge estas corrientes artístico-literarias dándole su propia forma y personalidad. Pero es en el periodo bélico cuando el poeta manifiesta ese caudal creador a través de su producción poética, dramática, epistolar y transmitiendo, a través de su obra sus sentimientos y vivencias. Así lo manifiesta en la dedicatoria de “Viento del pueblo” a Vicente Aleixandre.

Muchos estudiosos de la creación artística y literaria de los años 30 en España coinciden en considerar que hay tres obras que reflejan con especial énfasis este espíritu humanista del arte en esa época. Estas obras corresponden al cuadro “Guernica”, de Picasso, a la escultura “El pueblo español tiene un camino que guía a una estrella”, de Alberto Sánchez, y al libro “Viento del pueblo”, de Miguel Hernández. En las tres obras late el mismo espíritu: mostrar a través de la pintura, la escultura o la poesía el compromiso con el pueblo.

Para analizar los distintos aspectos de la pintura y la creación artística relacionada con la vida y obra del poeta oriolano, podemos destacar tres aspectos. En primer lugar, la propia creación artística del poeta reflejada en diversas manifestaciones pictóricas; en segundo lugar, la colaboración de distintos pintores y artistas en la propia obra hernandiana; y, finalmente, la creación artística realizada por distintos pintores, teniendo como fuente de inspiración la producción hernandiana.

Hay un aspecto menos conocido de este escritor: su vocación artística, reflejada en las constantes manifestaciones plásticas de su obra poética. Para Miguel, la poesía no se encuentra desligada de otras manifestaciones artísticas sino que forma una unidad con todas ellas. Así lo expresa en uno de sus primeros poemas de su etapa juvenil titulado “Poesía”. En este poema intenta manifestar lo que entiende por poesía. Y así, tras definir a la poesía como “hálito”,“ángel esplendente”,“espejo”, etc., la termina identificando con la pintura.

Otra faceta de la creación artística de Hernández fueron los distintos dibujos con los que solía ilustrar sus poesías. En total se conservan unos cien dibujos originales, la mayor parte correspondientes a la etapa inicial de “Perito en lunas”, aunque también ilustró cartas dirigidas a Josefina. Las imágenes de estos dibujos suelen representar rostros y figuras humanas, animales diversos -con preferencia el toro-, corazones, etc.

A esta etapa juvenil corresponden también unos dibujos suyos que entregó a su amigo el pintor Paco Díe como esbozo de posibles ilustraciones que acompañaran los poemas de su libro “Perito en lunas”. Estos dibujos corresponden a un gallo, una sandia, una serpiente y unas granadas.

Su creación pictórica más destacada corresponde a las pinturas en acuarela que ilustraban el libro “Cuentos para Manolillo”, que preparó en la cárcel para su hijo Manuel Miguel.

Otra obra de interés en esta faceta artística de Miguel Hernández es el óleo “La orquesta”, cuya autoría se atribuye a Hernández durante su breve estancia en París, camino hacia Moscú.

La relación de Miguel con la pintura se observa también en la influencia que ejercen determinados pintores en su creación poética.

Esta relación entre pintura y poesía le lleva a manifestar a Miguel Hernández su deseo de que su primer libro fuera ilustrado por los más importantes pintores y dibujantes de su época, tal como expresa en su poema juvenil “Carta completamente abierta a todos los oriolanos”.

El encuentro entre Miguel Hernández y los artistas de su época no fue casual, sino que fue prodigando a lo largo de su vida. Un ejemplo de ello es la estrecha colaboración con la pintora Maruja Mallo, quien le ilustró el poema “Al que se va”, así como pintó los decorados para la obra dramática “Los hijos de la piedra”, que estaba preparando Miguel Hernández en aquella época.

Aunque Miguel no consiguió su deseo de que el poemario “El rayo que no cesa” fuera ilustrado por Benjamín Palencia, sí que logró que le hiciera un retrato en el que Miguel está tocando la armónica.

Estos contactos con creadores artísticos fue constante. Así, cuenta con retratos suyos realizados por los pintores Ricardo Fuente, Paco Díe, Gregorio Prieto, Miguel Abad Miró, etc., aunque su retrato más conocido es el que le realizó Antonio Buero Vallejo. Sus compañeros del penal de Ocaña también le realizaron un retrato con motivo de la cena-homenaje que le tributaron a su llegada a ese centro penitenciario.

Gracias a un autor anónimo podemos contemplar la imagen de Miguel amortajado en el lecho de muerte.

Mucho más destacada ha sido la relación de los pintores y artistas en general con posterioridad a su muerte. Escultores, pintores, músicos, etc., han ido aportando su visión estética sobre su vida y obra.

Una de las primeras obras pictóricas colectivas sobre Miguel Hernández se realizó en 1976 en el barrio de San Isidro de Orihuela con la pintura de diversos murales sobre las fachadas de las casas realizados por un amplio grupo de pintores dentro del Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández. En 1990 se efectuó un nuevo mural sobre Miguel en las paredes del antiguo Reformatorio de Adultos de Alicante, donde murió el poeta.

Se han realizado distintas exposiciones colectivas con la participación de diversos pintores. Una de las primeras fue organizada por la Secretaria Cultural del Partido Socialista Popular. Posteriormente se han realizado otras exposiciones como “50 x 50”, con motivo del cincuentenario de la muerte del poeta. Por su parte, la Fundación Cultural Miguel Hernández viene potenciando la organización de exposiciones de pintura en torno a la figura del poeta.

A través de estas manifestaciones se ofrece una visión plástica y estética de la vida y obra de Miguel Hernández, uniendo así la creación poética con la creación artística.

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Mª Teresa Sánchez Albarracín


CURRÍCULUM

Académica Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de Santa María de la Arrixaca de Murcia, Diciembre 2002.

Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Murcia con la calificación de Sobresaliente Cum Laude por unanimidad, 2 de Marzo de 2000.

Licenciada en Filosofía y Letras, Geografía e Historia, por la Universidad de Murcia 1991-1996.

Técnico en Empresas y Actividades Turísticas por la Escuela de Turismo de Murcia, 1988-1991.

Profesora de Historia del Arte en la Región de Murcia, en la Escuela Universitaria de Turismo de Murcia, cursos 2002-2003 a 2006-2007.

Universidad de Alicante, Cátedra Arzobispo Loazes, contrato Mayo/Octubre 2001. Búsqueda documental y redacción del proyecto de investigación: “Callejero Histórico Oriolano, años 1750-1800”. Archivo Histórico de Orihuela. Convenio de colaboración concertado entre la Universidad de Alicante y el SERVEF.

“Orihuela, urbanismo y ciudad bajo los influjos de la Ilustración (1750-1800)”, Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante (en prensa).

“La construcción en Orihuela de dos nuevas públicas carnicerías en la segunda mitad del siglo XVIII, claro exponente del incremento demográfico y la expansión experimentada por los arrabales de la ciudad”, Alquibla, Revista del Centro de Investigación del Bajo Segura, Universidad de Alicante (en prensa).

“Un paseo histórico-artístico por la Orihuela de Miguel Hernández”. Curso de Extensión Universitaria “Estudio artístico de la creación hernandiana”. Universidad, Amigos y Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela, 11 – 15 septiembre 2006.

“Historia del Arte en Alicante y Vega Baja”. Curso de Extensión Universitaria “Estudio artístico de la creación hernandiana”. Universidad, Amigos y Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela, 11 – 15 septiembre 2006.

“De Niza a Murcia: recorrido de una batalla floral”. Ciclo de conferencias Arte, fiesta y cultura entre los siglos XIX y XX. Universidad de Alicante, Cátedra Arzobispo Loazes, 16 enero – 27 marzo 2006.

“El viaje final: del subsuelo catedralicio al cerro de los ermitaños. Orihuela y el cementerio de Nuestro Padre Jesús”. Ciclo de conferencias La ciudad de los muertos. Universidad de Alicante. Cátedra Arzobispo Loazes, 2 noviembre – 1 diciembre 2004.

 

“HISTORIA DEL ARTE EN LA VEGA BAJA”

“UN PASEO HISTÓRICO-ARTÍSTICO
POR LA ORIHUELA DE MIGUEL HERNÁNDEZ”


Mª Teresa Sánchez Albarracín


Mª Teresa Sánchez Albarracín realizó dos intervenciones durante el curso.

La primera fue “Historia del Arte en la Vega Baja” (martes 12 de septiembre) e hizo un recorrido histórico, por medio de imágenes, de los íberos, griegos, cartagineses y romanos, y la huella que dejaron éstos en España en general, y en la provincia de Alicante, en particular.

Tuvo especial atención en la “Dama de Elche”, sacerdotisa de la divinidad, de mucha belleza, de uso publicitario y abundante literatura. El 4 de agosto de 1897 se encontró esta obra y cuatro días después fue vendida al Museo del Louvre. Una de sus características es el hueco que tiene en la espalda con un diámetro de 18 centímetros y 16 de profundidad.

En 1860 en el Santuario del Cerro de los Santos en Albacete se hallaron imágenes similares a la de la Dama de Elche.
En 1971 fue descubierta “La Dama de Baza”, sedente, que pesa 880 kilos y con 1,30 metros de altura, estucada y policromada, y tenía gran similitud con la figura ilicitana en ropaje y adornos, destacando los amplios pendientes y con urna funeraria.

Pudimos visualizar imágenes reconstruidas sobre lo que fue la antigua Alcudia de Elche; ésta constaba de viviendas con gran lujo, mosaicos en sus suelos, muros con frescos, agua corriente, calefacción por medio de tubos subterráneos, alcantarillado, termas públicas, piscinas y hasta una basílica paleocristiana. Estas ciudades disponían de zonas públicas, en las cuales era común la actividad social, económica y religiosa.

Avanzando en el tiempo, llegamos a la época musulmana, destacando en sus ciudades el tipo de construcción que utilizaban, siendo los exteriores de las fachadas de sus casas lisas y sin ninguna ornamentación, y, por el contrario, sus interiores se decoraban según el estado social de cada familia. La Mezquita, era el lugar por excelencia, por encima de todo, llamándose Mezquita Alhama la principal.

En Orihuela la que fue la Mezquita Alhama, hoy es la Catedral del Salvador. Este edificio ha pasado por varias etapas: Mezquita, Colegiata (1413), y Catedral (1564). En la Catedral del Salvador, encontramos una gran obra de rejería, siendo un retablo con mensaje evangélico, representando el Calvario, Adán y Eva, y la Anunciación a la Virgen, hallándose en una ubicación privilegiada, ya que se ilumina a las 12 del mediodía, cuando entra la luz por la ventana posterior.

La profesora Sánchez destaca como joya del Renacimiento el Colegio Diocesano de Santo Domingo, Orden de los Dominicos, y mandado a construir por Fernando de Loazes. Su construcción se realizó durante la mitad del siglo XVI hasta el siglo XVIII. Sus fachadas son retablos tallados, representativos del arte barroco, igual que los frescos ubicados en su Iglesia. En 1552 pasó de convento a Colegio por orden del Papa Julio III. En 1569 el Papa Pío V la nombró Universidad. En 1649 Felipe IV realizó los Estatutos Universitarios para dicha Universidad. En 1824 fue clausurada y, por último, en 1998, fue nombrada Universidad Histórica de Orihuela, formando parte de la Universidad de Alicante.

La segunda conferencia trataba sobre “Un paseo histórico-artístico por la Orihuela de Miguel Hernández” (miércoles 13 de septiembre).

En esta intervención, la doctora nos realizó un recorrido por nuestra ciudad de Orihuela de la época de Miguel Hernández, destacando los diferentes acontecimientos más representativos de la vida del poeta.

Comenzó ubicándonos en la calle Antonio Piniés, conocida por todos como la calle de San Juan, lugar donde en el número 80 nació nuestro poeta. Destaca como principal monumento el Convento de San Juan de la Penitencia.

Hacia 1926 el universal poeta participó con sus amigos de la tahona en una compañía de teatro llamada “La Farsa”.

Un acontecimiento importante en la vida de Miguel fue el ingreso en el ejército el 23 de septiembre de 1936. En las trincheras, leía a sus compañeros. Fue nombrado miliciano de la Cultura.

El 9 de marzo de 1937 Miguel Hernández Gilabert y Josefina Manresa Marhuenda contrajeron matrimonio civil, ella de riguroso negro y él, de uniforme militar. Su ilusión más grande era que Josefina le comunicara que iba a ser padre.

Al finalizar la guerra, el 28 de septiembre de 1939, el Seminario Diocesano de Orihuela fue convertido en cárcel, y se convirtió el primer lugar donde arrestaron a Miguel, fue trasladado después a la cárcel de Alicante, donde falleció.


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Aitor L. Larrabide

 

CURRÍCULUM

Nacido en Bilbao en 1969. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de León con la tesis “Miguel Hernández y la crítica”. Ha publicado numerosos artículos sobre Miguel Hernández, Ramón de Basterra, Juan Ramón Jiménez, Emilio Prados, Fernando Villalón, etc. Además ha ofrecido conferencias en Bilbao, Madrid, Alicante, Orihuela, Santander, Lleida, etc., así como presentado revistas y libros.

El campo de investigación principal es la literatura española de los años 30. Actualmente trabaja en diversas ediciones de José Antonio Balbontín, sobre el que ha cuidado la publicación de un poemario inédito del exilio, “A la orilla del Támesis” y varios artículos y conferencias en el Ateneo de Madrid y en el de Santander.

Ha preparado y prologado diversas publicaciones hernandianas, editadas por la Fundación Cultural Miguel Hernández, con sede en Orihuela (Alicante), en la que trabaja desde 2002: “Hacia Miguel Hernández” (2003), de Ramón Pérez Álvarez; “Escritos sobre Miguel Hernández” (2003), de Arturo del Hoyo, y comisariado diversas exposiciones sobre Francisco de Díe (2003), Juan Gil-Albert (2004) y la prensa de Orihuela y Miguel Hernández (2005). Prepara dos exposiciones sobre la guerra civil y Miguel Hernández y otra sobre Ramón Sijé.

“FRANCISCO DE DÍE-MIGUEL HERNÁNDEZ:
LA PASIÓN POR EL ARTE Y LA POESÍA”

Aitor L. Larrabide


Francisco de Díe nace en Orihuela (Alicante) el 9 de junio de 1909, en el seno de una familia numerosa de siete hermanos. Ingresa como externo en el Colegio Santo Domingo, donde realiza el Bachillerato.

A los 14 años comienza a recibir clases de Dibujo de manos de Monserrate Fenoll, que le aconseja ingresar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. A los 17 años aprueba el ingreso y se traslada en 1926, donde estudia la carrera, obteniendo muy buenas calificaciones. Obtiene el título de profesor de Dibujo (en esta Escuela Superior de Arte coincidiría con Salvador Dalí).

De su paso por la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid se conservan diversos dibujos, como el titulado “Pensador”, compuesto en 1930 en los muros de la citada Escuela al fresco, con lo que se convirtió en el primer pintor en realizar una obra de esa técnica.

A los 20 años realiza el servicio militar en Madrid, sección de Caballería. Terminados los estudios, regresa a Orihuela. En su casa de la calle de Alfonso XIII y Teatro Circo monta su estudio en el que pinta y dibuja. En él recibiría a Miguel Hernández, enviado por Ramón Sijé. Le propusieron colaborar como ilustrador en la revista “El Gallo Crisis”.

Impartió clases de Dibujo como profesor interino en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Orihuela desde1932 hasta 1936, en el que fue cesado por las autoridades republicanas.

Contrae matrimonio en 1938 con la oriolana Consuelo Rogel Morales, del cual nacerían dos hijos: Emilia y Paco. En 1940 se traslada a Alicante. En su casa de la calle de San Francisco instala su estudio, y comienza a pintar. Realiza exposiciones en Valencia, Alicante, Murcia y Orihuela, obteniendo buenas críticas. Esta pintura de retratos, paisajes, bodegones, etc., nunca le gustó y la abandonó. Se abre camino en la enseñanza como profesor de Dibujo. Esta labor le ocuparía ya toda su vida profesional, pintando ya unicamente para satisfacción personal: “pinto cuando mi espíritu me exige la plasmación de ciertas imágenes…”, diría en algunos de sus escritos sobre arte, afición que, junto con la lectura, serían sus tres pasiones favoritas. Esta combinación le lleva a un estilo de arte único, llamado “expresionismo dinámico dominante”.

Díe fue crítico de Arte de la Revista de Artes y Letras “Sigüenza” entre 1952-1953 y del diario “Información”, en la década de los años cincuenta. Durante tres años tuvo asignada la crítica de Arte, sobre temas de actualidad sobre moral, cinematografía, historia, etc.), ambas publicaciones de Alicante. Recurrió al mundo de las Hogueras en Alicante, realizando este tipo de monumentos durante varios años.

En diciembre de 1948 expuso 39 obras en el Casino de Orihuela y en la clausura ofreció una conferencia sobre Arte.

Expuso en Valencia, en el “Tur-Social” de Alicante en 1974. El pintor afirma que las exposiciones “fueron revelando que los temas que trataba no eran del agrado del público porque sólo vendía lo vulgar: flores, bodegones, paisaje...”, que sólo sirve para decorar paredes. Decía el arte que es todo oficio no es Arte, es oficio solamente.
Debido al glaucoma, se ve obligado a “vivir” alejado de la pintura y la lectura. Fallece el día de su cumpleaños, el 9 de junio de 1988, a los 79 años.

Francisco de Díe y Miguel Hernández coincidieron en el Colegio de Santo Domingo, en Orihuela, en el curso 1923-1924. Pero será a principios de la década de los años treinta, según Díe, hacia 1931, cuando se establezca una relación más duradera. Hernández fue, según Díe, enviado por Sijé para que confeccionara al poeta el cartelón con el cual se proponía recitar en público su “Elegía media del toro”. En una invitación cursada por la FUE-Universidad de Cartagena se anuncia para enero de 1933 la “Conferencia Ridícula” de Sijé, una “explicación comentada del cuaderno de poesía “Perito en lunas”, de Miguel Hernández”, y el comentario del propio Hernández al citado poema, “Elegía media del toro”. En la Universidad Popular de Cartagena, se menciona la conferencia y recital de poesías de Hernández celebradas en julio de 1933. En el Ateneo de Alicante, casi por esas mismas fechas (abril de 1933), el poeta, acompañado de Sijé, acudió a ofrecer un recital, con el cartelón de Díe.

Díe y Hernández comparten la misma pensión en Madrid. En la correspondencia a su novia Josefina, el segundo alude a Díe en dos cartas.

La familia de Díe cedió en 2003-2004 cuatro dibujos originales de Miguel Hernández a la Fundación Cultural Miguel Hernández, que el poeta regaló a su paisano y que debían ilustrar “Perito en lunas”. Tales dibujos fueron dados a conocer por primera vez en 1978 (“Dibujos inéditos de Miguel Hernández”), y contemplados en el Museo de la Ciudad de Madrid noviembre de 2003, con motivo del II Congreso Internacional Miguel Hernández. Trata de cuatro dibujos enmarcados en un mismo cuadro. Un gallo, que estaría erguido y recordaría la huerta oriolana; una culebra, la misma que espanta a los gitanos; una sandía como fruto de tierra, en toda la poesía juvenil” del poeta; y tres granadas, que surgen en el poema dedicado al mes de abril, elementos de la naturaleza cercana que tienen su correlato poético en “Perito en lunas”. La familia del pintor conserva un ejemplar del citado primer poemario dedicado por su autor: “A ti, amigo Paco D., pintor, que olvidas mis inconveniencias: yo: Miguel H. Giner”, trufado de valiosas anotaciones a lápiz de Díe.

Según el propio Díe, Miguel Hernández le sugirió la posibilidad de plasmar las cuarenta y dos octavas reales de “Perito en lunas”. El pintor lo intentó pero como dicho poemario se compone de metáforas, tenía que valerse de otras imágenes, surrealistas o abstractas, el resultado sería poco transparente.

Hacia 1932 realiza el dibujo “Erotismo”, con tintes surrealistas, a requerimiento de Hernández, basándose en un poema erótico de éste.

Díe recreó la octava 17 del citado poemario, “Sandía”, comentario plagado de simbolismos religiosos y esotéricos.

La revista “El Gallo Crisis” (1934-1935) supuso el lugar de encuentro intelectual de algunos jóvenes oriolanos, entre ellos Díe y Hernández. Las viñetas que ilustran la revista son obra del primero, Díe “formaba parte de dicha revista”, como colaborador gráfico.

Francisco de Díe dejó escritos unos muy valiosos comentarios sobre las viñetas que orlan la revista sijeana, publicados como “Vida y obra de Ramón Sijé” (Orihuela-Murcia, Caja Rural Central de Orihuela-Universidad de Murcia, 1987).

De la revista “Silbo” (dos números en mayo y junio de 1936) también es creación de Díe. “SILBO: una revista pobre editada por humildes poetas”, recogido en su libro “Hacia Miguel Hernández”. Los responsables de la revista visitaron a Díe, que “dibujó el “Silbo” de nuestra cabecera”. Entre los colaboradores en su primer número citamos a Miguel Hernández.

Díe plasmó artísticamente dos glosas de las elegías más conocidas de Hernández: la “Elegía media del toro” (la primera editada en un pliego y la segunda aparecida en la madrileña “Revista de Occidente” a mediados de 1936).

La “Elegía media del toro” se compone de veintidós dibujos distribuidos en veintiuna secciones. Éstas se componen de versos del poema. Díe. La “Elegía” a Ramón Sijé se trata de una glosa pictórica y otra escrita verso a verso del poema. Fue presentada en Orihuela en febrero de 1977, en un homenaje tributado al poeta. La perspicacia instintiva de Díe sale a relucir en sus comentarios.

El pintor evoca la gestación del cartelón que ilustraba esta “Elegía media del toro”. Según Díe, ese cartelón fue realizado sobre lienzo de hilo basto al óleo, y muy diluido. Los colores eran algo más simples, dominando el rojo, el ocre y el negro. Díe afirma que, de haberlo tenido que hacer de nuevo, el cartelón no sería el ejecutado de la misma forma.

En marzo de 1983, el escritor Miguel Martínez-Mena publica una carta al Director en el diario “Información” (“Vivencias de Miguel Hernández”) en la que el escritor alicantino recuerda que Miguel Hernández acudió invitado al Ateneo de Alicante con un cartel confeccionado por Díe, alusivo al citado poema “Elegía media del toro”. Díe no puede acudir al acto y le acompaña Sijé, que habla sobre “Perito en lunas”, recién publicado en Murcia. El cartel-retablo consistía “en un panel donde eran colocadas 21 cartulinas, imágenes en color de 60 x 50, antes de 1936 en poder de Miguel, hoy perdido y reproducido exactamente por su autor”.

La otra elegía, la de Ramón Sijé, forma un total de catorce dibujos que “explican” gráficamente los cuarenta y nueve versos que integran la elegía. Tales dibujos fueron compuestos entre el 15 de febrero y el 15 de marzo de 1977. Uno de ellos alude a los versos “En mis manos levanto una tormenta / de piedras, rayos y hachas estridentes / sedienta de catástrofes y hambrienta”, fue reproducido en el monográfico que la revista malagueña “Litoral” dedicó a Miguel Hernández en 1978.

Según Díe, sus dibujos no sólo pueden ser considerados como “simples ilustraciones”. Díe reconoce: “he plasmado lo que yo hubiera sentido en tal caso”.

Francisco de Díe pintó dos cuadros más relacionados con Hernández: dos retratos del poeta. Uno pertenece a los fondos museísticos del Ayuntamiento de Orihuela, realizado en 1961; el otro, de 1976-1977, a un coleccionista particular oriolano.

Díe no se imponía límites creativos. Como dejó escrito en 1974, “Para mí pintar, escribir, tienen que tener un contenido un mensaje. Unas veces pinto, otras escribo, a veces las dos cosas. Colaboró en prensa, especialmente en el diario alicantino “Información”, sección de “Cartas al Director”. Díe defendió en octubre de 1975 la puesta en marcha de la Casa Museo hernandiana y su ofrecimiento de ceder los cuatro dibujos inéditos de Hernández que conservaba en su domicilio alicantino y el ya mencionado “Erotismo”. Francisco de Díe se interesó siempre por todo lo que guardara relación con su amigo Miguel Hernández. Ofreció la idea de erigir en el huerto de Miguel una efigie “de tamaño natural, en piedra blanca, desnudo de cintura para arriba, con pantalones de hortelano y un azadón en la mano. Los pies del poeta deberían quedar tocando el suelo, de modo que, al regar el huerto, se mojaran.

En la revista oriolana “Momento”, de 1942, Francisco de Díe colaboró con el artículo “La Semana Santa en el Arte (Esbozo artístico)”. Un mes antes falleció el poeta Miguel Hernández en el Reformatorio de Adultos de Alicante. En dicho número, colaboraron amigos suyos: Carlos Fenoll, Gabriel Sijé y el profesor de Italiano en la Universidad de Murcia, Antonio Fantucci, autor del estremecedor poema “Mane, Nobiscum, Domine”, con la dedicatoria “A Miguel, que se muere solo”. En su trabajo, Díe reflexiona sobre la necesidad creadora del Hombre y de plasmar artísticamente sus emociones y sentimientos, de ahí la proliferación de imágenes religiosas en Semana Santa (Salzillo).

Francisco de Díe supo crear un estilo propio, el llamado “expresionismo dinámico”, que empleó en homenajes plásticos a Miguel Hernández. Dicho estilo se caracterizaba por la utilización de líneas rectas, superficies casi planas, colorido casi monocromo y matices limpios o sucios que consiguen la metamorfosis producida en la imaginación del público, por la cual las imágenes reales se ven trasformadas en lo que el pintor quiere que revelen. Díe se calificó a sí mismo como un pintor “esencialmente levantino, meridional, con un sentido plástico. Las cosas me llegan a la sensibilidad de un modo material, empujándome…”.


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César Moreno

 

CURRÍCULUM

César Moreno Díaz es licenciado en Filología Hispánica, director de la Biblioteca Pública “Fernando de Loazes” de Orihuela desde el año 1997, y comisario de una exposición sobre la poesía y la pintura de Miguel Hernandez y Abad Miró en 2003.

Prestó su colaboración en varios libros, revistas, conferencias, entrevistas, jornadas hernandianas, etc.

César Moreno colaboró en el libro “Hacia Miguel Hernández”, en 2003, en el que escribió el epílogo.

También colaboró, junto con Aitor L. Larrabide, en el libro de Arturo del Hoyo “Escritos sobre Miguel Hernández”, en 2003.

La revista “Silbo”, número 1 (mayo 1936), que es el único ejemplar que se conoce, fue rescatado en el año 1997 por César Moreno. Ediciones Empireuma lo reeditó en facsímil ese mismo año.

Entre los días 4 y 10 de septiembre de 2000 tuvo lugar la visita profesional a Noruega de diez bibliotecarios españoles, organizada por la Dirección de Bibliotecas Públicas de Noruega y la S.G.C.B. Entre los diez, uno de ellos era César Moreno (B.P.E. en Orihuela). La visita se inició con una recepción en la Dirección General de Bibliotecas Públicas, donde el Director General Asbjorn Langeland presentó el sistema bibliotecario noruego.

En junio de 2005 tuvo lugar en Moscú el I Congreso Ruso sobre la vida y obra de Miguel Hernández, con la participación de los principales especialistas rusos de la literatura y la cultura españolas, que tiene en proyecto la traducción al ruso de la obra de Miguel Hernández. Estuvieron presentes representantes de la Asociación de Hispanistas de Rusia y la Unión de Escritores Rusos.

Más tarde se expuso en la conferencia las relaciones de amistad personal y profesional entre poeta y editor, Miguel Hernández y Manuel Altolaguirre, de cuyo nacimiento del último anunciado se celebró este año 2005 el centenario. La conferencia fue a cargo de César Moreno Díaz, y publicada por la FCMH: “Apuntes para el retrato de una amistad: M.A.& Miguel Hernández”.

En la exposición dedicada a Abad Miró se reivindica la fidelidad del pintor alcoyano hacia Miguel Hernández. La muestra se inauguró el 27 de octubre del año 2003 en el Ateneo de Madrid, con motivo del II Congreso Internacional Hernandiano. Posteriormente la exposición se pudo contemplar en Orihuela.

El comisario de la exposición, César Moreno Díaz, destacó que la selección pictórica sobre Miguel Abad Miró (Alcoy, 1912-1994) “es el primer resultado del convenio suscrito entre la Biblioteca Pública del Estado en Orihuela y la Fundación Miguel Hernández para investigar sobre los coetaneos del poeta oriolano”.

En dicho catálogo César Moreno comienza agradeciendo la generosidad del hijo de Abad Miró, Miguel Abad Lobregad, sin cuya ayuda dicha muestra no hubiera sido posible.

La figura de César Moreno Díaz adquiere una gran importancia como director de la Biblioteca Pública de Orihuela “Fernando de Loazes”. Esto se ve multiplicado por su buen hacer en la labor de mejoría de ésta, reflejada en la organización de actividades culturales, con aquellas instituciones que lo solicitan, de ámbito local y comarcal. Dentro de estas actividades culturales, se encuentra la ocupación incondicional sobre la figura de Miguel Hernández, proponiendo y promoviendo, junto con las demás personalidades de esta Fundación, la difusión de la obra y la figura de este gran poeta.

Un ejemplo de lo anteriormente comentado es el módulo de Biblioteconomía del Taller de Empleo Miguel Hernández III, que tiene su sede y trabajo en la Sala Hernandiana de la Biblioteca Pública. Asimismo, con la puesta en marcha de dicha sala se pretende reunir cualquier tipo de documentación relacionada, directa o indirectamente, con el poeta oriolano o con sus coetáneos. Con ello, los investigadores tendrán a su alcance la bibliografía completa de Miguel Hernández.

 


“MIGUEL ABAD MIRÓ- MIGUEL HERNÁNDEZ
(1938-1994): POESÍA Y PINTURA”

César Moreno

Miguel Abad Miró nació en Alcoy en 1912, y falleció en esta misma ciudad en 1994. Arquitecto de profesión, colaboró pictóricamente en diferentes ocasiones con Miguel Hernández.

El profesor César Moreno, realizó su exposición distribuyéndola en dos fases: Fase 1 (1910-1942) y Fase 2 (1942-2006).
Gracias al gran “cromatismo y plasticidad” que Miguel Hernández utilizaba en sus poemas, dio juego a que su amigo Abad Miró reflejara en sus obras detalles de sus poemas. Miguel Abad se mantuvo siempre fiel a su pintura, pintando lo que surgía de su interior, la esencia de su propia vida, sin dejarse llevar por las nuevas tendencias.

En la generación del 27 existía un ambiente común entre pintores y poetas, dando lugar a un arte figurativo con fuerte dosis literaria. Éste fue el periodo que más afluencia de revistas literarias han existido en España, principalmente entre los años 20 y 36.

En el año 1937, mientras que Miguel Hernández viaja a Rusia para asistir al V Festival de Teatro Soviético, Abad Miró es movilizado para servicios auxiliares y trasladado a Alicante. Aquí entra a formar parte de la sección de Artes Plásticas de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, junto con otros pintores, ilustrando periódicos y revistas y realizando decorados para la puesta en escena de obras de teatro, o diseñando carteles de cine.

El primer encuentro entre Abad Miró y Hernández fue en plena guerra civil. Esta conexión entre poeta y pintor fue cuando Miguel colaboró en “Versos en la guerra” (1938), siendo el poema “Las manos” el que ilustró Abad Miró basándose en el verso “La mano es la herramienta del alma...”

El dibujo de “Las manos” gustó mucho a Miguel Hernández, y tras un casual encuentro (se conocieron en plena calle e iniciaron una amistad duradera), con encuentros que les aseguraban unas gratas veladas que se repetían cada vez que Miguel Hernández obtenía algún permiso en el frente y recalaba en Alicante de paso hacia Orihuela.

Miguel Abad Miró es detenido y encarcelado en dos ocasiones y fue puesto en libertad en abril de 1940.

Miguel Abad, aún con la represión de la guerra, no podía contactar con sus amigos, pues era peligrosísimo. Prestó su ayuda en todo lo que pudo a Miguel Hernández. Ayudó en lo que pudo cada vez que Josefina Manresa, mujer de Miguel Hernández, se lo requirió, a petición de su marido, o de la misma Josefina.

Su amistad se fue consolidando a lo largo del tiempo y Abad Miró demostró con creces el afecto que sentía hacia el poeta. Un ejemplo de esto fue el momento en el que el poeta se encontraba preso y muy enfermo, y necesitaba ciertas pruebas médicas privadas. Abad Miró intercedió y económicamente cubrió todos los gastos ocasionados para que pudieran ser realizadas. Pagó las 400 pesetas que costó alquilar la pantalla de Radiología, que en la actualidad se encuentra en la sede de la Fundación Cultural Miguel Hernández.

Otro momento destacable fue el fallecimiento y entierro del poeta el 28 de marzo de 1942; su gran amigo estuvo con él, incluso en el momento del traslado al cementerio de Alicante el día de su entierro.

Hacia las seis de la tarde salieron en dirección al cementerio, en una tartana con un caballo, que llevaba el cajón y detrás una jardinera.

Antes de enterrarlo, Ricardo Fuente y Abad Miró decidieron abrir la caja y vieron que estaba vestido y no desnudo, como ellos pensaban. Tenía los ojos azules abiertos. Miguel Abad intentó cerrarlos y quedaron entreabiertos.

La lápida de la tumba sencillamente indicaba “Miguel Hernández poeta”, coloreando en rojo la M y la H, dejando el resto en gris, el diseño lo hizo Miguel Abad. Las 700 pesetas que cobraron por moldearla fueron pagadas por él, su sueldo de dos meses.

Siempre con la memoria de Miguel Hernández ausente, Abad Miró colabora en Alicante con dibujos para revistas literarias como “Verbo” y “Sigüenza”.

En la I Exposición Provincial de Bellas Artes, en 1951, diseñaría la carpeta “Seis poemas inéditos y nueve más”, de Miguel Hernández.

Miguel Abad y Josefina mantuvieron una afectuosa relación, con amistosas cartas en las que entrecruzaban recuerdos, anécdotas, etc. Esta buena relación se vuelve gris en el tiempo ya que Josefina quiere recuperar dos cartas de Miguel Hernández para su colección particular y éstas se encuentran en manos de Miguel Abad: Josefina se las dio en unos momentos propicios para que éste le prestara su ayuda y en agradecimiento personal.

Más tarde se las pide con exigencia y Miguel Abad se las devuelve con unas letras, en las que dice entre otras cosas “no merecer ese trato”.

Entre 1960 y 1977 su trabajo como arquitecto en Sevilla, la cátedra de Dibujo de la Escuela de Arquitectura y el decanato del Colegio de Arquitectos, reducen de manera sustantiva su actividad pictórica, que apenas retomaba con sus estancias veraniegas en Villa María.

Estos años realiza varios cuadros como homenaje a Miguel Hernández: “La sangre del poeta”, “El hombre acecha” o “Por tu pie, la blancura más bailable”.

Con su definitivo regreso a Alcoy en 1980 realiza diferentes exposiciones y participa en actos de Homenaje a Miguel Hernández.

El ultimo homenaje en el que estuvo presente fue en el año 1992, con la celebración en Orihuela, Elche y Alicante del I Congreso Internacional Miguel Hernández. Abad Miró participó en el Congreso de manera muy activa, destacando como intérprete plástico del poeta. Para esta exposición entrega su obra “El hombre acecha”, realizada en lienzo de 50×50 y, al fin, formó parte en una mesa redonda con coetáneos de Miguel Hernández, entre ellos estaba Rosario “La Dinamitera”.

Tras su muerte en Alcoy el 8 de marzo de 1994, su mujer e hijo, con indudable generosidad y en una calurosa mañana de septiembre en el torreón de Villa María, pusieron a disposición de César Moreno Díaz el acceso a todos los archivadores, 20 y 21 rotulados con el nombre y apellido de su amigo Miguel Hernández. Allí, y en carpetas cronológicamente ordenadas, figuraba la práctica totalidad de cuanto aquí se ha comentado. Si revisamos una a una las fotografías, cartas, recortes y dibujos daba la impresión que Miguel Abad Miró, de algún modo, intuyó la realidad de esta exposición.

Como se ha dicho, Abad Miró trató de cerrar los ojos del poeta sin vida y no pudo hacerlo del todo.

Un buen día de 1980 comenzó a realizar, en un pequeño lienzo, su boceto para un recuerdo de Miguel Hernández muerto. Lo terminó siete años después; este cuadro fue una manera de quitarlo de su memoria objetiva. Lo pintó con los ojos abiertos azules y hoy puede ser felizmente visto en la sede de la Fundación Cultural Miguel Hernández.

En recuerdo a este fatídico suceso, Abad, impresionado, pintó a su gran amigo en el lecho de muerte, como él lo recordaba. La imagen del poeta muerto con los ojos abiertos permaneció en la mente del pintor durante toda su vida.

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Adolfo Rodríguez Nieto

CURRÍCULUM

Licenciado en Medicina por la Facultad de Medicina de La Universidad de Valencia (Promoción 1971-1977).
Diplomado en Nutrición por la Escuela de Nutrición de la Universidad de Granada, 1976.
Múltiples cursos, cursillos y seminarios sobre diversas materias médicas: Higiene y seguridad en el trabajo, geriatría, traumatología, psiquiatría, dermatología, pediatría, etc.
Se inicia en la fotografía de manera autodidacta en Valencia, en el laboratorio del Colegio mayor San Francisco Javier. Allí participa en diversas exposiciones durante los años 1972 a 1977.
Miembro del staff organizador de las Jornadas Fotográficas de Guardamar en las ediciones 6ª (2001), 7ª (2002) , 8ª (2003) y 9ª (2004), encargado de coordinación de diversos seminarios, talleres y exposiciones (Cristina García Rodero, Luis Baylón, Miguel Oriola, etc.) y de la Conferencia de presentación de la 9ª edición de dichas Jornadas.
Exposición colectiva “Lugares y Gentes”, Club Náutico de La Vila Joiosa en Noviembre de 2002, con el Grupo Fotográfico f:8 de Elche del que forma parte desde su fundación en 1996.
Exposición “El tiempo sobre La Pinada. Perímetros e interiores”, Casa-Museo Ingeniero Mira de Guardamar del Segura, agosto de 2002, junto a Juan José Pagola Moreno y Ricardo Quesada García.
Director del grupo 2 del Proyecto Fotográfico “Corredor de Almansa”, de la Universidad Miguel Hernández, 2006-2007.


“LA FOTOGRAFÍA COMO EXPRESIÓN ARTÍSTICA”


Adolfo Rodríguez Nieto

Hoy pocos dudarán en reconocer a la fotografía como una forma de expresión artística. Para muchos, probablemente por la cortedad de su existencia (apenas siglo y medio desde que se dota de normas técnicas y estéticas que propicien su entrada en el Olimpo), o por su gran dependencia técnica, es tenida por una forma de arte ‘menor’.

Podemos definir el Arte como la “actividad de la inteligencia por la que se expresa la creatividad mediante signos o acciones para intentar una comunicación de múltiples niveles, no sometida a reglas concretas. Esa multiplicidad y carencia de reglas impide afirmar si un suceso o acción es o no artístico sin referirse a la vez a la experiencia perceptiva de los espectadores”. Espíritu creador, creación no sujeta a norma alguna y emoción en el que la contempla podrían resumir la esencia de toda obra de Arte, y por ende aquello que se le requiere.

Una cámara, independientemente de sus automatismos, “es una pieza de equipamiento sin vida hasta que una persona la manipula. Así se convierte en una pieza única de respuesta, una extensión del ojo y la mente del fotógrafo”, que debe decidir lo que debe ser incluido y excluido, precisar el ángulo y distancia de la toma, analizar la calidad de la luz y determinar ese momento, casi mágico, del disparo.

No es exagerado afirmar que con la fotografía nace una nueva civilización. Si bien los orígenes de la fotografía pueden encontrarse en el Renacimiento, hasta el advenimiento del poder económico y político de la clase burguesa, en el siglo XIX, no se le dota de un lenguaje técnico y unos objetivos estéticos propios.

Históricamente el modelo de representación que la fotografía ha venido a rescatar es reconocible: desde las manos y huellas dactilares impresas en cuevas y asentamientos del Paleolítico Superior hasta las vidrieras góticas. Todo ello conforma un principio de representación eminentemente fotográfico: la capacidad de representación de todo lo subjetivo que habita en el objetivo de la cámara.

Desde la cámara oscura, cuyos principios ya eran conocidos por Aristóteles (y que fue perfeccionada durante el siglo XVIII), hasta la ‘industrialización’ de la fotografía, artistas de todas las épocas, incluidos los renacentistas, se han dotado de medios técnicos que facilitaran su trabajo.

A medida que los conocimientos y avances técnicos facilitaron el desarrollo y, consiguientemente, el uso de la fotografía, arreciaban las críticas a su consideración como manifestación artística.

El espíritu romántico, en los albores del siglo XIX consideraba toda manifestación artística fundamentalmente como un acto humanista de tradición manual, imbuido de una capacidad imaginaria exclusiva del espíritu, relegando a la fotografía a la consideración de mero instrumento técnico de apoyo al artista o, en el mejor de los casos, a considerarla como un excelente método de documentación.

En tanto que la creatividad, entendida como encarnación del espíritu del artista, alumbra, como producto más elevado, la obra de arte, a la fotografía se la ve como una imitación o reproducción perfecta de la realidad, nacida del automatismo y por tanto muy alejada de su consideración como obra de arte.

La imagen-foto fue ascendida desde sus comienzos a la condición de verdadero espejo de la naturaleza, llegando incluso a sustituir a la visión humana. Por eso mismo debía quedar relegada a un mero sistema de observación y documentación de la realidad, inservible para la mirada artística. En todo lo anteriormente enunciado subyace una elemental aceptación: la consideración de la fotografía como prueba inexcusable que atestigua la existencia de los objetos y la verdad de nuestras propias percepciones ópticas.

En este contexto y como consecuencia de los avances técnicos que sufrió la fotografía, fueron sumándose nuevos elementos para mantener viva la polémica. Así la aparición del colodión (Scout Archer en Gran Bretaña y Gustave Le Gray en Francia, ambos en 1851), permitió el desarrollo industrial y comercial de la fotografía, con lo que se dispuso de un sistema operativo rentable, eficaz y fiable que propició su expansión y permitió la presentación al público “del invento”.

Todos estos acontecimientos, que hicieron posible la industrialización de la fotografía, favorecieron su “socialización”, es decir permitieron la utilización de la misma por amplios sectores sociales, no adscritos al mundo artístico o científico, lo que exacerbó más aún los ánimos de determinados intelectuales e incluso, como vimos antes, de muchos fotógrafos (pictorialistas).

Así a finales del siglo XIX convivía una industria fotográfica que avanzaba con enorme rapidez (favorecido por el avance científico en general y el propio del medio fotográfico en particular) que facilitaba su uso por un gran número de individuos, con el trabajo de unos cuantos fotógrafos solitarios que intentaban convertir su actividad en una profesión liberal digna equiparable a la que desarrollaban pintores e intelectuales (Eugene Disderi, Nadar, etc.).

Los fotógrafos pictorialistas, pese a su oposición al desarrollo de la fotografía que había supuesto la industrialización y socialización de la misma, fueron probablemente los que, en aquellos ‘desconcertantes’ momentos, más contribuyeron a la consideración de la fotografía como Arte, ya que, y pese a que sus planteamientos han sido superados, dotaron a la fotografía de contenido ético y estético acorde con las normas academicistas más clásicas.

Es injusto, a la vez que imposible, tratar de reflejar en esta exposición, las aportaciones, en muchas ocasiones simples matizaciones, no por ello carentes de significación y de importancia, que multitud de fotógrafos han propiciado para la consideración de la fotografía como Arte. Sería preciso para ello realizar un recorrido minucioso de toda la historia de la fotografía. En la actualidad, y en determinados ambientes fotográficos, se desarrolla una lucha similar con la aparición de la fotografía digital: la irrupción de una nueva tecnología, de nuevos instrumentos técnicos, de nuevas metodologías de producción fotográfica, suponen para muchos fotógrafos (¡quién lo diría!) una desvirtuación del carácter artístico de la fotografía.

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